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	<title>Nicolás Cachanosky &#187; atraso cambiario</title>
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		<title>Cepo cambiario: tres años de deterioro económico</title>
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		<pubDate>Tue, 28 Oct 2014 10:06:41 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Nicolás Cachanosky</dc:creator>
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		<description><![CDATA[No es con alegría que llega este tercer aniversario del anuncio del cepo cambiario. Sin signos de interés por parte del oficialismo en levantar la medida ni propuestas concretas desde la oposición, se cumplen tres años de restricciones en el mercado de divisas que son otros tantos de deterioro económico. En un contexto internacional inmejorable,... <a href="http://opinion.infobae.com/nicolas-cachanosky/2014/10/28/cepo-cambiario-tres-anos-de-deterioro-economico/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>No es con alegría que llega este tercer aniversario del anuncio del cepo cambiario. Sin signos de interés por parte del oficialismo en levantar la medida ni propuestas concretas desde la oposición, se cumplen tres años de restricciones en el mercado de divisas que son otros tantos de deterioro económico. <strong>En un contexto internacional inmejorable, con altos precios de la soja y exceso de dólares en el mundo, el gobierno kirchnerista cumple tres años de crecientes regulaciones en el mercado cambiario</strong>. Mirando el cuadro completo de la economía argentina, cabe decir que <strong>el oficialismo es fuerte candidato a ser un ejemplo de manual de cómo no manejar la economía de un país.<span id="more-208"></span></strong></p>
<p>Podrían resumirse dos motivos centrales que llevaron a la pérdida de reservas y finalmente al cepo cambiario. En primer lugar, una política de dólar barato (atraso cambiario). Un tipo de cambio regulado que evoluciona a un ritmo menor que la inflación lleva a un crecimiento relativo de las importaciones sobre las exportaciones dado que es más económico acceder a productos del exterior que adquirirlos en el mercado domeéstico. Desde el 2010 a las fecha la cuenta corriente del balance de pagos es negativa. <strong>Siendo un gobierno obsesionado con el pasado, no parece percatarse que comete los mismos de gobiernos anteriores.</strong> ¿No es acaso el atraso cambiario el problema señalado tanto a la tablita de Martínez de Hoz como a la convertibilidad durante el gobierno de Menem? En segundo lugar, la política de tarifas controladas junto a un marco institucional poco atractivo a inversiones de largo plazo llevaron a un faltante de energía que debe ser suplido con importación y por lo tanto pagado en dólares en el exterior. La política de sustitución de importaciones no sólo fue incapaz de generar dólares, sino que se encuentra en la peculiar situación de depender de los dólares generados por los sectores que supuestamente no generan valor agregado al punto tal de imponer altas retenciones o exigirles que exporten su producto. <strong>¿No es síntoma de fracaso que el modelo de sustitución de importaciones dependa de los dólares generados por el sector agrícola?</strong> Desde que se acentúa la política del &#8220;vivir con lo nuestro&#8221; de Aldo Ferrer como ministro de economía en la década del 70 que la economía Argentina ha visto un empeoramiento en sus problemas cambiarios y una mayor dependencia de un sector industrial dependiente de &#8220;tipos de cambio competitivos&#8221;.</p>
