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	<title>Mundo Asís &#187; Plaza Tahrir</title>
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		<title>Egipto: la democracia imposible</title>
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		<pubDate>Fri, 16 Aug 2013 19:45:58 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[Golpe técnico militar o islamismo de estado. escribe Osiris Alonso D’Amomio La pomposa “primavera árabe”, a través de sus manifestaciones románticamente sociales, sirvió en Egipto para derrocar el autoritarismo sombrío de Hosni Moubarak. Pero produjo, en simultáneo, una aceptable acotación a la democracia. Al proporcionarle -a la democracia- un riesgoso certificado de inutilidad práctica. El... <a href="http://opinion.infobae.com/mundo-asis/2013/08/16/egipto-la-democracia-imposible/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><em>Golpe técnico militar o islamismo de estado.</em></p>
<p>escribe <strong>Osiris Alonso D’Amomio</strong></p>
<p>La pomposa <strong>“primavera árabe”</strong>, a través de sus manifestaciones románticamente sociales, sirvió en <strong>Egipto</strong> para derrocar el autoritarismo sombrío de <strong>Hosni Moubarak</strong>. Pero produjo, en simultáneo, una aceptable acotación a la democracia. Al proporcionarle -a la democracia- un riesgoso certificado de inutilidad práctica. El carnet triste del fracaso.<br />
<strong>El retroceso golpista deja a su sociedad en una encerrona filosóficamente trágica.</strong></p>
<p><span id="more-453"></span>Las cancillerías occidentales no se atreven a condenar el golpe militar de Egipto.<br />
El compulsivo desalojo del presidente <strong>Mohamed Morsi</strong>, que encabezaba un mal gobierno. Con la legitimidad de los votos, arrastraba hacia la<strong> islamización política.</strong></p>
<p>Para ser claro, <strong>no se asume la existencia técnica del golpe de estado</strong>. Tampoco nadie se desgarra al evaluarse que los golpistas, en el fondo, tenían razones consistentes para golpear.<br />
La consecuencia del fervor transformador, que incitaba hacia la modernidad, culmina con el regreso del autoritarismo.<br />
La conclusión indica que no tuvo mayor sentido práctico echarlo al agonizante Hosni Moubarak. Junto con el extinto<strong> Omar Suleiman</strong> -el contacto con la <strong>CIA</strong>- Moubarak supo asegurar, durante décadas, que los turistas anglosajones acudieran masivamente a fotografiarse entre el commodity de las pirámides. En pantalón corto.<br />
El <strong>general Al Sisi</strong>, y <strong>Al Mansour</strong>, el presidente dibujado, intentan reflotar aquel viejo orden represivo y reaccionario. Pero ya casi idealizado como una gran utopía.</p>
<p>Cuando el pueblo conquistó el atributo de elegir, a través del voto, a sus representantes, se optó por los <strong>Hermanos Musulmanes</strong>. Los que precipitadamente pretendieron imponer otro sistema autoritario, tan malo como aquel que se había desalojado. Pero sin un orden básico.<br />
En Egipto, el Ejército es la única institución que se encuentra en condiciones de evitar la desintegración de la identidad. Firme y vertical. Como las pirámides (que, para la desdicha de su economía, ya nadie visita).</p>
<p><strong>Egipto. La democracia imposible.</strong> Y el General Al Sisi, con inapelable apoyo popular, derrocó y capturó al presidente Morsi.<br />
Hoy <strong>Morsi está preso</strong>, pero sostenido por las convicciones de los partidarios que procuran restablecerlo en su cargo. Se escudan en la popularidad de los votos. <span style="font-size: 13px; line-height: 19px;">La contradicción deriva en las concentraciones desafiantes de los islamistas desalojados. Ante un Ejército que no puede evitar la <strong>represión televisada</strong>, que escandaliza a los gobiernos aliados que no toleran la idea de complicarse con el gobierno represor, aunque comparativamente lo prefieren.</span><br />
