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	<title>Julián Schvindlerman &#187; Barack Obama</title>
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		<title>Recordar los crímenes de los Castro</title>
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		<pubDate>Sat, 19 Mar 2016 01:53:40 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Julián Schvindlerman</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Yo no soy comunista, estoy diciendo la verdad. Fidel Castro, 15 de enero de 1959 Ahora que Cuba está à la mode —con los Rolling Stones por dar un concierto, la octava entrega de Fast and Furious por empezar su rodaje, Chanel por presentar su colección Crucero, los Tampa Bay Rays por jugar al béisbol,... <a href="http://opinion.infobae.com/julian-schvindlerman/2016/03/18/recordar-los-crimenes-de-los-castro/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: right;"><i>Yo no soy comunista, estoy diciendo la verdad.</i></p>
<p style="text-align: right;"><i>Fidel Castro, 15 de enero de 1959</i></p>
<p>Ahora que Cuba está <i>à la mode</i> —con los Rolling Stones por dar un concierto, la octava entrega de <i>Fast and Furious</i> por empezar su rodaje, Chanel por presentar su colección Crucero, los Tampa Bay Rays por jugar al béisbol, y Sting, Bruce Springsteen y los Guns N’Roses planeando visitas—; ahora que los hermanos Castro están siendo mimados —por pontífices, políticos, diplomáticos, empresarios, periodistas, intelectuales—; ahora que el impulso de la ola ya es inevitable y el régimen totalitario más longevo del hemisferio occidental será validado a escala global. Ahora, entonces, será un momento adecuado para recordar qué crimen indecible estamos perdonando. Si el mundo quiere perdonar, porque <i>business is business</i> y Barack Obama quiere creer, porque esa es la característica central de su política exterior, que así sea. Pero antes, recordemos.<span id="more-229"></span></p>
<p>Recordemos que dos años antes de que los rebeldes comunistas entraran a La Habana, en 1957, Fidel Castro había dicho al <i>New York Times</i>: “El poder no me interesa. Después de la victoria quiero regresar a mi pueblo y continuar con mi carrera de abogado”. Y que en enero de 1959, proclamó: “Las ideas se defienden con razones. No con las armas. Soy un amante de la democracia”. Y que al día siguiente prometió: “El día que el pueblo nos ponga mala cara, nada más nos ponga mala cara, nos vamos…”.</p>
<p><b>Recordemos que la revolución velozmente traicionó una a una sus proclamas democráticas y adoptó una actitud vengativa contra los funcionarios y los simpatizantes del tirano derrocado Fulgencio Batista</b>, al fusilar a cientos de ellos en pocos meses. Recordemos el grito del comandante pro Batista, Jesús Sosa Blanco, quien antes de ser ejecutado en un “juicio popular” en el Palacio de los Deportes, donde una multitud de 18 mil personas votó con sus pulgares hacia el suelo la condena del acusado, protestó alarmado: “¡Esto es digno de la Roma antigua!”.</p>
<p>Recordemos cuán pronto Fidel Castro cambió de idea respecto de los procesos electorales que había prometido convocar dentro de los dieciocho meses —“¡Elecciones! ¿Para qué?”, fustigó durante un discurso en la capital cubana— y qué tan rápido prohibió el derecho a huelga de los trabajadores —“El sindicato no es un órgano reivindicativo”, indicó un partidario suyo. Recordemos que, por ley, se reprimió el ausentismo laboral y se promulgó otra ley, denominada orwellianamente “peligrosidad predelictiva”, según la cual un ciudadano podía ser arrestado si las autoridades consideraban que representaba una amenaza potencial. <i>Minority Report </i>fuera de la pantalla.</p>
<p>Recordemos cómo, escandalizados por el derrotero que estaba tomando la revolución, varios miembros del Gobierno renunciaron velozmente: el Presidente, el ministro de Asuntos Sociales, el ministro de Economía, los ministros de Comunicaciones y de Obras Públicas, y que cerca de cincuenta mil personas de clase media que habían apoyado la revolución partieron al exilio.</p>
