Las paradojas del final de un ciclo

Si las paradojas pudieran jugar esas malas pasadas que uno siempre quisiera evitar,  no hay dudas de que el final de 2014 ha traído un embalaje completo de ellas a la Sra. de Kirchner. Terminar su mandato con la sospecha de ser la cabeza de un gobierno policíaco, que vigila a los ciudadanos, que ejerce la censura y que deposita en un general, cuyo pasado se hunde en las oscuridades de la dictadura, la confianza del aparato de inteligencia interior, es francamente estremecedor.

El contraste de esa realidad con las palabras huecas que pretendían presentar al gobierno como la antítesis de los generales de los 70, casi como la verdadera restauración democrática -en un ensayo no por ridículo menos intentado, de hacer como que entre el General Bignone y Néstor Kirchner no había ocurrido nada en la Argentina- resulta sinceramente patético.

Un gobierno acallando a periodistas, contraviniendo las leyes que él mismo hizo dictar contra viento y marea -como la de medios- para consolidar el más grande aparato de propaganda que la Argentina haya conocido jamás; un gobierno desconociendo las leyes de seguridad interior y de inteligencia, que manda a realizar tareas de vigilancia sobre los opositores y los jueces; un gobierno desbocado en cuanta referencia se haga al respeto por la institucionalidad… Es una enorme paradoja, una gran cabriola del destino que vuelve a probar que no es conquistable ni por palabras ni por relatos.

El gobierno de los Kirchner ha reivindicado más de una vez a los grupos revolucionarios de los 70. Lo ha hecho de palabra y lo ha hecho con dinero. Ha empleado a muchos de sus integrantes, ha utilizado fondos públicos para indemnizar a sus familias, aunque no ha indemnizado a las familias de los caídos en el otro bando. Aquellos grupos perseguían la utopía socialista; buscaban la instauración de una dictadura del proletariado: si de una dictadura. Que conste que ese término no lo usamos ni lo inventamos nosotros; forma parte de las originalidades del Manifiesto Comunista.

Toda dictadura supone un régimen militarizado de gobierno, la supresión de derechos (o mejor dicho: la supresión de los derechos de aquellos a los que la dictadura considera sus enemigos y el otorgamiento de todos los derechos a los protagonistas de la dictadura y a los que la cortejan).

Resulta increíble que el gobierno de la Sra. de Kirchner termine pareciéndose a ese modelo que buscaban aquellos movimientos revolucionarios. En lugar de parecerse a una república constitucional, la Argentina, en el año final de la presidente, se inclina hacia ese modelo autoritario, de base policíaca, vigilador, silenciador de la opinión contraria, operador de inteligencia interna en manos militares, protector de personas a quienes algunos legisladores llaman lisa y llanamente “genocida”.

¿Qué pensará la Presidente a todo esto? ¿Soñaba terminar de esta manera? Pablo Giussani escribió a comienzos de los 80 “Montoneros, la soberbia armada” una crónica sobre la organización guerrillera y sobre el paralelo que él encontraba entre ellos y el fascismo italiano en cuanto a su culto a la muerte.

Giussani imaginaba, hace más de un cuarto de siglo, que los Montoneros terminarían siendo olvidados y que nadie en el futuro se atrevería a reivindicarlos. En esto se equivocó. Pero en lo que estuvo acertado fue en la selección de la palabra “soberbia” para definir aquel proceder desfachatado, negador de todo lo que no fuera ellos mismos, altanero, provocador, terminante.

¿Pensará la Sra de Kirchner en lo que se ha convertido su gobierno? Un reducto de soberbios, que han copado los centros neurálgicos de la administración, de los medios, de las empresas públicas, de los organismos de control… Que aspira a hacer lo mismo con la Justicia, e incluso con algunas empresas privadas.

¿Qué es esto sino algo muy parecido a lo que perseguían aquellos jóvenes armados que sentían por la muerte una rara veneración, como describió Giussani? El ideólogo marxista italiano Antonio Gramsci acusó de “bestias” a los revolucionarios comunistas que querían implantar la dictadura del proletariado por la fuerza de las armas. “Nuestra táctica debe ser otra”, advirtió, “debemos cambiar el sentido común promedio de la sociedad… Por intermedio de cientos de intelectuales orgánicos que copen las artes, la cultura, los medios, el cine, el periodismo, debemos convertir a los burgueses a nuestro pensamiento… Cuando ese proceso haya terminado, todos serán marxistas, sin disparar un solo tiro” (Cuadernos de la Cárcel y  L’Ordine Nuovo) ¿No hemos asistido en estos años a esta formidable reconversión?

