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	<title>Jorge Castañeda &#187; George W. Bush</title>
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		<title>Chile y Venezuela</title>
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		<pubDate>Tue, 11 Mar 2014 10:20:06 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jorge Castañeda</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Entre las muchas estupideces que un sector de la izquierda mexicana sigue manifestando a propósito de la situación en América Latina figura una triple analogía falsa y aberrante. En este pensamiento troglodita, Venezuela hoy es Chile en 1973, Nicolás Maduro es Salvador Allende y Barack Obama es Richard Nixon. Hay que ser muy idiotas y... <a href="http://opinion.infobae.com/jorge-castaneda/2014/03/11/chile-y-venezuela/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Entre las muchas estupideces que un sector de la izquierda mexicana sigue manifestando a propósito de la situación en América Latina figura una triple analogía falsa y aberrante. En este pensamiento troglodita, <strong>Venezuela hoy es Chile en 1973, Nicolás Maduro es Salvador Allende y Barack Obama es Richard Nixon</strong>. Hay que ser muy idiotas y muy ignorantes.</p>
<p>En primer lugar, si bien tanto Allende como Maduro fueron electos, uno lo fue sin cuestionamiento por parte de los candidatos derrotados, al grado de que por no haber obtenido el 50% del voto, Allende fue electo por el Congreso chileno gracias a los sufragios de la democracia cristiana. No es que el margen de victoria de Maduro sea menor o mayor que el de Allende; la otra mitad de la sociedad venezolana cuestionó a tal grado la elección que desconoce a Maduro.</p>
<p><span id="more-508"></span>Pero sobre todo Maduro no es Allende porque El Chicho, aunque pudo haber gobernado mal, lo hizo de manera democrática<strong>.</strong> No cerró medios masivos de comunicación; no reprimió a estudiantes; no encarceló a los líderes de la oposición demócrata cristiana o del Partido Nacional; no cambió la Constitución, ni la Suprema Corte, ni buscó reformar a las instituciones. La gestión de Maduro difícilmente ha sido democrática, como tampoco lo fue la de Chávez. Ambos -Chávez y Maduro- han expropiado, comprado y censurado medios de comunicación, detenido a dirigentes de la oposición, manipulado las instituciones y, en general, han incurrido en una conducta gubernamental todo menos que democrática. <strong>Sólo la ceguera ideológica y la ignorancia histórica pueden comparar a un demócrata martirizado con un payaso.</strong></p>
<p>Otra diferencia radical reside en las características de cada oposición. En Chile, buena parte de la Democracia Cristiana, del Partido Nacional y del Ejército eran efectivamente fascistas. Tan golpistas fueron&#8230; que dieron un golpe de Estado. Algunos dirán que eso mismo sucedió en Venezuela hace 12 años. Pero justamente: hace 12 años.</p>
<p>Difícilmente se puede equiparar a<strong> Leopoldo López</strong> o a <strong>Henrique Capriles</strong> o a <strong>María Corina Machado</strong> con <strong>Augusto Pinochet</strong> o muchos otros fascistas de verdad de aquella época. Uno puede discrepar o avalar las estrategias de cada uno. Pero sus credenciales democráticas, al día de hoy están intactas. El que está en la cárcel es López, no Maduro.</p>
<p>La última vertiente de la analogía absurda es la de Estados Unidos. Nixon y Kissinger empezaron a conspirar contra el gobierno de Allende antes de que fuera gobierno. Quizás <strong>Bush</strong> lo hizo también en 2002; pero hace cinco años que ya no es presidente de Estados Unidos y no hay absolutamente ningún indicio de que Obama haya tenido o tenga la menor intención de conspirar para derrocar al pobre Maduro. A menos de que en la estulticia extrema de un sector de la izquierda mexicana, opinar sobre lo que sucede en Venezuela equivalga a intervenir en lo que sucede en Venezuela. En eso nuestra izquierda se identifica con nuestro gobierno priísta: decir algo es intervenir, y como no queremos intervenir, no decimos nada. Sólo en una cabeza asaltada por el trasnochado nacionalismo revolucionario cabe la idea que la comunidad internacional no debe pronunciarse sobre lo que acontece en Venezuela o en <strong>Ucrania</strong> o en <strong>Cuba</strong> o en <strong>Siria</strong>, aunque supongo que sí en Chile cuando Pinochet, en <strong>Sudáfrica</strong> bajo el <em>apartheid</em>, en <strong>Argentina</strong> bajo <strong>Videla</strong>, o en <strong>México</strong> bajo&#8230; el <strong>PRI</strong> (de antes, por supuesto).</p>
<p><strong>Nadie sabe cómo va a terminar lo de Venezuela, salvo que va a terminar mal. Hay como evitarlo: una intervención colectiva,</strong> defensora de la democracia representativa, en un país que suscribió la <strong>Carta Democrática Interamericana</strong> y, en su momento, el <strong>Pacto de San José</strong>. Como por distintas razones, ningún país de América Latina le quiere entrar al toro, o bien esa desdichada nación seguirá a la deriva, u otros empezarán a actuar, por sus razones. No conspirando, no subvirtiendo, no asesinando, sino simplemente cancelando visas y congelando cuentas. Que para las élites venezolanas, viejas y nuevas, es el peor de los mundos posibles: no ir de compras a <strong>Miami</strong> por el día.</p>
