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	<title>Mundo Asís &#187; Sandra Arroyo Salgado</title>
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		<title>Diversos polos de Sandra</title>
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		<pubDate>Tue, 10 Feb 2015 09:13:58 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Mundo Asís</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Alberto Nisman]]></category>
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		<description><![CDATA[Derivaciones de la torre liberada de Le Parc Escribe Oberdán Rocamora, Redactor Estrella, especial para JorgeAsísDigital Para la miniserie, la doctora Sandra Arroyo Salgado, La Ex -jueza federal de San Isidro- representa el personaje más enigmático. Contiene un rol dramáticamente complejo, contradictorio. Casi atrapante. Debe hablarse de Sandra para entender mejor el caso del extinto... <a href="http://opinion.infobae.com/mundo-asis/2015/02/10/diversos-polos-de-sandra/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Derivaciones de la torre liberada de Le Parc</strong></p>
<p><strong><em>Escribe Oberdán Rocamora, Redactor Estrella, especial para JorgeAsísDigital</em></strong></p>
<p>Para la miniserie, <b>la doctora Sandra Arroyo Salgado, La Ex -jueza federal de San Isidro- representa el personaje más enigmático</b>. Contiene un rol dramáticamente complejo, contradictorio. Casi atrapante.</p>
<p>Debe hablarse de Sandra para entender mejor el caso del extinto Alberto Nisman y su circunstancia. El Ruso, como lo llamaban en aquel juzgado de Morón, hacia finales de los 80. Cuando Nisman fue prosecretario del juez federal Larrambebere. Y trabajaba, con el clásico rigor del obsesivo, en el expediente del catastrófico operativo guerrillero de La Tablada. Episodio que tiñó de tragedia grotesca el ciclo de Raúl Alfonsín.</p>
<p>Por entonces El Ruso, un “hiperactivo escalador”, conoció, según nuestras fuentes, al profesional de la inteligencia. Un cuadro de calle que hurgaba en el mismo desastre. <b>Jaime Stiuso, El Ingeniero. Fue aquí que comenzó a fascinarse con el mundillo elitista del espionaje.<span id="more-1173"></span></b></p>
<p>26 años después de aquella aventura desesperada del ERP residual, El Ruso y El Ingeniero, por otro motivo, ocupan la centralidad del verano. Derivaciones de otro enero deplorable.</p>
<p>Nisman, el fiscal, por ser hoy <b>el cadáver servido. Plantado oficialmente como un suicida</b>. Aunque persisten graves indicios. Señales que El Ruso -pobre- puede ser la víctima del crimen que tiñe de grotesca tragedia el ciclo final de La Doctora. La que adhiere, hasta el cierre del despacho, a la teoría del asesinato. A la creencia de que le tiraron un muerto.</p>
<p><b>Suicidio u homicidio, debe aprender a resignarse. El muerto históricamente le pertenece.</b></p>
<p>El otro ocupante de la centralidad es El Ingeniero. Por ser <b>construido como el gran demonio de los servicios,</b> por el mismo gobierno que le facilitó el ejercicio máximo del poder, en su oficio rutinario del espionaje. <b>Asumen el riesgo de transformar a Stiuso en otro mito exagerado del país berreta</b>. Y presentarlo como un posible fusible, indispensable para responsabilizarlo del “suicidio inducido”. Es la pedantería teórica que sirve para ataviar de retórica la sucia vulgaridad del asesinato. Pero con la escenografía patética del suicidio a la bartola.</p>
<p><b>Si el gobierno aspira a que El Ingeniero cumpla ese rol, juega -según nuestra evaluación- con fuego.</b></p>
<p>Aunque es altamente probable que algún irresponsable de la administración haya atravesado el límite y suponga que es factible jugar con el fuego. Como para instalar la instancia de las boletas que conduce, en todo caso, <b>a la excepcionalidad del Estado de Sitio.</b></p>
<p>De todos modos, el crimen de Nisman no necesitó de ningún sicario sofisticado. Porque <b>sobraron las horas apacibles del domingo moroso. En la Torre sospechosamente liberada de Le Parc.</b></p>
