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	<title>María Zaldívar &#187; PRO</title>
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		<title>El diálogo postergado</title>
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		<pubDate>Thu, 29 Oct 2015 03:00:49 +0000</pubDate>
		<dc:creator>María Zaldívar</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>La ciudadanía habla, no muy seguido, pero habla. El domingo habló. Y a los dirigentes políticos que le ofrecieron como plato único la oposición dividida les dijo “no”. Cuando el temor a la continuidad del kirchnerismo ganaba la calle, el debate giró en torno a adoptar o no el modelo venezolano de unidad en la diversidad con la mirada puesta en sumar para hacer frente al adversario común. Mauricio Macri, entonces, apuró un entendimiento con Elisa Carrió y con un sector del radicalismo y entre ellos optaron por cerrar allí las posibilidades.</p>
<p>Mientras tanto, el peronismo desencantado con el estilo autoritario de Cristina y los suyos crecía, y encontró en Sergio Massa un referente. Su desprendimiento del kirchnerismo, hace apenas algo más de dos años, se inauguró con un contundente apoyo popular en las urnas que dio por tierra con las ilusiones reeleccionistas de la Presidente. Ese día, Sergio Massa se constituyó en el principal enemigo político del Gobierno por aquello de que “No hay peor astilla que la del mismo palo”. <b>Hoy, tras las elecciones del domingo pasado, mientras clausura toda posibilidad de entendimiento con Daniel Scioli, confirma su decisión de terminar con el kirchnerismo y se erige en la llave para su concreción</b>. Porque a pesar de la euforia que reina entre la militancia y los simpatizantes de Cambiemos, aún falta.</p>
<p>En un escenario de peronismo y antiperonismo creciente, en el que se venía exacerbando un enfrentamiento explícito en la sociedad revoleándose culpas mutuas, el ex intendente de Tigre creó un espacio para esos muchos que las dos principales fuerzas políticas en existencia expulsaban. Una porque exige militancia de alfombra, la otra porque sobreactúa una pureza interna que implica numerosas exclusiones.<span id="more-80"></span></p>
<p>Massa propuso competir en la interna abierta de agosto en igualdad de condiciones con Mauricio Macri, Elisa Carrió y Ernesto Sanz y que los votantes decidieran los liderazgos. Los motivos que hacían lógico el ofrecimiento eran varios: ya habían sido socios con el PRO en una elección anterior y todos transitaban el andarivel del rechazo al kirchnerismo. La flamante alianza Cambiemos se negó. Tal vez habrán soñado en silencio, como el kirchnerismo, con neutralizarlo. Pero Massa se quedó. Y sus votantes con él.</p>
<p><b>Sigue sin explicación por qué el radicalismo y el PRO, que alientan y apoyan la unidad de la oposición en Venezuela, la rechazaron en nuestro país</b>. Esa decisión dividió el voto no K y puso al país en la disyuntiva de elegir y, ante el riesgo, no del todo ahuyentado, de más kirchnerismo.</p>
<p>Pero el domingo 25, en las urnas, el ciudadano con su voto dinamitó aquella estrategia elegida por Cambiemos, que impuso a la sociedad tras un acuerdo de dirigentes. Hoy debe reconocer la existencia de las cinco millones de personas que siguen reclamando el diálogo.</p>
<p>Claro que este diálogo que se abre contrarreloj va a sonar infinitamente menos auténtico que si hubiese sido voluntario. No lo será: Mauricio Macri hoy está obligado a atender el reclamo, no de Sergio Massa, sino de esos votantes, porque se lo imponen los acontecimientos. La derrota del kirchnerismo en el ballotage del 22 de noviembre depende de eso.</p>
<p>Es posible que se logre acercar posiciones y el objetivo de máxima, esto es, jubilar al régimen, finalmente se alcance. Pero esta negociación de apuro y a desgano será muchísimo menos fructífera que una voluntaria.</p>
<p>Preocupa entender por qué se la rechazó de entrada. Y preocupa cuánto de oportunista tenga este novedoso acercamiento. La dirigencia política tiene que distinguir la diferencia entre sus preferencias personales y las responsabilidades políticas del liderazgo.</p>
<p>Que Cambiemos no haya visto el caudal de gente que quería la unidad frente a la amenaza preocupa. Se trataría de un enorme error de diagnóstico, aunque es preferible creer que se equivocó a que lo detectó y aun así eligió ignorarlo.</p>
<p>Son preguntas que merecerían respuestas, pero, casi como destino, la Argentina vuelve a correr tras lo urgente postergando lo importante. Ahora es el tiempo de buscar entendimientos, de sumar y, finalmente, de hacer lo que no se hizo: dialogar, porque de lo otro ya tuvimos de sobra.</p>
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		<title>Los errores de Cambiemos</title>
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		<pubDate>Wed, 30 Sep 2015 03:00:37 +0000</pubDate>
		<dc:creator>María Zaldívar</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Los argentinos no aprendemos más. Cuando Néstor Kirchner resultó el elegido de Eduardo Duhalde y Carlos Menem se alzaba como su principal amenaza, el oficialismo fogoneó al tercero, Ricardo López Murphy, y lo arrastró a confrontar de lleno con Menem. La estrategia era neutralizar a su auténtico adversario y obligarlo a un desgaste innecesario. En ese momento, López Murphy entró en el juego que solo le convenía a Kirchner.<b> Trece años después, el kirchnerismo repite la receta y la oposición vuelve a caer en la misma trampa. El Gobierno entero le mete fichas a Cambiemos y, mientras los seguidores de Mauricio Macri se entretienen descalificando a Sergio Massa acusándolo de todo tipo de componendas, el kirchnerismo consolida la continuidad.</b></p>
<p>Alguien debería decirles que el adversario a batir no es él, sino el modelo encarnado en las figuras de los elegidos Daniel Scioli y Carlos Zannini. En esa dirección tendrían que estar concentrados los esfuerzos de Cambiemos y, como complemento, reconociendo la responsabilidad de ser la segunda fuerza, encabezar un acercamiento a todos los sectores que compartan el objetivo de no tener más kirchnerismo, al menos, al frente del Ejecutivo nacional.</p>
<p>Sin embargo, los últimos días de campaña no parecen llevar esa dirección. No tanto los voceros oficiales del macrismo, pero sí los contratados, y mucho más los oficiosos, repiten, con y sin convicción, que el affaire Niembro y el amesetamiento de Cambiemos son operaciones políticas en su contra, mientras políticos allegados, de profesión funcionarios y de tan largo como sinuoso recorrido, siembran dudas sobre la existencia de un acuerdo entre Massa y el kirchnerismo.<span id="more-73"></span></p>
<p>Este episodio, por absurdo, se parece al pacto militar-sindical denunciado por Raúl Alfonsín meses antes de la elección de 1983. Burdo aquello y burdo esto, sin embargo, no faltaron adeptos para ambos rumores. <b>La Argentina manifiesta cierta inclinación, algo patológica, por las teorías conspirativas. </b>Pareciera más afecta a los relatos que a la realidad: Compraron el de Alfonsín (“Con la democracia se come, se cura y se educa”), compraron el de Menem (“La revolución productiva”) y compraron el de Kirchner&amp;Kirchner (“Minga con el Fondo”).</p>
<p><b>Lo cierto es que, mientras tanto, el kirchnerismo sigue adelante con su plan de continuar en el ejercicio del poder. Y está cerca de conseguirlo</b>. Ellos saben que los recientes escándalos denunciados en ocasión de las elecciones provinciales en Tucumán, por ejemplo, no les restan votos: Quienes los señalan por tamañas salvajadas no son sus votantes, son, por el contrario, los mismos que se indignan por la corrupción, ya ni siquiera encubierta, que envuelve a la mayoría de los funcionarios, y son también los que denuncian hace años la distorsión de los números de la economía. Tampoco son votantes K los que objetan la familiaridad, por no decir la simpatía o la connivencia, del oficialismo con el narcotráfico y el lavado de dinero.</p>
<p>Ninguno de ellos vota el Frente para la Victoria, que, cabe recordar, se levantó con 40 puntos en las PASO de la provincia de Buenos Aires aún en medio de la inundación. La gente que “arreglan” con un bolsón o una bolsita de provisiones, con un par de billetes o con un subsidio no está preocupada por quién va a reemplazar al doctor Carlos Fayt en la Corte Suprema. Muchos de ellos ni siquiera saben que existe la Corte Suprema y menos aún su significado institucional. Esos millones están preocupados por comer y por reponer el colchón que se llevó la tormenta esa noche en que Daniel Scioli viajaba a Italia en compañía de Karina y un grupo de amigos.</p>
