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	<title>Juan Gasalla &#187; productividad</title>
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		<title>Ni la inflación ni el dólar: la productividad</title>
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		<pubDate>Wed, 29 May 2013 04:06:05 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Juan Gasalla</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>En el pasado reciente, el debate sobre cuestiones económicas se concentró en la realidad palpable de la <strong>inflación que se acelera y el dólar que se desdobla</strong>, pero no se profundizó sobre los motivos que en forma reiterada nos llevaron al atraso cambiario y al incremento de los precios internos por décadas. Uno de estos es la <strong>productividad</strong>, el indicador que los economistas relevan para medir la <strong>utilización óptima de los recursos</strong> en la producción de bienes y servicios. Si el trabajo de los argentinos fuera “más productivo”, probablemente la inflación y la tasa de cambio serían temas menores en la lista de preocupaciones nacionales.</p>
<p>Siempre en este análisis teórico, una mayor productividad permite obtener <strong>más cantidad y calidad</strong> de dichos productos o servicios, o bien reducir los costos de fabricación o prestación de servicios por unidad. Un error es circunscribir la productividad a los trabajadores, cuando las cualidades de un producto en una economía globalizada no dependen sólo del <strong>capital humano</strong> (capacitación de los operarios), sino también de la <strong>tecnología</strong> (capital físico) y los niveles adecuados de <strong>inversión</strong> que estos factores demandan.</p>
<p><span id="more-469"></span>Puede inferirse que la <strong>renta per cápita</strong> de un país, asociado a su calidad de vida, así como la <strong>robustez del PBI y de la moneda</strong> doméstica, están vinculados a esta capacidad para producir bienes y servicios. En <strong>Alemania</strong>, por buscar un ejemplo, la apreciación del euro frente al dólar u otras divisas no impide que el país sea, junto con China, el principal exportador del mundo, con un espectacular superávit comercial cimentado en el valor agregado de sus bienes.</p>
<p>La <strong>competitividad</strong> es otro de los conceptos para sintetiza la capacidad que tiene una empresa, región o país de obtener mayor rentabilidad en el mercado en relación a sus competidores. En la Argentina, un país con dilatada trayectoria inflacionaria, se lo asocia directamente a la ventaja del tipo de cambio o <strong>“dólar alto”</strong>, pero no es más importante que la productividad o la innovación. <strong>Daniel Artana</strong>, economista Jefe de FIEL, enfatiza que “hace tiempo que el Gobierno viene <strong>devaluando más fuerte</strong>, porque hace un año y medio atrás lo hacía a un ritmo del 8% anual y ahora lo hace al 20% y eso ha vendió creciendo todos los meses. Eso no tiene que ver con el dólar &#8216;blue&#8217;, sino que el Gobierno, reconociendo que <strong>hay un problema –para simplificar- de competitividad</strong> en parte del sector productivo argentino”.</p>
<p>La competitividad depende particularmente de la <strong>calidad</strong> del producto, el nivel de <strong>precios</strong>, la imagen de <strong>marca</strong> y la <strong>logística e infraestructura</strong> que facilitan su comercialización. El economista <strong>Bernardo Kosacoff</strong>, docente de la UBA y ex director de la CEPAL, sostiene que “la Argentina tiene un sector de la economía que es notablemente eficiente y está asociado a la producción de insumos básicos: <strong>aluminio, siderurgia, petroquímica</strong>, a los <strong>recursos naturales</strong> en casi todas sus gamas y también en algunas exportaciones de <strong>servicios</strong>”. Acota que “en términos de valor agregado del conjunto de la economía esto<strong> no representa más que el 20% del PBI</strong> de la Argentina. El resto de la economía tiene, obviamente, problemas de competitividad. En algún caso, un 40% está en la línea media y hay otro 40% que está alejado de las mejores prácticas internacionales”. El experto de la UBA recomienda por ello <strong>acelerar la inversión</strong>, calificar al personal y desarrollar proveedores especializados, para crear “<strong>condiciones sistémicas</strong> de competitividad”.</p>
