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	<title>Mundo Asís &#187; Europa</title>
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		<title>Sin liderazgos ni gendarmes en el mundo</title>
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		<pubDate>Mon, 07 Sep 2015 16:27:39 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Mundo Asís</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Como introducción Pobres sirios, no sirios pobres Son pobres sirios, no son sirios pobres. No confundirse. Sirios con capacidad adquisitiva. Con buena educación. Pretenden conservar sus cuellos de las dagas insaciables de Daesh (Estado Islámico). Abundan los cristianos ortodoxos. Se sentían amparados -debe aceptarse- con los tiránicos Assad. En especial con el extinto Haffez, emblema... <a href="http://opinion.infobae.com/mundo-asis/2015/09/07/sin-liderazgos-ni-gendarmes-en-el-mundo/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<h3>Como introducción<br />
Pobres sirios, no sirios pobres</h3>
<p>Son pobres sirios, no son sirios pobres. No confundirse. Sirios con capacidad adquisitiva. Con buena educación.<br />
Pretenden conservar sus cuellos de las dagas insaciables de Daesh (Estado Islámico).<br />
Abundan los cristianos ortodoxos. Se sentían amparados -debe aceptarse- con los tiránicos Assad. En especial con el extinto Haffez, emblema de los poderosos -y minoritarios- alawitas.<br />
Pero llegan también los humillados musulmanes sunnitas, perseguidos por el fanatismo ciego de los miembros violentos de su propia confesión.<br />
Cristianos y musulmanes humillados. Debieron abonar, a los piratas obscenos, sus considerables miles de dólares por cabeza. Para salvar la vida y llegar a algún país de Europa o América donde esperara un pariente. Aunque, en el intento de salvación, aguardara, precisamente, la muerte, definitiva y banal.<br />
<strong>J.A.</strong><br />
——————————————————————————————————————————–</p>
<h3>Paralizado por la incertidumbre</h3>
<p>La primera potencia militar, Estados Unidos, no cumple el rol de gendarme, ni siquiera en su patio trasero. Y cuando quiso asumirlo derivó en reiterados desastres. Infortunadamente, ya no impone temor.<br />
Debió conceder con Irán. En el ámbito nuclear y con el pretexto de asegurar la paz. Y hasta decidió arrugar con Cuba, El Estado Gigoló.<br />
Consta que la isla mantenida vivió durante décadas de la Unión Soviética. Hasta que el flan del Imperio se desvaneció.<br />
El Estado Gigoló sobrevivió después con el petróleo dilapidado de Venezuela. Con los dólares del bolivariano irresponsable. Con su muerte Chávez estrelló su rico país entre la miseria y el caos. Para dejar el cachivache de Maduro, quien mantiene de rehén a los Estados incompetentes de Argentina y Brasil. Inmensidades que no se atreven a mediar para instalar alguna solución en la catástrofe humanitaria que Venezuela le produce a Colombia.<br />
Sin los “dólares duraderos” del flan de la Unión Soviética o de la alucinación bolivariana, Cuba decide hacerse mantener, en adelante, por el capitalismo americano.<br />
Los cubanos son mágicos para la subsistencia y la re-significación. Merecen haber sido, incluso, peronistas.</p>
<p>Para la inmediatez de la crónica, basta confirmar que Estados Unidos es responsable de la debacle eterna de Medio Oriente. Por haberse aventurado en invasiones improvisadas, que culminaron con espléndidos retrocesos. Como es responsable también Rusia y China. Por evitar cualquier acción del impotente Consejo de Seguridad. Algún esfuerzo solidario destinado a implantar el orden en los estados artificiales que Francia e Inglaterra se distribuyeron, como si fueran fichas intrascendentes. Después de la primera guerra inter-europea, llamada “mundial” (ver Ernst Nolte).<br />
Pero valga al menos como excusa. La eventual acción coordinada del Consejo podía haber generado situaciones peores.</p>
<p>Desde hace décadas, la Organización de las Naciones Unidas cae por la pendiente del error. El Consejo no representa el verdadero poder actual, que se encuentra fragmentado y disperso. Lo suficiente como para admitir que el organigrama de poder -saldo de la segunda guerra- ya no tiene vigencia.</p>
