La pinochetista ley antipiquetes de los K

El diputado Carlos Kunkel, un kirchnerista de paladar negro, acaba de enviar un proyecto de ley al parlamento que regimienta la protesta social. Las consideraciones del proyecto, que más adelante serán detalladas, muestran no sólo el declive del gobierno, sino el modo en el que se realiza: mediante la ruptura total con el campo popular, en medio del temor del Estado a la movilización, a través de la profundización de la tendencia fascistizante al control de todo aspecto de la vida social y, en última instancia, a la realización de la historia.

¿Sería posible imaginar que el 20 de diciembre de 2001 los centenares de miles de manifestantes hubieran designado mediadores para discutirle a De la Rua la decisión del Estado de Sitio? ¿Podría considerarse que los obreros de Avellaneda hubieran elegido representantes para solicitarle a Edelmiro Farrell la liberación del teniente Juan Domingo Perón, preso en la isla Martín García, para luego movilizarse por dos horas antes de ser reprimidos por la policía, en el marco legítimo de la ley? ¿Es pertinente pensar siquiera que los trabajadores y estudiantes cordobeses le hubieran anticipado al gobierno de Onganía cuarenta y ocho horas antes que tomarían el barrio Clínicas con barricadas y autos quemados para determinar el fin de ese tramo de la dictadura?

El absurdo que atraviesa el proyecto de Kunkel podría hacer presumible que su autor es un ignorante absoluto acerca de los procesos sociales y el desarrollo no tan sólo de la historia argentina, sino de la universal. Pero no es así. Kunkel fue uno de los diputados de la Juventud Peronista que en 1974 renunció a la bancada oficialista ante la presentación por parte del entonces presidente Perón de la ley de Asociaciones Profesionales, que todavía rige, y que abrió el camino a la eternización de las burocracias sindicales y al bloqueo de direcciones alternativas en todas las ramas de la producción. El proyecto de ley de Kunkel no es ingenuo ni absurdo. Es peligroso. Y da cuenta de la total degradación del proyecto político del oficialismo.

La ley está inspirada en otra que aplicó el régimen dictatorial de Augusto Pinochet en Chile. El “Decreto Supremo 1086”, promulgado por Pinochet el 15 de septiembre de 1983, años en los que la lucha democrática lanzaba a miles a las calles a desafiar a la opresión militar. Su artículo segundo indica los datos que los manifestantes deben avisar a los funcionarios de gobierno con dos días de anticipación: “El aviso indicado deberá ser por escrito y firmado por los organizadores de la reunión, con indicación de su domicilio, profesión y número de su cédula de identidad. Deberá expresar quiénes organizan dicha reunión, qué objeto tiene, dónde se iniciará, cuál será su recorrido, donde se hará uso de la palabra, qué oradores lo harán y dónde se disolverá la manifestación”.

El proyecto de ley kirchnerista calca a la ley dictatorial y señala en su artículo séptimo: “Toda manifestación pública debe ser notificada ante representación policial con una antelación no menor a las 48 horas. En esa notificación deberá indicarse: a) El lugar en que se llevará a cabo. b) El tiempo estimado.c) El objeto de la manifestación. d) El manifestante delegado.”

El proyecto K introduce la figura del “manifestante delegado”, que tendría la misión de parlamentar con los representantes estatales o privados a los que se dirijan las peticiones de la manifestación por el lapso de dos horas. Pasado ese período, se declararía la ilegitimidad de la protesta y las fuerzas de seguridad deberían disolverla –aunque, según indica la norma, la fuerza debería usarse en su “mínima expresión” y (gracias Ley de Medios) la protesta declarada “legítima” debería ser difundida en los medios públicos-. Dos horas es el tiempo de legitimidad que le otorgaría el Estado antes de quedar libre de manos para la represión. Félix Uriburu, Juan Carlos Onganía y Jorge Rafael Videla palmearían los hombros de los diputados que aprueben esta ley.

