Escenas de la degradación política

5. Es una norma histórica que, llegado el fin de ciclo de un régimen -o de cierto tipo de Gobiernos-, sus líderes y sus miembros actúen desprovistos de cualquier hilo que los una con la realidad. Que ingresen en una etapa de anomia cercana a la locura institucional. Los próximos últimos meses del kirchnerismo tal como lo conocemos podrían cumplir con esta consigna, si tomamos los acontecimientos de estos últimos días, que señalan, además, la culminación irreversible de una etapa.

4. El jueves la presidente Cristina Fernández realizó una cadena nacional en la que anunció que el cadáver tibio de Ariel Velásquez -el joven radical baleado la jornada previa a las PASO del 9 de agosto en circunstancias no aclaradas y que había muerto el día anterior al discurso presidencial- no era un militante radical, como se había anunciado, sino un miembro de la agrupación Tupac Amaru, liderada por Milagro Sala. “Cuando estaba entrando acá, estaban las pantallas de la televisión diciendo que un militante radical había sido asesinado en Jujuy -dice la transcripción oficial del discurso de Fernández. Obviamente, le echaban la culpa a una organización, la Tupac, que lidera Milagro Sala, y tengo acá lo que me acercó… De resultas que el militante radical no era radical, sino que nos acercaron la certificación del Juzgado Electoral de Jujuy, la persona muerta… ‘Certificación. Poder Judicial de la Nación. El que suscribe, secretario electoral de la nación, distrito Jujuy, Juan Chañi, certifica en cuanto hubiese derecho que el ciudadano Jorge Ariel Velázquez -el chico, pobrecito, que mataron de un tiro- se encuentra afiliado al Partido por la Soberanía Popular’. Este es el certificado. ¿Saben de quién es el Partido por la Soberanía Popular? Es el que lidera Milagro Sala y que pertenece a Unidos y Organizados. Este chico iba además al colegio que pertenece a esta organización. […] Acá tienen, el pibe, el pobre compañerito, iba a la escuela que fundó Milagro Sala, la Tupac. Acá la solicitud, acá está el emblema de la organización del partido, acá están las notas del chico, pobrecito”. Continuar leyendo

La elección de la izquierda y su interna

Una de las sorpresas de las elecciones PASO fue que el Frente de Izquierda (FIT) -al cerrar estas líneas- empataba con Progresistas, que postula a Margarita Stolbizer, en la pelea por ser la cuarta fuerza nacional. (Debe señalarse, sin embargo, que varias de las afirmaciones que se realizan en este intento apresurado de balance tienen un carácter provisorio, ya que los datos de la estratégica provincia de Buenos Aires tardaban asombrosamente en ser cargados). Tanto al convertirse el FIT en la cuarta fuerza como no, estaríamos en presencia de un fenómeno que confirma el ascenso de la izquierda en la Argentina. La otra sorpresa, es que el candidato Nicolás del Caño estaría ganando el comicio interno a Jorge Altamira y sería el candidato a la presidencia del FIT en octubre.

Las elecciones para cargos ejecutivos suelen ser más “conservadoras” por parte de los votantes, ya que se trata de elegir, según el imaginario social, a quienes se encargarán de la administración práctica del gobierno. El cuerpo social actúa de manera diferente que en las elecciones legislativas, en las que la intención de control de los gobernantes, por ejemplo, podría llevar a decisiones electorales más audaces. En esta elección, las fuerzas de la así llamada “izquierda anticapitalista y revolucionaria”, agrupadas en una coalición, crecieron un cincuenta por ciento respecto de las PASO de 2011 y, en ciertos distritos, como en la ciudad de Buenos Aires, superaron la votación de las PASO de 2013 (que tuvieron ese carácter menos condicionado).

Los resultados generales ubican al FIT como uno de los sectores que podría incrementar su bancada parlamentaria -en las legislaturas nacionales, provinciales y concejos deliberantes- si mejora esta elección en la ciudad de Buenos Aires, en provincia de Buenos Aires, Córdoba y Mendoza. Un crecimiento que parece muy probable ya que el resto de la izquierda no participará de las elecciones de octubre. La presunta atomización de la izquierda fue desmentida con esta votación, ya que el resto de la izquierda que gusta de llamarse clasista obtuvo votaciones marginales y no superó el piso del 1,5%. Salvo el extraño caso de Luis Zamora en la ciudad de Buenos Aires, un candidato al que se identifica como de izquierda -a pesar de que Zamora mismo sea reacio a definirse de ese modo- y que apunta a cierto voto protesta, a ciertos límites “democratizantes” o a la pulsión del mito. Salvo esta figura -que presentó lista corta a diputados en CABA solamente- se puede afirmar que la inmensa mayoría del voto de izquierda se concentró en el FIT.