Nunca antes la palabra democracia había sido tan tergiversada como ahora. Hoy se nos quiere hacer creer que los empellones de los votos no son empellones. Nadie en el gobierno repara en las garantías constitucionales que limitan el poder de esos votos en resguardo de las minorías, tal como ellos hubieran querido que los empellones del autoritarismo militar hubiera tenido un límite que impidiera la muerte de tantos.

Hoy, muy probablemente, incluso, ese esquema de “mayorías” y “minorías” haya cambiado sustancialmente.  Pero el gobierno sigue sosteniendo que lo único que vale es su opinión porque ellos son “el pueblo”: la soberbia relatada.

¿Era éste el horizonte que la Presidente soñaba para su gobierno? Una realidad autoritaria, sorda, que embiste y atropella, que manda a callar, que hace inteligencia interna con militares, que suprime instituciones, que divide, insulta, ironiza y agravia… ¿Era este el modelo de democracia avanzada que la Sra. de Kirchner tenía en mente? ¿Lo quiso siempre y lo disimuló o cayó en esto por impericia?

Si las paradojas pudieran jugar esas malas pasadas, se las han jugado este año a la presidente Kirchner. Nada de lo que se anunciaba cuando asumió la presidencia por primera vez -el emprolijamiento institucional del arrebatado período de su esposo- se ha cumplido. Al contrario: ocho años después termina con una república disminuida, con vicios propios de regímenes uniformados, a los que, paradójicamente, tanto vilipendió.

Navidades sin paz en la década ganada

La llegada de la Navidad produce un choque de imágenes con la Argentina de la década ganada. En primer lugar resalta la ausencia de un clima de paz en el país. Guerras sordas de poder que amenazan con enfrentar a la presidente con los jueces, en una escalada que, más que amenaza, es ya una realidad.

La increíble parábola del destino que viene a reunir, en el fin del ciclo kirchnerista, a un militar sospechado por su oscuro pasado en la dictadura y al sistema de inteligencia interna del país con el corazón de un gobierno que hizo del aparente enfrentamiento con esas estructuras un ariete de su poder.

La Presidente tiene un carácter furioso, cargado de sarcasmos e indirectas; acideces que suben y bajan en una alquimia de tirrias que muchas veces no se explican y que otras muchas terminan por llevar al terreno público lo que son sus pasiones personales. La Sra de Kirchner ha embarcado al país en rumbos determinados, en la mayoría de las ocasiones, no por las conveniencias de los argentinos, sino por sus arrebatos y venganzas, que encuentran en el poderío del Estado las armas que no tendría si fuera una ciudadana común y corriente. La Presidente ha colonizado al Estado y a las instituciones con su carácter para usar su fuerza como herramienta de sus pasiones. Continuar leyendo

Algo huele feo en la designación de Durán

El gobierno, con el voto de los consejeros oficialistas en el Consejo de la Magistratura, acaba de nombrar como juez subrogante del Juzgado Federal 1 de La Plata a Laureano Durán, y del Juzgado Federal 3 a Eduardo Di Lorenzo. El juzgado 1 tiene competencia penal y electoral y estaba a cargo del juez fallecido Manuel Blanco; en tanto que el Juzgado número 3 tiene competencia penal y estaba a cargo de Arnaldo Corazza, quien renunció. Por supuesto en ninguno de los dos reemplazos medió acuerdo del Senado.

Durán era secretario del juzgado y su nombramiento se apoya en una disposición de la Cámara Federal de La Plata que autorizó la designación de secretarios como jueces subrogantes en esos juzgados cuando en septiembre firmó una resolución en la que sostuvo que “no es posible cubrir las vacantes con un juez titular de esta jurisdicción”. 

El consejero de la oposición y presidente de la Asociación de Magistrados, Luis María Cabral, dijo que Laureano Durán está lejos de ser el mejor secretario. “En el único concurso en el que ha participado, está en el número 22″, advirtió. Además, en coincidencia con el planteo de dirigentes de la oposición, consideró que “lo que ha hecho el oficialismo es utilizar una vía prohibida para elegir a esta persona”.