La actual coyuntura marca un incremento exponencial de la protesta social, que tuvo un pico la semana pasada con la realización del paro general, de carácter activo debido a los piquetes de la izquierda sindical. Estos sectores impulsan la continuidad de la protesta, con paros progresivos de 36 y 72 horas –aunque el moyanismo se manifiesta proclive a llegar a acuerdos y acomodamientos políticos de cara al 2015 antes que verificar el cumplimiento de sus reclamos-.

Frente a esta alza de luchas es que se erige la muralla represiva de la ley antipiquetes de los K. No está de más recordar que el periodo  que se inició con la convulsión social de 2001 y 2002 encontró a Néstor Kirchner reprimiendo a los vecinos asambleístas que se reunían en Río Gallegos, Santa Cruz. Cristina Fernández da fin al ciclo kirchnerista con una reaccionaria ley para seguir reprimiendo.

Paro general: máquina del futuro de los trabajadores

Al momento de que estas líneas se publiquen, habrá comenzado uno de los mecanismos más potentes que poseen los trabajadores para exhibir sus reclamos y su fuerza: el paro general.

La medida de fuerza colectiva realizada por las masas enormes –mayoritarias- que componen el cuerpo social de la Argentina es una máquina de fenomenal potencia obrera –un método que la atraviesa desde que se fisionomizara como clase. La paralización de la economía es una prerrogativa de los sectores laboriosos, sobre los que se funda la producción de la nación. Es una forma de la acción que le permite defenderse de las ofensivas de empresarios y gobiernos, a la vez que avanzar en la obtención de derechos, y al mismo tiempo en su consolidación política. Tal vez los abuelos de los abuelos de algún lector hayan participado en los paros de 1919 contra el gobierno de Hipólito Yrigoyen, o en la gran huelga general de 1936, quizás un patriarca familiar haya estado entre los miles que se movilizaron en el marco del paro general de 1945 para pedir la liberación de Juan Perón, un lector mismo pudo haber participado del Cordobazo en 1969 que acabó con Onganía, o de la gran huelga con coordinadoras de junio y julio de 1975 que derrotó al fascista López Rega, o del paro del 31 de marzo de 1982 que marcó el carácter de cadáver político de la dictadura militar, o de los paros contra Alfonsín, o del paro de la CGT de 1999 que señaló el final del ciclo menemista. Sirva esta leve enumeración para ilustrar de qué manera el método del paro general forma parte de nuestra historia viva, de nuestro sino.

Cada paro, claro, tiene sus propias características. La disposición generalizada de la realización de esta medida de fuerza entre vastos sectores laboriosos indica que sus reservas de energía para enfrentar el ajuste de Capitanich y Kicillof -es decir, su ánimo de derrotar el intento de que la crisis sea pagada por ellos mediante un retroceso tajante en sus condiciones de vida- no sólo están firmes, sino en aumento. No es para menos. Una devaluación gigantesca, una inflación que no cesa y que avanza mes a mes –a pesar del bluff gubernamental de esa fantochada de los “precios cuidados”-, aumentos de tarifas que podrían llegar al 500% en el gas justo antes de que empiece el invierno –todos tópicos que denigran el nivel de vida del campo popular y que constituyen la forma ortodoxa del ajuste-. A la vez que el gobierno acude a los organismos financieros internacionales –que alguna vez dijeron, con impostura, repudiar- para acceder a créditos que los ayudarían a paliar la crisis. Pero, por el contrario, la crisis económica mundial se profundiza en el eslabón argentino y, en especial, el brasileño, cuyos desmadres repercutirán en la región. Paradoja de paradojas, la mano ajustadora es la de Axel Kicillof, de cierto pasado izquierdista, esperanza blanca de la progresía y los kirchneristas vergonzantes, convertido en un agente de Chevron y los organismos financieros, un peón cool y palermitano de los beneficiados por el ajuste.