<p>Recordemos que se cerraron todos los colegios religiosos y sus edificios fueron confiscados, incluido el colegio jesuita de Belén, donde Fidel había estudiado, y que aun cuando algunos sacerdotes habían seguido a los guerrilleros en su ofensiva contra Batista y el propio Castro, tras su arresto, había salvado su pellejo gracias a la intervención del arzobispo de Santiago de Cuba, el revolucionario barbado anunció: “Los curas falangistas ya pueden empezar a hacer las maletas”. Al poco tiempo, 131 sacerdotes fueron expulsados de la isla.</p>
<p>Recordemos a Ernesto Padilla, famoso escritor revolucionario, que fue obligado a hacer una autocrítica antes de poder salir de Cuba, y a los homosexuales, que fueron marginados de la vida social, sancionados en público, forzados a reconocer sus “desviaciones” y eventualmente recluidos en “campos de reeducación”. Recordemos a los héroes de la victoria revolucionaria, que, por hacer sombra a Castro, fueron purgados, como el aviador Huberto Matos, condenado a veinte años de prisión. Y recordemos a Pedro Luis Boitel, estudiante de ingeniería anticastrista, que tuvo la osadía de candidatearse a la Presidencia de la Federación Estudiantil Universitaria, con lo que logró que Fidel lo hiciera encarcelar en una prisión infame en la que este joven demócrata inició una huelga de hambre. El régimen lo privó de atención médica, murió a los 53 días de inanición y las autoridades negaron a la madre ver el cuerpo.</p>
<p>Recordemos —antes de que Barack Obama, Karl Lagerfeld, Vin Diesel y Keith Richards aterricen en la isla y todo sea fuegos artificiales— que para finales de la década de 1960 se estimaba que cerca de diez mil opositores habían sido fusilados y treinta mil encarcelados. Que quienes no quisieron tomar las armas se lanzaron a los botes en un intento desesperado de respirar un poco de libertad. <b>Que en las tres décadas que siguieron a la revolución, cien mil cubanos trataron de escapar de la isla por el mar</b>, usualmente en balsas precarias, superpobladas, expuestas a tiburones en el agua y a helicópteros del ejército en el aire, desde los que les arrojaban pesados sacos de arena. Recordemos que entre los fugados —como anotó el periodista Pascal Fontaine— hubo blancos, mulatos y negros, muchos de las clases más bajas de la sociedad, lo que fue un símbolo del fracaso de la revolución comunista y un signo de desaprobación popular extraordinario.</p>
<p>Así es que cantemos en Cuba con los Rolling Stones, admiremos los diseños de Chanel en el desfile en el Paseo del Prado, gocemos con los Tampa Bay Rays y aplaudamos al presidente Obama cuando dé su histórico discurso en La Habana. Pero antes, recordemos.</p>
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		<title>El triángulo Rusia, Siria, Estados Unidos</title>
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		<pubDate>Fri, 09 Oct 2015 03:23:23 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Julián Schvindlerman</dc:creator>
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		<description><![CDATA[¿Pueden los hacedores de política de esta Casa Blanca estar tan desoladoramente despistados en su evaluación sobre las intenciones de Rusia en Siria? Dejemos que respondan con su propio eslogan de campaña: “Yes, we can”. Vea las reacciones de Ashton Carter, el secretario de Defensa del país militar, política y económicamente más poderoso de la... <a href="http://opinion.infobae.com/julian-schvindlerman/2015/10/09/el-triangulo-rusia-siria-estados-unidos-2/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p lang="es-AR">¿Pueden los hacedores de política de esta Casa Blanca estar tan desoladoramente despistados en su evaluación sobre las intenciones de Rusia en Siria? Dejemos que respondan con su propio eslogan de campaña: “Yes, we can”. Vea las reacciones de Ashton Carter, el secretario de Defensa del país militar, política y económicamente más poderoso de la Tierra, ante las agresiones bélicas inconsultas de Moscú en Siria: “Quiero ser muy cauto en esto. Pero pienso que, con sus acciones, Rusia está echando más leña al fuego”, “Quiero ser cuidadoso, pero parece que [el ataque] sucedió en áreas donde no había fuerzas del Estado Islámico (EI)”.</p>
