El sciolismo que no osa decir su nombre

Se ha dicho con frecuencia que el fin del ciclo kirchnerista implica un marcado giro a la derecha y que la llegada al poder de Scioli -o Macri o Massa- aseguran un regreso a la época menemista. Lo cierto es que tal caracterización es fruto de una dramatización que embellece al kirchnerismo y no asimila sus características principales: la “década ganada” es la expresión de una política conservadora que tuvo como objeto principal de su programa la precarización laboral para el beneficio de la clase social gobernante -que no es otra que la que gobernó, con otros ropajes quizás, durante el menemismo. Por lo tanto, el gobierno que asuma el próximo periodo continuará el actual “modelo” con las dosis de ajuste que necesita y lo harán pagar a los sectores populares y laboriosos. De esto se desprende que el sciolismo -que es la expresión política con mayores chances de ganar las elecciones- es también un kirchnerismo.

Tal vez por eso los militantes y simpatizantes del así llamado “modelo nacional y popular” deberían desdramatizar su narrativa de “traiciones” e “intrigas palaciegas” -y deberían dejar de citar burdamente a Nicolás Maquiavelo-, cuando más tarde o más temprano -es decir, Randazzo más, Randazzo menos- iban a terminar votando por el ex motonauta que acompañó con fervor las políticas de Carlos Menem -con el mismo fervor que la acompañaran Néstor Kirchner y Cristina Fernández durante los noventa. El pacto K que lleva a Carlos Zannini -quien, si se consideró a sí mismo un “revolucionario” alguna vez, sumergió su pasado en un cofre bajo siete llaves en lo más hondo del Pacífico- es la expresión del reaseguro en los estamentos del Estado de una camarilla que se aferra al poder y a los recursos estatales.

Un ajuste que ya mismo toma la forma de un pacto: el toma y daca de la lista unificada del kirchnerismo al Ejecutivo mediante la fórmula Scioli-Zannini estipula la connivencia para una salida de pago a los fondos buitre, la pax romana en el ámbito parlamentario durante los primeros cien días de un eventual gobierno de DOS y la libertad de acción a la hora de la designación del equipo económico presidencial. De todos modos, tanto si el ministro fuera el antaño izquierdista Axel Kicillof o el pro establishment Miguel Bein -el preferido del actual gobernador bonaerense- la tarea a llevar a cabo sería la de un ajuste que se descargue sobre los hombros de la clase trabajadora, en particular, y los sectores medios, en general. La confiscación salarial, mediante los techos en las paritarias menores a la inflación, llevada adelante en el último período por Kicillof -erróneamente mentado como “marxista”- es sólo un botón de muestra de lo que se podría venir. El ajuste, paradojal, consistiría en la confiscación nacional para poder pagar al campo financiero internacional -expresado en los fondos buitre- la deuda externa y así obtener entonces financiamiento internacional -más deuda- que permitiría afrontar la quiebra financiera de la Argentina. Debería recordarse que el pago de los BODEN 2015 dejará las reservas nacionales en los niveles más bajos del ciclo K.

Culmina de este modo el periodo más falaz de la historia reciente del país, que provocó que la progresía identificara como propio al gobierno que comenzó su derrotero con una confiscación brutal de los ingresos mediante la devaluación; que generalizó el trabajo precario y la subsistencia mediante los planes y la AUH como unos logros que deberían ser ponderados (y no caracterizados como lo que realmente son: parches que permiten la sobrevida a masas ingentes en todo el territorio nacional, una política de dádivas vergonzosas que deberían ser agradecidas por los súbditos); que entregó al capital internacional recursos nacionales y reservas; que enriqueció a la misma clase social que mantiene hoy todos sus privilegios y que construyó una camarilla aferrada a los fondos estatales como pulgas a sus presas que les permitieron enriquecerse personalmente sin que el rubor llegue a sus mejillas.

Si es cierto que algunos trasnochados caracterizan a la administración K como un “proyecto reformista” sólo se puede deber a la desorientación política o a la indolencia. La continuidad de este Gobierno bien se expresa en el futuro ajuste que intentará realizar Daniel Scioli. Los chicos K -y los grandes K, claro, esos representantes de la progresía ciega- no deberían tener problema en votar al ajustador Scioli, que es ni más ni menos uno de los suyos.

