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	<title>Marcelo Romero &#187; campaña electoral</title>
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		<title>¿Y las cárceles?</title>
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		<pubDate>Fri, 16 Oct 2015 09:15:23 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Marcelo Romero</dc:creator>
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		<description><![CDATA[En la vorágine preelectoral escuchamos consignas de todo tipo, en un amplio abanico que va desde la fórmula mágica hasta la postura delirante. A veces, en el medio, encontramos algo de racionalidad. En materia de seguridad ciudadana y sistema penal, se alzan voces para pedir el accionar del Ejército y del resto de las Fuerzas... <a href="http://opinion.infobae.com/marcelo-romero/2015/10/16/y-las-carceles/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>En la vorágine preelectoral escuchamos consignas de todo tipo, en un amplio abanico que va desde la fórmula mágica hasta la postura delirante. A veces, en el medio, encontramos algo de racionalidad.</p>
<p>En materia de seguridad ciudadana y sistema penal, se alzan voces para pedir el accionar del Ejército y del resto de las Fuerzas Armadas y de Seguridad para combatir al narcotráfico, cárcel para los corruptos, más policías, más cámaras de seguridad, etcétera.</p>
<p>¿Y las cárceles? Poco y nada.</p>
<p><b>Inaugurar cárceles —o reparar las existentes— es</b><b> </b><b>políticamente incorrecto</b><b>. Nadie quiere la foto cortando cintas entre rejas y muros</b>. Nadie quiere el epígrafe: “Ellos construyen cárceles. Nosotros construiremos escuelas, hospitales y fábricas”, en los afiches de la presente campaña electoral. Y de la próxima. Y de la próxima.</p>
<p>Inaugurar cárceles supone inversiones millonarias en obras públicas de arquitectura antipática, sin posibilidad de marquesinas, fotografías gigantes del gobernante de turno, color de pintura partidaria o carteles que indiquen: “Fulano cumple”.<span id="more-192"></span></p>
<p>Inaugurar cárceles trae aparejada la obligatoria capacitación de cientos de efectivos del servicio penitenciario y la provisión de logística (armamento, protección de los internos y del personal, sistemas electrónicos de seguridad, etcétera). Hay que instalar, organizar y mantener cocinas, comedores, baños, locutorios para abogados, sitios para recreación y visitas familiares, talleres, entre otros.</p>
<p>La cárcel es una pequeña ciudad entre muros. Con organización y gobierno interno. Pero, además, debe ser un sitio que —amén de la seguridad para carceleros y encarcelados— brinde la posibilidad de resocializar al que decidió o fue empujado por las circunstancias a cometer un delito, a convertirse en antisocial.</p>
<p>Pero esta ecuación no es tan simple. Deben sumarse al dilema las contradicciones del discurso jurídico-penal vigente en nuestro país. A saber:</p>
<p>Para el abolicionismo penal, la cárcel no sirve para nada. El Estado no está “legitimado” para imponer penas. La sanción penal es un abuso del poder, cuando este “sustrajo” el conflicto a los particulares y lo convirtió en “delito”.</p>
<p>Para el “manodurismo” penal, la cárcel no debería ser sino un depósito amurallado de criminales, lo más alejado posible de la civilización. Si fuera en la Antártida, mejor. Sólo agua y comida suficiente para la supervivencia, hasta la muerte del condenado, entre esos muros.</p>
<p>Para los políticos en campaña, el concepto de “cárcel” varía según el ritmo de las encuestas de opinión o los sondeos de imagen. Unas cucharaditas de abolicionismo, media tacita de manodurismo, una pizca de garantismo y una generosa ración de demagogia para acompañar el plato terminado.</p>
<p>Así surgen las frases vacías de contenido como: “Hay que terminar con la puerta giratoria”, “Las penas deben cumplirse”, “El delincuente debe estar en la cárcel y el honesto en su casa, tranquilo”, entre otras citas célebres.</p>
<p>Sin embargo, la escandalosa ola delictiva que nos azota, el fracaso en la prevención criminal, la ineficacia de la Justicia penal, los alarmantes índices de reincidencia, etcétera obligan a <b>producir urgentes reformas en el sistema penal del Estado. Debe comenzarse por el último eslabón, la cárcel.</b></p>
<p>Si el último peldaño del sistema penal no funciona, todo lo demás se desmorona como castillo de naipes.</p>
<p><b>En las actuales circunstancias, la cárcel no cumple con sus objetivos constitucionales</b>. La cárcel no reeduca. Más bien, es un posgrado del delito. No debe propiciarse su eliminación, pero sí su profunda reforma. El encarcelado (procesado, condenado con sentencia recurrida o condenado con sentencia firme) debe trabajar, estudiar o realizar cualquier otra actividad que no implique ocio negativo, que se traduce en violencias de la más variada índole. Pena con tratamiento. Pena con posibilidad de resocialización.</p>