<p>Frente a ese escenario, agotar la expectativa propia en que se caiga el voto oficialista es jugar con fuego. Ya se vio en Tucumán y en Chaco de lo que son capaces los K cuando de ganar y retener se trata. En el deporte, los mejores directores técnicos señalan que la victoria se persigue perfeccionando el equipo, achicando las debilidades y fortaleciéndose para adentro más que especulando con los errores del contrincante.</p>
<p>El problema de los proyectos sin demasiado contenido es que hay que comprarlos a libro cerrado. Por la cara. <b>Eso fue Cambiemos: un eslogan y la suma de muchas almas con más buena voluntad que definiciones. Hoy hasta se duda de su íntima decisión de batir al kirchnerismo. El PRO puede aducir falta de experiencia política, pero ¿cómo se le perdona tamaño error al radicalismo? </b>Es imposible olvidar que se trata de personajes repetidos del escenario político nacional que necesitaban del partido joven para sobrevivir y que lo empujaron a decidir cerrarse en un mundo que da muestras permanentes de que el progreso viene de la mano de la diversidad, el diálogo y la complementación.</p>
<p>No se le pase, entonces, la factura entera de la probable derrota del 61,6 % de la población a la trilogía Macri, Marcos Peña y Durán Barba, aunque en un principio, bajo la obsesión de un purismo más deseado que real, el PRO pretendió ser cabeza de ratón y también cola de león del acuerdo sellado con el radicalismo tras la convención partidaria de Gualeguaychú. Cada uno de los que se opusieron a una interna amplia con participación todos los sectores opuestos al kirchnerismo tiene que hacerse cargo hoy de su cuota-parte de responsabilidad en las consecuencias.</p>
<p>Distintos dirigentes del PRO se han cansado de comparar el proceso político argentino con el de Venezuela y viajan desde hace varios años de manera sistemática a apoyar a Henrique Capriles, el emergente de la gran coalición que intenta horadar el poder omnímodo del chavismo, acompañan sus reclamos y participan de sus marchas a pesar de las diferencias conceptuales que mantienen los aliados entre sí, pero reconociendo que el objetivo primordial es terminar con un régimen que de democrático tiene poco y de republicano menos. Sin embargo, no replican esa conducta en la Argentina. <b>Hay que concluir, entonces, que el objetivo primordial del macrismo y del radicalismo no es remover al kirchnerismo del poder</b>. Es válido, pero tal vez sea hora de meditar cuáles son las prioridades políticas de Cambiemos.</p>
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		<title>Poderoso caballero, don Miedo</title>
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		<pubDate>Thu, 16 Jul 2015 10:00:14 +0000</pubDate>
		<dc:creator>María Zaldívar</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Las mediciones y los pronósticos parecen indicar que hay dos candidatos cabeza a cabeza y dado que las propuestas no han sido, al menos hasta acá, el eje para marcar diferencias, es un ejercicio intelectual descubrir qué herramienta política va a esgrimir cada uno para diferenciarse en el tramo final de la carrera. Ya no... <a href="http://opinion.infobae.com/maria-zaldivar/2015/07/16/poderoso-caballero-don-miedo/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Las mediciones y los pronósticos parecen indicar que hay dos candidatos cabeza a cabeza y dado que las propuestas no han sido, al menos hasta acá, el eje para marcar diferencias, es un ejercicio intelectual descubrir qué herramienta política va a esgrimir cada uno para diferenciarse en el tramo final de la carrera.<b></b></p>
<p>Ya no es el dinero el principal problema de las campañas de los candidatos presidenciales. No al menos en el caso de Daniel Scioli y Mauricio Macri. La amplia disponibilidad sobre los recursos públicos ejercida, como se ha visto a través de sendos aparatos de publicidad en sus respectivos distritos, les facilita la viralización de imágenes y consignas. Fotos, colores, globos, carteles, sombrillas y remeras son la cuota inocente de seducción sobre los eventuales votantes, pero es poco probable que con eso solo determinen la decisión de los que faltan.</p>
<p>Se desconoce la estrategia que encararía el PRO para transitar estos meses claves hasta octubre, pero el Frente para la Victoria, sin duda, construye su fortaleza alrededor del miedo.</p>
<p>Trabaja sin descanso sobre el miedo de los de abajo a perder los planes que reparte en su calidad de Estado con la discrecionalidad que caracteriza a los populismos. Acciona sobre sus rehenes, mientras les dice que solo ellos son garantes de la continuidad de la limosna. Lamentablemente para los sectores postergados tampoco eso es cierto, porque, si bien el sistema de dádivas debería abandonarse por perverso, todos los candidatos prometen más o menos lo mismo y solo alguno que otro explica cómo haría para liberarlos del yugo humillante de dar y quitar al compás de las conveniencias electorales.<span id="more-69"></span></p>
<p>Pero también el Frente para la Victoria trabaja sobre los sectores más acomodados de la pirámide, que reciben a manos llenas las ventajas de estar del lado del Estado gordo y, como consecuencia inevitable, corrupto. A pesar de su discurso demagógico y falsamente revolucionario, el oficialismo favoreció muchas industrias con proteccionismos varios. Cada uno de sus capitostes sabe perfectamente cuán aceitado tiene los contactos con el poder y, por si flaqueara su determinación a seguir protegidos al calor estatal, el kirchnerismo les mete miedo. Les recuerda que sus funcionarios controlan a la perfección la maquinaria de tarifas subsidiadas, fronteras poco amigables con el comercio internacional, impuestos demenciales a las importaciones para garantizar el “compre nacional”, la falta de competencia que les asegura demanda, “acuerdos” de precios y toda la batería de herramientas discrecionales.</p>
<p>También tienen miedo los empleados públicos que llegaron de a miles de la mano del camporismo, gente sin preparación académica ni técnica para ocupar espacios en ministerios, empresas y reparticiones varias, embajadas, medios de comunicación adictos y demás eslabones del engrosado engranaje de la burocracia estatal. Miedo de ellos y de sus familias, beneficiarias de sueldos con varios ceros que derraman en propiedades, viajes y estándares de vida inusualmente acomodados.</p>
<p><b>El kirchnerismo reparte miedo para todos como mecanismo para asegurar un piso de votos interesante procedentes de ambos extremos de la pirámide.</b> Es una forma poco convencional de fidelizar clientes.</p>
<p>Los del medio, a su vez, también tienen miedo, aunque es un miedo distinto.</p>
<p>No por nada el mayor rechazo al régimen actual y el lote más numeroso de indecisos se concentra en los sectores medios. Esos sectores medios son el gran motor del crecimiento en las economías sanas. Porque la capa superior de la sociedad suele mirar las crisis de costado debido a los márgenes de estabilidad que provee la capacidad económica. Esos sectores medios tampoco son el otro extremo, esto es, los desenganchados del sistema a quienes el Estado, tarde o temprano, asiste. Son los que, librados a su suerte en materia económica, sin subsidios ni protecciones especiales, viven de sus ingresos mensuales. Pero, además, son el producto cultural de una lógica que el populismo ha masacrado a pura demagogia. Son los que responden a ese sistema de valores que inculca en el individuo la necesidad de asumir responsabilidades, para quienes es mejor estudiar que no hacerlo, porque capacitarse representaba, en esa forma de encarar la vida, la vía del progreso personal. La clase media no come de la mano del Estado ni pretende hacerlo, pero es la más vulnerable a sus excesos. Sin red, se esfuerza por alcanzar sus objetivos y mantenerlos en el tiempo; y en ambas batallas sabe que está sola, en el mejor de los casos, cuando no arrastra la mochila del Estado glotón que le mordisquea parte de sus logros.</p>
<p><b>Esa clase media, productiva y tal vez la menos contaminada de la sociedad, tiene miedo al kirchnerismo, porque sabe que, frente a ese poder omnímodo, no cuenta con la capacidad de <i>lobby </i>que tienen los sindicatos, los bancos, las cámaras empresarias, los políticos y hasta los pobres</b>. La clase media no tiene vocero, no la defiende nadie, no tiene representación ni en la mesa de negociaciones ni en los medios de comunicación. Está diseminada. Y sabe que, por productiva, el populismo solo repara en su existencia cuando necesita dinero fresco. <b>La clase media es consciente de que Daniel Scioli es más de lo mismo</b>; que tal vez con menos aullidos que Cristina, también le va a meter la mano en el bolsillo y que el despropósito fiscal de esta década lo va a pagar con su trabajo.</p>
