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	<title>Mundo Asís &#187; François Hollande</title>
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		<title>Las represalias no esperan</title>
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		<pubDate>Tue, 17 Nov 2015 04:31:13 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Mundo Asís</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Con valiente perplejidad Francia se entrega a la dinámica de la venganza interminable. A la respuesta anticipatoria de próximas represalias. La guerra irrumpe para quedarse.<br />
Francia fue violentamente agredida la noche del 13 de noviembre. En el costado sublime del Boulevard Voltaire. Una respuesta tétrica a los bombardeos decididos por François Hollande, en el territorio incierto de Daesh (Estado Islámico). Y debió replicar de nuevo ayer, 15 de noviembre, con el bombardeo sobre Raqqa. Raqqa es la también incierta capital de Daesh, situada en el norte de (lo que fue) Siria.<br />
Resta aguardar, en París, la próxima represalia.</p>
<p><strong>Desde aquí —Buenos Aires— se asume la audacia estratégica y militar de sugerir que, con bombardeos por el estilo, Estados Unidos y Francia nunca van a doblegar a Daesh</strong>. El ejército terrorista es el más serio de la yihad. Es infinitamente más poderoso de lo que fue Al Qaeda. Contiene ramificaciones terrenales, presentes en las ciudades más insospechadas.<br />
Cuadros móviles que, en cualquier momento, estallan. En un centro comercial, un estadio, un bar.<br />
Se impone entonces una guerra de inteligencia. Con ocupación, en lo posible, del terreno. Y activar no sólo desde la placidez del aire. Con drones. Se debe asumir el severo riesgo de propagar las cabezas cortadas.<span id="more-1441"></span><br />
Téngase en cuenta que ya no se trata de <a href="http://www.jorgeasisdigital.com/2015/01/12/cuentapropistas-de-la-jihad/" target="_blank">Cuentapropistas de la yihad</a>. Ni de ningún lobo solitario, como aquel Amedy Coulibaly, el desesperado que se hizo acribillar en el almacén kosher del suburbio. Fue después de que los hermanitos Khualy se encargaran de asesinar a algunos talentosos dibujantes de <i>Charlie Hebdo</i>. Los dignos que daban rienda suelta al ejercicio de la libertad creadora, aunque relativamente indiferentes a la sensibilidad que hervía en el interior invisible de la sociedad fragmentada.<br />
Ahora se trata, en cambio, de comandos sincronizados. Atacaron en simultáneo en un gran estadio. Interrumpieron a balazos un concierto en el teatro señalado. O en el restorán étnico.<br />
<b>Daesh representa, evidentemente, el máximo peligro para Occidente, no sólo es la superación de Al Qaeda. Mantiene, aparte, un territorio propio. Es un Estado desafiante que convoca a una guerra culturalmente desigual</b>. Con la ventaja, a su favor, de conocer los pliegues de la cultura del enemigo “infiel”. Y con otra ventaja superior: los mayoritarios inocentes del bando enemigo, los profanos “infieles”, desconocen las claves mínimas de sus comportamientos. Ni los entienden, o se niegan, incluso, a entenderlos.</p>
<p><b> </b></p>
<p><b>Sunitas radicalizados y ofendidos</b></p>
<p>Daesh, Estado Islámico, es la conjunción de los sunitas radicalizados y ofendidos de los dos ex Estados, acaso Estados fallidos, de Siria y de Irak. Con las fronteras artificiales.<br />
Dos estados —Siria e Irak— que participaron de la alucinación nacionalista del Partido Baaz. A través de dos líderes enemigos entre sí. Sadam Hussein, en Irak, un suní minoritario, de Tikrit (hoy Daesh), en el país de mayoría chiita. Y Hafez al-Assad, en Siria, de los ultraminoritarios alawitas, los que se identifican con el chiismo, con terminal en Irán. Con los exiliados de cada dictador que residían en el país del otro y conspiraban, desde Bagdad o Damasco.<br />