<p>Si el objetivo del cepo cambiario era detener la pérdida de reservas, el fracaso de dicha política se deja ver en los datos oficiales del siguiente gráfico. Se ve claramente que luego de anunciar el cepo cambiario tanto las reservas brutas (en negro) como las reservas netas (en gris) entran en una acelerada caída. Seguir la evolución de las reservas netas es importante dado que este es el valor de reservas que de hecho &#8220;pertenecen&#8221; al BCRA. Si usted tiene en su billetera 100 dólares pero yo le he prestado 20, entones sus reservas son 80, no 100. Al 15 de octubre, si se descuentan depósitos en dólares de privados que se encuentra en custodia en el BCRA, depósitos en dólares del Tesoro, y préstamos en dólares (multilaterales y CEDINES), entonces <strong>las reservas netas rondan los 16.450 millones de dólares, no los 27.450 millones</strong>. Esto quiere decir que si se desea cambiar la base monetaria por los dólares en reservas netas, el tipo de cambio (de dolarización) se encuentra en 24.6 pesos por dólar.</p>
<p style="text-align: center"><a href="http://opinion.infobae.com/nicolas-cachanosky/files/2014/10/image002.png"><img class="aligncenter  wp-image-210" alt="image002" src="http://opinion.infobae.com/nicolas-cachanosky/files/2014/10/image002.png" width="818" height="594" /></a></p>
<p>El gráfico también muestra que <strong>desde la imposición del cepo se perdieron más reservas que con la crisis del 2001</strong>. En aquel entonces las reservas cayeron unos 9.300 millones. De noviembre del 2011 a septiembre del 2014 las reservas brutas y netas cayeron 21.200 millones y 16.900 millones respectivamente. En términos de pérdida de reservas, el kirchnerismo lleva más de una crisis 2001 sobre sus espaldas desde que decidió imponer una restricción tan anacrónica como el cepo cambiario. No es la primera vez que Argentina decide experimentar con restricciones en el mercado cambiario. No es la primera vez, tampoco, que los resultados dejan mucho que desear.</p>
<p>El fracaso no debe sorprender. El problema de fondo -control del tipo de cambio, tarifas congeladas y emisión monetaria para financiar un déficit fiscal abultado- no fue revisado. La pérdida de reservas que se acelera con el cepo cambiario tiene como contrapartida la expansión del mercado del dólar blue. La aparición del mercado informal del dólar es muestra de que las leyes económicas, igual que las leyes de la física como la gravedad, no pueden ser modificadas por leyes del Congreso, decretos de necesidad y urgencia, ni a fuerza de discursos políticos. En el siguiente gráfico se ve la evolución del dólar oficial (negro, eje izquierdo), el dólar blue (azul, eje izquierdo) y la brecha cambiaria (rosa, eje derecho). El gráfico muestra un cambio en la evolución de la brecha cambiaria desde la instauración del cepo cambiario.</p>
<p style="text-align: center"> <a href="http://opinion.infobae.com/nicolas-cachanosky/files/2014/10/image003.png"><img class="aligncenter  wp-image-209" alt="image003" src="http://opinion.infobae.com/nicolas-cachanosky/files/2014/10/image003.png" width="818" height="594" /></a></p>
<p>Nótese que las caídas del dólar blue no logran persistir en el tiempo y son seguidas de picos que superan las cotizaciones anteriores. Estos últimos días dónde a fuerza de controles policial se ha desinflado la cotización del blue no deben verse fuera de la perspectiva y tendencia del dólar blue. <strong>Sin cambios de política de fondo no hay que esperar un cambio de tendencia</strong> (más allá de oscilaciones de corto plazo.) El cepo cambiario, por lo tanto, no sólo resultó en una notable pérdida de reservas, sino que llevó al florecimiento del mercado paralelo de dólar con una brecha cambiaria que ha llegado a superar el 80%. Desde que se instauró el cepo, la inflación (según Congreso) fue del 113.8% mientras que el tipo de cambio oficial se devaluó un 97.7%. En el mes de octubre la inflación interanual alcanzó el 41%, ubicándose por primera vez por encima del pico interanual de diciembre del 2002. En un contexto donde la inflación parece acelerarse más que desacelerarse, ¿nuevamente está el gobierno cometiendo su mismo error de &#8220;atraso cambiario&#8221;? <strong>¿Qué dice de un gobierno en particular (y de una clase política en general) el persistir en el mismo error esperando resultados distintos?</strong> El anhelo de la ciudadanía de proteger sus ahorros y su futuro patrimonial llevaron a un aumento de la cotización del dólar blue del 230.6% desde que se instauró el cepo; otro valor que debe poner en perspectiva las recientes bajas del dólar blue. El gráfico también muestra que la devaluación oficia que ocurrió a principios de año tuvieron un efecto meramente transitorio sobre la brecha cambiara que no tardó en superar los valores pre-devaluación.</p>
