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	<title>Vladimir Kislinger &#187; Pobreza</title>
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		<title>Teoría de las ventanas rotas en la realidad latinoamericana</title>
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		<pubDate>Mon, 11 Apr 2016 03:00:02 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Vladimir Kislinger</dc:creator>
				<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>
		<category><![CDATA[América Latina]]></category>
		<category><![CDATA[Pobreza]]></category>
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		<description><![CDATA[Fue en 1969 cuando un grupo de psicólogos sociales de la Universidad de Stanford inició lo que ha sido uno de los estudios más reveladores en cuanto al comportamiento humano, que desmoronó prejuicios y paradigmas que hasta el día de hoy son sostenidos por nuestro entorno. En dicha oportunidad, el profesor Philip Zimbardo, junto a... <a href="http://opinion.infobae.com/vladimir-kislinger/2016/04/11/teoria-de-las-ventanas-rotas-en-la-realidad-latinoamericana/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Fue en 1969 cuando un grupo de psicólogos sociales de la Universidad de Stanford inició lo que ha sido uno de los estudios más reveladores en cuanto al comportamiento humano, que desmoronó prejuicios y paradigmas que hasta el día de hoy son sostenidos por nuestro entorno.</p>
<p>En dicha oportunidad, el profesor Philip Zimbardo, junto a otros científicos, colocó dos vehículos del mismo color, año y modelo en dos lugares diametralmente distintos en el estado de Nueva York. Uno en una zona reprimida, con altos niveles de violencia y criminalidad y el otro en una zona exclusiva, donde los servicios públicos funcionan, donde hay seguridad y un nivel de vida más alto.</p>
<p>Como era de esperarse, el primer auto fue vandalizado en horas, mientras que el otro permaneció intacto. Hasta ese momento parecía que las premisas sociales se cumplirían: la educación y el nivel de vida eran determinantes para el comportamiento social. Sin embargo, los científicos fueron más allá y rompieron una ventana del auto ubicado en esta exclusiva urbanización para evaluar si el comportamiento se mantenía o no. El resultado fue más que revelador. Al igual que el primer objeto de estudio, la gente comenzó a destruir, robar, dañar el segundo vehículo, ese que parecía seguro por encontrarse en ese lugar privilegiado.<span id="more-142"></span></p>
<p>La conclusión a partir de la investigación fue fascinante: <b>la violencia, la criminalidad, el deterioro social no son reflejo de la pobreza. Son resultado del desmontaje de códigos sociales y de convivencia ante una realidad que nos arropa</b>. Es decir, si el camión que se encarga de recolectar la basura todos los jueves en mi casa no va o cada vez es más difícil que aparezca, entonces comenzaré a acumular basura al frente, a quemarla, a tirarla en las calles, en la vegetación. Y como yo lo hago, otros, adquiriendo la conducta por imitación, repetirán la acción y contribuirán negativamente al deterioro ambiental, ciudadano y social.</p>
<p>Pero el problema va más allá. Al tener nuestras calles sucias por tantos desperdicios, tampoco nos importará pintar las aceras, ni asfaltar las calles, ni respetar el semáforo, ni al peatón. Es decir, entramos en una espiral que nos lleva a deteriorar la estructura social, degenerar los valores para convertirlos en antivalores. Es una respuesta humana, por muy inhumana que parezca.</p>
<p>Nuestros pueblos han pasado y pasan hoy día por esta realidad. <b>El deterioro de nuestro entorno ha sido determinante, pero mucho más nuestra respuesta ante tal desgracia</b>. ¿Pero qué podemos hacer si parecería que todo está perdido?</p>
<p>Definitivamente mucho. Para ello quiero traer como ejemplo una campaña del grupo social Guayaneses por el Mundo, de Venezuela, quienes han iniciado una maratónica cruzada para decirle “no” a la viveza criolla. En la misma medida en la que nuestra autorregulación restaure nuestros valores, entonces la respuesta del entorno será positiva y lo mejor, propositiva.</p>
<p>Tenemos que querer nuestro entorno, nuestra gente, nuestra ciudad. Por más deterioro que encontremos siempre tendremos una posibilidad de mejorar. Así como los japoneses con su teoría de la calidad total, esa que los llevaba a “mejorar una cosa cada día”. Abramos los ojos, que diariamente tendremos la oportunidad de impactar con pequeñas pero grandes acciones que a la postre redundarán en una mejor calidad de vida, en un mejor futuro.</p>