<p><strong>Débil crecimiento en la “década ganada”</strong></p>
<p>Para el doctor en Economía <strong>Ariel Coremberg</strong>, especializado en Productividad y Fuentes del Crecimiento Económico, es posible ganar <strong>competitividad sin recaer en fuertes devaluaciones</strong>, otorgar aumentos salariales sin que resulten inflacionarios y ganar mercados en el exterior sin afectar la provisión el mercado interno. Impulsor del <a href="http://arklems.org/about-2/"><strong>Proyecto Arklems</strong></a>, iniciativa para medir y comparar con parámetros internacionales las fuentes del crecimiento económico, la productividad y la competitividad de la Argentina, el especialista detectó que no hubo un ritmo de crecimiento diferenciado entre la década de 1990, durante la gestión de Carlos Menem, y la llamada “década ganada” de los gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner.</p>
<p>“<strong>Argentina creció a una tasa muy moderada entre 2,2 y 2,5 por ciento anual en promedio en las últimas dos décadas</strong>, de acuerdo a la tendencia que registró el país en el último siglo. Como promedio, es muy bajo para una economía emergente o en vías de desarrollo. <strong>EEUU</strong> en el largo plazo creció 3,5% anual, aún siendo un país mucho más desarrollado, gracias a los procesos tecnológicos y mejoras en la productividad”, explica Coremberg.</p>
<p>Nuestro país también tuvo un crecimiento inferior al 3,4% que promedió <strong>Brasil</strong> y del 3% del global de <strong>América Latina</strong>. Por supuesto que en esta ponderación influye la caída de 20% que registró el PBI nacional durante la depresión 1999-2002. “Al prescindir de esos cuatro años, que constituyen la crisis económica más profunda de la historia argentina, si <strong>se compara 1990-1998 con el 2002-2012</strong>, hay un crecimiento similar, de algo menos del <strong>6% anual</strong>”, detalla Coremberg. A partir de 2008, más allá de las distorsiones estadísticas, el PBI se desaceleró en forma muy brusca. “Entonces la <strong>tasa de crecimiento que está presentando hoy el país es muchísimo más baja</strong> que el período 2002-2007”, puntualiza el experto del Proyecto Arklems.</p>
<p>En coincidencia con este análisis, un informe de la <strong>UCES</strong> aporta que en 2012 el PBI creció apenas 1,9% y la <strong>inversión bruta interna fija bajó 4,9%</strong> “más por disminución de la incorporación de máquinas y equipos que por la retracción de la construcción, tras haber aumentado el año previo a tasas de 8,9 y 16,6%, respectivamente”. Según la institución esta caída de la inversión bruta interna avala el análisis por el cual se <strong>deteriora “el rendimiento del factor trabajo</strong>”.</p>
<p><strong>Fausto Spotorno</strong>, director del área de Research de OJF &amp; Asociados, divide la última década en dos secciones grandes: “Una que fue la <strong>salida de la crisis, de 2002 a 2007</strong>. Argentina estaba enfocada en salir de la crisis, que fue terrible, que llevó a la pobreza arriba del 50% de la población, al desempleo del 24%, las empresas estaban todas paradas, la capacidad ociosa estaba casi en el 50 por ciento. Eso significa que no había negocios para hacer: <strong>más que ganar una década, estábamos en emergencia</strong>”. Y a partir de <strong>2008 “es cuando debieran haber cambiado las cosas</strong> y no cambiaron. Era necesario pensar una economía para el largo plazo, fortalecer las instituciones, fortalecer los mecanismos de crecimiento más sustentables, atraer inversiones. Y el Gobierno<strong> en vez de buscar largo plazo y crecimiento sustentable decidió mantener la misma política</strong> que había sostenido hasta ese punto y se fueron perdiendo los ‘pilares’ de la economía”, consideró el economista.</p>
<p>La<strong> alta volatilidad de los ciclos económicos de la Argentina</strong> es la que genera los períodos de “tasas chinas” de crecimiento, que a la vez contrastan con los lapsos de crisis, con profundos ajustes y deterioro de los indicadores sociales. Para evitar este derrotero, el país debería <strong>elevar su tasa de inversión</strong>, en torno al 20% del PBI promedio en los últimos 50 años, muy similar al resto de América Latina, pero casi 10 puntos debajo de la de emergentes como China, India y el sudeste asiático. Y a la par de generar esa <strong>capitalización</strong> de la economía, hacerlo con <strong>eficiencia y productividad</strong>.</p>
