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	<title>Roberto Porcel &#187; década ganada</title>
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		<title>Es el desamparo del Estado, estúpido</title>
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		<pubDate>Fri, 29 Apr 2016 03:24:41 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Roberto Porcel</dc:creator>
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		<category><![CDATA[corrupción]]></category>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>La Justicia no cumple. No es confiable. Innumerables fallos, y muchas veces la falta de ellos, dan cuenta de esta realidad. La gente está cansada, está asqueada. Advirtió —quizás demasiado tarde— que es imposible vivir la república sin Justicia. Un Ministerio Público plagado de funcionarios “militantes”, que por lógica obviedad priorizan su militancia por sobre la defensa de la sociedad. Del lado de los jueces, parecería haber más corrupción que militancia. Pero, en todo caso, el resultado es el mismo. El Estado de derecho es quien garantiza que la sociedad no tome en sus manos el hacer justicia. Cuando este falla o se corrompe, es casi una resultante natural que la sociedad opte por suplir lo que el Estado no le ofrece.</p>
<p>Mucho peor, cuando esta negación de justicia se hace con ostentación, sin ningún pudor, diría, de manera impunemente bizarra. Los videos que hemos visto en los últimos días son sólo la gota que colma el vaso. Muchísimo antes, se denunciaron todos los ilícitos que hoy salen a la luz, sin que ningún funcionario judicial demostrara, hasta ahora, verdadera voluntad para avanzar en su investigación y su castigo. Funcionarios, jueces, amigos y socios del poder que se han vuelto abrupta y encandilantemente millonarios, en lo que ellos mismos denominaron “la década ganada”.</p>
<p><b>Fortunas que, ciertamente, son imposibles de justificar. La ostentación del nuevo rico hizo imposible que esas fortunas y sus “dueños” pasaran inadvertidos</b>, como prudentemente indicaría el manual del delincuente: nunca llamar la atención gastando ostentosamente el botín logrado. Tropezaron con la misma piedra de siempre. Se creyeron que la impunidad no tenía fecha de vencimiento, que era para toda la vida. Ese fue su talón de Aquiles y, por qué no, el de la mayoría de los delincuentes: ostentación e impunidad.<span id="more-213"></span></p>
<p>Muchos argentinos, en el mientras tanto, apostaron fuertemente a que las nuevas autoridades, desde el inicio mismo de su toma de posesión del Gobierno, adoptarían drásticas medidas para combatir tan manifiesta corrupción. No fue así. El nuevo Gobierno se ha mostrado en exceso dubitativo a la hora de tomar decisiones a este respecto. Sin ir más lejos, le tiembla la mano para tomar el control de las calles. Prefiere cederla que asumir el riesgo de que “le tiren un muerto”, como no se cansan de repetir en su entorno. No reparan en el ciudadano, que pide a los gritos orden y respeto. No advierten que, al priorizar su seguridad, dejan desprotegido al ciudadano que le brindó su voto y su confianza. Esa desprotección la sociedad la siente, la vive, la sufre.</p>
<p><b>Tampoco percibe el ciudadano que se hayan tomado medidas en lo que hace a la depuración del Poder Judicial</b>. Siguen actuando los mismos funcionarios que han venido “no actuando” hasta aquí. Luego, la pregunta que sigue es qué puede cambiar entonces. La respuesta es obvia: nada. Y, lamentablemente, es lo que vemos que sucede. Mucho fuego de artificio, pero resultados, ninguno. Los mayores responsables de los actos de corrupción que tanto daño le han causado al país se pasean y pavonean por las calles y los escenarios como estrellas de cine, declamando contra el actual Gobierno, rodeados de un séquito de fans que tienen piedra libre para hacer lo que les plazca, concitando la atención de todas las cámaras y los programas de televisión. Son ellos, los imputados, quienes denuncian e insultan a los jueces que osan citarlos, y les hacen sentir el rigor de sus fanáticos.</p>
<p>Con total descaro, siguen ocupando lugares de privilegio en áreas muy sensibles del Gobierno, a pesar de las denuncias que pesan sobre ellos, y a pesar de un nuevo Gobierno. Como frutilla del postre, por si todo ello no alcanzara, son muchos los que hacen gala de sus “fueros”, en un premeditado y provocador “por si acaso<b>”. Por ello no debe sorprender que, al final del día, los ciudadanos, en cualquier ámbito sea que estén, “reaccionen” y manifiesten espontáneamente su disgusto ante tanta impunidad y falencia del Estado</b>. De todos modos, en lugar de detenernos en la observación del árbol, sugeriría no perder de vista el bosque.</p>
<p>Dejar el control de la calle a una facción política por miedo a que le “tiren un muerto” es señal de debilidad, no de prudencia. Realizar allanamientos seis años después de ocurridos los hechos no es hacer justicia; en rigor, es todo lo contrario. De igual suerte, sobreseer una denuncia de enriquecimiento con toda prisa, sin pericias y sin apelaciones tampoco es hacer justicia; eso es y se llama impunidad. Es ahí donde debemos poner el acento y centrar nuestra atención. El que falla no es el ciudadano que reacciona por impotencia, sino el Estado, que no cumple con su rol. Desde ya que no está bien reaccionar, pero mucho peor es el desamparo del Estado. No perdamos de vista el bosque por detenernos en el árbol.</p>