<p>El caos del presente deslegitima la identidad de Naciones Unidas. Por miseria o por persecuciones, los desplazamientos compulsivos de población explicitan la inutilidad práctica del costoso sistema multilateral, hoy paralizado por la incertidumbre.</p>
<h3>Cuotas de miserables</h3>
<p>Mientras tanto, los países reticentes de Europa distaban de ponerse de acuerdo con la cuota de miserables que les correspondía a cada uno. Pero bastó con la aparición del cadáver del niño sirio, de clase media, en la postal de una playa turca, para que se desmantele la ética -y la estética- de la Unión Europea. Organización burocrática de circuito cerrado.<br />
De ser por Viktor Orban, el bestialmente franco primer ministro de Hungría, el problema de los refugiados debe limitarse a Alemania. Porque la totalidad de los sirios (o eritreos, o afganos) pretenden ingresar exclusivamente en Alemania. Por las posibilidades que ofrece la potencia, en su condición de Estado más rico. Alemania se eleva por tercera vez en poco más de un siglo, ante la desconfianza de los vecinos. Después de dos desmoronamientos estremecedores, objetos de documentales televisivos de clase b.<br />
Debe hurgarse en el detalle imprescindible del poderío. Que no guarda la menor relación con el liderazgo, que es, en realidad, lo que hoy falla en el mundo.<br />
Ninguno de los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad es líder de absolutamente nada. Se percibe la falta de la superpotencia que establezca los límites. Que baje las líneas elementales de la convivencia. Acaso se extraña la falta de las dos superpotencias, como durante décadas lo fueron Estados Unidos y la extinguida Unión Soviética. Mantenían el planeta entretenido en un tablero de ajedrez frío, entre partidas tensas que presentaban, en simultáneo, el atributo del equilibrio. Cuando el universo era, en fin, más seguro. Y los desplazamientos de población no ofrecían la imagen penosa del colapso. Por la pobreza, cuando ya ni se sabe cómo tratar con los pobres. O por las razones compulsivas, como las alucinaciones del Estado Islámico (Daesh, para los europeos).</p>
<h3>Primaveras destructoras</h3>
<p>Para interpretar el caos que produce el desplazamiento de población no hace falta aludir a la historia. Se asiste, en Medio Oriente, a las destructivas consecuencias de las nostálgicas “primaveras árabes”. Llamadas con el romanticismo voluntarista de los occidentales fascinados, por la idea de creer que los árabes querían ser, en el fondo, como ellos. Parecerse y elegir la misma manera de vivir, de tomar la libertad como un merecido bálsamo natural.<br />
Sin embargo, como confirma Marine Le Pen -autorizada exponente de la derecha próxima a la xenofobia- “la primavera árabe nos trajo el invierno salafista”.<br />
Claros ejemplos: Túnez y doblemente Egipto.<br />
Porque la “primavera” produjo, en Egipto, el fundamentalismo democrático de los Hermanos Musulmanes. Y con su fracaso, el posterior autoritarismo legitimado de Al Sisi, que nada tiene que envidiar al régimen destituido -en vano- de Hosni Moubarak.<br />
Hoy Al Sisi comanda un Egipto que dejó de ser gravitante hasta para el turismo. Y en la región, hasta el divisorio conflicto palestino ya pasó al plano complementario.<br />
Ahora tallan otros jugadores. Son los viejos enemigos enfrentados por el camino hegemónico de Alá. Arabia Saudita, rigoristas sunnitas. Y el ascendente Irán, persa y chiita, que se sienta en la aceptable mesa de Estados Unidos. A los que se suma el tercero en la discordia, Daesh. Para alterar la geopolítica y producir los impresionantes desplazamientos de población casi infiel.<br />
La ambición de aquellos ciudadanos primaverales era lícita. Pretendían quebrar, desde las plazas, la lógica del poder. Reclamaban el ejercicio activo de la tolerancia, a través de masivas concentraciones registradas por la cadena Al Jazzera. Concluyeron con los beneficiarios políticos inspirados en la religión. Los que tenían bien organizada la fe.</p>
<h3>Sentados sobre la alfombra</h3>
