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	<title>Mundo Asís &#187; Cristina Fernández</title>
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		<title>El copamiento del peronismo vegetal</title>
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		<pubDate>Tue, 23 Jun 2015 22:49:16 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Mundo Asís</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Escribe Oberdán Rocamora, redactor estrella. Como el final del ciclo del cristinismo (que a lo mejor se extiende), se extiende el final del peronismo vegetal (que se transforma sin dramatismo). Hasta aquí -junio de 2015- el instrumento electoral, el Partido Justicialista, no registró el menor brote de reacción interior. Apenas un par de desprendimientos. En Córdoba,... <a href="http://opinion.infobae.com/mundo-asis/2015/06/23/el-copamiento-del-peronismo-vegetal/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><em>Escribe Oberdán Rocamora, redactor estrella.</em></p>
<p>Como el final del ciclo del cristinismo (que a lo mejor se extiende), se extiende el <strong>final del peronismo vegetal</strong> (que se transforma sin dramatismo).<br />
Hasta aquí -junio de 2015- el instrumento electoral, el Partido Justicialista, no registró el menor brote de reacción interior. Apenas un par de desprendimientos. En Córdoba, San Luis, La Pampa, Buenos Aires.<br />
Pero los peronistas mayoritarios siguen adentro. Se ajustan a la patología del kirchnerismo. Y suscribieron, sin pudor, como si fueran documentos, los memorándums redactados por el antiperonista más célebre que los conduce. Carlos Zannini, El Cenador.<br />
Pese a sus desastres seriales, en 2015 puede triunfar la versión cristinista, con el sorpresivo <em>blend</em> Scioli-Zannini. A partir de 2016 es el turno de la sumisión. La transformación total.<span id="more-1315"></span><br />
<strong>Lo que no lograron los Montoneros, con el entrismo trágico de los setenta, lo consigue Zannini en la segunda década del dos mil. Con el paraguas de La Doctora.</strong> A golpes de caja y de versos. Para el peronismo complaciente que se disuelve en la colonización servida. Demasiado fácil, sin violencia ni resistencias. Sin sangre.</p>
<p>Con la columna vertebral del Partido Justicialista, y adornado por los sellos buscapinas, el Frente para la Victoria hoy se encuentra copado estratégicamente por La Cámpora. La Agencia de Colocaciones. Conjunción de treintones ambiciosamente inmaduros. Combinan el pragmatismo de los cargos con la aceptable épica “del proyecto”. Planifican quedarse, con lo que queda del país exangüe, en los próximos ocho, a más tardar doce años. En tres elecciones, para decirlo en términos democráticamente institucionales. Cuando dejen de reproducirse los folclóricos seguidores de Gioja, de Béder o de Fellner. Cuando se diluyan por el envejecimiento cultural los minigobernadores del conurbano, que aún resultan sustanciales por la numerología electoral.</p>
<p>La Doctora los aprueba, como si les perdonara la vida. Mantiene inalterable su gran objetivo. Ganar.<br />
La derrota, en la Argentina, es un defecto. Un error nada honroso. Aunque el error hoy lo cometa La Doctora misma, que cuenta con una enorme ventaja. La persistencia en el error de los opositores. Les imposibilita explotar las vulnerabilidades que el gobierno les ofrece, en mesa de saldos.</p>
<h3><em>El peso de la ausencia presente</em></h3>
<p>La supuesta jefatura de la Agencia le pertenece a Máximo, “en el nombre del hijo”.<br />
En realidad la orienta el ascendente Zannini. Clavel instalado en la solapa presidencial de Scioli, el Líder de la Línea Aire y Sol. Y conduce La Doctora, que se destaca por el peso de la ausencia presente. No figura en las postulaciones y se ufana por no ser candidata a nada. Ni siquiera para la invención impúdica del Parlasur. Prefiere tomarse un respiro previsible. Con el objetivo de volver pronto hacia lo que nunca en realidad deja. El poder.<br />
En la práctica, la estrategia lanzada el 27 de abril de 2011 funcionó a la perfección. En el estadio colmado de Vélez Sarsfield. Sin recurrir a la desplazada base sindical, ni al aparato tradicional de los minigobernadores. Apoyada en la exitosa infiltración de los incondicionales que iban a acompañarla a la fantasía de “ir por todo”. Con el germen consolidado de La Cámpora, compartido con los buscapinas complementarios de Unidos y Organizados.<br />
Hoy los peronistas, los vegetales en transformación, se dejan conducir por Zannini y La Doctora. Son oportunamente útiles para cobijar a los tripulantes copadores. A los “chicos” que generacionalmente maduran, mientras aguardan, sin grave ansiedad, la instancia de suplirlos. Para desplazarlos hacia el geriátrico de los recuerdos.</p>
<h3><em>Mascarones</em></h3>
<p>Lucen hoy los mascarones. Frutillas de torta.<br />
Scioli concreta el sueño de ser el candidato presidencial. Doblega, con su paciencia sistemática, a La Doctora (aunque le estampe el clavel de Zannini).<br />