<p>La clase media reconoce la degradación reinante. Padece la inseguridad a diario; no usa, porque es deficiente, pero sostiene la salud pública; paga por un servicio que no le prestan, como paga por una educación estatal que tampoco utiliza.</p>
<p>La clase media le teme al peronismo kirchnerista y vive como una amenaza a su calidad de vida y a sus planes de progreso un eventual triunfo K.</p>
<p>Así como el oficialismo capitaliza con gran destreza el miedo que despierta, la fuerza opositora no parece advertir que, tras tantas décadas de discurso populista donde solo hay espacio para los pobres, es hora de levantar la bandera de la clase media.</p>
<p>La prédica populista ha calado tanto que el PRO no se anima a desmarcarse de ese mandato. Con otra estética que impacta solo en las formas, el macrismo insiste con los conceptos de redistribución, gratuidad y asistencialismo, que no son otra cosa que recetas de administración de la pobreza. Trabaja para repartir materiales de construcción en las cada vez más populosas villas de la ciudad a las que, en lugar de erradicar, tiene en mente “urbanizar”, como si fuese posible hacer habitable lo que es indigno de origen. Hasta no hace mucho tiempo, tal era la noción de transitorio que tenían esos lugares para sus habitantes, que “construían” con chapa y cartón. Macri provee materiales y Cristina Kirchner se maravilla de lo que han crecido esos asentamientos. Esa gente no sale nunca más de ahí y es consciente. Tal vez alguna generación anterior también llegó de paso y no logró salir, pero existía la ilusión de progresar. Hoy, no importa el color político de los administradores, la villa no es un escalón, sino un destino.</p>
<p>El PRO dedica muchos recursos a multiplicar las prestaciones “gratuitas” como cualquier administración socialista, sin explicarle a los eventuales beneficiarios que, ante todo, nada es gratuito; que ese no es el ideal; que no se trata de mecanismos virtuosos, sino todo lo contrario; que son producto de la extrema necesidad, que no son una solución, sino un mero paliativo y que es menester crear, ahí sí desde el Estado, las condiciones para que cada padre, cada jefe de familia y cada trabajador cubra de manera personal sus necesidades. Nadie le explica a la sociedad que estas son herramientas de excepción y que el objetivo de los gobiernos no debería ser ampliarlas, sino abandonarlas lo antes posible.</p>
<p><b>Como el PRO tampoco quiere debatir, no se sabe cuáles serían los ejes del crecimiento en una futura administración macrista</b>. Si la presión tributaria seguiría a toda máquina para mantener el gasto social actual o si habría un cambio en la concepción del Estado. Es tal el silencio que es imposible intuir no solo qué piensa el partido al respecto, sino también, si siquiera lo ha pensado.</p>
<p>El peronismo volcó sobre la sociedad un cúmulo de dádivas que los gobiernos militares y también los radicales mantuvieron intactas. Pero el “cambio” que propone el macrismo, lejos de sugerir recortes a ese modelo populista probadamente fracasado, le agrega innovaciones europeas que aplica con idéntica impronta: gratis, y así el ciudadano que no anda en bicicleta, no manda a sus hijos a la escuela pública ni se toma la presión en la calle paga bicicletas, transporte escolar y estaciones de control de salud. O sea, son servicios gratis para quienes los consumen y pagos para los que no. Es un ejemplo básico de la “justicia distributiva” del populismo que nadie parece dispuesto a erradicar.</p>
<p>La clase media sabe que gran parte del Estado “dador” sale de su bolsillo y que, al no ser ni marginal ni poderoso, en el reparto solo le toca el ABL. La lógica de la clase media se lee con claridad en el voto del electorado de la capital: mientras la opción era PRO contra Frente para la Victoria, no dudó y el oficialismo porteño superaba el 60 % de las preferencias. En cuanto apareció una opción no K, se produjo una severa merma de ese porcentaje. Tampoco sabe a ciencia cierta si va por el buen camino, simplemente esa población está buscando; rechaza la corrupción, la venalidad y la manipulación del poder central, pero tampoco se encuentra del todo interpretado por el PRO.</p>
<p><b>El macrismo ha sobrevivido una década sin definirse ideológicamente. Tal vez sea hora de atreverse a hacerlo y decirles a los pobres que no está en sus planes abandonarlos a su suerte, pero también dirigirse a ese lote castigado de anónimos que luchan cada día por no retroceder, y prometer representarlos</b>. Sería una novedad revolucionaria y, probablemente, el comienzo de un proceso de auténtica sanación social.</p>
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		<title>No hable que nadie escucha</title>
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		<pubDate>Fri, 19 Jun 2015 11:30:18 +0000</pubDate>
		<dc:creator>María Zaldívar</dc:creator>
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		<description><![CDATA[“Después de Mao, nunca había llegado tan lejos un maoísta”, reflexionaba un colega, cuya ocurrencia nos hizo sonreír aún frente a un panorama desolador: el desembarco de Carlos Zannini en la fórmula de Daniel Scioli ratificaba las especulaciones; Cristina Kirchner, La Cámpora y el kirchnerismo entornarán al imbatible e incombustible gobernador de la provincia de... <a href="http://opinion.infobae.com/maria-zaldivar/2015/06/19/no-hable-que-nadie-escucha/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><strong>“Después de Mao, nunca había llegado tan lejos un maoísta”</strong>, reflexionaba un colega, cuya ocurrencia nos hizo sonreír aún frente a un panorama desolador: el desembarco de Carlos Zannini en la fórmula de Daniel Scioli ratificaba las especulaciones; Cristina Kirchner, La Cámpora y el kirchnerismo entornarán al imbatible e incombustible gobernador de la provincia de Buenos Aires.</p>
<p>Justo es reconocer el titánico esfuerzo que hizo el oficialismo duro para torcerle el brazo; intentó por todos los medios construir un candidato alternativo, más digerible a su selectivo estómago. <strong>Querían un K puro. Pero también hay que reconocerle al “cristinismo” la habilidad de saber cuándo negociar.</strong> Y eso que es una actividad infrecuente para el oficialismo. Sin embargo y sobre el filo, <strong>hizo un par de movidas estratégicas con la mirada puesta en el objetivo peronista por antonomasia: conservar el poder.<span id="more-64"></span></strong></p>
<p>El kirchnerismo tiene características propias. Es, en su base, peronismo clásico: populista, discrecionalidad, con rasgos autoritarios, y una cierta debilidad por el poder sin límites. Por eso descree de la labor de la justicia que no es “militante”, de los medios que no son adictos y de las personas independientes. Para el peronismo y su desprendimiento, el kirchnerismo, la libertad no es un valor absoluto y, por ende, tampoco los derechos individuales. El peronismo es la reivindicación del Estado corporativo que admiró Perón y cuyo formato copió del mussolinismo. Sobre ese piso, el kirchnerismo absorbió los elementos terroristas de los 70 de primera y segunda generación y en la actualidad se mezclan entre sus filas los Kunkel con los Wado de Pedro. Los extremistas que acogió a lo largo de su historia habían sido, hasta Kicillof, elementos escasos y marginales de la construcción política, por lo general resistidos desde adentro y nunca del todo incorporados.  En este estadío peronista, <strong>los trotskistas, leninistas, maoístas y marxistas de todo pelaje dejaron atrás la marginalidad de la militancia inicial, dejaron atrás la clandestinidad de la subversión posterior y hoy ocupan el centro de la escena.</strong> “Cosas vedere, Sancho, que non credere”.</p>
<p><strong>Buscando en el fondo del placard una mirada optimista a lo que nos pasa, se podría esgrimir que las cosas están a la vista. Inmodificables pero explícitas</strong> <strong>porque quien haya seguido la política de la última década habrá comprobado la rigidez K y el caso omiso que hizo siempre a sugerencias y/o críticas hasta de los propios que suelen advertir: “A Cristina no se le habla. Se la escucha”.</strong> Su rumbo es su rumbo y no es lo más importante; es lo único que importa.</p>
