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	<title>Jorge Altamira &#187; Raúl Alfonsín</title>
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		<title>Los últimos cartuchos</title>
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		<pubDate>Mon, 17 Feb 2014 11:06:02 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jorge Altamira</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p dir="ltr">La resolución del<strong> Banco Central</strong> de que los bancos debían vender los <strong>dólares</strong> que excedieran el 30% de su patrimonio neto, logró estabilizar la corrida contra el peso, pero no alteró la<strong> tendencia devaluacionista</strong> y un probable ‘defol&#8217;. En realidad, ha reforzado esa tendencia, porque acumula contradicciones considerablemente mayores a las existentes. El <strong>Rodrigazo</strong>, en 1975, que es citado como antecedente con una mayor frecuencia, tampoco fue un estallido único -el pico más alto de la crisis, en aquella etapa, fue alcanzado en noviembre de ese año y en febrero de 1976. Si se considera los beneficios colosales que la resolución del Banco Central ofrece a los bancos, es llamativo que no hubiera producido una caída mayor del dólar paralelo que se negocia en la Bolsa. Se trata de una manifestación de que la tendencia de fondo no ha cambiado. El desenlace político de la crisis, o sea el adelantamiento de las elecciones, también se ha tomado un respiro, pero solamente para ajustar en forma más precisa su mecanismo.<strong> La corrida contra el peso y el acortamiento del mandato K, van por rieles paralelos.</strong></p>
<p dir="ltr"><strong>Negociado</strong></p>
<p dir="ltr">La calificación como propios de los dólares en poder de los bancos locales, es un eufemismo. Esos dólares no fueron aportados desde el exterior sino comprados en el mercado local con dinero de los depositantes. Los bancos embolsaron una devaluación del 40% tomando dinero de sus clientes al 11/15 por ciento.<strong> Varios bancos llegaron a acumular dólares por hasta un 150% de su patrimonio neto. El gobierno encubrió este negociado hasta sus últimos límites</strong>, o sea cuando ya no tenía otro recurso que ordenar su venta para evitar el derrumbe. Para eso, antes devaluó el peso a 8 por dólar, concretando el beneficio de la devaluación para los bancos. Estableció, asimismo, una remuneración del 30% anual para los pesos obtenidos de la venta de dólares que los bancos depositan en el Banco Central -el doble de la tasa promedio que rigió en 2013. Para cerrar el esquema, el Banco Central vende contratos de dólar futuro a un tipo de cambio similar al de contado, lo cual convierte a la tasa de interés en pesos en una tasa en dólares. <strong>Un 30% en dólares es sinónimo de usura.</strong> Por último, pero no menos importante, los bancos venderán por tramos los 4.000 millones de dólares que fueron acumulando con dinero ajeno, ante la vista y paciencia del Banco Central, a la cotización del dólar Bolsa, que no es de ocho pesos sino que supera los diez pesos.</p>
<p dir="ltr"><span id="more-155"></span>El Banco Central se encarga de que esa <strong>cotización</strong>-<strong>Bolsa</strong> sea afectada en forma mínima, comprando él mismo los dólares que venden los bancos. Esta compra le sale al Central una verdadera fortuna: primero porque paga diez por lo que está a ocho y porque luego paga un 30% de interés por recuperar los pesos que emitió para comprar esos dólares. El ‘sostenimiento&#8217; del peso le cuesta al Banco Central, además, otra fortuna, que se manifiesta en la deuda que va acumulando con los bancos a tasas usurarias, no solamente para recuperar los pesos canjeados por dólares. El Banco Central también ‘seca&#8217; la plaza de pesos, para disminuir la presión sobre el dólar. Si es verdad lo que informa en su blog el resucitado <strong>Cavallo</strong>, la deuda del Central con los bancos se habrá triplicado a finales de febrero -de cien mil a trescientos mil millones de pesos.</p>
<p dir="ltr"><strong>Golpismo monetario</strong></p>