<p>A tres años del cepo, prácticamente todos los indicadores de actividad económica muestran resultados negativos. Una política económica cerrada al mundo (vía DJAI y cepo cambiario) va en contra de principios básicos de la economía como la división del trabajo y las ventajas comparativas. Las dificultades económicas del país, con sus derivados problemas sociales (desempleo, pobreza, etc.) no deberían sorprender.</p>
<p>Unos breves comentarios finales:</p>
<p>1- Este desventurado aniversario del cepo cambiario nos encuentra sin claras propuestas desde la oposición (especialmente de los presidenciables) sobre cómo terminar con el cepo cambiario.<strong> Ya sea por incapacidad o desinterés, la oposición no posee, a mi juicio, un discurso claro sobre los problemas económicos más graves del momento.</strong> No se deben confundir expresiones de deseo con soluciones concretas. Las políticas económicas se evalúan por sus resultados, no por sus intenciones.</p>
<p>2- El faltante de dólares es, por definición, un desequilibrio en el mercado cambiario. Hay tres formas de corregir este desequilibrio. Disminuir la demanda de dólares. Aumentar la oferta de dólares. Corregir el precio a sus valores de equilibrio (donde cantidad demandada iguala a cantidad ofrecida.) Esto no debe interpretarse como un guiño a devaluar el tipo de cambio oficial (de acceso notablemente  restringido), sino como un reconocimiento de que el tipo la moneda ya ha sido devaluado. A diferencia de lo que expresase el equipo económico del gobierno al devaluar el tipo de cambio de seis pesos por dólar a ocho pesos por dólar a principios de año, el tipo de cambio no se encuentra en equilibrio. Si ese fuese el caso no seria necesario mantener el cepo cambiario.</p>
<p>3. Debería ser inaceptable en una ciudadanía cívicamene madura que el gobierno restringiese el acceso al dólar forzando al ciudadano a ahorrar en pesos. Debería ser claro en un país que es una República en los hechos y no sólo en los papeles que <strong>no es potestad del Estado decidir en qué moneda usted tiene derecho a proteger su futuro patrimonial dado que usted, no el gobierno, es el soberano</strong>. Es preocupante que tras tres años de cepo, ya sea por incapacidad o desinterés, el Poder Judicial no haya puesto límites claros a las transgresiones civiles que el Poder Ejecutivo y el Poder Legislativo han impuesto sobre sus representados. ¿No es ese, acaso, el rol del Poder Judicial? ¿No es, entones, el Poder Judicial parte del problema? Como ciudadano, <strong>¿siente usted que su patrimonio es fielmente protegido por el Poder Judicial ante excesos del Poder Ejecutivo y Legislativo?</strong></p>
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		<title>Tres problemas con el cepo cambiario</title>
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		<pubDate>Wed, 06 Nov 2013 04:40:26 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Nicolás Cachanosky</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>La acelerada pérdida de reservas por parte del <strong>BCRA</strong> ha puesto en el centro del escenario el problema del <strong>cepo cambiario</strong>. Si bien queda poco para que termine el 2013, <strong>en lo que va del año el BCRA ya perdió más reservas que el 2011 y el 2012 juntos</strong>. Incluso se estima que terminará el año perdiendo alrededor de 12.000 millones. Estos números pueden ser peores si además se tienen en cuenta préstamos que recibe el BCRA que hacen “ver” que las reservas propias son más que las reales. Ni hablar del patrimonio en el balance del BCRA si se toman las letras intransferibles del <strong>Tesoro</strong> al nulo valor de mercado en lugar de <strong>valor libro</strong>. ¿Cuál es el punto de tener un cepo cambiario si el BCRA es incapaz de controlar sus propias reservas?</p>