¿Quiénes llaman al paro? Hugo Moyano y Luis Barrionuevo, viejos burócratas sindicales, hombres de fortuna y negocios inefables –aunque se pueda señalar que Moyano tiene empresas que prestan servicios a la obra social de su gremio, que su esposa es gerenciadora de servicios privados contratados por su sindicato y que reside en una coqueta mansión de Parque Leloir (además de que su gremio esté implicado en serios casos de ajustes mafiosos por las disputas por la caja); mientras que la autodefinición de Barrionuevo como “ultraalcahuete de Carlos Menem” lo pinta por entero-. Burócratas sindicales, carreristas que responden a sus intereses personales, ajenos a los destinos históricos de los trabajadores. Pero astutos. Una astucia que actúa en dos ámbitos: por un lado, quieren descomprimir con una huelga aislada luego del abandono del plan de lucha después del paro del #20N de 2012; por el otro, es una manera de posicionarse en la rosca del postkirchnerismo, que los tiene entre los protagonistas de la construcción de una alternativa pejotista y derechista al kirchnerismo. Moyano y Barrionuevo llaman al paro con el método que corresponde a un sector parasitario de los trabajadores. Y paran sin movilización.

Pablo Micheli, de la CTA, se sumó al método de la falta de movilización, a pesar de que había apelado a marchas a Plaza de Mayo en el último periodo. Se adaptó. No así los sectores que le exigían a las centrales sindicales el paro general desde hace un tiempo de años considerable, la izquierda que crece en direcciones sindicales, seccionales gremiales y comisiones internas que forman parte de las cinco centrales. Los grupos sindicales integrados por militantes del Frente de Izquierda, principalmente, y algunos otros grupos que orbitan alrededor de él o incluso en contra de él. La izquierda que, en el momento en que estas líneas lleguen al lector, estará realizando el paro activo del 10 de abril de 2014.

Este cronista presenció el inicio del paro general que se produjo en la planta AGR, que imprime productos del grupo Clarín, en la Pompeya profunda. Allí –donde trabajan 350 operarios gráficos que votaron en asamblea la paralización de actividades frente al llamado a no parar la producción de su dirección sindical kirchnerista- el paro era total. Y un piquete integrado por cincuenta obreros le daba visibilidad a los reclamos con bombos, cantos y banderas. El paro había sido votado pese a que partes sustanciales de sus salarios sería disminuido debido a la caída del presentismo. Pero la decisión había sido parar, por la necesidad de defender las condiciones de vida, por la comprensión de la necesidad de una respuesta política al ajuste. En una planta del grupo Clarín, que llamó a trabajar a los jefes y que puso remises a disposición de los empleados que decidieran carnerear. Pero el paro era total. Escenas de esa naturaleza se repitieron en grandes fábricas gráficas, del SMATA, de la UOM, de la Alimentación, del Neumático, en el subte. Lugares donde los sindicatos decidieron no parar, pero los trabajadores sí. (No debería dejar de hacerse notar que el kirchnerismo mostró, ante el paro, su faceta más reaccionaria, antiobrera, macartista e irrespetuosa de la clase obrera con la que decidió romper).

La activación de la máquina del paro general expresa una tendencia profunda, que da cuenta del descontento con el gobierno y de la ruptura de miles de trabajadores con el kirchnerismo. Una expresión más del fin de ciclo K. Las razones del paro no podrían ser más justas. Y el paro general no podría ser más necesario. Para que los trabajadores dejen de ser la medida del ajuste, para derrotar al ajuste de Kicillof, para que las paritarias no tengan techos digitados por Balcarce 50, para evitar la debacle de las condiciones de vida, para que se abandone la entrega al capital financiero y se reorganice la nación para beneficiar a las mayorías populares. Hoy hay paro general. Ya forma parte de la corriente que impulsa a los trabajadores a ser sujetos políticos de peso en el próximo período. Falta más. Mucho más. Pero es, innegablemente, un primer paso formidable.