El término “democratizante” se refiere a cierta adaptación de organizaciones que se reclaman de izquierda al estado actual de las cosas, a la matriz estratégica del régimen de gobierno imperante. Esta cualidad se distingue de aquella que ostentan los grupos políticos llamados “revolucionarios”, los cuales plantean la superación del régimen del capital mendiante su sustitución por un gobierno de los trabajadores. Zamora adquirió el halo que prodiga el mito cuando, en medio de la crisis de 2001, se presentó como un reformador honesto, que prometía cambiarlo todo en una confluencia de asambleísmo horizontalista sin dirección política -con dejos de Holloway, Negri y la guerrilla zapatista- con un trabajo personalista en las instituciones legislativas del Estado. El peso del mito produce que se recuerde el halo y no el fracaso rotundo de esa experiencia, cuando los nueve legisladores porteños que se sumaron a la legislatura de la mano de Zamora en 2003 estallaron en un tendal de minibloques personales al poco tiempo de estrenar sus curules. El prestigio de Zamora aparece intacto, no ya para una experiencia revolucionaria como la que reivindicó en los años ochenta, sino para el mejoramiento del régimen democrático basado en el romántico proyecto de pensarlo todo de nuevo.

La perduración del ascenso del FIT se produjo a la par de la primera interna que enfrentaba a los partidos que lo componen. De un lado se encontraba la Lista Unidad, que postulaba a Jorge Altamira a la presidencia y a Juan Carlos Giordano a la vicepresidencia; del otro la lista Renovar y Fortalecer, que postulaba a Nicolás del Caño y Myriam Bregman, respectivamente. La victoria de Del Caño fue una sorpresa, ya que el PTS, partido que sostenía tal candidatura, no sólo no tiene militancia en varias provincias donde ganó, sino que su influencia política y organizativa es menor que la de sus contendientes -en particular el Partido Obrero, que es reconocida como la fuerza más importante de la izquierda argentina.

La campaña de Del Caño se basó en la “necesidad de renovar” el FIT, en la consigna de que los diputados “ganen como un maestro” y en el señalamiento de la juventud de Del Caño frente a Altamira. Las consignas podrían ser llamadas “democratizantes”, en el sentido antes explicado. Como muestra, valga señalar que el legislador Gustavo Vera, quien además de ser un impulsor de las denuncias de trata y narcotráfico es un hombre ligado al Vaticano y a los sectores sindicales del moyanismo, hace gala de que dona el excedente de su salario legislativo al de su sueldo como docente a diferentes instituciones y ONGs. Esa consigna le valió que se lo tildara como “el último romántico”, mote que Del Caño aceptó cuando el noticiero Telenoche lo presentó así. Se podría bucear en las estrategias del partido Podemos de España para encontrar las similitudes con la consigna a secas de “renovación” -se debe recordar que el FIT tiene 4 años-, que tienen parecido también con planteos limitados políticamente: la renovación porque sí es una consigna dirigida a un sector atrasado de la sociedad en su conciencia, aunque pueda tener simpatías por la izquierda. La “renovación” así planteada se opone a la idea socialista de un partido caudillo de los cambios revolucionarios. Las consignas principales de la campaña de Del Caño buscaban apelar a esa franja poblacional que se podía entusiasmar sin cuestionar al régimen imperante por las candidaturas.

Por el contrario, la lista Unidad tuvo como eje denunciar el ajuste por venir, la devaluación, los tarifazos y el trabajo precario, y planteó que la crisis la debían pagar los capitalistas. Para ello planteó que el FIT debía avanzar hacia un polo que agrupe a los luchadores bajo el programa de un gobierno de los trabajadores.

El triunfo de Del Caño podría atribuirse, entonces, a que la tendencia al giro a la izquierda de cierto sector de la sociedad entroncó con los planteos democratizantes de la campaña de su lista, que llegaron incluso a provincias sin trabajo militante del PTS mediante su política de comunicación. Su planteo encontró simpatía en capas poblacionales que pueden adherir a la izquierda, pero no a sus planteos más de avanzada. Este hecho señala, también, cierto estado de conciencia de este sector social, que encuentra comodidad en un discurso “democrático” y no en uno “revolucionario”, por el momento.

La postulación de Del Caño había sido difundida mediante una potente campaña de comunicación que no sólo aprovechó los espacios gratuitos de televisión, sino que también usó de manera notable las redes sociales como medio para esparcir sus consignas -debe destacarse, del lado de la lista Unidad, que los spots realizados por el grupo Plaza Miserere (el de la nave de La Guerra de las Galaxias, la animación de Los Tres Chiflados o el tarantinesco spot a favor de Pitrola en la provincia) merecerían ganar premios a la comunicación política del más alto nivel. De cualquier forma, el aspecto comunicacional de la lista de Del Caño fue superior.