<p><strong>El problema del cepo es que no soluciona el problema de fondo</strong>. El <strong>dólar</strong> <strong>oficial</strong> se encuentra <strong>artificialmente</strong> <strong>barato</strong>, lo que hace que su oferta (por exportaciones, etcétera) sea menor y que su demanda (para importaciones, atesoramiento, etcétera) sea mayor. El desequilibrio es la pérdida de reservas resultante. Parte importante de este problema es la<strong> precaria situación energética</strong> a la que se ha llegado luego de diez años de kirchnerismo. Ante este panorama, la pregunta de si se puede salir del cepo y cómo hacerlo se ha escuchado con mayor frecuencia en los últimos días. <strong>Una política para salir del cepo tiene que hacer frente a por lo menos tres problemas.</strong></p>
<p><span id="more-56"></span>En primer lugar, <strong>el desvío del tipo de cambio oficial respecto al tipo de cambio real</strong>. En la medida que el tipo de cambio oficial mantenga un precio de dólar barato, la oferta no podrá satisfacer a la demanda en  el mercado de cambios. Esto no es otra cosa que la interacción entre demanda y oferta.<strong> La Argentina está en un típico problema de atraso cambiario</strong>. La política cambiaria K ha sido similar a la tablita de <strong>Martinez de Hoz</strong>; ajustar el tipo de cambio por debajo de la inflación.</p>
<p>Si uno estima el tipo de cambio del 2007 (cuando se interviene el <strong>INDEC</strong>) en adelante por la inflación verdadera de Argentina menos la americana, a fin del 2012 el tipo de cambio debería estar alrededor de los 12 pesos. Es decir, <strong>el mercado blue se encuentra más cerca de un tipo de cambio de equilibrio que el tipo de cambio del BCRA</strong>. Esto no quiere decir que la solución sea una <strong>devaluación</strong>. De poco sirven la devaluaciones que buscan evitar cambios de fondo en la economía del país. Las economías son más competitivas frente al mundo cuando el sector productivo es competitivo, no cuando el BCRA devalúa artificialmente el tipo de cambio bajo el eufemismo de “tipo de cambio competitivo”. En lo que va del 2013, el BCRA devaluó el peso alrededor de un 25% (en términos anuales), tasa similar a la inflación anual. Este es un ritmo de devaluación, llevado adelante por el kirchnerismo, por más que el gobierno niegue sus propias políticas.</p>
<p>En segundo lugar, es indispensable dar fin a la inflación, ya entre las mayores a nivel mundial. La diferencia entre una inflación del 2% y una del 25% no es meramente de valores. Con una inflación del 25%, el peso puede ser medio de pago, pero deja de ser una eficiente unidad de cuenta y definitivamente deja de ser un medio para atesorar valor. Esto quiere decir que <strong>mientras el peso puede ser un medio de pago no es dinero propiamente dicho.</strong> Si el atesoramiento de valor (ahorrar) no es posible, entonces la demanda de tenencia de pesos colapsa. Esto quiere decir que todo peso que no se necesita para transacciones (compras de cada mes como ir al supermercado, pagar impuestos, etcétera) se utiliza para comprar bienes y dólares, pero no se ahorra. <strong>El aumento en consumo no se debe a las bondades del modelo kirchnerista, se debe a la destrucción del peso como reserva de valor</strong>. Ante la inevitable pérdida de riqueza, mejor comprar un televisor plasma o cambiar el auto que ahorrando en pesos. En el segundo caso se pierde valor pero al menos se disfruta de un nuevo bien adquirido. El desafío del BCRA no es sólo bajar la inflación, es volver a generar la confianza en la gente que el peso ha vuelto a ser dinero, lo que incluye ser un medio viable y confiable para atesorar valor. En  el centro de estos problemas se encuentra el <strong>déficit fiscal</strong>, el cual el BCRA financia al mismo tiempo que se deslinda del problema inflacionario. Una actitud que va en contra la credibilidad necesaria para recuperar la seguridad en el peso.</p>