<p lang="es-AR">Esta es una administración que quiere ser cauta y cuidadosa frente a un rival asertivo, ambicioso y violento como Vladimir Putin. Así le va. Incluso un híper obamista como Thomas Friedman del <i>New York Times,</i> en una nota que empieza con un alegato: “Su señoría, salgo nuevamente en defensa de la política del presidente Barack Obama hacia Siria”, debe reconocer que el presidente estadounidense padece ambivalencia. Ante los pronunciamientos adolescentes de Obama en el recinto de la ONU, dichos antaño y la semana pasada —“Ninguna nación puede o debería intentar dominar a otra nación” y “Las naciones del mundo no pueden retornar a los viejos hábitos del conflicto y la coerción”—, el jefe del Kremlin ha de destornillarse de risa. Entre carcajadas, invade Ucrania e interviene en Siria. Ay, sin aprobación de la ONU.</p>
<p>¿Qué busca Putin en Siria? Fundamentalmente, mantener a Bashar al Assad en el poder. Rusia tiene muchos intereses en aquel país: estratégicos, culturales y económicos. El régimen de Assad ha sido el aliado más cercano de Moscú en el mundo árabe por más de 40 años. Durante la Guerra Fría, decenas de miles de rusos se trasladaron a Siria, mientras que las élites sirias estudiaban en las mejores escuelas rusas. Los matrimonios mixtos eran comunes y, al momento del levantamiento sirio, se estima que cien mil ciudadanos rusos vivían allí. Moscú también es un proveedor de armas de Damasco y compañías rusas han invertido aproximadamente 20 mil millones de dólares en esas tierras. Abandonar a Assad supondría renunciar a estas inversiones. Es difícil imaginar un nuevo Gobierno tan amigable a Moscú en una era pos-Assad.</p>
<p lang="es-AR"><span id="more-180"></span></p>
<p lang="es-AR">La experta Anna Borshchevskaya indicó en una lúcida nota en <i>Forei</i><i>gn</i><i> Policy </i>que <b>Siria es el punto de apoyo más importante de Rusia en la región</b>, bordeando el Mediterráneo, Israel, Líbano, Turquía, Jordania e Irak. “Putin ha hecho de la expansión del poderío naval ruso un pilar de su tercer mandato presidencial, y la caída de Assad significaría perder la única base militar de Rusia fuera del espacio postsoviético; un centro de reabastecimiento naval en el puerto de Tartus”, observa. El apoyo a Assad figura además dentro de los planes de Putin de desafiar a Occidente. De hecho, <b>Moscú ha sido un firme partidario de Assad desde el comienzo de la insurrección siria en marzo de 2011. </b>Ha<b> </b>apuntalado al régimen de Damasco con armas, asesores, préstamos económicos y cobertura política en el Consejo de Seguridad de la ONU. Ahora Putin decidió involucrar a su patria en la guerra civil con su aparato militar.</p>
<p lang="es-AR">“Debemos reconocer que no puede haber, después de semejante derramamiento de sangre, de semejante carnicería, una vuelta al <i>statu quo</i> previo a la guerra”, dice Obama. “Creemos que es un enorme error rehusarse a cooperar con el Gobierno sirio y sus fuerzas armadas”, asegura Putin. Mientras que el estadounidense vacila y cuando actúa, lo hace sin convicción, el ruso envía aviones de combate, misiles aire-aire y baterías antiaéreas. “¿Contra un Estado Islámico que no tiene fuerza aérea, aviones o helicópteros?”, se preguntaba el analista Charles Krauthammer en el <i>Washington Post</i>. No, Putin no está en Siria para luchar contra estos yihadistas. Él anhela destruir a la oposición moderada a Assad, de modo que sólo permanezca el EI como alternativa al régimen damasceno, para forzar de ese modo a Occidente a una elección clara. Tal es así que durante las primeras 48 horas de bombardeos solamente ha atacado campamentos de rebeldes entrenados por la CIA. Y lo ha hecho inmediatamente después de haberse reunido con Obama, en el primer encuentro formal tras la marginación mundial que siguió a la aventura bélica rusa en Ucrania.</p>
