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	<title>Roberto Porcel &#187; Daniel Scioli</title>
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		<title>Debate de sordos</title>
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		<pubDate>Wed, 18 Nov 2015 08:47:42 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Roberto Porcel</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Lo más trascendente que parece haber dejado el debate es la poca voluntad para escucharse que exhibieron los candidatos. Cada uno con una estrategia bien estudiada, salieron al ruedo a expresar lo suyo, sin reparar en nada más. No pareció importarles el debate en sí, ni que la sociedad se quedara sin poder conocer sus propuestas. Ninguno contestó las preguntas de su oponente. Daba la sensación de que ni las escuchaban y, si lo hacían, se esforzaban por sobreactuar que no las iban a contestar. Tal lo sucedido verbigracia sobre el final, cuando Mauricio Macri le preguntó a Daniel Scioli qué actitud iba a tomar respecto del memorándum con Irán, o con lo que está aconteciendo con la dictadura de Nicolás Maduro, y este le respondió con otra pregunta sobre los derechos humanos. Diálogo de sordos.<b></b></p>
<p><b>Ciertamente, llegaban uno y otro en situaciones y con necesidades bien diferenciadas. Scioli esperando el milagro que lo volviera a posicionar, Macri con la intención de tan sólo transcurrir el compromiso. En ese escenario, el ganador por lejos resultó Mauricio Macri</b>. El lenguaje corporal de los candidatos durante el debate, y sobre todo al inicio y al final, fue más que elocuente al respecto. Un Scioli tenso y nervioso al inicio, un Macri exultante y merecedor del beso y abrazo de su mujer sobre el final. El campeón había retenido la corona. El retador hizo lo que pudo, pero, como sucede en el mundo del boxeo, sólo con un <i>knock out </i>hubiese salido victorioso. Demasiado pretensioso para un candidato que hasta en el debate mismo llegó a negar a sus colaboradores de “esquina”.<span id="more-159"></span></p>
<p>Las encuestas sobre el final del debate fueron el golpe de gracia para las aspiraciones del milagro. Tanto las realizadas en redes sociales como las efectuadas en televisión o por vía telefónica vieron a un Mauricio Macri ampliamente ganador. <b>Para Scioli, daría la sensación que este debate fue la confirmación de sus pocas chances de cara a la elección del domingo. Por el contrario, para Macri, fue la ratificación de que la tendencia parece no cambiar</b>. Para la sociedad, también significó sacarse una espina. Sabíamos que poco o nada podía agregar el debate en sí, pero de todas formas lo queríamos ver y escuchar. Hoy ya podemos afirmar con total certeza que, efectivamente, nada agregó a lo que ya conocíamos. Sin embargo, no fue en vano. Seguramente a la gran mayoría de argentinos que lo presenciaron les haya dado la tranquilidad de saber y ratificar que están bien encaminados en la elección de su voto, sea cual sea su preferencia.</p>
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		<title>Preservemos al Presidente del ídolo</title>
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		<pubDate>Fri, 13 Nov 2015 08:53:05 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Roberto Porcel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>A las puertas de un nuevo Gobierno, florece todo el entusiasmo y la esperanza de un futuro mejor. Mucho más cuando finaliza una administración que se caracterizó por dividir a los argentinos entre “ellos” y “nosotros”. División por cierto nada inocente si tenemos en cuenta que los derechos y las prerrogativas parecieron patrimonio exclusivo tan sólo de quienes se reconocían como integrantes del grupo correspondiente a los “nosotros”, donde todo parecía permitido o excusado.</p>
<p>Por el contrario, para quienes se encolumnaban en el grupo de los “ellos”, quedaban los retos, los gritos y las descalificaciones. Incluso existen denuncias por actos más graves y peligrosos, como espionaje, agresiones físicas y, por qué no decirlo, hasta muertes que al día de hoy no han sido esclarecidas.</p>