<p>En tercer lugar, hay un serio <strong>problema de confianza</strong>. El <strong>dinero fiat </strong>como el peso (dinero no convertible) obtiene su valor de la confianza que el mercado tenga en el BCRA. Cuando el BCRA no es confiable, entonces comienza a haber una preocupación por las reservas, dado que sin cepo cambiario el mercado puede rápidamente cambiar el peso por otra moneda más dura. Pero si el BCRA fuese confiable nadie estaría preocupado por el nivel de reservas. ¿Quién se preocupa, acaso, por las reservas de la <strong>Reserva Federal de Estados Unidos</strong>? No va a ser fácil eliminar la preocupación por las reservas en un país con un historial único de inflación y un presidente del BCRA que niega que la inflación sea su responsabilidad. ¿Cómo creer la palabra a un gobierno que insiste con publicar las irreales cifras del <strong>INDEC </strong>(sólo por dar el ejemplo más claro)? <strong>El gobierno argentino es considerado, doméstica e internacionalmente, un mentiroso crónico</strong>. ¿Cómo creerle a un mentiroso crónico? El kirchnerismo es un movimiento sin credibilidad.<strong> ¿Le creería a usted a Cristina Kirchner si le dice por cadena nacional que le promete proteger el valor del peso secundada por funcionarios como Boudou, Moreno, Kicillof, Pimpi Colombo, Marcó del Pont, Abal Medina, etcétera?</strong> El problema del kirchnerismo no es sólo su rechazo a un problema inocultable, sino que han dilapidado la credibilidad necesaria para que las medidas que debería tomar sean creíbles.</p>
<p>El kirchnerismo ha hecho a la sombra de los otros poderes del Estado un gran daño social y económico. Pero el mayor golpe que han dado al país es el <strong>daño</strong> <strong>institucional</strong>. Sin embargo, al votar la estatización de las <strong>AFJP</strong> y la expropiación de <strong>YPF</strong>, la oposición es tan responsable del deterioro institucional del país como el kirchnerismo. El problema de una parte importante de la oposición es que ha dañado también su propia credibilidad. La confianza, el respeto a la clase política, las instituciones formales e informales, etcétera, se construyen con mucho esfuerzo y tiempo. Es muy fácil, sin embargo, echar por tierra tanto trabajo. <strong>Está confundida la oposición si cree que los problemas del kirchnerismo se solucionan mejorando la gestión pero sin un serio cambio de actitud hacia el problema institucional y revisión de las políticas de fondo</strong>. Solucionar el problema del cepo cambiario requiere más que medidas económicas consistentes, requiere de una credibilidad y prestigio institucional que ni el oficialismo ni la oposición se han preocupado por cuidar. Solucionar los problemas económicos del país va a ser más difícil de lo necesario.</p>
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		<title>El &#8220;neoliberalismo&#8221; de los &#8217;90 en el debate político</title>
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		<pubDate>Wed, 24 Jul 2013 05:10:46 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Nicolás Cachanosky</dc:creator>