Una jugada rápida que no supo entender Florencio Randazzo, El Loco. Utilizado, aquí, como un cubierto descartable, de plástico, como en la clase turista de los aviones.<br />
Randazzo -al decir de Arturo Jauretche- se encontraba “absolutamente enfermo de importancia personal”. Cometió el error de tomarse con excesiva seriedad.<br />
Al rechazar la postulación para Buenos Aires, El Loco motivó que La Doctora debiera recurrir a otros mascarones de proa peronistas. Como Aníbal, El Neo Corach. Hoy apunta hacia la Provincia Inviable (aunque le estampen el clavelito de Sabbatella, El Psicobolche II, detestado por los minigobernadores bonaerenses que soportaron sus “colectoras”, y hoy elevado como consecuencia de la guerra contra el Grupo Clarín).<br />
El otro mascarón es Domínguez, El Lindo Julián. Aquí se reitera la peripecia de Scioli, en 2007, junto al infortunado Balestrini (que se recupera y tal vez lea estas líneas). El Lindo Julián lleva a Fernando Espinoza, El Trabado, caudillo peronista de La Matanza. Como Balestrini.</p>
<h3><em>Poderes</em></h3>
<p>Si los números favorecen la precariedad del armado, además del Ejecutivo, el cristinismo podrá controlar parsimoniosamente el Senado. A través de la experiencia penosa que Zannini arrastra desde Santa Cruz. Pero también Diputados. Pese a las dificultades expresivas de De Pedro, El Wado, camporista de confianza e inspirado. Signado para aplicar el compulsivo trasvasamiento generacional.<br />
Con el Legislativo y el Ejecutivo en la bolsa, en adelante a La Doctora le resultará más accesible emprender el debilitamiento definitivo del Poder Judicial. Para transformarlo en un podercito complementario, que no se entrometa en las ceremonias de condenación del delito cultural.<strong> El despojo que signó los primeros siete años de recaudación centralizada que carga el kirchnerismo.</strong><br />
Es la antesala de una ofensiva que Jorge Lorenzetti, según nuestras fuentes, espera. Con la mirada parece expresar: “Pobres, no saben lo que hacen”.</p>
<h3><em>Escasa vocación por la resistencia</em></h3>
<p>Entonces el peronismo vegetal es copado sin inconvenientes por La Cámpora transformadora.<br />
En gran parte, es por la escasa vocación por la resistencia que caracterizó a los dirigentes peronistas con alguna iniciativa. Los que no toleraron la terapia intensiva del cristinismo.<br />
Son los que prefirieron emanciparse “por afuera”. Por creer en la imposibilidad de pelearla “por adentro”. Les dejaron el espacio ancho y libre, servido, a merced.<br />
Abandonaron la cancha grande del peronismo para jugar más tranquilos en los potreritos personales. Con la pedantería de presentarse, por si no bastara, como los verdaderos peronistas. O más grave aún, como peronistas disidentes.<br />
Aquí se destacan valiosos dirigentes de distintas provincias que no alcanzaron a entenderse siquiera para generar un proyecto común. José Manuel De la Sota, El Cuarto Hombre, de Córdoba, o Adolfo Rodríguez Saa, El Padre de la Puntanidad, su par del Estado Libre Asociado de San Luis. Sin haber planteado la batalla por adentro, ambos insinúan sus participaciones “por afuera”.<br />
Y en el caso de De la Sota, actúa junto a Sergio Massa, El Renovador de la Permanencia, el tercero en la concordia. Es quien podría haber planteado la pugna interna por su significativa potencia en la Provincia Inviable. Pero Massa armó su poderosa franja para vencer en 2013 al gobierno arbitrariamente inteligente que después, con paulatina perversidad, se dedicó a depilarlo.  A la cera negra. Los minigobernadores que lo fortalecieron lo debilitaron después, con el regreso al cuerpo principal. Donde La Doctora, a través de sus secretarios, suele recibir a los descarriados.</p>
<p>En <em>El error como motor de la historia</em>, Maldonado-Kohen consignó que Argentina no está para quien acierte más. Está para quien se equivoque menos.<br />
Con la designación de Zannini como vice de Scioli, La Doctora se equivoca más, incluso, de lo que se equivocó con Boudou.<br />
<strong>La respuesta política está alojada en la insuficiente propuesta de Macri</strong>, que es la única alternativa de superación. Pero sobre todo influye la respuesta social del mercado. O en las rutas donde se aguarda la presencia protestona de los chacareros agotados. O en el estancamiento de los inversores externos que buscan posiciones y en el inmovilismo de los canuteros internos. Los que no van a mover, por carencia de confianza, ni una moneda. Son seres normales que sospechan que, a través de los claveles provocadores de la vocación por asegurar la continuidad en el error, la Argentina marcha, invariablemente, hacia la misericordia, definitiva y declinante.</p>
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		<title>Cortázar y la primavera del 83</title>
