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	<title>Mundo Asís &#187; islamismo</title>
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		<title>Cuentapropistas de la jihad</title>
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		<pubDate>Tue, 13 Jan 2015 11:48:25 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Mundo Asís</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Asesinatos, sobreactuaciones y fracturas francesas. París, especial “11 de setiembre francés”. Exagera Le Monde, título de portada del 9 de enero. Es el primer anticipo del exceso cultural. De la sobreactuación derivada de los crímenes horribles de los talentosos caricaturistas de “Charlie Hebdo”. Los Kouachi, dos hermanos desesperados con una buena información (pero con la... <a href="http://opinion.infobae.com/mundo-asis/2015/01/13/cuentapropistas-de-la-jihad/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><em>Asesinatos, sobreactuaciones y fracturas francesas.</em><br />
<strong>París, especial</strong></p>
<p>“11 de setiembre francés”. Exagera <em>Le Monde</em>, título de portada del 9 de enero.<br />
Es el primer anticipo del exceso cultural. De la sobreactuación derivada de los crímenes horribles de los talentosos caricaturistas de “Charlie Hebdo”.<br />
Los Kouachi, dos hermanos desesperados con una buena información (pero con la puerta equivocada). Podían cumplir con la idea de la venganza, que se sugería, acaso, en la revista “Inspire”, de diciembre.<br />
Los miércoles por la mañana solía reunirse la plana mayor de la dirección de Charlie Hebdo. La revista que “injuriaba” al Profeta.<br />
Y sin la logística básica, con la menor infraestructura, sin apoyos ni contactos, apenas provistos de decisión y crueldad, Said y Cherif Kouachi provocaron la masacre. En su huida mataron, casi de paso, a un policía. E iniciaron la fuga intensa y breve que terminó en una imprenta de Dammartin-en Goele.<br />
Mientras tanto otro autorreferencial, Amedy Coulibaly, con un elevado sentido de su figuración, copó la carnicería kasher de Vincennes. Juntó a algunos rehenes y se disponía a resistir.</p>
<p><em><strong>Franquicias</strong></em></p>
<p>Suficiente para paralizar París, la ciudad sitiada, mientras se aguardaba que la policía completara su trabajo. Que masacrara a los tres terroristas que representaban el cuentapropismo de la jihad. Tres guerreros alucinados que vengaban al Profeta con autonomía, y sin el menor conocimiento de los jerarcas de los otros dos grupos que compiten por la hegemonía de la jihad. La demacrada Al Qaeda, en principio, y sobre todo el temible Estado Islámico, que desplazó a la banda de Bin Laden del primer plano, a los efectos de transformarla en una suma de franquicias alborotadas, sin conducción e -incluso- hasta sin dinero. Una de las franquicias es de la península arábiga. Con sede en Yemen, técnicamente un país PMA, en el lenguaje técnico de Naciones Unidas. Uno de los Países Menos Adelantados del planeta, que padece una miseria estremecedora y carece -incluso- hasta de petróleo.<br />
En la huida adolescente, uno de los criminales le sugirió a quien le robó el automóvil: “Si los medios te preguntan por nosotros, diles que somos de Al Qaeda, Península Arábiga”.<br />
Por si no bastara, divulgaron también que el operativo Charlie lo había financiado el imán Anuar al Aulaki. Una versión unilateral que contrasta con lo grabado en el “video selfie” por Coulibaly. Dijo haberles “prestado a los hermanos algunos miles de euros”, para concretar la venganza.<br />
En fin, muertos los tres, el presidente François Hollande pudo elevarse como estadista. Y por cadena nacional dijo que Francia iba a reaccionar con solidaridad, unidad y movilización. Para convocar a la emotiva marcha del domingo 11, de la cual se habla hasta el agotamiento en todos los diarios, revistas y canales del mundo.<br />
La cuestión que Hollande puso toda la carne en el asador. Puso a los solemnes estadistas de Europa central. Juntó al palestino Abas y al israelí Netanyahu. Y al presidente de Mali, Ibrahim Keita, ya que siempre un africano completa una primera plana plural.</p>
<p><em><strong>Osadías del lenguaje</strong></em></p>
<p>Comparar la docena de asesinatos de Charlie Hebdo, con los miles de muertos del desmoronamiento de las Torres Gemelas es, en primer lugar, una osadía pedante del lenguaje. Pero sobre todo es un error. Implica banalizar la magnitud de los atentados. Denuncia soberbia hasta para la tragedia.</p>