Aquí se ansía la pacífica resignación de los reprimidos. Los que lícitamente reclaman la restitución del presidente que votaron. Y que aspiraba a imponer la concepción (occidental) del fundamentalismo islámico. Para el resto de la sociedad.</p>
<p><strong>La ética del terror</strong></p>
<p>A través del impulso organizado de la fe, Los Hermanos Musulmanes, en su historia, dieron muestras ejemplares de sacrificio y heroísmo. El poderoso movimiento religioso-popular supo expandirse desde la clandestinidad, fuente de mitología.<br />
Conviene aclarar, por la magnitud del desconocimiento, que La Hermandad no debe ser inmediatamente asociada con los <strong>jihadistas</strong> <strong>radicalizados</strong> que desembocaron en las estructuras violentas, como las diversas franquicias de<strong> Al Qaeda</strong>. Aunque cabe consignar que los radicalizados se nutren con las decepciones. Hasta fortalecerse.<br />
Consta que el triunfo electoral de los Hermanos Musulmanes constituyó un severo retroceso de los radicalizados que prefieren el culto al mártir. A la inmolación. A la estética de las bombas humanas. Los Hermanos les demostraban que aún era posible llegar al poder por la vía pacífica. Pasó en <strong>Túnez</strong>, con el <strong>partido Enhaida</strong>. Y en Egipto.<br />
Por lo tanto, si se consolida el golpe militar de Al Sisi, y si se instala el fracaso del gobierno de La Hermandad, se arrastra, hacia la salida de la violencia, a una multitud de inocentes musulmanes que adhirieron al camino institucional que ya se trunca.<br />
<strong>De aquí, al cierre de las embajadas de Estados Unidos y de la Unión Europea, resta un paso.</strong> Basta con un comunicado para que se preparen las valijas. O con un breve mensaje televisivo, para generar la ética del terror. Con cuerpos de sobra para ofrecerse como bombas.</p>
<p><strong>Cretinos y víctimas</strong></p>
<p>Ricos y feroces cretinos. Como <strong>Ben Alí, Khadaffi, Sadam, Moubarak, Haffez o el propio Bashar al Assad.</strong> Cabezas de regímenes fuertemente represivos que los combatieron.<br />
A la Hermandad Musulmana y -sobre todo- a Al Qaeda. Los cretinos se mostraban como la única garantía que les permitía, a las democracias sofisticadas, continuar con el consumo relativamente tranquilo del petróleo. Los florecientes estados del Golfo se permitían la hegemonía principal. Y hasta el lujo secreto de financiar a quienes los impugnaban, pero siempre preferiblemente lejos.</p>
<p>Es preciso plantear la obviedad de las diferencias después que<strong> George Bush</strong> -el junior- mezclara todos los sabores y las contradicciones en un fast food trágico, para comprometer a Occidente en<strong> otra cruzada alucinante en</strong> <strong>Irak</strong>. Contra Sadam, en la <strong>siniestra búsqueda de “armas de extinción masiva” que no existían.</strong> Consecuencia de la acción terrorista más espectacular de Al Qaeda. El derrumbe de las <strong>Torres Gemelas</strong> y sus miles de muertos.<br />
La humillación dolorosamente recibida no legitimaba la desastrosa política norteamericana en Medio Oriente. Se agravó, en cambio, la complejidad del cuadro. Con sus cementerios naturales y sus escombros. Ensuciaron las situaciones internas de todas las zonas en que se introdujeron, a los efectos de asegurar su consagrado sistema de valores. Y producirles, a los bárbaros, el espejismo de un nuevo orden. Con menor perjuicio interno desde que se entregaron a la eficacia de los “drones” (los aviones bombarderos no tripulados). Para atenuar la recepción de ataúdes políticamente inconvenientes, envueltos en banderas. Procedentes de Irak, o de <strong>Afganistán</strong>.</p>