La lista Unidad se equivocó al negarse a realizar un debate público y masivo con el sector de Del Caño. Su negativa se explicaba en la necesidad de no enfrentarse con los socios de la coalición y destinar esos esfuerzos al enfrentamiento con los candidatos tradicionales. Sin embargo, la disputa entre esos socios era perceptible, y eso no afectó, como se vio al principio de este balance provisorio, la performance de la alianza. La clarificación de las dos posiciones políticas, de raigambre profunda, tal vez podría haber sido beneficiosa para afianzar uno u otro carácter del FIT. El candidato a presidente de la coalición sería Del Caño, mientras que la lista Unidad encabezará tres de los cuatro distritos que tienen posibilidades de consagrar diputados nacionales. Este es el marco en el cual el FIT deberá afrontar el camino promisorio de las elecciones de octubre.

Elecciones: idus de marzo de los trabajadores

Los idus de marzo de los que la clase obrera debería prevenirse están llegando. Todo indica que el próximo período estará marcado por los tarifazos, la devaluación, ataques al salario y, en suma, una crisis económica de gran envergadura que querrá ser resuelta por el próximo Gobierno a través del ajuste. Ante este panorama, las elecciones presidenciales que se vienen adquieren gran importancia. Según el modo de votar de los trabajadores, se planteará una perspectiva política para el período.

Las variantes mayoritarias son favorables a que el ajuste sea pagado por los sectores laboriosos. Tanto los posibles Gobiernos de Daniel Scioli como de Mauricio Macri -o también Sergio Massa, que cada vez más se aleja del mote de “presidenciable”- serán los que implementen este plan de ajuste, obligatoriamente -y porque está en su naturaleza de Gobiernos de la clase social de los empresarios. ¿En qué estado se encuentran los trabajadores y cuáles son sus perspectivas? Ciertos episodios podrían dar un pantallazo de una semblanza en ese sentido. Continuar leyendo

Syriza y la traición de la progresía

“Tengo casi 58 años de militancia y nunca he visto una traición tan profunda a un pueblo entero”. Esas fueron las palabras que pronunció el académico izquierdista estadounidense James Petras -un sociólogo que siempre intentó ligar su actividad académica y de divulgación a las luchas antiimperialistas alrededor del mundo- cuando evaluó la firma del pacto entre Alexis Tsipras, primer ministro griego elegido por el partido Syriza y el eurogrupo, uno de los sostenes de la Troika. Tsipras acababa de doblegarse y rubricar un acuerdo que plantea un ajuste brutal sobre las masas griegas, que incluye la privatización de sus puertos y sus centrales eléctricas -proceso de privatización supervisado por un ente supranacional-, el congelamiento de las pensiones hasta 2021, la reforma de los convenios colectivos de trabajo y el aumento del IVA, que es, como sabe todo el mundo, un impuesto regresivo. Todo este paquete de rango colonial se produjo para que Grecia intente pagar una deuda impagable con los organismos bancarios europeos. De ese modo, el líder del aparentemente progresista partido Syriza, Alexis Tsipras -que acababa de refrendar la negativa del pueblo griego al ajuste mediante un referendo demoledor-, traicionaba ese mandato y entregaba a Grecia de pies y manos a la Troika.

Había sido una rebelión popular. El plebiscito que preguntaba si debía aceptarse el ajuste promovido por el establishment europeo había sido taxativo: un 62 % se había pronunciado por el “no”, por el “oxi”, tal como figuraba en las boletas impresas en lengua griega. Se había tratado de una dura batalla de clases: los partidos de derecha y los sectores privilegiados del país heleno habían hecho campaña por el “sí”. Y perdieron. La rebelión popular expresada en las urnas había vencido. Luego Tsipras traicionó, pero no para rescatar a Grecia de la crisis, sino para rescatar al capital europeo de la crisis griega, que es tan solo una expresión de la crisis capitalista mundial más general. Continuar leyendo

Retrato con piano de la progresía

En referencia a una fotografía de tres campesinos alemanes con traje y bastón dirigiéndose hacia una fiesta a principios del siglo XX, el escritor John Berger señala: “Hay en esta imagen tanta información como en las páginas de un maestro de la descripción de la talla de Zola”. Quizás se pueda decir algo similar acerca de toda la información acumulada en la foto que da cuenta de la cena -y luego show íntimo- que compartieron el miércoles por la noche el cantante Fito Páez y los candidatos a gobernador y vicegobernador de la provincia de Buenos Aires por el Frente para la Victoria Aníbal Fernández y Martín Sabatella. Una imagen de la decadencia, se podría agregar.