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		<title>Por qué no sirve devaluar</title>
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		<pubDate>Tue, 05 Feb 2013 04:11:06 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Juan Gasalla</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p><span style="font-size: 13px">El importante ascenso del dólar paralelo en los últimos dos meses, que amplió la brecha entre la cotización oficial de la divisa y la marginal al 60%, volvió a traer a nuestros días la discusión acerca de una <strong>posible devaluación del peso para sincerar el tipo de cambio</strong>, abaratar los costos locales  y <strong>mejorar la competitividad</strong> de la producción nacional.</span></p>
<p>La economía argentina está <strong>ávida de dólares</strong> -las reservas del Banco Central retrocedieron al nivel de 2007- y la <strong>única forma de ingresarlos es a través de las exportaciones</strong>, ante la ausencia de crédito externo e inversión extranjera directa, en un marco de “fuga” de capitales. Por este motivo, tal como ocurrió en el 2002 -cuando la <strong>salida de la convertibilidad</strong> disparó el precio del dólar a cerca de 4 pesos- hay analistas económicos que <strong>avalan una devaluación de magnitud</strong> para impulsar la demanda agregada de bienes locales, retraer la de los bienes importados y <strong>ayudar a exportar más</strong> por los <strong>menores costos internos en dólares</strong>.</p>
<p>El mundo cambió en la última década y alteró las condiciones globales para la inserción de la producción argentina. La apertura de <strong>China, hoy actor central en el comercio mundial</strong>, cambió el perfil exportador de nuestro país, que <strong>profundizó la primarización</strong> de sus ventas, detrás de la escalada de los precios de los <em>commodities</em>, principalmente la <strong>soja</strong> y sus derivados.</p>
<p>Aun con una devaluación, los menores costos industriales de China y otros países emergentes hacen más <strong>difícil sustituir importaciones de manera eficaz</strong> para ampliar el superávit comercial. Por otro lado, el volumen de las <strong>exportaciones</strong> argentinas <strong>depende cada vez más del crecimiento económico de nuestros socios</strong> comerciales y menos de la competitividad cambiaria. La elasticidad de las exportaciones es escasa cuando los cupos para colocar productos en el exterior están fuertemente disputados. Asimismo, la <strong>cotización de los <em>commodities</em></strong>, punto fuerte de la matriz exportadora argentina, <strong>se fija en los mercados internacionales</strong> y no mejora necesariamente por depreciar la moneda.</p>
<p>En ese caso, es probable que una devaluación sólo pueda tener utilidad para mejorar el desempeño de la actividad económica si forma parte de un <strong>programa que incluya ponerle freno a una inflación</strong> que, de lo contrario, consumirá en el corto plazo los beneficios de una depreciación de la moneda.</p>
<p>Puede ser un error pensar que se compensa con demanda externa la <strong>caída de la demanda interna</strong> derivada de una devaluación, que <strong>reduce el poder de compra</strong> de los salarios. En ese caso, el costo de devaluar con un bajo desempleo y una inercia inflacionaria -lo contrario de lo que sucedía en 2002- puede tener <strong>más efectos contractivos que reactivadores</strong> para la actividad económica.</p>
<p>El camino más adecuado para crecer es <strong>estabilizar los precios de la economía</strong> y mejorar la<strong> capacidad del salario</strong> en lugar de reducirla. Y para lograr este objetivo hay que <strong>ganar mercados en el exterior a fuerza de productividad</strong>, por mayor eficiencia en la relación entre los recursos utilizados y los bienes elaborados, y no por sólo por ofrecerle al mundo productos más baratos.</p>
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