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	<title>Mundo Asís &#187; Italo Luder</title>
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		<title>Cortázar y la primavera del 83</title>
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		<pubDate>Tue, 18 Mar 2014 17:28:58 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Mundo Asís</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Doble efemérides. A 100 años del nacimiento y 30 de su muerte Podría reconstruirse la motivación real del regreso furtivo de Julio Cortázar a Buenos Aires, durante la primavera de 1983. Volvía para despedirse. O volvía para facturar su recortada importancia personal, en el marco de la indiferencia popular y oficial que lo degradaba. La... <a href="http://opinion.infobae.com/mundo-asis/2014/03/18/cortazar-y-la-primavera-del-83/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><em>Doble efemérides. A 100 años del nacimiento y 30 de su muerte</em></p>
<p><strong>Podría reconstruirse la motivación real del regreso furtivo de Julio Cortázar a Buenos Aires, durante la primavera de 1983.</strong><br />
Volvía para despedirse. O volvía para facturar su recortada importancia personal, en el marco de la indiferencia popular y oficial que lo degradaba.<br />
La Argentina estaba por estrenar la democracia nueva. Recuperada, como consecuencia del gigantesco fracaso político y la derrota militar.<br />
El intelectual, ya en la frontera de los 70 años, interrumpía la perplejidad del “exilio”, o la solemne circunstancia de la voluntaria emigración. En la búsqueda lícita del romántico reconocimiento.<br />
Pudo haberse entristecido, pero aún nadie puede certificarlo. Los contactos se redujeron al diálogo precipitado con determinados colegas que estaban probablemente en otra onda. Sin graves deseos de retomar la magnitud de las discusiones pendientes. O indagar en las clarificaciones que derivaron en una polémica justamente olvidada con Liliana Heker.<br />
<strong>El radical Raúl Alfonsín, con sus 55 años, conmovía al recitar de corrido el preámbulo.</strong> Había triunfado sobre el peronista Ítalo Luder, y se preparaba para asumir la presidencia. Para despedir a la Comisión Liquidadora del Proceso Militar. La “Dictadura” se había suicidado en la dolorosa tergiversación de Malvinas, a los efectos de reproducir las bases inexorables de “la democracia de la derrota”. Como la calificaba el aún lúcido ensayista Alejandro Horowicz.<br />
Las capas medias exhibían la algarabía contagiosa de la victoria. Con el agregado aderezo de la agitación de los intelectuales eufóricos. Ejercían la fascinación por la maravillosa experiencia de haberle prodigado al peronismo la primera paliza fundacional. Pronto, los artesanos del lugar común atribuirían, más adelante, la caída, a la banalidad intuitiva del caudillo expresionista Herminio Iglesias. Por haber acercado su encendedor al infortunio del ataúd de fantasía, en el epílogo de la concentración popular más intensa que se tenga memoria.<br />
Pero Jorge Luis Borges fue quien mejor sintetizó la ideología subyacente en aquel momento sublime de “esperanza y de cambio”. En la selectiva reunión de “los intelectuales con el presidente electo”, en el hotel de la calle Carlos Pellegrini, <strong>un entusiasta Borges le dijo al impactado Alfonsín, con tierna franqueza “Gracias a su triunfo, doctor, volví a creer en la democracia”.</strong><br />
Poco costaba traducir políticamente el mensaje explícito de Borges:<br />
“Nunca creí en la democracia porque siempre ganaban los peronistas. Como usted les ganó, ya puedo creer”.</p>
<h3><span id="more-803"></span>Hora egregia del reparto</h3>