<p>Ahora bien, dado que otro legado K es la división del país en “ellos y nosotros” y según la reciente descripción, con “ellos” no hay nada que hacer, la zozobra es lo que hay enfrente de ese peronismo sin sorpresas en el fondo pero con preocupantes y novedosas señales de radicalización.</p>
<p><strong>Y enfrente de eso emerge una fuerza política con elementos nuevos y viejos, con una apariencia inofensiva y cordial pero cuya receta también es la polarización, una réplica del “ellos o nosotros” menos extrema o, tal vez, menos explícita</strong>. Una de las principales banderas del PRO fue el caudal de gente sin militancia que aportaba a la política. Si eso significa que vienen sin mañas, es bueno. Si significa que carecen de experiencia, es malo. Porque la historia está plagada de ejemplos que demuestran las ventajas del entendimiento. Acuerdo no siempre es sinónimo de componenda.</p>
<p><strong>El PRO, liderando una coalición, aparece como la única posibilidad para evitar más kirchnerismo y se resiste a asumir esa responsabilidad.</strong> Aislado entre propios, le dice que no a intentar por todos los medios la derrota del oficialismo. Su estratega ecuatoriano los convenció de que es mejor perder solos que ganar con otros pero no se trata de una simple elección. <strong>Estamos asomados a un precipicio de autoritarismo </strong>que nos alejará definitivamente del mundo y quedaremos a merced del kirchnerismo y su puñado de aliados: Rusia, Irán, China y Venezuela.</p>
<p>El PRO se niega a abandonar su discutible “purismo” y su actitud inflexible a pesar de la inminencia del peligro. Esa intransigencia ¿a qué remite? <strong>Cuando Mauricio Macri califica de “presiones” la opinión de quienes sugieren como superadora la opción de alcanzar una coalición opositora amplia ¿insinúa que los sectores que así lo manifiestan no debieran hacerlo? ¿No habría que decirle a los políticos que nos conducen lo que pensamos si disgusta? ¿Habría que solamente escuchar?</strong> Eso ¿a qué remite?</p>
<p><strong>Fuerzas encerradas en sí mismas, fuerzas que consideran un agravio las opiniones adversas y fuerzas incapaces de acordar por encima de sus intereses de parte son fuerzas sectarias.</strong> Y son fuerzas dañinas para la República.</p>
<p>El desafío argentino está planteado. Habrá que elegir entre un kirchnerismo que “va por todo” y un macrismo empacado en “solos o nada”. <strong>Será elegir entre dos sectarismos porque todo indica que uno de ellos va a ganar</strong>. Muy posiblemente sea peor la continuidad oficialista, pero es bueno advertir desde ahora que ninguno, en la práctica, está dispuesto a abonar el camino de las instituciones.</p>
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		<title>El fantasma de Scioli</title>
		<link>http://opinion.infobae.com/maria-zaldivar/2015/05/21/el-fantasma-de-scioli/</link>
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		<pubDate>Thu, 21 May 2015 09:17:25 +0000</pubDate>
		<dc:creator>María Zaldívar</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Tomando los datos que arrojan las encuestas con la prevención que se han sabido ganar, todo parece indicar que hoy <strong>los preferidos para octubre serían Daniel Scioli y Mauricio Macri.</strong></p>
<p>Esas mismas fuentes indican que <strong>el candidato K mide mejor solo que acompañado</strong> y que los posibles compañeros de fórmula que se barajan lo hacen perder hasta 5 de sus 36/40 puntos de intención de voto. Macri, que venía subiendo sin prisa pero sin pausa desde hace unos meses a esta parte, ha detenido la tendencia en las últimas dos semanas. <strong>Su ecuación triunfalista no se entiende demasiado si se tiene en cuenta que la provincia de Buenos Aires significa el 38% del padrón nacional y que allí el PRO está poco menos que en pañales</strong>: su candidata araña un dígito, le faltan candidatos en muchos partidos del distrito y el PRO ha perdido la personería jurídica o sea que estará impedido de presentar lista con esa “marca” y deberá apelar a un sello alternativo.</p>
<p>De todas maneras y así fueran cierto los 25 puntos de intención de voto del macrismo hay, como casi siempre, dos formas de mirar esa foto:<span id="more-59"></span></p>
<p><strong>El PRO festeja el progreso y se entusiasma con el batacazo</strong> (López Murphy vivió la misma euforia en 2003 frente a sus dos contendientes). Ellos sostienen que los que no quieran más kirchnerismo se van a volcar de su lado y el número que tienen hoy se incrementará en las urnas casi sin esfuerzo</p>
<p>También hay otra lectura para los mismos hechos: <strong>Scioli está peligrosamente cerca de ganar en primera vuelta y es un riesgo al que no debería enfrentarnos el PRO</strong>, empeñado en no sentarse a conversar con el massismo. Como a la principal fuerza de oposición le cabe la responsabilidad de extremar los intentos de doblegar al Frente para la Victoria, un engendro que ha devastado los poderes del Estado, la economía y las instituciones. Si el PRO sigue “peleando” más con el Frente Renovador que con el kirchnerismo, logra sacarlo de la carrera y se niega a unir fuerzas, los votos que le faltan a Scioli para ganar los podrá  obtener sin demasiada dificultad de un desmembrado Frente Renovador.</p>
<p><strong>Dividir el voto opositor es suicida y es lo que se está haciendo.</strong> El observador independiente se pregunta si la pelea entre Macri y Massa por obtener la preferencia del votante la fogonea Scioli, en tanto es el gran beneficiado en la contienda, o la empuja Elisa Carrió con la colaboración estratégica de algunos íntimos del jefe de gobierno a expensas de una gruesa contradicción implícita.</p>
<p>A pesar de sus elogios a Hitler y de su inclinación a destratar a propios y ajenos del modo que lo hizo con el diputado Federico Pinedo, <strong>Jaime Durán Barba es uno de los escuchados</strong>; sigue gozando de enorme influencia sobre su asesorado. <strong>El es quien lo convenció, entre otras cosas, de que la ciudadanía se ha despojado de rótulos partidistas</strong> y que sólo una minoría casi insignificante se autoproclama “peronista” o “radical”. Durán Barba repite desde hace años que la gran porción del electorado es “independiente” y que, para ganarse un trozo significativo de esa torta, no hay que definirse.</p>
<p><strong>Es altamente probable que, de esa convicción, se desprenda la ambivalencia ideológica del PRO que ha resultado, justo es reconocerlo, exitosísima.</strong> Desde que asomó a la vida pública hasta la fecha, el PRO es una fuerza que no se expide taxativamente sobre ningún tema ríspido pero que, paralelamente, ha conseguido que el votante tampoco se lo reclame. Y eso es, por cierto, otro logro. Un logro para los fines propios del PRO, claramente, no tanto para el sistema político en su conjunto y menos aún para la madurez cívica general.</p>
<p>Porque cuando sus competidores detectaron que así ganaba adeptos, lo imitaron. Y desembocamos en elecciones sin debate de ideas, con <strong>personalismos concentrados y campañas basadas en imágenes, sólo en imágenes. Una auténtica pobreza.</strong> Y fue, también, la puerta de entrada para personajes de escasa o nula formación que aprovechan la poca idoneidad que se requiere  hoy para acceder a un cargo público de relevancia.</p>
<p>La contradicción surge cuando Carrió, también apostando a la foto y la sonrisa, mira a la cámara y sostiene que lo elige a Macri porque conforma con él y algunos históricos del colectivo radical, una opción al peronismo. Una definición que seguramente disgusta al ecuatoriano, cultor del “no sabe, no contesta”.</p>
<p>Lo cierto es que <strong>Mauricio Macri no sólo tiene peronistas en sus filas y los tuvo desde sus inicios, sino que hizo alianza electoral con el peronismo en dos oportunidades:</strong> en 2009 con Francisco De Narváez y en 2013 con Sergio Massa.</p>
<p>La apuesta a la imagen no registra estos hechos; la campaña sólo retrata gente alegre, logros materiales, mejoras edilicias, corte de cintas y reuniones de trabajo. Todo bajo el paraguas de la buena onda y el despliegue de sonrisas y globos con el candidato besando chicos y ancianos. Por suerte para los que prefieren la verdad, existe el archivo.</p>
