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	<title>Pascual Albanese &#187; China</title>
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		<title>La política mundial ante la resurrección de Dios</title>
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		<pubDate>Mon, 29 Jun 2015 18:57:04 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Pascual Albanese</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Nunca en los últimos siglos la problemática religiosa ha estado más íntimamente asociada a los conflictos de la época. Desde el anverso corporizado por la amenaza del ISIS, que tiene aristas de una guerra civil islámica, hasta el reverso expresado en el ascendente liderazgo mundial del papa Francisco, fortalecido por el notable eco internacional que tuvo su reciente encíclica sobre el cambio climático que aborda el principal desafío que enfrenta la humanidad en este siglo XXI, <b>el escenario global está signado por la reaparición de la religiosidad como fenómeno político</b>.</p>
<p>Religión y política aparecen entremezcladas en un mundo en el que, contra los pronósticos más extendidos, salvo en Europa Occidental -y algunos aventuran que esa es la causa fundamental de su decadencia-, la religiosidad de los pueblos, lejos de disminuir, tiende a resurgir. El famoso “Dios ha muerto” de Federico Nietzsche parece quedar atrás. Parafraseando al filósofo alemán, puede decirse que <b>asistimos a la “resurrección de Dios”</b>. El pensador francés Gilles Kepel se adelantó y fue más allá, cuando en 1991 tituló, premonitoriamente, <i>La revancha de Dios</i> a su ensayo sobre el papel político de las religiones.<span id="more-76"></span></p>
<p>Un interesante trabajo realizado en 65 países por el Pew Research Center, un centro de estudios de Washington, titulado <i>El futuro de las religiones del mundo: proyecciones del crecimiento poblacional 2010-2050</i>, vaticina que <b>para mediados de este siglo esa religiosidad será mayor que en la actualidad, con un notable incremento de la población musulmana y una incógnita sobre lo que sucederá en China, convertida en el mayor “mercado de almas” del planeta</b>.</p>
<p>El relevamiento consigna que el 63 % de la población mundial se considera religiosa. El porcentaje más elevado se concentra en África y Medio Oriente, aunque la nación más religiosa es Tailandia, donde se asume como tal el 94 % de su población, mientras que en el extremo opuesto está China, donde el 61 % se considera ateo.</p>
<p>Ese porcentaje de la población mundial que se autodefine como religioso presenta variantes. Entre los menores de 34 años, ese promedio del 63 % aumenta al 66 % y en la franja de menores ingresos y menor nivel educativo trepa al 80 %. A la inversa, la religiosidad desciende entre los sectores con mayores niveles de ingresos. Los valores religiosos están más arraigados entre los más jóvenes y los más pobres.</p>
<p>Dentro de esta “geopolítica del espíritu”, el dato más relevante es la expansión del islam, que es la religión de más rápido crecimiento. <b>La comunidad musulmana, que representa hoy el 23 % de la población mundial, alcanzará en 2050 el 30 %, con un salto de 1600 millones de personas en 2010 a 2760 millones</b>. Para entender este fenómeno bastan dos hechos: uno de cada tres musulmanes es menor de 15 años y cada mujer musulmana tiene un promedio de tres hijos.</p>
<p>En ese mismo lapso, los cristianos aumentarán de 2170 millones a 2920, un número equivalente al 31 % de la población mundial. Con esas cifras, y de mantenerse esta tendencia, en 2050 el islam casi equipararía al cristianismo como primera minoría religiosa mundial, condición que mantuvo durante casi dos milenios y lo superaría antes de fin de siglo. Según esas proyecciones, a mediados de este siglo, seis de cada diez personas serán cristianos o musulmanes.</p>
<p><b>Dentro del catolicismo, que es la corriente principal de la cristiandad, se expresa asimismo este fenómeno de “deseuropeización”.</b> El 40 % de los católicos vive en América Latina, aunque la Iglesia Católica ha retrocedido en las últimas décadas. En 1970, el 92 % de los latinoamericanos se definía como<b> </b>católico y el 4 % adhería a alguna de las confesiones evangélicas. En 2013, los católicos eran el 69 % de la población latinoamericana y los evangélicos el 19 %. A la inversa, la población católica creció en Estados Unidos, a expensas de las iglesias protestantes.</p>