<p>Porque duele aceptar que estos tres jihadistas franceses no pertenecen a ninguna marca registrada. Aunque se descuenta que ni Al Qaeda, que anda a la deriva con el doctor Ayman Al Zawahiri, ni el Estado Islámico, del temible Bagdhadi, iban a desaprobar la acción. Al contrario. Y aquel que se base en la devastación de Yemen para otorgarle cierta magnitud a los asesinatos, debería no abusar de la inteligencia del informado medio. Porque, para que un yemenita banque un operativo terrorista, hay que estar verdaderamente desahuciado. En la lona. Por otra parte tampoco nadie pudo haberlos bancado. Al imán de la referencia lo habían mandado para arriba dos años atrás, y sin siquiera ver de cerca el rostro del asesino perceptible. Lo despacharon con un drone.</p>
<p><em><strong>Pasiones execrables</strong></em></p>
<p>La cuestión que Hollande, que venía en falsa escuadra, levantó algunos puntos como estadista. Para organizar un cacerolazo positivamente extraordinario, sin cacerolas, con gente bien intencionada, que suele emocionarse con la idea de la libertad, la fraternidad y la tolerancia, aunque se profundicen las fracturas de la sociedad francesa. Es donde crece y se expande la islamofobia. Una pasión que se retroalimenta recíprocamente con la pasión del antisemitismo.<br />
No basta con marginar del cacerolazo a la señora Marine Le Pen, y su escuadra que crece, hasta en la literatura de Houellebecq.<br />
Aunque unifica ambas pasiones execrables, madame Le Pen es otra beneficiaria de la sobreactuación. El primero es Hollande, que se mantuvo al nivel del desafío. Ambos -Hollande y Le Pen- por acumulación informativa, descuentan también que no se van a detener las acciones individuales. El cuentapropismo de la jihad.<br />
El país cuenta con cinco millones de musulmanes, y menos del uno por ciento adhiere a las alucinantes abnegaciones de la jihad. Los servicios de inteligencia tienen identificados a no menos de 1.500 cuadros que estuvieron en Siria o en Irak. Y 750 de ellos, según nuestras fuentes, volvieron, entre ellos 150 mujeres, alguna casada por internet, y tal vez ya viuda. Entran a Siria y salen como por un tubo a través de Turquía, sobre todo desde la provincia fronteriza de Hatay, por pasadores que les cobran 50 dólares.<br />
Son jóvenes en condiciones de matar, que recibieron adiestramiento militar y que no tienen ningún problema en morir.<br />
Entre tanto prejuicio y fracaso, en materia de integración social, debería contenerse a la islamofobia. Que no eleve ese menos del uno por ciento.</p>
<p><em><strong>Noción del otro</strong></em></p>
<p>Al cierre del despacho, un actor transgresor y antisemita, Dieudonne, escribió en su cuenta de facebook “Je suis Charlie Coulibaly”. Y ahora Dieudonne debe comerse una querella. El límite a la libertad de expresión lo marca el Código Penal.<br />
Pero antes del punto final, un camarero musulmán, Adib, en Montparnasse se nos queja. “Si los dibujos ofendieran a los judíos nadie sería Charlie”.<br />
Ocurre que los musulmanes no lograron, todavía, que los ampare ninguna ley que condene la islamofobia.<br />
Y trasciende que el miércoles, en Charlie Hebdo, volverán a burlarse del Profeta. Con las caricaturas celebratorias.<br />
Debe protegerse, en nombre de la tolerancia, el ejercicio de la libertad del creador que ofende -sin reparos- la sensibilidad del otro. Con el exclusivo riesgo de ser asesinado.<br />
Lamentablemente el mundo no es como uno lo cree. O lo quiere.<br />
El otro. Ese otro que equivocadamente existe. Al lado nuestro y con sus creencias. En el metro, en la calle, en el mercado, en el bar.</p>
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		<title>La desgracia de Egipto</title>
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		<pubDate>Mon, 08 Jul 2013 18:10:17 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Mundo Asís</dc:creator>
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		<description><![CDATA[La convivencia imposible del islamismo y la democracia. Satisfacción en Siria y Arabia Saudita. Preocupación en Túnez. escribe Osiris Alonso D’Amomio El diario Al Watan anticipó el expresivo diálogo del final. Fue entre Mohamed Morsi, el presidente de Egipto a derrocarse -de la Hermandad Musulmana-, con el general Abdel Fattah Al Sissi, el derrocador. Ministro... <a href="http://opinion.infobae.com/mundo-asis/2013/07/08/la-desgracia-de-egipto/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><strong>La convivencia imposible del islamismo y la democracia. Satisfacción en Siria y Arabia Saudita. Preocupación en Túnez.</strong></p>