“Me consta que no cumple con ninguno de los requisitos de ley para ser elegido para este caso”, subrayó Cabral, quien advirtió que “este juzgado electoral tiene vital importancia porque es el que controla el 40 por ciento del padrón del país”.  Continuar leyendo

La reafirmación de una aspiración totalitaria

La presidente presentó el lunes una idea vieja como si fuera novedosa. En efecto, con aire festivo la Sra. de Kirchner dijo que a partir de ese momento se inauguraba una nueva modalidad de cadenas nacionales, siempre en horario central, más seguidas y frecuentes y más cortas en su duración. Dijo que había tomado esa decisión porque de lo contrario los anuncios que ella hace no salen en ninguna parte.

Esta síntesis de los expresado por la Presidente sugiere varias conclusiones. En primer lugar, la reafirmación de una aspiración totalitaria sobre la información que elimine a los medios y ponga a la Sra. de Kirchner en el rol de ser la única fuente de información nacional. Para su conocimiento, más allá de la pretensión de novedad con que la iniciativa haya sido presentada, habría que decirle a la Presidente que se trata de una práctica ya intentada en el mundo en varios de cuyos países han funcionado ministerios de propaganda con suerte diversa hasta que las fuerzas de la libertad terminaron con ellos.

En segundo lugar, la decisión presidencial lleva a una pregunta trascendente sobre la enorme corporación de medios oficiales controlados directa o indirectamente por el Gobierno. Parecería que ese conglomerado está haciendo muy mal su trabajo de momento que la mandataria textualmente dice, quejándose, que lo que ella dice “no sale en ninguna parte”. Evidentemente el concepto que la Presidente tiene de su propia corporación de medios es bastante pobre.

Hoy el Estado -es decir la Sra. de Kirchner- controla más del 70% de los medios del país entre diarios, radios y emisoras de tv abierta y por cable. Pero, aun así, dice que se ve obligada a salir ella en persona por cadenas nacionales cada vez más cotidianas, a dar las noticias que importan porque de lo contrario, los medios no lo destacan. ¿Y sus propios medios, señora? ¿Tampoco lo destacan? ¿O será que la repercusión que tienen esos medios es tan escasa que ni aun teniendo el 70% de la propiedad no alcanzan a tener una porción razonable del share de audiencia?

En otro orden de cosas, no puede ocultarse el tipo de “escuela” a la que pertenece esta práctica. Se trata de una variante más del fascismo en el que ha caído la Argentina: la presencia omnímoda del Estado que aspira a ocupar hasta el último rincón de la vida del país, con su única voz, con su única presencia.

Durante la conexión en duplex de hace algunas semanas con el Sr Putin, la Presidente deslizó la idea de ir hacia un sistema en donde los medios no existan y en donde los líderes mantengan con el pueblo una comunicación directa, sin intermediarios. Se trata de otra aspiración totalitaria en donde la opinión y el análisis libre quedaría prohibido y pasaría a ser reemplazado por un sistema de “bandos” oficiales que se convertirían en el único elemento informativo existente.

También ésta se trata de una aspiración antigua. Muchos regímenes que la humanidad recuerda con vergüenza intentaron la misma empresa con el fracaso como resultado

La estatización completa de la vida no ha funcionado en el mundo. Los iluminados que la intentaron fueron señalados como tiranos por la historia y terminaron sus días envueltos en la locura de creer que era posible gobernar a un pueblo desde un solo puño, sin opiniones disidentes, sin matices, sin colores, con su único vozarrón sobresaliendo e imponiéndose a todo lo demás

La Presidente inauguró este nuevo método para decir que habría camiones odontológicos dando vueltas por todo el país, arreglándole las caries a los argentinos, que el país fue destacado por la ONU y la OCDE por su inversión en educación y para felicitar a su hijo por el campeonato de Racing, admitiendo que había sido advertida por él para que usara la cadena nacional para cursar ese saludo “porque si no la ‘mataba’”.

Más allá de esta nueva señal que confirma que la Sra. de Kirchner y su familia creen que el Estado les pertenece, fijémonos que ocurrió con los otros dos anuncios. El primero fue opacado (como si se tratara de una enorme ironía mediática) por la propia mandataria al internarse en la explicación de la nueva modalidad comunicacional y respecto del segundo, la Presidente olvidó referirse a la calidad educativa que, obviamente, debe juzgarse por los resultados. Esa calidad no ha pasado ninguna de las pruebas a la que ha sido sometida. Los chicos reprueban los exámenes regionales e internacionales de los que participan. Solo la mitad de los que entran al sistema educativo lo termina y los valores trasmitidos en las escuelas hacen dudar de si es conveniente que esas ideas estén bien o mal financiadas, siguiendo el famoso principio de que no hay peor mal que una mala idea con plata.