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		<title>Volver a &#8220;servir a la Patria&#8221;</title>
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		<pubDate>Fri, 25 Apr 2014 08:42:03 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Roberto Porcel</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Pareciera que vuelve a ponerse en el tapete la utilidad o no de &#8220;un poco de colimba&#8220;.  Sin ir mas lejos, algo así fue planteado hace unos días por el Intendente de Malvinas Argentinas, Jesús Cariglino; lo que me provoca alguna reflexión. Si algo antes equiparaba y nos daba la misma &#8220;identidad&#8221; a todos los... <a href="http://opinion.infobae.com/roberto-porcel/2014/04/25/volver-a-servir-a-la-patria/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Pareciera que vuelve a ponerse en el tapete la utilidad o no de &#8220;<b>un poco de colimba</b>&#8220;.  Sin ir mas lejos, algo así fue planteado hace unos días por el Intendente de Malvinas Argentinas, Jesús Cariglino; lo que me provoca alguna reflexión.</p>
<p>Si algo antes equiparaba y nos daba la misma &#8220;identidad&#8221; a todos los argentinos, eso era la &#8220;colimba&#8221;. Alcanzaba por igual a los que más tenían, como a los que menos. Pero todos <b>bailábamos </b>al compás de la misma música; nos integrábamos unos con otros. Compartíamos todo y nacían amistades que duraban años, no importando el origen de cada uno. Ciertamente esa &#8220;música&#8221; que en su inicio debe de haber sido genuinamente honesta, &#8220;<b>servir a la Patria</b>&#8220;, con el correr del tiempo se fue deformando y se convirtió en estar al servicio del general o de la familia del general de turno, desvirtuando la finalidad o el objetivo primario y último del servicio militar; ello mas allá de los excesos que ciertamente, también los hubo. <strong>Pero lo que no estaba entonces en tela de juicio, era que el Ejército era uno solo, era el Ejército de la Nación Argentina</strong>, y todos confluíamos de alguna manera, orgullosos en él.  Para algunos, era la primera aproximación a un par de zapatos, a un cepillo de dientes, a un libro; para otros, un primer baño de &#8220;realidad&#8221;. <b>Pero para todos, servir a la Patria era motivo de orgullo. </b></p>
<p>Eso hoy se ha perdido, ya no existe. No hay un Ejército que nos identifique a todos por igual; para un sector de Madres de Plaza de Mayo, con Bonafini a la cabeza, estamos en presencia del &#8220;Ejército del pueblo&#8221;, que se identifica con la Cámpora y que da sus primeros pasos de graduación trabajando juntos en las villas. Para otro sector de Madres de Plaza de Mayo, se trata del Ejército de Milani, a quién ponen en igualdad de condiciones con Videla, y por tanto objetan y tildan de genocida. En ningún caso existe unidad de criterio en considerarlo el Ejército de la Nación Argentina,</p>
<p>Con nuestra juventud sucede que también se ha ido perdiendo unidad e identidad. Cada vez son mas los jóvenes que pretenden otra &#8220;nacionalidad&#8221;. Colas y colas en embajadas peleando por una nacionalidad distinta de la argentina. Hoy son muchos los que prefieren ser &#8220;europeos&#8221; antes que argentinos. Del otro lado del mostrador, encontramos esa generación que hemos dado en denominar &#8220;ni ni&#8221;, que son los que no encuentran una posibilidad ni estudiando ni trabajando. Por motivos obvios, también ese sector de la juventud ha perdido el &#8220;orgullo&#8221; de ser argentina. Los que tienen una posibilidad se quieren ir o prefieren ostentar o presentarse al mundo bajo otra nacionalidad; los que no tienen ninguna posibilidad tienen el rencor natural hacia aquel que los ha privado de oportunidad. Lo cierto es que pareciera que nuestra juventud ha perdido el orgullo de ser argentina; ni que hablar de &#8220;servir a la Patria&#8221;.</p>
<p>Esto es lo que sucede y lo que nadie dice. Se habla falsamente de la década ganada, pero la verdad es que es la década en la que le hemos robado a nuestra juventud el orgullo de ser argentinos. Es la década en la que hemos destruído nuestras Instituciones. <b>Es la década en la cual un plan social sustituyó la dignidad del trabajo</b>. Es la década en la cual los argentinos nos hemos dividido. <b>Es la década en la cual hemos perdido la dignidad y el orgullo de &#8220;ser&#8221;.</b></p>
<p>No va a ser fácil retomar la senda, ciertamente. Sin embargo, de lo que no me caben dudas es que debemos volver a las fuentes. <b>Es una prioridad recuperar nuestra unidad y nuestra identidad</b>. Debemos volver a &#8220;servir a la Patria&#8221; y sentirnos orgullosos de ser argentinos. Quizás sea un buen principio, pensar en confluir nuevamente en una &#8220;nueva suerte de colimba&#8221;, por supuesto algo mucho más moderno y ágil, que contemple naturalmente la realidad que hoy se vive. No hablo de hacerle perder el tiempo a nadie. Por el contrario, pienso en dar una oportunidad a los jóvenes que hoy viven en la calle, sin rumbo ni chance, de integrarse y de tener y poder compartir un sentimiento común con otros jóvenes con posibilidades distintas, pero todos argentinos. Que los que están en mejor posición puedan ser un modelo a imitar o alienten a los que están peor; que todos tengan la posibilidad de una carrera, de un oficio o simplemente la esperanza de compartir. Quizás no estén equivocados aquellos que proponen, volver a &#8220;bailar&#8221; todos un poquito, al compás de la misma música&#8230;</p>
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