Verano sindical en el otoño del kirchnerismo

En marzo las temperaturas comienzan a ser templadas, el calor amaina, el verano se retira hasta la próxima temporada. Así ha sido siempre y nada perturba a los meteorólogos frente a ese destino estacionario. Sin embargo, en el plano sindical, el verano pareciera no querer retroceder y, por el contrario, todos los pronósticos indican que las temperaturas seguirán aumentando. Tiempo loco, se podría aventurar, ya que todo esto ocurre durante el otoño del kirchnerismo -es decir, durante su declive-.

Así lo marca no sólo la evolución de la huelga docente bonaerense, que estará ingresando en su jornada décimo sexta cuando lleguen al lector estas palabras, sino también la convocatoria al paro nacional realizado por las centrales sindicales dirigidas por Hugo Moyano, Luis Barrionuevo y Pablo Micheli para el 10 de abril. Ambos episodios están conectados.

El paro de los maestros de la provincia de Buenos Aires tiene ya un carácter histórico por su duración, pero además ha ganado el centro del debate político, convirtiéndose así en una escuela para otros sectores sociales. La intransigencia del gobierno de Daniel Scioli en brindar un aumento cercano al 25 por ciento para la gran mayoría de los docentes no produjo un desgaste emocional entre los docentes, sino que los consolidó en sus reclamos. Esto se puede comprobar en la movilización de antorchas realizada en La Plata que reunió a cinco mil manifestantes o en el incremento de los colectivos alquilados por las distintas seccionales combativas para llevar a sus afiliados a la marcha que se realizó el miércoles 26. Esa movilización iba a concluir con el acto central en el que hablarían los dirigentes de la federación nacional CTERA pero, luego de ese momento, los maestros agrupados en las seccionales dirigidas por la izquierda prolongaron la movilización por la calle Corrientes hasta el Obelisco, llegando a ocupar con sus guardapolvos blancos cuatro cuadras.

La centralidad del paro se introdujo en la programación televisiva. Los docentes pudieron esgrimir sus razones, mostrar los recibos con sus bajos sueldos, desmentir las campañas de desprestigio (como aquella que los acusaba de no permitir el funcionamiento de los comedores escolares, de total responsabilidad gubernamental) y mostrar su superioridad argumentativa cuando les tocó debatir con los representantes del kirchnerismo. Los funcionarios, a su vez, mostraron el carácter más íntimo que atraviesa a la progresía oficialista en épocas de conflicto social: por caso, el diputado Guido Lorenzino o el senador Alberto Di Fazio (ambos del FPV) se mostraron como patrones de estancia que exigían el cese de la huelga a los docentes con la más pasmosa bravuconería. Una actitud diferente tuvo la directora de Escuelas sciolista Nora de Lucía, quien no mostró argumentos convincentes pero sí exhibió unos deslumbrantes y caros modelitos de su ropero en la televisión. El oficialismo sciolista-kirchnerista apuntaba al desgaste, pero -por ahora- su jugada no fructificó. Tal vez deberían tomar nota de las tomas de escuelas protagonizadas por padres en apoyo a los huelguistas que se produce en estos momentos en la ciudad de Chilecito, en La Rioja. Una señal comprobable de la solidaridad que produce la justeza del reclamo de los maestros.

Así las cosas, las CGT dirigidas por Moyano y Barrionuevo -a las que se sumó la CTA dirigida por Micheli- convocaron a un paro nacional de 24 horas para el jueves 10 de abril. Un episodio así no se vivía desde el 20 de noviembre de 2012, cuando un paro general conmovió a la sociedad por su masividad y por los métodos que lo caracterizaron. Si bien los dirigentes convocaron a que nadie salga de sus casas ese día, los sectores del clasismo ya se están preparando para convertir la jornada en un paro activo. El miércoles 2 de abril, sindicatos combativos, seccionales opositoras, comisiones internas y activistas dejarán de lado el típico asadito de un feriado para debatir en cambio un programa propio y el cronograma de cortes de ruta y piquetes en puertas de fábrica que brindará un carácter revulsivo a la jornada. La reunión fue convocada por la seccional San Fernando del sindicato del Neumático, dirigida por el clasismo.