<p>La comunidad islámica sufrirá también modificaciones en su distribución demográfica. Hoy el país con mayor cantidad de fieles es Indonesia, pero para 2050 será la India, que tendrá 350 millones de musulmanes, una cifra imponente en número, aunque solo represente el 18 % de su población. <b>Quedará confirmado el hecho, poco advertido, de la que la mayoría de la comunidad islámica no reside en Medio Oriente sino en Asia.</b> En 2050, los musulmanes serán el 10 % de la población europea, una cifra significativa, pero alejada del fantasma de “Eurabia”, agitado por los movimientos xenófobos. Con una aclaración: ese minoritario 10 % estará desigualmente distribuido geográficamente. Esto explica <b>la expansión de “bolsones islámicos” en territorio europeo.</b></p>
<p>Dentro del universo cristiano, también hay desplazamientos importantes. En 2050, el 38 % de los cristianos residirá en África subsahariana. Europa, el continente que tradicionalmente albergó a la inmensa mayoría de los cristianos (el 60 % en 1910), ya concentraba solo el 26 % en 2010. En 2050 ese porcentaje descenderá al 16 %.</p>
<p>En este contexto, el expresidente israelí Shimon Peres le planteó al papa Francisco que, para afrontar una “guerra nueva” contra “terroristas que dicen matar en nombre de Dios” no sirven las Naciones Unidas, que es una “organización política” que carece de “los ejércitos que tienen los países y la convicción que dan las religiones”. <b>Para Peres, “la mejor manera para contrastar a estos terroristas que matan en nombre de la fe” es la creación de una “ONU de las religiones”</b>. Según el exmandatario, solo Francisco estaría en condiciones de promover dicha iniciativa: “el Santo Padre es un líder respetado como tal por las diferentes religiones y sus exponentes. Quizás sea el único líder que sea verdaderamente respetado”, explicó el veterano estadista.</p>
<p>Fórmulas aparte, lo cierto es que el vertiginoso avance de la revolución tecnológica, que es el sustento material de la globalización de la economía, ha originado, por primera en vez en la historia del hombre, la aparición de una sociedad mundial. Como toda comunidad, esta sociedad global requiere definir no solo un sistema de poder, sino una escala de valores comunes. El debate sobre esos valores universales, que van desde el medio ambiente hasta la defensa de los derechos humanos, no puede agotarse en los gobiernos. Incluye, necesariamente, la dimensión de la fe.</p>
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		<title>China impulsa la infraestructura global</title>
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		<pubDate>Tue, 28 Apr 2015 10:33:31 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Pascual Albanese</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Economía]]></category>
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		<description><![CDATA[El Banco Asiático de Inversión en Infraestructura  (BAII), promovido por China y con sede en Beijing, avanza a un ritmo que permite pronosticar que en poco tiempo podría desplazar al Banco Mundial, tradicionalmente gobernado por Estados Unidos y sus socios del antiguo G-7 (Japón, Alemania, Gran Bretaña, Francia Italia y Canadá), como la principal fuente de financiación pública internacional no sólo... <a href="http://opinion.infobae.com/pascual-albanese/2015/04/28/china-impulsa-la-infraestrcutura-global/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>El Banco Asiático de Inversión en Infraestructura  (BAII), promovido por China y con sede en Beijing, avanza a un ritmo que permite pronosticar que en poco tiempo podría desplazar al Banco Mundial, tradicionalmente gobernado por Estados Unidos y sus socios del antiguo G-7 (Japón, Alemania, Gran Bretaña, Francia Italia y Canadá), como la principal fuente de financiación pública internacional no sólo en el continente asiático sino en todo el mundo emergente.</p>
<p>China anunció  que son 57 los países fundadores de la entidad, cuyo capital es de 100.000 millones de dólares. La iniciativa fue acordada, en octubre de 2014, por 21 países asiáticos: China, India, Pakistán, Singapur, Malasia, Vietnam, Camboya, Laos, Kuwait, Qatar, Brunei, Tailandia, Filipinas, Nepal, Tailandia, Uzbekistán, Kajakistán, Bangladesh, Mongolia , Myanmar y Sri Lanka. Pero el proyecto reclutó rápidamente nuevos socios hasta llegar a 26 en noviembre, se sumó Indonesia y en enero se incorporaron Nueva Zelanda, Arabia Saudita, Maldivas y Tayikistán.</p>
<p>Pero el salto cualitativo se registró en marzo, cuando Gran Bretaña solicitó incorporarse a la institución y rápidamente esa decisión, resistida por Estados Unidos, fue seguida por Francia Italia y Alemania y después por Suiza y Luxemburgo. Semejante avalancha se completó con la reciente  incorporación de Rusia, Brasil, España, Portugal, Corea del Sur, Australia y, Suecia, Israel, Egipto, Azerbaiyán, Islandia y Polonia, que completaron la conscripción de miembros fundadores, cuyas economías reunidas suman más de la mitad del producto bruto global, pero en la que sobresalen dos grandes ausencias: Estados Unidos, que prefería una reestructuración del Banco Mundial, y Japón, siempre reticente a la expansión de la influenciaregional de Beijing.</p>