La humillación como una de las Bellas Artes K

“Uno empieza por permitirse un asesinato, pronto no le dará importancia al robar, del robo pasa a la bebida y a la inobservancia del día del Señor, y se acaba por faltar a la buena educación y por dejar las cosas para el día siguiente”. Así describe Thomas de Quincey, con todo el poder del sarcasmo, al acostumbramiento que produce el crimen, a ese inusitado clima de irrealidad debido a que una costumbre falaz se convierte en norma. Tal vez algo así haya pasado por la cabeza de Florencio Randazzo durante los primeros minutos y horas desde que se enteró por medio de la televisión que ya no era más el hombre del kirchnerismo en carrera hacia el puesto presidencial en la disputa electoral de este año. Tal vez -en esos momentos arduos en los que atinó a amenazar con renunciar a su cargo como ministro para luego reunirse con la presidenta Cristina Fernández y el designado candidato a vicepresidente Carlos Zannini y después a retirarse a pensar- Randazzo haya recordado las admoniciones de aquellos que abandonaban el barco del poder K, que repetidamente aludían a un estado de humillación permanente por parte de sus capitanes presidenciales. Y se haya visto reflejado en un espejo. El del acostumbramiento a la humillación que describía De Quincey. Continuar leyendo

La mentira como método kirchnerista

En el cuento “La salud de los enfermos”, de Julio Cortázar, se narra una historia en la que la mentira y la ocultación se transforman en el eje de la intervención de sus protagonistas. El hijo de una mujer débil y enferma muere y su familia decide preservarla de esa información simulando una correspondencia del hijo fallecido en un accidente automovilístico en Montevideo. La mentira se vuelve rutina. Sus propiciadores llegan a creer que sus mentiras son verdad. Sin embargo, todos -incluso la madre enferma- saben de la falsedad del procedimiento. Se ha dicho que el cuento “Casa tomada”, del mismo autor, es una metáfora del primer peronismo. El sistema de desinformación, falsedad y mentira que desarrolló el Gobierno -a la vez que las recientes declaraciones sobre la pobreza en la Argentina por parte de la presidenta Cristina Fernández y su jefe de gabinete Aníbal Fernández- quizás propicien que el cuento “La salud de los enfermos” exprese cortazarianamente el declive del kirchnerismo.

“Hoy el índice de pobreza se ubica por debajo del 5 por ciento, y el índice de indigencia en 1,27 por ciento, lo que ha convertido a la Argentina en uno de los países más igualitarios”, se despachó la presidenta Fernández frente al auditorio de la trigésimo novena conferencia de la Oficina de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO). Con una frase, la primera mandataria borraba de un plumazo la situación crítica de vastos sectores sociales del país y, por el contrario, anunciaba ante un foro internacional que los índices argentinos superaban por mucho a los estándares de las naciones más ricas del planeta.

Las cifras en las que se basó la presidenta provienen del INDEC, el instituto estadístico nacional que fue arrasado durante la “década ganada”, según señalan trabajadores del instituto así como especialistas externos -y la percepción cotidiana de cualquier ciudadano. El INDEC miente no sólo en cuanto a las cifras de la inflación, sino en cuanto a los índices más generales de existencia de la sociedad argentina. La UCA y su observatorio estadístico plantean que la pobreza en el país se encuentra en el 27,5%. Si la fatalidad de todos estos años hiciera que un miembro del oficialismo desdeñara esas cifras debido a que no salen de usinas del “campo nacional y popular”, habría que señalar que el instituto CIFRA, de la CTA hiperkirchnerista dirigida por Saúl Yasky, estima que la pobreza en el país se ubica en el 17,8%. Incluso las cifras del Censo nacional de 2010 -realizado por el mismo Indec de la mentira- señalaban que el 12,5% de la población tenía las necesidades básicas insatisfechas.