En algún lapso la Presidente pareció incluso pretender plantear un antagonismo entre el “Estado” y los “privados” como si el “Estado” fuera posible sin los “privados” o como si el “Estado” fuera una entidad moralmente superior a los privados o, incluso, más eficiente que ellos. La Presidente, a esta altura, debería saber que el Estado no tiene una existencia corpórea propia (a menos que la Sra. de Kirchner crea que el Estado es ella misma) sino que es una mera simulación jurídica inventada por los particulares para su propia conveniencia y para administrar de modo común las finanzas públicas pero que no tiene, al menos según la Constitución argentina, una preeminencia sobre los ciudadanos particulares; al contrario, son éstos los que la tienen sobre el Estado que debe estar a su servicio.

Tampoco desde el punto de vista de la eficiencia productiva el Estado ha demostrado ser superior a lo que la mandataria llama “los privados”. Hasta la última prenda que la presidente usa en su propia humanidad fue inventada, ideada, desarrollada y producida por “los privados”. Son “los privados” los que inventan los medicamentos, las fórmulas para que la gente viva más, los que producen nuevos elementos de confort, los que desarrollan nuevas tecnologías y nuevas aplicaciones para hacer la vida más fácil. El Estado no sirve básicamente más que para cobrar impuestos y -si cumpliera su rol como corresponde- para dar un orden jurídico razonable que facilite el trabajo, el desarrollo y la inversión. Puesto en ese rol, puede ser una ayuda o un estorbo, pero nunca será el protagonista del progreso humano.

La Presidente aspira a que el Estado sea todo en la Argentina: “Todo dentro del Estado, nada fuera del Estado, nada contra el Estado”, diría Mussolini. Ella, que se asume como “el Estado”, aspira a ser dentista, maestra, locutora de noticias, editora de diarios, productora de petróleo, generadora de electricidad, confeccionista de ropa, jueza de conductas, fiscal de investigaciones, legisladora general, constructora de viviendas. La Argentina es ella y ella es la Argentina. Lo demás no existe.

La presentación del lunes de la Presidente no puede ser interpretada sino como una reafirmación de la pretensión totalizadora que ha caracterizado a todo su Gobierno, una pretensión que aspira a que solo se escuche una voz en la Argentina y que la fuerza del Estado sea utilizada para acallar toda opinión que no sea del agrado presidencial. Ahora lo hará por la fuerza. En medio de los clásicos horarios de las noticias en la Argentina, irrumpirá ella con su voz, callando a las de los otros. Es una pintura de esta época. Es una pintura de la no-democracia.

Hora de mostrar un compromiso

El jueves se conoció el cierre de FM Identidad, emisora en la que trabajé dos años y a la que me unía una relación cordial con su gerente de contenidos, José Luis Zorzi. La radio fue directamente eliminada. Su frecuencia 92.1 pasará a ser ocupada por la radio Vorterix de los empresarios Sergio Szpolski y Matías Garfunkel, fuertemente vinculados al Gobierno, cuyos medios están regados generosamente por una millonaria pauta pública inexplicada e incontrolada.

Todos los trabajadores fueron despedidos y todos los programas salieron del aire. Identidad era una emisora independiente perteneciente a la familia Cassino, que emitía una variada programación con periodistas independientes como Martín Pitton, Maria Eugenia Alonso Piñeyro, Carlos Maslaton, Quique Matavoz, José Benegas… Por allí pasaron Jorge Jacobson, Pepe Eliaschev, Marcela Salleras, Carlos y Malu Kikuchi, Beto Valdez.

Los programas de la radio expresaban una opinión crítica del Gobierno pero con apertura, moderación, con datos y con información confiable. Parece que la combinación de todos esos elementos no resultaba demasiado digerible para el kirchnerismo, que mandó a una de sus espadas empresarias a terminar con el problema. Por supuesto en este caso nadie se acuerda de la compatibilidad de la operación con la ley de medios o con el principio de la “no-concentración”. Aquí la única concentración que cuenta y está autorizada es la que respalda al Gobierno, todas las demás se consideran ilegales aunque nadie tenga concentrado nada.

