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	<title>Marcelo Romero &#187; José María Campagnoli</title>
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		<title>La grieta de la Justicia</title>
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		<pubDate>Tue, 10 Nov 2015 03:00:32 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Marcelo Romero</dc:creator>
				<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>
		<category><![CDATA[abolicionismo penal]]></category>
		<category><![CDATA[Grieta]]></category>
		<category><![CDATA[José María Campagnoli]]></category>
		<category><![CDATA[Poder Judicial]]></category>

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		<description><![CDATA[Lo han logrado. Ellos lo hicieron. El Gobierno que se va consiguió algo inédito: agrietar, también, al Poder Judicial. Uno de los tres poderes del Estado quedó literalmente partido al medio. Por un lado, una “agencia militante”, temblorosa, obediente y pusilánime. Temerosa hasta los límites del ridículo del poder político, de la prensa y de... <a href="http://opinion.infobae.com/marcelo-romero/2015/11/10/la-grieta-de-la-justicia/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Lo han logrado. Ellos lo hicieron.</p>
<p>El Gobierno que se va consiguió algo inédito: agrietar, también, al Poder Judicial.</p>
<p>Uno de los tres poderes del Estado quedó literalmente partido al medio. Por un lado, una “agencia militante”, temblorosa, obediente y pusilánime. Temerosa hasta los límites del ridículo del poder político, de la prensa y de algunos integrantes de organismos de derechos humanos. Eso sí, se autotitula como “legítima”.<i></i></p>
<p>En el fuero penal, esta facción se caracteriza por la obediencia ciega y absoluta a los postulados del abolicionismo penal, a la adoración enfermiza hacia sus gurúes y a la satanización de toda persona que lleve uniforme, aunque esta haya nacido en 1990.</p>
<p>Por el otro lado, quedamos los restantes. Los “ilegítimos”. Estupefactos algunos frente a este abismo creado. Combativos otros ante el accionar de la espada divisoria.<span id="more-208"></span></p>
<p>De todas maneras, tardamos demasiado tiempo en reaccionar. Tuvimos que esperar que un fiscal de la nación muriera violentamente —en circunstancias aún no esclarecidas— para manifestarnos orgánica, masiva y públicamente en su honor y en defensa de su trabajo. Toleramos hasta límites insoportables que cualquier abogado se transforme en juez subrogante, sin cumplir con las mandas constitucionales y sin respetar las mayorías establecidas en el Consejo de la Magistratura para su designación.</p>
<p>Poco o nada dijimos respecto de la inaudita inversión del paradigma del derecho penal, donde la víctima resulta ser el victimario y el victimario, la víctima de un sistema capitalista (o “neoliberal”) que le quitó oportunidades y lo “empujó” hacia el delito. O, mejor dicho, hacia el “conflicto”<em>,</em> ya que esa es la terminología adecuada en estos tiempos agrietados.</p>
<p>“El delito es una creación político-capitalista que le quitó a los particulares la posibilidad de dirimir pacíficamente el conflicto, para que el Estado pueda mantener el negocio de la inseguridad, llenando las cárceles —o jaulas de exterminio— de pobres y oprimidos”.<i></i></p>
<p>Frente a este y otros disparates, <strong>los integrantes de la Justicia ilegítima nos quedamos callados durante muchos años. Vimos cómo se colonizaban las cátedras de Derecho Penal y de Derecho Procesal Penal de nuestras Universidades, sin decir una palabra</strong>. Vimos cómo esos estudiantes de abogacía se convertían en graduados y accedían a la magistratura, con su catecismo laico-abolicionista bajo el brazo, y miramos para el costado. Toleramos que jueces superiores, jueces de instancia, fiscales, defensores y asesores se confiesen magistrados militantes del nuevo relato, del proyecto.</p>
<p>Fuimos excesivamente tolerantes con el sable que nos agrietó. Reaccionamos demasiado tarde.</p>
<p>Les resultó fácil a los arquitectos de la grieta llevar a cabo su cometido. Tan sólo unos breves y antiguos artilugios: amenazar con el juicio político a los magistrados ilegítimos; algunos de estos aprietes se cumplieron, como el caso del fiscal José María Campagnoli. Etiquetar de “facho” a quien osara desafiar al discurso oficial. Congelar definitivamente la carrera judicial del “díscolo”, como el caso del Dr. Ignacio Rodríguez Varela, etcétera.</p>
<p>Ante estos y otros atropellos, también nos quedamos callados. Hubo honrosas excepciones, sí. Pero no fueron suficientes.</p>
<p><b>La grieta judicial no se cerrará con la llegada de un nuevo Gobierno. Será un trabajo mucho más largo que un simple recambio institucional. Es nuestra obligación cerrarla</b>. Así lo reclama la ciudadanía, única destinataria de nuestros aciertos y desatinos.</p>
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