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	<title>Mundo Asís &#187; Roberto Payró</title>
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		<title>El campo y la secta</title>
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		<pubDate>Mon, 29 Jul 2013 15:20:51 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Mundo Asís</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Del Grito de Alcorta a la Gastada de Etchevehere. La Garganta lo había anticipado: “Etchevehere es muy personal, se manda solo. Tal vez mañana quiera lucirse con un discurso demasiado crítico”. La bronca se percibía en el aire de la “127° Exposición Rural”. Los reclamos, por repetidos, se convirtieron en lugares comunes. Se perdieron “diez... <a href="http://opinion.infobae.com/mundo-asis/2013/07/29/el-campo-y-la-secta/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><em>Del Grito de <strong>Alcorta</strong> a la Gastada de <strong>Etchevehere</strong>.</em></p>
<p><strong>La Garganta</strong> lo había anticipado:<br />
“<strong>Etchevehere</strong> es muy personal, se manda solo. Tal vez mañana quiera lucirse con un discurso demasiado crítico”.<br />
La bronca se percibía en el aire de la “<strong>127° Exposición Rural”</strong>.<br />
Los reclamos, por repetidos, se convirtieron en lugares comunes.<br />
Se perdieron “diez millones de cabezas”. “Ya <strong>Nicaragua</strong> exporta más ganado que <strong>Argentina</strong>”. “Pronto habrá que importar trigo”.</p>
<p>Sintetiza <strong>Susana Merlo</strong>, editora de Campo 2.0:<br />
“A diferencia de muchos de los países vecinos, que supieron aprovechar los últimos ocho años, hoy la Argentina está sin resto”. Y agrega: “No quiso, no supo o no pudo avanzar, como lo hizo prácticamente toda la región”.<br />
Persiste entre los ruralistas, la “gente de campo”, “chacareros confundidos con oligarcas”, un contagioso sentimiento de humillación.<br />
Entre la queja generalizada, y la rabia contenida, un ex presidente de la <strong>Sociedad Rural</strong> -de apellido que dista de aludir al paquetismo o la riqueza- expresó el deseo personal: que <strong>Luis Miguel Etchevehere</strong>, el presidente actual, “no profundice la ruptura con el gobierno”.</p>
<h3><span id="more-413"></span>Categorías de Barra Brava</h3>
<p>“Las bases están muy calientes y quieren sangre. Están para salir a la calle en cualquier momento”, confirma otra Garganta.<br />
Tal vez los dirigentes debieran aportar mayor moderación, cierta sensatez.<br />
Sin dejarse arrastrar, acaso, por las categorías fáciles de las barras bravas, que impregnan la sociología nacional.<br />
“Pero si no te pones al frente del reclamo, con tanta bronca que hay, te llevan puesto”.</p>
<p>Una estructura corporativa, como la Sociedad Rural, habituada históricamente a la gravitación del poder, se entiende que debe extender lazos permanentes de entendimiento. De negociación.<br />
“Aunque el gobierno sea como éste, una secta”, confirma otra Garganta, sin percibir que le aporta entidad a esta crónica.<br />
Y aunque La Secta se proponga despojarles, incluso, hasta el predio tradicional. El que ocupan desde 1878.</p>
<p>La cuestión es que Luis Miguel Etchevehere se puso al frente de la barra brava. Su discurso fue una gastada literal. De un <strong>anticristinismo demoledor.</strong><br />
Lo más suave que les dijo es que son corruptos. Mentirosos, fracasados, valijeros.<br />
En la gastada, Etchevehere les tiró desde el tren bala hasta el desplazamiento de <strong>la estatua de Colón</strong>.<br />
En presencia institucional, para colmo, de <strong>Héctor Méndez</strong>, el Ex Gordo de la <strong>UIA</strong>. Preside la<strong> Unión de Industriales Argentinos</strong>, caracterizada por ser la entidad más colaboracionista con<strong> La Secta</strong>.</p>
<p>Con contundencia (que quisieron atenuar hasta los medios adictos), Etchevehere se dedicó a destruir los pilares del relato. Inspirados, a su criterio, en una suma de falsedades. Con una dureza frontal que superó a <strong>Alfredo de Angeli</strong>, el del diente ausente de 2008.<br />
Y dejó al borde del ridículo, incluso, a los referentes tibios de la oposición inofensiva.<br />
Del Grito de Alcorta a La Gastada de Etchevehere se puede intentar una historia novelada de los conflictos del campo.</p>
<p>De la distancia elegantemente crítica, que <strong>Luciano Miguens</strong> impuso, en su momento -en los tiempos turbulentos de los cortes y de La Mesa de Enlace- no queda nada.<br />
La Rural pasó después al populismo gestualmente paquetérrimo de <strong>Luis Biolcatti</strong>.<br />
Para recalar en Etchevehere, con esta suerte de jacobinismo agrario.</p>
<p>“Desde <strong>Guillermo Alchourón</strong> que no se aplaudía, de pie, en el restaurant central de La Rural, el ingreso de un presidente”, confirma la Garganta.<br />
Pero el sábado, después de la algarada, Etchevehere fue fervorosamente aclamado, y de pie. Por quienes disfrutaban la provoleta del primer plato, y aguardaban el lomo del segundo.<br />