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		<pubDate>Tue, 18 Mar 2014 17:28:58 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Mundo Asís</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Doble efemérides. A 100 años del nacimiento y 30 de su muerte Podría reconstruirse la motivación real del regreso furtivo de Julio Cortázar a Buenos Aires, durante la primavera de 1983. Volvía para despedirse. O volvía para facturar su recortada importancia personal, en el marco de la indiferencia popular y oficial que lo degradaba. La... <a href="http://opinion.infobae.com/mundo-asis/2014/03/18/cortazar-y-la-primavera-del-83/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><em>Doble efemérides. A 100 años del nacimiento y 30 de su muerte</em></p>
<p><strong>Podría reconstruirse la motivación real del regreso furtivo de Julio Cortázar a Buenos Aires, durante la primavera de 1983.</strong><br />
Volvía para despedirse. O volvía para facturar su recortada importancia personal, en el marco de la indiferencia popular y oficial que lo degradaba.<br />
La Argentina estaba por estrenar la democracia nueva. Recuperada, como consecuencia del gigantesco fracaso político y la derrota militar.<br />
El intelectual, ya en la frontera de los 70 años, interrumpía la perplejidad del “exilio”, o la solemne circunstancia de la voluntaria emigración. En la búsqueda lícita del romántico reconocimiento.<br />
Pudo haberse entristecido, pero aún nadie puede certificarlo. Los contactos se redujeron al diálogo precipitado con determinados colegas que estaban probablemente en otra onda. Sin graves deseos de retomar la magnitud de las discusiones pendientes. O indagar en las clarificaciones que derivaron en una polémica justamente olvidada con Liliana Heker.<br />
<strong>El radical Raúl Alfonsín, con sus 55 años, conmovía al recitar de corrido el preámbulo.</strong> Había triunfado sobre el peronista Ítalo Luder, y se preparaba para asumir la presidencia. Para despedir a la Comisión Liquidadora del Proceso Militar. La “Dictadura” se había suicidado en la dolorosa tergiversación de Malvinas, a los efectos de reproducir las bases inexorables de “la democracia de la derrota”. Como la calificaba el aún lúcido ensayista Alejandro Horowicz.<br />
Las capas medias exhibían la algarabía contagiosa de la victoria. Con el agregado aderezo de la agitación de los intelectuales eufóricos. Ejercían la fascinación por la maravillosa experiencia de haberle prodigado al peronismo la primera paliza fundacional. Pronto, los artesanos del lugar común atribuirían, más adelante, la caída, a la banalidad intuitiva del caudillo expresionista Herminio Iglesias. Por haber acercado su encendedor al infortunio del ataúd de fantasía, en el epílogo de la concentración popular más intensa que se tenga memoria.<br />
Pero Jorge Luis Borges fue quien mejor sintetizó la ideología subyacente en aquel momento sublime de “esperanza y de cambio”. En la selectiva reunión de “los intelectuales con el presidente electo”, en el hotel de la calle Carlos Pellegrini, <strong>un entusiasta Borges le dijo al impactado Alfonsín, con tierna franqueza “Gracias a su triunfo, doctor, volví a creer en la democracia”.</strong><br />
Poco costaba traducir políticamente el mensaje explícito de Borges:<br />
“Nunca creí en la democracia porque siempre ganaban los peronistas. Como usted les ganó, ya puedo creer”.</p>
<h3><span id="more-803"></span>Hora egregia del reparto</h3>
<p>Acontecía la alegría del reparto de cargos. El psicoanalista que escribía Pacho O’Donnell iniciaba su periplo de transformaciones y era designado Secretario de Cultura de la Ciudad. El novelista y cineasta Javier Torre, en el Centro Cultural San Martín, donde su gestión iba a adquirir una gran visibilidad. A la ya casi olvidada gran novelista Beatriz Guido se la enviaba como agregada cultural en Madrid (lo que acentuaba la soledad competitiva y la sensación de abandono que signaron los últimos meses de la novelista Martha Lynch). Y a Luis Gregorich -acaso el intelectual más brillante que tuvo el alfonsinismo- se lo estampillaba como embajador ante la Unesco. Pero con la incierta perversidad de saber que Gregorich no podía serlo, por haber nacido en Zagrev, Croacia. Aún se respetaban las normas. Y al consagrado dramaturgo Carlos Gorostiza se le encomendaba la Secretaría de Cultura de la Nación, donde anunciaría la creación idílica del “Trencito Cultural”. Un tren que planificaba democráticamente detenerse con el arte, la literatura y la música por todos los pueblos-estaciones del trayecto. Por suerte aquel trencito no arrancó nunca. Y don Manuel Antín asumía en el Instituto Nacional de Cinematografía. Aunque un inadvertido Aníbal Reynaldo iba a caracterizar el ritmo de la época. Asumía en el Banco Hipotecario Nacional, para instaurar las claves de la revolución pequeño burguesa de los cuantiosos recomendados que se iniciaban como propietarios.<br />