El declive del kirchnerismo se produce en medio de inflación, devaluaciones y aumento de tarifas -todo un programa de ajuste ortodoxo contra los sectores populares realizado por el progre Axel Kicillof-. Una enorme masa de energía se cristaliza en el ánimo de lucha de la clase trabajadora para enfrentar esas medidas. De cómo se canalice esa potencia depende que se derrote al “rodrigazo” resurgido en 2014 por el kirchnerismo. Cada una de estas acciones se convertirá, también, en todo un aprendizaje que construirá el lugar de los trabajadores en el próximo período político.

Paro docente: escuela política para enfrentar el ajuste

Cuando estas líneas se publiquen, se estará desarrollando en la provincia de Buenos Aires el décimo tercer día de paro docente. Desde 2001 los maestros bonaerenses no realizaban una medida de esta magnitud ni de tanta intensidad. Todo indica que la inflación y la devaluación, que produjeron la consiguiente depreciación de los salarios, se transformó en la gota que rebalsó el vaso y que inició una lucha que no cesa ni parece amainar.

El miércoles 19 se realizó una movilización a la Casa de Gobierno de la provincia de Buenos Aires, que se encuentra en La Plata, convocada por la dirección provincial de SUTEBA, a cuya cabeza se encuentra Roberto Baradel, junto a los sindicatos Federación de Educadores Bonaerenses, de gran inserción en el interior de la provincia. Este cronista concurrió a la sede central de SUTEBA La Matanza, que queda en San Justo, desde donde saldrían varios micros llenos de docentes, mujeres, en su mayoría. “Vamos a marchar en una columna diferenciada los distritos que fueron ganados por la lista Multicolor en las últimas elecciones -dice Romina del Pla, secretaria general del gremio local, mientras estima que de La Matanza, desde distintos puntos del populoso partido, partirán 40 micros llenos (luego saldrían 48)-. Así fue decidido en el último plenario de la oposición, que reunió a 800 delegados de escuela de la provincia. El primero que habíamos realizado contó con la presencia de 600. Esta lucha va en alza. La última asamblea en La Matanza convocó a mil docentes. El galpón que usamos para las reuniones no alcanzaba para todos los maestros que habían concurrido a deliberar sobre cómo seguíamos peleando por salario”.

“La huelga es del cien por ciento de acatamiento -explica Adriana, una docente que concurre con su hija Sheila a la movilización, quien porta un redoblante-. Bueno, ahora nos enteramos que un jardín empezó a dar clases, pero es normal, ahí puede haber una directora que presione a las tres o cuatro maestras y que decidan empezar, pero en general el acatamiento es total, desde preceptores hasta directivos. Es que la oferta del gobierno es miserable: quieren subir 220$ al básico del cargo inicial. Es una burla”. Adriana recuerda la gran huelga nacional docente de 1988, que duró 43 días contra el gobierno de Raúl Alfonsín. Sin embargo, por su edad, Adriana sólo podría haber vivido ese conflicto como alumna. Tal vez la explicación se deba a que -con todas las distancias con aquel paro, que fue nacional e impulsado por las direcciones sindicales de todas las provincias- el conflicto gremial provincial se vive con un sentimiento parecido a la épica. No es para menos: se trata de una lucha fundamental no sólo para que no se produzca un brutal retroceso en las condiciones de vida de los maestros, sino que es un conflicto que es mirado atentamente no sólo por trabajadores de otros gremios, sino por los empresarios que aguardan los resultados para ver cómo enfrentarán las paritarias que se desarrollarán en los próximos días en cada rama de la producción. No habría que perder de vista que el jefe de la CGT, Hugo Moyano, acaba de anunciar un paro general de 24 horas que se realizaría en los días por venir, hecho que no se produce desde el gran paro con piquetes del 20 de noviembre de 2012 y que anunciaría unas paritarias quemantes este año 2014.