La muerte por desnutrición de niños en Chaco y Salta -como el caso del niño qom Néstor Fermenia, de 7 años, o los casos que conmovieron a Salta y que fueron conocidos por la circulación mediática que tuvieron- sumada a los crecientes índices de hambre en las provincias del noroeste y del noreste del país deberían bastar como muestra del creciente déficit en los índices sociales. También habría que plantear que las cifras oficiales del Estado revelan que más de la mitad de la población laboral activa gana menos de cinco mil pesos al mes, cuando la canasta familiar se estima en alrededor de 14 mil pesos. Este fue el objetivo que se pusieron los obreros aceiteros que, con el paro activo de 25 días, no sólo lograron cumplir su objetivo de que el salario sea igual al costo de la canasta familiar, sino que perforaron el techo salarial que quería imponer el gobierno antiobrero de Cristina Fernández y su ministro Axel Kicillof, de malsanas pretensiones progresistas.

Aníbal Fernández profundizó la mentira y aseveró que la Argentina tenía menores índices que pobreza que Alemania. “¿Alguien levantó la mano para decirle que no era cierto el dato? ¿Alguien levantó la mano para decir que no está de acuerdo con la presidenta?”, dijo el jefe de gabinete refiriéndose a la conferencia de la FAO, en la expectativa de que alguno de sus miembros se hubiera levantado para interrumpir el discurso de una jefa de gobierno extranjera para señalarle la impostura. “Países como Alemania no la están pasando bien, aunque no lo quieran creer”, dijo Fernández, el ministro. “¿Pero vos decís que tenemos menos pobreza que Alemania?”, preguntó, sorprendido, el periodista. “Y sí, aunque no te guste”. Una exacerbación de irrealidad, un caldo en el que se cuecen solos los kirchneristas.

El cuento de Cortázar es trágico y se limita al ámbito íntimo de una familia en una situación tremenda. El Gobierno nacional lo amplía a una gestión estatal y sus adláteres creen ese festival de las mentiras. Alguien dijo alguna vez que “ser kirchnerista no te mata, pero te deja pelotudo para siempre”. Es hora otra vez de recordarlo. También es pertinente recordar que en 1789 los reyes franceses vivían en otro mundo de irrealidad impulsado por ellos mismos, a tal punto que María Antonieta, ante las manifestaciones de las masas hambrientas, sugería: “Si no hay pan, que les den pasteles”. La irrealidad y la mentira en la historia. Con los riesgos que ella implica.

Cómo se gestó esta convocatoria

“Y pusimos la fecha del 3 de junio porque pensamos que si largábamos la convocatoria enseguida no íbamos a enganchar a nadie para que nos acompañe”, recuerda una de ellas mientras sirve un vaso de coca light a una de sus compañeras. Es domingo y es la última reunión previa a la movilización por #NiUnaMenos que se convirtió en un fenómeno social inédito. Un grupo de periodistas -este grupo de periodistas reunido esta tarde- había comenzado a tuitear sobre la violencia de género al calor de la conmoción del asesinato de Chiara Páez, una niña de 14 años, presuntamente realizado por varios integrantes de la familia de su novio debido a que estaba embarazada. “¿No vamos a hacer nada?”, fue la pregunta que una de ellas se realizó. E hicieron.  Continuar leyendo

Los impostores del #NiUnaMenos

Todos los conocemos. Forman parte de cierto grupo de personas que no teme hacer demostración pública de impudicia. Son impulsores de derrumbes morales cotidianos y perdieron la capacidad del rubor. Estos días están dando vueltas por toda la web. Realizando manifestaciones políticas. Posaron frente a algunas cámaras fotográficas. Sostuvieron carteles manuscritos convocando a una marcha. Pronunciaron entonces la consigna: “Ni una menos”. Mantuvieron los ojos abiertos ante el flash. Luego volvieron a los despachos estatales donde se dan cita los cómplices del femicidio y la represión. Sergio Berni, Aníbal Fernández y la Policía Metropolitana son algunos de los impostores del #NiUnaMenos, quienes de repente no sólo parecen haber adquirido consciencia de los derechos de la mujer, sino que querrían que se los esterilice de las responsabilidades que poseen en este estado de las cosas.