<p lang="es-AR">Putin sabe que Obama es un líder fláccido. Un estadista que advierte: “Assad debe irse” y que indica que el uso de armas químicas es una “línea roja”, pero hace muy poco por una u otra cosa. <b>Putin sabe que Obama es un hombre fácil de embaucar, de hacerle creer que recompensar el mal comportamiento de Irán, por ejemplo, hará, contra todo pronóstico</b>, <b>que Teherán mejore su inconducta</b>. Putin sabe que Obama quiere irse de Medio Oriente y pretende aprovechar cada centímetro de espacio cedido gratuitamente por Washington en la región más estratégica del globo. Putin sabe que cuenta aun hasta entrado el 2017 para pasar por arriba a los Estados Unidos hasta que este presidente parta. La anexión de Ucrania, la intervención en Siria y la negociación con Irán pueden haber sido sólo las entradas de la cena que Vladimir está preparando. Mientras, Obama ni siquiera es un comensal invitado.</p>
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		<title>Romantizar con los ayatolas</title>
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		<pubDate>Fri, 17 Jul 2015 04:00:58 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Julián Schvindlerman</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>El pacto nuclear alcanzado entre el P5+1 e Irán ha sido una victoria geopolítica de Teherán, un logro comercial de Europa y un triunfo personal de Barack Obama.</p>
<p>Prácticamente desde el primer día en funciones, el Presidente estadounidense trabajó en pos de acercar posiciones con el régimen ayatola. Obama envió cartas al líder supremo Alí Khamenei, las que fueron respondidas hoscamente o ignoradas. Subió videos a YouTube en los que saludó a los iraníes por el año nuevo persa; pero hizo la vista gorda cuando el pueblo se levantó contra el régimen opresor en el marco de un fraude electoral en 2009. El nadir de esta excitación presidencial llegó en diciembre de 2014, cuando durante una entrevista con Steve Inskeep de la <i>National Public Radio</i> deseó buenaventura a Irán en su política de expansión regional: “Uno tiene que entender cuáles son sus legítimas necesidades y preocupaciones”, dijo Obama, y sugirió que un acuerdo nuclear ayudaría a que Irán se convierta en “una potencia regional de gran éxito que también se atenga a las normas internacionales”. Esto, aseguró el Presidente, “sería bueno para todo el mundo. Eso sería bueno para los Estados Unidos, sería bueno para la región, y sobre todo, sería bueno para el pueblo iraní”.</p>
<p>Ese mismo mes, en otra entrevista, esta vez con la revista <i>The Atlantic</i>, Obama minimizó la magnitud del antisemitismo del Gobierno iraní (que, entre otras, ha negado el Holocausto y ha llamado a la obliteración de Israel), alegando que no era más que una “herramienta organizacional” que no guiaba las consideraciones estratégicas de la nación persa.<span id="more-172"></span></p>
<p>El Consejo de Seguridad Nacional (CSN), según indica el sitio oficial de la Casa Blanca, “es el principal foro del Presidente para examinar las cuestiones de seguridad y política exterior con sus principales asesores de seguridad nacional y funcionarios del gabinete”. La directora del escritorio iraní en el CSN es Sahar Nowrouzzadeh, quien trabajó en el Consejo Nacional Iraní-Americano (NIAC), ONG fundada en 1999 por Trita Parsi, mujer cercana al Gobierno ayatola. Según sus críticos locales, el NIAC ha defendido desde antes de que Obama llegue a la Casa Blanca el acercamiento a Irán y el levantamiento de las sanciones internacionales.<strong> Obsesionados con el <i>lobby</i> judío, a muchos se les parece haber pasado por alto la existencia de un <i>lobby</i> iraní en Washington y las influencias que puede haber tenido en la gestación de esta nueva política hacia Irán</strong>.</p>
<p>El asesoramiento político de la señorita Nowrouzzadeh puede haber sido cuestionable, pero sin dudas es legal y legítimo. Después de todo, si un diario presumiblemente independiente como el <i>New York Times</i> organiza viajes turísticos anuales a la República Islámica de Irán -bajo el exótico nombre de “Cuentos de Persia” a 6995 dólares por persona y tiene como guía a Elaine Sciolino, su excorresponsal en Teherán-, entonces ya nada debe sorprendernos. Por largo tiempo ha existido en Estados Unidos una opinión proiraní en ciertos círculos. Con el ascenso de Barack Obama al poder, esas opiniones “han migrado a la Casa Blanca y forman la base de la política estadounidense en los más altos círculos del poder”, indica el experto en asuntos iraníes Sohrab Ahmari.</p>