Puede completarse la brevedad del cuadro con los cristianos que, por seguridad básica, y por rescatable espíritu de supervivencia, se amparaban siempre cerca de los tiranuelos que los protegían. Preferibles los dictadores, para los cristianos, a los fundamentalistas. Siempre.</p>
<p><b>Sin primavera en Siria</b></p>
<p>La Primavera Árabe, que tanta simpatía despertó en Occidente, para el mundo árabe resultó letal. Derivó en extraordinarios fracasos.<br />
Después de la desdichada invasión americano-británica a Irak, que terminó con la ejecución de Sadam (y con Irak en poder de los chiitas, o sea, a favor de Irán). Y después de las primaveras fogoneadas que terminaron con la familia de Ben Ali en Túnez y con Mubarak en Egipto (para finalizar con el fundamentalismo democrático de Al Mosri, y un nuevo golpe militar). Y con el asesinato expresionista del pobre Gaddafi en Libia.<br />
En adelante, si algo tuvo en claro <a href="http://www.jorgeasisdigital.com/2010/07/02/bashar-al-assad-el-oftalmologo/" target="_blank">Bashar, el oftalmólogo</a>, el hijo “científico” de Hafez, es que la primavera en Siria no podía existir. Debía evitar el mismo final. Entonces Bashar decidió resistir. Hasta que la muerte fuera, apenas, una cuestión contable. Doscientos o trescientos mil muertos no importaban. Una cifra. Por más que se destruyeran las ciudades milenarias de Aleppo, Homs, Palmira.</p>
<p>Y aunque Siria se convirtiera en el teatro de operaciones donde las grandes potencias jugaban sus cartas.<br />
Estados Unidos arrastraba el error con que ataba a Inglaterra. Y la jactanciosa Francia jugaba también su prestigio de ofendida. Mientras tanto Rusia —que enlaza a la menos activa China— comenzaba a imponer su influencia. A través de un Vladimir Putin frío e inescrupuloso, consciente de que debía apoyar a Bashar hasta donde fuera. Y no sólo por disponer en Tartus, Siria, su gran base militar en el Mediterráneo. Influía su aliado Irán.<br />
Aparte, debe incorporarse a las potencias regionales que mantenían su propio conflicto, nada menor, de dominación. La fundamental Arabia Saudita, la aliada, hoy desairada por los Estados Unidos. Contra el chiita Irán, el aliado flamante. Y en el medio, siempre, las contradicciones apasionantes de Turquía, prioritariamente interesada en que no emergiera, entre el desbarajuste, un Estado kurdo.<br />
El cóctel contenía, para completarla, las diversas franquicias armadas. Tenían el sigiloso financiamiento de Arabia Saudita y a veces, incluso, del ascendente Qatar.<br />
<b>Pero los dos actores regionales que confrontan (Arabia Saudita e Irán) pasan, de pronto, a ser tres. Se crea Daesh, ISIS o Estado Islámico</b>. Confluyen los sunitas radicalizados de Irak con los sunitas humillados de Siria. Y desplazan, por importancia y virulencia, de la centralidad al conflicto insoluble de Israel y Palestina. Y desplazan, por último, de la centralidad de la vanguardia a Al Qaeda. Organización de franquicias que venía opacada desde el ajusticiamiento de Bin Laden, entregado en Pakistán. Para su sucesor sin carisma, el egipcio Ayman al Zawahiri, ya ni habría, siquiera, financiamiento.<br />
(Es Zawahiri el mismo que en 1992, principios de 1993, casualmente estuvo por Brasil, Paraguay y Argentina. En visita difícilmente turística. No fue registrada. Ampliaremos).</p>
<p><b> </b></p>
<p><b>Batón naranja, daga en el cuello</b></p>
<p>Al territorializarse la yihad, se reinstala la idea del califato, alucinación que estaba pendiente desde el siglo XIII. Y los radicalizados de avanzada toman Mosul, la antigua capital de Nínive. Se embolsan 300 millones de dólares en efectivo que reposaban en el banco.<br />
Y la inagotable vertiente petrolera comienza a ser explotada por los competentes gerentes que fueron de Sadam. Y su petróleo, tercerizado, es consumido en los países que supuestamente están en guerra con el origen.<br />