<p>Tiempo de aceptar que las primaveras árabes desembocaron en islamismos que clausuraban el fervor. Y que La Hermandad se transformó en la exclusiva beneficiaria de la protesta de aquellos modernistas sueltos, que se movilizaban para amontonarse en la <strong>Plaza Tahrir</strong>.<br />
Hoy La Hermandad es la víctima del golpe de estado en Egipto, que en Túnez aún puede evitarse (responsabilidad de <strong>Francia</strong>, que suele contagiarse de Estados Unidos y se entromete en <strong>Malí</strong>. Pero se cuida de no cometer sus errores. Ampliaremos).</p>
<p>Sin embargo las víctimas fundamentales de estas “primaveras árabes” fueron los inocentes protagonistas que necesitaban las migajas de modernidad.<br />
Los que desafiaron a los cretinos-autócratas sin sospechar que se encontraban en el medio de la trampa infernal.<br />
Entre el látigo del tiranuelo que los sometía, o la interpretación institucionalizada del <strong>Corán</strong>, que se entendía como una <strong>Constitución</strong>. Como lo observara el intelectual <strong>Domingo Faustino Sarmiento</strong>. En Los Viajes. Su libro superior.</p>
<p>La democracia imposible, por la que se batían los modernistas, aludía a las ilusiones del pluralismo y la tolerancia. Enriquecidos con la apertura informativa que les generaban las redes sociales. Una metodología generosa de comunicación que los hacía sentirse más unidos. Y en simultáneo, más desdichados.</p>
<p><strong>La Neo Guerra Fría</strong></p>
<p>En <a href="http://www.jorgeasisdigital.com/2013/07/08/la-desgracia-de-egipto/">“La desgracia de Egipto”</a> se trató el cambio de reglas y del mismo juego.<br />
Con cinismo pragmático, los rigoristas de la fundamental <strong>Arabia Saudita</strong>, de los <strong>Emiratos</strong> y el <strong>Kuwait</strong>, apoyan y financian a los golpistas salvadores de Egipto, que disfrutan de los 1.500 millones de dólares de ayuda militar de Estados Unidos. Pero se escandalizan preventivamente ante la represión que necesitan sea breve y eficaz. Lo prefiere también <strong>Israel</strong>, sin decirlo, siempre mejor preparado para tratar con regímenes de fuerza que ostenten la brutalidad que los justifica. Y como lo celebra <a href="http://www.jorgeasisdigital.com/2010/07/02/bashar-al-assad-el-oftalmologo/">“Bashar, el oftalmólogo”</a>, que siente el golpe de Egipto como una feliz oxigenación de su masacre. El golpe de Al Sisi le brinda a Bashar mayores fuerzas para destruir a sus enemigos internos. A discreción. Es Gratis. <strong>Rusia</strong> los ampara y <strong>Siria</strong> es la punta de lanza para implantar un nuevo esquema de <strong>Neo Guerra Fría</strong>. Para tratarlo en próximo despacho.</p>
<p>Estallan los lineamientos y Siria se aleja, acaso a su pesar, de los intereses compartidos por el <strong>Eje del Mal</strong>, que comparte con el <strong>Hizbollah</strong> (libanés), el <strong>Hamas</strong> (palestino) y el impetuoso <strong>Irán</strong> (el persa que banca). Y con <strong>Turquía</strong>, que está exactamente afuera del Eje, dirigida por un “islamista moderado”. <strong>Erdogan</strong> teme el contagio hacia la rebelión de sus islamistas solidarios.<br />
En conjunto, unos y otros sólo coinciden en cargarle a <strong>Qatar</strong> las responsabilidades de las primaveras fracasadas.<br />
El paisito petrolero del Golfo creyó conciliar el islamismo institucional de la Hermandad con la sublime idea de la democracia.<br />
A través de la penetración triunfal de <strong>Al Jazzera</strong>, el canal dedicado a la impertinencia de comunicar.<br />
Tienta también dedicar un próximo artículo específico. A Qatar, el “pigmeo con puño ambicioso de gigante”.</p>
<p><strong>Osiris Alonso D’Amomio</strong></p>
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		<title>Sigilosos programadores de la espontaneidad</title>
