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	<title>Jorge Castañeda &#187; PRI</title>
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		<title>Rigideces</title>
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		<pubDate>Sat, 01 Mar 2014 08:44:19 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jorge Castañeda</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p><strong>En las últimas semanas el gobierno de Enrique Peña Nieto (EPN) ha logrado éxitos innegables</strong>, profundizado en la transformación del país. Con independencia de las implicaciones a largo plazo en materia de violencia e inseguridad, haber capturado a El Chapo, abatido a El Chayo, domesticado a las autodefensas en Michoacán, y estabilizar (no estoy tan seguro de lo apropiado del verbo disminuir) las ejecuciones, los secuestros y la extorsión, son logros indiscutibles. Asimismo, las decisiones recientes del Ifetel, más allá de las consecuencias a mediano y largo plazos que entrañan para los monopolios de telecomunicaciones, son pasos en la dirección correcta. El lento, pero parece que continuo, avance de las disposiciones secundarias en materia de reforma política, energética y educativa puede también verse como parte de esta buena gestión gubernamental.</p>
<p>Entonces<strong>, ¿por qué las rigideces tan severas en materia de encuestas y de desempeño de la economía en su conjunto?</strong> Hay algo aquí que conviene analizar aunque sólo sea de manera preliminar, entendiendo que no llevamos ni medio sexenio de EPN pero tampoco sólo unos meses. Empecemos por las encuestas.</p>
<p><span id="more-515"></span>Leo Zuckermann ya lo ha explicado en su columna. <strong>Los últimos números de EPN no sólo siguen siendo malos, sino que han caído por debajo de sus niveles anteriores</strong>. Tanto en aprobación como en calificación y en desempeño por distintos quehaceres gubernamentales, las cifras se mantienen cerca de donde se encontraban al principio del sexenio, y análogas al techo de simpatías priístas en el país, que desde hace 17 años no rebasa el 40% de los mexicanos. Obviamente hay muchas explicaciones de este fenómeno, y la más importante es la económica, pero también el marcado perfil priísta del peñismo. <strong>Entre más se acerque EPN al PRI, más se gana la antipatía de los antipriístas, que no lo juzgan como presidente: lo malquieren por priísta.</strong></p>
<p>La misma rigidez se observa en el comportamiento de la economía. En la toma de posesión,<strong> se pronosticaba un sólido crecimiento para 2013; conforme transcurrió el año, las estimaciones se redujeron</strong> y proliferaron las explicaciones: la debilidad de la recuperación en Estados Unidos, el insuficiente gasto público, la crisis de la industria de la construcción, entre otras. Hacia el último trimestre de 2013, de nuevo brilló la esperanza: ahora sí vamos a crecer, se terminó el subejercicio del gasto público, va a llegar la inversión extranjera y se van a reponer las vivienderas. Al acercarnos al final del primer trimestre del segundo año, nada de eso ha sucedido. Las cifras siguen malas. ¿Qué tan malas? No lo sabemos todavía, más que por indicadores adelantados, como las ventas de Walmart, la creación de nuevos empleos, los datos que el propio gobierno ha entregado de inversión extranjera directa (restando la venta de modelo del año pasado) y el prolongado letargo del crecimiento económico norteamericano. Esto puede cambiar, pero por ahora no se vislumbra un crecimiento este año ni siquiera de 3%; algunos pronósticos sugieren una tasa más cercana al 2.5%. Si esto sucede, el primer tercio del sexenio de EPN habrá tenido un crecimiento anual promedio de menos de 2%.</p>
