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	<title>Paula Oliveto &#187; Stalin</title>
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		<title>Participar para cambiar la historia</title>
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		<pubDate>Thu, 03 Oct 2013 10:40:15 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Paula Oliveto</dc:creator>
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		<category><![CDATA[corrupción]]></category>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Por diversos motivos pareciera que la <strong>corrupción,</strong> aquella que se manifiesta en las diversas  esferas máximas del poder, <strong>comenzó a ser advertida y sentida como una preocupación de los argentinos.</strong> Lamentablemente, según los analistas de opinión pública, esta indignación ante el saqueo se empieza a hacer patente a partir que se reciente la llamada “economía familiar”. Y empieza a valorarse o reconocerse así lo que durante muchos años venía denunciado <strong>Lilita Carrió</strong> casi en soledad.</p>
<p>Cuando hasta hace poco vimos familiares sosteniendo, en marchas por justicia, carteles que decían “<strong>LA CORRUPCION MATA</strong>”, percibíamos <strong>el reflejo más doloroso de lo que ocurre cuando un gobierno corrupto y sus empresarios amigos, se llevan la plata de los trenes, de los hospitales, de las rutas y de la seguridad.</strong> Ellos son el reflejo más agudo de que la corrupción nos afecta a todos, que las consecuencias son terribles y el llamado más elocuente a nuestras conciencias.</p>
<p>Pareciera que durante años en Argentina si no consentimos, al menos hemos dejado pasar  la corrupción, el atropello, la violencia. Hemos naturalizado la mentira, la impunidad, la falta de justicia y hasta la muerte de compatriotas. Adormecidos fuimos viendo cómo la cultura era desplazada por la vulgaridad y el exitismo, donde los honestos parecen fracasados, y los corruptos exitosos. Ese fue el verdadero triunfo de la cultura mafiosa por sobre la cultura del trabajo, del esfuerzo y  la trasparencia.</p>
<p>Y a eso estamos llamados a combatir, con las armas que dan la democracia, el voto, la participación y la República. En el maravilloso libro <strong><em>Entrevistas con la historia</em></strong> de <strong>Oriana Falacci</strong>, se recuerda cuando <strong>Kruschev</strong> denunció los delitos de <strong>Stalin</strong> durante el vigésimo congreso del <strong>Partido Comunista</strong>. En esa oportunidad, ante la descripción desgarradora del orador, se alzó una voz en el fondo de la sala que dijo “Compañero Kruschev, ¿y tú dónde estabas?”. Kurschev escrutó a los asistentes en busca del rostro que lo interpelaba, al no encontrarlo preguntó “¿Quién ha hablado?”. Nadie contestó.  Entonces Kruschev exclamó “Compañero, yo estaba donde tú estás ahora”.</p>
<p><strong>Hannah Arendt</strong> habla de la política como la condición humana y la vida del espíritu. Para ella los seres humanos, al ser sujetos de pensamiento y acción, nos distinguimos de los restantes seres naturales. Nacemos, en consecuencia, cada vez que somos capaces de pensar y de obrar distinto. <strong>Cuando pensamos en forma colectiva estamos haciendo política</strong>.  No política entendida desde lo partidario, sino la <strong>participación ciudadana para cambiar la realidad y buscar el bien común</strong>.</p>
<p>No podemos ni debemos ser indiferentes ante el dolor de otros. En las sucesivas tragedias de transporte o por falta de seguridad, podríamos haber estado nosotros o un ser querido. No debemos dejar de exigir que queremos un país donde el Estado sea el que determine el interés de todos y no de los que piensan igual a los que gobiernan.  Un país donde se respete el derecho a la vida, a la libertad, a la igualdad, al hábitat digno. Un país y una ciudad con futuro real, en serio.</p>
<p>Estamos en pleno proceso preelectoral. Durante esta campaña asistiremos a la disputa publicitaria en el espacio público entre los llamados partidos “grandes”. <strong>Tanto en la Nación como en la Ciudad vemos la misma actitud respecto del uso de la publicidad oficial para inaugurar obras o servicios,</strong> justo este mes.</p>
<p>Es que más allá del color azul y blanco, o amarillo, es el momento en que podremos ver también que es igual la actitud en la profusión de cuantiosas y enormes publicidades y aparatos propagandísticos. Sería interesante preguntarnos acerca del valor de semejante despliegue.</p>
<p>Quizás podamos imaginarnos quiénes lo pagan. Y quizás podamos advertir por qué los contratistas y proveedores de las grandes erogaciones públicas de la Nación y de la Ciudad se centran siempre en un puñado de empresarios conocidos.</p>
<p>Cuando hablamos de construir una Argentina republicana estamos insistiendo en que la comunidad debe hacer propios todos los mecanismos existentes que permitan acceder a la información pública (para tomar posición con información adecuada) aumentando el control social de las acciones del Gobierno. Y actuar opinando fundadamente en todos los ámbitos posibles. En las ONG, en los gremios, en las instituciones intermedias… <b>y en el voto</b>.</p>
<p><strong>Ese involucrarse con los demás nos hace dejar de ser simplemente la “gente” para ser “ciudadanos”.</strong> A esta altura queda claro que no habrá posibilidad de una patria próspera e inclusiva sin nuestra participación. Si no lo hacemos, nos estaremos resignando una vez más a perder una nueva oportunidad de cambiar.</p>
<p>En ese camino es que estamos trabajando con Lilita. Antes y ahora. En soledad y acompañada por otros dirigentes de historia probada.</p>
<p>Porque nos indignamos con lo que pasa. Porque seguimos creyendo en que es posible hacerlo distinto. Y porque seguimos contando con vos.</p>
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