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	<title>Jorge Altamira &#187; Rusia</title>
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		<title>Giro en la crisis mundial: una “guerra del petróleo”</title>
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		<pubDate>Fri, 28 Nov 2014 10:36:34 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jorge Altamira</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Aunque numerosos comentaristas ven en la caída de los precios internacionales del petróleo la oportunidad para una reactivación de la economía mundial, lo cierto es que anuncia un período catastrófico para numerosos países que han sobrevivido a la crisis gracias a la elevada renta minera. Entre principios de siglo y una fecha reciente, el barril... <a href="http://opinion.infobae.com/jorge-altamira/2014/11/28/giro-en-la-crisis-mundial-una-guerra-del-petroleo/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Aunque numerosos comentaristas ven en la caída de los precios internacionales del petróleo la oportunidad para una reactivación de la economía mundial, lo cierto es que <strong>anuncia un período catastrófico para numerosos países que han sobrevivido a la crisis gracias a la elevada renta minera.</strong></p>
<p>Entre principios de siglo y una fecha reciente, <strong>el barril de petróleo había subido de 10 a 150 dólares</strong> -con una recaída muy fuerte en 2009, <strong>hasta una cotización media de 100 dólares antes del desplome a 75 dólares.</strong> Ahora, el derrumbe, en pocas semanas, ha sido superior, en algunos casos, al 25 por ciento. Con la excepción de Estados Unidos, los cambios en los precios internacionales no repercuten en los precios internos y son, por lo tanto, inocuos para reactivar el consumo final. <strong>Ocurre que la mayor parte de los gobiernos necesitan los impuestos a los combustibles para hacer frente al pago de la deuda pública y al rescate de los bancos</strong>. Si bien el precio corriente continúa elevado en cualquier comparación, su impacto negativo sobre la tasa de beneficio de las compañías petroleras es muy fuerte debido al aumento de los costos que acompañó el alza de precios, sea por un reparto de la renta entre todos los sectores que intervienen en la producción (servicios tecnológicos), sea por la incorporación de yacimientos que exigen procesos más caros, sea por el incremento de las inversiones. La caída del precio del petróleo replica la de todos los rubros de minerales metalíferos y alimentos. Este giro modifica el curso de la crisis mundial porque da de lleno en la periferia, en el mismo momento en que se ha hecho más aguda en Europa y Japón. En principio, esta tendencia empalma a la crisis mundial actual con la de los años 30 del siglo pasado, la cual se caracterizó, de entrada, por una fuerte crisis agraria y el colapso del comercio exterior de los países de menor desarrollo. <span id="more-216"></span></p>
<p>La caída del precio internacional del petróleo es atribuida a diversos factores: una caída de la demanda de China y Europa, un fuerte aumento de la producción de combustibles no convencionales en Estados Unidos y hasta una recuperación de la producción en Libia y en Irak. La crisis de sobreproducción en China es decisiva, porque la presencia económica de China ha sido un factor fundamental en la expansión del mercado mundial. China se encuentra, asimismo, en las vísperas de un estallido financiero. Del otro lado, la elevadísima renta petrolera había abierto espacio para la producción costosa de gas y petróleo no convencionales en Estados Unidos. En el mercado norteamericano, el precio del gas ha caído al límite de la rentabilidad. El descenso del precio de la nafta en el surtidor -o del gas para la industria y la calefacción- se verá opacado por el cierre de yacimientos, cuya productividad es declinante. <strong>El boom de los combustibles en Estados Unidos fue alentado por las bajísimas tasas de interés, que permitieron financiar inversiones que a otras tasas habrían sido prohibitivas.</strong> De victimario en la pelea del petróleo, Estados Unidos podría convertirse en víctima, en el caso de que se cumpla el anhelo de la banca central de aumentar los tipos de interés. Si esto no ocurriera por la presión de la industria, se habría bloqueado el intento oficial de evitar ordenadamente un estallido financiero internacional.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><b>Una “guerra del petróleo”</b></p>
<p>Un factor esencial en el derrumbe de la renta petrolera es, obviamente, <strong>Arabia Saudita, la cual se niega a restringir la oferta de combustibles para detener la caída del precio, para no beneficiar a sus competidores</strong>. Se podría decir que se ha entablado una suerte de guerra del petróleo entre Estados Unidos y Arabia Saudita, porque aunque los norteamericanos aún no exportan, sí han dejado de importar. Los sauditas tienen espaldas para aguantar una guerra de precios, pero hasta cierto punto: aunque tiene los costos más bajos del mundo, el presupuesto del Estado depende como nunca de los ingresos del petróleo. Una disminución de los subsidios públicos desestabilizaría el orden político en el agitadísimo Medio Oriente.</p>