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		<pubDate>Wed, 10 Jul 2013 16:31:53 +0000</pubDate>
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				<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Las rebeldías de las clases medias de Turquía, Brasil y Egipto, ningunean las protestas de Argentina.</strong></p>
<p>Sobre Informe de <strong>Consultora Oximoron</strong><br />
Redacción final <strong>Carolina Mantegari</strong></p>
<p>Desde <strong>Francis Fukuyama</strong>, en el <strong>Wall Street Journal</strong>, o <strong>Luis Fernández-Galiano</strong>, en <strong>El País</strong>, hasta <strong>Luisa Corradini</strong>, en <strong>La Nación</strong>.<br />
Emergen por doquier los dadores voluntarios de interpretación sociológica. Se ocupan de la rebelión de las capas medias.<br />
“El fantasma que recorre el mundo”. Alborota las calles y agita las plazas. Arrinconan gobiernos con las respectivas listas de reclamos.<br />
El fenómeno -para Consultora Oximoron- es transversal.<br />
Con matices diferenciadores, se destacan las rebeliones que transcurren en <strong>El Cairo</strong>, Egipto; <strong>Estambul</strong>, Turquía; en <strong>San Pablo</strong> y tantas ciudades de Brasil.</p>
<p><span id="more-373"></span>Al indagarse en algún punto de partida inspirador, nunca falta el profesor brasileño de <strong>Campinas</strong>. Con presentable audacia de exportación, alude, comparativamente, a las piedritas del mayo francés. Del 68, en París.<br />
Otros improvisados, menos efectistas, prefieren hurgar entre los españoles socialmente desvencijados. Indignados que solían broncearse en la <strong>Puerta del Sol,</strong> en <strong>Madrid</strong>. O los exhibicionistas que se fotografiaban en la <strong>Plaza Zuccotti, de Manhattan.</strong><br />
<strong>Tesis Oximoron: por la creciente intrascendencia del país, ni se tienen en cuenta las protestas que transcurrieron en Argentina.</strong></p>
<p>Llama la atención que se omitan, con frontalidad, las tres manifestaciones masivas que supieron organizar los “sigilosos programadores de la espontaneidad”. Profesionales de la improvisación como Lucho, Naza y El Correntino.<br />
En la Argentina blanca. En banda, pero creativa y bulliciosa.<br />
Expresiones multitudinarias, discutiblemente populares, que recibieron el nombre (importado) de “cacerolazos”.<br />
Metodología patentada, en realidad, por la burguesía de <strong>Santiago</strong>, <strong>Chile</strong>, en 1972. Cuando las damas sensibles del barrio “momio” de Providencia salían a golpetear sus cacerolas. Durante el gobierno frágil de <strong>Salvador Allende</strong>. Sostenían (las damas) que nada encontraban para cocinar en ellas.</p>
<p><strong>Controlar la calle</strong></p>
<p>Significa confirmar -para Oximoron- que a la Argentina cristinista se la ningunea hasta para la protesta.<br />
Injusticia. Porque <strong>Néstor Kirchner</strong>, El Furia, supo ubicarse, preventivamente, a la vanguardia en la materia.<br />
En su deseo de asegurarse el control de la calle. En el sub-continente, la “calle” ya se había cargado un par de presidentes. <strong>Ecuador</strong>, <strong>Bolivia</strong>, la propia Argentina.<br />
Para controlar la calle, El Furia invirtió irresponsables millones del <strong>Gorro Frigio</strong>. Para la minuciosa lubricación de las “organizaciones sociales”. Conjunción de desamparados que cortaban -gratis- los puentes y los cruces, en general entre los martes y los jueves. El cuento dominante consistía en no “criminalizar la protesta”.<br />
En el extendido primer tramo, El Furia contó, además, con el aporte invalorable de <strong>Hugo Moyano</strong>, El Charol. Intimidaba a los eventuales protestones con “el encanto de la negritud”.<br />
De todos modos El Furia sólo alcanzó a “compartir la calle”. Con la izquierda de verdad. Bastante descolocada -la pobre izquierda- en su retroceso. Y vaciada.<br />