<p><strong><em>La brecha Occidental</em></strong></p>
<p>El dato estratégicamente más relevante de este proceso, que refleja los cambios en la geografía económica mundial, es la fisura de la vieja alianza occidental. Los países de la Unión Europea no se hicieron cargo de las prevenciones de Estados Unidos. Significativamente, este vuelco  tuvo como desencadenante a Gran Bretaña, el aliado internacional más confiable de Washington, ya que la decisión de Londres precedió en tres días a los anuncios de Berlín, París y Roma.  El Secretario de Tesoro británico, George Osborne, subrayó el carácter estratégico de la iniciativa “porque es esencial el vínculo político-económico con Asia, la región de más crecimiento del mundo”.</p>
<p>Los ingleses, que fueron el eje del primer proceso de globalización de la economía mundial, iniciado alrededor de 1870, en coincidencia con la Segunda Revolución Industrial, e interrumpido con la primera guerra mundial y la crisis internacional de 1929, y protagonistas centrales de la segunda globalización, que comenzó a principios de la década de 90, con la Tercera Revolución Industrial y la desaparición del Unión Soviética y que tuvo su centro en Estados Unidos, aprecian lúcidamente la irrupción de un nuevo escenario, que supone la universalización de la globalización y está signado por el fin de la unipolaridad y el ascenso del mundo emergente, encabezado por  los países asiáticos y en especial por China.</p>
<p>El objetivo planteado por Osborne, en consonancia con los intereses de la banca londinense, es convertir al Reino Unido en el “centro de atracción de la inversión asiática en Europa”, sobre la premisa de que en sólo diez años más China completará el proceso de internacionalización de su moneda. El total del comercio internacional chino en renminbi trepó del 0,7% en 2010, al 9% en 2011 y a cerca del 34% en 2014. Las previsiones es que en 2015 superará el 60%. Esto implicará la incorporación del gigantesco ahorro interno chino (de lejos el más alto del mundo), al sistema  financiero internacional, lo que no puede sino hacer relamer de gusto a los banqueros de Londres y de todo el planeta.</p>
<p><em><strong>Comercio, inversión e infraestructura</strong></em></p>
<p>El presidente chino Xi Jinping anunció inversiones en el exterior de 1,25 billones de dólares para la próxima década. Más del 40% de esa prodigiosa cifra están orientadas a Europa, en primer lugar a Alemania y Francia, y a Estados Unidos. Parte de este inmenso flujo de capitales corresponde al “Fondo de la Ruta de la Seda”, destinado a desarrollar la infraestructura que conecte a Europa y al Mediterráneo con China., reconstruyendo sobre nuevas bases aquel legendario camino de Marco Polo que durante siglos fue el centro del comercio mundial.</p>
<p>Para la Unión Europea, el futuro pasa por una intensificación de su  intercambio comercial con China. La infraestructura imprescindible para facilitar la circulación de productos es de interés de ambas partes. Su decisión de contribuir a su financiación nada tiene que ver entonces con una súbita enemistad con Washington, ni implica el debilitamiento político de la alianza atlántica. Es la certificación de un famoso axioma del célebre primer ministro británico Benjamín Disraeli: “los países no tienen ni amigos ni enemigos permanentes, tienen intereses permanentes”.</p>
<p>La diferencia principal entre la globalización centrada en Estados Unidos y esta nueva fase en la  su centro de gravedad se desplaza hacia el continente asiático, es que China, que ya es la primera potencia comercial mundial, y los países asiáticos tienen una economía mucho más abierta que la norteamericana. Por lo tanto, su crecimiento económico impacta más fuertemente en el aumento de los flujos comerciales mundiales. Como sucedió en la segunda mitad del siglo XIX, durante la primera globalización, liderada por Gran Bretaña, el desarrollo de una amplia infraestructura para intensificar las corrientes comerciales es ya  una tendencia estructural de carácter irreversible.</p>
<p>China ya es desde hace varios el principal motor del desarrollo de la infraestructura en Africa. En los últimos tiempos, aumentó su presencia en América Latina. Las grandes compañías chinas ocupan un lugar cada vez más relevante en el ranking mundial de empresas constructoras. Ahora, la participación europea en el BAII  anticipa lo que vendrá.</p>
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		<title>El peligro de quedarse afuera</title>