Entre aquella festiva distribución de próxima inmortalidad no se registraron siquiera las menores intenciones de cederle un poco de importancia al notable visitante de 69 años. Cortázar volvía sin ninguna medialuna enarbolada. Sólo como héroe principal de “la fundación mitológica de París”, según la concepción de David Viñas. Tal vez Cortázar apenas aspiraba a participar de los fastos finales de “la dictadura”. Pero al pobre consagrado no le dieron la menor bolilla. Se lo recuerda vagamente a través de la confesión que mantuvo un cierto sentido de factura televisada. Cuando le dijo al manifestante desinformado, un joven alfonsinista que no lo conocía. “Nosotros, desde el exterior, luchamos por ustedes para vencer a la dictadura”.</p>
<h3>Docena de cuentos memorables</h3>
<p>A treinta años de su muerte y cien desde su nacimiento, se prepara la multiplicidad de actos para evocar a Julio Cortázar. Escritor que -debe aceptarse- dejó también de ser consumido. Como dejaron de consumirse los textos formidables de Manuel Mujica Lainez, Marco Denevi, Ernesto Sábato, Manuel Puig, Bernardo Kordon o Leopoldo Marechal. Más allá de la excepcionalidad legitimadora. Del circuito cerrado de determinados ámbitos académicos signados por la intrascendencia.<br />
En la Argentina, en la práctica, “el que se muere pierde” (según la concepción de Asís).<br />
<strong>Probablemente puedan aprovecharse los aniversarios redondos (como los cien y los treinta) para que el desdichado escritor que partió hacia el olvido logre recuperar algunos lectores</strong>. O que se indague, al menos, entre los recursivos buscadores. En las solapas, en wikipedia y en contratapas.<br />
Si Cortázar subsiste es por la docena de cuentos memorables. De los más perfectos e impecables que se produjeron en la literatura universal. Equiparables a los cuentos de Edgar Allan Poe, Anton Chejov, el mismo Borges o Guy de Maupassant. Vaya como ejemplo <em>El perseguidor, La salud de los enfermos, La autopista del sur, Casa Tomada, La noche boca arriba, Torito o La señorita Cora</em>.<br />
Sin embargo la marca Cortázar será eternamente asociada a<strong> <em>Rayuela</em>. Es la novela de vanguardia que finalmente quedó en <em>off side</em>.</strong> Pero que revolucionó la literatura entre los sesenta y los ochenta.<strong> Motivó que su atractiva superficialidad encantara a millares de oficinistas que anhelaban aventurarse, crecer y recomponerse entre los bulevares de París</strong>, mientras proliferaban las muchachas veraniegas que querían ser como La Maga (alguna, ya definitivamente invernal, aún subsiste en la<em> rue de la Paix</em>, casi como clochard).<br />
Pero Rayuela es una novela que soportó mal el crecimiento del pasto salvaje sobre sus páginas. Se cargó del moho espeso. Para legitimarse su relectura como una suerte de guía ajada de turismo del París que se desvaneció. Aunque persista la magia de las maravillosas descripciones del Barrio Latino, del “fuego sordo” de la <em>rue de la Huchette</em>, y la caminata inolvidable con Berthe Trepat.<br />
Pero hoy las tribulaciones de su Morelli yacen como inofensivas veleidades del viejito dulce que fue superado hasta por el propio Juan Filloy. Y la arquitectura interior de la novela ya no sorprende a ningún lector inquieto que surja del cartel literario de la Universidad de Puan. Y el desparpajo humorístico de su “glíglico”, que originariamente generaba risas o sonrisas, hoy casi suena al tartamudeo grotesco del peor Lamborghini. Leónidas.<br />
Otra de sus novelas, “<em>Los Premios</em>”, es portadora de un costumbrismo saludablemente menor. Aún puede incitar una cierta ternura aquel Pelusa que se ganó de “premio” el pintoresco viaje en barco. Sobre todo cuando “bajaba a tomar la leche”. Pese a su colorida irrelevancia, <em>“Los Premios”</em> merece consumirse con más razones que la petulancia narrativa de “<em>62, modelo para armar”</em>. O la fragilidad de <em>“Un tal Lucas”</em>. O los presentables “<em>collages</em>” que resultaban ideales para los regalos empresariales de fin de año. Como “<em>Último round” y “La vuelta al día en ochenta mundos”.</em><br />
Por un sentido recatado de la misericordia, se aconseja no detenerse en la etapa esclarecida del “compromiso”. Lo menos significativo de su obra. Por la enfática producción de invariables tonterías como “<em>Nicaragua tan violentamente dulce</em>”. Un texto tan perecedero como la misma vigencia del sandinismo.</p>
<h3>Vísperas de otra primavera</h3>
<p>Pasaron tres décadas de la perdonable distracción oficial de aquella primavera sudamericana.<br />
En vísperas de la irrupción de la flamante primavera europea, hoy Francia y Argentina se disponen a tributarle juntas el reparador homenaje al gran cuentista Julio Cortázar. A través del máximo nivel de representación institucional.<br />
<strong> Después de sobreactuar en la nueva Puerta de Hierro -El Vaticano- su ostensible dependencia espiritual con el Papa Francisco, la presidenta Cristina Fernández, La Doctora, se traslada a París.</strong><br />
Para almorzar un martes con el presidente Francois Hollande, y disponerse un miércoles a inaugurar el Salón del Libro. Con la mano en el “corazón”, y emotivamente acompañada por el fervoroso cariño popular de sus “escritores para la Liberación”.</p>