Con determinados arrebatos, El Furia les había soplado la argumentación.</p>
<p>De todos modos -para Oximoron- la parafernalia del derroche no le garantizó a El Furia el control total de la calle.<br />
Bastó, para preocuparlo, con la credibilidad inicial del dolorido<strong> Juan Carlos Blumberg</strong>, El Ingeniero.<br />
Aquel Blumberg conmovía. Convocaba inquietantes multitudes silenciosas. En la noche y con antorchas, clamaban por la falta de seguridad. Exigían una dureza ingenua, impracticable.<br />
El pragmatismo de El Furia consiguió eclipsar a Blumberg, sobre todo cuando El Ingeniero se creyó posiblemente presidenciable.<br />
En adelante El Furia respiró de nuevo con alguna tranquilidad. Para volver a sufrir, la toma de las calles, cuando ya no era presidente. Con “el conflicto del campo”.<br />
Bastó entonces -continúa el Informe Oximoron- con un puñetazo providencial de <strong>Luis D’Elía</strong>, El Falso Negro, para evitar que los movilizados le coparan la simbología de la Plaza de Mayo.</p>
<p><strong>Mandíbulas y bocados</strong></p>
<p>Aunque la Plaza de Mayo pronto la iban a ocupar “los sigilosos programadores de la espontaneidad”. Sin saber bien, en el fondo, para qué.</p>
<p>Expertos en el arte de la viralidad, Los Sigilosos manejaban 150 páginas web. Se ufanaban de contar con millares de “me gusta”, en el <strong>Facebook</strong>.<br />
Armaban -Los Sigilosos- a través de una mesa chica de treinta genios. Derivó en una mesa ratona de conducción. De tres. A lo sumo cuatro.<br />
Pero Los Sigilosos se cuidaban de no levantar mucho la cabeza. Por la interna.<br />
Había 150 que creían repentinamente ser dirigentes nacionales. Los celaban.</p>
<p>Cuentan que una vez se les propuso: “Pongan la cara ustedes, les ponen gratis multitudes a los dirigentes que no pueden llenar un ascensor”.</p>
<p>Pero Los Sigilosos no se atrevieron, “por la interna”.<br />
Pudieron ser pronto mandíbulas y se convirtieron en tiernos bocados. Para políticos de la nomenklatura opositora que legitiman, por su irrelevancia, al oficialismo que complementan.</p>
<p>Sin el menor reconocimiento, y a pesar de ellos, fueron imitados en diversos países.<br />
Ahora Los Sigilosos -según el Informe Oximoron- se proponen organizar un nuevo sarao de protesta.<br />
Para el 8 de agosto. Tres días antes del ensayo de las elecciones primarias.<br />
De manera que se pone en marcha la próxima viralidad.<br />
Arranca desde <strong>Sidney</strong>. O desde <strong>Auckland</strong>, <strong>Nueva</strong> <strong>Zelanda</strong>. Hasta <strong>Barracas</strong>. Con foco central -como los petiteros de antaño- en <strong>Callao y Santa Fe.</strong></p>
<p><strong>La producción de clase media</strong></p>
<p>Entre los solemnes lugares comunes, que florecen en todos los idiomas para explicar la rebelión, salta como causa, invariablemente, la fabulosa producción de clase media.<br />
Se registró, sobre todo, en Brasil. O en Turquía (pese al fastidio del canciller Patriota, cuando se lo equipara).</p>
<p>Con optimismo sociológico, especulan que, en los últimos diez años, alrededor de cincuenta millones de miserables accedieron, en Brasil, a la estampilla de pertenencia a la clase media.<br />
Sin embargo el crecimiento -prosiguen- no fue acompañado por la “calidad de los servicios”, que brindan los estados, en general corruptos. Con una “gran brecha” distante entre representantes y representados.<br />
Previsible “consecuencia del crecimiento”. Efecto involuntario.<br />
Verso bonito, después de todo, bien armado. Una pinturita de otros sigilosos artesanos.<br />
La teoría cierra con los hospitales berretas, los transportes públicos misericordiosos.<br />
