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	<title>Julián Schvindlerman &#187; Líbano</title>
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		<title>De Siria mejor no hablar</title>
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		<pubDate>Fri, 13 Sep 2013 09:07:03 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Julián Schvindlerman</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Con este título no quiero significar que el asunto no sea importante; lo es. Tampoco pretendo sugerir que en vez de hablar se debe actuar; aunque creo ello. El título refiere puramente a las penosas implicancias recientes de la retórica del gobierno estadounidense sobre la crisis en este país árabe. Un año atrás Barack Obama proclamó que el... <a href="http://opinion.infobae.com/julian-schvindlerman/2013/09/13/de-siria-mejor-no-hablar/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Con este título no quiero significar que el asunto no sea importante; lo es. Tampoco pretendo sugerir que en vez de hablar se debe actuar; aunque creo ello. El título refiere puramente a las<strong> penosas implicancias recientes de la retórica del gobierno estadounidense sobre la crisis en este país árabe.</strong></p>
<p>Un año atrás <strong>Barack Obama</strong> proclamó que el uso de<strong> armas químicas</strong> sería una línea roja. Esa frase espontánea y no coordinada con sus redactores de discursos lo puso en aprietos doce meses después cuando alrededor de mil cuatrocientas personas, cientos de niños entre ellas, fueron gaseadas en las afueras de <strong>Damasco</strong>. Forzado a abordar el asunto con seriedad, el presidente de los <strong>Estados Unidos</strong> advirtió que <strong>la credibilidad presidencial y la imagen de la nación estaban en juego</strong> y sumadas las consideraciones humanitarias, morales y estratégicas, concluyó que <strong>la acción bélica era el único curso de acción viable para castigar al gobierno sirio por su conducta inadmisible</strong> y a la vez disuadir a futuros regímenes malhechores de replicar esas acciones. La<strong> Casa Blanca</strong> comprendió que permitir a <strong>Bashar al-Assad</strong> permanecer en el poder daría el mensaje equivocado respecto de la proliferación de armas de destrucción masiva, el fortalecimiento de <strong>Irán </strong>como mandamás regional y la seguridad mundial.</p>
<p><span id="more-58"></span>El caso a favor de la guerra contra Siria fue montado. <strong>Se explicó que el desastre humanitario es tan descomunal que la familia de las naciones no podía seguir indiferente.</strong> Se alegó que debía contenerse el advenimiento de un<strong> eje chiíta</strong> que recorre el arco de los <strong>ayatollahs</strong> en <strong>Irán</strong>, los <strong>alauitas</strong> en <strong>Siria</strong>, <strong>Hezbollah</strong> en el <strong>Líbano</strong> y los adherentes en <strong>Irak</strong>. Se advirtió contra las consecuencias que la inacción en Siria tendría sobre la lectura en <strong>Teherán</strong>, que consolidaría su esfuerzo nuclear. Y así, un presidente pacifista, premiado con el <strong>Nobel de la Paz</strong>, famoso por su oposición a los emprendimientos militares de su antecesor, deseoso de abandonar <strong>Irak</strong> y <strong>Afganistán</strong> y reticente a involucrarse en <b>Libia</b>, se vio obligado a bregar por la acción militar en Siria.</p>
<p>Cuando <strong>Gran Bretaña</strong> no pudo acompañarlo, la <strong>Liga Árabe</strong> lo abandonó, la <strong>ONU</strong> se paralizó, el <strong>G- 20</strong> titubeó, el <strong>Vaticano</strong> protestó y la opinión pública local dudó, el presidente recurrió al <strong>Congreso </strong>para validar su curso de acción. Su único consuelo lo encontró, al igual que <strong>Humphrey Bogart </strong>décadas atrás, en <strong>Francia</strong>: <strong><em>&#8220;siempre tendremos París&#8221;.</em></strong></p>
