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	<title>Mundo Asís &#187; tweet</title>
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		<title>Los jóvenes arrastran a los cerdos</title>
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		<pubDate>Tue, 05 Nov 2013 14:28:54 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Mundo Asís</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p><strong><em>Los de 30/40 desplazan a los de 60. Y envían a la reflexión a los de 70.</em></strong></p>
<p>sobre informe de <strong>Consultora Oximoron</strong><br />
Redacción <strong>Final Carolina Mantegari</strong></p>
<p><strong>Quien arrancó con el cuento de “lo nuevo y lo viejo” fue Mauricio Macri, </strong>El Niño Cincuentón, líder del <strong>Pro</strong>, expresión institucional del macricaputismo.<br />
Con la línea, o la letra, bajada -acaso- por el pensador<strong> Jaime Durán Barba</strong>. Un anti-ideólogo que, a principios de siglo, no vacilaba en descalificar con la sentencia.<br />
“X es un buen político, pero del siglo veinte”.</p>
<p><span id="more-628"></span>El apasionamiento innovador de Macri, en la práctica, fue completado por la señora presidente, <strong>Cristina Fernández,</strong> La Doctora.<br />
Con el respaldo consagratorio hacia <strong>La (Agencia de Colocaciones) Cámpora</strong>, La Doctora cubrió, a través de insignes treintones, las segundas líneas de diferentes ministerios. Direcciones de empresas, candidaturas varias.<br />
Pero quien definitivamente instaura las bases del (contenido) litigio generacional es <strong>Sergio Massa</strong>, Aire y Sol II.<br />
Lo impone a través de la <strong>insolencia</strong> <strong>juvenil</strong> que personalmente porta. Y por el protagonismo, tan sorprendente como acaparador, de los mini-gobernadores, aún conocidos como intendentes.<br />
Una metodología de construcción política que amenaza con expandirse. En adelante coloca en posición de guardia, cerca de la pared, a los gobernadores de verdad.<br />
Los que se sienten arrinconados. Como si se los quisieran llevar puestos. Saltearlos.<br />
Por supuesto que <strong>Consultora Oximoron</strong> reconoce, en el último informe, las excepciones que abundan, en los tres casos. Confirman, asimismo, la validez de la teoría.</p>
<p><strong>El pasado como fracaso</strong></p>
<p>En<strong> <em>Diario de la guerra del cerdo</em></strong>, novela de 1969, <strong>Adolfo Bioy Casares</strong> planteó, con suerte literariamente relativa<strong>, la guerra no sólo imaginaria entre los jóvenes y los cerdos (los viejos).</strong><br />
Sin rozar siquiera el belicismo, en la política nacional de hoy se transforma -tácitamente- en “viejo”, a todo aquel que registre una serie de puestos ocupados, durante su trayectoria.<br />
Por la carga elemental de frustraciones, <strong>el cerdo actual es asociado a la idea genérica del fracaso.</strong><br />
En el país donde todo termina invariablemente mal, el pasado contiene el denso aroma del prontuario.<br />
Y aquel que tuvo su oportunidad “fue”. Ya culturalmente “fue”. Debe correrse, en adelante, de la fotografía.<br />
Ceder su lugar a otro más joven, que lo toma por su cuenta. Con el lícito derecho de producir su propio fracaso.<br />
Cuesta que el desplazado -aquel cerdo que “fue”- generacionalmente se resigne.</p>
<p>Trasciende que cierto columnista inteligente, en ascenso y de 42 años, supo reflejar el conflicto, sin proponérselo y en la altivez de un <strong>tweet</strong>.<br />
“No puedo hacerme cargo de los fracasos de la generación de G y de Y”.</p>
<p>En su plenitud, el cuarentón reprocha por <strong>la herencia de fracaso</strong>, que le lega aquel que carga con 80 años (ya irrecuperable).<br />
Y aquel que carga 65, que pertenece a la franja más afectada por la sutileza del conflicto que no se asume.<br />
Es el de 65 quien debe forzar el paso al costado. Porque “ya fracasó”.<br />
Aunque el sexagenario se encuentre física e intelectualmente impecable. Favorecido, para colmo, por los adelantos científicos y las pastillas milagrosas. Y se encuentre en condiciones de aplicar los conocimientos acumulados, pese a los probables errores cometidos por su franja generacional.<br />
Es el nuevo cerdo de Bioy, el que “fue”.<br />
Es arrastrado por el empuje de los sedientos jóvenes de 30 y de 40, que llegan con el derecho aceptable de cometer sus propias equivocaciones.<br />
Ante la preocupación, también, de los tensos que cargan 50, y que se encuentran en la turbulencia de la situación límite. Entre dos fuegos.<br />
Es el caso, sin ir más lejos, de <strong>Daniel Scioli,</strong> el líder de la Línea Aire y Sol I. De 56. Como la señora <strong>Carrió</strong>, también 56, o <strong>Julio Cobos</strong>, 58.<br />
De los que se ubican en el podio, para la sucesión, el más viejito es <strong>Hermes Binner</strong>. Pero <strong>el John Wayne de El Hombre Quieto</strong> es socialista. Una civilización aparte.</p>