Bastó con un nimio aumento en el precio del transporte para que los brasileños, de clase media forzada, se movilizaran para ocupar las primeras planas de los informativos del mundo. Y produjeran el despliegue desastrosamente masivo que sirvió para que la señora <strong>Dilma</strong>, la presidente de Brasil, retrocediera. Justamente cuando en el mundo se ponderaba el <strong>“fenómeno Brasil”.</strong><br />
En un momento de proyección del País <strong>BRICS</strong>, que pretende la membrecía permanente del Consejo de Seguridad (a pesar de Argentina y de <strong>México</strong>). Cuando se lanza a organizar el <strong>Campeonato Mundial de Fútbol de 2014</strong>. Mientras sus habitantes sorprendían con el otro perfil. El de las carencias básicas.</p>
<p>Para Oximoron, tampoco se pueden comparar los episodios de Brasil, Turquía, de España (incluso de la ninguneada Argentina) con los móviles de las capas medias de Egipto.<br />
Porque los egipcios se amontonaron en la <strong>Plaza Tahrir</strong>, de El Cairo, con el objetivo, de mínima, de conseguir la caída de un gobierno. Pero finalmente se cargaron dos. <a title="La desgracia" href="http://www.jorgeasisdigital.com/2013/07/08/la-desgracia-de-egipto/">El de <strong>Moubarak</strong> y el de <strong>Morsi</strong>. </a></p>
<p><strong>Catarsis</strong></p>
<p>Menos que a la reproducción de capas medias, en la Argentina de La Doctora se asiste, en cambio, a la penosa declinación de las mismas.<br />
Las que fueron ejemplo en el continente. Cuando aún el país tenía presencia. Era mandíbula, tallaba. Pero se convirtió en duro bocado.</p>
<p>Aquí, cuando las capas medias salen a protestar, lo hacen con objetivos fuertemente emocionales. Infortunadamente comprensibles, pero difusos.<br />
Concatenación de broncas contenidas. Hartazgos justificables. Frustraciones obsesivas. Falta de representación política e impotencia filosófica.<br />
De todos modos <strong>Los Sigilosos Programadores de la Espontaneidad,</strong> ya desde 400 webs, se dan su tiempo para organizar la ronda que se viene.<br />
El 8 del 8, a partir de las 8 (felizmente fuera del horario de oficina).<br />
Tal vez Los Sigilosos cuenten, para el 8 del 8, con alguna idea innovadora para fundamentar mejor el nuevo amontonamiento.<br />
<a href="http://www.jorgeasisdigital.com/2013/04/19/la-catarsis-de-la-argentina-blanca/">La (próxima) Catarsis de La Argentina Blanca</a>.</p>
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		<title>La desgracia de Egipto</title>
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		<pubDate>Mon, 08 Jul 2013 18:10:17 +0000</pubDate>
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				<content:encoded><![CDATA[<p><strong>La convivencia imposible del islamismo y la democracia. Satisfacción en Siria y Arabia Saudita. Preocupación en Túnez.</strong></p>
<p>escribe <strong>Osiris Alonso D’Amomio</strong></p>
<p>El diario <em><strong>Al Watan</strong></em> anticipó el expresivo diálogo del final.<br />
Fue entre <strong>Mohamed Morsi</strong>, el presidente de <strong>Egipto</strong> a derrocarse -de la <strong>Hermandad Musulmana</strong>-, con el general<strong> Abdel Fattah Al Sissi</strong>, el derrocador. Ministro de Defensa y jefe del poderoso ejército. La única institución que mantiene, en el desbande de la fragmentación, su integridad.<br />
“Parte, Morsi, con dignidad” -le dijo Al Sissi.<br />
“Pero éste es un golpe de estado militar, los americanos nunca te lo van a permitir”, dijo Morsi, después de todo un cándido que trataba de salvarse.<br />
Cuesta creer que Al Sissi se haya atrevido a desalojarlo del poder a Morsi sin la luz verde “de los americanos” (surten al ejército de mil millones de dólares por año, en “concepto de ayuda”).<br />
“Nos interesa la opinión del pueblo egipcio, no del americano”, dijo Al Sissi.<br />
“Pero yo soy quien te designó y puedo desplazarte”, replicó enojado el presidente. Lo rodeaba su guardia defensiva.<br />