<p>¿Qué pasa? Difícil saberlo a ciencia cierta, más que si repetimos los lugares comunes, innegables pero insuficientes: la violencia y la inseguridad, la baja productividad mexicana, la magra inversión pública, una relativa huelga de inversión del sector privado, la falta de confianza del empresariado nacional e internacional ante un futuro incierto. De la misma manera que puede haber una especie de tope estructural en lo tocante a la simpatía priísta en México, es muy probable que nos encontremos hoy, ya después de 20 años del TLCAN, de 8 años priístas y 12 panistas, de un entorno internacional favorable -1994 a 2000- y desfavorable -crisis 2008- ante un techo estructural del crecimiento mexicano. <strong>EPN y su equipo han apostado que las reformas bastarán para demolerlo. Es posible. Pero el puro anuncio de las reformas ni siquiera lo astilló.</strong></p>
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		<title>Consulta y pregunta</title>
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		<pubDate>Fri, 07 Feb 2014 17:16:17 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jorge Castañeda</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Este lunes Milenio publicó una entrevista con Videgaray donde decía: “Respecto a la eventual consulta popular para echar atrás los cambios energéticos, [...] se mostró seguro de que no afectará; sin embargo, indicó que mucho tendrá que ver la pregunta que se le haga a la población, por lo cual lo más importante es cuidar cómo... <a href="http://opinion.infobae.com/jorge-castaneda/2014/02/07/consulta-y-pregunta/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Este lunes <strong>Milenio</strong> publicó una entrevista con <strong>Videgaray</strong> donde decía: “Respecto a la eventual consulta popular para echar atrás los cambios energéticos, [...] se mostró seguro de que no afectará; sin embargo, indicó que mucho tendrá que ver la pregunta que se le haga a la población, por lo cual lo más importante es cuidar cómo sea&#8230;”. Para alguien que suele hablar con precisión, la declaración puede leerse como una aceptación tácita de la consulta popular sobre la reforma energética que ha pedido la izquierda. Con una condición: que la pregunta se formule de una manera que no sesgue el referéndum hacia el “no”.</p>
<p>Se trata de un cambio importante y positivo. No sé cuántos seamos, pero algunos estamos totalmente a favor de <strong>la reforma energética de Peña Nieto</strong>, y a la vez a que se someta a una consulta popular vinculante. La discusión jurídica sobre la misma tendrá lugar en los meses que vienen y en caso de no haber un acuerdo político, será zanjada por la Suprema Corte. Pero si se llegara a un entendimiento entre por lo menos una parte de la izquierda y el gobierno sobre los puntos torales, representaría un gran avance para todo el mundo.</p>
<p>Algunos buenos amigos legisladores priístas me han comentado que independientemente de lo que diga el nuevo artículo 35 de la Constitución, fracción VIII, tercer párrafo, la Constitución no puede ser modificada por la vía de la consulta popular. La razón que esgrimen es que el artículo 135, sólo prevé una vía para cambiar el documento de 1917, a saber, “por el voto de las dos terceras partes [del Congreso de la Unión] y por la mayoría de las legislaturas de los Estados”. Pero esta interpretación presupone otra, no necesariamente correcta.</p>
<p><span id="more-490"></span>El nuevo artículo 35, fracción VIII, segundo párrafo dice así: “Cuando la participación total corresponda, al menos, al 40% de los ciudadanos inscritos en la lista nominal de electores, el resultado será vinculatorio para los poderes Ejecutivo y Legislativo federales&#8230;”. El Congreso se vería obligado a modificar la Constitución o las leyes por mandato de la consulta, aunque la consulta en sí misma no modifique ni la Constitución ni las leyes. Agradezco a <strong>Guadalupe Acosta Naranjo</strong> esta aclaración. Ahora bien, ¿por qué puede uno pensar que las nuevas disposiciones del artículo 35 se aplican a reformas constitucionales? Por la redacción del tercer párrafo de la misma fracción del mismo artículo: “No podrán ser objeto de consulta popular la restricción de los derechos humanos reconocidos por esta Constitución; los principios consagrados en el artículo 40 de la misma; la materia electoral; los ingresos y gastos del Estado; la seguridad nacional y la organización, funcionamiento y disciplina de la Fuerza Armada permanente”.</p>