Fernández, Sabatella y sus parejas reposan los codos sobre la cola del piano en el que toca y canta Páez. Hay también una botella de vino y copas de vino y de champagne, un iphone, un cenicero. Los invitados al show de Páez hacen coros, el candidato a gobernador saca una foto con su celular. Todos están felices.

Aníbal Fernández tuvo responsabilidad en la masacre de Avellaneda ocurrida el 26 de junio de 2002, según denuncian los sobrevivientes, las organizaciones políticas y los familiares de las víctimas. Ese día, un operativo estatal se llevó adelante sobre una protesta piquetera que cortaba el puente Pueyrredón y, de manera planificada, se desató un operativo represivo que dejó decenas de heridos con balas de plomo, contusos y damnificados, y acabó con la vida de Darío Santillán y Maximiliano Kosteki, militantes del Movimiento de Trabajadores Desocupados (que luego se llamaría Frente Popular Darío Santillán).

Fernández era secretario general de la Presidencia del Gobierno de Eduardo Duhalde y apenas producida la masacre fue el encargado de llamar a las agencias de noticias y las redacciones periodísticas para intentar instalar la versión de que los piqueteros se habían matado entre ellos. Con esta acción, el Gobierno de Duhalde intentaba cerrar el período de movilizaciones que se había abierto a fines de 2001 y que había terminado con el Gobierno de De la Rúa; trataba de instalar la paz social en medio de la devaluación a través de un giro derechista.

La movilización popular rechazando la represión y la muerte impidió el éxito de Duhalde y, por el contrario, lo obligó a anunciar el llamado a elecciones. Luego de la cacería que se había producido en el puente Pueyrredón y justificando la represión que se cobró vidas y dejó un tendal de heridos, Fernández declaraba ante la prensa: “Nosotros conocíamos desde hace 20 días que iba a suceder una cosa de estas características, porque nos habían hecho los comentarios y sabíamos que se iba a organizaba para el 22 y 23, en el estadio Gatica de Villa Domínico, una asamblea de piqueteros en la que se iban a discutir los cursos a seguir. En esa asamblea se habló de lucha armada; en esa asamblea se definió lo que ellos llaman un plan de lucha, que no es otra cosa que un cronograma de hostilidades”. Los familiares de Kosteki y Santillán demandan que sea juzgado para determinar sus responsabilidades políticas en la masacre.

Aníbal Fernández era el responsable de las fuerzas de seguridad cuando sicarios organizados por la dirección sindical ferroviaria, que revestía en el kirchnerismo, asesinó a los tiros al dirigente del Partido Obrero (PO) Mariano Ferreyra el 20 de octubre de 2010. Como consecuencia del ataque, la también militante del PO Elsa Rodríguez sufrió una herida de bala en la cabeza que le produjo consecuencias que aún hoy combate. Según determinó la Justicia, la policía liberó la zona para que los asesinos actuaran y por eso condenó a prisión a los responsables policiales del hecho. Sin embargo, apenas ocurrido el homicidio, Fernández salió a defender a sus subordinados. “La policía hizo lo que tenía que hacer”, afirmó en esa oportunidad. El fallo de la Justicia resignificaría esas palabras.

Aníbal Fernández es un típico barón del conurbano que, con una cultivada imagen de vivillo y el oficioso accionar de las mieles del kirchnerismo, quisiera inocularse las supuestas virtudes del progresismo. Sin embargo, no se debería olvidar que estuvo prófugo de la Justicia cuando fue denunciado por malversación de fondos mientras era intendente de Quilmes -muchos aseguran que se escapó del edificio comunal escondido en el baúl de un auto, cual si fuera un delincuente común. En la foto se lo ve acompañar, sonriente, la canción de Fito Páez.

Martín Sabatella se postulaba como la pata izquierda del proyecto kirchnerista. Ex militante del estalinista Partido Comunista Argentino, Sabatella fue intendente de Morón, municipio que llegó a gobernar bajo un discurso de renovación generacional y política. En 2011 escribía en su cuenta de Twitter: “La absolución de Menem le genera a Scioli tanta alegría como a nosotros bronca”. Y agregaba en un comunicado: “Para Scioli, Menem es quien le abrió las puertas de la política nacional y quien lo posicionó dentro del peronismo”. Otra vez en la red social de los 140 caracteres, escribía ese mismo año: “La gente puede cambiar, pero Amado Boudou es un alumno de la escuela ultraliberal del CEMA y Aníbal Fernández es un paso hacia el pejotismo”. Hoy es candidato a vicegobernador del pejotista Fernández y forma parte de las listas que postulan a Daniel Scioli como presidente.