Una mujer en Mendoza denuncia a su marido varias veces por violencia en la comisaría. La Policía cita al marido pero lo deja en libertad. La mujer decide irse de la casa. Mientras realiza la mudanza, el hombre ingresa en el lugar, llega hasta la cocina, ve a la mujer y comienza a apuñalarla. Se retira, pero al irse comprueba que María del Carmen Saldaño sigue respirando, entonces Oscar Rubén Suárez regresa, culmina su tarea, y cuando comprueba que ya no respira, la abraza y dice: “Te amo”. Sucedió el 15 de mayo en el barrio de San José.

“No le sirvió de nada porque ahora salen todos a hablar pero no hizo nada la psiquiatra ni los profesionales que lo atendían, ni el juez, ni el fiscal, nadie hizo nada, se lavaron las manos, simplemente la dejaron sola”. Así caracterizó el rol del Estado en declaraciones a la prensa una amiga de María Eugenia Lanzetti, quien fuera degollada por su ex pareja Mauro Bongiovanni en un jardín de infantes, donde daba clases y delante de los niños, en Córdoba hace pocas semanas.

En el libro “Francesas”, del periodista Jean Charles Chattard y que acaba de ser presentado en Salta, se postula la tesis acerca del encubrimiento judicial -y que fue refrendado por la presidenta Cristina Fernández de Kirchner- en el caso de las turistas francesas asesinadas a tiros en 2011. Una trama estatal de desaparición de pruebas, torturas policiales, deslindamiento de la información de autopsias realizadas en Francia y sospechas sobre la plantación de los cuerpos en el lugar donde fueron encontrados. Una pista indica, según el libro, que las francesas habrían sido asesinadas luego de participar en una fiesta de los hijos del poder salteño. Mientras tanto, la presidenta había ido a Francia y entregado al entonces presidente Sarkozy las supuestas pruebas de un crimen que había sido resuelto. Todo mentira. El Estado era encubridor.

Tal como sucedió en el caso de Paulina Lebbos. Una mujer asesinada y cuyo crimen fue imposible de investigar por siete años debido a la acción del Estado. Inacción que fue comprobada por la Justicia, que ordenó que se cambiara al fiscal Albahaca -que no había avanzado en la investigación, que había desviado pistas, que había omitido pruebas- por otro equipo judicial que, siete años después, debía retomar el camino para resolver el crimen. Una pista sobre el asesinato de Paulina tenía como sujetos matadores a otros hijos del poder tucumano que habrían usado sus vínculos estatales para encubrirse.

Así como sucede en esas cuevas del crimen llamadas “whiskerías” -escudadas también bajo la fachada de boliches más sofisticados- que se nutren de la esclavización de mujeres cuyos cuerpos son convertidos en objetos destinados a la mecanización fordista del sexo pago. Mujeres llevados a los centros urbanos desde pueblos recónditos bajo la promesa de futuros laboriosos pero que se encuentran con el encierro, la retención de documentos, la violación reiterada, la desaparición de la vista de los suyos y hasta la muerte. Un negocio mafioso cuyo mayor impulsor es la policía. Una policía que también es cómplice a la hora de esconder los talleres textiles clandestinos donde familias enteras trabajan sin salidas en jornadas de dieciséis horas, entre otros crímenes policiales.

Y entonces esos representantes del Estado y la represión, de la Policía y sus negocios mafiosos, sonríen frente a cámara o simulan gestos graves mientras sostienen un cartel que dice #NiUnaMenos en una muestra de cómo se pueden traspasar todos los límites de la hipocresía.

Ellos no deben estar, y sí debemos estar todo el resto. Quienes abogamos porque cesen los femicidios; porque se realicen estadísticas oficiales y haya un registro de la violencia contra la mujer y los femicidios; porque existan fueros especiales de crímenes contra la mujer en los ámbitos civil y penal de la justicia; porque se reglamente en su totalidad la Ley de Protección Integral a las Mujeres y que se provea de fondos para su implementación; quienes planteamos que deben existir en las currículas educativas contenidos preventivos de la violencia contra la mujer; aquellos que estamos a favor de la legalización del aborto, que debe ser gratuito y, también, quienes pensamos que debe existir un ente autárquico y autónomo en el Estado que sea elegido por votación y que se ocupe de los temas de las mujeres. Debemos marchar, impedir el oportunismo de los cómplices, llenar la plaza de Congreso y todas las plazas del país el 3 de junio, hacer posible el #NiUnaMenos.

