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	<title>Marcelo Romero &#187; mano-durismo penal</title>
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		<title>La urgente reforma del sistema penal debe empezar por la cárcel, pero&#8230;</title>
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		<pubDate>Fri, 17 Oct 2014 11:13:16 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Marcelo Romero</dc:creator>
				<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>
		<category><![CDATA[abolicionismo penal]]></category>
		<category><![CDATA[campaña electoral]]></category>
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		<category><![CDATA[mano-durismo penal]]></category>
		<category><![CDATA[reforma del sistema penal]]></category>
		<category><![CDATA[Servicio Penitenciario]]></category>

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		<description><![CDATA[Inaugurar cárceles es políticamente incorrecto. Nadie quiere la foto cortando cintas entre rejas y muros. Nadie quiere el epígrafe &#8220;Ellos construyen cárceles&#8230; Nosotros escuelas, hospitales y fábricas&#8221;, en los afiches de la próxima campaña electoral&#8230; Y de la próxima. Y de la próxima. Inaugurar cárceles supone inversiones millonarias en obras públicas de arquitectura antipática; sin... <a href="http://opinion.infobae.com/marcelo-romero/2014/10/17/la-urgente-reforma-del-sistema-penal-debe-empezar-por-la-carcel-pero/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Inaugurar cárceles es políticamente incorrecto</strong>. Nadie quiere la foto cortando cintas entre rejas y muros. <strong>Nadie quiere el epígrafe &#8220;Ellos construyen cárceles&#8230; Nosotros escuelas, hospitales y fábricas&#8221;</strong>, en los afiches de la próxima campaña electoral&#8230; Y de la próxima. Y de la próxima.</p>
<p>Inaugurar cárceles supone inversiones millonarias en <strong>obras públicas de arquitectura antipática</strong>; sin posibilidad de marquesinas, fotografías gigantes del gobernante de turno, color de pintura partidaria o carteles que indiquen &#8220;Fulano cumple&#8221;&#8230;<span id="more-25"></span></p>
<p>Inaugurar cárceles trae aparejada la obligatoria capacitación de cientos de efectivos del Servicio Penitenciario y la provisión de logística (armamento, protección de los internos y del personal, sistemas electrónicos de seguridad, etc.). Hay que instalar, organizar y mantener cocinas, comedores, baños, locutorios para abogados, sitios para recreación y visitas familiares, talleres, etcétera.</p>
<p>La cárcel es una pequeña ciudad entre muros. Con organización y gobierno interno. Pero, además, debe ser un sitio que -amén de la seguridad para carceleros y encarcelados- brinde la posibilidad de &#8216;resocializarse&#8217; al que decidió o fue empujado por las circunstancias a cometer un delito, a convertirse en antisocial.</p>
<p>Pero esta ecuación no es tan simple.</p>
<p>Deben sumarse al dilema<strong> las contradicciones del discurso jurídico-penal vigente en nuestro país.</strong></p>
<p>A saber:</p>
<p><strong>Para el abolicionismo penal, la cárcel no sirve para nada. El Estado no está &#8220;legitimado&#8221; para imponer penas</strong>. La sanción penal es un abuso del poder, cuándo éste &#8220;sustrajo&#8221; el conflicto a los particulares y lo convirtió en &#8220;delito&#8221;&#8230;</p>
<p><strong>Para el &#8220;mano-durismo&#8221; penal, la cárcel no debería ser sino un depósito amurallado de criminales</strong>, lo más alejado posible de la civilización. Si fuera en la Antártida, mejor. Sólo agua y comida suficiente para la supervivencia, hasta la muerte del condenado entre esos muros&#8230;</p>
<p><strong>Para los políticos en campaña, el concepto de &#8220;cárcel&#8221; varía</strong> según el ritmo de las encuestas de opinión o los sondeos de imagen. Unas cucharaditas de abolicionismo, media tacita de manodurismo, una pizca de garantismo y una generosa ración de demagogia para acompañar el plato terminado.</p>
<p>Así surgen las frases vacías de contenido como &#8220;hay que terminar con la puerta giratoria&#8221;, &#8220;las penas deben cumplirse&#8221;. &#8220;el delincuente debe estar en la cárcel y el honesto en su casa, tranquilo&#8221;, entre otras citas célebres&#8230;</p>
<p>Sin embargo, <strong>la escandalosa ola delictiva que nos azota, el fracaso en la prevención criminal, la ineficacia de la Justicia Penal, los alarmantes índices de reincidencia, etc. obligan a producir urgentes reformas en el sistema penal del Estado</strong>. Debe comenzarse por el último eslabón, la cárcel.</p>
<p><strong>Si el último peldaño del sistema penal no funciona, todo lo demás se desmorona como castillo de naipes.</strong></p>
<p>En las actuales circunstancias, la cárcel no cumple con sus objetivos constitucionales. No debe propiciarse su eliminación, pero si su profunda reforma. El encarcelado (procesado, condenado con sentencia recurrida o condenado con sentencia firme) <strong>debe</strong> trabajar, estudiar o realizar cualquier otra actividad que no implique ocio negativo, que se traduce en violencias de la más variada índole. Pena con tratamiento. Pena con posibilidad de resocialización.</p>
<p>No es simple. <strong>Es complicado. Pero, es posible.</strong></p>
<p><strong>Y no suena tan &#8220;piantavotos&#8221;&#8230; ¿no?</strong></p>
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