Sin embargo, el tuit que fuera generado como un análisis crítico de Fernández puede leerse hoy como la claudicación de la progresía y su fracaso como proyecto político. Si Nuevo Encuentro, el partido de Sabatella, se formó en la oposición a los barones del conurbano, ya las elecciones pasadas conformó listas unitarias en el PJ del barón represivo Raúl Otacehé y hoy forma parte de esas mismas listas con inusitado entusiasmo. Si el proyecto progresista de UNEN fracasó en la dispersión y el disgregamiento, la pata progresista del proyecto K fue cooptada sin ambages por el conservadurismo esencial de esa opción política.

Rodolfo “Fito” Páez es un artista popular que manifiesta con el convite a los candidatos la adhesión de la progresía -encerrada en la jaula que ella misma construyó-, a lo más conservador del proyecto kirchnerista, expresado en un hombre dudoso, de responsabilidades presuntamente criminales y su lacayo de turno, acomodado al cargo de vice. Como varios otros artistas cooptados no solo por el canto de sirenas de las políticas simbólicas que bajan cuadros -y elevan a cargos de conducción militar a Milani-, también por profusos contratos estatales, Páez votará no únicamente por Fernández, sino también por Scioli, un hombre que hasta ayer era repudiado por los progres. Un repudio que sigue compartiendo con Fernández de parte de los sectores que no abandonan la coherencia de su pensamiento político. “A Aníbal lo seguiremos denunciando por ser tan hijo de su madre y ser responsable de la masacre de Avellaneda. Él es culpable y eso no va a cambiar por más que algunos bólidos lo defiendan”, escribió en la red social Facebook Vanina Kosteki, hermana del asesinado Darío, luego de que circulara la foto de Páez con Fernández y Sabatella.

Sin embargo, como señalaba Berger en su libro Mirar acerca de la foto de los campesinos alemanes, todo elemento de la imagen es significativo. No es menor que detrás de Páez, al fondo, se pueda ver, en el rellano de la puerta de la cocina, a dos empleadas domésticas uniformadas. Espectadoras y no parte de la fiesta. Convidadas de piedra a una celebración ajena. Parte del equipo de Páez para entretener -como hacían los bufones con el poder en el medioevo- a los nuevos detentores de los asuntos estatales, las empleadas domésticas expresan el mismo lugar que ocupó la clase trabajadora en estos años de kirchnerismo.

El sciolismo que no osa decir su nombre

Se ha dicho con frecuencia que el fin del ciclo kirchnerista implica un marcado giro a la derecha y que la llegada al poder de Scioli -o Macri o Massa- aseguran un regreso a la época menemista. Lo cierto es que tal caracterización es fruto de una dramatización que embellece al kirchnerismo y no asimila sus características principales: la “década ganada” es la expresión de una política conservadora que tuvo como objeto principal de su programa la precarización laboral para el beneficio de la clase social gobernante -que no es otra que la que gobernó, con otros ropajes quizás, durante el menemismo. Por lo tanto, el gobierno que asuma el próximo periodo continuará el actual “modelo” con las dosis de ajuste que necesita y lo harán pagar a los sectores populares y laboriosos. De esto se desprende que el sciolismo -que es la expresión política con mayores chances de ganar las elecciones- es también un kirchnerismo.

Tal vez por eso los militantes y simpatizantes del así llamado “modelo nacional y popular” deberían desdramatizar su narrativa de “traiciones” e “intrigas palaciegas” -y deberían dejar de citar burdamente a Nicolás Maquiavelo-, cuando más tarde o más temprano -es decir, Randazzo más, Randazzo menos- iban a terminar votando por el ex motonauta que acompañó con fervor las políticas de Carlos Menem -con el mismo fervor que la acompañaran Néstor Kirchner y Cristina Fernández durante los noventa. El pacto K que lleva a Carlos Zannini -quien, si se consideró a sí mismo un “revolucionario” alguna vez, sumergió su pasado en un cofre bajo siete llaves en lo más hondo del Pacífico- es la expresión del reaseguro en los estamentos del Estado de una camarilla que se aferra al poder y a los recursos estatales.

Un ajuste que ya mismo toma la forma de un pacto: el toma y daca de la lista unificada del kirchnerismo al Ejecutivo mediante la fórmula Scioli-Zannini estipula la connivencia para una salida de pago a los fondos buitre, la pax romana en el ámbito parlamentario durante los primeros cien días de un eventual gobierno de DOS y la libertad de acción a la hora de la designación del equipo económico presidencial. De todos modos, tanto si el ministro fuera el antaño izquierdista Axel Kicillof o el pro establishment Miguel Bein -el preferido del actual gobernador bonaerense- la tarea a llevar a cabo sería la de un ajuste que se descargue sobre los hombros de la clase trabajadora, en particular, y los sectores medios, en general. La confiscación salarial, mediante los techos en las paritarias menores a la inflación, llevada adelante en el último período por Kicillof -erróneamente mentado como “marxista”- es sólo un botón de muestra de lo que se podría venir. El ajuste, paradojal, consistiría en la confiscación nacional para poder pagar al campo financiero internacional -expresado en los fondos buitre- la deuda externa y así obtener entonces financiamiento internacional -más deuda- que permitiría afrontar la quiebra financiera de la Argentina. Debería recordarse que el pago de los BODEN 2015 dejará las reservas nacionales en los niveles más bajos del ciclo K.