<p>Pero registraron incluso consecuencias peores. En Libia, con la caída y muerte de Kaddafi, se asistió al colapso total del Estado. Para disputarse el poder, en adelante, entre bandas tribales. Se masacran interminablemente en el territorio infectado de petróleo. Sin ningún gendarme superior que se postule para aportar la racionalidad.<br />
Ocurre que los americanos, en Irak, se sepultaron. Como en Afganistán. Hicieron trampas infantiles para derrocar a Sadam, cuando el dictador ya no les resultaba utilitario.<br />
Con el pretexto de aniquilar a Al Qaeda pulverizaron en Irak aquel régimen sostenido por la versión sunnita del Baasismo. Competía con la versión alawita de Los Assad, en Siria, próxima del chiismo iraní. Separadamente ambos -Sadam y Haffez- imponían un orden temible. Pero un orden al fin. Podían comerse pescaditos frente al Delta, en los restaurantes de Bagdad. O disfrutarse el té con pistachos en la montaña, en los bordes de Damasco, sentados sobre una alfombra.</p>
<p>Los destinos fatales de Sadam y Kaddafi, y humillantes de Ben Ali y Moubarak, resultaron fundamentales para interpretar la resistencia de “Bashar, el oftalmólogo”.<br />
Bashar decidió abroquelarse cuando la primavera impetuosa avanzaba también sobre Damasco, Alepo, Palmira u Homs (tierra de los ancestros del cronista).<br />
Los fuertes antecedentes estimularon al oftalmólogo Bashar para no rendirse. Aunque su país (artificial) quedara reducido a escombros. Con el respaldo del amigo persa (Irán) y el amparo de Rusia, sumado a la tendenciosa neutralidad de China. Los miles de muertos pasaban a ser -para Bashar- una cuestión contable.<br />
Sobre todo cuando, entre tanta ausencia de poder, de liderazgo vacante, brotaban los sanguinarios de Daesh. Decidían emanciparse de la financiación culposa de la Arabia Saudita y de Qatar. Y ocupar el territorio anárquico de Siria y de Irak, ya sin gendarmes ni dueños. Y degollar mediáticamente a cualquier cristiano, con cierto apasionamiento televisivo, para impresionar hebdomadarios.<br />
Daesh no irrumpía para ejercer la violencia aislada, patrimonio de las diversas franquicias de Al Qaeda. Llegaba para superarla. Y hacerse fuerte, en especial, en el territorio.</p>
<p>Al territorializar la Jihad (leer “<a href="http://opinion.infobae.com/mundo-asis/2015/01/13/cuentapropistas-de-la-jihad/">Cuentapropistas de la Jihad”, cliquear</a>), Daesh se quedaba con el petróleo de Mosul. Excelentemente administrado por los colaboradores de Sadam. Expertos en la materia. Petróleo comercializado, a través de Turquía, tercerizado por mercaderes infinitos. Y consumido por cualquier país supuestamente enemigo, que amaga, incluso, con combatirlo.<br />
Se trata del ejército fortalecido por los fanáticos bien educados en occidente. Los que ingresan también desde Turquía, para engrosar las filas de Daesh. Con deseos específicos de rebanar los cuellos de los infieles cristianos que tomaban el té sentado en las alfombras, y que ahora se lanzan en deplorables barcazas, en desesperada búsqueda de un lugar. Para abalanzarse entre los calvarios económicos de Grecia, o de Hungría, que emergen como paraísos, comparados con los sitios arrasados de procedencia.</p>
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		<title>Decapitaciones, ajustes y selfies</title>
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		<pubDate>Fri, 29 Aug 2014 10:31:23 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Mundo Asís</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Reclutados occidentales del Estado Islámico como consecuencia de la crisis europea. Escribe Osiris Alonso D’Amomio, especial para JorgeAsísDigital &#160; Madrid ‘Nací, crecí y estudié en Francia, pero soy argelino. Francia no quiere que yo sea francés, me rechaza”. Lo confesó Almir, seis meses atrás, en París. A punto para enrolarse con algún eficiente reclutador, de los... <a href="http://opinion.infobae.com/mundo-asis/2014/08/29/decapitaciones-ajustes-y-selfies/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Reclutados occidentales del Estado Islámico como consecuencia de la crisis europea.</strong></p>