<p dir="ltr">Esto significa, simplemente, que<strong> el Banco Central ha entrado en una ruta ruinosa de emisión de moneda</strong> o, alternativamente, de veloz endeudamiento. El endeudamiento genera un déficit ‘cuasi fiscal&#8217;, que es la diferencia negativa entre lo que rinden las reservas del Banco y el pago de intereses por la deuda. Se lo llama ‘cuasi fiscal&#8217; porque es un déficit que el gobierno debería enjugar con dinero de impuestos, ya que el Central es propiedad del Estado (participa de sus utilidades). Este déficit lleva a un crecimiento exponencial de la emisión o, alternativamente, a otra <strong>maxidevaluación</strong> (la devaluación desvaloriza la deuda en pesos cuando se la calcula en dólares y eleva en pesos el precio de las reservas en dólares). La tendencia a la <strong>hiperinflación</strong> que produce el descontrol de la emisión, convierte a la moneda extranjera en la única forma de dinero.</p>
<p dir="ltr">El Banco Central ha perdido el privilegio del ‘<em>seignorage</em>&#8216;, que consiste en emitir dinero sin costo. Una parte cada vez mayor de su pasivo (deuda) deberá pagar un interés elevado y la mayor parte del pasivo monetario del Banco se convierte en deuda con los bancos locales. La tendencia es a perder la soberanía monetaria. Por otro lado, el tope que el Central puso a estas operaciones adelantadas generará un mercado de futuros paralelo, que anticipará la nueva devaluación del peso. La política económica kirchnerista ha perdido uno de sus instrumentos principales, además del vaciamiento de la <strong>ANSES</strong>. El directorio del Banco Central ha desplazado del timón al ministerio de Economía; este hecho ya implica un principio de transferencia de poder, en especial cuando el Central es una entidad que actúa en la sombra con los bancos. Los golpes de Estado no se encapsulan entre las paredes de la jabonería de <strong>Vieytes</strong>; expresan una tendencia de salida al impasse que impide seguir gobernando como se venía haciendo.</p>
<p dir="ltr"><strong>Abril es otoño</strong></p>
<p dir="ltr">La potenciación de la crisis financiera no se limita a las contradicciones insalvables de las medidas ‘estabilizantes&#8217;. Argentina necesita encontrar los recursos para financiar un déficit de 120 mil millones de pesos con tendencia ascendente. Ahora cuenta bastante menos con el ‘socorro&#8217; del Banco Central. O sea que enfrenta el tema del tarifazo, punto clave de un Rodrigazo, que lo viene persiguiendo desde 2008. <strong>Varios economistas del ‘<em>establishment</em>&#8216; reclaman, por eso, que antes que un devaluazo, Argentina necesita un tarifazo</strong>. <strong>Edenor</strong> sigue subiendo en <strong>Nueva York</strong> en función de ganancias contables que anotan subsidios no pagados por el gobierno desde hace cinco años. El otro tema es la deuda de las provincias, ligada al dólar, que ha crecido unos tres mil millones dólares como consecuencia de la devaluación. Un aspecto menos destacado es la acumulación de deudas que se han acumulado por impago de importaciones autorizadas o, igualmente, el atraso del pago de un tercio de la deuda externa privada, cercana a los cien mil millones de dólares.<strong> Gran parte de la industria se encuentra sin stock</strong>, o sea que<strong> una recesión sería un ‘remedio&#8217; para la incapacidad financiera de Argentina</strong>. A esto ha venido a parar el gobierno de la ‘matriz productiva&#8217;.</p>
<p dir="ltr">El barullo ha ocultado el tema de los temas: Argentina tiene que pagar arriba de 15 mil millones de dólares hasta 2015 (además de las importaciones reprimidas y la deuda privada externa, ya señalado), y por de pronto un cupón de <strong>PBI</strong>, por cuatro mil millones, a corto plazo. Todo el objetivo ‘cepo&#8217; fue, en definitiva, un intento fracasado para asegurar el pago a los usureros de la deuda externa. ¿Alterará el gobierno el cálculo del crecimiento del PBI en 2013 para no pagar ese cupón? En definitiva, la clase capitalista está llevando el país al abismo para cumplir con el pago de la deuda -como viene ocurriendo desde 1820 y en especial la crisis de 1890.</p>