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		<pubDate>Tue, 25 Feb 2014 18:19:47 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Pascual Albanese</dc:creator>
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		<description><![CDATA[El vigésimo aniversario de la entrada en vigencia del NAFTA, rubricado con una reunión cumbre de “Líderes de Norteamérica” entre el presidente estadounidense Barack Obama, el primer ministro canadiense Stephen Harper y el mandatario mexicano Enrique Peña Nieto, en la ciudad azteca de Toluca, puso de relieve las transformaciones impulsadas desde la firma de aquel tratado, que... <a href="http://opinion.infobae.com/pascual-albanese/2014/02/25/el-peligro-de-quedarse-afuera/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>El vigésimo aniversario de la entrada en vigencia del <strong>NAFTA</strong>, rubricado con una reunión cumbre de <strong>“Líderes de Norteamérica”</strong> entre el presidente estadounidense <strong>Barack Obama,</strong> el primer ministro canadiense <strong>Stephen Harper</strong> y el mandatario mexicano <strong>Enrique Peña Nieto</strong>, en la ciudad azteca de <strong>Toluca</strong>, puso de relieve las transformaciones impulsadas desde la firma de aquel tratado, que fue el punto de partida de un proceso de integración que recorre hoy <strong>América Latina</strong> y golpea las puertas del <strong>Mercosur</strong>.</p>
<p>La aprobación del NAFTA, impulsada en Estados Unidos durante la administración de<strong> Bill Clinton</strong> y en <strong>México</strong> durante la presidencia de <strong>Carlos Salinas de Gortari</strong>, implicó una dura prueba política en ambos países. Clinton logró la ratificación parlamentaria del acuerdo gracias al apoyo de los republicanos, ya que la división de la bancada demócrata hacía imposible esa homologación. En México, la oposición de izquierda del <strong>Partido Revolucionario Democrático</strong> (<strong>PRD</strong>), unida a un sector del gobernante <strong>Partido Revolucionario Institucional</strong> (<strong>PRI</strong>), se movilizó para frenar el tratado. Sólo la firme voluntad política de los dos presidentes permitió remover los obstáculos.</p>
<p><span id="more-24"></span>En veinte años de aplicación, el tratado modificó la estructura económica de sus tres signatarios. No sólo representó un incremento exponencial de su intercambio comercial, que se multiplicó por cuatro, sino también una <strong>integración de sus estructuras productivas.</strong> En los hechos, la economía norteamericana configura hoy una unidad sistémica, constituida por un mercado unificado de 490 millones de consumidores con un producto bruto regional de 19 trillones de dólares anuales.</p>
<p><strong>El acuerdo posibilitó quintuplicar el comercio</strong> entre Estados Unidos y México, casi el doble de lo que aumentó, en ese mismo lapso, el intercambio estadounidense con otros países. El 73% de las exportaciones mexicanas van al mercado estadounidense. A la inversa, Canadá y México, en ese orden, son los principales destinos de las exportaciones estadounidenses. El tercer lugar lo ocupa <strong>China</strong>. En volumen, México es el tercer socio comercial de Estados Unidos y Canadá.</p>
<p>El NAFTA <strong>es la zona de libre comercio más importante del mundo.</strong> Estados Unidos es la primera economía mundial, Canadá la novena y México la onceava. <strong>Cada día, entre Estados Unidos y Canadá hay un intercambio de alrededor de 2.000 millones de dólares y entre Estados Unidos y México de unos mil millones de dólares.</strong></p>
<p>Al mismo tiempo, el convenio multiplicó las inversiones estadounidenses en Canadá y México y alentó la radicación de firmas canadienses y mexicanas en Estados Unidos. Hay 310 billones de dólares invertidos por compañías estadounidenses en Canadá y 200 billones de dólares de corporaciones canadienses en Estados Unidos. México también recibió una oleada de inversiones estadounidenses. La reforma energética impulsada por el gobierno de <strong>Peña Nieto</strong> permite augurar un alud de inversiones de las compañías petroleras estadounidenses para la explotación del petróleo mexicano.</p>
<p>Esa ola de inversiones recíprocas motorizó la integración entre las cadenas productivas de los tres países. En cada dólar exportado desde México a Estados Unidos, hay 40 centavos de insumos estadounidenses. Por cada dólar exportado desde Canadá a Estados Unidos, esa participación es de 25 centavos. Para establecer una comparación, vale decir que las exportaciones chinas a Estados Unidos tienen una participación de insumos norteamericanos de sólo cuatro centavos por dólar.</p>