Salta, elecciones entre el pasado y el porvenir

(Desde Orán, Salta). Quizás el norte del norte de la Argentina –una región de fronteras y de atrasos, de calor subtropical, de cañaverales pero también dengue- también albergue algunas de las posibilidades más modernas. El norte de la provincia de Salta podría ejemplificar la teoría del desarrollo desigual y combinado, que plantea que en la era contemporánea formas de desarrollo y relaciones sociales diferentes pueden convivir en una misma nación. Que en un mismo espacio social convivan resquicios del pasado y fragmentos del porvenir. Tal vez las horas previas al cierre de la campaña electoral salteña en Orán así lo señalen. En Salta –la más provincia más lejana del puerto histórico pero que es también la región que más conserva raigambres históricas significativas de la Argentina- se viven fenómenos interesantes.

La provincia muestra una particularidad política que produce que los partidos tradicionales no sólo disputen entre sí, sino que lo hagan juntos contra el desarrollo del Partido Obrero (PO). Las huestes del oficialista gobernador Juan Manuel Urtubey disputan la gobernación con un disminuido Juan Carlos Romero (ambos candidatos gobernaron alternadamente la provincia durante las últimas dos décadas con políticas similares –o diferentes sólo en grado). Sin embargo, como tercera fuerza, el Partido Obrero –expresión local del Frente de Izquierda- consigue diputados y senadores provinciales, concejales y hasta en 2013 ganó las elecciones legislativas en la capital salteña. El fenómeno se percibe de manera concentrada en el departamento de Orán, sede del tradicional ingenio El Tabacal.

El Tabacal es un ingenio agrícola que emplea a dos mil obreros especializados y que es la mayor concentración operaria de la región. En agosto de 2012 sus trabajadores protagonizaron una rebelión que aún hoy se recuerda. La empresa Seaboard Corporation, dueña del ingenio, venía realizando diferentes maniobras y provocaciones para estancar la discusión paritaria y propinar un golpe definitivo al Sindicato de Trabajadores del Azúcar local. El Tabacal declaró ilegales los paros, envió 60 telegramas de despidos, y hasta impugnó a los delegados. Los trabajadores salieron a la ruta y el gobierno eligió su bando desencadenando la represión policial. Pero no esperaban la respuesta popular. Miles de personas enfrentaron durante más de cuatro horas los gases, las balas de goma y las arremetidas de la caballería. La policía se quedó sin municiones, por lo que debió retroceder arrojando piedras ante la tenacidad obrera y popular. Mientras muchos se acercaban al lugar para repudiar y resistir la represión, otros realizaban un corte en solidaridad en la entrada sur de la ciudad de Orán. Un grupo de estudiantes de enfermería, que mantuvo una guardia permanente de primeros auxilios, jugó un gran rol asistiendo a los heridos, junto con las esposas de los afectados. Después de dos semanas de lock-out, la compañía tuvo que dar marcha atrás con los 57 despidos realizados en plena discusión paritaria y reabrir la planta.

A tres años del levantamiento, el candidato a la intendencia que responde a Urtubey es también el representante legal de la Seabord Corporation. A esta candidatura y a las otras de los partidos tradicionales se le opone la de Josefa Cardozo, docente, y que postula como diputado a Samuel Huerga, un periodista cuya radio dice estar dispuesta para difundir las luchas populares. Jorge Altamira, precandidato presidencial del Frente de Izquierda, llegó para acompañar el cierre de campaña de estos candidatos. Este cronista pudo observar la intensa actividad de campaña que incluyó varias reuniones con vecinos y trabajadores, una ininterrumpida maratón de participación en programas radiales y televisivos, un almuerzo con trabajadores de El Tabacal, una caravana callejera y un cierre de campaña en un acto al que asistió más de un centenar de ciudadanos de Orán –cifra elevada para una región de estas características-. La oposición entre candidatos que representan a la principal empresa de la zona y los voceros de sus trabajadores es una muestra concentrada del estado de las cosas en la ciudad y reproduce de manera intensiva las diferentes posturas de clase que se expresan en este acto electoral política en la provincia. Este domingo hay elecciones en Salta. Políticas del pasado y propuestas para el porvenir. Tendencias que anidan en un mismo cuerpo social y que se encuentran y disputan en cada cuarto oscuro de la provincia.