<p>Si la Constitución estipula qué partes de sí misma no pueden ser objeto de consulta, por definición todas las demás sí pueden serlo. Si insistiera el gobierno y el <strong>PRI</strong> en rechazar la consulta sobre energía, su único argumento sería por “ingresos y gastos del Estado”. Como <strong>Pemex</strong> paga impuestos -y muchos-, y como gasta dinero -y mucho-, y pertenece al Estado, podría en una interpretación muy laxa de estas palabras entenderse que la consulta no fuera aplicable.</p>
<p>Pero esta interpretación, además de ser marrullera y éticamente dese-chable -casi todo en la vida tiene implicaciones fiscales-, abre la puerta a un escenario aún peor. Como lo explicó hace unos días en “Es la hora de opinar”, <strong>Carlos Elizondo,</strong> si el artículo 35 no se aplica a la Constitución, entonces por fuerza se aplica a las leyes secundarias, ya que no tendría sentido una reforma que no se aplicara a nada. En ese caso se podría recurrir a la consulta popular para cambiar todas las leyes secundarias que en teoría aprobará pronto el Congreso en materia energética. Se trataría de una verdadera pesadilla para el Congreso, para los inversionistas, y sobre todo para el país. P<strong>refiero una consulta sobre la Constitución y que la reforma de EPN pase la prueba del añejo: la de las urnas.</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>La culpa del retraso</title>
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		<pubDate>Sat, 04 Jan 2014 12:35:23 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jorge Castañeda</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>La semana pasada comentábamos que para no pocos actores y analistas de la evolución política de <strong>México</strong>, en 1994 la resplandeciente transición mexicana desaprovechó una excelsa oportunidad para consumarse a tiempo, y cuando finalmente sobrevino, ya no pudo surtir todos los efectos deseados, ni logró detonar los círculos virtuosos anhelados. <strong>La reforma energética de Peña Nieto ¿correrá la misma suerte?</strong></p>
<p>Hoy los protagonistas más capaces del <strong>PRI</strong>, como los que se encuentran en el gobierno, o <strong>Manlio Fabio Beltrones</strong> y <strong>David Penchyna</strong> en el <strong>Congreso</strong>, reconocen de una manera u otra que quizás la reforma de fondo ahora aprobada pudiera haberlo sido doce o seis años antes. Saben bien, porque allí estuvieron, que tanto <strong>Vicente Fox</strong> como <strong>Felipe Calderón</strong>, con las habilidades y torpezas de cada uno, se propusieron una abertura a la inversión privada en <strong>CFE</strong> y <strong>Pemex</strong>, y que fracasaron porque el PRI no quiso regalarles esa medalla. Especialistas de gran talento y simpatía por México como <strong>Daniel Yergin</strong> postulan, posiblemente con razón, que sólo un presidente del PRI hubiera podido enterrar la herencia del PRI: <strong>Nixon</strong> en <strong>China</strong>, como nos lo anunció <strong>Enrique Peña Nieto</strong> en<em><strong> La hora de opinar</strong></em> hace casi dos años. Todos concluyen, de alguna manera, que fue una lástima que todo esto -lo cual, como ya dije, aplaudo y aquilato- no haya sucedido antes, pero lo esencial es que haya acontecido ahora. ¿Y si no? ¿Podrá pasar lo mismo que con la transición a la democracia, o la apertura de la economía?</p>