<p>Acontecía la alegría del reparto de cargos. El psicoanalista que escribía Pacho O’Donnell iniciaba su periplo de transformaciones y era designado Secretario de Cultura de la Ciudad. El novelista y cineasta Javier Torre, en el Centro Cultural San Martín, donde su gestión iba a adquirir una gran visibilidad. A la ya casi olvidada gran novelista Beatriz Guido se la enviaba como agregada cultural en Madrid (lo que acentuaba la soledad competitiva y la sensación de abandono que signaron los últimos meses de la novelista Martha Lynch). Y a Luis Gregorich -acaso el intelectual más brillante que tuvo el alfonsinismo- se lo estampillaba como embajador ante la Unesco. Pero con la incierta perversidad de saber que Gregorich no podía serlo, por haber nacido en Zagrev, Croacia. Aún se respetaban las normas. Y al consagrado dramaturgo Carlos Gorostiza se le encomendaba la Secretaría de Cultura de la Nación, donde anunciaría la creación idílica del “Trencito Cultural”. Un tren que planificaba democráticamente detenerse con el arte, la literatura y la música por todos los pueblos-estaciones del trayecto. Por suerte aquel trencito no arrancó nunca. Y don Manuel Antín asumía en el Instituto Nacional de Cinematografía. Aunque un inadvertido Aníbal Reynaldo iba a caracterizar el ritmo de la época. Asumía en el Banco Hipotecario Nacional, para instaurar las claves de la revolución pequeño burguesa de los cuantiosos recomendados que se iniciaban como propietarios.<br />
Entre aquella festiva distribución de próxima inmortalidad no se registraron siquiera las menores intenciones de cederle un poco de importancia al notable visitante de 69 años. Cortázar volvía sin ninguna medialuna enarbolada. Sólo como héroe principal de “la fundación mitológica de París”, según la concepción de David Viñas. Tal vez Cortázar apenas aspiraba a participar de los fastos finales de “la dictadura”. Pero al pobre consagrado no le dieron la menor bolilla. Se lo recuerda vagamente a través de la confesión que mantuvo un cierto sentido de factura televisada. Cuando le dijo al manifestante desinformado, un joven alfonsinista que no lo conocía. “Nosotros, desde el exterior, luchamos por ustedes para vencer a la dictadura”.</p>
<h3>Docena de cuentos memorables</h3>
<p>A treinta años de su muerte y cien desde su nacimiento, se prepara la multiplicidad de actos para evocar a Julio Cortázar. Escritor que -debe aceptarse- dejó también de ser consumido. Como dejaron de consumirse los textos formidables de Manuel Mujica Lainez, Marco Denevi, Ernesto Sábato, Manuel Puig, Bernardo Kordon o Leopoldo Marechal. Más allá de la excepcionalidad legitimadora. Del circuito cerrado de determinados ámbitos académicos signados por la intrascendencia.<br />
En la Argentina, en la práctica, “el que se muere pierde” (según la concepción de Asís).<br />
<strong>Probablemente puedan aprovecharse los aniversarios redondos (como los cien y los treinta) para que el desdichado escritor que partió hacia el olvido logre recuperar algunos lectores</strong>. O que se indague, al menos, entre los recursivos buscadores. En las solapas, en wikipedia y en contratapas.<br />
Si Cortázar subsiste es por la docena de cuentos memorables. De los más perfectos e impecables que se produjeron en la literatura universal. Equiparables a los cuentos de Edgar Allan Poe, Anton Chejov, el mismo Borges o Guy de Maupassant. Vaya como ejemplo <em>El perseguidor, La salud de los enfermos, La autopista del sur, Casa Tomada, La noche boca arriba, Torito o La señorita Cora</em>.<br />
Sin embargo la marca Cortázar será eternamente asociada a<strong> <em>Rayuela</em>. Es la novela de vanguardia que finalmente quedó en <em>off side</em>.</strong> Pero que revolucionó la literatura entre los sesenta y los ochenta.<strong> Motivó que su atractiva superficialidad encantara a millares de oficinistas que anhelaban aventurarse, crecer y recomponerse entre los bulevares de París</strong>, mientras proliferaban las muchachas veraniegas que querían ser como La Maga (alguna, ya definitivamente invernal, aún subsiste en la<em> rue de la Paix</em>, casi como clochard).<br />
Pero Rayuela es una novela que soportó mal el crecimiento del pasto salvaje sobre sus páginas. Se cargó del moho espeso. Para legitimarse su relectura como una suerte de guía ajada de turismo del París que se desvaneció. Aunque persista la magia de las maravillosas descripciones del Barrio Latino, del “fuego sordo” de la <em>rue de la Huchette</em>, y la caminata inolvidable con Berthe Trepat.<br />
