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	<title>Julián Schvindlerman &#187; Cuba</title>
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		<title>Recordar los crímenes de los Castro</title>
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		<pubDate>Sat, 19 Mar 2016 01:53:40 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Julián Schvindlerman</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
		<category><![CDATA[Barack Obama]]></category>
		<category><![CDATA[Castrismo]]></category>
		<category><![CDATA[Cuba]]></category>

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		<description><![CDATA[Yo no soy comunista, estoy diciendo la verdad. Fidel Castro, 15 de enero de 1959 Ahora que Cuba está à la mode —con los Rolling Stones por dar un concierto, la octava entrega de Fast and Furious por empezar su rodaje, Chanel por presentar su colección Crucero, los Tampa Bay Rays por jugar al béisbol,... <a href="http://opinion.infobae.com/julian-schvindlerman/2016/03/18/recordar-los-crimenes-de-los-castro/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: right;"><i>Yo no soy comunista, estoy diciendo la verdad.</i></p>
<p style="text-align: right;"><i>Fidel Castro, 15 de enero de 1959</i></p>
<p>Ahora que Cuba está <i>à la mode</i> —con los Rolling Stones por dar un concierto, la octava entrega de <i>Fast and Furious</i> por empezar su rodaje, Chanel por presentar su colección Crucero, los Tampa Bay Rays por jugar al béisbol, y Sting, Bruce Springsteen y los Guns N’Roses planeando visitas—; ahora que los hermanos Castro están siendo mimados —por pontífices, políticos, diplomáticos, empresarios, periodistas, intelectuales—; ahora que el impulso de la ola ya es inevitable y el régimen totalitario más longevo del hemisferio occidental será validado a escala global. Ahora, entonces, será un momento adecuado para recordar qué crimen indecible estamos perdonando. Si el mundo quiere perdonar, porque <i>business is business</i> y Barack Obama quiere creer, porque esa es la característica central de su política exterior, que así sea. Pero antes, recordemos.<span id="more-229"></span></p>
<p>Recordemos que dos años antes de que los rebeldes comunistas entraran a La Habana, en 1957, Fidel Castro había dicho al <i>New York Times</i>: “El poder no me interesa. Después de la victoria quiero regresar a mi pueblo y continuar con mi carrera de abogado”. Y que en enero de 1959, proclamó: “Las ideas se defienden con razones. No con las armas. Soy un amante de la democracia”. Y que al día siguiente prometió: “El día que el pueblo nos ponga mala cara, nada más nos ponga mala cara, nos vamos…”.</p>
<p><b>Recordemos que la revolución velozmente traicionó una a una sus proclamas democráticas y adoptó una actitud vengativa contra los funcionarios y los simpatizantes del tirano derrocado Fulgencio Batista</b>, al fusilar a cientos de ellos en pocos meses. Recordemos el grito del comandante pro Batista, Jesús Sosa Blanco, quien antes de ser ejecutado en un “juicio popular” en el Palacio de los Deportes, donde una multitud de 18 mil personas votó con sus pulgares hacia el suelo la condena del acusado, protestó alarmado: “¡Esto es digno de la Roma antigua!”.</p>
<p>Recordemos cuán pronto Fidel Castro cambió de idea respecto de los procesos electorales que había prometido convocar dentro de los dieciocho meses —“¡Elecciones! ¿Para qué?”, fustigó durante un discurso en la capital cubana— y qué tan rápido prohibió el derecho a huelga de los trabajadores —“El sindicato no es un órgano reivindicativo”, indicó un partidario suyo. Recordemos que, por ley, se reprimió el ausentismo laboral y se promulgó otra ley, denominada orwellianamente “peligrosidad predelictiva”, según la cual un ciudadano podía ser arrestado si las autoridades consideraban que representaba una amenaza potencial. <i>Minority Report </i>fuera de la pantalla.</p>
<p>Recordemos cómo, escandalizados por el derrotero que estaba tomando la revolución, varios miembros del Gobierno renunciaron velozmente: el Presidente, el ministro de Asuntos Sociales, el ministro de Economía, los ministros de Comunicaciones y de Obras Públicas, y que cerca de cincuenta mil personas de clase media que habían apoyado la revolución partieron al exilio.</p>
<p>Recordemos que se cerraron todos los colegios religiosos y sus edificios fueron confiscados, incluido el colegio jesuita de Belén, donde Fidel había estudiado, y que aun cuando algunos sacerdotes habían seguido a los guerrilleros en su ofensiva contra Batista y el propio Castro, tras su arresto, había salvado su pellejo gracias a la intervención del arzobispo de Santiago de Cuba, el revolucionario barbado anunció: “Los curas falangistas ya pueden empezar a hacer las maletas”. Al poco tiempo, 131 sacerdotes fueron expulsados de la isla.</p>