¿Qué PASO en la izquierda?

El Frente de Izquierda nació en oposición a las elecciones PASO, instauradas a partir de la última ley electoral y que imponen un sistema de internas abiertas en todos los partidos, a la vez que un piso poscriptivo que debe ser superado para poder tener un lugar en las elecciones generales.

A partir de la denuncia de este sistema electoral -ya que, para la izquierda, planteaba una injerencia del Estado en la vida interna de los partidos, a la vez que una proscripción antidemocrática- los partidos que componen actualmente el FIT se dieron a la exploración de una alianza que desarollara un programa común que, a la vez, les permitiera ir unidos a las elecciones de modo tal de aunar fuerzas en pos de la superación del piso de las primarias. Continuar leyendo

El trotskismo como tercera fuerza política

Las elecciones PASO no sólo preconfiguran el mapa electoral general de las elecciones de octubre -y las provinciales que se realicen antes- sino que muestran también un fenómeno inusual en el campo político argentino. En dos de las elecciones más relevantes -las realizadas en Salta y Mendoza- las fuerzas que integran el Frente de Izquierda obtuvieron el tercer lugar entre las favorecidas por el voto de la ciudadanía en votos a cargos ejecutivos. El dato no sólo es inédito, sino que configura un fenómeno -por el momento- puramente nacional: el trotskismo (fuerza que plantea un programa anticapitalista y socialista revolucionario) en ningún otro país muestra tales resultados. Continuar leyendo

Salta, la troska: la izquierda ante una elección disruptiva

“Venga, acompáñeme a la bicicletería de a la vuelta, que con ellos en 2013 recorrimos el barrio llamando a votarlos a ustedes y ahora necesitamos materiales para volver a hacer la recorrida”, cuenta Pablo López -actual diputado nacional por el Frente de Izquierda y candidato a intendente del Partido Obrero en la ciudad de Salta- que le dijo una señora hace dos días en una visita a un barrio popular de la capital provincial. “Como nunca en una elección nos atacaron tanto desde los medios de comunicación y desde todas las facciones políticas, pero también como nunca vemos que se acercan sectores de la población a militar por nuestro voto”, dice López, que se caracteriza por su aspecto barbado, pelilargo y juvenil y la parsimonia de aquellos que no tienen drama en explicar cien veces su postura hasta que se entienda. Dentro de unos días participará de una elección de una gran importancia. Este domingo se desarrollarán las elecciones PASO en Salta. Una contienda sobre la que se posan los ojos de los analistas políticos no sólo por su relevancia nacional cuando las principales facciones en pugna expresan al kirchnerismo y al peronismo de derecha (par que podría replicar el status de la disputa de la elecciones generales de este año) sino también por el rol que tendrá la izquierda, expresada en la lista del Partido Obrero. Es decir, la elección podría ser una más de las muchas que se producirán este año, pero con un elemento “siniestro” -en el sentido desestabilizador que señalaba Sigmund Freud para la palabra y en su significado literal, ya que se sabe que el origen de la palabra va de la mano del concepto “izquierda”-.