Pero hoy las tribulaciones de su Morelli yacen como inofensivas veleidades del viejito dulce que fue superado hasta por el propio Juan Filloy. Y la arquitectura interior de la novela ya no sorprende a ningún lector inquieto que surja del cartel literario de la Universidad de Puan. Y el desparpajo humorístico de su “glíglico”, que originariamente generaba risas o sonrisas, hoy casi suena al tartamudeo grotesco del peor Lamborghini. Leónidas.<br />
Otra de sus novelas, “<em>Los Premios</em>”, es portadora de un costumbrismo saludablemente menor. Aún puede incitar una cierta ternura aquel Pelusa que se ganó de “premio” el pintoresco viaje en barco. Sobre todo cuando “bajaba a tomar la leche”. Pese a su colorida irrelevancia, <em>“Los Premios”</em> merece consumirse con más razones que la petulancia narrativa de “<em>62, modelo para armar”</em>. O la fragilidad de <em>“Un tal Lucas”</em>. O los presentables “<em>collages</em>” que resultaban ideales para los regalos empresariales de fin de año. Como “<em>Último round” y “La vuelta al día en ochenta mundos”.</em><br />
Por un sentido recatado de la misericordia, se aconseja no detenerse en la etapa esclarecida del “compromiso”. Lo menos significativo de su obra. Por la enfática producción de invariables tonterías como “<em>Nicaragua tan violentamente dulce</em>”. Un texto tan perecedero como la misma vigencia del sandinismo.</p>
<h3>Vísperas de otra primavera</h3>
<p>Pasaron tres décadas de la perdonable distracción oficial de aquella primavera sudamericana.<br />
En vísperas de la irrupción de la flamante primavera europea, hoy Francia y Argentina se disponen a tributarle juntas el reparador homenaje al gran cuentista Julio Cortázar. A través del máximo nivel de representación institucional.<br />
<strong> Después de sobreactuar en la nueva Puerta de Hierro -El Vaticano- su ostensible dependencia espiritual con el Papa Francisco, la presidenta Cristina Fernández, La Doctora, se traslada a París.</strong><br />
Para almorzar un martes con el presidente Francois Hollande, y disponerse un miércoles a inaugurar el Salón del Libro. Con la mano en el “corazón”, y emotivamente acompañada por el fervoroso cariño popular de sus “escritores para la Liberación”.</p>
<p><strong>Carolina Mantegari</strong></p>
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		<title>Ascochinga en Olivos</title>
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		<pubDate>Mon, 07 Oct 2013 14:47:05 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Mundo Asís</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Por el miserable dolor de cabeza La Doctora interrumpe la epopeya de “duhaldizar” a Scioli y “delarruizar” a Macri. escribe Oberdán Rocamora Hasta que aceptó convertirse en otra paciente de la clínica de Favaloro, La Doctora movilizaba personalmente una epopeya tan explícita como memorable. La receta audaz de “duhaldizar” a Daniel Scioli, el líder de... <a href="http://opinion.infobae.com/mundo-asis/2013/10/07/ascochinga-en-olivos/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Por el miserable dolor de cabeza La Doctora interrumpe la epopeya de “duhaldizar” a Scioli y “delarruizar” a Macri.</strong></p>
<p>escribe <strong>Oberdán Rocamora</strong></p>
<p>Hasta que aceptó convertirse en otra paciente de la clínica de <strong>Favaloro</strong>, La Doctora movilizaba personalmente una epopeya tan explícita como memorable.<br />
La receta audaz de “<strong>duhaldizar” a Daniel Scioli</strong>, el líder de la Línea Aire y Sol I. A los efectos de encarar “la Gran Menem”.<br />
El proyecto de hacer de Scioli -y de todo lo inquietante que representa en materia de diferenciación- una adaptación de la perversidad que se le atribuye a <strong>Carlos Menem</strong>.<br />
Conste que se trata del Menem terminal del 99, cuando operaba a través de algún ministro bastante inteligente.<br />
