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	<title>Jorge Castañeda &#187; metanfetaminas</title>
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		<title>¿Mejor el fracaso que el éxito?</title>
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		<pubDate>Fri, 31 Jan 2014 17:59:09 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jorge Castañeda</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Desde su campaña, y en varios de sus discursos pronunciados después de su victoria electoral,<strong> Enrique Peña Nieto</strong> ha insistido que la principal diferencia entre su estrategia para combatir al crimen organizado y la inseguridad, frente a la de su predecesor, estribaría en concentrar los recursos humanos y materiales disponibles en combatir la violencia que afecta a la gente&#8230; dando a entender, sin decirlo, que no se concentrarían dichos recursos en el combate al narco. Parecía una solución y una formulación astuta y correcta:<strong> el problema en México no es el narco, sino el secuestro, la extorsión, los homicidios como tales,</strong> etcétera. A un año y dos meses de su toma de posesión contamos ya con algunos elementos para saber si esta estrategia se ha tratado de poner en práctica, y qué resultados ha arrojado. Aunque en realidad persiste una gran incógnita, que dificulta el análisis.</p>
<p>Como ya se ha comentado aquí, concentrar los recursos humanos y materiales disponibles en la lucha contra el secuestro, la extorsión, el asalto en vía pública y en domicilio, en un país con recursos escasos, implica cambiar el acento y de alguna manera replegarse en la lucha contra el narco. No sabemos si esto ha sucedido, en parte por buenas razones -el gobierno no tiene por qué andarlo diciendo-, en parte porque los medios no hacen su trabajo -no nos reportan cuántos retenes se han desmontado, cuántas tropas siguen en las carreteras y fuera de sus cuarteles, en dónde se encuentran los contingentes de la <strong>Policía Federal</strong>- y en parte porque los resultados de esta posible táctica novedosa tardarán en notarse. Ojalá así sea: nada tendría más sentido que combatir la extorsión, en particular en <strong>Michoacán</strong>, y dejar que los narcos, grandes o chicos, desarrollen con la mayor libertad posible su vocación originaria: cultivar amapola y marihuana, e instalar laboratorios de metanfetaminas.</p>
<p><span id="more-478"></span>Pero hay dos problemas, más o menos serios. Todos los datos disponibles sugieren que durante estos 14 meses,<strong> los secuestros y la extorsión han aumentado</strong>, tal vez incluso de manera dramática, mientras que no sabemos si la presión sobre el narco ha disminuido, y los homicidios dolosos en general y vinculados a la guerra contra el crimen organizado apenas han disminuido, y más bien lo han hecho siguiendo la tendencia iniciada en 2012. La mejor prueba de ello es el anuncio por parte del secretario de Gobernación de una “nueva estrategia contra el secuestro”, la enésima, y el nombramiento de un nuevo “zar antisecuestros”, y una imaginativa mecánica antiextorsión en <strong>Michoacán</strong>, a saber, aliar al Ejército con las autodefensas para golpear a<strong> Los Templarios</strong> extorsionadores. Para que funcione la estrategia de combatir la violencia que afecta a la gente y poner en un segundo plano el combate al narco, necesitamos algunos comprobantes: que disminuyan los secuestros y la extorsión con relación a 2012, que disminuyan los decomisos y quemas de estupefacientes ilegales, que aumenten las exportaciones de origen nacional o <em>in bond</em> a <strong>Estados Unidos</strong> y que se produzca una reducción significativa de los homicidios dolosos en relación ya no sólo al pico de 2011, sino a los años previos a la guerra de <strong>Felipe Calderón</strong>.</p>
<p>El segundo problema es que esta nueva estrategia, para verse realmente eficaz, tendría que explicar el origen y la lógica del incremento de los secuestros y de la extorsión. Ambos son inconfesables. Por una sencilla razón: no parece haber explicación alterna al aumento de secuestros y de la extorsión que la propia guerra, incluso, si se quiere, su éxito paradójico. Es altamente probable que el crimen organizado, al verse presionado en su actividad más lucrativa y preferida, a saber, el narcotráfico, optó por desplazarse hacia el secuestro y la extorsión, entre otras maldades.<strong> La pregunta que muchos en México nos hacemos hace varios años es: ¿para qué diablos tener un éxito así? ¿No era preferible el fracaso?</strong></p>