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		<description><![CDATA[El ámbito político Argentino está convencido que la década del &#8217;90 estuvo definida por políticas llamadas &#8220;neoliberales.&#8221; La crisis del 2001 no fue fruto de irresponsabilidad fiscal y alto endeudamento, fue el resultado injusto e inevitable de aplicar la &#8220;receta neoliberal&#8221;, que es a su vez asociada a políticas de libre mercado. Tanto el oficialismo como gran parte... <a href="http://opinion.infobae.com/nicolas-cachanosky/2013/07/24/el-neoliberalismo-de-los-90-en-el-debate-politico/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>El ámbito político Argentino está convencido que la <strong>década del &#8217;90</strong> <span style="font-size: 13px; line-height: 19px;">estuvo definida por políticas llamadas &#8220;<strong>neoliberales</strong>.&#8221; <strong>La crisis del</strong></span><strong> 2001</strong> no fue fruto de irresponsabilidad fiscal y alto endeudamento, fue el resultado injusto e inevitable de aplicar la &#8220;receta neoliberal&#8221;, que es a su vez asociada a <strong>políticas de libre mercado</strong>. Tanto el oficialismo como gran parte de la oposición coinciden en este diagnóstico. Es difícil decir a secas si Argentina fue o no neoliberal en los &#8217;90, dado que la palabra ‘neoliberal’ carece de significado concreto, al menos en la arena política donde es frecuentemente mencionada. Es que <strong>la palabra neoliberal se suele utilizar como comodín de crítica</strong> para eludir la tarea de tener que acompañar los cuestionamientos con verdaderos argumentos.</p>
<p>El término neoliberal suele asociarse al <strong>Consenso de Washington</strong> (¿qué más oportuno para los críticos que la &#8220;receta neoliberal&#8221; se haya cocinado en Washington, capital del &#8220;Imperio Capitalista&#8221;?) <strong>El Consenso de Washington se resumen en los siguientes diez puntos:</strong></p>
<p><span id="more-7"></span><span style="font-size: 13px; line-height: 19px;">1. Discplina fiscal, evitando abultados déficits fiscales respecto al <strong>PBI;</strong><br />
2. Redireccionamiento del<strong> gasto público</strong>, desde subsidios (indiscriminados) hacia la provisión en áreas clave para el crecimiento y sectores de bajos ingresos (educación, salud, infraestructura, etcétera);<br />
3. Reforma impositiva, aumentando la base imponible pero con tasas marginales moderadas;<br />
4. Tasas de interés determinadas por el mercado y (moderadamente) positivas en términos reales;<br />
5. Tipo de <strong>cambio</strong> <strong>competitivo</strong>;<br />
6. <strong>Liberalización del comercio</strong> (externo): liberalizar las importaciones, con particular énfasis en la eliminación de restricciones cualitativas. Cualquier protección debe ser en base a tasas bajas y relativamente uniformes;<br />
7. Liberalización de las<strong> inversiones extranjeras</strong> <strong>directas</strong>;<br />
8. <strong>Privatización</strong> de empresas estatales;<br />
9. Desregulación: eliminar las regulaciones que impidan al entrada o restrinjan la competencia, excepto para aquellos casos con justificación de seguridad, medio ambiente, protección al consumidor y una supervisión prudencial del sistema financiero;<br />
10. <strong>Protección legal de los derechos de propiedad</strong>.</span><span style="font-size: 13px; line-height: 19px;"></p>
<p>Para sostener que Argentina sufrió de neoliberalismo durante los 90, entonces tendrían que haberse aplicado todos, o una clara mayoría, de estos diez puntos. Ese, sin embargo, no fue el caso. <strong>Varios puntos centrales del Consenso de Washington estuvieron ausentes</strong>, o en clara diferencia a lo que la “receta” sugiere.</p>
<p>El primer punto de estabilidad fiscal fue un ingrediente claramente ausente en una década marcada por <strong>déficits</strong> <strong>fiscales</strong>. Esta ausencia, vale aclarar, fue acompañada con el visto bueno de varios acreedores internacionales. De haberse aplicado el punto de disciplina fiscal, la abultada deuda pública no hubiese culminado en un default del cual aún hoy no se termina de salir. Los déficits fiscales no fueron accidentales, el gasto público creció un 90.7% entre 1991 y el 2001. El <strong>stock de deuda externa</strong> sobre el ingreso nacional pasó del 35.6% en 1991 a un 56.9% en el 2001. No se puede afirmar que Argentina haya cumplido con el primer punto sobre déficit fiscal, clave para la estabilidad económica. El equilibrio fiscal no es una actitud de derecha ni de izquierda, ni de liberales ni de socialistas, es una medida de sentido común económico.</p>