El hecho es por demás preocupante. El silenciamiento de la opinión es siempre un problema grave para la democracia. El ataque sistemático sobre los medios con opinión crítica ha sido, sin dudas, una característica del “modelo” que, hace rato, debe dejar de definirse por sus contornos económicos para pasar a describirse como lo que realmente es: una matriz de dominación completa de la sociedad a manos de una nomenklatura privilegiada con acceso libre a todo aquello que le prohíbe a los demás.

En materia de emisoras de radio independientes ya van quedando pocas en el espectro. Un formidable torniquete económico ahogó a muchas de ellas y a muchas producciones independientes que se financiaban a sí mismas por la vía de la publicidad.

La pauta publica dirigida solo a los amigos del poder generó un desbalance de tal magnitud que hoy solo se cuenta a “periodistas” millonarios -por su cercanía con esa canilla libre- y a periodistas boqueando porque no tienen acceso a ella y porque el sector privado se ha retirado en mucha medida del mercado anunciador, contribuyendo indirecta pero grandemente con los propósitos y objetivos del gobierno.

Si las empresas tuvieran una idea aunque sea somera del daño que han producido por esa decisión quizás la revisaran. Estoy seguro que ninguna de ellas tiene una idea clara de cuán importante son en el mantenimiento del periodismo libre. Es muy posible que si FM Identidad hubiera estado bien apoyada por el sector privado interesado en mantener abierta la pluralidad de las ideas, no hubiera podido ser atropellada como lo fue. Y eso vale no solo para FM Identidad sino para muchas radios cuyos dueños, dejados de la mano de Dios, finalmente sucumben ante el ofrecimiento de una mano suculenta.

Desde aquí lamentamos lo que ocurrió con FM Identidad. Nadie sabe cuál será la siguiente. Nadie sabe cuántas radios quedarán. Hasta hace unos años ningún periodista tenía estos miedos. Las cosas podían ir mejor o peor, pero a nadie se le ocurría que podía quedar literalmente en la calle porque sus opiniones fueran críticas del gobierno. Esta es una novedad de la “década ganada”.

Ojalá las fuerzas vivas de la sociedad, entre las que se encuentra el sector privado productivo, tome conciencia de lo que ocurre con la libertad de expresión e interprete esos hechos como una circunstancia excepcional frente a la cual no se puede actuar como si se tratara de tiempos normales.

Resulta muy cierto que las empresas deben dedicarse a innovar, a invertir, a emplear gente, a desarrollar nuevos productos, a pagar buenos salarios y a cumplir sus obligaciones impositivas. Pero en tiempos donde un poder aluvional viene a llevarse puestas las voces que defienden los principios por los cuales esas empresas viven, no pueden dar vuelta la cara y hacer como que no tienen nada que ver. Es la hora de mostrar un compromiso, muchachos. Cuando todo se caiga a pedazos será muy tarde para salir a decir que a ustedes, esto, “nunca les gustó demasiado”. El momento es ahora; no cuando ya nadie pueda hablar.

Siete años de Cristina Kirchner y la instalación de una extraña contracultura

El pasado miércoles 10 se cumplieron siete años desde que la Sra de Kirchner asumió por primera vez la presidencia. Si uno tuviera que hacer un raconto de cómo está el país después de esta experiencia, los resultados no podrían ser peores. No hay prácticamente terreno en el que la Argentina no haya retrocedido y donde la vida no se haya deteriorado en este lapso.

Las relaciones internacionales, la economía, la seguridad ciudadana, la educación, la cultura cívica, el respeto público, el clima de convivencia, la paz cotidiana, la tolerancia, la violencia verbal y física, las amenazas, el nivel de libertad individual, la independencia de la justicia, el desenvolvimiento de la prensa, en fin, todo lo que conforma la realidad diaria de un país ha sufrido un retroceso notable en estos años llenos de furia y de pretensión hegemónica del ejercicio del poder.