“Me importa un carajo que me vea la patronal, nosotros vamos con el Partido Obrero”, cuenta Jorge Altamira que le dijo un obrero que, entusiasta, se le acercó a expresar su apoyo a la salida del horario laboral en el Ingenio El Tabacal, en el interior provincial. Mauricio Macri, Sergio Massa y Daniel Scioli se hicieron presentes estos días en la provincia del norte con el fin de reafirmar la tentativa de nacionalización de las elecciones. Pero también se hizo presente el candidato a presidente del Frente de Izquierda Altamira para ayudar a desmantelar esta operación. Frente a la disputa entre dos fracciones del régimen oligárquico que gobierna Salta desde hace décadas, la lista del PO se presenta como el factor disruptivo, que rompe la previsibilidad del ejercicio electoral. “Creemos que hemos quebrado el intento de polarización al menos en la capital de Salta y que por eso Pablo López estará disputando el segundo lugar en la votación a intendente”, explica Altamira. En Salta, las PASO dirimen internas sangrientas entre los partidos tradicionales. Por caso, las listas que llevan la candidatura de Urtubey a la reelección suman más de 50. El mapa político de las PASO salteñas podría resultar macondiano, inverosímil. Libres del Sur -la agrupación que hace unos años fuera guevarista y que tiene como referentes a Victoria Donda y Humberto Tumini- apoya en la provincia al kirchnerista Urtubey, hombre de silicio y Opus Dei y miembro de una casta oligárquica tradicional desde hace siglos. Por el contrario, el Movimiento Evita -que se postula como la izquierda kirchnerista- apoya al tándem Juan Carlos Romero como gobernador, Alfredo Olmedo como vice, una expresión de la más rancia derecha reaccionaria, alianza del PJ con el PRO. “Superar las PASO con una votación que quiebre la polarización nos llevará a un escenario distinto para las generales de mayo”, indica Altamira. En 2013, en la capital salteña el PO obtuvo en las PASO un 16% de los votos. Luego dio el cimbronazo y sacó el 29%, casi duplicando su elección.

“El partido ha crecido exponencialmente”, dice Claudio del Pla, candidato a gobernador por el PO. El referente indiscutido del trotskismo en la provincia explica que el voto al PO expresa la elección por una alternativa al régimen oligárquico que disputan las dos facciones mayoritarias. “Por eso esta campaña fue la más dura en cuanto a los ataques de todos lados: nos identifican como la alternativa de transformación y nos atacan para obturar esa perspectiva”, especula Del Pla. “Es importante el salto cualitativo de esa campaña contra el Partido Obrero -explica Altamira-. Dicen todo el tiempo: ‘Ellos no pueden gobernar’. Pero esa postulación implica que se está discutiendo la posibilidad de gobierno del PO. Que se discuta en la población salteña cómo podríamos gobernar fácticamente nosotros es un hecho revolucionario”.

“No, no son actores, son testimonios reales de la gente que nos votó”, contesta Pablo López. Los spots de campaña que se vieron en la televisión salteña muestran -además de un spot animado en el que se postula: ‘con el Partido Obrero, el pueblo llega al poder’- a jóvenes estudiantes, señoras en la puerta de sus casas, mujeres trabajadoras, un hombre en su moto, testimonios de los votantes del trotskismo en la ciudad de Salta. “Con vos, podemos”, es el slogan de la campaña, que remite al “Sí, podemos”, de Barack Obama en su primera elección triunfante. “Las encuestas nos ubican disputando el segundo lugar en la elección a la intendencia -dice López-. En las recorridas por los barrios, por las fábricas, en las universidades se percibe esa tendencia. Un sector muy importante se plantea cambiar el régimen político que ha gobernado las últimas décadas, un régimen privatizador de los servicios municipales y al servicio de los sojeros, los dueños de las petroleras y las mineras. La población ha visto nuestro programa y un sector muy fuerte apuesta a eso”. El domingo hay elecciones en Salta. La izquierda espera superar las PASO con una buena performance y entonces luego ir con todo para que en las elecciones generales se vuelva a popularizar el mote que les quedó impreso desde 2013. Para que vuelva a estar en boca de todos una sencilla pero significativa frase: “Salta, la troska”. 

Corriendo el velo de la inequidad kirchnerista

La geografía social de la nación experimentó este martes un formidable paro general: se trató de la más potente medida de fuerza realizada durante todo el ciclo kirchnerista. El centro reivindicativo de la protesta estuvo enfocado en el rechazo a la aplicación del impuesto a las ganancias sobre los salarios de trabajadores, eje que dio lugar a una falaz polémica que intentó enlodar al paro por parte de los voceros del oficialismo. Todo paro implica una disputa. Se trata de una de las expresiones de la lucha de clases más intensas, allí donde un sector social subalterno invierte el orden cotidiano y, para eso, se enfrenta a sus salvaguardadores: el Estado y sus patrones. Se trata de una disputa física y, también, discursiva.