<p>Pareció cobrar vida aquella vieja publicidad que decía: “Pertenecer tiene sus privilegios”. Sobran nombres para retratar esta realidad. Hebe de Bonafini con sus Sueños Compartidos, Guillermo Moreno gritando “Acá no se vota” y ofreciendo guantes de boxeo a quien osara actuar conforme al derecho. Luis D’Elía tomando una comisaría, Amado Boudou justificando todas sus causas y sus falsos domicilios como simples casualidades. Leonardo Fariña contando con todo detalle por televisión cómo pesaban el dinero que se llevaban, para al otro día negarlo con total descaro, cual pieza de ficción. Del otro lado, quien tuviera el atrevimiento de cuestionar al Gobierno se exponía a la visita de algún inspector o a un escrache público. Cómo olvidar a aquel abuelo al que la Presidente tildó de “amarrete”, o cuando el titular de la Administración Federal de Ingresos Públicos dio detalles de la situación impositiva de dirigentes de la oposición.<span id="more-151"></span></p>
<p><b>Para que todo esto no se vuelva a repetir lo primero que deberíamos erradicar de nuestras conductas es el fanatismo. Para administrar el país no se debe buscar un ídolo, sino elegir un Presidente</b>. Quizás ahí radica nuestro pecado original. No elegimos administradores, sino que inventamos ídolos. Idealizamos de tal manera a quien elegimos para que nos gobierne, o nos fanatizamos tanto con el espacio al que pertenece que desnaturalizamos su rol y sus obligaciones. Lo peor es que, sin advertirlo, nos transformamos en fanáticos admiradores y enemigos naturales de quienes no lo son. A un ídolo no se lo cuestiona, se le perdona y permite todo. En ese devenir, el país queda relegado a un segundo plano, y lo importante pasa a ser la suerte que corra nuestro ídolo o nuestro espacio político. Es a él a quien se debe cuidar y preservar. Así es que nos hemos acostumbrado a escuchar que, aun a sabiendas de que no es bueno para el país, se vota igual tal o cual ley, porque lo que manda es la disciplina partidaria. Recordemos por caso a Miguel Ángel Pichetto, que, contra su convicción, votó a favor de la reforma del <i>Código Civil</i> o de la ley de abastecimiento sólo por obediencia. En otras palabras, entre lo que consideraba mejor para el país, se inclinó por lo que entendió que era mejor para su espacio político.</p>
<p>Nos encontramos a las puertas del ballotage. Es inminente la elección de un nuevo Presidente de la nación. Dos son las opciones: Mauricio Macri o Daniel Scioli. Sería prudente que al momento de elegir cada ciudadano tuviera bien presente que la opción por la que se incline debe priorizar al país y no a un espacio político. Debe guiarnos el mejor interés del país y no el fanatismo. No estamos optando por un bando, sino que estamos eligiendo un Presidente para la nación. Sería de desear que sea quien sea el candidato elegido, no lo desvirtuemos ni lo consagremos como ídolo; dejemos al fan de lado. Optemos por el que se nos presente como más idóneo y sepamos preservar al Presidente aun de nosotros mismos.</p>
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		<title>Tucumán fue el gran ariete</title>
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		<pubDate>Wed, 28 Oct 2015 03:00:30 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Roberto Porcel</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Daniel Scioli]]></category>
		<category><![CDATA[Elecciones 2015]]></category>
		<category><![CDATA[Fraude electoral]]></category>
		<category><![CDATA[Mauricio Macri]]></category>
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		<description><![CDATA[La elección del domingo tuvo varios ganadores y, por supuesto, importantes derrotados. Mauricio Macri, María Eugenia Vidal, el mismo Sergio Massa pueden adjudicarse diferentes triunfos. Del otro lado, Cristina Kirchner, Daniel Scioli y Aníbal Fernández encarnan claramente la cara de la derrota. Sin embargo, hubo un ganador que los ha trascendido a todos, y es... <a href="http://opinion.infobae.com/roberto-porcel/2015/10/28/tucuman-fue-el-gran-ariete/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>La elección del domingo tuvo varios ganadores y, por supuesto, importantes derrotados. Mauricio Macri, María Eugenia Vidal, el mismo Sergio Massa pueden adjudicarse diferentes triunfos. Del otro lado, Cristina Kirchner, Daniel Scioli y Aníbal Fernández encarnan claramente la cara de la derrota. Sin embargo, hubo un ganador que los ha trascendido a todos, y es quizás el gran responsable del triunfo de quienes a la postre resultaron victoriosos. Esta vez no fueron los estrategas, ni los grandes analistas, mucho menos las encuestas, quienes definieron la elección.</p>