<p>Recordemos a Ernesto Padilla, famoso escritor revolucionario, que fue obligado a hacer una autocrítica antes de poder salir de Cuba, y a los homosexuales, que fueron marginados de la vida social, sancionados en público, forzados a reconocer sus “desviaciones” y eventualmente recluidos en “campos de reeducación”. Recordemos a los héroes de la victoria revolucionaria, que, por hacer sombra a Castro, fueron purgados, como el aviador Huberto Matos, condenado a veinte años de prisión. Y recordemos a Pedro Luis Boitel, estudiante de ingeniería anticastrista, que tuvo la osadía de candidatearse a la Presidencia de la Federación Estudiantil Universitaria, con lo que logró que Fidel lo hiciera encarcelar en una prisión infame en la que este joven demócrata inició una huelga de hambre. El régimen lo privó de atención médica, murió a los 53 días de inanición y las autoridades negaron a la madre ver el cuerpo.</p>
<p>Recordemos —antes de que Barack Obama, Karl Lagerfeld, Vin Diesel y Keith Richards aterricen en la isla y todo sea fuegos artificiales— que para finales de la década de 1960 se estimaba que cerca de diez mil opositores habían sido fusilados y treinta mil encarcelados. Que quienes no quisieron tomar las armas se lanzaron a los botes en un intento desesperado de respirar un poco de libertad. <b>Que en las tres décadas que siguieron a la revolución, cien mil cubanos trataron de escapar de la isla por el mar</b>, usualmente en balsas precarias, superpobladas, expuestas a tiburones en el agua y a helicópteros del ejército en el aire, desde los que les arrojaban pesados sacos de arena. Recordemos que entre los fugados —como anotó el periodista Pascal Fontaine— hubo blancos, mulatos y negros, muchos de las clases más bajas de la sociedad, lo que fue un símbolo del fracaso de la revolución comunista y un signo de desaprobación popular extraordinario.</p>
<p>Así es que cantemos en Cuba con los Rolling Stones, admiremos los diseños de Chanel en el desfile en el Paseo del Prado, gocemos con los Tampa Bay Rays y aplaudamos al presidente Obama cuando dé su histórico discurso en La Habana. Pero antes, recordemos.</p>
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		<title>El susurro de los artistas</title>
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		<pubDate>Tue, 23 Jun 2015 10:50:21 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Julián Schvindlerman</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
		<category><![CDATA[Arte]]></category>
		<category><![CDATA[Bienal de La Habana]]></category>
		<category><![CDATA[Cuba]]></category>
		<category><![CDATA[Dictadura]]></category>
		<category><![CDATA[Raúl Castro]]></category>
		<category><![CDATA[Tania Bruguera]]></category>

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		<description><![CDATA[En medio de la pompa y circunstancia que, comprensiblemente, rodearon el anuncio del deshielo entre Washington y La Habana, aconteció un incidente de esos que nos recuerdan la irrealidad de las cosas. En el preciso momento en que buena parte de la comunidad internacional ansía expectante una transformación democrática en la isla, Raúl Castro detuvo... <a href="http://opinion.infobae.com/julian-schvindlerman/2015/06/23/el-susurro-de-los-artistas/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>En medio de la pompa y circunstancia que, comprensiblemente, rodearon el anuncio del deshielo entre Washington y La Habana, aconteció un incidente de esos que nos recuerdan la irrealidad de las cosas. En el preciso momento en que buena parte de la comunidad internacional ansía expectante una transformación democrática en la isla, Raúl Castro detuvo a una inofensiva artista cubana exiliada que regresó a su tierra natal y hasta el día de hoy no le ha permitido salir del paraíso comunista. Hablemos un poco de ella, de su causa y de la bochornosa postura de varios de sus colegas.</p>