<p><strong>La política de &#8220;tipo de cambio competitivo&#8221; no es otra cosa que tener una moneda devaluada que facilite las exportaciones al resto del mundo</strong>. Esta es una política con buena llegada en varios sectores del país. Dado que el sector industrial no es competitivo por sí mismo (en parte por las regulaciones económicas y las presiones sindicales), se recurre a políticas de moneda devaluada para facilitarle el acceso a mercados externos. Esto genera rentabilidades ficticias, no reales, que tarde o temprano hay que afrontar. Hacer uso de un tipo de cambio devaluado para beneficiar el sector exportador a expensas del importador ciertamente no califica como una actitud de libre mercado.</p>
<p>Desde el punto de vista del gobierno (especialmente del banco central), un tipo de cambio devaluado ayuda a acumular divisas provenientes de saldos comerciales favorables y hacer frente a la deuda pública. Sin embargo, justamente una de las críticas a la economía de los &#8217;90 (especialmente en los últimos años) es el del <strong>atraso</strong> <strong>cambiario</strong>, que significa lo opuesto a tipo de cambio competitivo. El tipo de cambio competitivo no sólo estuvo ausente en los &#8217;90, sino que es una política defendida por más de un &#8220;crítico de las políticas neoliberales&#8221;.</p>
<p>La apertura comercial, otro punto fuertemente asociado a la década del &#8217;90, también presenta dificultades. La política comercial consistió en una reducción de tasas con sesgo en favor del <strong>Mercosur</strong>. Sin embargo, el promedio arancelario en Argentina (14%) era tres veces superior al de los países más libres del mundo. <strong>La apertura comercial no fue de la magnitud que los críticos suelen implicar</strong> (las importaciones no superaron el 13% del PBI en los años de mayores importaciones), sino que el sesgo hacia zonas particulares como el Mercosur produce “desvíos de comercio” que mal-asignan recursos económicos: se compra y se vende ineficientemente. <strong>El Mercosur es un ejercicio de proteccionismo</strong> <strong>ampliado</strong>, no un ejercicio de apertura comercial en conjunto con los socios comerciales. <strong>Apertura comercial y proteccionismo ampliado no deben confundirse.</strong></p>
<p>Uno de los puntos más sensibles es el de las privatizaciones, al punto tal que a veces pareciera ser que esto es suficiente para justificas el calificativo de neoliberal ignorando los otros 9 puntos. <strong>Las privatizaciones, sin embargo, tampoco estuvieron ausentes de diferencias con el recetario neoliberal</strong>. Si bien es cierto que se privatizaron un número importante de empresas públicas, eso no quiere decir que todas las privatizaciones hayan sido bien hechas ni que detrás de las privatizaciones no se hayan impuesto fuertes regulaciones que restringen fuertemente a los nuevos actores privados.</p>
<p>En el <strong>sector</strong> <strong>de telecomunicaciones</strong>, por ejemplo, se dividió el mercado en dos grandes monopolios por varios años. Crear estos mercados</span> cautivos fue necesario para encontrar algún inversor dispuesto a pagar algo por <strong>ENTEL</strong>. Las privatizaciones no son en sí pro mercado si se realizan bajo regulaciones que restringen la competencia entre actores privados. <strong>Los monopolios artificiales no son parte de las políticas neoliberales, sino que son políticas en contra del espíritu de libre mercado.</strong> Las privatizaciones no estuvieron inspiradas en principios neoliberales, sino en la necesidad de financiar al <strong>Tesoro</strong> <strong>Nacional</strong>, tanto mediante la venta de activos como de la recaudación impositiva de sus actividades. Si bien uno es libre de identificar el término neoliberal con cualquier tipo de privatización, en tal caso ya no se puede asociar al término “neoliberalismo” con el de “libre mercado”.</p>