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		<title>Michoacán y Vietnam</title>
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		<pubDate>Sat, 18 Jan 2014 10:30:13 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jorge Castañeda</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Yo no sé si el gobierno federal tiene una respuesta al desastre de <strong>Michoacán</strong>. Más aún, no sé si exista tal respuesta. Por mi parte me parece prudente en este momento no lanzar propuestas u ocurrencias simplistas, superficiales, o envenenadas. Sí creo, sin embargo, que para llegar a una respuesta es preciso contestar a una serie de preguntas que, por ahora, dan la impresión de permanecer sin contestación. Las dividiría en cuatro grupos.</p>
<p>La primera: ¿de qué viven de verdad y en qué proporción las agrupaciones del crimen organizado en esa zona de Michoacán? <strong>Zetas, La Familia y Los Caballeros Templarios</strong> ¿hoy y ayer se alimentan del negocio de la <strong>marihuana </strong>y la <strong>amapola</strong>, o de los laboratorios de <strong>metanfetaminas</strong>, o de la <strong>extorsión</strong> a pequeñas y gigantescas empresas comerciales, mineras y siderúrgicas, o del secuestro, o <em>all of the above</em>? Y en este último caso ¿cómo reparten su tiempo y sus ganancias entre todas estas actividades? No da lo mismo, ya que<strong> no hay solución al problema sin saber cuál es el problema.</strong></p>
<p><span id="more-468"></span>La segunda: ¿qué es lo que sucedió en el sexenio pasado que no funcionó? Es obvio que lo que comenzó en diciembre de 2006 no dio resultados y evidentemente empeoró las cosas. Pero de manera específica ¿cuáles fueron los errores, las insuficiencias o la ignorancia que llevaron a esta debacle? <strong>No es posible construir una alternativa a una estrategia equivocada si no se sabe en qué consistió el equívoco</strong>; no hay modo de hacer algo bien si no se sabe qué se hizo mal. Repetir incansablemente que ahora hay mayor coordinación es, en el caso de Michoacán, aberrante. No se puede coordinar al gobierno federal con las policías estatales o municipales cuando éstas simplemente dejaron de existir. Resulta difícil de creer que todo el problema radicó en una falta de coordinación.</p>
<p>La tercera y la más obvia (casi un lugar común de la comentocracia): <strong>¿quién financia a las autodefensas?</strong> Su armamento no será el del <strong>Ejército israelí,</strong> pero tampoco son puras escopetas o fusiles calibre 22. ¿Son homólogos aguacateros, limoneros, meloneros o mineros de los finqueros colombianos? ¿Es el<strong> Cártel de Sinaloa</strong>? Se trata de preguntas carentes de gran complejidad pero que sin respuesta precisa imposibilitan cualquier acción eficaz.</p>
<p>Por último y lo más importante, la cuarta: ¿qué pasa después de la ocupación militar? Ya en estas páginas he citado a <strong>Joel Ortega</strong>, quien a su vez recuerda la tesis de <strong>Graham Greene</strong> en<strong> <em>El americano impasible</em></strong>, a propósito de la guerra de <strong>Francia</strong> en <strong>Vietnam</strong> a principios de los cincuenta.</p>
<p>Los franceses ocupaban el territorio que pisaban, y nada más; al retirarse volvía el <strong>Viet Minh</strong>. Todo indica que la situación en Michoacán es análoga. El Ejército, la <strong>PF</strong>, la <strong>Marina</strong> en <strong>Lázaro Cárdenas</strong> pueden, con suficientes recursos y tiempo, desarmar a las policías comunitarias, descabezar a Los Templarios, reducir la extorsión y el secuestro, y tal vez desmantelar la mayoría de los laboratorios (la marihuana y la amapola ni se pueden ni se deben erradicar). Pero algún día todos ellos tendrán que irse, como ha sucedido repetidamente a lo largo de los últimos 15 años. Cuando no alcance la tropa, o el presupuesto, o la paciencia de la opinión pública o la indiferencia internacional, y cuando el costo en derechos humanos, instituciones desmontadas, corrupción y abandono de otras regiones se haya incrementado ¿qué sucederá?</p>
<p><strong>El gobierno sin duda conoce la respuesta a la mayoría de estas preguntas</strong>. No está obligado a compartirlas con nadie. Pero en algún momento, si quiere ganarse la confianza de la opinión pública y publicada, y de la comunidad internacional, tendrá que divulgar algo: información, análisis, historia, nexos, y detalles de su proyecto. <strong>No se entiende muy bien la obsesión por el silencio o por posponer una divulgación obligada.</strong></p>
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