Culmina de este modo el periodo más falaz de la historia reciente del país, que provocó que la progresía identificara como propio al gobierno que comenzó su derrotero con una confiscación brutal de los ingresos mediante la devaluación; que generalizó el trabajo precario y la subsistencia mediante los planes y la AUH como unos logros que deberían ser ponderados (y no caracterizados como lo que realmente son: parches que permiten la sobrevida a masas ingentes en todo el territorio nacional, una política de dádivas vergonzosas que deberían ser agradecidas por los súbditos); que entregó al capital internacional recursos nacionales y reservas; que enriqueció a la misma clase social que mantiene hoy todos sus privilegios y que construyó una camarilla aferrada a los fondos estatales como pulgas a sus presas que les permitieron enriquecerse personalmente sin que el rubor llegue a sus mejillas.

Si es cierto que algunos trasnochados caracterizan a la administración K como un “proyecto reformista” sólo se puede deber a la desorientación política o a la indolencia. La continuidad de este Gobierno bien se expresa en el futuro ajuste que intentará realizar Daniel Scioli. Los chicos K -y los grandes K, claro, esos representantes de la progresía ciega- no deberían tener problema en votar al ajustador Scioli, que es ni más ni menos uno de los suyos.

La humillación como una de las Bellas Artes K

“Uno empieza por permitirse un asesinato, pronto no le dará importancia al robar, del robo pasa a la bebida y a la inobservancia del día del Señor, y se acaba por faltar a la buena educación y por dejar las cosas para el día siguiente”. Así describe Thomas de Quincey, con todo el poder del sarcasmo, al acostumbramiento que produce el crimen, a ese inusitado clima de irrealidad debido a que una costumbre falaz se convierte en norma. Tal vez algo así haya pasado por la cabeza de Florencio Randazzo durante los primeros minutos y horas desde que se enteró por medio de la televisión que ya no era más el hombre del kirchnerismo en carrera hacia el puesto presidencial en la disputa electoral de este año. Tal vez -en esos momentos arduos en los que atinó a amenazar con renunciar a su cargo como ministro para luego reunirse con la presidenta Cristina Fernández y el designado candidato a vicepresidente Carlos Zannini y después a retirarse a pensar- Randazzo haya recordado las admoniciones de aquellos que abandonaban el barco del poder K, que repetidamente aludían a un estado de humillación permanente por parte de sus capitanes presidenciales. Y se haya visto reflejado en un espejo. El del acostumbramiento a la humillación que describía De Quincey. Continuar leyendo

La mentira como método kirchnerista

En el cuento “La salud de los enfermos”, de Julio Cortázar, se narra una historia en la que la mentira y la ocultación se transforman en el eje de la intervención de sus protagonistas. El hijo de una mujer débil y enferma muere y su familia decide preservarla de esa información simulando una correspondencia del hijo fallecido en un accidente automovilístico en Montevideo. La mentira se vuelve rutina. Sus propiciadores llegan a creer que sus mentiras son verdad. Sin embargo, todos -incluso la madre enferma- saben de la falsedad del procedimiento. Se ha dicho que el cuento “Casa tomada”, del mismo autor, es una metáfora del primer peronismo. El sistema de desinformación, falsedad y mentira que desarrolló el Gobierno -a la vez que las recientes declaraciones sobre la pobreza en la Argentina por parte de la presidenta Cristina Fernández y su jefe de gabinete Aníbal Fernández- quizás propicien que el cuento “La salud de los enfermos” exprese cortazarianamente el declive del kirchnerismo.

“Hoy el índice de pobreza se ubica por debajo del 5 por ciento, y el índice de indigencia en 1,27 por ciento, lo que ha convertido a la Argentina en uno de los países más igualitarios”, se despachó la presidenta Fernández frente al auditorio de la trigésimo novena conferencia de la Oficina de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO). Con una frase, la primera mandataria borraba de un plumazo la situación crítica de vastos sectores sociales del país y, por el contrario, anunciaba ante un foro internacional que los índices argentinos superaban por mucho a los estándares de las naciones más ricas del planeta.