<p><strong>Carolina Mantegari</strong></p>
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		<title>Los jóvenes arrastran a los cerdos</title>
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		<pubDate>Tue, 05 Nov 2013 14:28:54 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Mundo Asís</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Los de 30/40 desplazan a los de 60. Y envían a la reflexión a los de 70. sobre informe de Consultora Oximoron Redacción Final Carolina Mantegari Quien arrancó con el cuento de “lo nuevo y lo viejo” fue Mauricio Macri, El Niño Cincuentón, líder del Pro, expresión institucional del macricaputismo. Con la línea, o la... <a href="http://opinion.infobae.com/mundo-asis/2013/11/05/los-jovenes-arrastran-a-los-cerdos/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><strong><em>Los de 30/40 desplazan a los de 60. Y envían a la reflexión a los de 70.</em></strong></p>
<p>sobre informe de <strong>Consultora Oximoron</strong><br />
Redacción <strong>Final Carolina Mantegari</strong></p>
<p><strong>Quien arrancó con el cuento de “lo nuevo y lo viejo” fue Mauricio Macri, </strong>El Niño Cincuentón, líder del <strong>Pro</strong>, expresión institucional del macricaputismo.<br />
Con la línea, o la letra, bajada -acaso- por el pensador<strong> Jaime Durán Barba</strong>. Un anti-ideólogo que, a principios de siglo, no vacilaba en descalificar con la sentencia.<br />
“X es un buen político, pero del siglo veinte”.</p>
<p><span id="more-628"></span>El apasionamiento innovador de Macri, en la práctica, fue completado por la señora presidente, <strong>Cristina Fernández,</strong> La Doctora.<br />
Con el respaldo consagratorio hacia <strong>La (Agencia de Colocaciones) Cámpora</strong>, La Doctora cubrió, a través de insignes treintones, las segundas líneas de diferentes ministerios. Direcciones de empresas, candidaturas varias.<br />
Pero quien definitivamente instaura las bases del (contenido) litigio generacional es <strong>Sergio Massa</strong>, Aire y Sol II.<br />
Lo impone a través de la <strong>insolencia</strong> <strong>juvenil</strong> que personalmente porta. Y por el protagonismo, tan sorprendente como acaparador, de los mini-gobernadores, aún conocidos como intendentes.<br />
Una metodología de construcción política que amenaza con expandirse. En adelante coloca en posición de guardia, cerca de la pared, a los gobernadores de verdad.<br />
Los que se sienten arrinconados. Como si se los quisieran llevar puestos. Saltearlos.<br />
Por supuesto que <strong>Consultora Oximoron</strong> reconoce, en el último informe, las excepciones que abundan, en los tres casos. Confirman, asimismo, la validez de la teoría.</p>
<p><strong>El pasado como fracaso</strong></p>
<p>En<strong> <em>Diario de la guerra del cerdo</em></strong>, novela de 1969, <strong>Adolfo Bioy Casares</strong> planteó, con suerte literariamente relativa<strong>, la guerra no sólo imaginaria entre los jóvenes y los cerdos (los viejos).</strong><br />
Sin rozar siquiera el belicismo, en la política nacional de hoy se transforma -tácitamente- en “viejo”, a todo aquel que registre una serie de puestos ocupados, durante su trayectoria.<br />
Por la carga elemental de frustraciones, <strong>el cerdo actual es asociado a la idea genérica del fracaso.</strong><br />
En el país donde todo termina invariablemente mal, el pasado contiene el denso aroma del prontuario.<br />
Y aquel que tuvo su oportunidad “fue”. Ya culturalmente “fue”. Debe correrse, en adelante, de la fotografía.<br />
Ceder su lugar a otro más joven, que lo toma por su cuenta. Con el lícito derecho de producir su propio fracaso.<br />
Cuesta que el desplazado -aquel cerdo que “fue”- generacionalmente se resigne.</p>
<p>Trasciende que cierto columnista inteligente, en ascenso y de 42 años, supo reflejar el conflicto, sin proponérselo y en la altivez de un <strong>tweet</strong>.<br />
“No puedo hacerme cargo de los fracasos de la generación de G y de Y”.</p>
<p>En su plenitud, el cuarentón reprocha por <strong>la herencia de fracaso</strong>, que le lega aquel que carga con 80 años (ya irrecuperable).<br />
Y aquel que carga 65, que pertenece a la franja más afectada por la sutileza del conflicto que no se asume.<br />
Es el de 65 quien debe forzar el paso al costado. Porque “ya fracasó”.<br />
Aunque el sexagenario se encuentre física e intelectualmente impecable. Favorecido, para colmo, por los adelantos científicos y las pastillas milagrosas. Y se encuentre en condiciones de aplicar los conocimientos acumulados, pese a los probables errores cometidos por su franja generacional.<br />
Es el nuevo cerdo de Bioy, el que “fue”.<br />
Es arrastrado por el empuje de los sedientos jóvenes de 30 y de 40, que llegan con el derecho aceptable de cometer sus propias equivocaciones.<br />
Ante la preocupación, también, de los tensos que cargan 50, y que se encuentran en la turbulencia de la situación límite. Entre dos fuegos.<br />