<p><span id="more-456"></span>Algunos, desde el 2003, sostuvimos que México debía encontrar el mecanismo jurídico, financiero y de gestión de proyectos, para incrementar de modo dramático nuestra producción y exportación de hidrocarburos en el corto plazo. Argumentamos que con los recursos procedentes de ese aumento, debíamos construir la infraestructura, la educación y la red de protección social que el país exigía y merecía. Planteamos que por diversas razones -los precios, el cambio climático, el descubrimiento de otros yacimientos en otros países, con otras tecnologías- no disponíamos de una eternidad para “sembrar” nuestro petróleo y gas natural. Pocos -y mucho menos que nadie, yo- sabíamos nada del shale, ni podíamos prever que los precios del crudo se mantendrían a los niveles de hoy tanto tiempo o que bajaran los del gas como ha ocurrido. Pero sí parecía evidente que necesitábamos crecer más; que carecíamos de los recursos necesarios para invertir con esa meta; y que sólo el petróleo y el gas, en las aguas profundas del Golfo, en el litoral de <strong>Tabasco</strong>, en <strong>Lancahuaza</strong>, y quizás en la <strong>Cuenca de Burgos</strong>, nos podía suministrar esos recursos. Y que únicamente en asociación con capital extranjero podríamos sacarlo y venderlo.</p>
<p>Por muchos motivos, como dice mi amigo <strong>Joel Ortega</strong>, si antes tal vez éramos la última Coca Cola del desierto, hoy hay miles. <strong>La reforma energética</strong> es una condición necesaria para sacar los hidrocarburos que hay -no creo que sepamos bien a bien cuánto- pero me salta la duda si no se nos pasó también de tueste, y que ya no sea una condición suficiente. Nada de esto es culpa de Enrique Peña Nieto, que ha hecho toda la tarea cuando ha podido hacerla, pero sí de su partido, que se negó sistemáticamente a hacerla cuando pudo. ¿Cómo quedaría el ejercicio contra-factual? <strong>¿Dónde se encontraría México si el PRI, o una parte por lo menos, hubiera accedido a una reforma de esta naturaleza al arranque del sexenio de Vicente Fox o del de Felipe Calderón?</strong> ¿Cómo nos hubiera ido con<strong> Diego Fernández de Cevallos</strong> de presidente en el 94, o con la inversión extranjera en hidrocarburos o electricidad en el 2001 o el 2007? Nunca lo sabremos, pero si dentro de cinco años efectuamos un primer balance del sexenio de <strong>EPN</strong>, tendremos que hacernos la pregunta. La respuesta encierra un doble enigma. ¿Es infinita la paciencia del tiempo histórico? <strong>¿Los responsables del retraso mexicano se reconocen a sí mismos?</strong> Feliz año nuevo a todos.</p>
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		<title>El retraso mexicano</title>
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		<pubDate>Sun, 29 Dec 2013 11:01:48 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jorge Castañeda</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>A lo largo de las próximas semanas y meses, proliferarán los análisis y recuerdos de acontecimientos decisivos para el país, todos ellos sucedidos durante el fatídico año de 1994. Entre otros, el número de enero de la <strong>revista <em>Nexos</em></strong><em> </em>incluirá textos recordando el <strong>alzamiento</strong> <strong>zapatista</strong>, la entrada en vigor del <strong>TLCAN</strong>, el asesinato de <strong>Colosio</strong>, la campaña presidencial, la ejecución de <strong>Ruiz Massieu</strong>, los errores de noviembre y diciembre y el consiguiente colapso de la economía a fin de año. Los sucesos de ese año fueron muchos, y marcaron el destino del país por mucho tiempo -hasta la fecha. Nos dejaron muchas enseñanzas, pero una lección de suma pertinencia hoy en día puede haber pasado desapercibida. Quisiera dedicar mis dos últimos artículos de este sexagésimo año de mi buena vida a esa lección y su relevancia actual. Se trata de <strong>lo que no aconteció en 1994.</strong></p>
<p>La resplandeciente transición mexicana desaprovechó una excelsa oportunidad para consumarse a tiempo, debido a la ceguera de <strong>Carlos Salinas</strong>, a la indiferencia de los poderes fácticos, y a la insuficiente ambición de <strong>Diego Fernández de Cevallos</strong>. Algunos lectores recordarán cómo a partir del debate presidencial de finales de mayo, gracias a la aplastante victoria de Diego y la inmisericorde derrota de <strong>Zedillo</strong> (y de Cárdenas), se invirtieron las tendencias de las encuestas. Ascendió el panista, y aunque su campaña se pasmó, de no haber sido por la incorporación completa de Salinas y del gobierno federal a la contienda (a través del gasto, de la propaganda, del activismo del presidente y del aparente destierro de Diego de las pantallas de televisión), el <strong>PRI</strong> podría haber perdido.</p>