<p dir="ltr"><strong>¿Podría funcionar como atenuante el esperado ingreso de divisas por la exportación de soja?</strong> El certificado para las cerealeras, negociado ya por <strong>Guillermo Moreno</strong>, por los eternos dos mil millones de dólares, no funcionó nunca. Las cerealeras ‘prefirieron&#8217;, como los bancos, endeudarse en pesos para comprar la cosecha por adelantado, en lugar de traer dólares de sus casas matrices. El problema es si estos monopolios y los ‘pool&#8217; de siembras juzgan adecuada la devaluación del peso y la tasa de interés que paga, lo cual es definitivamente improbable. Si el pago del cupón del PBI está en la cuerda floja, las cerealeras y los sojeros buscarán otros refugios. Es aquí donde interviene el reclamo de varios grupos capitalistas y sus representantes políticos, para que <strong>CFK</strong> entregue el equipo económico y hasta el gabinete entero &#8211; otra secuencia más del despojo del poder al kirchnerismo. Una escaramuza sobre este tema es lo ocurrido con <strong>Fútbol para Todos</strong>, que buscaba operar una transición hacia el pos kirchnerismo bajo las barbas del kirchnerismo. Si algo faltaba para emparentar al proceso actual con el <strong>Rodrigazo</strong> es la crisis política terminal que acompaña a ambos procesos.</p>
<p dir="ltr">No se trata, sin embargo, solamente de pesos, dólares y deudas. CFK tiene que hablar el 1 de marzo ante la <strong>Asamblea Legislativa</strong>. Dejará al desnudo todas las contradicciones del oficialismo. Fue lo que ocurrió con los discursos de <strong>Perón</strong>, uno en junio del 55, cuando luego de un golpe llamó a la ‘conciliación nacional&#8217;, y el otro, el 12 de junio de 1974, cuando repitió el mismo llamado mientras crecía la triple. O con el <strong>Raúl Alfonsín</strong>, cuando aseguró, en mayo de 1989, que &#8220;treinta trotskistas no me van a torcer el brazo&#8221;.</p>
<p dir="ltr"><strong>La otra cara de la moneda</strong></p>
<p dir="ltr">Si las contradicciones de la política oficial son insuperables, las de sus alternativas ‘destituyentes&#8217; son más explosivas aún: la devaluación y la liberación del mercado de cambios, lleva en primer lugar a la hiperinflación y a la recesión. La confrontación de clases que provoca, es inevitable. <strong>Mario Blejer,</strong> ex <strong>Banco de Inglaterra</strong> y largo tiempo kirchnerista, ha propuesto cinco puntos que tendrán ese resultado. Esperan que ese plan produzca un retorno de capitales, pero eso ocurrirá solamente si antes derrotan una resistencia popular. Incluso en este caso, será un retorno de corto plazo, dadas las nuevas manifestaciones de la crisis mundial en numerosos países ‘emergentes&#8217; (sic). La ‘volatilidad&#8217; de los mercados es una expresión de ingobernabilidad internacional. En el operativo golpista, el conjunto de la burocracia sindical, como hace cuatro décadas, fabula un ‘pacto social&#8217; que reparta los costos de la crisis y limite la posibilidad de una lucha social aguda. La contrapartida de esto debería ser un imposible gobierno de unidad nacional, dada la manifiesta caducidad del conjunto del pejotismo. <strong>Es necesario que los luchadores más activos desarrollen una comprensión lo más completa posible de la crisis en curso para que los trabajadores puedan imponer una salida política propia.</strong></p>
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		<title>Rejuntes</title>
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		<pubDate>Sun, 30 Jun 2013 09:30:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jorge Altamira</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p><strong>El oficialismo K sufre del defecto conocido como “hablarse encima”</strong>. Consiste en convencerse a sí mismo de ciertas mentiras a fuerza de repetirlas hasta la fatiga. Es el caso cuando se adjudica una condición nacional y popular o cuando declama la intención de ‘<strong>democratizar la Justicia</strong>’ que, sin embargo, actúa como cómplice en el tratamiento de las denuncias de fraudes y<strong> ‘enriquecimientos ilícitos’</strong> de funcionarios del gobierno, incluso en la trata de personas y esclavización laboral.</p>
<p>La novedad reciente en esta saga es la pretensión de la presidenta de que el <strong>Frente para la Victoria</strong> representa un ‘proyecto’ que se distingue del ‘rejunte’ de sus opositores. Una distorsión semejante de la realidad la hacen quienes llegaron al gobierno de la mano de <strong>Eduardo Duhalde</strong>, gobernaron con la complicidad de <em><strong>Clarín</strong></em>, hicieron un frente ‘transversal’ con <strong>Julio Cobos</strong>, se distanciaron y acercaron a <strong>Jorge Bergoglio</strong> y, finalmente, bajo el paraguas de las<strong> retenciones a la soja impulsaron el mayor monocultivo de la historia agraria de Argentina</strong>, con ganancias nunca vistas de las cerealeras y una gigantesca penetración de la gran industria química y semillera en las actividades agrícolas.<strong> El kirchnerismo no es un ‘proyecto’</strong> (es incapaz de algo semejante en el marco de la declinación capitalista), <strong>sino un sistema de improvisación permanent</strong>e.</p>