<p>Bastaba con la rudeza precaria de cualquier pesado barato. Con la instrumentación de algún lumpen del suburbio. De los tantos que suelen captarse para conformar las bandas. Y que El Ruso, según nuestras fuentes -con la colaboración informativa de El Ingeniero- pretendía investigar. Y denunciar.</p>
<p>Guapos borgeanos que combinan arraigo popular con violencia. <b>Guapos bancados. Habilitados. Ampliaremos.</b></p>
<p><b>Entrecruzamiento de desconfianzas</b></p>
<p>Pero es en Sandra donde se concentran los diversos polos de la historia. En pleno entrecruzamiento de desconfianzas. Abundan los desconfiados que <b>sugieren que Sandra, en la investigación, representa -una ilusión- a Jaime Stiuso.</b></p>
<p>“Olvidate, ella es Jaime”, confirma la Garganta, con algún fundamento informativo.</p>
<p><b>Descuenta que la jueza mantiene un compromiso de lealtad con aquel que mucho la ayudó para hacerse cargo del Juzgado federal de San Isidro.</b> Junto, por supuesto, a Alberto Nisman, que aún era su marido. Cabe consignar que la dama estaba perfectamente preparada para conducir el juzgado. Con méritos propios, aunque innegablemente los amigos desde La Tablada fueron fundamentales para promoverla.</p>
<p>Otros desconfiados, con información más actualizada de distinta intensidad, sospechan que Sandra representa, en realidad, al gobierno. Con el que mantuvo excelentes relaciones.</p>
<p><b>Consta que se mantuvo a la vanguardia en causas prioritarias que tuvieron un epílogo humillante. Como el tema sensible de los hijos de la señora Ernestina de Noble,</b> por ejemplo.</p>
<p>Los alucinados que creen que Sandra es operadora del gobierno se basan en alguna rara certeza. <b><a href="http://www.jorgeasisdigital.com/2013/07/19/the-servilletas-war/" target="_blank">Cuando comenzó la Servilleta’s War</a>, o sea la guerra presupuestaria de empleados del Estado que se dedican a la tarea literaria del espionaje</b>, Sandra saltó. No se quedó con el ballet de Stiuso. Al contrario, y eso agravó, según fuentes, las diferencias con el infortunado ex. <b>Trasciende que ella se entendió mejor con los rivales internos,</b> como por ejemplo La Banda del Búfalo, que capitaneaba el servis <b>Pocino, instrumentador del expediente de los pinchadores de emails</b>. Cuentan que sólo para alojar la causa en San Isidro inculparon a un General retirado. El dossier de los emails mantiene estampados a un grupo de periodistas que sirven, en realidad, de complemento, <b>para el periodista principal que el gobierno aspira a embocar. Es uno de los dos columnistas superiores de La Nación.</b></p>
<p>Por último aparecen los desconfiados del gobierno. Los que suponen, con acierto, que Sandra está convencida de que a Alberto, el padre de sus hijas, lo asesinaron.</p>
<p><b>“Sé que esta no fue tu determinación”, dijo Sandra,</b> en la otra Tablada. El cementerio israelita. <b>Cuando la comunidad decidió que Nisman no era ningún suicida.</b></p>
<p><b>Festival de la Irregularidad</b></p>
<p>La jueza Sandra está en la causa como querellante, en la lógica representación de sus hijas. Con sus conocimientos e intenciones de trasladar el dossier Nisman, según nuestras fuentes, al fuero federal. Para alivio, acaso, de la desbordada fiscal Viviana Fein. La jurista que sobrevive malamente a las presiones de la Doctora Gils Carbó, Cancerbera del Despojo.</p>
<p>En el cenit de la tensión, la fiscal <b>Fein alcanzó a confesarle, según nuestras fuentes, al doctor Godoy, autoridad del Cuerpo Médico Forense: “Oculto pruebas porque esto es un escándalo nacional”.</b></p>
<p>Con seguridad, le costará ocultar, las pruebas de la referencia, a Arroyo Salgado. A quien estaba ausente cuando ocurrió “el dudoso” deceso de Alberto. Cuando existieron tantas <b>horas libres en la torre liberada de Le Parc.</b> Como para ensayar el grotesco Festival de la Irregularidad. Con custodios desorientados, que ni se comunicaron al 911. Y que iban y venían con doña Sara, la madre, que retiró efectos. Ampliaremos.</p>