<p><strong>El ALCA por otros medios</strong></p>
<p>En la era de la globalización, el NAFTA fue el primer tratado de libre comercio suscripto entre una economía desarrollada y un país subdesarrollado. Representó un <strong><em>leading case</em> en relación a la viabilidad de acuerdos de integración entre naciones con desiguales grados de desarrollo</strong>. Esa originalidad, que hace rato dejó de serlo, fue uno de los reparos surgidos en los tres países.</p>
<p><strong>México</strong> estableció luego un acuerdo similar con la <strong>Unión Europea</strong> y tiene ya celebrados convenios de ese tipo con 44 países, lo que lo erige hoy en <strong>una de las economías más abiertas del mundo</strong>. Su experiencia abrió el camino en América Latina para los acuerdos bilaterales de libre comercio que Estados Unidos puso en marcha en los últimos años. Para Estados Unidos, el NAFTA constituyó el punto de partida para una estrategia de integración económica con América Latina, que Clinton intentó llevar a su máxima expresión con la propuesta de la<strong> Alianza de Libre Comercio de las Américas (ALCA)</strong>, enterrada en 2005 en la recordada cumbre presidencial hemisférica de <strong>Mar del Plata.</strong></p>
<p>El fracaso del ALCA llevó a<strong> George W. Bush</strong> a ensayar una estrategia gradualista, que dio mejores resultados. Desde entonces, Estados Unidos estableció tratados de libre comercio con el <strong>Mercado Común Centroamericano</strong>, Chile, Perú y Colombia. Fue lo que sus críticos definieron como “el ALCA por otros medios”.</p>
<p>La apertura de las economías latinoamericanas posibilitó luego el lanzamiento de la <strong>Alianza del Pacífico</strong>, una propuesta de integración regional motorizada precisamente por México y que contó con el rápido consentimiento de Chile, Perú y Colombia y la posterior adhesión de <strong>Costa Rica</strong>. No es casual que este flamante bloque, que en los hechos compite con el Mercosur en materia de comercio internacional y de atracción de inversiones extranjeras, esté integrado por los tres países sudamericanos que tienen acuerdos de libre comercio con Washington.</p>
<p><strong>La prioridad asiática</strong></p>
<p><strong>Pero la cumbre de Toluca reflejó cabalmente la prioridad asiática que caracteriza a la nueva estrategia estadounidense</strong>. El centro de las conversaciones fue la conversión del NAFTA en un puntal del <strong>Acuerdo Transpacífico</strong>, que uniría a la economía norteamericana con un grupo de países asiáticos, encabezados por <strong>Japón</strong>, e incluye asimismo a Centroamérica, Chile, Perú y Colombia. Dicha entente comercial reemplazaría al NAFTA como la más importante del mundo, al menos hasta que se concrete un tratado de libre comercio entre Estados Unidos y la Unión Europea, cuya materialización, aunque no inmediata, está más cerca que lo que muchos suponen.</p>
<p><strong>Luis de la Calle</strong>, ex negociador mexicano en las tratativas del NAFTA, explicó con precisión por qué <strong>para Estados Unidos “la competencia con Asia tiene que pasar por el NAFTA”</strong>. Subrayó que, por los costos de producción, las empresas automotrices estadounidenses <strong>“difícilmente puedan vender en China un auto fabricado en Michigan pero sí un vehículo fabricado en México”</strong>. Ese ejemplo puede multiplicarse.</p>
<p>Estos avances en el NAFTA, la Alianza del Pacífico, la negociación para el Acuerdo Transpacífico y las conversaciones para un tratado de libre comercio entre Estados Unidos y la Unión Europea reflejan una fuerte aceleración de la tendencia estructural hacia la globalización dela economía mundial y contrasta con la parálisis del Mercosur, agravada por la crisis política de Venezuela, el más reciente y problemático socio del bloque comercial sudamericano.</p>
<p>Las consecuencias de esa parálisis comienzan a ser advertidas por los sectores más influyentes del empresariado brasileño, que alerta contra el peligro de un “<strong>desvío de exportaciones</strong>”: los países que profundizan su integración tienden a aumentar su comercio recíproco, en detrimento de los que permanecen más aislados. En ese escenario, en términos de mediano y largo plazo, salvo en el rubro agroalimentario, las exportaciones industriales brasileñas tienden a desaparecer. <strong>Fácil es presumir que Brasil está en vísperas de un “giro copernicano”. </strong>La Argentina está obligada a seguir atentamente la rápida evolución de estos acontecimientos regionales, porque, como decía <strong>Perón</strong>, “en política, el que no tenga cabeza para prever, deberá tener espaldas para aguantar”.</p>
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