<p>“El acuerdo con Sergio Massa fue sellado en persona por Mauricio Macri”, dijo hace menos de dos años Emilio Monzó, el gran armador del PRO, para anunciar que el Frente Renovador cedía tres lugares en su lista de diputados nacionales al partido del Jefe de Gobierno porteño, que no pudo armar una lista propia en la provincia de Buenos Aires. No bien desembarcados en el Congreso, los flamantes legisladores abandonaron el barco. Pero ese es otro tema y sus conductas o la de sus jefes políticos quedan a consideración del lector. Ese acuerdo es similar al que cerrara en 2009  con Francisco de Narváez y Felipe Solá en el mismo distrito.</p>
<p>Así las cosas, la historia reciente desmiente a  Elisa Carrió respecto de la “opción republicana” o “el cambio” (según lo llaman los proístas) que estarían intentando conformar Carrió, Macri, “Coti” Nosiglia, Federico Storani, Daniel Angelici y “Lole” Reutemann por mencionar algunos pasajeros.</p>
<p>Los ciudadanos  moldeamos un poco a nuestros dirigentes. Mucho más en estos, los tiempos del marketing político. Ellos nos dan lo que les pedimos. Aquello de Groucho Marx “Estos son mis principios pero si no le gusta, tengo otros” dejó de ser un buen chiste y pasó a reflejar lo que pasa en la Argentina.</p>
<p><strong>Del “Macri es un delincuente” en 2003, “Macri es mi límite moral” en 2007, pasando por el  “Macri garantiza la impunidad” en 2011 al “Macri es un corrupto” del año pasado,</strong> Carrió aparece hoy, fresquísima, exultante en una foto con Mauricio Macri como apareció con Néstor Kirchner alentando a que lo votáramos y también junto a Aníbal Ibarra, para vencer, casualmente, a Macri.</p>
<p>Tras este nuevo hecho visual cabe preguntarse: ¿habrá algo más que la foto en ese acercamiento? A juzgar por las recientes PASO porteñas, esto es la primera contienda electoral posterior al anuncio, Carrió y Macri fueron enfrentados. <strong>¿Alguien sabe cómo jugará Carrió el 5 de julio?</strong> Volverá a pedir el voto para su candidato, Martín Lousteau, cuando eso podría implicar la derrota de su candidato presidencial en su distrito de origen?</p>
<p>Elisa Carrió se metió sola en la encrucijada que no parece tener resolución satisfactoria y lo arrastró al jefe de gobierno. <strong>Lo cierto es que ese temprano acuerdo le impide hoy unir fuerzas con su ex aliado, Sergio Massa.</strong> <strong>Y hasta el observador más despistado intuye que, mientras corren separados, el oficialismo les gana a los dos juntos.</strong></p>
<p>El 10 de junio se terminan las chances porque es la fecha límite para anotar alianzas y el 20 vence el plazo para las candidaturas. <strong>Ojalá el 60% que quiere un cambio no quede, como desde hace bastante tiempo, a expensas del kirchnerismo</strong> presenciando, impotente, cómo los que lo representan no lo representan.</p>
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		<title>¿Que se vayan todos?</title>
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		<pubDate>Tue, 10 Mar 2015 09:58:24 +0000</pubDate>
		<dc:creator>María Zaldívar</dc:creator>
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		<category><![CDATA["que se vayan todos"]]></category>
		<category><![CDATA[Gabriela Michetti]]></category>
		<category><![CDATA[Horacio Rodríguez Larreta]]></category>
		<category><![CDATA[macrismo]]></category>
		<category><![CDATA[Mauricio Macri]]></category>
		<category><![CDATA[PRO]]></category>

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		<description><![CDATA[“Que se vayan todos! Que se vayan todos! Pero, al final, el único nuevo soy yo”, solía repetir Mauricio Macri recién desembarcado en la contienda partidaria. Y un poco de razón tenía. En verdad, allá en el comienzo del siglo algunos nuevos más se sumaron pero cierto es que los “viejos” volvieron todos. La fuerza... <a href="http://opinion.infobae.com/maria-zaldivar/2015/03/10/que-se-vayan-todos/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>“Que se vayan todos! Que se vayan todos! Pero, al final, el único nuevo soy yo”, solía repetir Mauricio Macri recién desembarcado en la contienda partidaria. Y un poco de razón tenía. En verdad, allá en el comienzo del siglo algunos nuevos más se sumaron pero cierto es que <strong>los “viejos” volvieron todos.</strong></p>
<p>La fuerza que lideró el millonario fue una esperanza concreta que emergió con una energía directamente proporcional a la expectativa que generó. Para mejor, su idea-fuerza era <strong>“Somos jóvenes y nunca militamos”,</strong> con lo que venía a distinguirse de los no tan jóvenes y profesionales de la rosca política. Con esas dos banderas obtuvo la adhesión de un par de generaciones que, con él, se inauguraron en esto de la participación en la cosa pública.</p>
<p>Luego, cerca de alcanzar el ejercicio del poder real, Macri incorporó otro slogan: “Lo importante es la gestión”. Esa mirada de la tarea que le esperaba y una debilidad expresa por el marketing político marcaron sus administraciones. <strong>Emprender actividades de alta visibilidad y comunicarlas con el sello de su gurú estrella vinieron de la mano y cruzaron toda la era amarilla</strong>.<span id="more-47"></span></p>
<p>Pero el estallido del 2001 no responde a “la gestión”. El país no voló por el aire por una mala gestión, ni siquiera por la acumulación de varias gestiones defectuosas. La historia del mundo está plagada de ejemplos de malas gestiones y en ningún caso implicó quedar al borde de la disolución nacional. <strong>Nuestro punto débil fue la ausencia de un marco institucional,</strong> de los pilares que garantizan la sobrevida del sistema. <strong>Nada evitó el derrumbe porque las instituciones no tenian la solidez suficiente para contener y encauzar la crisis</strong>.</p>
<p>Ni Mauricio ni sus colaboradores percibieron esta diferencia esencial y desde entonces construyen a partir de <strong>ese enorme error de análisis que los llevó a sobreestimar las formas sobre el fondo</strong>, la bicisenda sobre el impulso a la democratización interna de los partidos, los festivales callejeros gratuitos (para los que los consumen) sobre la transparencia en la administración de los recursos públicos o las playas y sombrillas en las plazas porteñas sobre la promoción de un orden político distinto.</p>
<p>Una década despúes de haber ingresado en la contienda política, <strong>el macrismo está flojo de slogans.</strong> Ya no son tan jóvenes, adquirieron experiencia de militancia y se ha comprobado que, en ciertos momentos de un país, hay temas más importantes que la gestión. El que les tocó a ellos fue uno de esos momentos. Tal vez un político experimentado lo hubiese reconocido de inmediato. Aquella debacle reclamaba reconstrucción social y, fundamentalmente, moral; además, era oportuno porque la sociedad estaba permeable para acompañar y un producto político nuevo tenía altísimas posibilidades de tener éxito.</p>
<p>Sin embargo, el macrismo, <strong>en lugar de ofrecer un modelo distinto, optó por subierse a la calesita que viene girando hace décadas</strong>. Eligió a sus dirigentes a dedo, a dedo armó las listas y los amigos jugaron un papel decisivo a la hora de las decisiones. La consecuencia directa de esas prácticas es el alejamiento de quienes no están dispuestos a engrosar las filas de una fuerza política que desalienta la competencia interna. No hubo formación de cuadros, el “cursus honorum” no se puso en funcionamiento y las pruebas están a la vista: más de una década después de aparecer en el horizonte político, el macrismo, aún circunscripto a su distrito de origen, no busca los candidatos entre su propio semillero de militancia sino en las canchas de futbol y los estudios de televisión.</p>
<p>Ese mecanismo, que se hubiese podido disculpar en sus inicios, años después marca una falencia grave: no se trata de una forma excepcional de resolver la necesidad puntual de un partido nuevo en expansión sino que es una forma de hacer política. No es una excepción sino una elección. Eso, una conducta errática a nivel legislativo y la fascinación por permanecer en la función pública los pone en un plano de igualdad con la clase política que nos llevó al incendio del 2001.</p>
<p>Casi una década administrando una ciudad emblemática como Buenos Aires sumado a un grupo interesante de diputados nacionales, <strong>el PRO no logró marcar diferencias institucionales profundas ni provocar efectos beneficiosos en el sistema político argentino. </strong></p>
<p>En términos institucionales, ¿estamos mejor que antes del macrismo? ¿Sirvió a la República su aparición? ¿Evitó desvíos? ¿Ejerció una influencia virtuosa? ¿La nación es mejor con ellos? La respuesta queda para la reflexión personal.</p>
