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	<title>Mundo Asís &#187; Auckland</title>
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		<title>Sigilosos programadores de la espontaneidad</title>
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		<pubDate>Wed, 10 Jul 2013 16:31:53 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Mundo Asís</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Las rebeldías de las clases medias de Turquía, Brasil y Egipto, ningunean las protestas de Argentina. Sobre Informe de Consultora Oximoron Redacción final Carolina Mantegari Desde Francis Fukuyama, en el Wall Street Journal, o Luis Fernández-Galiano, en El País, hasta Luisa Corradini, en La Nación. Emergen por doquier los dadores voluntarios de interpretación sociológica. Se... <a href="http://opinion.infobae.com/mundo-asis/2013/07/10/sigilosos-programadores-de-la-espontaneidad/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Las rebeldías de las clases medias de Turquía, Brasil y Egipto, ningunean las protestas de Argentina.</strong></p>
<p>Sobre Informe de <strong>Consultora Oximoron</strong><br />
Redacción final <strong>Carolina Mantegari</strong></p>
<p>Desde <strong>Francis Fukuyama</strong>, en el <strong>Wall Street Journal</strong>, o <strong>Luis Fernández-Galiano</strong>, en <strong>El País</strong>, hasta <strong>Luisa Corradini</strong>, en <strong>La Nación</strong>.<br />
Emergen por doquier los dadores voluntarios de interpretación sociológica. Se ocupan de la rebelión de las capas medias.<br />
“El fantasma que recorre el mundo”. Alborota las calles y agita las plazas. Arrinconan gobiernos con las respectivas listas de reclamos.<br />
El fenómeno -para Consultora Oximoron- es transversal.<br />
Con matices diferenciadores, se destacan las rebeliones que transcurren en <strong>El Cairo</strong>, Egipto; <strong>Estambul</strong>, Turquía; en <strong>San Pablo</strong> y tantas ciudades de Brasil.</p>
<p><span id="more-373"></span>Al indagarse en algún punto de partida inspirador, nunca falta el profesor brasileño de <strong>Campinas</strong>. Con presentable audacia de exportación, alude, comparativamente, a las piedritas del mayo francés. Del 68, en París.<br />
Otros improvisados, menos efectistas, prefieren hurgar entre los españoles socialmente desvencijados. Indignados que solían broncearse en la <strong>Puerta del Sol,</strong> en <strong>Madrid</strong>. O los exhibicionistas que se fotografiaban en la <strong>Plaza Zuccotti, de Manhattan.</strong><br />
<strong>Tesis Oximoron: por la creciente intrascendencia del país, ni se tienen en cuenta las protestas que transcurrieron en Argentina.</strong></p>
<p>Llama la atención que se omitan, con frontalidad, las tres manifestaciones masivas que supieron organizar los “sigilosos programadores de la espontaneidad”. Profesionales de la improvisación como Lucho, Naza y El Correntino.<br />
En la Argentina blanca. En banda, pero creativa y bulliciosa.<br />
Expresiones multitudinarias, discutiblemente populares, que recibieron el nombre (importado) de “cacerolazos”.<br />
Metodología patentada, en realidad, por la burguesía de <strong>Santiago</strong>, <strong>Chile</strong>, en 1972. Cuando las damas sensibles del barrio “momio” de Providencia salían a golpetear sus cacerolas. Durante el gobierno frágil de <strong>Salvador Allende</strong>. Sostenían (las damas) que nada encontraban para cocinar en ellas.</p>
<p><strong>Controlar la calle</strong></p>
<p>Significa confirmar -para Oximoron- que a la Argentina cristinista se la ningunea hasta para la protesta.<br />
Injusticia. Porque <strong>Néstor Kirchner</strong>, El Furia, supo ubicarse, preventivamente, a la vanguardia en la materia.<br />
En su deseo de asegurarse el control de la calle. En el sub-continente, la “calle” ya se había cargado un par de presidentes. <strong>Ecuador</strong>, <strong>Bolivia</strong>, la propia Argentina.<br />
Para controlar la calle, El Furia invirtió irresponsables millones del <strong>Gorro Frigio</strong>. Para la minuciosa lubricación de las “organizaciones sociales”. Conjunción de desamparados que cortaban -gratis- los puentes y los cruces, en general entre los martes y los jueves. El cuento dominante consistía en no “criminalizar la protesta”.<br />
En el extendido primer tramo, El Furia contó, además, con el aporte invalorable de <strong>Hugo Moyano</strong>, El Charol. Intimidaba a los eventuales protestones con “el encanto de la negritud”.<br />
De todos modos El Furia sólo alcanzó a “compartir la calle”. Con la izquierda de verdad. Bastante descolocada -la pobre izquierda- en su retroceso. Y vaciada.<br />
Con determinados arrebatos, El Furia les había soplado la argumentación.</p>
<p>De todos modos -para Oximoron- la parafernalia del derroche no le garantizó a El Furia el control total de la calle.<br />
Bastó, para preocuparlo, con la credibilidad inicial del dolorido<strong> Juan Carlos Blumberg</strong>, El Ingeniero.<br />
Aquel Blumberg conmovía. Convocaba inquietantes multitudes silenciosas. En la noche y con antorchas, clamaban por la falta de seguridad. Exigían una dureza ingenua, impracticable.<br />
El pragmatismo de El Furia consiguió eclipsar a Blumberg, sobre todo cuando El Ingeniero se creyó posiblemente presidenciable.<br />
En adelante El Furia respiró de nuevo con alguna tranquilidad. Para volver a sufrir, la toma de las calles, cuando ya no era presidente. Con “el conflicto del campo”.<br />