Aparte explotan, por si no bastara, la trágica popularidad que atrae a los islamistas radicalizados. <b>Los educados en ciudades de Occidente, donde fracasaron todos los intentos de integración social. Sobre todo en Francia. Con la multiplicación de guetos que construyen, en el interior de Francia, otros países</b>. En suburbios desde donde se distingue, a lo lejos, la Tour Eiffel.<br />
Son entonces los islamistas que llegan de Francia, de Inglaterra y de Bélgica, a través de los pasos fronterizos de Turquía. Los que aplican sus magistrales conocimientos de marketing y de publicidad.<br />
Saben que cualquier desdichado cautivo, con un batón naranja y con una daga en el cuello, suele ser irresistible como portada de todos los diarios y noticieros del mundo.</p>
<p>Es precisamente el Estado Islámico el que logra, por vía indirecta, el acercamiento entre Estados Unidos e Irán. Para combatirlo.<br />
Y es la Rusia de Putin la que también se atreve a bombardear. Para anticiparse y proteger, en especial, a Bashar. La represalia nunca se hace esperar. Daesh les baja, a los rusos, un avión colmado de turistas de San Petersburgo que abandonan las playas de Sharm el Sheikh (el paraíso de Egipto), 250 muertos.<br />
Se aguarda la represalia de Putin.<br />
Tampoco la represalia se hace esperar por los bombardeos decididos por François Hollande. La carnicería de Bataclan, como respuesta, está a la vista.</p>
<p><b> </b></p>
<p><b>Sorprende que sorprenda</b></p>
<p>“Lo que sorprende es que sorprenda”. Se dijo en <a href="http://www.jorgeasisdigital.com/2014/08/28/decapitaciones-ajustes-y-selfies/" target="_blank">Decapitaciones, ajustes y selfies</a>. <b>Para prevenirse, los franceses debieron tomar con mayor seriedad sus nutritivos productos culturales. </b>Como, por ejemplo, dos libros: <i>L’Etat Islamique</i>, de Olivier Hanne y Thomas Flichy de la Neuville. Y sobre todo <i>La France du Djihad</i>, de François Vignolle y Azzeddine Ahmed-Chaouch.<br />
Es donde mejor se detallan las trayectorias, las experiencias y las biografías. Los pasos de Turquía por donde entran y salen de Daesh los jóvenes islamistas franceses. Como Coulibaly.<br />
O como estos tres hermanitos Abdeslam. Mohammed, Brahim, alguno de los dos kamikazes que estallaron. Y Salah, el más buscado. Este muchacho estaba instalado en el barrio popular de Malenbeec, en Bélgica. Y se trasladó en un automóvil alquilado hacia el cercano París. A los efectos de fusilar a los infieles que habían decidido disfrutar, durante una noche de viernes de otoño, un concierto de rock, en Bataclan, sublime Boulevard Voltaire.</p>
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		<title>Cuentapropistas de la jihad</title>
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		<pubDate>Tue, 13 Jan 2015 11:48:25 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Mundo Asís</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Asesinatos, sobreactuaciones y fracturas francesas. París, especial “11 de setiembre francés”. Exagera Le Monde, título de portada del 9 de enero. Es el primer anticipo del exceso cultural. De la sobreactuación derivada de los crímenes horribles de los talentosos caricaturistas de “Charlie Hebdo”. Los Kouachi, dos hermanos desesperados con una buena información (pero con la... <a href="http://opinion.infobae.com/mundo-asis/2015/01/13/cuentapropistas-de-la-jihad/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><em>Asesinatos, sobreactuaciones y fracturas francesas.</em><br />
<strong>París, especial</strong></p>
<p>“11 de setiembre francés”. Exagera <em>Le Monde</em>, título de portada del 9 de enero.<br />
Es el primer anticipo del exceso cultural. De la sobreactuación derivada de los crímenes horribles de los talentosos caricaturistas de “Charlie Hebdo”.<br />
Los Kouachi, dos hermanos desesperados con una buena información (pero con la puerta equivocada). Podían cumplir con la idea de la venganza, que se sugería, acaso, en la revista “Inspire”, de diciembre.<br />