<p><span id="more-449"></span>La injerencia del gobierno en la competencia electoral de 1994 comenzó en realidad justo después de la muerte de Colosio. En lugar de soltar la paridad monetaria ante el inevitable nerviosismo de los mercados y asumir una devaluación, Salinas prefirió evitar a toda costa una depreciación de la moneda y un enfriamiento de la economía. Ni su gabinete (<strong>José Córdoba</strong> había sido exiliado a <strong>Washington</strong>) ni sus amigos, ni los grandes poderes tan beneficiados por él, reclamaron su actuación ni sugirieron alternativas. Así, el empecinamiento de Salinas en una victoria priísta no era privativa del mandatario y resultaba lógica, si se trataba de que el PRI venciera, también a toda costa. La pregunta es ¿para qué?</p>
<p>El ejercicio contra-factual resulta interesante. Si se cae la moneda, ya sea después de la tragedia de <strong>Lomas Taurinas</strong>, ya sea después del debate, se ajusta la economía y el PRI pierde casi seguramente la elección. Pero no hubiera sucedido la hecatombe económica de diciembre de 1994, no habría caído a la cárcel <strong>Raúl Salinas</strong> en febrero de 1995, <strong>Diego</strong> <strong>Fernández</strong> hubiera cuidado las espaldas de su amigo <strong>Carlos</strong> <strong>Salinas</strong> con todo el cariño del mundo, y la transición mexicana se habría consumado seis años antes, en condiciones más propicias para el país.</p>
<p><strong>El más perjudicado por los esfuerzos desmedidos de lograr la elección de Ernesto Zedillo fue Carlos Salinas,</strong> y el principal beneficiario de una derrota de Zedillo hubiera sido&#8230; Carlos Salinas. Y <strong>México</strong>, porque en ocasiones las cosas que no suceden en el momento oportuno, si bien acontecen después, ya no revisten el mismo éxito, el mismo impacto, la misma trascendencia histórica.</p>
<p>De allí la enseñanza: tal vez la alternancia mexicana, siendo mil veces preferible a su contrario, a saber, la perpetuación del <em>ancien régime</em> autoritario, se pasó de tueste. Cuando sobrevino, con por lo menos seis años de retraso -en la óptica descrita- o doce -en la visión de los vencidos de 1988- ya no pudo surtir todos los efectos deseados, ni logró detonar los círculos virtuosos anhelados. <strong>Me pregunto si la reforma energética de Peña Nieto, de enorme trascendencia para el país y pletórica de promesas implícitas y algunas expresadas con excesiva estridencia, no correrá la misma suerte. <em>Not too little, but just too late.</em></strong></p>
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		<title>Encuestas a un año</title>
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		<pubDate>Sat, 07 Dec 2013 10:35:31 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jorge Castañeda</dc:creator>
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		<description><![CDATA[No me da buena espina lo que sucede en el Congreso en torno a las llamadas reformas político-electoral y energética, pero supongo que conviene esperar hasta el desenlace para pronunciarse sobre el contenido, y no el mero enunciado, de dichos cambios legislativos. Me sigue persiguiendo el leve temor de que en estos dos casos sucederá... <a href="http://opinion.infobae.com/jorge-castaneda/2013/12/07/encuestas-a-un-ano/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>No me da buena espina lo que sucede en el <strong>Congreso</strong> en torno a las llamadas <strong>reformas político-electoral y energética,</strong> pero supongo que conviene esperar hasta el desenlace para pronunciarse sobre el contenido, y no el mero enunciado, de dichos cambios legislativos. Me sigue persiguiendo el leve temor de que en estos dos casos sucederá lo mismo que con otros en este sexenio: <strong>el gobierno ha adquirido la insólita habilidad de transformar buenas ideas y buenas intenciones en malos resultados.</strong> Pero aguardemos.</p>