<p>escribe <strong>Osiris Alonso D’Amomio</strong></p>
<p>El diario <em><strong>Al Watan</strong></em> anticipó el expresivo diálogo del final.<br />
Fue entre <strong>Mohamed Morsi</strong>, el presidente de <strong>Egipto</strong> a derrocarse -de la <strong>Hermandad Musulmana</strong>-, con el general<strong> Abdel Fattah Al Sissi</strong>, el derrocador. Ministro de Defensa y jefe del poderoso ejército. La única institución que mantiene, en el desbande de la fragmentación, su integridad.<br />
“Parte, Morsi, con dignidad” -le dijo Al Sissi.<br />
“Pero éste es un golpe de estado militar, los americanos nunca te lo van a permitir”, dijo Morsi, después de todo un cándido que trataba de salvarse.<br />
Cuesta creer que Al Sissi se haya atrevido a desalojarlo del poder a Morsi sin la luz verde “de los americanos” (surten al ejército de mil millones de dólares por año, en “concepto de ayuda”).<br />
“Nos interesa la opinión del pueblo egipcio, no del americano”, dijo Al Sissi.<br />
“Pero yo soy quien te designó y puedo desplazarte”, replicó enojado el presidente. Lo rodeaba su guardia defensiva.<br />
“Olvídate, ya no tienes ninguna legitimidad”.<br />
Entonces Morsi fue detenido por quienes estaban, en el lugar, para defenderlo.</p>
<p><strong><span id="more-366"></span>Cambio de reglas y del juego</strong></p>
<p>La facilidad interpretativa indica que, entre la democracia y el islamismo, persiste un abismo. Nada tienen en común.<br />
Los partidarios de la modernidad se encuentran, en la región, definitivamente condenados.<br />
O islamismo de estado o autoritarismo coercitivo.</p>
<p>La <strong>sintonía entre democracia e islamismo</strong> es, ante todo, un ejercicio mediático de la voluntad, propagada por los responsables de la cadena <em><strong>Al Jazeera</strong>.</em><br />
Se justifica que la primera medida golpista haya consistido en clausurar la sede de la cadena, que emitía desde <strong>El Cairo</strong>.<br />
Significa confirmar que el golpe, en Egipto, se reduce al retroceso de los jeques petroleros de <strong>Qatar</strong>. En desmedro de la algarabía, la satisfacción de los “hermanos enemigos”. Los rigoristas petroleros de<strong> Arabia Saudita</strong> (sostenidos siempre por los americanos) y de los Emiratos.<br />
Pero sobre todo debe registrarse la satisfacción en <strong>Siria</strong>. Y por qué no de <strong>Israel</strong>, aunque en silencio diplomático. En realidad les resulta más conveniente, y fructífero, tratar con regímenes de fuerza. Con los que saben a qué atenerse (no olvidar que con Morsi circulaban positivos beneficios para los palestinos chiitas del <strong>Hamas</strong>, en eje siempre con el <strong>Hizbollah</strong> chiita de <strong>Líbano</strong>, con Siria y, en el fondo, con <strong>Irán</strong>, en tandem con <strong>Rusia</strong>).</p>
<p>Hay cambio de reglas, pero también del propio juego, aún dinámicamente difuso.<br />
Son realineamientos que alteran el tablero geopolítico, y desconcierta a las cancillerías que pesan. <strong>Argentina</strong>, abstenerse.<br />
Desde el punto de vista técnico, en Egipto transcurre un <strong>vulgar golpe militar</strong>. Pero con multitudinario apoyo popular. La coincidencia entre un grupo de vanguardia, <strong>Tamarrod</strong>, o sea Rebelión, que movilizó 17 millones de personas, con un ejército repentinamente sensible a los reclamos sociales.</p>
<p>Al Sissi pone al frente al desconocido jurista <strong>Mansour</strong>. Asombra con la amplitud frustrada de proponer, como primer ministro, al inofensivo burócrata <strong>El Baradei</strong>. Un equilibrista de organizaciones internacionales que trafica aperturas hacia “el mundo occidental”. Pero finalmente el puesto será, según nuestras fuentes, para un abogado casi progresista, un socialdemócrata, <strong>Ziaad Baha El Din.</strong></p>
<p><strong>El fracaso prematuro de la primavera árabe</strong></p>
<p>Pese a la alegría de las movilizadas capas medias, en Egipto se asiste al primer fracaso de la llamada <strong>primavera árabe.</strong><br />
Es la consecuencia fatal del segundo éxito. Haber derrocado a <strong>Hosni Moubarak</strong> (el primer derrocado fue <strong>Ben Alí</strong>, en <strong>Túnez</strong>).<br />