Los miércoles por la mañana solía reunirse la plana mayor de la dirección de Charlie Hebdo. La revista que “injuriaba” al Profeta.<br />
Y sin la logística básica, con la menor infraestructura, sin apoyos ni contactos, apenas provistos de decisión y crueldad, Said y Cherif Kouachi provocaron la masacre. En su huida mataron, casi de paso, a un policía. E iniciaron la fuga intensa y breve que terminó en una imprenta de Dammartin-en Goele.<br />
Mientras tanto otro autorreferencial, Amedy Coulibaly, con un elevado sentido de su figuración, copó la carnicería kasher de Vincennes. Juntó a algunos rehenes y se disponía a resistir.</p>
<p><em><strong>Franquicias</strong></em></p>
<p>Suficiente para paralizar París, la ciudad sitiada, mientras se aguardaba que la policía completara su trabajo. Que masacrara a los tres terroristas que representaban el cuentapropismo de la jihad. Tres guerreros alucinados que vengaban al Profeta con autonomía, y sin el menor conocimiento de los jerarcas de los otros dos grupos que compiten por la hegemonía de la jihad. La demacrada Al Qaeda, en principio, y sobre todo el temible Estado Islámico, que desplazó a la banda de Bin Laden del primer plano, a los efectos de transformarla en una suma de franquicias alborotadas, sin conducción e -incluso- hasta sin dinero. Una de las franquicias es de la península arábiga. Con sede en Yemen, técnicamente un país PMA, en el lenguaje técnico de Naciones Unidas. Uno de los Países Menos Adelantados del planeta, que padece una miseria estremecedora y carece -incluso- hasta de petróleo.<br />
En la huida adolescente, uno de los criminales le sugirió a quien le robó el automóvil: “Si los medios te preguntan por nosotros, diles que somos de Al Qaeda, Península Arábiga”.<br />
Por si no bastara, divulgaron también que el operativo Charlie lo había financiado el imán Anuar al Aulaki. Una versión unilateral que contrasta con lo grabado en el “video selfie” por Coulibaly. Dijo haberles “prestado a los hermanos algunos miles de euros”, para concretar la venganza.<br />
En fin, muertos los tres, el presidente François Hollande pudo elevarse como estadista. Y por cadena nacional dijo que Francia iba a reaccionar con solidaridad, unidad y movilización. Para convocar a la emotiva marcha del domingo 11, de la cual se habla hasta el agotamiento en todos los diarios, revistas y canales del mundo.<br />
La cuestión que Hollande puso toda la carne en el asador. Puso a los solemnes estadistas de Europa central. Juntó al palestino Abas y al israelí Netanyahu. Y al presidente de Mali, Ibrahim Keita, ya que siempre un africano completa una primera plana plural.</p>
<p><em><strong>Osadías del lenguaje</strong></em></p>
<p>Comparar la docena de asesinatos de Charlie Hebdo, con los miles de muertos del desmoronamiento de las Torres Gemelas es, en primer lugar, una osadía pedante del lenguaje. Pero sobre todo es un error. Implica banalizar la magnitud de los atentados. Denuncia soberbia hasta para la tragedia.</p>
<p>Porque duele aceptar que estos tres jihadistas franceses no pertenecen a ninguna marca registrada. Aunque se descuenta que ni Al Qaeda, que anda a la deriva con el doctor Ayman Al Zawahiri, ni el Estado Islámico, del temible Bagdhadi, iban a desaprobar la acción. Al contrario. Y aquel que se base en la devastación de Yemen para otorgarle cierta magnitud a los asesinatos, debería no abusar de la inteligencia del informado medio. Porque, para que un yemenita banque un operativo terrorista, hay que estar verdaderamente desahuciado. En la lona. Por otra parte tampoco nadie pudo haberlos bancado. Al imán de la referencia lo habían mandado para arriba dos años atrás, y sin siquiera ver de cerca el rostro del asesino perceptible. Lo despacharon con un drone.</p>
<p><em><strong>Pasiones execrables</strong></em></p>