El barrabravismo rural que se perfila es doblemente preocupante.<br />
Confirma la data aportada por otra Garganta previa, tan productora de maíz como de información.<br />
Después de las PASO, el campo sale, otra vez, hacia las rutas. Con las boinas pintorescas y las caras metafóricamente pintadas.<br />
Con los tractores, los reclamos y las cosechadoras. Para reiterar los insumos de aquella catarsis de la Argentina blanca de 2008.<br />
De cuando la esquizofrenia kirchnerista designó, a los ruralistas, como los enemigos transitoriamente privilegiados.<br />
(Pronto sería el <strong>Grupo Clarín</strong>, más adelante la Justicia. La Secta declararía la guerra, incluso, hasta a los propios servicios oficiales de inteligencia).</p>
<h3>Gobierno-Secta</h3>
<p>La Secta, que preside nominalmente La Doctora, es conducida por<strong> Carlos Zannini</strong>, el Gran Consumidor de Pescado Podrido.<br />
Ejerce a través de dos elementos instrumentadores.<strong> Guillermo Moreno</strong>, El Duro que los Asusta, y <strong>Axel Kicillof</strong>, El Gótico.<br />
Son dos antagonistas que pragmáticamente decidieron acercarse. Hasta repartirse, en La Secta, las competencias vinculadas a la economía.<br />
(El campo atribuye la estricta competencia de su condena a Guillermo Moreno).<br />
En el plano político, los que bajan la línea de Zannini, en La Secta, son otros dos. Casi, según nuestras fuentes, en el mismo alarmante nivel.<br />
<strong>Eduardo de Pedro</strong>, El Wado, y el doctor <strong>Recalde</strong> junior. Amenaza con ser aún más rápido que el padre.<br />
Recalde busca atenuar, con consentimiento de La Doctora y aprobación de Zannini, el déficit monstruoso de <strong>Aerolíneas Argentinas</strong>. Con la confiscación de otra empresa del sector, que presenta el ofensivo inconveniente de ser rentable.<br />
Queda <strong>Julio De Vido</strong>, el ex Superministro, que se entretiene, mientras tanto, en La Secta, con el reparto suburbano de la campaña. Y vigila, sigilosamente, la estrategia, para no terminar preso.</p>
<p>Lo único que podría garantizar el beneficio de la libertad, de los identificados integrantes menores de La Secta, es la utopía de la reelección.<br />
Pero el espejismo se aleja. Hasta ser, apenas, una expresión de la voluntad.<br />
O un argumento de los opositores sin imaginación, que no encuentran otra mejor idea para impugnarlos.</p>
<p>Trasciende, aparte, que Etchevehere mantiene ambiciones aceptablemente políticas.<br />
Cuentan que exceden los márgenes protagónicos del ruralismo.<br />
Pero el Presidente de la Sociedad Rural no es el indicado para situarse a la vanguardia de la oposición que no acierta en el mensaje.<br />
Conste que se trata de la nomenklatura de una oposición que forma parte del elenco estable, hasta transformarse en mero complemento de La Secta del oficialismo.<br />
“Alguien tenía que hablar como Etchevehere”, confirma una catártica, que lo admira.</p>
<h3>Comunicación y esquizofrenia</h3>
<p>Etchevehere sabe de comunicación. Se formó en su ambiente. Su padre fue un estimable empresario periodístico. Un periodista campechano que parecía escapado de un cuento de <strong>Roberto Payró</strong>. Se ocupaba también de los campos de su familia. Amante de la ironía natural, de la picardía básica y del “mate chancleteado”. Dirigía el <em><strong>Diario de Paraná</strong></em>, de <strong>Entre Ríos</strong>.<br />
Por lo tanto el hijo debe conocer de impactos en materia de comunicación. Como para demostrarlo en la primera oportunidad de lucimiento personal.</p>
<p>El combate abiertamente lanzado entre El Campo y La Secta acentúa la esquizofrenia del país. Se subsiste, en gran parte, por el beneficio agropecuario.<br />
“80 mil milllones de dólares aportados en la década, sólo en retenciones”, aclara la colega Merlo.<br />
La Secta sobrevive gracias al campo mientras enfrenta, con una firme vocación por el suicidio, a los productores. Memorable la capacidad de auto-hostigamiento.<br />
Como si se dedicara pacientemente a serruchar la rama de la que cuelga. Hasta caerse.</p>
<p>Enemistarse con los productores agrarios dista de ser la mejor receta para los peronistas inteligentes. Es sólo aconsejable para los giles que necesitan mantener vigente el cuento de la oligarquía.<br />
Combatir en la Argentina, a las fuerzas del campo, es como combatir en <strong>Arabia Saudita</strong> a los petroleros.</p>
<p>Mientras tanto, Etchevehere disfruta la centralidad. Los ruralistas lo aplauden de pie en el restaurante central de la exposición que se cierra.<br />
Las señoras elegantes, con o sin sombreros, se esmeran en sonrisas para fotografiarse a su lado.<br />
Ahora se aguarda la réplica de los voceros, autorizados y vocacionales, de La Secta.<br />
Pero las cosechadoras se preparan, de todos modos, para salir.<br />
Hacia las rutas. Hacia el corte. Con las boinas y las caras (metafóricamente) pintadas.</p>
<p><strong>Carolina Mantegari</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
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