Bastó entonces -continúa el Informe Oximoron- con un puñetazo providencial de <strong>Luis D’Elía</strong>, El Falso Negro, para evitar que los movilizados le coparan la simbología de la Plaza de Mayo.</p>
<p><strong>Mandíbulas y bocados</strong></p>
<p>Aunque la Plaza de Mayo pronto la iban a ocupar “los sigilosos programadores de la espontaneidad”. Sin saber bien, en el fondo, para qué.</p>
<p>Expertos en el arte de la viralidad, Los Sigilosos manejaban 150 páginas web. Se ufanaban de contar con millares de “me gusta”, en el <strong>Facebook</strong>.<br />
Armaban -Los Sigilosos- a través de una mesa chica de treinta genios. Derivó en una mesa ratona de conducción. De tres. A lo sumo cuatro.<br />
Pero Los Sigilosos se cuidaban de no levantar mucho la cabeza. Por la interna.<br />
Había 150 que creían repentinamente ser dirigentes nacionales. Los celaban.</p>
<p>Cuentan que una vez se les propuso: “Pongan la cara ustedes, les ponen gratis multitudes a los dirigentes que no pueden llenar un ascensor”.</p>
<p>Pero Los Sigilosos no se atrevieron, “por la interna”.<br />
Pudieron ser pronto mandíbulas y se convirtieron en tiernos bocados. Para políticos de la nomenklatura opositora que legitiman, por su irrelevancia, al oficialismo que complementan.</p>
<p>Sin el menor reconocimiento, y a pesar de ellos, fueron imitados en diversos países.<br />
Ahora Los Sigilosos -según el Informe Oximoron- se proponen organizar un nuevo sarao de protesta.<br />
Para el 8 de agosto. Tres días antes del ensayo de las elecciones primarias.<br />
De manera que se pone en marcha la próxima viralidad.<br />
Arranca desde <strong>Sidney</strong>. O desde <strong>Auckland</strong>, <strong>Nueva</strong> <strong>Zelanda</strong>. Hasta <strong>Barracas</strong>. Con foco central -como los petiteros de antaño- en <strong>Callao y Santa Fe.</strong></p>
<p><strong>La producción de clase media</strong></p>
<p>Entre los solemnes lugares comunes, que florecen en todos los idiomas para explicar la rebelión, salta como causa, invariablemente, la fabulosa producción de clase media.<br />
Se registró, sobre todo, en Brasil. O en Turquía (pese al fastidio del canciller Patriota, cuando se lo equipara).</p>
<p>Con optimismo sociológico, especulan que, en los últimos diez años, alrededor de cincuenta millones de miserables accedieron, en Brasil, a la estampilla de pertenencia a la clase media.<br />
Sin embargo el crecimiento -prosiguen- no fue acompañado por la “calidad de los servicios”, que brindan los estados, en general corruptos. Con una “gran brecha” distante entre representantes y representados.<br />
Previsible “consecuencia del crecimiento”. Efecto involuntario.<br />
Verso bonito, después de todo, bien armado. Una pinturita de otros sigilosos artesanos.<br />
La teoría cierra con los hospitales berretas, los transportes públicos misericordiosos.<br />
Bastó con un nimio aumento en el precio del transporte para que los brasileños, de clase media forzada, se movilizaran para ocupar las primeras planas de los informativos del mundo. Y produjeran el despliegue desastrosamente masivo que sirvió para que la señora <strong>Dilma</strong>, la presidente de Brasil, retrocediera. Justamente cuando en el mundo se ponderaba el <strong>“fenómeno Brasil”.</strong><br />
En un momento de proyección del País <strong>BRICS</strong>, que pretende la membrecía permanente del Consejo de Seguridad (a pesar de Argentina y de <strong>México</strong>). Cuando se lanza a organizar el <strong>Campeonato Mundial de Fútbol de 2014</strong>. Mientras sus habitantes sorprendían con el otro perfil. El de las carencias básicas.</p>
<p>Para Oximoron, tampoco se pueden comparar los episodios de Brasil, Turquía, de España (incluso de la ninguneada Argentina) con los móviles de las capas medias de Egipto.<br />
Porque los egipcios se amontonaron en la <strong>Plaza Tahrir</strong>, de El Cairo, con el objetivo, de mínima, de conseguir la caída de un gobierno. Pero finalmente se cargaron dos. <a title="La desgracia" href="http://www.jorgeasisdigital.com/2013/07/08/la-desgracia-de-egipto/">El de <strong>Moubarak</strong> y el de <strong>Morsi</strong>. </a></p>
<p><strong>Catarsis</strong></p>
<p>Menos que a la reproducción de capas medias, en la Argentina de La Doctora se asiste, en cambio, a la penosa declinación de las mismas.<br />
Las que fueron ejemplo en el continente. Cuando aún el país tenía presencia. Era mandíbula, tallaba. Pero se convirtió en duro bocado.</p>
<p>Aquí, cuando las capas medias salen a protestar, lo hacen con objetivos fuertemente emocionales. Infortunadamente comprensibles, pero difusos.<br />
Concatenación de broncas contenidas. Hartazgos justificables. Frustraciones obsesivas. Falta de representación política e impotencia filosófica.<br />
De todos modos <strong>Los Sigilosos Programadores de la Espontaneidad,</strong> ya desde 400 webs, se dan su tiempo para organizar la ronda que se viene.<br />
El 8 del 8, a partir de las 8 (felizmente fuera del horario de oficina).<br />
Tal vez Los Sigilosos cuenten, para el 8 del 8, con alguna idea innovadora para fundamentar mejor el nuevo amontonamiento.<br />
<a href="http://www.jorgeasisdigital.com/2013/04/19/la-catarsis-de-la-argentina-blanca/">La (próxima) Catarsis de La Argentina Blanca</a>.</p>
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