<p>Surgirán voces que expresen que el detenido sin condena no puede ser obligado a nada. Pero si el Estado puede restringir al individuo de su principal derecho después del de la vida, la libertad, ¿cómo no va a poder restringir el “derecho” de un preso a la vagancia?</p>
<p>No es simple. Es complicado. Pero es posible. Y no suena tan “piantavotos”, ¿no?</p>
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		<title>Hoy tengo un sueño</title>
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		<pubDate>Sat, 01 Aug 2015 10:44:52 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Marcelo Romero</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Argentina]]></category>
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		<description><![CDATA[Sueño con candidatos y precandidatos que hablen -sin medias tintas- de inseguridad. De crímenes y criminales. De cárceles y penas. Sueño con candidatos y precandidatos que formulen propuestas claras y concretas -sin eufemismos- respecto de sus proyectos en materia criminal. Sobre qué harían, si accediesen al poder, con el sistema penal del Estado, o el... <a href="http://opinion.infobae.com/marcelo-romero/2015/08/01/hoy-tengo-un-sueno/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Sueño con candidatos y precandidatos que hablen -sin medias tintas- de inseguridad. De crímenes y criminales. De cárceles y penas.</p>
<p>Sueño con candidatos y precandidatos que formulen propuestas claras y concretas -sin eufemismos- respecto de sus proyectos en materia criminal. Sobre qué harían, si accediesen al poder, con el sistema penal del Estado, o el aparato represivo, o las agencias del poder punitivo, o la terminología que quieran utilizar o la que sus asesores de imagen les impongan.</p>
<p>Sueño con candidatos y precandidatos que reconozcan -sin desviarse por tangentes o colectoras- la olímpica derrota frente al avance del narcotráfico y del consumo masivo de estupefacientes en la República Argentina. Que asuman la directísima relación entre droga y aumento del delito e incremento de la violencia en casi todas las formas de comisión criminal.</p>
<p><b>Sueño con candidatos y precandidatos que propongan -al menos- un esbozo de plan para combatir este y otros crímenes organizados, como la trata de personas, el contrabando, la piratería del asfalto, la venta ilegal de armas</b>, etcétera.</p>
<p>Sueño con candidatos y precandidatos que discutan abiertamente sobre el rol de la pena privativa de libertad, sobre la necesidad de un replanteo de las políticas penitenciarias, sobre la construcción de nuevas unidades y alcaldías, sobre el trabajo de los internos, etcétera.<span id="more-164"></span></p>
<p>Sueño con candidatos y precandidatos que debatan acerca de la desaparición de estadísticas criminales serias y confiables, pero necesarias e imperativas para la construcción de cualquier política criminal duradera.</p>
<p>Sueño con candidatos y precandidatos que no teman discutir sobre el delito protagonizado por menores de edad, o niños en conflicto con la ley penal<i>. </i>Sobre la edad de imputabilidad. Sobre el régimen penal juvenil.</p>
<p>Sueño con candidatos y precandidatos que fijen postura respecto de las fuerzas policiales y de seguridad como auxiliares de la Justicia y del Ministerio Público. Que expliquen a la ciudadanía sus planes de capacitación, de reconocimiento y de control a los efectivos.</p>
<p>Sueño con candidatos y precandidatos que hablen sobre inteligencia criminal y sobre espionaje ilegal. Sobre qué postura adoptarán frente al fisgoneo estatal a políticos, periodistas, empresarios, sindicalistas, estudiantes… Es decir, frente a esa frenética actividad del Estado negada, pero real, multimillonaria, pero de nivel de peluquería o de mesa de bar.</p>
<p>Sueño con candidatos y precandidatos que hablen sobre el catecismo laico-obligatorio instaurado en facultades de derecho, escuelas de posgrado, consejos de la magistratura, etcétera, denominado “abolicionismo”. Único discurso jurídico-penal para triunfar en el mundo del Derecho penal argentino.</p>
<p>Sueño con candidatos y precandidatos que eliminen para siempre el insulto a nuestra humilde inteligencia, cuando nos hablan de “sensación de inseguridad” o de “descenso de los índices delictivos”.</p>
<p>Hoy tengo un sueño… ¡Ojalá me despierte y se convierta en realidad!</p>
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		<title>La urgente reforma del sistema penal debe empezar por la cárcel, pero&#8230;</title>
		<link>http://opinion.infobae.com/marcelo-romero/2014/10/17/la-urgente-reforma-del-sistema-penal-debe-empezar-por-la-carcel-pero/</link>