<p>Mientras tanto, brotan derivaciones complementarias del Caso Nisman. Son otras desconfianzas que adquieren intensidad natural. Políticos y empresarios ya toman precauciones que casi no tenían en cuenta. Como el delicado asunto de la custodia.</p>
<p>Florecen los llamados de control, para averiguar si el amigo, el hijo, el jefe, llegó.</p>
<p><b>“Se arranca con un fiscal o un juez, se sigue con un periodista o un candidato”,</b> confirma la Garganta. Se siente la fría combinación de temor y el estupor.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Oberdán Rocamora</strong></p>
<p>para <a href="http://www.jorgeasisdigital.com/" target="_blank">JorgeAsisDigital.com</a></p>
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		<title>Cambio geopolítico y crimen</title>
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		<pubDate>Fri, 30 Jan 2015 20:09:33 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Mundo Asís</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
		<category><![CDATA[Alberto Nisman]]></category>
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		<description><![CDATA[Se teme un &#8220;tiempo de desprecio&#8221;. Tiempo de sicarios. De facturas. escribe Bernardo Maldonado-Kohen 1.- La plasticidad admirable del suicida Hay que destacar, ante todo, la plasticidad admirable del suicida. La originalidad que debiera destacarse. Porque la bala del final entró hacia abajo. A tres centímetros detrás de la oreja. Si se agrega que en la... <a href="http://opinion.infobae.com/mundo-asis/2015/01/30/cambio-geopolitico-y-crimen/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><em>Se teme un &#8220;tiempo de desprecio&#8221;. Tiempo de sicarios. De facturas.</em></p>
<p>escribe <strong>Bernardo Maldonado-Kohen</strong></p>
<h3>1.- La plasticidad admirable del suicida</h3>
<p>Hay que destacar, ante todo, la plasticidad admirable del suicida. La originalidad que debiera destacarse.<br />
Porque la bala del final entró hacia abajo. A tres centímetros detrás de la oreja.<br />
Si se agrega que en la autopsia no se nota el apoyo del arma en la cabeza, debiera rescatarse también, en el fiscal <strong>Alberto Nisman</strong>, el (presunto) suicida, la matemática habilidad de contorsionista para efectuar el disparo.<br />
Tal vez, una segunda autopsia hubiera proporcionado aún mayor rigor analítico, como para tratar semejante destreza mortuoria.<br />
En un principio, reclamaba la nueva autopsia la doctora <strong>Arroyo Salgado</strong>, ex de Nisman. Pero no insistió. Trasciende que un inapelable médico legista la convenció que no era necesaria.<br />
“Lo que se perdió en la primera autopsia ya no podía recuperarse”, confirma la Garganta.</p>
<h3>2.- Mensaje de la comunidad</h3>
<p>De todos modos, el mensaje de la comunidad es claro: al fiscal Alberto Nisman se lo sepultó en La Tablada como si fuera otra víctima del atentado a Amia. La número 86.<br />
No se lo apartó, como corresponde hacerlo, en su religión, con los suicidas.<br />
<img class="alignleft" alt="Cambio geopolítico y crimen" src="http://www.jorgeasisdigital.com/archivos/cambiogeopoliticoycrimen2.jpg" width="250" height="133" />“Quien quiera oír que oiga”. Quien quiera saberlo que lo sepa. Para Israel no existió ningún suicidio. Ni con la pedantería teórica de la inducción.<br />
Al fiscal, simplemente, lo “pusieron”. Lo asesinaron.<br />
¿Más claro?</p>
<h3>3.- Los hechos y la interpretación</h3>
<p>Como si se tratara de una dilatada conferencia de prensa en un estudio de abogado, en la plenitud del desorden se discute la interpretación de los hechos. Sin tener los hechos, aún, bien claros.<br />
Significa confirmar que importa más la interpretación política. Pese a los esfuerzos de la presionada fiscal Fein, que está en vísperas de jubilarse y se preparaba para dedicarle tiempo a sus nietos. Y de la jueza Parmaghini, que amontona correos electrónicos, en los que amenazaban a Nisman con suicidarlo. Cumplieron.<br />