Es el caso, sin ir más lejos, de <strong>Daniel Scioli,</strong> el líder de la Línea Aire y Sol I. De 56. Como la señora <strong>Carrió</strong>, también 56, o <strong>Julio Cobos</strong>, 58.<br />
De los que se ubican en el podio, para la sucesión, el más viejito es <strong>Hermes Binner</strong>. Pero <strong>el John Wayne de El Hombre Quieto</strong> es socialista. Una civilización aparte.</p>
<p><strong>El culto a la juventud</strong></p>
<p><strong>En el macricaputismo del PRO, el culto a la juventud y la perfección roza simpáticamente la patología.</strong><br />
A medida que su conductor -<strong>Mauricio</strong> <strong>Macri</strong>- acumula aniversarios, se extiende la edad promedio.<br />
Ahora Mauricio tiene 54 y se propone -según su confesión- hacer política diez años más. Hasta los 64. Para después, en el imaginario, “retirarse”.<br />
Testimonio que inhabilita, en la práctica, a todos aquellos que superaron ya los 64. La edad ideal -según Macri- para refugiarse en la reflexión y el recogimiento. La tristeza del retiro.<br />
<strong>La conclusión justifica que en los planteles del PRO no persistan ni viejos ni gordos</strong> (tampoco, claro, ni morochos).<br />
Lo cual representa un obstáculo, cuando se aspira a presidir un país donde los morochos abundan. Como los pobres, los bajos, los cerdos y los demasiado nutridos.</p>
<p>Para Oximoron es <strong>La Doctora</strong> quien aplica, aunque de manera inconfesable, las teorías que impuso -entre otros- Durán Barba.<br />
“A ella le encanta saberse rodeada de jóvenes”, confirma <strong>la Garganta.</strong><br />
Tal vez porque desconfía ostensiblemente de aquellos que merodean su edad, los sesenta.<br />
<strong>Sus funcionarios, en lo posible, tienen que ser más jóvenes</strong>. Y no se limita a los predispuestos de la Agencia de Colocaciones. Camporistas que adquirieron muy pronto las prioridades que aluden al privilegio.<br />
<strong>El Wado, Marianito, Axel o El Cuervo.</strong> Treintones por doquier, recientes cuarentones que pueden ser los laderos indispensables que mantienen la ficción del liderazgo de <strong>Máximo</strong>.<br />
Es el muchachón que carga con la responsabilidad familiar de una trascendencia inexplicable.<br />
Es en la frivolidad del cristinismo donde la juventud -para Oximoron- arriesga precisamente más.<br />
Por la vulnerabilidad del presente, que permite mantener escasas perspectivas de futuro venturoso. Se trata, más bien, de lo contrario. Lo cual induce a la urgencia de disfrutar la actualidad.<br />
El epílogo que contiene la aventura cristinista puede resultar conjeturalmente perjudicial para los jóvenes.<br />
Circunstancia que de ningún modo debiera consolidar la revancha de los sexagenarios. Los que, desde la escéptica inutilidad de la experiencia, aguardan el paso en falso.<br />
La caída de los jóvenes, en el fangal del fracaso (en la Argentina siempre inevitable).</p>
<p><strong>Renovaciones</strong></p>
<p><strong>Desde arriba, desde el poder, el Niño Cincuentón (Mauricio) y La Doctora, flamante sexagenaria, impulsaron, con sus diferencias, la renovación generacional.</strong><br />
El cuarentón Massa, Aire y Sol II, impone, en cambio, el trasvasamiento similar, pero desde abajo.<br />
No sólo sostenido por los mini-gobernadores que se disponen a construir el poder territorial, a partir de la adhesión de muchos de los 2.450 mini-gobernadores que contiene el país.<br />
Tampoco es casual la predilección del peronista Massa, por ejemplo, por el radical <strong>Ramón Mestre</strong>, el mini-gobernador de <strong>Córdoba</strong>. Con quien le gustaría, según nuestras fuentes, elaborar una fórmula.<br />
La irrupción de Massa modifica, por ahora, la dinámica política en la provincia inviable.<br />
En adelante, no será necesario importar porteños, medianamente conocidos, para hacerlos cargo de la gobernación.<br />
Hoy se cuentan no menos de cinco o seis excelentes cuadros que se ubican solos en el podio. Para cotejar por el poder de la provincia que los catapulta.<br />
Desde <strong>Insaurralde</strong> (43) hasta <strong>Giustozzi</strong> (49). O el propio Massa, que tiene 41 y se atreve a saltar desde la mini-gobernación de <strong>Tigre</strong>. Hasta -si puede- la presidencia.</p>
<p>Sin embargo Massa no plantea ninguna Guerra del Cerdo. Si debe enviar un mensaje decorativo de racionalidad, no vacila en fotografiarse con <strong>Roberto Lavagna</strong>, La Esfinge, o con <strong>Reutemann</strong>, La Esfinge II. Ambos de 71 años. O incluirlo en la lista a <strong>Solá</strong>, el máximo cuadro del felipismo, de 63, aunque prefiera mantenerlo a cierta distancia. O a<strong> Fernando De Mendiguren</strong>, de 64, que le resulta de utilidad para la relación con los empresarios. Paladines del oportunismo que sacan número para auxiliarlo.<br />
El Informe Oximoron concluye con el ilustrativo cuadro del sexagenario experto. Supo postularse para darle consejos paternales a Massa.<br />
