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	<title>Mundo Asís &#187; Fintech Advisory</title>
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		<title>David, el juntador de cabezas</title>
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		<pubDate>Fri, 15 Nov 2013 16:02:32 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Mundo Asís</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Martínez, socio de Magnetto en Cablevisión, compra las acciones de Telecom Italia. ¿Acercamiento entre el Gobierno y Clarín? escribe Oberdán Rocamora David Martínez Guzmán es el poderoso inversor mexicano de Monterrey. Oscila cotidianamente entre sus pisos de Nueva York y Londres. 56 años. Suele molestarle, según nuestras fuentes, que los tilingos lo llamen “deivid”. Prefiere que... <a href="http://opinion.infobae.com/mundo-asis/2013/11/15/david-el-juntador-de-cabezas/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Martínez</strong>, socio de <strong>Magnetto</strong> en <strong>Cablevisión</strong>, compra las acciones de <strong>Telecom Italia</strong>. <strong>¿Acercamiento entre el Gobierno y Clarín?</strong></p>
<p>escribe<strong> Oberdán Rocamora</strong></p>
<p><strong>David Martínez Guzmán</strong> es el poderoso inversor mexicano de <strong>Monterrey</strong>. Oscila cotidianamente entre sus pisos de <strong>Nueva York</strong> y <strong>Londres</strong>. 56 años.<br />
Suele molestarle, según nuestras fuentes, que los tilingos lo llamen “deivid”. Prefiere que lo llamen David.<br />
Como si celebrara su propia proeza. Desde la humildad social del origen, hasta convertirse en el equivalente de otro mexicano emblemático. <strong>Carlos Slim</strong>, el paisano más rico del mundo.</p>
<p>Con la astucia de su mirada penetrante, y con cierto sospechoso movimiento de los labios que remiten a la sugerencia, <strong>David Martínez Guzmán</strong> inquieta a sus interlocutores.<br />
Los cautiva. Una de dos: David genera invariable admiración o instintivo rechazo de piel.</p>
<p><span id="more-651"></span>Es el titular de <strong>Fintech Advisory</strong>. El Fondo de inversión mucho mejor diseñado que <strong>The Old Fund</strong>.<br />
Con Fintech, <strong>David se propone invertir miserables 960 millones de dólares</strong>. <strong>A los efectos de quedarse con las acciones argentinas de Telecom Italia.</strong><br />
Conste que son demasiados millones que les sirven, a los italianos próximos a la bancarrota, para respirar un poco. Ya que se ubican en la cercanía del descenso. Tienen una deuda de treinta mil millones de dólares.</p>
<h3>El Buitre amigo de la casa</h3>
<p>“Martínez es una luz. En una negociación te da vuelta. Se dedicó a juntarles las cabezas a todos”, confirma <strong>la Garganta</strong>. “Y todos quedaron contentos”.<br />
Para algarabía lícita, en principio, de Los W.<br />
Son los <strong>Werthein</strong>. Trátase del grupo argentino que supiera vertebrar don Noel, junto al entrañable “Julio”.<br />
Los W mantienen con Martínez, según nuestras fuentes, una relación racional. Casi cordial. Aunque persistan tantos mangos en el juego.<br />
<strong>“Con David, Los W se van a entender bien</strong>”, confirma la Garganta. Y atenúa: “Al menos transitoriamente”.</p>
<p>Pero también brota la algarabía de los declinantes italianos. Ya más despejados. Sincerados frente al espejo, después de la salida de don <strong>Franco Bernabé</strong>.<br />
Aunque los italianos de <strong>Telecom</strong> pierdan el atractivo intenso de la presencia internacional, se liberan de la <strong>Argentina</strong>. De su cultura reprochable. La que ayudaron históricamente a generar.</p>
<p>Aunque sus exponentes no lo reconozcan, el cambio de los italianos por Martínez es beneficioso, también, para el Gobierno cristinista.<br />
<strong>Ocurre que David, el juntador de cabezas, es considerado, según nuestras fuentes, como un buitre bueno.</strong><br />
Un buitre vegetariano. Amigo de la casa. El buitre que ayuda, con su interesada solidaridad, a destrabar el dilema de los llamados <em>hold-outs.</em><br />
Los tenedores de bonos controlados por los buitres malos. Una manga de cretinos insensibles que quieren, para colmo, cobrar.<br />