Entonces la política, desde su magnitud berreta, banaliza la discusión. Sostener que fue un suicidio implica pronunciarse a favor del gobierno. Sugerir la certeza del asesinato es una postura para ser inmediatamente calificado de oponente conspirador.<br />
<img class="alignright" alt="Cambio geopolítico y crimen" src="http://www.jorgeasisdigital.com/archivos/cambiogeopoliticoycrimen3.jpg" width="200" height="231" />Esta manera berreta de entender el instrumento transformador (la política) empantanó la investigación compleja del atentado a la Amia. Derivó en una causa casi inadmisible, que sirve, de todos modos, para historiar los últimos veinte años.<br />
Sin embargo se tomó una orientación, sin estar en el fondo demasiado seguros. Entre tantas fojas signadas por las operaciones. La inculpación definitiva alude a los altos funcionarios de Irán. Donde, según nuestras fuentes, estaban más preocupados por las trabas de Interpol que por la clarificación del atentado.<br />
Hasta que se produjo, entre los altibajos, el cambio geopolítico acordado con el extinto Chávez, al que era muy difícil decirle en algo que no. Va a ser aún más difícil si se derrite Maduro aún más, y alguien se dispone a investigar números alarmantes y valijas innumerables.<br />
Aquel cambio fue complementado, en pavorosa simultaneidad, por la guerra de espías más insólita. Ya produjo dos muertes. Se habla sólo de la segunda y apenas se alude a la primera. Mejor omitirla.<br />
Entre tanto anecdotario que desborda, y que improvisa una sucesión de especialistas televisivos, no se trata de saber si se habilitó o no, de verdad, una diplomacia paralela. Un tema político que excede a la fiscal Fein, y menos para plantearlo en el borde del fin de semana. Cuando los nietos esperan.</p>
<h3>4.- Instancia de boletas</h3>
<p><img class="alignleft" alt="Cambio geopolítico y crimen" src="http://www.jorgeasisdigital.com/archivos/cambiogeopoliticoycrimen4.jpg" width="200" height="126" />Un conflicto de poder entre empleados del estado que se desenvuelven como espías. Profesionales de inteligencia. Es la <a href="http://www.jorgeasisdigital.com/2013/07/19/the-servilletas-war/" target="_blank">Servilleta’s War, cliquear</a>.<br />
La resultante del cambio geopolítico que los presidenciables no se atreven a tratar. Y eso que cuentan con auténticos expertos en política exterior. Como Andrés Cisneros, en la Franja de Massa. O Diego Guelar, en el macricaputismo de Macri.<br />
Del viraje geopolítico y de la guerrita de espiones emerge el crimen expresivo de Alberto Nisman. Sometido hoy a las multiplicadas interpretaciones que se independizan de los hechos que la produjeron.<br />
El riesgo es evaluar que, después de veinte años, no se aprendió absolutamente nada. Que todo sigue inalterablemente igual, apenas algo más trucho.<br />
Sólo se repite, se reitera. En versión más trágica que grotesca. Incertidumbre que logra que en la Argentina, el Neuropsiquiátrico de hoy, impere el estado de sospecha.<br />
A la desconfianza se le agrega, en adelante, un miedo que puede transformarse, por su propia dinámica, en pánico.<br />
Se teme, en definitiva, que se renueve la instancia de las boletas. Un tiempo de desprecio, como lo definía Sábato, convertido hoy en un tiempo de sicarios.</p>
<p><img class="alignright" alt="Cambio geopolítico y crimen" src="http://www.jorgeasisdigital.com/archivos/cambiogeopoliticoycrimen5.jpg" width="220" height="120" />Se oscurece el límite impreciso entre la información y la operación. Cualquier comunicador, en su afán investigativo, puede ser parte, sin saberlo, de alguna operación. Ante la divulgación de teorías temerarias, que se comparten por lo bajo, corresponde dudar. ¿Publicamos o no? Ampliaremos.<br />
Abundan, para pasar, talonarios de facturas.</p>
<p><strong>Bernardo Maldonado-Kohen</strong></p>
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