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		<pubDate>Fri, 17 Oct 2014 11:13:16 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Marcelo Romero</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Inaugurar cárceles es políticamente incorrecto. Nadie quiere la foto cortando cintas entre rejas y muros. Nadie quiere el epígrafe &#8220;Ellos construyen cárceles&#8230; Nosotros escuelas, hospitales y fábricas&#8221;, en los afiches de la próxima campaña electoral&#8230; Y de la próxima. Y de la próxima. Inaugurar cárceles supone inversiones millonarias en obras públicas de arquitectura antipática; sin... <a href="http://opinion.infobae.com/marcelo-romero/2014/10/17/la-urgente-reforma-del-sistema-penal-debe-empezar-por-la-carcel-pero/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Inaugurar cárceles es políticamente incorrecto</strong>. Nadie quiere la foto cortando cintas entre rejas y muros. <strong>Nadie quiere el epígrafe &#8220;Ellos construyen cárceles&#8230; Nosotros escuelas, hospitales y fábricas&#8221;</strong>, en los afiches de la próxima campaña electoral&#8230; Y de la próxima. Y de la próxima.</p>
<p>Inaugurar cárceles supone inversiones millonarias en <strong>obras públicas de arquitectura antipática</strong>; sin posibilidad de marquesinas, fotografías gigantes del gobernante de turno, color de pintura partidaria o carteles que indiquen &#8220;Fulano cumple&#8221;&#8230;<span id="more-25"></span></p>
<p>Inaugurar cárceles trae aparejada la obligatoria capacitación de cientos de efectivos del Servicio Penitenciario y la provisión de logística (armamento, protección de los internos y del personal, sistemas electrónicos de seguridad, etc.). Hay que instalar, organizar y mantener cocinas, comedores, baños, locutorios para abogados, sitios para recreación y visitas familiares, talleres, etcétera.</p>
<p>La cárcel es una pequeña ciudad entre muros. Con organización y gobierno interno. Pero, además, debe ser un sitio que -amén de la seguridad para carceleros y encarcelados- brinde la posibilidad de &#8216;resocializarse&#8217; al que decidió o fue empujado por las circunstancias a cometer un delito, a convertirse en antisocial.</p>
<p>Pero esta ecuación no es tan simple.</p>
<p>Deben sumarse al dilema<strong> las contradicciones del discurso jurídico-penal vigente en nuestro país.</strong></p>
<p>A saber:</p>
<p><strong>Para el abolicionismo penal, la cárcel no sirve para nada. El Estado no está &#8220;legitimado&#8221; para imponer penas</strong>. La sanción penal es un abuso del poder, cuándo éste &#8220;sustrajo&#8221; el conflicto a los particulares y lo convirtió en &#8220;delito&#8221;&#8230;</p>
<p><strong>Para el &#8220;mano-durismo&#8221; penal, la cárcel no debería ser sino un depósito amurallado de criminales</strong>, lo más alejado posible de la civilización. Si fuera en la Antártida, mejor. Sólo agua y comida suficiente para la supervivencia, hasta la muerte del condenado entre esos muros&#8230;</p>
<p><strong>Para los políticos en campaña, el concepto de &#8220;cárcel&#8221; varía</strong> según el ritmo de las encuestas de opinión o los sondeos de imagen. Unas cucharaditas de abolicionismo, media tacita de manodurismo, una pizca de garantismo y una generosa ración de demagogia para acompañar el plato terminado.</p>
<p>Así surgen las frases vacías de contenido como &#8220;hay que terminar con la puerta giratoria&#8221;, &#8220;las penas deben cumplirse&#8221;. &#8220;el delincuente debe estar en la cárcel y el honesto en su casa, tranquilo&#8221;, entre otras citas célebres&#8230;</p>
<p>Sin embargo, <strong>la escandalosa ola delictiva que nos azota, el fracaso en la prevención criminal, la ineficacia de la Justicia Penal, los alarmantes índices de reincidencia, etc. obligan a producir urgentes reformas en el sistema penal del Estado</strong>. Debe comenzarse por el último eslabón, la cárcel.</p>
<p><strong>Si el último peldaño del sistema penal no funciona, todo lo demás se desmorona como castillo de naipes.</strong></p>
<p>En las actuales circunstancias, la cárcel no cumple con sus objetivos constitucionales. No debe propiciarse su eliminación, pero si su profunda reforma. El encarcelado (procesado, condenado con sentencia recurrida o condenado con sentencia firme) <strong>debe</strong> trabajar, estudiar o realizar cualquier otra actividad que no implique ocio negativo, que se traduce en violencias de la más variada índole. Pena con tratamiento. Pena con posibilidad de resocialización.</p>
<p>No es simple. <strong>Es complicado. Pero, es posible.</strong></p>
<p><strong>Y no suena tan &#8220;piantavotos&#8221;&#8230; ¿no?</strong></p>
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