<p>Tania Bruguera tiene 46 años y reside entre Chicago, Nueva York y Paris. Ha expuesto en importantes museos, participó en ferias internacionales y en las bienales de Liverpool y Venecia. Estaba invitada a dar el cierre a la Bienal de Buenos Aires que concluyó a comienzos de junio pero no pudo asistir porque las autoridades cubanas la retienen en la isla.<strong> ¿Su delito? Pues haberse expresado libremente en la vía pública, lo que es un pecado capital en la tierra de los Castro.</strong> Deshielo o no deshielo con los yanquis, en Cuba con ese molesto asunto de las libertades no se embroma. Su ordalía comenzó en diciembre de 2014 cuando -en un acto que sólo puede ser descripto como de tremenda valentía o de absurda ingenuidad- emprendió el viaje a La Habana para realizar su famosa performance <i>El susurro de Tatlín #6</i> que consiste en ofrecer el micrófono a quien quiera gozar de “un minuto libre de censura”. A diferencia del 2009, cuando hizo lo mismo en un espacio cerrado de la capital cubana, esta vez eligió llevar su gesta a cabo en la emblemática  Plaza de la Revolución. Ella y los demás participantes fueron sumariamente arrestados. Tania fue liberada pero su pasaporte quedó en manos de las autoridades castristas. Desde entonces fue espiada, hostigada y difamada en un video oficial que la presenta como una contra-revolucionaria al servicio de la CIA y los conservadores de la Florida.</p>
<p>En mayo tuvo una idea genial. Desde el interior de su casa, micrófono en mano y turnándose con otros disidentes, inició la lectura ininterrumpida, durante cien horas, del seminal libro de Hannah Arendt, <i>Los orígenes del Totalitarismo</i>. Para silenciarla, Raúl Castro envió una cuadrilla de obreros a taladrar la calle justo en frente de su casa; al cuarto día perdió la paciencia y ordenó el arresto temporario de la artista. Dos días más tarde comenzó la Duodécima Bienal de La Habana, que lleva por lema “entre la idea y la experiencia”; una apta metáfora de la brecha que separa a una y otra en Cuba. Por supuesto, Tania Bruguera fue excluida del programa y se le prohibió asistir a las exhibiciones.</p>
<p>Gran parte de la comunidad artística global salió en su defensa. Miles de personas expresaron su solidaridad, una gran manifestación tuvo lugar en el <i>Times Square</i> de Nueva York con apoyo del MOMA y el Guggenheim, y solamente durante el pasado mes de abril <i>El susurro de Tatlín</i> fue puesta en escena en Roma, Rotterdam, Dallas, San Francisco, Nueva York y Chicago. Otras figuras del mundo del arte prefirieron hacer la vista gorda, como Holly Block del Museo del Bronx y partícipe de la Bienal de la Habana, quien dijo estar triste por la situación de la artista pero no la incluyó en la muestra que llevó a Cuba. Su ejemplo fue imitado por todos los artistas que decidieron asistir a la bienal de los Castro ignorando el trato cruel dado a una colega. <strong>Como tantas veces en la historia, el pragmatismo y el hedonismo -pocas cosas regocijan más a un intelectual progresista que ser reconocido por gobiernos comunistas- truncaron el sentido de lo correcto.</strong></p>
<p>El debate suscitado alcanzó dimensiones orwellianas cuando artistas adeptos al régimen se expresaron <i>en defensa</i> no de Tania, sino del gobierno. Alexis Leyva Machado, el más conocido artista cubano afín al castrismo, Rubén del Valle, presidente del Consejo de Bellas Artes de Cuba y Jorge Fernández Torres, director de la Bienal de La Habana, obviamente se aliaron al régimen. Pero, increíblemente, hubo quienes fuera de Cuba han cuestionado a Tania mientras apoyaron al Estado policíaco que la detiene. Ante la idea de boicotear la bienal en solidaridad con Tania, la artista y actriz cubana exiliada Carmelita Tropicana, por caso, dijo que “el boicot me remite a los viejos bloqueos y es por eso que prefiero participar”, justificó al régimen alegando que “Cuba no es el único país que censura a sus artistas” y a modo de ejemplo mencionó a los Estados Unidos. (Así es, no hay error de tipeo). El artista y curador uruguayo Luis Camnitzer, quien se declara amigo personal de Tania, dijo categóricamente: “Boicotear a la bienal me parece un disparate”. Para esta época, el diario oficial <i>Granma</i> anunció que Camnitzer presentará una exposición individual y un taller en la Casa de las Américas, el espacio de mayor prestigio cultural de la isla.</p>
<p><strong>El artista Ai Weiwei en China, el cineasta Jafar Panahi en Irán, las rockeras Pussy Riot en Rusia, el bloguero Raif Badawi en Arabia Saudita y Tania Bruguera en Cuba, entre tantos otros, engrosan la ignominiosa lista negra de creadores reprimidos, encarcelados o penalizados por regímenes tiránicos.</strong> Como dijera cándida y cínicamente Raúl Castro en su reciente audiencia con el Papa Francisco: “Mi gobierno no cumple con <i>algunos</i> de los derechos humanos” (énfasis agregado). “Pero, de nuevo, ¿quién los cumple?”.</p>
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