<p><strong>Los eslabones débiles incandescentes de esta crisis son Brasil, Rusia y Venezuela</strong>. Los costos de Petrobras y de PDVSA superan cómodos los precios actuales del petróleo; en estos niveles ambas empresas son inviables. El problema es que, además, tienen deudas gigantescas y son fuentes de financiamiento de Estados con deudas aún mayores. Las acciones de Petrobras cotizan a la mitad de su pico; los brasileños han sido advertidos de esta catástrofe con bastante antelación, cuando quebró el aventurero nacional y popular de Brasil, Eike Batista, un Cristóbal López agrandado del país vecino. En Rusia ocurre todo esto con el agravante de que varias compañías internacionales han abandonado su asociación con compañías rusas, en el marco de las sanciones de la Otan por la crisis de Ucrania. La oligarquía rusa ha hecho causa común con el capital internacional y está fugando capitales de Rusia en gran escala; el rublo ha perdido en 30% de su valor en tres meses. Todo esto vale también para Ecuador o Bolivia. La crisis brasileña afectará a todo su vecindario. Como se ha dicho arriba, está en picada todo el universo de materias primas.</p>
<p><strong>La principal repercusión, de una aproximación de la crisis mundial en curso a la de los años &#8217;30, será sobre el comercio mundial, porque reforzará las tendencias hacia la autarquía económica, y esto a una crisis del sistema monetario internacional.</strong> El &#8216;ascenso&#8217; del Partido Republicano en Estados Unidos cobra relevancia, en este contexto, porque es el abanderado de la guerra comercial. Y naturalmente de la guerra interna -ahí está el juicio de Ferguson.</p>
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		<title>El alcance de la crisis de Ucrania</title>
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		<pubDate>Thu, 06 Mar 2014 15:30:33 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jorge Altamira</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
		<category><![CDATA[FMI]]></category>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Hace dos semanas, en la noche del viernes 28, se creó la impresión de que se había llegado a un acuerdo para superar la crisis en Ucrania, que desde el noviembre previo había reunido una multitud en la plaza principal de Kiev, la capital del país. <strong>&#8220;Es esto o la ley marcial&#8221;, advirtió el ministro de Exteriores</strong>, <strong>Sikorski</strong>, uno de los tres miembros de la delegación de la Unión Europea. Se refería al acuerdo alcanzado con el gobierno y el parlamento de Ucrania, por un lado, y Rusia, por el otro, para formar un gobierno de unidad nacional y convocar a elecciones presidenciales para diciembre. La coincidencia debía ser rubricada por la desmovilización de la multitud.</p>
<p>Demasiado bueno para ser cierto, el acuerdo no sobrevivió a su sola enunciación<strong>.</strong> Sea por responsabilidad de la represión, que comenzó a meter bala a los manifestantes; sea por la acción mortal de francotiradores, que podrían obedecer a las fuerzas de seguridad o a los grupos armados de la derecha (declaradamente fascistas y antisemitas) que controlaban la plaza; sea porque el hilo del paquete tenía muchas hilachas; sea por una combinación de estos factores, el acuerdo capotó a la velocidad de la luz. No llegó a la madrugada del sábado. <strong>La plaza lo rechazó y lo mismo hizo el presidente en funciones, Viktor Yanukovich, que eligió repudiarlo con una huida</strong>. Enseguida el orden público pasó al control de las organizaciones establecidas en la plaza, ante el repliegue de las fuerzas de seguridad. El gobierno provisional reunido para la ocasión no tiene autoridad ni en la residencia del gobierno.</p>
<p><span id="more-166"></span>Así descritos los hechos, no debiera sorprender que Vladimir Putin, el presidente de Rusia, haya puesto en marcha el dispositivo militar de ocupación de Crimea, la península sobre el Mar Negro<strong>,</strong> que alberga a la flota rusa, como consecuencia de un tratado que llega a 2050. Los nuevos gobernantes de Ucrania, hasta las elecciones convocadas para el 25 de mayo que viene, no ofrecían ninguna garantía de obediencia a ese acuerdo, y en todo caso podían ser fácilmente superados por las organizaciones de la derecha de Ucrania, que ya dominan algunas regiones en el oeste del país. El ingreso militar de Rusia a Crimea, la intención de desalojar de allí a las fuerzas armadas de Ucrania e incluso la posibilidad de ocupar alguna parte del este, constituyen un golpe o acción preventiva, desde donde discutir el cuadro estratégico de Ucrania sobre nuevas bases.</p>
<p><strong>La restauración del capitalismo ha convertido a Rusia -no importa su extensión territorial o su arsenal nuclear &#8211; en un estado periférico; no tiene posibilidad ni intención de oficiar de alternativa estratégica a los estados capitalistas dominantes</strong>. Rusia podría devenir en un futuro en un estado subordinado de una coalición de estados capitalistas rivales &#8211; de ningún modo jugar un rol independiente. La posibilidad de que algún estado periférico (incluso de los de la UE) desempeñe un papel autónomo en la política mundial, depende de una revolución socialista. En esta hipótesis, su fuerza consistirá en su capacidad de convocatoria a los trabajadores del resto de los países más relevantes.</p>
