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	<title>Mundo Asís &#187; Jorge Sobich</title>
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		<title>Pedraza en la hoguera</title>
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		<pubDate>Mon, 08 Apr 2013 15:41:47 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Mundo Asís</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
		<category><![CDATA[Carlos Fuentealba]]></category>
		<category><![CDATA[Jorge Sobich]]></category>
		<category><![CDATA[José Pedraza]]></category>
		<category><![CDATA[Juan José Zanola]]></category>
		<category><![CDATA[Mariano Ferreyra]]></category>

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		<description><![CDATA[El &#8220;crimen de Ferreyra&#8221;, la extorsión de la izquierda y el rol del Estado-Pilatos. Minoritaria y vengativa, la izquierda vuelve a imponer, a la sociedad rehén, sus códigos. La plácida versión de la historia, acomodada a sus intereses ideológicos. La habilidad para la extorsión cultural resulta efectivamente admirable. Con (el caso de) Mariano Ferreyra, el... <a href="http://opinion.infobae.com/mundo-asis/2013/04/08/pedraza-en-la-hoguera/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><em>El &#8220;crimen de Ferreyra&#8221;, la extorsión de la izquierda y el rol del Estado-Pilatos.</em></p>
<p><strong>Minoritaria y vengativa, la izquierda vuelve a imponer, a la sociedad rehén, sus códigos</strong>.<br />
La plácida versión de la historia, acomodada a sus intereses ideológicos. La habilidad para la extorsión cultural resulta efectivamente admirable.<br />
Con (el caso de) <strong>Mariano Ferreyra</strong>, el militante asesinado, se reiteran los acontecimientos derivados de la desgraciada muerte de <strong>Carlos Fuentealba</strong>, El Profesor.<br />
Pero con un epílogo -en lo que atañe a la Justicia- probablemente más auspicioso para la militancia.<br />
Por lograr, con <strong>José Pedraza</strong>, la destrucción que no pudo alcanzarse totalmente con <strong>Jorge Sobisch</strong>.</p>
<p><span id="more-199"></span>Más que penalizarse un “homicidio en riña”, en “Ferreyra” vuelve a rescatarse el atributo feliz del militante. La competencia tácita para interrumpir las comunicaciones, con pretextos relativamente admisibles.<br />
Así se trate de cortar una ruta clave, en la antesala del feriado largo de Semana Santa (Fuentealba).<br />
O de cortar las vías suburbanas del ferrocarril, durante cualquier mañana vulgar (Ferreyra).</p>
<p><strong>Ambos casos marcan, con sus diferencias, la imposibilidad, en la Argentina, de asumir el rol disuasorio del Estado</strong>. Con sus riesgos.<br />
O -si es que cabe- <strong>el ejercicio constitucional de la represión</strong> (palabra horrible para desterrar del vocabulario).<br />
Aquí prefiere exaltarse el favoritismo, la simpatía social hacia aquel que corta. Al que obtura, interrumpe los pasos del que decide libremente circular.<br />
Al que impone, por razones sectoriales, arbitrariamente, su problema a la comunidad-rehén. La cual debe padecerlos, silenciosamente. Con devota resignación.<br />
Con el peso del Estado Pilatos se castiga al marginal que lo evite. Pero siempre y cuando haya algún muerto.<br />
Si no hay muertos, no pasa nada. “Dale que va”. Pasa.</p>
<h3>Rehenes anónimos</h3>
<p>El terror de criminalizar la protesta derivó en la patología de consagrarla.<br />
Hasta transformarla en algo irracionalmente natural. Gasto de representación de la democracia participativa.<br />
<strong>Más que garantizar la protesta, en la Argentina caótica se la impulsa</strong>. Hasta casi glorificar la obturación de la libertad de desplazamiento del pobre semejante.<br />
Es un tributo hacia la “lucha por un mundo más justo, mejor”. Una concesión hacia la izquierda que suele conquistar, en la ocupación de las calles, lo que no supo conquistar -hasta aquí- con las elecciones.</p>