La movilización a La Plata fue impresionante. La entrada a la ciudad estaba paralizada por la cantidad de micros repletos de docentes que llegaban para manifestarse y que se agolpaban en las banquinas de la ruta mientras se ordenaba su ingreso paulatino. Al marchar, cuadras y cuadras de maestros llenaban los asfaltos platenses, decorados por profusos guardapolvos blancos, banderas y carteles, mientras desde los balcones y las puertas de los negocios se los aplaudía y celebraba. A pesar de los inconvenientes que pueda suscitar el prolongado paro, es posible afirmar que cuenta con el apoyo mayoritario de la población. Un cartel que se reproducía de modo incesante indicaba que, al parar, los docentes enseñaban a los alumnos a luchar por sus derechos. Lo portaban maestras, ya que la mayoría de los manifestantes pertenecía al género femenino. Es necesario señalar que el miércoles se produjo una marcha de las mujeres que, se sabe, cuando salen a la lucha lo hacen con la decisión y persistencia que a veces no aparecen tan aguerridas en el género masculino.

Los discursos de Baradel, de SUTEBA, y Mirta Petrocini, de FEB, se mostraron deslucidos frente a la gran convocatoria que habían logrado, que se estima en alrededor de medio centenar de miles de manifestantes. Ninguno de los dos oradores planteó un piso concreto en las negociaciones y, por el contrario, Baradel dio a entender que podrían analizarse otros puntos y no el central salarial. Señales conciliatorias dirigidas más al funcionariado bonaerense que a los docentes movilizados.

Baradel y toda la directiva de SUTEBA pertenecen al ala que responde a Hugo Yasky, que lidera el sector más kirchnerista del espectro sindical. Las bases docentes no permiten recular tal como su dirección lo hiciera el pasado: en 2013, Baradel había levantado el paro de modo inconsulto tras un decreto que otorgaba un aumento unilateral a los maestros. La desazón de la directiva, expresada en el ánimo que muestra Baradel, contraste notablemente con el espíritu de los docentes. Es comprensible: su espectro político les da la espalda. Desde la así llamada “izquierda kirchnerista” -concepto que se acerca más al oxímoron que a la realidad política- que a través del “Chino” Navarro expresó que el paro era un desatino, pasando por Hebe de Bonafini que les reclamó que volvieran a las aulas hasta Gabriel Mariotto, que equiparó el paro docente con un levantamiento policial armado, el kirchnerismo se opone a la medida de lucha.

Cobran entonces mayor relevancia las direcciones clasistas que conducen los distritos más importantes de la provincia, a la vez que impulsan autoconvocatorias allí donde no gobiernan, y cuyas columnas casi equiparaban las convocadas por el oficialismo baradelista en La Plata. Son las direcciones que impulsarán este viernes una movilización nacional de la oposición sindical docente a Plaza de Mayo y que participarán en la marcha al Palacio Pizzurno anunciada por CTERA -federación nacional docente- para el miércoles 26. El conflicto sindical de los maestros se profundiza minuto a minuto. Podría obtener un aumento significativo y tal resultado sería consecuencia de la firme decisión de las bases y de la continuidad de un paro sostenido por las direcciones gremiales combativas.

Pero también podría suceder que la burocracia sindical kirchnerista entregue la lucha -no sería la primera vez-. Quedaría demostrada la caducidad e impotencia del kirchnerismo como dirección gremial de los trabajadores, a la vez que la larga escuela de este paro quedaría marcada a fuego en la memoria de la docencia, cuando no de los trabajadores que se aprestan a luchar por lo suyo en las horas por venir.

No está nada decidido aún y quedan cantidades potentes de energía en los maestros. Y también de lucidez. La que permitió que se escucharan -con la música de “Muriendo de plena”, de Rubén Rada- los siguientes versos: “A ver, Cristina / a ver si nos entendemos, / con 1800 pesos de básico / no comemos. / Pagaste millones para la Repsol, / pero ni un solo peso para educación. / Los trabajadores / salimos a luchar, / ganamos las calles, / ¡huelga general!”.