<p>Lo que sí conocemos ya es el resultado de las encuestas al año de haber tomado posesión <strong>Enrique Peña Nieto</strong>. Además de la de esta casa, se pueden consultar la de <strong>Ulises Beltrán</strong>, en <strong>Excélsior</strong>; la de <strong>Francisco Abundis</strong> y <strong>Parametría</strong>; la de <strong>Jorge Buendía</strong>, en <em><strong>El Universal</strong>,</em> y algunas otras de radio o privadas. Todas reflejan la misma tendencia, con campos de variación mayores o menores según la ficha técnica de cada sondeo. Los números son malos y deben ser preocupantes. La aprobación y calificación del presidente y del gobierno han caído entre una cuarta y quinta parte; la evaluación del desempeño gubernamental en temas específicos también, y los augurios negativos para el futuro se han elevado.</p>
<p><span id="more-431"></span>La razón inmediata de estas pésimas cifras es obviamente el estado que guarda la <strong>economía mexicana</strong>. La gente le da más importancia a los problemas económicos que a los de la violencia o la inseguridad, a diferencia del sexenio anterior, salvo en 2009. Ninguno de los acontecimientos del año transcurrido sirven para contrarrestar esta preocupación: ni la detención de <strong>Elba Esther Gordillo</strong>, ni el <strong>Pacto por México,</strong> ni las reformas, y en todo caso la llamada <strong>reforma hacendaria</strong> sólo ha agravado las cosas. Hasta aquí no hay mucho nuevo que decir ni que analizar; un mal año económico genera malos resultados en las encuestas, y punto final. En cambio, las cosas se complican cuando se trata de avanzar un poco más.</p>
<p>Conviene recordar que el mediocre desempeño de la economía, si bien se ha manifestado a lo largo de todo el año, empezó a percibirse con claridad apenas al terminar el primer semestre. Los números de<strong> Peña Nieto</strong> nunca fueron demasiado buenos: pasó del 38% en la elección presidencial a ligeramente más del 50% días después de la toma de posesión, para estabilizarse en esos niveles hasta que comienza su desplome entre agosto y noviembre. Nunca alcanzó los niveles de <strong>Vicente Fox</strong> o de <strong>Felipe Calderón</strong> al arranque de su mandato. Aquí puede hallarse el secreto de su desventura demoscópica.</p>
<p>Desde 1997, el <strong>PRI</strong> en <strong>México</strong> tiene un piso electoral -el 25% de <strong>Madrazo</strong> en 2006- y un techo: entre 40% y 43%, sin el <strong>Partido Verde</strong> y otros aliados en un par de elecciones de medio periodo. Con su buen comienzo y el optimismo inmortal del mexicano, <strong>EPN</strong> logró incluso superar esos niveles en las encuestas, aunque por poco y durante poco tiempo. Rápidamente volvió al nivel de confort del <strong>PRI</strong>, o un poco arriba de ello, en alrededor de 45%. Algunos pueden creer que, para romper ese techo, el PRI tiene que hacer bien las cosas. Yo creo que, para superar ese umbral, <strong>el PRI tiene que hacerle olvidar a la gente que es el PRI.</strong></p>
<p>A pesar de los aplausos que en algunos sectores le ha traído a EPN el volver al solemne ritual priísta/presidencialista, mi impresión es que eso sólo complace al entre 40% y 45% que no aborrece al “partidazo”. A todos los demás, el rito PRI les recuerda&#8230; al PRI, es decir, fortalece la sensación de que<strong> volvieron los de siempre.</strong> Los de ahora actúan, por lo menos en las formas, que según ellos son esenciales, como los de antes. Si esto es así, <strong>a mayor comportamiento priísta, a mayor ritual solemne, a mayor reverencia por la investidura y los peculiares y anacrónicos estilos de gobernar de un partido del siglo pasado, mayor rigidez del techo y menores probabilidades de corregir esta situación.</strong></p>
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