Los aliados más importantes de la Argentina de hoy son Venezuela, Irán, China y Rusia, cuatro regímenes que, por decir lo menos, ejercen el poder sin libertad, de modo autoritario y sin que rijan las garantías constitucionales mínimas de una democracia republicana. Cuando uno contrasta esa realidad con la afirmación de la presidente electa -y aun no asumida- de que su gobierno tendría como reflejo orientador el ejemplo de Alemania, no puede menos que agarrarse la cabeza. Continuar leyendo

Caló y su tardía referencia a la inflación

La semana pasada un referente sindical cercano al gobierno, nada menos que el secretario general de la CGT oficial, Antonio Caló, se quejó de la inflación y dijo que “nos está llevando puestos a todos”-

Se trata de una toma de conciencia tardía. La inflación hace rato que nos viene llevando puestos. Todo el período de gobierno de Cristina Fernández de Kirchner, desde 2007 hasta aquí, se caracterizó por una irresponsabilidad económica de una magnitud pocas veces vista en materia de pérdida de poder adquisitivo de la moneda nacional, sólo superada por los períodos hiperinflacionarios de Alfonsín y del Menem anterior a la Convertibilidad.

Ni el derrumbe de esta última destruyó los salarios como los destruyó el cúmulo de distorsiones económicas que generó el desmanejo económico de la Presidente. Continuar leyendo

Un paso enorme hacia la civilización

La Argentina heredó de la tradición política española el Juicio de Residencia, es decir, la costumbre de juzgar a los funcionarios del poder una vez que dejan el poder. Se suponía que la institución del Juicio Político, directo descendiente del “impeachment” norteamericano, que organizó la Constitución, venía a cambiar radicalmente aquella costumbre. Sin embargo cuesta traer a la memoria caos de juicios políticos a hombres del poder. Perón lo hizo masivamente a la Corte Suprema de Justicia que le trababa su proyecto autoritario y populista, pero no hay antecedentes de remociones de presidentes mientras estuvieron ejerciendo su cargo. 

Al contrario, la “constitución material” de los argentinos -es decir, el conjunto de hábitos y costumbres de la sociedad- volvió a imponerse sobre la “constitución formal” (la jurada en Santa Fe en 1853) y rodeó de seguridades y blindajes a los funcionarios del poder mientras ejercieron el poder. Continuar leyendo

Infantilismos

¡Qué te recontra!, decíamos de chicos frente al insulto de otro. Era como un reto de guerra: “Me decís tal cosa, te digo lo mismo y más”, parecía encerrar aquella frase.

El gobierno parece estar adoptando esta actitud infantil para todo aquel que lo acusa de algo: si me denunciás por enriquecimiento ilícito, lavado de dinero y evasión impositiva, te denuncio por enriquecimiento ilícito, lavado de dinero y evasión impositiva. Es genial; es estúpido.

En la causa en la que el juez Claudio Bonadio estudia el caso de la empresa Hotesur, de propiedad de la familia presidencial, ya están acusados por los mismos delitos que el juez investiga, el propio magistrado, la denunciante y la principal testigo. Continuar leyendo

La connivencia del poder con los violentos

Anteyer, en plena tarde de Buenos Aires, en el estadio de uno de los clubes más grandes del país se produjo la irrupción de más de 120 personas, algunas encapuchadas y la mayoría portando armas blancas y manoplas, que entraron en la confitería principal para desatar una batalla campal que dejó heridos de gravedad, a otros inocentes con golpes y cortes y a todo el mundo estupefacto en medio de la hora en que muchos chicos salían del colegio del Instituto River Plate y otros de sus prácticas de divisiones inferiores.

Algunos padres debieron esconderse en el baño tratando de proteger a sus hijos y una mamá pagó caro el hecho de haber ido a buscar al suyo cuando una silla de las tantas que volaban por el aire le cortó el labio y la cara.

Pronto la Argentina deberá implementar la prohibición absoluta para entrar a los clubes de fútbol. Desde hace más de un año el país creyó que inventaba la pólvora sin humo prohibiendo la asistencia de público visitante a los partidos de fútbol, porque la creencia era que la violencia se generaba entre las barras de los distintos equipos.

La locura en la que estamos nos va demostrando que ya no estamos en presencia de un peligro entre gente de distinto color sino ante la violencia más furiosa que ahora alcanza a los que supuestamente participaban de un mismo bando.

El monumental negocio económico y de poder que se ha armado detrás del fútbol con la complicidad de los dirigentes y del Estado es de tal magnitud que ahora la guerra estalló puertas adentro de los propios clubes. Las barras se han dividido en la mayoría de ellos en busca de más poder y de más dinero. Todo ha sucedido bajo un manto de connivencia que ahora impide actuar a quienes están siendo sus propias víctimas.