<p>Es más, la inexperiencia en términos partidarios de Mauricio Macri y la de sus máximas figuras los hacen incurrir en errores políticos con consecuencias impredecibles para ellos, su espacio y el país. <strong>Tan de Mauricio es el partido que a nadie sorprendió los titulares que anunciaban “Macri habilitó a Michetti a competir en Capital”.</strong> Hasta donde sabemos, quien la habilita es la ley. Alguno dirá que el Jefe de Gobierno tiene merecido este tropezón por haber malacostumbrado a Michetti a alcanzar, a dedo, la postulación a los cargos que pretendía. Es la vieja historia del invento que complica al inventor.</p>
<p>Ahora la pelota la tienen sus simpatizantes que, hasta el presente, nunca reprocharon al PRO que calcara el comportamiento de sus pares en cuanto al personalismo interno y tampoco castigaron a Gabriela Michetti por abandonar los cargos después de pedirle a Macri competir por ellos y a la población, el voto para obtenerlos. <strong>En 2009 renunció a la vicejefatura de gobierno para ser diputada y ahora está dispuesta a dejar la banca de senadora para ser jefe de gobierno.</strong> Estas prácticas, habituales entre los históricos, no debería haberlas copiado un partido nuevo con gente nueva. Esa película ya la habíamos visto.</p>
<p><strong>A las puertas de una interna que va a desgastarlos innecesariamente,</strong> el PRO vuelve a equivocar el foco. Hace una década no era la gestión el peor de nuestros males y hoy tampoco es momento de personalismos; <strong>parecen transitar la enfermedad de los partidos viejos: mirarse el ombligo</strong>. A menos que las diferencias que enfrentan a Michetti y Rodríguez Larreta sean más profundas que cuestiones estrictamente personales y le den sentido a esa pelea. Si es así, sería hora de saberlo.</p>
<p>Mientras tanto, nadie parece advertir allí que la Argentina enfrenta el grave peligro de continuar en este proceso, estéticamente legal, de ahorcamiento de las libertades individuales a partir del avasallamiento de la división de poderes y que el PRO, como parte importante de la oposición, debe hacer todos los esfuerzos posibles para evitarlo. Por ahora, la interna es el todo y eso, para la ciudadanía, es más de lo mismo.</p>
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		<title>La política nos reclama</title>
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		<pubDate>Sun, 11 Jan 2015 10:08:09 +0000</pubDate>
		<dc:creator>María Zaldívar</dc:creator>
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		<description><![CDATA[El que esté harto que levante la mano. El que esté desganado, también. El que crea que la política hace años se volvió una calesita, el que se aburre de leer los mismos comentarios sobre los mismos temas de parte los mismos opinólogos; los que sean capaces de adelantar lo que van a decir la... <a href="http://opinion.infobae.com/maria-zaldivar/2015/01/11/la-politica-nos-reclama/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>El que esté harto que levante la mano. El que esté desganado, también. El que crea que la política hace años se volvió una calesita, el que se aburre de leer los mismos comentarios sobre los mismos temas de parte los mismos opinólogos; los que sean capaces de adelantar lo que van a decir la mayoría de los entrevistados en la televisión porque descubrieron hace rato que se trata de paupérrimas escenificaciones protagonizadas por un puñado de abonados que se plagian a sí mismos; que levanten la mano aquellos a quienes les cuesta más cada año renovar expectativas de cambio; los que dejaron de leer los diarios con avidez y solo los hojean porque están seguros de no sorprenderse con nada bueno; los que miran la realidad y fruncen la nariz, y la calificarían de menos de lo mismo; los que votan más porque es obligatorio que porque es un derecho; los que reconocen enseguida las frases hechas, los lugares comunes de la política y las expresiones de deseo que suelen ir siempre en dirección contraria a la realidad; y también levanten la mano los que tienen miedo a la delincuencia y al futuro, porque ambos lucen desmadrados; los que creen que nadie toma decisiones, y que si nadie se anima ni asume riesgos las cosas no cambian más que para peor.</p>
<p>Esta nota va dirigida a todos ellos; a los que sienten que la mediocridad de los funcionarios públicos no los representa, como no los representan las opciones exhibidas en la góndola de los partidos. Esta nota va dirigida a los que trabajan con seriedad, a los que estudian con ahínco, a los cumplidores, a los que tienen palabra, a los decentes, a los que madrugan, a los que pagan sus cuentas y a los que tienen por costumbre decir la verdad, que son millones. <strong>El mensaje para esos disconformes es que no son pocos y que está muy bien que no se sientan representados por los políticos de la calesita, porque esos se representan entre ellos pero no a nosotros.</strong> Y está muy bien que rechacen a la casta empresaria argentina que hace negocios con los de la calesita y que con sus dineros, dudosamente multiplicados, sostienen a los peores en los lugares de decisión. No puede haber nunca entendimiento con ellos porque somos líneas paralelas. No van a cruzarse ni a coincidir nunca. En nada. Por suerte.</p>
<p>La grieta social que el kirchnerismo produjo existe pero debería haber sido entre esos agentes de perdición y los demás. Pero no. La grieta K es una grieta perversa; es entre los que están con ellos y los que no pero tan perversa es que nadie puede delimitar con precisión por dónde va la línea divisoria; quiénes más, además de ellos, son “ellos” también. Mientras tanto, destruyen. Unos por acción, otros por omisión. Los tres poderes del Estado están en jaque: el Ejecutivo, con una Presidente acusada desde usurpar un título universitario a ser propietaria de dineros mal habidos; el Legislativo, por sesionar poco y nada y bailar al compás de los caprichos de Cristina Kirchner, una conducta vergonzosa que deberá estudiarse en el futuro como la complicidad de los representantes del pueblo en la destrucción de las instituciones; y el Judicial, por estos días se ve claramente, como un poder que ejerce muy cada tanto su imprescindible independencia, con escasas dosis de coraje y que viene convalidando, salvo honrosas y aisladas excepciones, el latrocinio.</p>
<p><strong>¿Qué persona de bien puede sentirse representada por alguno de estos modelos?</strong> Bienvenidos los hartos porque las medias tintas, los “y, bueno, los argentinos siempre fuimos así” nos trajeron hasta acá. La cuestión es qué se hace con la desazón. Salir a la calle está probado que no sirvió. Cuando un régimen se instala la opinión de los ciudadanos pasa a ser intrascendente. Cuba es un caso testigo y, para los que pensamos que aquello es un extremo que se pudo convalidar hace medio siglo pero que hoy sería inviable, Venezuela es el aquí y ahora. Al régimen no le importan las marchas y esas demostraciones masivas no perjudican al Gobierno; las pruebas están a la vista.</p>
<p>En lo personal, 2014 cerró con la iniciativa de formar un foro que fomentara el ejercicio de la buena justicia. Y así nació “Usina de Justicia”. Mentes notables y profesionales prestigiosos se reunieron a pensar el tema. Mi aporte a la reflexión fue preguntar por qué esas neuronas estaban concentradas allí y no participando de las mesas de decisión. Y porque la política se cambia desde adentro agregué: “La política nos trajo hasta acá, la política nos tendrá de sacar”. Hace algunos años, en una esclarecedora charla con Alvaro Vargas Llosa, me dijo que en “nuestros” países, en referencia a Perú y Argentina, es imprescindible que la gente decente, preparada y bienintencionada se involucre con la cosa pública porque de otro modo dejamos el Estado para que lo colonicen los peores.</p>
<p>Esa frase parece una foto de nuestra realidad.  Ya que los hemos dejado va a ser muy arduo desalojarlos. Se trata de personas que llegaron en colectivo a esos escritorios y que ahora se movilizan en aviones privados propios. Van a pelearla como se empieza a ver. Ojo que la bochornosa movida que hizo la Procuradora Gils Carbó para garantizar la impunidad del kirchnerismo, la interna que anuncia batalla campal en el PRO por la sucesión en la Capital o el auto-descuartizamiento de UNEN son solo la punta del iceberg. Pero hay que celebrar que sucedan porque así como la política se cambia desde la política, según dice Carlos Montaner (que algo de dictaduras conoce) los sistemas políticos autoritarios se caen desde adentro. Y agrega: “Solo desde adentro”.</p>