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		<title>Mi Venezuela discapacitada</title>
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		<pubDate>Fri, 11 Sep 2015 10:46:02 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Vladimir Kislinger</dc:creator>
				<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>
		<category><![CDATA[CANTV]]></category>
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		<description><![CDATA[A principios de septiembre me tocó la nada agradable tarea de ver cómo mis padres despedían a su último hijo, el menor, con la simple esperanza de sentirlo seguro, de saberlo vivo en otras fronteras. Ya son miles de kilómetros los que separan físicamente a la familia, inclusive continentes. Los nietos ya hablan otros idiomas,... <a href="http://opinion.infobae.com/vladimir-kislinger/2015/09/11/mi-venezuela-discapacitada/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>A principios de septiembre me tocó la nada agradable tarea de ver cómo mis padres despedían a su último hijo, el menor, con la simple esperanza de sentirlo seguro, de saberlo vivo en otras fronteras. Ya son miles de kilómetros los que separan físicamente a la familia, inclusive continentes. Los nietos ya hablan otros idiomas, tienen otros acentos y se despiertan a horas que obligan a sus abuelos a tener toda una logística para verlos virtualmente una que otra vez por semana, siempre y cuando la estatal CANTV se los permita, cosa que no sucede muy a menudo.</p>
<p><b>Nos convertimos a los trancazos en ciudadanos del mundo, porque estamos repartidos en cada rincón del planeta aún sin haberlo pedido, sin haberlo querido.</b></p>
<p>Cuando tengo oportunidad de conversar con colegas y amigos sobre el tema, siempre llegamos a la misma conclusión. El amor de la familia es tan grande que se está dispuesto a separarla, a desmembrarla, inclusive sin esperanzas del reencuentro, siempre y cuando el futuro se pinte mejor. El sacrificio es máximo, definitivamente.</p>
<p>Mis amigos cubanos reiteran lo que digo, con conocimiento de causa, puesto que muchos de ellos fueron quedándose sin familia, en la medida que el tiempo pasaba y se los arrancaba de la mano. Mucho peor, también se quedaron sin patria, porque el tiempo se detuvo, porque no fueron capaces de reaccionar, porque la negación se convirtió en su peor discapacidad.<span id="more-81"></span></p>
<p>En este punto es difícil no maldecir a los culpables, a los responsables de tal calamidad. Pero cuando quieres ponerle rostro a la desgracia, te das cuenta de que son muchos los factores y las personas que dañaron tu entorno. El peor de todos, para mí, ha sido el principio maquiavélico de “El fin justifica los medios”. De esta manera se llevaron por delante todo y a todos, por cuanto atropellaron la moralidad, asesinaron las buenas costumbres, secuestraron los sueños y el sentido de autosuperación, y le dieron la bienvenida a la pobreza, al miedo, a la violencia y la escasez. Ya no somos capaces ni de producir para nuestro propio consumo, ni de cuidar a nuestros padres e hijos, mucho menos de tener libertad, por cuanto la separaron de nosotros hace mucho, tanto que casi olvidamos cómo se siente, cómo se vive con ella.</p>
<p>Venezuela es el recuerdo de su gente buena. Es la esperanza de reconstruir nuestra identidad y de castigar severamente a los culpables de tal calamidad. <b>Son los sueños que se fueron en las maletas de casi dos millones de personas que huyeron despavoridamente en menos de 5 años, y de los que se quedaron para sortear lo más difícil, vivir bajo un régimen autodestructivo</b>, que castiga profundamente a las personas con sentido de superación, con sueños, con criterio propio y metas.</p>
<p>Mi país quedó discapacitado. Buena parte de su espíritu se fue junto a los cientos de miles de asesinados por una violencia sin sentido. Otro tanto se esfumó con los que emigraron y el resto se quedó encapsulado en los sueños de millones de venezolanos que, como un pacto de fe, se mantienen en el país, a quienes sin duda alguna admiro y respeto. Venezuela quedó discapacitada, pero como dice Calle 13, nuestro pueblo es “un pueblo sin piernas, pero que camina”.</p>
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