Las cifras en las que se basó la presidenta provienen del INDEC, el instituto estadístico nacional que fue arrasado durante la “década ganada”, según señalan trabajadores del instituto así como especialistas externos -y la percepción cotidiana de cualquier ciudadano. El INDEC miente no sólo en cuanto a las cifras de la inflación, sino en cuanto a los índices más generales de existencia de la sociedad argentina. La UCA y su observatorio estadístico plantean que la pobreza en el país se encuentra en el 27,5%. Si la fatalidad de todos estos años hiciera que un miembro del oficialismo desdeñara esas cifras debido a que no salen de usinas del “campo nacional y popular”, habría que señalar que el instituto CIFRA, de la CTA hiperkirchnerista dirigida por Saúl Yasky, estima que la pobreza en el país se ubica en el 17,8%. Incluso las cifras del Censo nacional de 2010 -realizado por el mismo Indec de la mentira- señalaban que el 12,5% de la población tenía las necesidades básicas insatisfechas.

La muerte por desnutrición de niños en Chaco y Salta -como el caso del niño qom Néstor Fermenia, de 7 años, o los casos que conmovieron a Salta y que fueron conocidos por la circulación mediática que tuvieron- sumada a los crecientes índices de hambre en las provincias del noroeste y del noreste del país deberían bastar como muestra del creciente déficit en los índices sociales. También habría que plantear que las cifras oficiales del Estado revelan que más de la mitad de la población laboral activa gana menos de cinco mil pesos al mes, cuando la canasta familiar se estima en alrededor de 14 mil pesos. Este fue el objetivo que se pusieron los obreros aceiteros que, con el paro activo de 25 días, no sólo lograron cumplir su objetivo de que el salario sea igual al costo de la canasta familiar, sino que perforaron el techo salarial que quería imponer el gobierno antiobrero de Cristina Fernández y su ministro Axel Kicillof, de malsanas pretensiones progresistas.

Aníbal Fernández profundizó la mentira y aseveró que la Argentina tenía menores índices que pobreza que Alemania. “¿Alguien levantó la mano para decirle que no era cierto el dato? ¿Alguien levantó la mano para decir que no está de acuerdo con la presidenta?”, dijo el jefe de gabinete refiriéndose a la conferencia de la FAO, en la expectativa de que alguno de sus miembros se hubiera levantado para interrumpir el discurso de una jefa de gobierno extranjera para señalarle la impostura. “Países como Alemania no la están pasando bien, aunque no lo quieran creer”, dijo Fernández, el ministro. “¿Pero vos decís que tenemos menos pobreza que Alemania?”, preguntó, sorprendido, el periodista. “Y sí, aunque no te guste”. Una exacerbación de irrealidad, un caldo en el que se cuecen solos los kirchneristas.

El cuento de Cortázar es trágico y se limita al ámbito íntimo de una familia en una situación tremenda. El Gobierno nacional lo amplía a una gestión estatal y sus adláteres creen ese festival de las mentiras. Alguien dijo alguna vez que “ser kirchnerista no te mata, pero te deja pelotudo para siempre”. Es hora otra vez de recordarlo. También es pertinente recordar que en 1789 los reyes franceses vivían en otro mundo de irrealidad impulsado por ellos mismos, a tal punto que María Antonieta, ante las manifestaciones de las masas hambrientas, sugería: “Si no hay pan, que les den pasteles”. La irrealidad y la mentira en la historia. Con los riesgos que ella implica.

Cómo se gestó esta convocatoria

“Y pusimos la fecha del 3 de junio porque pensamos que si largábamos la convocatoria enseguida no íbamos a enganchar a nadie para que nos acompañe”, recuerda una de ellas mientras sirve un vaso de coca light a una de sus compañeras. Es domingo y es la última reunión previa a la movilización por #NiUnaMenos que se convirtió en un fenómeno social inédito. Un grupo de periodistas -este grupo de periodistas reunido esta tarde- había comenzado a tuitear sobre la violencia de género al calor de la conmoción del asesinato de Chiara Páez, una niña de 14 años, presuntamente realizado por varios integrantes de la familia de su novio debido a que estaba embarazada. “¿No vamos a hacer nada?”, fue la pregunta que una de ellas se realizó. E hicieron.  Continuar leyendo

Los impostores del #NiUnaMenos

Todos los conocemos. Forman parte de cierto grupo de personas que no teme hacer demostración pública de impudicia. Son impulsores de derrumbes morales cotidianos y perdieron la capacidad del rubor. Estos días están dando vueltas por toda la web. Realizando manifestaciones políticas. Posaron frente a algunas cámaras fotográficas. Sostuvieron carteles manuscritos convocando a una marcha. Pronunciaron entonces la consigna: “Ni una menos”. Mantuvieron los ojos abiertos ante el flash. Luego volvieron a los despachos estatales donde se dan cita los cómplices del femicidio y la represión. Sergio Berni, Aníbal Fernández y la Policía Metropolitana son algunos de los impostores del #NiUnaMenos, quienes de repente no sólo parecen haber adquirido consciencia de los derechos de la mujer, sino que querrían que se los esterilice de las responsabilidades que poseen en este estado de las cosas.