<p>Escribe <strong>Osiris Alonso D’Amomio</strong>, especial para <em>JorgeAsísDigital</em></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Madrid</strong></p>
<p>‘Nací, crecí y estudié en Francia, pero soy argelino. <strong>Francia no quiere que yo sea francés, me rechaza</strong>”. Lo confesó Almir, seis meses atrás, en París. A punto para enrolarse con algún eficiente reclutador, de los que suelen proliferar en determinadas mezquitas.</p>
<p>Los reclutadores suelen estudiar los movimientos de los jóvenes que se acercan para participar de la oración de los viernes. Por vocación religiosa, por mero interés social, o por consolidación de la pertenencia. <strong>Los imanes los conocen y si pueden espantan a los reclutadores. Sobre todo porque tienen poco que ver con el Islam</strong> que los imanes pregonan, y que pasa más por la sumisión a Dios que por la rebeldía activa contra los infieles.</p>
<p><span id="more-1037"></span></p>
<p>Los especialistas que tienen la misión de captar a los convencidos para dar la batalla u ofrendar su vida tienen que hurgar en lo más profundo del fracaso. Que es lo que en Europa, precisamente, abunda.</p>
<p>Se dedican a estudiar las reacciones instintivas del creyente señalado. Indagan en sus situaciones laborales o familiares. <strong>Hurgan entre el desencanto de Bruselas, entre las distintas urbanizaciones plagadas de ocio en Madrid, en Londres o en Cardiff</strong>. O en los suburbios nutrientes de Marsella o de París, donde la gloria ligera del turismo no tiene lugar. Aunque pueda divisarse, a lo lejos, la torre Eiffel.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Unificar las crisis</strong></p>
<p>Separar la crisis paulatina del occidente europeo, en su costado central o periférico, y la crisis traumática del Medio Oriente, es un error apenas perdonable en las redacciones apuradas. En la práctica, una crisis puede explicarse también a través de la interpretación de la otra.</p>
<p>El panorama se ensombrece en los hogares sensibles de Europa con el espectáculo de las decapitaciones que aterran a la hora de los telediarios. Sobre todo con las informaciones detalladas, relativas a los “terroristas” que distan de proceder de los desiertos. Al contrario, son combatientes que se educaron entre los márgenes de las capitales de occidente, o en cualquiera de sus costados, tanto del norte como del sur. Países que tienen cuentas pendientes con sus historias y que admitieron una inmigración inexorable, y que aplicaron sistemas fallidos de integración social que estallaron, a lo sumo, en la segunda generación. Y que acaso ya en la tercera se encuadra la densa confesión de Almir: “Francia no quiere que sea francés, mi patria es el Corán”.</p>
<p><strong>Lo que sorprende, entonces, es que la situación sorprenda</strong>. Que cueste tanto aceptar que el probable degollador del periodista americano fue un marginal de los tantos de Cardiff. Al que le gustaba rapear, y que proclamaba, acaso como Almir, que no era aceptado en el país que le facilitaba el acceso al conocimiento. Y que le permitía conocer su cultura, y lo adiestraba en el manejo sabio de las redes sociales. Incluso, hasta le facilitaba el acceso a la inteligencia comunicacional. Y lo recluía en el gheto, para resignarse a ni siquiera tener esperanzas de encontrar un trabajo. Ni tenga el menor sentido buscarlo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>La estética del ajuste</strong></p>
<p>Correspondería tratar las crisis juntas. La historia es compartida.</p>
<p>Obediente y oportuno, Mariano Rajoy, el Popular de España, cierra con Ángela Merkel y sonríe con satisfacción hacia la posteridad. <strong>La señora Merkel lo aprueba. Rajoy hizo bien los deberes, cortó donde debía.</strong> Sirvió compartir con ella un utilitario trecho del camino hacia Santiago de Compostela, su tierra, y la de don Fraga Iribarne. En adelante, con Merkel contenta, Rajoy podrá dejar a la oposición socialista con la impotencia de sus quejas mediáticas. Ya ni constan en actas.</p>
