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	<title>Sergio Bergman &#187; Pascuas</title>
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		<title>Las Pascuas judeocristianas</title>
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		<pubDate>Wed, 27 Mar 2013 17:48:23 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Sergio Bergman</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Estas Pascuas serán una celebración signada en el espíritu del Papa Francisco</strong>. No solo la <strong>Semana Santa</strong>, acorde a la liturgia cristiana, sino también nuestra celebración judía de las Pascuas: <strong>Pesaj.</strong> La<strong> fiesta de la Libertad</strong> que celebramos a partir de esta noche.</p>
<p>El encuentro personal y el afectuoso saludo que la semana pasada en la<strong> Sala Clementina</strong> me permitió reencontrarme con mi maestro y Rabí Jorge Bergoglio, ya investido como Papa Francisco, renovó también la raíz común. Fueron breves instante, intensos en emoción y compartidos en oración. Recité la bendición que se prescribe decir frente a los sabios de la humanidad y agradecimos el tiempo y espacio donde Dios se nos revela, sentí que lo hacia en ese abrazo. <strong>Abrazar a Francisco fue para mi afirmarme al tronco judeocristiano, tan vivo y presente cada día como en especial en esta próxima festividad de las pascuas judeocristianas.</strong></p>
<p><strong>Pesaj y Pascua comparten los valores de la redención y la salvación</strong>. Desde el relato bíblico del <strong>Éxodo</strong>, como primera alianza en la Ley que nos hizo libres, hasta la <strong>Última Cena</strong>; en la que —celebrando Pesaj— se forjó una nueva alianza que dio origen al credo cristiano de Dios. Su Hijo y el Espíritu Santo que vuelven a manifestarse en la <strong>Eucaristía</strong>, cuyo origen histórico fue en este tiempo pascual que<strong> hoy celebramos cuando nuestro común rabino Jesús se revela a sus discípulos como Cristo</strong>. Jesús que celebrara Pesaj con los suyos tomando el pan ázimo —la <strong>Matzá</strong>—, presento su cuerpo para la comunión; y en la copa de vino del Kidush, de la consagración y del agradecimiento como su propia sangre.</p>
<p>Encontramos cómo el tronco de la misma raíz mesiánica se divide en dos ramas, que, ya diferenciadas en los siglos siguientes, se desarrolla en la misma tierra y bajo el mismo cielo para dar frutos de la siembra de lo humano que <strong>cosecharemos juntos como hermanos</strong>. Son  los mismos frutos divinos de lo mesiánico, sea celebrado en Pesaj en la espera del Mesías que aun esperamos o en la Semana Santa como la vida, pasión, muerte y resurrección de Cristo. <strong>Celebramos juntos de maneras diferentes en el nombre del mismo Padre que anhela que sus hijos se unan y reúnan en la misma mesa.</strong></p>
<p>Así, las liturgias diferentes de dos tradiciones reveladas que —unidas en valores a la tradición islámica— hacen del servicio a lo humano en el monoteísmo ético, un mismo camino al que llegamos por diferentes senderos.</p>
<p>Hoy, conmovidos aún por la transformación de nuestro querido Bergoglio, en Papa Francisco, llegamos a las Pascuas judeocristianas convocados al mismo desafío: s<strong>ervir a Dios es servir al hombre, y el poder terrenal se hace celestial cuando no abusamos de él, sino que lo desplegamos para que los que menos tienen, tengan lo mínimo de lo digno.</strong></p>
<p>Así, en estas fiestas, <strong>la redención y salvación es recuperar lo digno de lo humano,</strong> revela lo que hay en nosotros de divino. Tenemos en este nuevo tiempo la buena nueva de un hombre que se hace grande por bajar su perfil, y desde la cúspide de su ejemplaridad baja al llano, donde siempre sabe transformar la realidad por lo que hace, transmitiendo con claridad concreta potente y fértil los gestos de aquello que debe transformarse en nuestra forma de ser.</p>
<p>Escuchemos con fervor su llamado. Q<strong>ue todas las religiones y seres humanos nos unamos en la espiritualidad</strong>, que es esa energía que nos permitirá reparar, curar, sanar; <strong>amar lo humano en cada hermano</strong>; renunciando a la posesión; anticipando la fraternal ofrenda que, desde el sermón de la montaña, vuelve Francisco a decir: «Bienaventurados sean los pobres, porque de ellos será el reino de los cielos», un cielo que podemos anticipar en la tierra para que no debamos esperar a que partan. Partamos y repartamos nuestro pan aquí. <strong>Partir el pan en bendición de equidad con justicia social es el milagro humano de multiplicarlo</strong>,  de la misma forma que lo consagra la liturgia cristiana en la hostia de cada misa, así nosotros esta noche tomaremos Matzot, el pan de la pobreza que comieron nuestros antepasados en <strong>Egipto</strong>; y que hoy proclama la libertad para todos los hombres que serán libres cuando todos los que tengan hambre vengan a la mesa y coman.</p>
<p>Pan para el cuerpo de la dignidad humana. Pan para el alma de la redención y la salvación, que en el amoroso llamado de unidad en la diversidad<strong>, el Papa Francisco nos enseña que estas Pascuas son tan cristianas como judías.</strong></p>
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