<p>Las fuerzas en presencia de la crisis operan a pura improvisación. <strong>Ucrania se encuentra económicamente quebrada</strong>: no puede pagar la deuda pública, la factura de gas ni el salario de los empleados del Estado. Para mantenerla en su radio de influencia, Putin le había ofrecido un apoyo de 15 mil millones de dólares -entre créditos, subsidios a la provisión de gas y algún dinero en efectivo. La Unión Europea, a cambio del diez por ciento de la oferta rusa, pretendía que Ucrania firmara un acuerdo de libre comercio que habría liquidado la producción interna, entregado sus activos principales a los monopolios europeos y norteamericanos y, lo que no es menos importante, rematado las tierras más fértiles de Europa en beneficio del capital internacional.</p>
<p>El acuerdo preveía, como ha ocurrido ya con Egipto, la eliminación de los subsidios al consumo de energía por parte de las familias, lo cual dispara, ciertamente, el levantamiento de millones de ucranianos. Cuando la arquitectura que se improvisó para salir de la crisis se vino abajo, la UE reconoció que Ucrania necesitaba un rescate de 50 mil millones de dólares (de los cuales 20 mil dólares no se recuperarían nunca), pero no adelantó ni una sola moneda. <strong>Obama pretende que la plata la ponga Merkel y viceversa</strong>, un litigio que zanjaría, al menos en parte el FMI, con los recursos de todos los países asociados, pero en beneficio de un puñado. En medio de esta crisis, la eliminación mencionada de los subsidios, que reclama más que nadie el FMI, sería un disparate. Rusia, por su lado, luego de poner 3.000 millones de dólares, suspendió la entrega del resto de lo comprometido. Ucrania está al garete.</p>
<p>La separación de Ucrania de la periferia económica y estratégica de Rusia, sería un golpe potencial nada menos que a la unidad nacional de Rusia. Recorrida por numerosas nacionalidades, Rusia no es un estado nacional, el Cáucaso vive una guerra internacional desde hace una década. Las consecuencias centrífugas de la penetración económica y del tutelaje político del capital internacional, constituyen claramente una de las alternativas posibles de la restauración capitalista. <strong>Para la oligarquía que ha emergido del desmantelamiento económico de Rusia, Ucrania es un mercado vital y una vía de pasaje para el gas ruso a Europa; lo mismo ocurre, en sentido contrario, para la oligarquía de Ucrania.</strong> Pero estas mismas oligarquías, definitivamente instaladas en la City de Londres y en los paraísos fiscales, son un vehículo de la desintegración nacional.</p>
<p>Desde un punto de vista formal, la salida &#8216;pacífica&#8217; podría estar servida; bastaría mantener el reconocimiento de las prerrogativas estratégicas de Rusia y sus nichos económicos, y acordar un rescate financiero de Ucrania. La posibilidad de este acuerdo se insinuó varias veces en estos pocos días. Los políticos locales se acomodarían a lo que se les diga. Pero se ha llegado a semejante crisis no por azar sino por razones de peso histórico. La restauración capitalista se encuentra empantanada; J. Sachs, un economista que intervino en la fase de disolución de la URSS, acaba de reiterar que la industria de tecnología de Rusia va a la obsolescencia sin la intervención del capital extranjero y reforzaría la condición de productor primario de Rusia.</p>
<p>El capital mundial necesita de una apertura de mucho mayor alcance de los nuevos mercados, porque lo procesado hasta ahora en China, Rusia y Europa oriental se ha agotado. <strong>No es casual que la UE no quiera admitir a Ucrania en Europa luego de haberlo hecho con los países bálticos y que le exija un nivel de desmantelamiento económico sin precedentes: es que ya no puede sostener como método de colonización económica la igualdad formal de derechos de todas las naciones en la Unión Europea</strong>. Europa enfrenta una deflación rampante, y Estados Unidos y Japón fracasan en los intentos de evitar ese destino. Un parche en Ucrania ahora sería el anuncio de crisis más graves en un futuro inmediato. Las nuevas huelgas en Egipto, frente al deterioro implacable de la economía, es una señal contundente de que la crisis mundial avanza en amplitud y en profundidad. Un parche diplomático tendría otro &#8216;inconveniente&#8217;: recentraría la crisis de Ucrania en el derrumbe interno del régimen económico y político. Se atenuarían las líneas de confrontación internacionales y la agenda pasaría a ser las condiciones de las masas. Una unidad social sobre estas bases es el terror del imperialismo y de la burocracia y oligarquía de Rusia. <strong>Nuestra consigna es: una Ucrania unida, independiente y socialista.</strong></p>
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