<p>La cuestión que Hollande, que venía en falsa escuadra, levantó algunos puntos como estadista. Para organizar un cacerolazo positivamente extraordinario, sin cacerolas, con gente bien intencionada, que suele emocionarse con la idea de la libertad, la fraternidad y la tolerancia, aunque se profundicen las fracturas de la sociedad francesa. Es donde crece y se expande la islamofobia. Una pasión que se retroalimenta recíprocamente con la pasión del antisemitismo.<br />
No basta con marginar del cacerolazo a la señora Marine Le Pen, y su escuadra que crece, hasta en la literatura de Houellebecq.<br />
Aunque unifica ambas pasiones execrables, madame Le Pen es otra beneficiaria de la sobreactuación. El primero es Hollande, que se mantuvo al nivel del desafío. Ambos -Hollande y Le Pen- por acumulación informativa, descuentan también que no se van a detener las acciones individuales. El cuentapropismo de la jihad.<br />
El país cuenta con cinco millones de musulmanes, y menos del uno por ciento adhiere a las alucinantes abnegaciones de la jihad. Los servicios de inteligencia tienen identificados a no menos de 1.500 cuadros que estuvieron en Siria o en Irak. Y 750 de ellos, según nuestras fuentes, volvieron, entre ellos 150 mujeres, alguna casada por internet, y tal vez ya viuda. Entran a Siria y salen como por un tubo a través de Turquía, sobre todo desde la provincia fronteriza de Hatay, por pasadores que les cobran 50 dólares.<br />
Son jóvenes en condiciones de matar, que recibieron adiestramiento militar y que no tienen ningún problema en morir.<br />
Entre tanto prejuicio y fracaso, en materia de integración social, debería contenerse a la islamofobia. Que no eleve ese menos del uno por ciento.</p>
<p><em><strong>Noción del otro</strong></em></p>
<p>Al cierre del despacho, un actor transgresor y antisemita, Dieudonne, escribió en su cuenta de facebook “Je suis Charlie Coulibaly”. Y ahora Dieudonne debe comerse una querella. El límite a la libertad de expresión lo marca el Código Penal.<br />
Pero antes del punto final, un camarero musulmán, Adib, en Montparnasse se nos queja. “Si los dibujos ofendieran a los judíos nadie sería Charlie”.<br />
Ocurre que los musulmanes no lograron, todavía, que los ampare ninguna ley que condene la islamofobia.<br />
Y trasciende que el miércoles, en Charlie Hebdo, volverán a burlarse del Profeta. Con las caricaturas celebratorias.<br />
Debe protegerse, en nombre de la tolerancia, el ejercicio de la libertad del creador que ofende -sin reparos- la sensibilidad del otro. Con el exclusivo riesgo de ser asesinado.<br />
Lamentablemente el mundo no es como uno lo cree. O lo quiere.<br />
El otro. Ese otro que equivocadamente existe. Al lado nuestro y con sus creencias. En el metro, en la calle, en el mercado, en el bar.</p>
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		<title>Decapitaciones, ajustes y selfies</title>
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		<pubDate>Fri, 29 Aug 2014 10:31:23 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Mundo Asís</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Reclutados occidentales del Estado Islámico como consecuencia de la crisis europea. Escribe Osiris Alonso D’Amomio, especial para JorgeAsísDigital &#160; Madrid ‘Nací, crecí y estudié en Francia, pero soy argelino. Francia no quiere que yo sea francés, me rechaza”. Lo confesó Almir, seis meses atrás, en París. A punto para enrolarse con algún eficiente reclutador, de los... <a href="http://opinion.infobae.com/mundo-asis/2014/08/29/decapitaciones-ajustes-y-selfies/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Reclutados occidentales del Estado Islámico como consecuencia de la crisis europea.</strong></p>
<p>Escribe <strong>Osiris Alonso D’Amomio</strong>, especial para <em>JorgeAsísDigital</em></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Madrid</strong></p>
<p>‘Nací, crecí y estudié en Francia, pero soy argelino. <strong>Francia no quiere que yo sea francés, me rechaza</strong>”. Lo confesó Almir, seis meses atrás, en París. A punto para enrolarse con algún eficiente reclutador, de los que suelen proliferar en determinadas mezquitas.</p>