<p>Adivinanza: ¿Quién dijo hace poco: “Incluso con tus enemigos, incluso con tus adversarios, yo creo que tienes que tener la capacidad de ponerte de vez en cuando en sus zapatos”? Opciones: Nowrouzzadeh, Parsi, Sciolino, Obama. Respuesta: sí, el excelentísimo señor Presidente.</p>
<p>La capacidad empática de Barack Obama no puede menospreciarse. Irán está gobernado por una claque de clérigos fanáticos cuyo lema fundamental es “¡Muerte a América!”, que tilda a Estados Unidos de gran satán y cuya bandera, en la que reemplaza a sus estrellas por calaveras, está dibujada al pie de la entrada de varias oficinas gubernamentales para ser pisoteadas por los funcionarios persas.</p>
<p><b>Teherán ha patrocinado a grupos terroristas y milicias chiíes hostiles a los intereses de Washington en la Franja de Gaza, el Líbano, Yemen, Baréin, Siria e Irak.</b> Hoy en día tiene injustamente encarcelados a ciudadanos norteamericanos-iraníes en su suelo y mata a norteamericanos desde 1983, cuando hizo estallar las barracas de los marines y la embajada norteamericana en Beirut. Comprender al otro siempre fue un clásico de la mentalidad progresista, aunque Obama ha llevado eso al límite.</p>
<p>No obstante y en honor a la verdad, ese don también ha calado por momentos entre los conservadores. En 1986, con la esperanza de doblegar la intransigencia de los ayatolas y lograr la liberación de rehenes estadounidenses retenidos en el Líbano, la administración Reagan envió una misión extraña a Teherán, liderada por el ex asesor de seguridad nacional Robert McFarlane. Al llegar, disfrazados como miembros de la tripulación y con pasaportes irlandeses falsos, la delegación fue arrestada por las autoridades locales. La agencia de noticias oficial iraní <i>IRNA </i>informó que los norteamericanos llevaban una <i>Biblia</i> firmada por Ronald Reagan y una torta con forma de llave, como un símbolo de la inminente apertura de relaciones diplomáticas. Al cabo de cinco días, los americanos fueron echados del país por órdenes del ayatola Ruhola Khomeini. La operación fue un chasco y cuando trascendió posteriormente, desató un escándalo en la opinión pública norteamericana. Irán no modificó su política terrorista-revolucionaria entonces, ni por los siguientes treinta años. En cuanto al extravagante obsequio, informó el 5 de noviembre de 1986 <i>The Chicago Tribune:</i> “guardias revolucionarios hambrientos se comieron la torta”.</p>
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		<title>De Siria mejor no hablar</title>
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		<pubDate>Fri, 13 Sep 2013 09:07:03 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Julián Schvindlerman</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Con este título no quiero significar que el asunto no sea importante; lo es. Tampoco pretendo sugerir que en vez de hablar se debe actuar; aunque creo ello. El título refiere puramente a las penosas implicancias recientes de la retórica del gobierno estadounidense sobre la crisis en este país árabe. Un año atrás Barack Obama proclamó que el... <a href="http://opinion.infobae.com/julian-schvindlerman/2013/09/13/de-siria-mejor-no-hablar/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Con este título no quiero significar que el asunto no sea importante; lo es. Tampoco pretendo sugerir que en vez de hablar se debe actuar; aunque creo ello. El título refiere puramente a las<strong> penosas implicancias recientes de la retórica del gobierno estadounidense sobre la crisis en este país árabe.</strong></p>
<p>Un año atrás <strong>Barack Obama</strong> proclamó que el uso de<strong> armas químicas</strong> sería una línea roja. Esa frase espontánea y no coordinada con sus redactores de discursos lo puso en aprietos doce meses después cuando alrededor de mil cuatrocientas personas, cientos de niños entre ellas, fueron gaseadas en las afueras de <strong>Damasco</strong>. Forzado a abordar el asunto con seriedad, el presidente de los <strong>Estados Unidos</strong> advirtió que <strong>la credibilidad presidencial y la imagen de la nación estaban en juego</strong> y sumadas las consideraciones humanitarias, morales y estratégicas, concluyó que <strong>la acción bélica era el único curso de acción viable para castigar al gobierno sirio por su conducta inadmisible</strong> y a la vez disuadir a futuros regímenes malhechores de replicar esas acciones. La<strong> Casa Blanca</strong> comprendió que permitir a <strong>Bashar al-Assad</strong> permanecer en el poder daría el mensaje equivocado respecto de la proliferación de armas de destrucción masiva, el fortalecimiento de <strong>Irán </strong>como mandamás regional y la seguridad mundial.</p>