<p>De todos modos, los “luchadores” se las ingenian para trasladar la emotividad de las consignas hacia la acción. A pesar de la ciudadanía aburguesada, que porta el pecado de carecer, con todo su derecho, de la alucinante conciencia social.<br />
A pesar del rehén anónimo que mantiene el lícito interés de contemplarse el ombligo. Y no tiene tampoco el menor deseo de interesarse, en la víspera del feriado, en las apasionadas reivindicaciones de los docentes (Fuentealba).<br />
Porque es un individualista condenablemente mezquino que sólo encara la osadía de llegar, en su automóvil, a Villa La Angostura.<br />
O más grave aún, porque el rehén anónimo apenas pretende llegar, en el ferrocarril más piadoso, a Berazategui. Sin que le importe el mínimo pepino el dilema laboral de los “tercerizados” (por los que se batieron Ferreyra y sus muchachos, con hondas románticas que despedían tuercas, como perdigones brillantes).</p>
<h3>Orquesta de Señoritas</h3>
<p><strong>Debe rescatarse la cobardía moral del oficialismo que se evade del sentido de la responsabilidad (Ferreyra)</strong>.<br />
O debe destacarse la <strong>insignificancia estructural de los profesionales de la política</strong>.<br />
Los que no se atreven a sostener, en público, lo que confirman -conmovidos- en privado.<br />
Y ni se compadecen por haberse arrojado, a la hoguera, al gobernador Sobisch (Fuentealba).</p>
<p>O debe resaltarse el oportunismo explicable de los administradores de la Justicia.<br />
Los que no tienen ninguna obligación de ser valientes. Ni de enfrentar la fogosidad del apriete.<br />
Ni siquiera deben incinerarse con el progresismo atmosférico que con festiva frivolidad los rodea.<br />
Juristas que se ven presionados a dictaminar, entre las concentraciones de los radicalizados que espantan la serena lucidez. Que les lanzan consignas.<br />
O hasta les estrenan oportunos films (Ferreyra). Muestra ejemplar que la estética del compromiso, también, se encuentra de su lado.</p>
<p>O acaso debe celebrarse la indiferencia temerosa del desaparecido poder sindical.<br />
A la hora de la salvación individual, los sobrevivientes del sindicalismo burocrático sólo atinan a cuidar que no le manoteen las cajas.<br />
A no ser confundidos -sobre todo- con nada que huela a “patota”.<br />
Entonces contemplan, arrinconados, el asedio. Con temor a que les toque. Los roce el avance “de la justicia independiente”.</p>
<p>Aquellos que solían presentarse como poderosamente guapos, pesados imbatibles, no vacilaron en entregar, sin un miserable esbozo de queja, a <strong>Juan Zanola</strong>.<br />
Aunque Zanola fuera bancario. Del gremio distante de las camisas blancas y las uñas limpias.<br />
<strong>“Nadie me miró con tanto odio”, cuentan que dijo el juez Oyarbide. Por Zanola.</strong></p>
<p>Tampoco el sindicalismo ahora va a hacer nada, según nuestras fuentes, ninguna inquietante movilización, para impedir la condena del “ferroviario” José Pedraza.<br />
Por “empresario”, vaya y pase. Por haberse enriquecido sospechosamente y mostrarlo, vaya y pase. Por gustar del buen champagne, disponer de la compañía de una mujer atractiva y vivir, por si no bastara, en Puerto Madero. Vaya y pase.<br />
Perfecto, elementos todos condenables, nada originales. Pero <strong>distan de ser motivos irrefutablemente valederos para tirarle, por la cabeza, al “compañero” Pedraza, la “autoría del crimen” de Ferreyra.</strong></p>
<p>En realidad, <strong>el pobre Pedraza tiene algo que es verdaderamente insultante. Insoportable para la izquierda</strong>.<br />
Es la carga de haber sido, también él, hasta bastante grandecito, de izquierda.<br />
“Que se j…”. Por haber dejado de serlo. Traicionado las banderas de la Revolución. “Mundo mejor”.<br />
Como el mar del film olvidado de Tyronne Power, la izquierda no perdona.</p>
<p>Después de todo, tampoco es grave. Ni siquiera es riesgoso encerrarlo a Pedraza.<br />
Con la hegemonía del kirchner-cristinismo, la temible corporación sindical se transformó en algo similar a aquella amena pieza teatral de Jean Anhouil.<br />
“Orquesta de Señoritas”.</p>