Una mujer en Mendoza denuncia a su marido varias veces por violencia en la comisaría. La Policía cita al marido pero lo deja en libertad. La mujer decide irse de la casa. Mientras realiza la mudanza, el hombre ingresa en el lugar, llega hasta la cocina, ve a la mujer y comienza a apuñalarla. Se retira, pero al irse comprueba que María del Carmen Saldaño sigue respirando, entonces Oscar Rubén Suárez regresa, culmina su tarea, y cuando comprueba que ya no respira, la abraza y dice: “Te amo”. Sucedió el 15 de mayo en el barrio de San José.

“No le sirvió de nada porque ahora salen todos a hablar pero no hizo nada la psiquiatra ni los profesionales que lo atendían, ni el juez, ni el fiscal, nadie hizo nada, se lavaron las manos, simplemente la dejaron sola”. Así caracterizó el rol del Estado en declaraciones a la prensa una amiga de María Eugenia Lanzetti, quien fuera degollada por su ex pareja Mauro Bongiovanni en un jardín de infantes, donde daba clases y delante de los niños, en Córdoba hace pocas semanas.

En el libro “Francesas”, del periodista Jean Charles Chattard y que acaba de ser presentado en Salta, se postula la tesis acerca del encubrimiento judicial -y que fue refrendado por la presidenta Cristina Fernández de Kirchner- en el caso de las turistas francesas asesinadas a tiros en 2011. Una trama estatal de desaparición de pruebas, torturas policiales, deslindamiento de la información de autopsias realizadas en Francia y sospechas sobre la plantación de los cuerpos en el lugar donde fueron encontrados. Una pista indica, según el libro, que las francesas habrían sido asesinadas luego de participar en una fiesta de los hijos del poder salteño. Mientras tanto, la presidenta había ido a Francia y entregado al entonces presidente Sarkozy las supuestas pruebas de un crimen que había sido resuelto. Todo mentira. El Estado era encubridor.

Tal como sucedió en el caso de Paulina Lebbos. Una mujer asesinada y cuyo crimen fue imposible de investigar por siete años debido a la acción del Estado. Inacción que fue comprobada por la Justicia, que ordenó que se cambiara al fiscal Albahaca -que no había avanzado en la investigación, que había desviado pistas, que había omitido pruebas- por otro equipo judicial que, siete años después, debía retomar el camino para resolver el crimen. Una pista sobre el asesinato de Paulina tenía como sujetos matadores a otros hijos del poder tucumano que habrían usado sus vínculos estatales para encubrirse.

Así como sucede en esas cuevas del crimen llamadas “whiskerías” -escudadas también bajo la fachada de boliches más sofisticados- que se nutren de la esclavización de mujeres cuyos cuerpos son convertidos en objetos destinados a la mecanización fordista del sexo pago. Mujeres llevados a los centros urbanos desde pueblos recónditos bajo la promesa de futuros laboriosos pero que se encuentran con el encierro, la retención de documentos, la violación reiterada, la desaparición de la vista de los suyos y hasta la muerte. Un negocio mafioso cuyo mayor impulsor es la policía. Una policía que también es cómplice a la hora de esconder los talleres textiles clandestinos donde familias enteras trabajan sin salidas en jornadas de dieciséis horas, entre otros crímenes policiales.

Y entonces esos representantes del Estado y la represión, de la Policía y sus negocios mafiosos, sonríen frente a cámara o simulan gestos graves mientras sostienen un cartel que dice #NiUnaMenos en una muestra de cómo se pueden traspasar todos los límites de la hipocresía.

Ellos no deben estar, y sí debemos estar todo el resto. Quienes abogamos porque cesen los femicidios; porque se realicen estadísticas oficiales y haya un registro de la violencia contra la mujer y los femicidios; porque existan fueros especiales de crímenes contra la mujer en los ámbitos civil y penal de la justicia; porque se reglamente en su totalidad la Ley de Protección Integral a las Mujeres y que se provea de fondos para su implementación; quienes planteamos que deben existir en las currículas educativas contenidos preventivos de la violencia contra la mujer; aquellos que estamos a favor de la legalización del aborto, que debe ser gratuito y, también, quienes pensamos que debe existir un ente autárquico y autónomo en el Estado que sea elegido por votación y que se ocupe de los temas de las mujeres. Debemos marchar, impedir el oportunismo de los cómplices, llenar la plaza de Congreso y todas las plazas del país el 3 de junio, hacer posible el #NiUnaMenos.