<p>Otro ejemplo recurrente es el de las <strong>AFJP</strong>. Sin embrago, las regulaciones impuestas al sector por parte del gobierno forzaron a las AFJP a invertir en títulos públicos de un gobierno crónicamente deficitario. Al 2001, el 70% de los fondos en las AFJP estaban destinados a títulos asociados al gobierno. Si las AFJP hubiesen sido libres de administrar sus propias carteras de inversión, el default argentino les hubiese afectado en menor medida. <strong>Las AFJP no colapsaron por sí mismas, sino que fueron arrastradas por la irresponsabilidad fiscal de los &#8217;90</strong>.</p>
<p>Más allá de las regulaciones asociadas a las privatizaciones, otras interferencias clave en el mercado no fueron eliminadas, siendo la <strong>legislación laboral</strong> una de las principales. Las regulaciones en sectores claves del mercado hacen difícil de defender un claro proceso de desregulación durante los &#8217;90.</p>
<p>Otro punto discutible es el de la reforma impositiva. De hecho, hubo aumentos impositivos en 1995, 1996 y 1998 (más tarde <strong>Machinea</strong> también subiría los impuestos durante el Gobierno de<strong> Fernando de la Rúa</strong> acelerando la caída de la actividad económica).</p>
<p><strong>Tenemos, entonces, por lo menos 6 de los 10 puntos de la receta neoliberal que no se cumplieron</strong>. Otras cuestiones como redireccionamiento del gasto públicos, tasas de interés de mercado, libre entrada de inversión externa directa y defensa de la propiedad privada pueden ser más discutibles. Pero si asumimos que estos 4 puntos se cumplieron perfectamente, tenemos sólo 4 de los 10 puntos del Consenso de Washington presente durante la década del &#8217;90.</p>
<p>En la medida que el crítico entienda por neoliberalismo los 10 puntos del Consenso de Washington, y no que haga uso del término como comodín para ahorrarse el trabajo de tener que sustentar su crítica, entonces no puede sostener que esa fue la política imperante durante los &#8217;90 cuando en el mejor de los casos se aplicó el 40%. (Aún espero ver en alguna de las tantas entrevistas televisivas donde se menciona el supuesto neoliberalismo del &#8217;90 que el entrevistador le pregunte al crítico qué entiende por neoliberalismo, y que luego le pregunte cuántos de esos puntos el país de hecho cumplió.)<strong> La dirigencia política que está a cargo del destino futuro del país se debe un análisis más cuidadoso y racional, y menos pasional e ideologizado sobre las políticas pasadas.</strong></p>
<p>Una aclaración final es necesaria. Señalar que el crítico se equivoca al calificar de neoliberal a la Argentina de los &#8217;90 <strong>no es en sí una defensa de la política económica de los &#8217;90 ni de la receta neoliberal</strong>. Simplemente se señala<strong> la inconsistencia de asociar el neoliberalismo</strong> (y por añadidura al liberalismo) <strong>a una época en la que no se aplicó</strong>. Pero para que la crítica produzca resultados debe estar correctamente planteada. Definir el futuro del país en base a un período mal analizado difícilmente lleve a buen puerto. Como todas las presidencias, la del menemismo tuvo aciertos y desaciertos; para identificar a cada uno de ellos es necesario dejar de usar el término neoliberal como calificativo y discutir los aciertos y desaciertos de las distintas medidas libre de prejuicios.</p>
<p><strong>Sostener que Argentina fue un país neoliberal durante los 90 porque tuvo más grados de libertad respecto al gobierno de Alfonsín es </strong><strong>quedarse con el árbol y perderse el bosque</strong>. El problema no fue el neoliberalismo que no se aplicó, sino el equilibrio fiscal y el libre mercado que no tuvieron cabida.</p>
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