El paro corre ciertos velos y pone al descubierto las desigualdades que encubre el concepto de la democracia. No es cierto que todos los ciudadanos tengamos el mismo rango ya que la base íntima del orden actual es la desigualdad. El Estado y sus leyes responden a los intereses del grupo social dominante y contra esa perversión sistémica es que el paro actúa como resguardo de derechos y como promotor de avances en las condiciones de existencia de los sectores subordinados. El paro es la decisión colectiva de esa defensa y de ese avance. Los trabajadores organizan el uso de la fuerza en una así llamada medida de fuerza para que su decisión se cumpla en medio de condiciones sistémicas desfavorables.

Aluar, Acindar, Fate, las grandes fábricas gráficas, seccionales enteras de la UOM, el cordón industrial de San Lorenzo en Santa Fe, los trabajadores aceiteros, los trabajadores del subte, papeleros, los profesores universitarios, los obreros de la alimentación se sumaron a la proposición inicial de los trabajadores del transporte que propusieron paralizar el país en defensa de sus salarios y derechos, a los camioneros, conductores de colectivos, aeronavegantes y portuarios. Más de diez millones de trabajadores en la Argentina realizaron la medida de fuerza y un sector de estos trabajadores construyó los piquetes del paro general.

La convocatoria del paro fue realizada por burócratas sindicales como Hugo Moyano, Luis Barrionuevo e incluso el Momo Venegas. Sin embargo, el paro fue de toda la clase obrera. Sólo así se puede caracterizar la gran adhesión concitada, sobre todo en sectores no pertenecientes a los gremios que convocaban a la huelga. No se trata solamente de la lucha contra el impuesto a las ganancias, sino del impulso multitudinario a la reversión de un estado de precarización, trabajo en negro, tercerización y salarios de hambre que forman la actualidad de la clase trabajadora argentina. Cifras oficiales del dudoso INDEC señalan que el 34 por ciento de la población laboral trabaja en negro -y si se le suman tercerizados y monotributistas se llega al 50 por ciento-. La misma mitad de la Argentina que gana menos de cinco mil pesos de salario. Un estado de cosas imposible de soportar.

La argucia falaz de los kirchneristas consistía en decir: “Paran por los sectores privilegiados, por los que más ganan y no por los que ganan cinco mil pesos, por los que no tienen trabajo, por los receptores de planes sociales, por el pueblo pobre”. Su discurso ponía al descubierto el fracaso de la década kirchnerista y, en su cinismo, querían usar ese fracaso para atacar el justo reclamo de que no se graven los salarios de los trabajadores, a la vez que encubrían la inacción del sindicalismo kirchnerista, convertido en un vergonzoso felpudo del poder. El “impuesto a las ganancias” fue impuesto para evitar el fraude impositivo de empresarios que se hacían pasar por trabajadores con salarios descomunales. Hoy, kirchnerismo mediante, lo pagan incluso los docentes, los colectiveros, un obrero gráfico que hace horas extras. Que estos sectores lo paguen es consecuencia de una inequidad que caracteriza como ganancia al salario. Una injusticia propia de los conservadores históricos.

Igual de conservadores fueron los dichos de la presidenta Cristina Fernández en respuesta de este escenario. “Hacen un paro porque tal vez tengan que dar un poquito de su sueldo para otros compañeros, jubilados, para hacer redes cloacales. Como dijo Evita, le tengo más miedo al frío de los corazones de los compañeros que se olvidan de dónde vinieron, que al de los oligarcas”. De un plumazo, los docentes, colectiveros y gráficos que pagan el impuesto a las ganancias no sólo debían contribuir con sus salarios a compensar las falencias del Estado -en lugar de arrancárselas al capital financiero o a Chevron- sino que además esos trabajadores se convertían por hacer paro en seres peores que los oligarcas. Frente al descomunal éxito del paro general, la presidenta Fernández ofrecíó una muestra sideral de cinismo.