Aunque la historia sea, en el fondo, fantasiosa e inexacta. Pero quedó instalada de esa forma y casi se la oficializa como cierta.<br />
<strong>“La gran Menem”</strong> consistió en recortar las ambiciones presidenciales de<strong> Eduardo Duhalde</strong>, el futuro Piloto de Tormentas (generadas). A través del impulso tácito de <strong>Fernando de la Rúa</strong>.<br />
Si existió, la epopeya concluyó, de todos modos, en un fracaso.</p>
<p><strong><span id="more-574"></span>Duhaldizar a Scioli</strong></p>
<p>Para “duhaldizar” a Scioli, el hombre indicado no podía ser <strong>Julio Cobos</strong>, el No Positivo.<br />
Un elemento -Cobos- eternamente despreciable para La Doctora. Signó su primer gobierno, con aquel voto que evitó el colapso, que nadie quiere reconocerle.<br />
Y menos podía ser <strong>Hermes Binner</strong>, el John Wayne de El Hombre Quieto. Ya le ganó, en 2011.<br />
<strong>Binner</strong> la corre a La Doctora por el “margen izquierdo” -al decir de <strong>Majul</strong>. Y el progresismo es la entelequia que pretende reservarse exclusivamente para ella.<br />
Para “duhaldizar” a Scioli el elegido era -otra vez- <strong>Mauricio Macri</strong>, El Niño Cincuentón.<br />
Es -Macri- quien representa la adversidad conveniente del “neo-liberalismo”. O sea, a la derecha. Alucinación o estampilla que los macri-caputistas no aceptan.<br />
Prefieren creer la teoría lisérgica del joven <strong>Petrella</strong>, que los equipara ideológicamente “a la izquierda del <strong>Partido Demócrata de Estados Unidos</strong>”.<br />
Para plantarlo a Macri, como una versión forzada de De la Rúa, bastaba con la inocencia programada de alguna entrevista televisiva. Del ciclo ideado, en medio del desconcierto, para brindar otra imagen de La Doctora, más comunicativa y cordial, y competir -al menos durante el fin de semana- por la iniciativa perdida.</p>
<p><strong>El sueño del Macri propio</strong></p>
<p>En su diálogo de entrecasa con <strong>Jorge Rial</strong>, <strong>La Doctora confió entonces que Macri merecía su respeto.</strong><br />
El Niño Cincuentón <strong>“decía lo que pensaba”</strong>. Optaba por un modelo antagónico al de ella. El neo-liberal. Pero sin especular con vaguedades. Como otros. ¿Acaso como Scioli?<br />
O como <strong>Sergio Massa</strong>, La Rata del Tigre, Aire y Sol II, que tal vez piensa como Macri. Pero lo ocultaba.<br />
El Duhalde personal de La Doctora era Scioli. El destinatario real. El sucesor clavado que justamente se le había hecho indispensable en la envoltura electoral del peronismo. Y lo tenía adentro. “Con fe y esperanzas y siempre para adelante”.<br />
En cambio con Massa bastaba, apenas, consignarlo como otro opositor. Y si Massa no era un opositor ella “era la Mona Lisa”. Otro Cobos suelto. Casi equiparable a un traidor más.<br />
De ningún modo Massa tenía la magnitud ideal de Macri. A quien <strong>Néstor Kirchner</strong>, El Furia extinto, siempre quiso también tener de contrincante. Sin suerte.<br />
Tanto a El Furia, como a La Doctora, Macri les resultó tan difícil de doblegar como, en otro sentido, el propio Scioli.<br />
El Furia no pudo convencerlo a Macri para que se subiera al escenario en 2007. Cuando le mandó decir, según nuestras fuentes, por determinado banquero, que hizo de <strong>Miguel Strogoff</strong>.<br />
“Si vas vos, Mauricio, Kirchner dice que va por la reelección -dijo Strogoff, el mensajero del zar-. Te va a ganar pero te vas a instalar. Y como no tiene más reelección en 2011 la presidencia será para vos”.</p>
<p><a href="http://www.jorgeasisdigital.com/2012/11/12/el-suenio-del-macri-propio/">La Doctora tampoco pudo tener el sueño del Macri propio, </a>para vencerlo en 2011. Se le bajó.<br />
<strong>El Niño Cincuentón está disponible sólo para 2015. Cuando La Doctora ya no podrá tenerlo como contrincante. Aunque podría servirle como sucesor. Para volver.</strong><br />
La Gran Menem podría tener un final mejor.</p>
<p><strong>Clínicas</strong></p>