<p>Los reclutadores suelen estudiar los movimientos de los jóvenes que se acercan para participar de la oración de los viernes. Por vocación religiosa, por mero interés social, o por consolidación de la pertenencia. <strong>Los imanes los conocen y si pueden espantan a los reclutadores. Sobre todo porque tienen poco que ver con el Islam</strong> que los imanes pregonan, y que pasa más por la sumisión a Dios que por la rebeldía activa contra los infieles.</p>
<p><span id="more-1037"></span></p>
<p>Los especialistas que tienen la misión de captar a los convencidos para dar la batalla u ofrendar su vida tienen que hurgar en lo más profundo del fracaso. Que es lo que en Europa, precisamente, abunda.</p>
<p>Se dedican a estudiar las reacciones instintivas del creyente señalado. Indagan en sus situaciones laborales o familiares. <strong>Hurgan entre el desencanto de Bruselas, entre las distintas urbanizaciones plagadas de ocio en Madrid, en Londres o en Cardiff</strong>. O en los suburbios nutrientes de Marsella o de París, donde la gloria ligera del turismo no tiene lugar. Aunque pueda divisarse, a lo lejos, la torre Eiffel.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Unificar las crisis</strong></p>
<p>Separar la crisis paulatina del occidente europeo, en su costado central o periférico, y la crisis traumática del Medio Oriente, es un error apenas perdonable en las redacciones apuradas. En la práctica, una crisis puede explicarse también a través de la interpretación de la otra.</p>
<p>El panorama se ensombrece en los hogares sensibles de Europa con el espectáculo de las decapitaciones que aterran a la hora de los telediarios. Sobre todo con las informaciones detalladas, relativas a los “terroristas” que distan de proceder de los desiertos. Al contrario, son combatientes que se educaron entre los márgenes de las capitales de occidente, o en cualquiera de sus costados, tanto del norte como del sur. Países que tienen cuentas pendientes con sus historias y que admitieron una inmigración inexorable, y que aplicaron sistemas fallidos de integración social que estallaron, a lo sumo, en la segunda generación. Y que acaso ya en la tercera se encuadra la densa confesión de Almir: “Francia no quiere que sea francés, mi patria es el Corán”.</p>
<p><strong>Lo que sorprende, entonces, es que la situación sorprenda</strong>. Que cueste tanto aceptar que el probable degollador del periodista americano fue un marginal de los tantos de Cardiff. Al que le gustaba rapear, y que proclamaba, acaso como Almir, que no era aceptado en el país que le facilitaba el acceso al conocimiento. Y que le permitía conocer su cultura, y lo adiestraba en el manejo sabio de las redes sociales. Incluso, hasta le facilitaba el acceso a la inteligencia comunicacional. Y lo recluía en el gheto, para resignarse a ni siquiera tener esperanzas de encontrar un trabajo. Ni tenga el menor sentido buscarlo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>La estética del ajuste</strong></p>
<p>Correspondería tratar las crisis juntas. La historia es compartida.</p>
<p>Obediente y oportuno, Mariano Rajoy, el Popular de España, cierra con Ángela Merkel y sonríe con satisfacción hacia la posteridad. <strong>La señora Merkel lo aprueba. Rajoy hizo bien los deberes, cortó donde debía.</strong> Sirvió compartir con ella un utilitario trecho del camino hacia Santiago de Compostela, su tierra, y la de don Fraga Iribarne. En adelante, con Merkel contenta, Rajoy podrá dejar a la oposición socialista con la impotencia de sus quejas mediáticas. Ya ni constan en actas.</p>