<p><strong>Vaya esta reflexión para los que aún sugieren marchas y otras expresiones aisladas para cambiar el estado de cosas.</strong> Claro que no gustan. A Maduro le molesta ver a millones de personas en la calle pero, a diferencia nuestra, los venezolanos están dispuestos a ir a la cárcel y hasta a morir por la causa de la libertad. Cómo será que molesta a los burócratas la sola visión de individuos manifestándose pacíficamente que el kirchnerismo y el macrismo quieren judicializar esa acción. De uno se entiende. Del otro, cuyos dirigentes suelen viajar a Caracas para acompañar a los manifestantes, es inexplicable que quieran que eso que apoyan allá, sea delito acá. El kirchnerismo permitió y alentó la toma del espacio público durante una década porque jaqueaba a un amplio sector de la población que retrocedía con temor lógico ante esos forajidos con la cara tapada y palos en la mano. Pero el macrismo se acordó diez años tarde de pedir que eso fuera considerado fuera delito.</p>
<p>La corporación política tiene esos pliegues y complicidades que dejan afuera al ciudadano de a pie. De vuelta: por suerte. Por eso casi ninguna de esas fuerzas políticas hace internas, y se eligen a dedo entre ellos. Porque son estructuras poderosas donde se premian cualidades distintas a las que exaltaría el votante común. ¿No será suficiente lo que nos han limado nuestra calidad de vida, nuestras instituciones, nuestro futuro y nuestro presente? ¿No será tiempo de complicarles la vida a ellos, de decirles “basta” y de tomar sus puestos? La política nos reclama. Este es un llamado de aquí y ahora. Como dice Machado: “Ahora es el tiempo de cumplir las promesas que nos hicimos. Porque ayer no lo hicimos. Porque mañana es tarde”. Ahora.</p>
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		<title>Cuando los extremos se parecen</title>
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		<pubDate>Wed, 15 Oct 2014 09:31:52 +0000</pubDate>
		<dc:creator>María Zaldívar</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Justicia]]></category>
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		<description><![CDATA[Cuando desde esta columna se insiste con marcar el parecido políticamente genético que el macrismo y el kirchnerismo tienen en el modo de ejercer el poder, no siempre fue bien recibido. Más allá de los modos y las formas, importantes pero no tanto como el fondo, escasean las diferencias estructurales entre ambos.  Que los funcionarios de Macri... <a href="http://opinion.infobae.com/maria-zaldivar/2014/10/15/cuando-los-extremos-se-parecen/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Cuando desde esta columna se insiste con marcar el parecido políticamente genético que el macrismo y el kirchnerismo tienen en el modo de ejercer el poder, no siempre fue bien recibido.</p>
<p>Más allá de los modos y las formas, importantes pero no tanto como el fondo, escasean las diferencias estructurales entre ambos.  Que los funcionarios de Macri no usen corbata y los kirchneristas sí, por ejemplo, no hace al sistema republicano. <strong>En cambio, el impedimento de los macristas de hablar con la prensa sin autorización previa de sus superiores los emparenta con el kirchnerismo, cuyo verticalismo en materia comunicacional es conocido</strong>. También comparten el inquietante gesto de ignorar los reclamos de las minorías políticas. &#8220;Formen un partido, ganen elecciones y luego tomen las decisiones que crean convenientes&#8221; es un consejo de Cristina Kirchner que el PRO siguió al pie de la letra.</p>
<p>El habitante de la ciudad de Buenos Aires votó en 2007 por un partido en cuya plataforma política se &#8220;invita al debate de la sociedad&#8221;. Eran las épocas en que el líder del PRO soñaba con la incorporación del ex ministro Roberto Lavagna. &#8220;Ojalá Lavagna evolucione hacia esta propuesta&#8221; decía el entonces diputado Mauricio Macri.</p>
<p><strong>Las cosas fueron como fueron. Ni Lavagna se sumó al PRO ni el PRO debatió con la sociedad sus proyectos para la capital.</strong> No figuraba en aquella plataforma la modificación de la fisonomía de la ciudad de Buenos Aires, por lo tanto nadie votó por las bicisendas y el microcentro -totalmente transformado en peatonal-, ni debatió, luego, sobre los beneficios de su implementación. Formaron un partido, ganaron las elecciones e hicieron lo que quisieron. Eso es muy K.</p>
<p>Desde hace algún tiempo existe una ardua disputa por la boca de subte que el macrismo pretende instalar en un lugar rezonificado en 2009 como APH (Área de Protección Histórica) denominada &#8220;Ámbito Recoleta&#8221;. Para hacerlo sencillo, estamos hablando de la Plaza Alvear, conocida como Plaza Francia.</p>
<p>El Código de Planeamiento Urbano define de este modo esa parte de la ciudad:  &#8221;Este sector urbano tiene valores históricos, urbanísticos, arquitectónicos y simbólicos. Es un hito urbano de alta calidad ambiental, con un espacio público que es referente a escala de la ciudad por su identidad y reconocimiento comunitario. Constituye además un circuito cultural y turístico sólidamente consolidado, caracterizado por el conjunto conformado por la Iglesia Nuestra Señora del Pilar, el Cementerio de la Recoleta y el Centro Cultural Recoleta y por la presencia de actividades comerciales y de recreación&#8221;.</p>
<p>En ese lugar el gobierno porteño insiste con instalar una boca de subte. Miles de vecinos se opusieron. Por lo que dice el Código (zona R2) y porque esa área es considerada &#8220;zona residencial&#8221;. También por el Código. Porque el concepto de &#8220;zona residencial&#8221; no es un capricho, una excentricidad o un snobismo; está definido por el Código de Planeamiento Urbano. Y por la civilización. Deberían entenderlo fácilmente el jefe de Gobierno y muchos de sus funcionarios que, como él, viven en Barrio Parque, zona residencial si las hay. Las zonas residenciales existen en todas las ciudades del mundo. Y una de las características sobresalientes en todas es la escasa,  y a veces hasta nula, concentración de transporte público.</p>
<p><strong>Lástima que, además de copiar de Europa el afán por la bicicleta, no se contagien nuestras autoridades locales el amor por conservar espacios y tradiciones. Pero, además, si no lo hicieran por una mirada cultural, al menos deberían hacerlo por respeto a la ley. </strong></p>
<p>Si bien fue imposible hacerle entender el punto al PRO, los vecinos representados por una ONG consiguieron que la Justicia los escuchara. Y les diera la razón. En dos oportunidades, a falta de una. ¿Qué herramienta tiene el habitante de la Ciudad frente a lo que considera una arbitrariedad del Estado sino recurrir a la justicia? Pero los que formaron un partido y ganaron las elecciones no consiguen digerir el revés. No se animan a desacatar el fallo judicial y ahora encima ya ni siquiera tienen los fondos para encarar la obra. “A Dios, gracias” dicen los lugareños, pero han tenido la estrambótica idea de demandar a quienes impulsaron el amparo.</p>
<p>Si es el juez el que tomó la decisión ¿por qué no se la agarran con él, que es quien frenó la obra? ¿Por qué apremian al particular que lo único que hizo fue dirigirse con su inquietud a la Justicia y que ahora no hace más que acatar el fallo? ¿Se tratará también de vecinos &#8220;buitres&#8221; que persiguen oscuros intereses? ¿Por qué le cuestan tanto los límites a los burócratas?</p>
<p>La Justicia está para dirimir conflictos. Acá y en Estados Unidos. Ignorar una sentencia no dista demasiado del despropósito de demandar a quien nos ganó una controversia. Los funcionarios que lo hacen envían una pésima señal de desprecio manifiesto por la función de uno de los poderes del Estado. O no. Tal vez la ciudadanía esté a tiempo de ver quién es quién a la hora de ejercer el poder, cabe recordar, delegado.</p>
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		<title>La Gran López Murphy</title>
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		<pubDate>Tue, 30 Sep 2014 02:27:53 +0000</pubDate>
		<dc:creator>María Zaldívar</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Cristóbal Colón]]></category>
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		<category><![CDATA[PRO]]></category>
		<category><![CDATA[Ricardo López Murphy]]></category>