“Olvídate, ya no tienes ninguna legitimidad”.<br />
Entonces Morsi fue detenido por quienes estaban, en el lugar, para defenderlo.</p>
<p><strong><span id="more-366"></span>Cambio de reglas y del juego</strong></p>
<p>La facilidad interpretativa indica que, entre la democracia y el islamismo, persiste un abismo. Nada tienen en común.<br />
Los partidarios de la modernidad se encuentran, en la región, definitivamente condenados.<br />
O islamismo de estado o autoritarismo coercitivo.</p>
<p>La <strong>sintonía entre democracia e islamismo</strong> es, ante todo, un ejercicio mediático de la voluntad, propagada por los responsables de la cadena <em><strong>Al Jazeera</strong>.</em><br />
Se justifica que la primera medida golpista haya consistido en clausurar la sede de la cadena, que emitía desde <strong>El Cairo</strong>.<br />
Significa confirmar que el golpe, en Egipto, se reduce al retroceso de los jeques petroleros de <strong>Qatar</strong>. En desmedro de la algarabía, la satisfacción de los “hermanos enemigos”. Los rigoristas petroleros de<strong> Arabia Saudita</strong> (sostenidos siempre por los americanos) y de los Emiratos.<br />
Pero sobre todo debe registrarse la satisfacción en <strong>Siria</strong>. Y por qué no de <strong>Israel</strong>, aunque en silencio diplomático. En realidad les resulta más conveniente, y fructífero, tratar con regímenes de fuerza. Con los que saben a qué atenerse (no olvidar que con Morsi circulaban positivos beneficios para los palestinos chiitas del <strong>Hamas</strong>, en eje siempre con el <strong>Hizbollah</strong> chiita de <strong>Líbano</strong>, con Siria y, en el fondo, con <strong>Irán</strong>, en tandem con <strong>Rusia</strong>).</p>
<p>Hay cambio de reglas, pero también del propio juego, aún dinámicamente difuso.<br />
Son realineamientos que alteran el tablero geopolítico, y desconcierta a las cancillerías que pesan. <strong>Argentina</strong>, abstenerse.<br />
Desde el punto de vista técnico, en Egipto transcurre un <strong>vulgar golpe militar</strong>. Pero con multitudinario apoyo popular. La coincidencia entre un grupo de vanguardia, <strong>Tamarrod</strong>, o sea Rebelión, que movilizó 17 millones de personas, con un ejército repentinamente sensible a los reclamos sociales.</p>
<p>Al Sissi pone al frente al desconocido jurista <strong>Mansour</strong>. Asombra con la amplitud frustrada de proponer, como primer ministro, al inofensivo burócrata <strong>El Baradei</strong>. Un equilibrista de organizaciones internacionales que trafica aperturas hacia “el mundo occidental”. Pero finalmente el puesto será, según nuestras fuentes, para un abogado casi progresista, un socialdemócrata, <strong>Ziaad Baha El Din.</strong></p>
<p><strong>El fracaso prematuro de la primavera árabe</strong></p>
<p>Pese a la alegría de las movilizadas capas medias, en Egipto se asiste al primer fracaso de la llamada <strong>primavera árabe.</strong><br />
Es la consecuencia fatal del segundo éxito. Haber derrocado a <strong>Hosni Moubarak</strong> (el primer derrocado fue <strong>Ben Alí</strong>, en <strong>Túnez</strong>).<br />
Pero para llevar al poder, democráticamente, en ambos estados -Túnez y Egipto- a la única organización que mantiene niveles aceptables de organización política. Los Hermanos Musulmanes.</p>
<p>Previsiblemente, Morsi iba a decepcionar. Porque prefirió actuar como presidente de los Hermanos Musulmanes, y no de la abrumadora complejidad que conforma Egipto.<br />
Iba a caer arrastrado por las exigencias de los voraces medialuneros del propio partido. Medialuneros que ocupaban los espacios fundamentales. Mientras la economía se desmoronaba. Faltaba de todo y no disponían de los arrebatos de ningún <strong>Moreno</strong>. Desaparecía, de pronto, desde la harina hasta el combustible. Los precios escalaban y carecían de un solvente <strong>INDEC</strong>. No había espacio para la trampa. Porque escaseaban también -y sobre todo- los turistas.<br />