<p><strong>El culto a la juventud</strong></p>
<p><strong>En el macricaputismo del PRO, el culto a la juventud y la perfección roza simpáticamente la patología.</strong><br />
A medida que su conductor -<strong>Mauricio</strong> <strong>Macri</strong>- acumula aniversarios, se extiende la edad promedio.<br />
Ahora Mauricio tiene 54 y se propone -según su confesión- hacer política diez años más. Hasta los 64. Para después, en el imaginario, “retirarse”.<br />
Testimonio que inhabilita, en la práctica, a todos aquellos que superaron ya los 64. La edad ideal -según Macri- para refugiarse en la reflexión y el recogimiento. La tristeza del retiro.<br />
<strong>La conclusión justifica que en los planteles del PRO no persistan ni viejos ni gordos</strong> (tampoco, claro, ni morochos).<br />
Lo cual representa un obstáculo, cuando se aspira a presidir un país donde los morochos abundan. Como los pobres, los bajos, los cerdos y los demasiado nutridos.</p>
<p>Para Oximoron es <strong>La Doctora</strong> quien aplica, aunque de manera inconfesable, las teorías que impuso -entre otros- Durán Barba.<br />
“A ella le encanta saberse rodeada de jóvenes”, confirma <strong>la Garganta.</strong><br />
Tal vez porque desconfía ostensiblemente de aquellos que merodean su edad, los sesenta.<br />
<strong>Sus funcionarios, en lo posible, tienen que ser más jóvenes</strong>. Y no se limita a los predispuestos de la Agencia de Colocaciones. Camporistas que adquirieron muy pronto las prioridades que aluden al privilegio.<br />
<strong>El Wado, Marianito, Axel o El Cuervo.</strong> Treintones por doquier, recientes cuarentones que pueden ser los laderos indispensables que mantienen la ficción del liderazgo de <strong>Máximo</strong>.<br />
Es el muchachón que carga con la responsabilidad familiar de una trascendencia inexplicable.<br />
Es en la frivolidad del cristinismo donde la juventud -para Oximoron- arriesga precisamente más.<br />
Por la vulnerabilidad del presente, que permite mantener escasas perspectivas de futuro venturoso. Se trata, más bien, de lo contrario. Lo cual induce a la urgencia de disfrutar la actualidad.<br />
El epílogo que contiene la aventura cristinista puede resultar conjeturalmente perjudicial para los jóvenes.<br />
Circunstancia que de ningún modo debiera consolidar la revancha de los sexagenarios. Los que, desde la escéptica inutilidad de la experiencia, aguardan el paso en falso.<br />
La caída de los jóvenes, en el fangal del fracaso (en la Argentina siempre inevitable).</p>
<p><strong>Renovaciones</strong></p>
<p><strong>Desde arriba, desde el poder, el Niño Cincuentón (Mauricio) y La Doctora, flamante sexagenaria, impulsaron, con sus diferencias, la renovación generacional.</strong><br />
El cuarentón Massa, Aire y Sol II, impone, en cambio, el trasvasamiento similar, pero desde abajo.<br />
No sólo sostenido por los mini-gobernadores que se disponen a construir el poder territorial, a partir de la adhesión de muchos de los 2.450 mini-gobernadores que contiene el país.<br />
Tampoco es casual la predilección del peronista Massa, por ejemplo, por el radical <strong>Ramón Mestre</strong>, el mini-gobernador de <strong>Córdoba</strong>. Con quien le gustaría, según nuestras fuentes, elaborar una fórmula.<br />
La irrupción de Massa modifica, por ahora, la dinámica política en la provincia inviable.<br />
En adelante, no será necesario importar porteños, medianamente conocidos, para hacerlos cargo de la gobernación.<br />
Hoy se cuentan no menos de cinco o seis excelentes cuadros que se ubican solos en el podio. Para cotejar por el poder de la provincia que los catapulta.<br />
Desde <strong>Insaurralde</strong> (43) hasta <strong>Giustozzi</strong> (49). O el propio Massa, que tiene 41 y se atreve a saltar desde la mini-gobernación de <strong>Tigre</strong>. Hasta -si puede- la presidencia.</p>
<p>Sin embargo Massa no plantea ninguna Guerra del Cerdo. Si debe enviar un mensaje decorativo de racionalidad, no vacila en fotografiarse con <strong>Roberto Lavagna</strong>, La Esfinge, o con <strong>Reutemann</strong>, La Esfinge II. Ambos de 71 años. O incluirlo en la lista a <strong>Solá</strong>, el máximo cuadro del felipismo, de 63, aunque prefiera mantenerlo a cierta distancia. O a<strong> Fernando De Mendiguren</strong>, de 64, que le resulta de utilidad para la relación con los empresarios. Paladines del oportunismo que sacan número para auxiliarlo.<br />
El Informe Oximoron concluye con el ilustrativo cuadro del sexagenario experto. Supo postularse para darle consejos paternales a Massa.<br />
Con cierta crueldad, otro sexagenario, algo más avispado, le dijo:<br />
“El pibe está sentado sobre cuatro millones de votos. ¿Por qué te va a hacer caso a vos?, que ya fuiste. Y sos, para él, un contrapeso”.</p>
<p><strong>Carolina Mantegari</strong><br />
<strong> Informe Oximoron</strong></p>
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