En el episodio de anteayer, la información da cuenta de que en las propias instalaciones de River estaban integrantes de la llamada “barra oficial” que habían ido a retirar las entradas de favor para el partido de mañana jueves entre el local y Boca por la semifinal de la Copa Sudamericana, que la dirigencia les da para que armen su propio negocio. Son entradas que puestas luego en la reventa pasan a valer miles de pesos. Se calcula que por este partido en donde la recaudación puede alcanzar los 15 millones de pesos, la barra puede racaudar entre 1 y 2 millones. Por ese botín matan y se matan.

A ese negocio hay que sumarle el de la calle, en donde se combinan los “trapitos”, que aprietan a la gente con el estacionamiento, la droga y otras “amenidades” por el estilo.

La dirigencia no ha estado a la altura de las circunstancias, pero muchas veces apunta detalles estremecedores. D’Onofrio, el presidente de River, por ejemplo, comentaba hace algún tiempo que encontró enganchado en el parabrisas de su auto un mapa con el recorrido que hace con su nieto para llevarlo al colegio. La amenaza de la violencia actúa con impunidad.

¿De dónde deriva esa impunidad? De la inacción del Estado. Y esa inacción es sospechosa. No ha sido uno sino varios los antecedentes públicos de hechos violentos en acontecimientos políticos en donde la “mano de obra” utilizada fue la de los barrabravas. En varias filmaciones que mostraban las acciones violentas de un grupo de poder contra otro, aparecen los mismos personajes que protagonizas los desmanes en el fútbol. Venden sus servicios a gente que luego los protege.

No hace mucho tiempo el mayor experto inglés en violencia deportiva visitó la Argentina invitado por organizaciones no gubernamentales para que explicara como en Gran Bretaña habían logrado imponerse a la violencia en el fútbol. A poco de establecer un paralelo surgía una diferencia entre ambos países que cambiaba completamente el ángulo para encarar las soluciones. En Inglaterra no había connivencia política con los hooligans. Estos eran grupos de borrachos que encontraban en el fútbol una manera de descargar sus violentas emociones poniendo en riesgo la vida de los demás. Pero el dinero, la droga y el poder no estaban involucrados en la pelea. Aquí sí.

D’Onofrio ha dicho que no tiene inconvenientes en echar de River a todos los que se compruebe estuvieron involucrados en la pelea. Pero se preguntó, ¿los mantendrá luego el Estado detrás de las rejas o los soltará a las pocas horas? “Porque si es asi, van a tener que ponerme una custodia muy grande”, agregó.

Parece mentira que un país como la Argentina en donde el fútbol forma parte de su historia cultural haya arruinado un espectáculo de estas dimensiones. Que los dirigentes y, fundamentalmente, que el Estado se hayan hecho socios de la violencia, del apriete y de los negocios de un conjunto de mafiosos es una muestra más de la decadencia en la que nos hemos metido.

La gente inocente sigue viendo como todos los días le roban delante de sus narices no solo sus propiedades y sus pertenencias sino sus alegrías y los pequeños placeres de los que no hace mucho aun disfrutaba.

Se trata de un deterioro serio de nuestra manera de vivir, de los valores a los que les damos preeminencia y de una renuncia absoluta a solucionar los problemas.

Pero la gran desilusión llega cuando todos advertimos que quienes deberían ser quienes se encarguen de la solución son parte del problema; que ellos estan metidos hasta el cuello en la misma inmoralidad que la sociedad pide a gritos que se termine.

La Argentina deberá olvidarse de encarar la solución a esta violencia como un sucedáneo del fútbol. El fútbol es solo una excusa y una víctima del problema. Aquí estamos en presencia de mafias que como aquellas de las películas están detrás del dinero y del poder. Las herramientas pueden ser el alcohol, el juego o las prostitutas. Pero el problema de fondo no es el licor, los casinos o las mujeres. El problema es la connivencia del poder con los violentos.

Nadie sabe ahora cuando llegará la respuesta de los que fueron sorprendidos ayer. Como en las historias de la mafia, se dice que hubo un soplón; alguien que pasó el dato de la presencia de la “barra oficial” en las instalaciones de River en la tarde de ayer. Fue el santo y seña para ir a matarlos. La Argentina estará pendiente, ahora, del siguiente santo y seña; del que marque la llegada de la próxima venganza.