Con cierta crueldad, otro sexagenario, algo más avispado, le dijo:<br />
“El pibe está sentado sobre cuatro millones de votos. ¿Por qué te va a hacer caso a vos?, que ya fuiste. Y sos, para él, un contrapeso”.</p>
<p><strong>Carolina Mantegari</strong><br />
<strong> Informe Oximoron</strong></p>
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		<title>La jefatura vacante del peronismo</title>
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		<pubDate>Mon, 15 Jul 2013 14:50:21 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Mundo Asís</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Es para Scioli, Massa, Moyano, Urtubey, Capitanich, Gioja, Urribarri, De la Sota o Adolfo Rodríguez Saa.</p>
<p>escribe<strong> Oberdán Rocamora</strong><br />
Redactor Estrella, sobre informe<br />
de <strong>Consultora Oximoron</strong></p>
<p style="text-align: center;">* * * * *</p>
<p>En setenta años de historia, el peronismo apenas tuvo tres jefes. Y dos poleas de transmisión.<br />
Los Jefes -inapelablemente- fueron:<br />
<strong>Juan Domingo Perón</strong>, de <strong>Buenos Aires</strong>, entre 1943 y 1974.<br />
<strong>Carlos Saúl Menem</strong>, de <strong>La Rioja</strong>, entre 1988 y 1999.<br />
Néstor Carlos Kirchner, de<strong> Santa Cruz</strong>, entre 2005 y 2010.</p>
<h3>Poleas</h3>
<p><span id="more-384"></span>Hubo también dos (inapelables) <strong>poleas de transmisión.</strong><br />
<strong>Antonio Cafiero</strong>, también de Buenos Aires, del conurbano norte, de ineludible gravitación en los años ochenta.<br />
De cuando el peronismo supo renovarse de acuerdo a los lineamientos modernizadores que entonces imponía el radicalismo de <strong>Alfonsín</strong>.<br />
Para el balance evaluativo de la historia, Cafiero funcionó, en la práctica, como una polea de transmisión entre las jefaturas de Perón -el creador del gran invento, que ya había muerto- y de Menem, que lo había vencido. En la última gran compulsa interna de 1988. Disputa de aquello que se jactó de haber sido un Movimiento.<br />
Para ser, en la actualidad, una Suma de Franquicias. O una mera fuente de trabajo. O una culposa vía de enriquecimiento personal.<br />
Y <strong>Eduardo Duhalde</strong>, también de Buenos Aires, del conurbano sur, de ineludible gravitación entre los finales del siglo veinte y los inicios alborotados del veintiuno.<br />
En la práctica, Duhalde funcionó como otra polea de transmisión. Entre Menem (a quien le obturó el regreso) y Kirchner, al que escogió arbitrariamente, para arrepentirse hasta la eternidad.</p>
<p><strong>Desde el 27 de octubre de 2010 -cuando muere irresponsablemente Kirchner- la jefatura del peronismo se encuentra vacante.</strong><br />
El tema, que admite el debate, mantiene su importancia cultural.<br />
Porque quien se hace cargo del peronismo se hace cargo, en definitiva, del país.</p>
<h3>La frívola moda de vaticinar la extinción</h3>
<p><strong>Cristina Fernández</strong>, La Doctora, no es -ni nunca quiso ser- la jefa del peronismo.<br />
Parece (La Doctora) haber adquirido los contundentes argumentos que intentan explicar el fenómeno intelectualmente voluntario. El vaticinio de la extinción.<br />
Trátase del slogan repetido, pero atendiblemente legítimo. Alude a la paulatina desaparición del fenómeno político-cultural, que conecta con la idiosincrasia -en caso que esta exista- del país.<br />
Circunstancia que, para los mayoritarios antis, representa (la conexión) exactamente la condena.<br />
Sin haberse muerto, simultáneamente el peronismo siempre renace.<br />
Para<strong> Consultora Oximoron</strong>, el peronismo representa la ideología del poder.<br />
Con la sustancial particularidad: el mantenimiento del poder dicta las claves de la ideología.</p>
<p>En cambio, La Doctora prefirió optar por otra construcción rudimentaria. A través del mecanismo que le garantizan, artificialmente, los incondicionales.<br />
Los fervorosos buscavidas de<strong> Unidos y Organizados</strong>, legitimadores del frepasismo tardío. Y de la frivolidad generacional del recambio cosmético. Al amparo -siempre- de la difusa Revolución Imaginaria, con la recitación de indicadores que pasan, por obsesiva repetición, como auténticos.</p>
<h3>El complemento del anti-peronismo</h3>
<p>Cuando las franquicias desestructuradas del peronismo se encuentran desbandadas, pragmáticamente divididas, sin jefe unificador central, suele asistirse a la novedad -ya muy poco original- de la derrota.<br />
Aquí Oximoron rescata sólo los dos fracasos electorales. Por los votos de Alfonsín, en 1983. O por los votos de <strong>De la Rúa</strong>, en 1999.<br />
Con suficientes décadas en el ejercicio del poder, el peronismo no pudo evitar el declive.<br />
Es más, para los antis lo facilitó. Lo profundizó (el declive).<br />
Mantiene indudable carga de responsabilidad por el retroceso explicable de la nación.</p>
<p>Sin embargo, cuando en la Argentina no gobernó el peronismo, fue -hasta aquí- mucho peor.<br />