<p><span id="more-58"></span>El caso a favor de la guerra contra Siria fue montado. <strong>Se explicó que el desastre humanitario es tan descomunal que la familia de las naciones no podía seguir indiferente.</strong> Se alegó que debía contenerse el advenimiento de un<strong> eje chiíta</strong> que recorre el arco de los <strong>ayatollahs</strong> en <strong>Irán</strong>, los <strong>alauitas</strong> en <strong>Siria</strong>, <strong>Hezbollah</strong> en el <strong>Líbano</strong> y los adherentes en <strong>Irak</strong>. Se advirtió contra las consecuencias que la inacción en Siria tendría sobre la lectura en <strong>Teherán</strong>, que consolidaría su esfuerzo nuclear. Y así, un presidente pacifista, premiado con el <strong>Nobel de la Paz</strong>, famoso por su oposición a los emprendimientos militares de su antecesor, deseoso de abandonar <strong>Irak</strong> y <strong>Afganistán</strong> y reticente a involucrarse en <b>Libia</b>, se vio obligado a bregar por la acción militar en Siria.</p>
<p>Cuando <strong>Gran Bretaña</strong> no pudo acompañarlo, la <strong>Liga Árabe</strong> lo abandonó, la <strong>ONU</strong> se paralizó, el <strong>G- 20</strong> titubeó, el <strong>Vaticano</strong> protestó y la opinión pública local dudó, el presidente recurrió al <strong>Congreso </strong>para validar su curso de acción. Su único consuelo lo encontró, al igual que <strong>Humphrey Bogart </strong>décadas atrás, en <strong>Francia</strong>: <strong><em>&#8220;siempre tendremos París&#8221;.</em></strong></p>
<p>Y entonces algo increíble ocurrió: su secretario de Estado habló de más. Inicialmente, <strong>John Kerry</strong> había realizado unas declaraciones correctas acerca de<strong> la responsabilidad de proteger y del papel de Estados Unidos como garante del orden global.</strong> Transmitió efectivamente la noción de que si <strong>Washington</strong> actuase, otros lo seguirían, pero si Washington no lo hiciera nadie más lo haría. Pero luego, al igual que Obama un año atrás, se dejó llevar por la espontaneidad y la embarró. Primero dijo que la acción militar contemplada era “increíblemente pequeña”, frase que -con el trasfondo de una Casa Blanca insólitamente publicitando los alcances, objetivos, medios y duración de la guerra anticipadamente- desarmó el andamiaje retórico a favor de la intervención. Luego, disertando en <strong>Londres</strong>, la misma ciudad que ató las manos del premier <strong>Cameron</strong> previamente, <strong>Kerry anunció que si Assad entregase su arsenal químico en el plazo de una semana, entonces su país no atacaría a Siria.</strong></p>
<p><strong>Rápidamente, Rusia respaldó la idea y seguidamente Siria le dio la bienvenida</strong>. La diplomacia se reactivó. El caso pro-ataque se desintegró. En su discurso a la nación, Obama supeditó un eventual ataque al resultado de las gestiones de la iniciativa de<strong> Vladimir Putin</strong>, el máximo aliado de <strong>Damasco</strong>.</p>
<p>Que yo sepa nunca antes una <em>gaffe</em> generó política exterior. Y desconozco si algún otro pronunciamiento presidencial instantáneo puso a una nación en el sendero de la guerra. Pero lo que debemos entender es que lo que está sucediendo en Siria tiene implicancias geopolíticas, estratégicas y humanitarias que trascienden un par de citas casuales. Los políticos se pueden desdecir y de hecho lo hacen regularmente. <strong>Las consecuencias de la acción o la inacción en Siria, en cambio, no tendrán marcha atrás.</strong> El caso a favor o en contra de una contienda bélica no debe depender de unas pocas palabras indeseadas.</p>
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