<p>El responsable del resultado del domingo se llama Tucumán.<b> La resistencia estoica del pueblo tucumano al fraude electoral en su provincia, puesta de manifiesto en todos esos días y sus noches de autoconvocatoria en la plaza Independencia, fue la bisagra que marcó un antes y un después en el control del escrutinio</b>. Lamentablemente, no les alcanzó a los hermanos tucumanos para evitar lo sucedido en aquella elección a gobernador de su provincia. Se podría decir que sufrir ese resultado fue el costo que hubo —en rigor, que tuvieron— que pagar para que no se continuara con la cultura del fraude que marcó la mecánica del sufragio en todos estos últimos años en nuestro país.<span id="more-145"></span></p>
<p>Hemos llegado al absurdo de escuchar de parte de las autoridades electorales de esa provincia y de otras sobre quemar urnas, o recibir urnas abiertas, o al revés, urnas cerradas que ya venían cargadas de votos, o tomar por válidos resultados que no coinciden con lo que indican los telegramas y los certificados de escrutinio, o con lo que marcan los telegramas y los votos volcados en las urnas. Incluso convivir con la violencia y el miedo, con la muerte de ciudadanos en el marco de un proceso electoral, resultarían actos normales que no afectan de ningún modo el acto eleccionario. Que crucen la frontera para votar ciudadanos de otros países vecinos ungidos con documentos para la ocasión, hasta antes de Tucumán, para las autoridades electorales, eran actos de absoluta normalidad.</p>
<p>Y así los argentinos aceptábamos con asombrosa pasividad y naturalidad todas esas trampas y esos fraudes que eran un secreto a voces conocido y reconocido por todos. Daba la sensación de que era imposible alzarse contra esa realidad. A tal punto que las encuestas reflejaban en sus análisis entre 5 y 6 puntos que eran el plus que agregaba toda esa normalidad. De esa suerte, resultaba muy difícil superar al candidato oficialista, que contaba, más allá de muchos otros beneficios y prerrogativas, con ese singular plus.</p>
<p>Sin embargo, Tucumán alzó su voz y dijo “basta”. Se puso de pie y le gritó a toda la República Argentina: “Nunca más<b>”. Sin violencia, pero con toda la fuerza de la vergüenza, de la dignidad y de la convicción de todo un pueblo, Tucumán le mostró al resto del país que era posible ponerle límites al fraude</b>. Y la semilla cundió. Por primera vez en muchísimos años, esta elección estuvo marcada por una verdadera fiscalización. Diría que todos se animaron, contagiados por el ejemplo de los hermanos tucumanos. Y así, parafraseando a alguna funcionaria que se tatuó en su cuerpo “No fue magia”, se pasó, para el candidato oficialista, de los 43 puntos que se anunciaban con absoluta confianza que se iban a obtener en el acto de cierre de campaña a tan sólo 37. De los 10 puntos de diferencia que marcaban las encuestas entre el primero y el segundo a tan sólo dos o tres puntos. Por supuesto, no fue magia. Fue simplemente el resultado de un escrutinio bien fiscalizado, sin trampas. Tucumán fue el gran ariete. Esta vez los argentinos no nos permitimos las trampas ni el fraude. Creo que es hora de que todos los argentinos digamos: “Muchas gracias, Tucumán, por despertarnos a tiempo”. Al fraude le decimos “nunca más”.</p>
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		<title>Falló la apuesta a la polarización</title>
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		<pubDate>Sat, 17 Oct 2015 03:15:55 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Roberto Porcel</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Elecciones 2015]]></category>
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		<category><![CDATA[Sergio Massa]]></category>