<p>Y entonces algo increíble ocurrió: su secretario de Estado habló de más. Inicialmente, <strong>John Kerry</strong> había realizado unas declaraciones correctas acerca de<strong> la responsabilidad de proteger y del papel de Estados Unidos como garante del orden global.</strong> Transmitió efectivamente la noción de que si <strong>Washington</strong> actuase, otros lo seguirían, pero si Washington no lo hiciera nadie más lo haría. Pero luego, al igual que Obama un año atrás, se dejó llevar por la espontaneidad y la embarró. Primero dijo que la acción militar contemplada era “increíblemente pequeña”, frase que -con el trasfondo de una Casa Blanca insólitamente publicitando los alcances, objetivos, medios y duración de la guerra anticipadamente- desarmó el andamiaje retórico a favor de la intervención. Luego, disertando en <strong>Londres</strong>, la misma ciudad que ató las manos del premier <strong>Cameron</strong> previamente, <strong>Kerry anunció que si Assad entregase su arsenal químico en el plazo de una semana, entonces su país no atacaría a Siria.</strong></p>
<p><strong>Rápidamente, Rusia respaldó la idea y seguidamente Siria le dio la bienvenida</strong>. La diplomacia se reactivó. El caso pro-ataque se desintegró. En su discurso a la nación, Obama supeditó un eventual ataque al resultado de las gestiones de la iniciativa de<strong> Vladimir Putin</strong>, el máximo aliado de <strong>Damasco</strong>.</p>
<p>Que yo sepa nunca antes una <em>gaffe</em> generó política exterior. Y desconozco si algún otro pronunciamiento presidencial instantáneo puso a una nación en el sendero de la guerra. Pero lo que debemos entender es que lo que está sucediendo en Siria tiene implicancias geopolíticas, estratégicas y humanitarias que trascienden un par de citas casuales. Los políticos se pueden desdecir y de hecho lo hacen regularmente. <strong>Las consecuencias de la acción o la inacción en Siria, en cambio, no tendrán marcha atrás.</strong> El caso a favor o en contra de una contienda bélica no debe depender de unas pocas palabras indeseadas.</p>
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		<title>El efímero gobierno de Mohamed Morsi</title>
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		<pubDate>Sat, 13 Jul 2013 11:05:58 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Julián Schvindlerman</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Hosni Mubarak derrotó por goleada a Mohamed Morsi: 30-1. Los egipcios toleraron treinta años al primero en el poder pero no aguantaron más que un solo año del segundo en el gobierno. La coyuntura hace a la diferencia. Morsi cayó en un contexto de convulsión social y agitación política prácticamente inéditos en Egipto y en la región. La paciencia popular... <a href="http://opinion.infobae.com/julian-schvindlerman/2013/07/13/el-efimero-gobierno-de-mohamed-morsi/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Hosni Mubarak</strong> derrotó por goleada a <strong>Mohamed Morsi</strong>: 30-1. Los egipcios toleraron treinta años al primero en el poder pero no aguantaron más que un solo año del segundo en el gobierno. La coyuntura hace a la diferencia. <strong>Morsi cayó en un contexto de convulsión social y agitación política prácticamente inéditos en Egipto y en la región</strong>. La paciencia popular ya está agotada con los autócratas. Las multitudes ya han salido a las calles.</p>
<p>La irritabilidad está a flor de piel. <strong>Un error, un exceso, una ofensa y la cabeza del líder puede rodar</strong>. A su vez, Mubarak era un hombre del ejército, un militar secular (entendiendo al término solamente como antítesis del fundamentalismo) que contaba con el respaldo de su casta. Morsi, al contrario, no tenía el menor poder sobre los estamentos de seguridad de su nación: no controlaba al ejército ni a la policía ni a los servicios secretos ni a la guardia presidencial que lo protegía. <strong>El general golpista Abdul Fataj al-Sisi había sido puesto en el cargo por el propio Morsi.</strong></p>