Aunque aún deba cumplir los trámites de la aceptación, Martínez ya puede mover los labios en inquietante señal de logro cumplido. La <strong>Comisión de Defensa de la Competencia</strong> no va a presentar ninguna traba. Tampoco la <strong>Secretaría de Comunicaciones</strong>.<br />
Y aquella irritante doctora <strong>Alejandra Gils Carbó,</strong> la que hostigó con severidad la venta de Cablevisión -cuando Martínez decidía asociarse con <strong>Clarín</strong>- hoy también está plácidamente neutralizada. Es también propia tropa. Con la docilidad del silencio, va a acompañar el negocio. La juntada de cabezas que conviene. Por patriótica unanimidad.</p>
<h3>La novela de Telecom</h3>
<p>El conflicto por aquellas acciones mereció la oportuna miniserie del portal.<br />
De cuando participaron <em>players</em> magistrales. Por ejemplo el hoy convaleciente <strong>Raúl Moneta</strong>. O <strong>Eduardo Elztain</strong>, el inversor que pone donde los cristinistas le pidan. O el narrador <strong>Matías Garfunkel-Madanes</strong>, socio de <strong>Szpolsky</strong> en cien publicaciones cristinistas que viven de pautas. O el consagrado polista <strong>Ernesto Gutiérrez</strong>. Pero también el <strong>Corcho Rodríguez</strong>, un punta de los Román, el “propaganda due” <strong>Gian Franco Elía Valori</strong>, el invalorable senador <strong>Cacho Caselli</strong>, o el señor Sergí y su yernito. Brindan material para un film extraordinariamente divertido sobre el empresariado nacional.<br />
Pero sobre todo la novela de Telecom representó también el trasfondo de la Guerra-Divorcio.<br />
Entre <strong>Néstor Kirchner</strong>, El Furia, o sea el Gobierno-Estado, y <strong>Héctor Magnetto</strong>, o sea el <strong>Grupo Clarín</strong>.<br />
Cuando a El Furia lo movilizaba precisamente la idea de evitar que esas acciones -tan jugosamente literarias- fueran a parar hacia los dominios del Grupo, que ya no era amigo.<br />
“Todavía Magnetto no tenía abrochada con Kirchner la fusión Cablevisión-Multicanal y ya iba por las acciones de Telecom”, confirma la Garganta.<br />
<strong>Lo interesante del cuento es que Martínez es el socio de Clarín-Magnetto en Cablevisión.</strong><br />
Es también (David) quien no vaciló en desmarcarse de Magnetto, en la primera de cambio. Para adherir inmediatamente al descuartizamiento programado que supo estimular el cristinismo. A través de la <strong>Ley de Medios</strong> que promovió, apenas, para despedazar a <strong>Clarín</strong>.<br />
Trasciende que David supo mover la intriga de sus labios cuando le llevó a <strong>Sabbattella</strong>, El Psicobolche, su disciplinada desinversión.</p>
<h3>Martínez, hombre de Martínez</h3>
<p><strong>“Pero no te confundas, Rocamora. Martínez es sólo hombre de Martínez. No juega ni para el Gobierno ni para Clarín. Lo primero, siempre, son sus intereses</strong>”.<br />
Los que se suponían informados, creían que Martínez era el instrumento clave. Al que recurría el gobierno para debilitar a Magnetto. Hasta doblegarlo.<br />
Para los avezados, los que suelen adelantarse en la interpretación, Martínez actuaba en ostensible sintonía con Magnetto, el ajedrecista que disputaba tres partidas simultáneas.<br />
Al contrario -siempre para los avezados- David emerge como el verdadero canal que facilita, en la práctica, el entendimiento entre los dos contendientes. <strong>El cristinismo y Clarín.</strong><br />
<strong> Los enemigos que mantienen de rehén, desde hace cinco años, a la sociedad.</strong> También, claro, a la impotente política.<br />
Cambió tanto el aire que hoy, cualquier bien intencionado, expresa con punzante alegría:<br />
“Avanza el arreglo entre el Gobierno y Clarín. Ya negocian directamente”.<br />
<strong>Zannini</strong> (un buen interlocutor de David, aunque le diga “deivid”), por el Gobierno.<br />
Pablito, el sobrino de Magnetto, por el Grupo.<br />
Aunque las negociaciones entre Zannini y Pablito sean, según nuestras fuentes, inexistentes. Imaginarias.<br />
Lo importante es que del acercamiento se habla. El acuerdo avanza por los costados, como si fuera una expresión de la voluntad.<br />
Un triunfo inicial, acaso, del lenguaje. Y de David, el Gran Juntador de Cabezas.</p>
<p><strong>Oberdán Rocamora</strong></p>
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