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		<description><![CDATA[Muchos ciudadanos llevan su apoyo a Mauricio Macri, convencidos que es la mejor opción para derrotar al kirchnerismo. Lo curioso es que, en lugar de tomar como adversario a quien representa al kirchnerismo, Daniel Scioli, direccionan sus embates contra su contendiente dentro del mismo espacio opositor, Sergio Massa. En una posición similar, los seguidores de... <a href="http://opinion.infobae.com/roberto-porcel/2015/10/17/fallo-la-apuesta-a-la-polarizacion/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Muchos ciudadanos llevan su apoyo a Mauricio Macri, convencidos que es la mejor opción para derrotar al kirchnerismo. Lo curioso es que, en lugar de tomar como adversario a quien representa al kirchnerismo, Daniel Scioli, direccionan sus embates contra su contendiente dentro del mismo espacio opositor, Sergio Massa. En una posición similar, los seguidores de Sergio Massa privilegian sus críticas a Mauricio Macri, en lugar de dirigirlas a Daniel Scioli. <b>Ambos, Mauricio Macri y Sergio Massa, quieren derrotar a Daniel Scioli. Sin embargo, en lugar de trabajar en ello, parecerían mucho más ocupados en derrotarse entre sí</b>. Seguramente esta conducta obedece a la incapacidad que han tenido en su oportunidad para unir fuerzas, o en todo caso para dirimir con inteligencia su propia interna dentro del espectro del espacio opositor. Con esta postura, el único que se beneficia es el candidato a quien quieren derrotar.</p>
<p>Es una verdad de Perogrullo afirmar que el 60% de la población no quiere más kirchnerismo, si ese 60% no se encuentra unido. En rigor, tal cual está planteada la situación, resulta más adecuado afirmar que un treinta y pico por ciento de la población apoya al candidato kirchnerista, un veintipico a un sector de la oposición y otro veintipico a otro sector de la oposición. De esta forma, no resulta muy difícil advertir cómo cambia la ecuación. Ya no existe un 60% contra un treinta y pico, sino que manda este treinta y pico por sobre los otros dos veintipico. Si pudiéramos parafrasear al presidente Bill Clinton, diríamos: “Es la polarización, estúpido”. Exactamente, <b>lo que falló fue la apuesta a la polarización que se buscó desde un sector de la oposición</b>. Lamentablemente, a esta altura de los acontecimientos, a días del acto eleccionario, todavía sigue sin comprenderse cómo funciona o cómo se compone ese mosaico opositor.</p>
<p><span id="more-136"></span></p>
<p>De nada sirve que los candidatos opositores a Scioli busquen llegar al ballotage, si entre ellos mismos se sienten opositores. Mauricio Macri busca denodadamente llegar al ballotage, aun cuando los números parecerían no favorecerlo en esa instancia, frente al candidato Scioli. Sergio Massa también intenta con el mismo ímpetu llegar a esa instancia, pero con una realidad distinta: si bien los números parecen favorecerlo —a diferencia de lo que sucede con Macri— en un ballotage frente a Scioli, tiene mucho más complicado que Macri el camino para llegar a esa segunda vuelta. Una vez más, en ambos escenarios, el que sigue erigiéndose victorioso es el candidato a quien quieren derrotar, Daniel Scioli. En un caso, le ganaría el ballotage a Macri; en el otro, descansaría tranquilo, porque a Massa le cuesta más llegar al ballotage.</p>
<p>Lo sucedido en las PASO debería haberles servido de lección a estos dos candidatos que representan al 60% del electorado, para entender que por separado son tan sólo dos minorías que no alcanzan para cumplir el objetivo; y como sucede con la perinola, jugando de esta forma, la bolilla que sale es “Todos pierden”. Nada cambió: el electorado opositor tiene la misma composición. No resultaría inteligente seguir buscando una polarización automática que ya se demostró que no existe. Los candidatos siguen sin entender.</p>
<p>Quizás, debamos ser los electores quienes, una vez más, mostremos el camino.<b> Ya no se trata de si me gusta más un candidato u otro. Se trata de si queremos derrotar al kirchnerismo o no</b>. Las dos opciones para quienes nos sentimos parte del espacio opositor están sobre la mesa. Un candidato tiene más fácil el camino para llegar al ballotage y el otro tiene más oportunidad de ganar si efectivamente llega el ballotage. Está en cada uno de nosotros elegir cuál de las dos opciones preferimos arriesgar en pos de derrotar al kirchnerismo. Si se trata de llegar al ballotage o se trata de asegurar el triunfo en el ballotage. Como toda elección, conlleva un riesgo. Que llegue al ballotage y no gane, o que no llegue quien tiene más chances de ganar. Es nuestro turno de tirar la perinola. No es tiempo de tibios, sólo de reflexión. En todo caso, lo único no permitido es tirar con miedo. El destino está en nuestras manos y depende de nuestra decisión. Elegí si preferís apostar a asegurar llegar, o si preferís apostar a asegurar ganar. Vos tirás.</p>
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