<p>En cambio <strong>François Hollande, un socialista voluntarioso, no tiene otra alternativa que disciplinar la tropa que se resiste a cerrar con Merkel y obedecerla.</strong> Justamente cuando se cumplen setenta años de la liberación de París, unos izquierdistas tontos se entrometen para impugnarle su dependencia de la nueva Alemania, que le exhibe su invariable superioridad, a la Francia que debe conformarse con ser segunda. Entonces Hollande debe consolidar a su primer ministro Valls, y avalarlo de nuevo, pese a la oposición de los propios camaradas que se muestran reticentes a aceptar la obligada moda liberal. Y pretenden abandonar la estética del ajuste perpetuo.</p>
<p>Después de todo, era más conveniente que en Francia el verdadero ajuste lo hiciera Nicolás Sarkozy, que representaba más bien a la derecha. Así la izquierda socialista podía oponerse con banderas rojas y sus manifestaciones emotivas. <strong>Pero el baño frío de la realidad le tocó al pobre Hollande. Encargarse de la utopía de reducir el gasto público en 50 mil millones de euros</strong>. <strong>Una cifra ofensiva, por ejemplo, hasta para una Argentina que se fue al descenso del default, por un asiento contable de 1.500 millones de dólares.</strong></p>
<p>Pero la izquierda nunca tuvo vocación para recortar. Está exclusivamente para distribuir la torta, sin hacerla. Se los recordaba siempre Montebourg al catalán Valls y a Hollande. Para colmo Montebourg era el ministro de Economía que nunca se convenció que la economía es siempre, inalterablemente, de derecha. Pero no: Montebourg enviaba demagógicos mensajes hacia los militantes panzones del partido, que se avergonzaban de recortar desde el gobierno en aquellos sitios del presupuesto donde Sarkozy ni se había atrevido.</p>
<p>Para atroz desencanto de madame Filipetti, la ministra de Cultura que renunció como Montebourg, en nombre de sus ideales que confrontaban, pesadamente, con el paredón opaco de la realidad. Para algarabía, y lo peor, para beneficio ideológico de Marine Le Pen, que culpa a la inmigración de la desgracia de Europa y crece gracias a los desastres personales que padecieron, sucesivamente, Sarkozy y Hollande.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>La selfie</strong></p>
<p>Lo sorprendente es que hoy los occidentales se sorprendan de los cientos de reclutados que fueron formados en sus países y hoy los quieren decapitar. Los rechazados que no vacilaron en irse hacia la Jihad. A luchar por cualquiera de las causas pendientes que se multiplican en la región que mantiene consternado al mundo dependiente de su energía. Sea la causa eterna palestina, o sea en Siria, a favor o en contra de Bashar Al Assad, o en el Irak, donde se incineraron juntos los ingleses y americanos. O que engrosen las listas clandestinas de los combatientes que nada tenían para perder y que hoy persiguen la demencial utopía del califato en un Estado Islámico, a través de la impactante metodología sanguinaria, aunque explotada con la habilidad de quienes saben manejar los medios de comunicación, las tecnologías de avanzada, el universo interno de las redes sociales que nutren los objetivos paradójicos de remontarse hacia el ilusorio Medioevo.</p>
<p>A los efectos de aplicar, después de la indispensable matanza, las claves manipuladas de El Corán, la patria de Almir, que se siente tan rechazado por los recortadores que culpan a la inmigración como el hijo de la buena señora marroquí que reside en Majadahonda, en las afueras de Madrid. El chico, Brahim, se le fue de vacaciones a Tetuán pero no volvió más. Aunque le envió a su madre una selfie, desde el desierto indescifrable, situado entre los estados artificiales de Siria y de Irak, donde se lo podía ver al Brahim barbado y feliz.</p>
<p><strong>Sorprende que se sorprendan de aquellos jóvenes que sentían que nada podían esperar en Madrid, en Cardiff o en París. Educados en las culturas que no los contenían</strong>, <strong>y originarios de pasados que podían, por lo menos, idealizar.</strong></p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong>Osiris Alonso D’Amomio</strong></p>
<p>para <em>JorgeAsisDigital.com</em></p>
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