Así como <strong>España</strong> vive del commodity del sol, en Egipto gran parte de los ingresos pasan por el commodity de las pirámides.</p>
<p>“Moubarak con barba” se lo llamaba a Morsi en los amontonamientos de la<strong> Plaza Tahrir.</strong><br />
Se lo cargaba la misma aglomeración que se cargó, primero, a Moubarak.<br />
Pero ahora se movilizaban para defenderlo sus partidarios, los barbudos de la Hermandad. Los casi cincuenta muertos de la contabilidad permiten temer por la antesala de esta nueva guerra civil. Perfectamente puede superar la catástrofe que disuelve a Siria.<br />
Pero es más grave: porque el mundo árabe suele históricamente oscilar alrededor del eje de Egipto.<br />
Lo descubrió <strong>Henry Kissinger</strong>, cuando sentenció: “En la región no hay guerra sin Egipto ni paz sin Siria. Y viceversa”.<br />
Con los dos Estados que desbarrancan, aumenta la incertidumbre. Por las alteraciones que se producen en el ámbito persa (Irán). Pero especialmente en <strong>Turquía</strong>, que volvía a divagar con un imperio conjetural.<br />
Téngase en cuenta que, en su momento, Morsi fue votado hasta por los laicos, a los efectos de impedir el regreso del Antiguo Régimen, que lo representaba el otro candidato, general <strong>Chafik</strong>.<br />
Pero el antiguo régimen, de todos modos, vuelve. Con el golpismo popular que atormenta a los teóricos.</p>
<p><strong>Resurrección de Al Qaeda</strong></p>
<p>Para colmo, el prematuro triunfo de la protesta (que se cargó a Moubarak), como la vía electoral de acceso, había desubicado a los islamistas radicalizados de<strong> Al Qaeda.</strong><br />
Los desesperados retrocedieron en la consideración. Superados por el fervor participativo de las redes sociales.<br />
Por lo tanto el fracaso -también prematuro- del experimento Morsi, los vuelve a poner, a los esclarecidos de Al Qaeda, en la inquietante vanguardia.<br />
No olvidar que muerto<strong> Bin Laden, </strong>el jefe de Al Qaeda, <strong>Ayman Al Zawahiri</strong>, es, ante todo, egipcio. Y sabe de venganzas.</p>
<p>Paradójicamente, <strong>Bashar Al Assad</strong>, en Siria, siente que puede respirar. Tiene licencia, e incentivos morales, para continuar la faena sistemática de la matanza.<br />
Si <strong>Kadhaffi</strong>, en <strong>Libia</strong>, hubiera resistido, como <strong>Bashar</strong> en Siria, y matado a todos los resistentes que fueran necesarios, tal vez aún estaría al frente.<br />
Su cadáver no hubiera sido mancillado, humillado. Escupido en la calle.</p>
<p>Si total, decenas de miles muertos más bastaban, al fin y al cabo, para comprobar su legitimidad.<br />
Después de cuatro siglos de explotación otomana, de delimitación artificial de fronteras, <strong>Francia</strong> y <strong>Gran</strong> <strong>Bretaña</strong> -o la conjunción de occidente, que hoy encabezan “los americanos”- no podían imponerle su sistema de organización (aparte, en el fondo, no tenían el menor interés en ser imitados). Para obligarlos a convivir, incluso, con Israel. Y con la evolución de un Israel que multiplica, para colmo, el atraso.</p>
<p>Lo más fácil es culpar, de la desgracia de <strong>Egipto</strong>, a la televisión de <strong>Qatar</strong>.<br />
Responsabilizarla, incluso, por la repercusión de aquellas movilizaciones iniciales. Derivadas de la auto-inmolación del desdichado verdulero de Túnez.<br />
Ben Ali -al que se llevaron puesto-, comienza a ser visto, comparativamente, con simpatía. Efectos colaterales de la desgracia.<br />
En adelante, los islamistas triunfales de <strong>Ennahda</strong>, en Túnez, deben cuidarse del contagio.</p>
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