<h3>Obscenidades</h3>
<p>Con parámetros semejantes, nada le costó, a la izquierda sabiamente apretadora, instalar que Sobisch pudo haber sido “el autor intelectual del crimen” de Fuentealba.<br />
Se explica que, como proyectaba ser presidente, pudo haber planificado: “Mando matar un docente, quedo para la sociedad como un duro y entonces me votan”.<br />
Cierra. Clarísimo. Blanco y jarra, es leche.</p>
<p>La explotación obscena de la muerte del profesor Fuentealba le costó a Sobisch algo mucho más doloroso que resignar un proyecto político.<br />
El suicidio de su mujer. Pero, a esta altura ¿a quién le importa? Apenas son daños colaterales.<br />
Hoy, cuando se evoca su nombre, aquellos que fueron sus pares suelen mirar hacia abajo. Para aceptar, culposos, lejos de los micrófonos:<br />
“<strong>Lo que hicieron con Sobisch fue una barbaridad</strong>”.</p>
<h3>Gobierno de “compañeros”</h3>
<p>Por su parte, antes de la fatalidad de octubre de 2010, cuando aún vivía El Furia y Pedraza era un sindicalista aceptablemente normal, pasó el mensaje, hacia arriba.<br />
Mandó, según nuestras fuentes, a avisar. Al que creía, después de todo, “su gobierno” (como también lo creyó Zanola). Compuesto, supuestamente, por “compañeros”.<br />
(Abundan las fotografías y las ceremonias de aplausos al respecto. El que las utilice es un destituyente).</p>
<p>“Mañana cortan las vías” -les dijo Pedraza, a dos o tres ministros. “Por la cuestión de los tercerizados” (ampliaremos, sólo si viene al caso).<br />
Había que impedirlo. Pero como el kirchnerismo “no criminalizaba la protesta”, no podía evitarse frontalmente el corte.<br />
Asomó la misma pregunta que supo formularse el camarada Ulianov Lenin: “¿Qué hacer?”.</p>
<p>¿Acaso podían enviar, al Puente Avellaneda, al ministro <strong>Tomada</strong>, que lo conoce tan bien?<br />
¿O a los ministros-compañeros <strong>De Vido, Schiavi, Aníbal</strong>?<br />
¿Acaso podían enviar a los persuasivos exponentes del colectivo <strong>Carta Abierta</strong>?<br />
¿Aunque sea al <strong>Implacable Abalito</strong>? Al menos a las fuertes señoras de la causa, como <strong>Conti, Alicia o Lubertino</strong>.<br />
Para decirles a los trotskistas encendidos:<br />
“Compañeros, pese a nuestras diferencias metodológicas, si nos cortan las vías, el modelo de inclusión no cierra”.</p>
<p>Para impedir la patología del corte, no quedaba otra alternativa que conseguir algunos muchachos fortachones. Con deseos de hacer méritos, más que daños.<br />
Todos debían ser asesores equilibrados de imágenes. Sensibles lacanianos, físicos cuánticos, actores de vanguardia, inquietos asistentes a peñas culturales (como la de El Descuidista).<br />
Había que enviar una pesadita para persuadirlos. Y evitar, como dicen en la jerga íntima, “el corte de los zurdos”.<br />
Hacer -en fin- lo que no se atreven, vergonzosamente, los irresponsables que deben asumir el rol del Estado.<br />
Pobre Mariano Ferreyra, del Bolívar, ex Canadá, Mitre casi Acha, Sarandí.<br />
<strong>De militante franco pasó a ser un emblema. Pretexto movilizador para producir cartelones. O prendedores para lucir, como muestra de compromiso, en televisión.</strong></p>
<h3>Final con presos</h3>
<p>Después de todo, lo que la izquierda quiere son presos. Se conforma con poco.<br />
El Furia lo aprendió muy pronto. Era lo suficientemente rápido como para adquirir, de pronto, una nueva identidad.<br />
Entonces a la izquierda había que entregarles presos. Cantidades.<br />
Total se trata de presos que no presentan mayores inconvenientes. Son cómodos. Baratos.<br />
Por el apriete eficaz, nadie los va a defender. Están miserablemente regalados. Son meros obsequios de la casa.<br />
Con la izquierda contenida y conforme siempre se puede recaudar mejor.<br />
Recaudar tranquilos. Medrar en paz.</p>
<p><strong><em>Oberdán Rocamora</em></strong><br />
Copyright by <a href="http://www.jorgeasisdigital.com/" target="_blank">JorgeAsisDigital.com</a></p>
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