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		<title>Viena, Tamayo y Cassez</title>
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		<pubDate>Sun, 26 Jan 2014 11:51:22 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jorge Castañeda</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Ayer fue ejecutado <strong>Edgar Tamayo Arias</strong> en la prisión de <strong>Huntsville, Texas</strong>, al término de 20 años de cárcel, de juicios y apelaciones, como castigo por haber asesinado a un policía estadounidense. Es el tercer mexicano ejecutado por las autoridades texanas desde que el 31 de marzo de 2004. La <strong>Corte Internacional de Justicia</strong> de <strong>La Haya</strong> resolvió a favor de <strong>México</strong> la demanda interpuesta contra <strong>Estados Unidos</strong> por violar las disposiciones de la <strong>Convención de Viena</strong> de protección consular. Dicho fallo fue aceptado por el gobierno de <strong>George W. Bush</strong>, a principios de 2005, aunque la <strong>Suprema Corte de Estados Unidos</strong> resolvió en 2008 que el presidente carecía de la autoridad para imponerle a los tribunales estatales la decisión de la <strong>CIJ</strong>. Simplifico: el fallo fue favorable en partes esenciales, más no en todas, y el Ejecutivo norteamericano lo aceptó sólo en parte.</p>
<p>Se puede uno preguntar hoy si la demanda valió la pena; si el resultado justifica el esfuerzo empeñado; y si no hay algo que México pueda hacer en casos como éste. Primero los antecedentes. En el caso <strong>AVENA</strong>, en realidad se agrupaba a 51 mexicanos condenados a muerte en <strong>EU</strong>, y que no habían podido ejercer su derecho de que las autoridades estadounidenses notificaran al consulado de México más cercano de su detención y de los cargos imputados.</p>
<p>Esa demanda, que tuve el honor de diseñar, impulsar y firmar en mi último acto como secretario de<strong> Relaciones Exteriores</strong>, se basó en un principio parecido al que al final del día contribuyó a que <strong>Florence Cassez</strong> fuera liberada exactamente hace un año. Un mexicano en apariencia culpable, en manos de un defensor de oficio hostil e incompetente, sin traductor, sin apoyo de su familia o de los funcionarios consulares mexicanos, puede no gozar del debido proceso que tendría si contara con todas estas prerrogativas. Si Cassez hubiera tenido acceso al <strong>Consulado de Francia</strong> desde el primer momento de su arresto, otro gallo hubiera cantado. Por eso la ministra<strong> Olga Sánchez Cordero</strong> insistió tanto en este tema en su ponencia ante la <strong>SCJN</strong> a principios del 2013. Si Edgar Tamayo hubiera contado con la traducción, la asesoría legal y el apoyo en general del Consulado de México en <strong>Houston</strong>, quizás de igual manera hubiera sido condenado, más no a la pena capital, con la que concluyó su vida. Aguas: no se puede invocar la <strong>Convención de Viena</strong> allá, y despreciarla aquí.</p>
<p><span id="more-474"></span>La protección consular en México, en EU o en el mundo no es asunto menor. Tampoco lo es que <strong>Texas</strong> invoque una soberanía propia y una supuesta “no firma” suya de la Convención de Viena para ignorar la recomendación del secretario de Estado <strong>John Kerry</strong>, o en casos anteriores del presidente texano <strong>Bush</strong>, de por lo menos llevar a cabo, como lo indica el fallo de la <strong>CIJ</strong>, una revisión del caso, procurando determinar si la protección consular hubiera desembocado en un desenlace diferente. Es de suma importancia subrayar este aspecto. Nadie afirma que los 51 mexicanos afectados por el caso AVENA hayan sido culpables; se afirma que la pena de muerte es un castigo por definición irreversible, y no debe aplicarse sin el respeto a las obligaciones internacionales y nacionales del debido proceso.</p>
<p>En los casi 10 años transcurridos desde<strong> La Haya</strong>, “sólo” han sido ejecutados 4 mexicanos. Son 4 de más, pero también son 47 que no lo han sido. Tres gobiernos de México han hecho lo posible para que estas tragedias no se repitan. El actual alentó que las violaciones mexicanas a la Convención de Viena tuvieran consecuencias, en el caso Cassez. La Cancillería ha estudiado la forma de convencer -y en parte lo ha logrado- al gobierno de EU de que legisle en su Congreso la obligación para que los estados de la Unión Americana cumplan con los tratados firmados por el Ejecutivo y ratificados por el Senado.<strong> Quizás a partir del trágico término de la vida de Edgar Tamayo, convenga insistir aún más en Washington, esto en el entendido de que pasarán años para que se logre. No sería un mal tema a tratar por Peña Nieto con Obama, al reunirse en Toluca el 19 de febrero.</strong></p>
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