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		<description><![CDATA[Aunque mantenga el perfil bajo, la sombra de Eduardo Duhalde sigue merodeando entre bambalinas. Como la sociedad argentina es muchas cosas pero, esencialmente, impredecible, nadie sabe por qué echó sobre el pesificador asimétrico un manto de impunidad que lo mantuvo con vida política más allá del desastre que provocó. Casi nadie lo responsabiliza de la estafa más grande que la historia moderna registra, por la que grandes empresas... <a href="http://opinion.infobae.com/maria-zaldivar/2014/09/29/la-gran-lopez-murphy/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Aunque mantenga el perfil bajo,<strong> la sombra de Eduardo Duhalde sigue merodeando entre bambalinas.</strong> Como la sociedad argentina es muchas cosas pero, esencialmente, impredecible, nadie sabe por qué echó sobre el pesificador asimétrico un manto de impunidad que lo mantuvo con vida política más allá del desastre que provocó. Casi nadie lo responsabiliza de la estafa más grande que la historia moderna registra, por la que grandes empresas endeudadas localmente en dólares hicieron el increíble negocio de esfumar sus obligaciones en esa moneda, mecanismo por el cual y simultáneamente el grueso de la sociedad argentina descendió abruptamente un par de escalones en su nivel de vida y unos cuantos millones pasaron a la pobreza extrema de un plumazo.<span id="more-14"></span></p>
<p>Ese Eduardo Duhalde, que le pegó en los talones a De la Rúa hasta voltearlo, el que renunció a sus planes presidenciales tras la revuelta de Puente Pueyrredon, es el “elegidor” de los Kirchner. Es el que anduvo por el interior del país ofreciendo la primera magistratura como si le perteneciera y pocos se preguntaron sobre su legitimidad para semejante tarea. Después, el público se espanta de los extremos a los que llegamos. Estas cosas son parte del trayecto; no se va de Alberdi a Cristina Kirchner de un solo paso.</p>
<p><strong>Es muy posible que estemos frente a un escenario electoralmente similar al del 2002,</strong> en el que se pueda repetir la bien urdida trampa del duhaldismo.</p>
<p>El gran titiritero, que digitó el precipicio de De la Rúa y alentó la derrota de Carlos Menem aún más que el triunfo de Néstor Kirchner, utilizó la euforia por Ricardo López Murphy para la concreción de su plan.</p>
<p>Había, como en la actualidad, una sociedad que después de exprimir hasta la indecencia los beneficios que la administración política vigente ofrecía, pidió un cambio, por lo menos, de caras. Ahí el peronismo ideó aquello de ofrecerse al electorado servido en envoltorios diferentes, una modalidad que instaló entonces y que llegó, por supuesto, para quedarse.</p>
<p>Así empezó la ciudadanía entera, en una suerte de ignorancia compulsiva, a participar de la interna pejotista. Si bien las propuestas peronistas entonces eran tres, <strong>la pelea de fondo se planteaba claramente entre Kirchner y Menem.</strong> Atrás, desde otro palo y con el ánimo templado por la emoción de estrenarse en las grandes ligas, venía Ricardo López Murphy. Era &#8220;el&#8221; candidato. Un candidatazo: formado, probo, moderado y de convicciones firmes. Ideal para darle aire. Y mientras importantes segmentos de la población lo elegían genuinamente, el duhaldismo-kirchnerismo, también, aunque por motivos menos santos.</p>
<p>Su tercer puesto cómodo empezó, por obra de esas encuestas carísimas que su propio sector no podía pagar por la modestia de sus recursos de campaña, a transformarse en segundo. Y a veces sonaba hasta cabeza a cabeza con el primero. Y la euforia los ganó a los lopezmurphistas. Y a López Murphy. <strong>La misma euforia que hoy se apoderó del macrismo</strong>. Y de Macri, que iba tercero cómodo, y que de repente empieza, sin haber hecho nada distinto salvo más propaganda, a adelantarse y que en las últimas horas un encuestador -que hace dos semanas lo medía en tercer lugar- hoy lo ve liderando la intención de voto.</p>
<p>En 2003, la realidad contradijo a las encuestas pero el objetivo de embarrar el ballotage estaba logrado. ¡Grande Duhalde! <strong>Si el voto no oficialista no se hubiera dispersado, otra hubiera sido la historia. </strong></p>
<p>El idiotismo útil que apoyó a López Murphy en 2002 hoy está a full con Mauricio Macri. No ven la trampa ni el peligro. No cambian ni aprenden. No quieren porque después de una década no pueden aducir ingenuidad. Mi abuela, con esa inteligencia llana que suele superar en pragmatismo a la erudición de tubo de ensayo, se preguntaría: &#8220;¿Son o se hacen?&#8221; Y la mezcla de erudición y experiencia (o sea saber más conocerlos) le respondería: &#8220;Son, abuela. Son. Le están haciendo el juego, como hace doce años, al mismo eje. No satisfechos con haberlos autorizado a desperdiciar una década, vuelven a permitir hoy que Duhalde y Kirchner los usen para seguir digitando y arruinando nuestras vidas&#8221;.</p>
<p>&#8220;Pero ya está, abuela. No hay peor sordo que el que no quiere oír. Es tan grave la situación y tan poco el tiempo que hay que dedicar los esfuerzos en razonar con los millones de personas de buena voluntad que quieren, en serio, sacarse de encima a Duhalde y a Kirchner. Sobre ellos hay que concentrarse <strong>mientras los PROperonistas votan con el kirchnerismo</strong> elevar el pañuelo de Bonafini a la categoría de símbolo &#8220;patrio&#8221; o el traslado del monumento a Cristóbal Colón para no herir los ojos de la Presidente. O mientras se juntan con el oficialismo garantista a formular modificaciones al Código Penal para alegría de la delincuencia&#8221;.</p>
<p>Porque para el autoritarismo la ley modifica la realidad. Y si no es posible modificarla por ley, se las ignora; a ambas. Y listo. Colón deja de ser Colón en cuanto no lo vemos. El pañuelo de Bonafini incorpora lustre no bien la ley que lo dispone entra en vigencia. Y si así no fuera, si algún individuo osara no emocionarse con el pañuelo de Bonafini como cuando ve flamear la bandera de Belgrano, siempre habrá un funcionario dispuesto a amenazarnos con el cumplimiento de la ley. Porque la ley cambia de objeto en los regímenes totalitarios; en lugar de ser el marco que limita el poder del Estado es el arma del burócrata para el disciplinamiento del individuo.</p>
<p>&#8220;El que no lo ve, abuela, y no lucha contra ello, colabora con la instalación del poder absoluto y discrecional. <strong>Fijate la contradicción boba del macrismo: va a Venezuela a apoyar cuanta manifestación se realiza contra el regimen agobiante de Chávez y sus herederos, y en la Argentina acompaña al kirchnerismo </strong>en su intención de judicializar la toma de las calles por parte de la ciudadanía. A ver, abuela ¿vos te acordás quién fogoneó los piquetes? ¿Quién inventó los tipos con palos en la mano y la cara tapada apoderándose de nuestra libertad de transitar, que emergieron como pulgas en los primeros años del kirchnerismo? ¿Y no supusiste que, al no reprimir tamaña conducta antisocial, el gobierno la alentaban? ¿Y no te preguntás por qué ahora, súbitamente cambian de opinión y buscan una herramienta legal para aplacar las manifestaciones callejeras?&#8221;</p>
<p>Ahí la abuela me recordaría que desde hace un par de años somos otros los que salimos a la calle, y que al ser tantos, las cortamos. Y seguramente me diría: &#8220;Aaaah! Pero claro, m&#8217;hija! Nos quieren dejar en off side! Si fuera delito manifestarse, cuando salimos contra la 125 hubiéramos terminado presos. O cuando defendíamos la independencia de la justicia o reclamamos seguridad. Esas marchas multitudinarias no hubieran podido hacerse&#8221;.</p>
<p>Hasta la abuela se daría cuenta de que ésta es la pelea de fondo, que el &#8220;Dialogar nos une&#8221; de Federico Pinedo no estaría dando frutos y que está en los planes del kirchnerismo acallar, por no decir aplastar, las manifestaciones adversas. Como hace el chavismo en su país. Y la abuela agregaría: &#8220;¡Mirá si fuera delito en Venezuela salir por las calles a mostrar disconformidad a la dictadura hornitológica!&#8221;. Bueno, eso. El PRO apoya en Venezuela lo que pide castigar en la Argentina. Y aplaudió de pie a la Presidente cuando lo propuso en la apertura de las sesiones.</p>
<p>Hay que entender que hoy necesitamos toda la flexibilidad para armar una oposición responsable y firme que los desarticule y los aleje del poder. Pero también que hay que entender que <strong>al kirchnerismo no hay que acompañarlo más que a la puerta</strong> y, exclusivamente, para asegurarse de que en verdad se vaya.</p>
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