<p><span id="more-47"></span>Los <strong>Hermanos Musulmanes</strong> ganaron genuinamente las elecciones nacionales. En eso descansaba su legitimidad. Pero una vez que obtuvieron el sillón presidencial se comportaron como los nuevos déspotas. Periodistas y editores laicos fueron removidos de sus puestos, una nueva Constitución fue redactada exclusivamente por islamistas, se intentó purgar de disidentes a la justicia, se procuró gobernar por decreto presidencial y miembros de la Hermandad fueron premiados con posiciones oficiales. Mientras la nación se orientaba hacia el sendero del Islam político, el gobierno mostró una incompetencia notable para administrar los asuntos domésticos. <strong>El pan y el combustible escasean, los cortes de energía son recurrentes y el desempleo es alto. Egipto importa el 70% de sus alimentos y le falta líquido para pagar importaciones de primera necesidad.</strong></p>
<p>Siete de cada diez familias pobres ya han recortado su ingesta diaria. Se estima que el país requiere de diez mil millones de dólares anuales para evitar una situación de hambruna generalizada. <strong>Los Hermanos Musulmanes no pueden ser culpados completamente por esta penosa situación. Apenas han gobernado al país por un año y muchos de estos males datan de antaño.</strong> Pero indudablemente ellos han desperdiciado la oportunidad extraordinaria que les dio la historia. <strong>Por aspirar a un califato islámico perdieron al país.</strong></p>
<p>La Hermandad Musulmana nació a fines de los años veinte del siglo pasado en <strong>El Cairo</strong>. Fundada por <strong>Hassan al-Banna</strong> con una cosmovisión xenófoba y ultraconservadora, pretendió regular la vida social, política, cultural y religiosa de los egipcios bajo la guía del puritanismo islámico. Pero su meta era panislámica más que nacional y con el tiempo fue poniendo un pie en <strong>Palestina</strong>, <strong>Siria</strong>, <strong>Jordania</strong>, el <strong>Líbano</strong> y hasta en <strong>Sudán</strong>. En gran parte, su establecimiento fue una respuesta autóctona a la penetración del <strong>Medio Oriente</strong> de las potencias coloniales europeas luego del desmoronamiento del <strong>Imperio Otomano</strong> al finalizar la <strong>Primera Guerra Mundial</strong>.</p>
<p>La mezquita era un elemento central de su gestión y rápidamente agregó la violencia política. Los Hermanos Musulmanes estuvieron en un estado de casi permanente confrontación con las autoridades, llegaron a asesinar a ministros egipcios y padecieron las persecuciones, exilios forzados, proscripciones y matanzas durante buena parte de su vida política. Los militares que gobernaron el país desde 1952 -<strong>Gamal Abdel Nasser</strong>, <strong>Anwar al-Sadat</strong> y <strong>Hosni Mubarak</strong>- los combatieron con tenacidad. En los años setenta abandonaron el terrorismo y la guerrilla y en el siglo XXI aprovecharon hábilmente el descontento de las masas con los generales y se hicieron del parlamento primero, y del palacio presidencial después. Tras ocho décadas de ostracismo y marginalidad, la Hermandad Musulmana llegó al poder total… sólo para perderlo apenas doce meses más tarde.</p>
<p><strong>Políticamente la Hermandad está en un momento desastroso</strong>. Históricamente, empero, su salida temprana del gobierno le puede favorecer. Como ha sugerido el experto <strong>Daniel Pipes</strong>, al ser excluida del poder con prontitud, la Hermandad Musulmana podría ser exonerada por la caótica situación del país. “El comportamiento histórico demuestra que el atractivo seductor del utopismo radical perdura hasta que sobreviene la catástrofe” ha escrito Pipes, <strong>“Fascismo y comunismo parecían atractivos sobre el papel; sólo las realidades de Hitler y Stalin desacreditaron y condenaron al ostracismo a estos movimientos</strong>”. Al quitar abruptamente autoridad al islamismo egipcio se le quitó la responsabilidad por los resultados de la gobernabilidad.</p>
<p>Aún así, resulta claro que los millones de egipcios que salieron a manifestarse en su contra han repudiado el lema de este movimiento fundamentalista: “<strong>El Islam es la solución”</strong>. Eso podrá ser válido en las prédicas en las mezquitas pero no parece haber sido de utilidad para administrar a una economía y a una sociedad.</p>
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