<p><strong><span id="more-72"></span>El ‘rejunte’ es el método exclusivo de acción que tienen a mano los partidos patronales y pequeñoburgueses en Argentina</strong>, como consecuencia de las crisis seriales que derrumbaron a la <strong>UCR</strong> y al <strong>peronismo</strong>. Después del fracaso de <strong>Alfonsín</strong>, <strong>Menem</strong> inauguró el primer ‘rejunte’, con <strong>Alsogaray</strong> y <strong>Cavallo</strong> (y el matrimonio K). Luego vino el de la <strong>Alianza</strong> -de la UCR, el <strong>Frepaso</strong> (escisión del peronismo) y la <strong>CTA</strong> y el <strong>moyanismo</strong>. El <strong>‘progre’ Claudio Lozano</strong> ingresó en el Congreso de la mano de <strong>Aníbal</strong> <strong>Ibarra</strong>. En 2003, peronchos y radichetas se presentaron en tres listas diferentes -una dispersión fenomenal, que es siempre la madre de todos los ‘rejuntes’-. <strong>Si el ‘proyecto’ K no hubiera logrado retener a Scioli</strong> -otro caso de ‘rejunte’-, <strong>probablemente habría terminado como Carrió hace dos años.</strong> Scioli prefirió seguir de ladero del ‘proyecto’, porque considera que ése es el camino más seguro para suceder a los ‘cristinistas’ en 2015. <strong>El FpV representa el gran ‘rejunte’ nacional -con Gioja, Urtubey y Alperovich</strong> (el de la absolución de los acusados por la desaparición de <strong>Marita</strong> <strong>Verón</strong> y el encubridor del crimen de <strong>Paulina</strong> <strong>Lebbos</strong>).</p>
<p><strong>El ‘rejunte’ que pilotean los Massa o los Prat Gay y Tumini es hijo del derrumbe oficial</strong>. Todos ellos pasaron por el gobierno de los K. El realineamiento de ‘fuerzas’ que buscan los diversos ‘rejuntes’ es la expresión de una crisis de conjunto. La economía de Argentina ha vuelto a una situación de ‘emergencia’, cuando aún se encuentra bajo el régimen de emergencia creado por el derrumbe de 2001/2<strong>. La clase capitalista se ha quedado sin financiamiento luego de la ‘década ganada’</strong> y, para peor, cuando la crisis capitalista en curso vuelve a enfrentar una debacle financiera, sin haber salido de la que estalló en 2007. ‘Teclea’ nada menos que <strong>China</strong>.</p>
<p><strong>La ‘opo’ es un ‘rejunte’ que tiene, sin embargo, una ‘idea fija’ -la devaluación del peso, esto para premiar a los capitales internacionales dispuestos a asociarse a proyectos mineros o del gasífero de Vaca Muerta</strong>. En esto, los ‘rejuntados’, incluido el gobierno, son homogéneos -no en vano el precio de la nafta tiene vía libre por parte del controlador <strong>Moreno</strong> y el mismo Moreno desarrolla la devaluación del peso por medio del <strong>Cedin</strong>. Hasta Cavallo se ha metido en el entrevero. Pero los espanta un <strong>Rodrigazo</strong>. Ahora que los brasileños han ganado la calle, incluso contra la posibilidad de que Brasil se convierta en ‘pentacampeón’, el espanto se ha convertido en terror<strong>. En América del Sur se van reuniendo las condiciones de una situación prerrevolucionaria.</strong></p>
<p>Alguien podría señalar que incluso el <strong>Frente de Izquierda y los Trabajadores </strong>es un ‘rejunte’ y no estaría equivocado. Reúne a una parte de la fragmentación infinita del ‘viejo’ <strong>MAS</strong>, luego de un largo período de colaboración en el democratizante <strong>Frente del Pueblo</strong> y luego en <strong>Izquierda Unida</strong>. Sería perjudicial disimular la heterogeneidad del Frente de Izquierda, incluso sus contradicciones insalvables (tendencias democratizantes, por un lado, y tendencias sectarias, por el otro). Para el<strong> Partido Obrero, </strong>sin embargo, contiene los elementos de<strong> una superación que estamos desarrollando con firmeza, mediante una intervención histórica de los obreros y jóvenes más avanzados hacia el campo de la independencia política.</strong> Esto modificaría el cuadro histórico de desenvolvimiento de la izquierda revolucionaria. Tiene por tarea poner fin a la tutela del Estado, la burocracia sindical y el peronismo sobre el movimiento obrero. <strong>Nuestra consigna estratégica es la unión de la izquierda revolucionaria con el movimiento obrero.</strong></p>
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