Cuando fue gobernada por militares. O por los radicales que se esmeran en su perceptible recuperación, con la perspectiva de otro retorno.<br />
Es el turno eventual para la acción, el suspenso y -sobre todo- la aventura.<br />
Para el mayoritario anti-peronismo (complemento indispensable del peronismo) el final de sus administraciones fue siempre catastrófico. El fracaso es plácidamente explicado a través de la imposibilidad peronista de ser oposición franca, pero leal.<br />
Por la condición de animales políticos de poder, en sentido aristotélico. Y por la supuesta voracidad conspirativa.<br />
Por la génesis del que no se resigna nunca a situarse lejos de la savia que lo nutre.<br />
El argumento es bastante usual, pero fácilmente impugnable.</p>
<p>Menos ambicioso, el Informe Oximoron se propone rescatar, en el invierno pre electoral de 2013, a los módicos cuadros que se encuentran en el interior del bolillero. Derivan en expresiones impersonales del declive, pero pueden atreverse a remontarlo.<br />
De todos modos están preparados para ocupar la jefatura vacante.<br />
“De este peronismo horizontalizado”, diría <strong>Lorenzo Pepe</strong>, el legendario.</p>
<h3>Las Franquicias desestructuradas</h3>
<p>En primer lugar, entre las franquicias desestructuradas, brotan las dos marcas más visibles, que se asemejan bastante. Ambas también son de Buenos Aires.<br />
<strong>Daniel Scioli</strong>, Líder de la <strong>Línea Aire y Sol</strong>; y <strong>Sergio Massa</strong>, El Aire y Sol II, <strong>La Rata del Tigre.</strong><br />
Disputan la centralidad y se embarcan en la gran pelea de fondo. De las elecciones primarias, relativamente irrelevantes.<br />
Uno (Scioli) es el referente indeseablemente natural del kirchner-cristinismo.<br />
El otro (Massa) emerge como el desprendimiento cismático del mismo instrumento que hasta hoy gobierna. Pero invariablemente concluye.</p>
<p>Para Oximoron, el tercer jefe posible es <strong>Hugo Moyano</strong>, El Charol.<br />
Aunque, de ser columna vertebral, el sindicalismo pasó a ser casi una prótesis involuntaria.<br />
Moyano mantiene la vocación de jefe. <strong>Es jefe y cuenta hasta con el atributo del rostro para serlo. El “encanto de la negritud”.</strong><br />
Pero también El Charol contiene graves limitaciones para imponerse entre la sensible hipocresía de la Argentina blanca. La que aguarda para liberarse de La Doctora (cuyo máximo mérito es el gorilismo que produce).<br />
Hoy cuesta explicar la jugada de El Charol. Tanto en la provincia (inviable) de Buenos Aires, donde se anuda a la suerte anunciada del desacertado <strong>Francisco de Narváez</strong>, El Caudillo Popular. Como en el Artificio Autónomo de la Capital. Donde El Charol expone a dos excelentes cuadros de la reserva. Demasiado valiosos para marcar apenas una presencia casi innecesaria.<br />
Son dos Julios. <strong>Bárbaro</strong> y <strong>Piumato</strong>.</p>
<p>Las franquicias desestructuradas del “interior profundo”, que en su momento proporcionaron al Menem del norte y el Kirchner del sur, hoy contienen cinco potenciales jefes. A lo sumo, con generosidad evaluativa, son seis.<br />
Cuatro de ellos se encuentran atados a la estrella del cristinismo que naufraga en la incoherencia. Y carece de continuidad.<br />
Significa confirmar que pronunciarse a favor, o en contra, de la Re-Reelección, es tan inútil como pronunciarse a favor -o en contra- del Sistema Métrico Decimal.<br />
Dirigentes respetablemente conservadores como <strong>Juan Manuel Urtubey</strong>, de <strong>Salta</strong>. <strong>Jorge Milton Capitanich</strong>, del <strong>Chaco</strong>. <strong>Sergio Urribarri</strong> de<strong> Entre Ríos</strong>, y <strong>José Luis Gioja</strong>, de <strong>San Juan</strong>.<br />
Los cuatro apuntan, en todo caso, a la magnificencia del dedo selectivo de La Doctora. Que hasta hoy, de poder, sólo se apuntaría, imposiblemente, hacia Ella.</p>
<p>Resta destacar a las dos penúltimas franquicias considerables del peronismo “horizontalizado”.<br />
Se encuentran convenientemente lejos del dedo de La Doctora.<br />
<strong>La franquicia de</strong> <strong>Córdoba</strong>. Con <strong>José Manuel De la Sota</strong>, El Cordobés Profesional. Aunque no termina de penetrar mucho más allá de la militancia que lo valora.<br />
Por último, la franquicia del Estado Libre Asociado de <strong>San Luis</strong>. La que mantiene, en el segundo plano, a <strong>Adolfo Rodríguez Saa</strong>.<br />
Por su carisma y atributos, y por un estilo sobrio que combina clasicismo y antigüedad, “El Adolfo” podría elevarse como jefe. A pesar de la algarabía de La Revista Dislocada que su hermano Alberto le propone festivamente a la sociedad. Con la creatividad del meritorio Artista Plástico. Y del dramático actor teatral que, con suerte relativa, se esmera por ser, en cierto modo, también porteño.</p>
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