<p>En apariencias, avanzar sobre Scioli trae mala suerte física. Aire y Sol I debe tener extrañas protecciones en el campo esotérico.<br />
Conste que le pasó, sin ir más lejos, a El Furia. Cuando decidió gritarle en público: “¡Diga, Gobernador, quién le ata las manos!”.<br />
Dos días después debió internarse -pobre Furia- en la <strong>Clínica Los Arcos</strong>.<br />
Y precisamente le pasa también a La Doctora. Después de lanzar la epopeya oral de “duhaldizar” a Scioli y “delarruizar” a Macri.<br />
Cuando por un miserable dolor de cabeza debió trasladarse hacia la <strong>Clínica de Favaloro</strong>. Durante el sábado con sol, que La Doctora podía identificarlo más allá de sus anteojos oscuros, por la <strong>avenida Belgrano</strong>.<br />
Travesuras de la historia. Los ciclos anecdóticos suelen reiterarse, sin un carácter necesariamente grotesco.<br />
Venía aventurada en la remake de final de siglo (“La Gran Menem”). Pero debió retroceder hacia el protagonismo triste de 1975.<br />
Por la peripecia de la señora<strong> Isabel Martínez</strong>, viuda de <strong>Perón</strong>. Otra mujer que, aunque fue también presidente, la viuda de Kirchner nunca reconoce. Ni siquiera respeta.<br />
En 1975 Isabel debió ser trasladada, por un mes, hacia <strong>el remanso de Ascochinga,</strong> en <strong>Córdoba</strong>, los pagos de Teodorito. Dejaba a cargo del negocio a don <strong>Italo Luder</strong>.<br />
Por el miserable dolor de cabeza, La Doctora debe hacer, en adelante -y también por treinta días- su propia Ascochinga, pero en <strong>Olivos</strong>. Y dejar formalmente, a cargo del negocio, a <strong>Amado Boudou</strong>, El Descuidista. Su primera gran equivocación. El inicio de la peripecia en la caída, que no se logra evitar.</p>
<p><strong>Historia emocional del peronismo</strong></p>
<p>Después de la expresiva derrota de agosto, y en la antesala de la derrota anunciada de octubre, La Doctora reconquista la iniciativa. Aunque de manera indeseable.<br />
Se coloca, en simultáneo, fuera del juego. Recupera la centralidad, a través del aspecto más vulnerable.<br />
La salud quebrantada implica, ante todo, una forma perceptible de la fragilidad.<br />
De todos modos, con su Ascochinga personal, La Doctora le incorpora una superior <strong>dosis de dramatismo al inexorable final del ciclo,</strong> que no debiera anticiparse.<br />
Corresponde a <strong>las páginas más melodramáticas de la historia emocional del peronismo.</strong><br />
Significa confirmar que la década kirchner-cristinista contuvo también -como el menemismo- su dinámica de miniserie.<br />
Con la exhibición de hegemonías y altibajos, recuperaciones y caídas, alguna muerte conmovedora e internaciones espectaculares.</p>
<p>Por su parte El Descuidista, pese a las reticencias generalizadas, podría aprovechar la instancia de Ascochinga en Olivos. La ausencia relativa de La Doctora.<br />
El Descuidista se encuentra situado en el subsuelo del desprestigio. Deambula por el mundo, pero sólo porque es portador local de oprobios múltiples.<br />
Hostigado por la <strong>Justicia</strong>, por sus descuidismos existenciales.<br />
<strong>Nadie espera nada bueno de Boudou</strong>. Es una gran ventaja. Por lo tanto se encuentra en condiciones de sorprender. Dejar de mostrarse como el pícaro del suburbio, que llegó sin graves escrúpulos, inspirado en el desparpajo para la música y la bragueta rápidamente eficaz.<br />
Puede utilizar la oportunidad institucional para ofrecer algún rasgo rescatable de su formación. Algún atributo. De los que suele rescatar cierto publicista respetado de <strong>Mar del Plata</strong>. Que nos opera.</p>
<p>Pero que nadie crea -confirma la Garganta- que será posible contener a La Doctora, en Ascochinga de Olivos.<br />
“En cuanto se duerma cuatro siestas, vaya bien al baño, se le acaben los mareos y se le aplaque el dolor de cabeza, mantenerla quieta, a esta mina, va a ser una imposibilidad”.</p>
<p><strong>Oberdán Rocamora</strong></p>
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