Pero para llevar al poder, democráticamente, en ambos estados -Túnez y Egipto- a la única organización que mantiene niveles aceptables de organización política. Los Hermanos Musulmanes.</p>
<p>Previsiblemente, Morsi iba a decepcionar. Porque prefirió actuar como presidente de los Hermanos Musulmanes, y no de la abrumadora complejidad que conforma Egipto.<br />
Iba a caer arrastrado por las exigencias de los voraces medialuneros del propio partido. Medialuneros que ocupaban los espacios fundamentales. Mientras la economía se desmoronaba. Faltaba de todo y no disponían de los arrebatos de ningún <strong>Moreno</strong>. Desaparecía, de pronto, desde la harina hasta el combustible. Los precios escalaban y carecían de un solvente <strong>INDEC</strong>. No había espacio para la trampa. Porque escaseaban también -y sobre todo- los turistas.<br />
Así como <strong>España</strong> vive del commodity del sol, en Egipto gran parte de los ingresos pasan por el commodity de las pirámides.</p>
<p>“Moubarak con barba” se lo llamaba a Morsi en los amontonamientos de la<strong> Plaza Tahrir.</strong><br />
Se lo cargaba la misma aglomeración que se cargó, primero, a Moubarak.<br />
Pero ahora se movilizaban para defenderlo sus partidarios, los barbudos de la Hermandad. Los casi cincuenta muertos de la contabilidad permiten temer por la antesala de esta nueva guerra civil. Perfectamente puede superar la catástrofe que disuelve a Siria.<br />
Pero es más grave: porque el mundo árabe suele históricamente oscilar alrededor del eje de Egipto.<br />
Lo descubrió <strong>Henry Kissinger</strong>, cuando sentenció: “En la región no hay guerra sin Egipto ni paz sin Siria. Y viceversa”.<br />
Con los dos Estados que desbarrancan, aumenta la incertidumbre. Por las alteraciones que se producen en el ámbito persa (Irán). Pero especialmente en <strong>Turquía</strong>, que volvía a divagar con un imperio conjetural.<br />
Téngase en cuenta que, en su momento, Morsi fue votado hasta por los laicos, a los efectos de impedir el regreso del Antiguo Régimen, que lo representaba el otro candidato, general <strong>Chafik</strong>.<br />
Pero el antiguo régimen, de todos modos, vuelve. Con el golpismo popular que atormenta a los teóricos.</p>
<p><strong>Resurrección de Al Qaeda</strong></p>
<p>Para colmo, el prematuro triunfo de la protesta (que se cargó a Moubarak), como la vía electoral de acceso, había desubicado a los islamistas radicalizados de<strong> Al Qaeda.</strong><br />
Los desesperados retrocedieron en la consideración. Superados por el fervor participativo de las redes sociales.<br />
Por lo tanto el fracaso -también prematuro- del experimento Morsi, los vuelve a poner, a los esclarecidos de Al Qaeda, en la inquietante vanguardia.<br />
No olvidar que muerto<strong> Bin Laden, </strong>el jefe de Al Qaeda, <strong>Ayman Al Zawahiri</strong>, es, ante todo, egipcio. Y sabe de venganzas.</p>
<p>Paradójicamente, <strong>Bashar Al Assad</strong>, en Siria, siente que puede respirar. Tiene licencia, e incentivos morales, para continuar la faena sistemática de la matanza.<br />
Si <strong>Kadhaffi</strong>, en <strong>Libia</strong>, hubiera resistido, como <strong>Bashar</strong> en Siria, y matado a todos los resistentes que fueran necesarios, tal vez aún estaría al frente.<br />
Su cadáver no hubiera sido mancillado, humillado. Escupido en la calle.</p>
<p>Si total, decenas de miles muertos más bastaban, al fin y al cabo, para comprobar su legitimidad.<br />
Después de cuatro siglos de explotación otomana, de delimitación artificial de fronteras, <strong>Francia</strong> y <strong>Gran</strong> <strong>Bretaña</strong> -o la conjunción de occidente, que hoy encabezan “los americanos”- no podían imponerle su sistema de organización (aparte, en el fondo, no tenían el menor interés en ser imitados). Para obligarlos a convivir, incluso, con Israel. Y con la evolución de un Israel que multiplica, para colmo, el atraso.</p>
<p>Lo más fácil es culpar, de la desgracia de <strong>Egipto</strong>, a la televisión de <strong>Qatar</strong>.<br />
Responsabilizarla, incluso, por la repercusión de aquellas movilizaciones iniciales. Derivadas de la auto-inmolación del desdichado verdulero de Túnez.<br />
Ben Ali -al que se llevaron puesto-, comienza a ser visto, comparativamente, con simpatía. Efectos colaterales de la desgracia.<br />
En adelante, los islamistas triunfales de <strong>Ennahda</strong>, en Túnez, deben cuidarse del contagio.</p>
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