<p>En cambio <strong>François Hollande, un socialista voluntarioso, no tiene otra alternativa que disciplinar la tropa que se resiste a cerrar con Merkel y obedecerla.</strong> Justamente cuando se cumplen setenta años de la liberación de París, unos izquierdistas tontos se entrometen para impugnarle su dependencia de la nueva Alemania, que le exhibe su invariable superioridad, a la Francia que debe conformarse con ser segunda. Entonces Hollande debe consolidar a su primer ministro Valls, y avalarlo de nuevo, pese a la oposición de los propios camaradas que se muestran reticentes a aceptar la obligada moda liberal. Y pretenden abandonar la estética del ajuste perpetuo.</p>
<p>Después de todo, era más conveniente que en Francia el verdadero ajuste lo hiciera Nicolás Sarkozy, que representaba más bien a la derecha. Así la izquierda socialista podía oponerse con banderas rojas y sus manifestaciones emotivas. <strong>Pero el baño frío de la realidad le tocó al pobre Hollande. Encargarse de la utopía de reducir el gasto público en 50 mil millones de euros</strong>. <strong>Una cifra ofensiva, por ejemplo, hasta para una Argentina que se fue al descenso del default, por un asiento contable de 1.500 millones de dólares.</strong></p>
<p>Pero la izquierda nunca tuvo vocación para recortar. Está exclusivamente para distribuir la torta, sin hacerla. Se los recordaba siempre Montebourg al catalán Valls y a Hollande. Para colmo Montebourg era el ministro de Economía que nunca se convenció que la economía es siempre, inalterablemente, de derecha. Pero no: Montebourg enviaba demagógicos mensajes hacia los militantes panzones del partido, que se avergonzaban de recortar desde el gobierno en aquellos sitios del presupuesto donde Sarkozy ni se había atrevido.</p>
<p>Para atroz desencanto de madame Filipetti, la ministra de Cultura que renunció como Montebourg, en nombre de sus ideales que confrontaban, pesadamente, con el paredón opaco de la realidad. Para algarabía, y lo peor, para beneficio ideológico de Marine Le Pen, que culpa a la inmigración de la desgracia de Europa y crece gracias a los desastres personales que padecieron, sucesivamente, Sarkozy y Hollande.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>La selfie</strong></p>
<p>Lo sorprendente es que hoy los occidentales se sorprendan de los cientos de reclutados que fueron formados en sus países y hoy los quieren decapitar. Los rechazados que no vacilaron en irse hacia la Jihad. A luchar por cualquiera de las causas pendientes que se multiplican en la región que mantiene consternado al mundo dependiente de su energía. Sea la causa eterna palestina, o sea en Siria, a favor o en contra de Bashar Al Assad, o en el Irak, donde se incineraron juntos los ingleses y americanos. O que engrosen las listas clandestinas de los combatientes que nada tenían para perder y que hoy persiguen la demencial utopía del califato en un Estado Islámico, a través de la impactante metodología sanguinaria, aunque explotada con la habilidad de quienes saben manejar los medios de comunicación, las tecnologías de avanzada, el universo interno de las redes sociales que nutren los objetivos paradójicos de remontarse hacia el ilusorio Medioevo.</p>
<p>A los efectos de aplicar, después de la indispensable matanza, las claves manipuladas de El Corán, la patria de Almir, que se siente tan rechazado por los recortadores que culpan a la inmigración como el hijo de la buena señora marroquí que reside en Majadahonda, en las afueras de Madrid. El chico, Brahim, se le fue de vacaciones a Tetuán pero no volvió más. Aunque le envió a su madre una selfie, desde el desierto indescifrable, situado entre los estados artificiales de Siria y de Irak, donde se lo podía ver al Brahim barbado y feliz.</p>
<p><strong>Sorprende que se sorprendan de aquellos jóvenes que sentían que nada podían esperar en Madrid, en Cardiff o en París. Educados en las culturas que no los contenían</strong>, <strong>y originarios de pasados que podían, por lo menos, idealizar.</strong></p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong>Osiris Alonso D’Amomio</strong></p>
<p>para <em>JorgeAsisDigital.com</em></p>
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