Mediante la fuerza de la creatividad popular y sintetizado en diez versos, todo un programa político para la actual etapa.

Renovada centralidad de los trabajadores en el ocaso K

Diversos sectores laboriosos protagonizaron durante el último período acontecimientos que ganaron las tapas de la prensa y generaron una discusión social generalizada sobre ellos, no sólo porque estos sectores conforman la mayoría de la población, sino debido a que su salto hacia la acción directa implica el cuestionamiento de la legitimidad de ciertas bases sociales naturalizadas. Sólo basta repasar los hechos de los últimos días.

El paro docente por salario -de particular interés social, ya que afecta la cotidianidad familiar- cobra dimensiones dramáticas debido a la implacable decisión de sostenerlo por parte de los maestros para no permitir un brutal ataque a sus condiciones de vida. Las mínimas ofertas gubernamentales, en medio de la devaluación y de la inflación, implican de hecho una rebaja salarial. Contra esa perspectiva se desarrollan paros en todo el país y, a diferencia de otros años, las direcciones sindicales yaskistas de CTERA no pueden decidir levantamientos de paros o acuerdos con el gobierno a espaldas de sus bases. Esas direcciones -atravesadas por el hiperoficialismo de Hugo Yasky, ex jefe gremial docente y actual secretario general de la CTA (además de aplaudidor en cuanto acto de  la presidenta Cristina Fernández se lo invite)- no podrían hacerlo debido a los fuertes reclamos de los maestros, a la vez que debido a la irrupción de la izquierda en numerosas seccionales y provincias en las que se convirtió en una dirección radicalizada del conflicto.

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El ocaso derechista del kirchnerismo

La senectud, en los peores casos, tiende a transformar a quienes la ostentan en el triste recuerdo de quienes alguna vez fueron, o en el marasmo de lo que alguna vez quisieron ser. Esta última opción es la que corresponde al kirchnerismo que, en su ocaso, se ha lanzado a un vertiginoso avance hacia la derecha -tendencia política que, al menos en el discurso, alguna vez repudió-. El discurso de la presidenta Cristina Fernández en ocasión de la apertura de las sesiones legislativas lo demuestra. El oficialismo una vez – allá lejos, en sus orígenes, quizás- quiso ser, y así se mostró ante la sociedad, como “progresista”. Y desarrolló el discurso acerca de la no represión de los movimientos sociales -algo falso, ya que tal represión se efectivizó en muchísimas ocasiones y llegó a costar 18 vidas bajo los gobiernos kirchneristas, ya sea a través de la represión policial o de la paraestatal-. Sin embargo, dijeron ser “progres”. Ya no. La presidenta Fernández, este último sábado, lo desmintió. “Vamos a tener que sacar alguna normativa de respeto a la convivencia ciudadana, porque no puede ser -dijo-. No puede ser que diez personas te corten una calle, por más razones atendibles que tengan. No puede ser. Y que no pase nada”. La versión taquigráfica de la sesión indica “aplausos” luego de esta frase. No sólo aplaudía la claque habitual del Frente para la Victoria, sino que los diputados del derechista PRO hacían sonar sus palmas. El delirio llegó con la siguiente frase presidencial: “Creo que además todo el mundo tiene el derecho a protestar, pero no cortando las calles e impidiendo que la gente vaya a trabajar; y no complicándole la vida al otro. Creo que vamos a tener que legislar sobre una norma de respeto y convivencia urbana, donde todo el mundo proteste”. El éxtasis se había apoderado hasta de la derechista diputada Laura Alonso, del PRO, que se puso de pie y que, desde su curul, gritaba: “¡Bien, presidenta, así se habla!”. Repito: Laura Alonso, del derechista PRO aplaudía la postura represiva (“y no puede ser que no pase nada”) de la presidenta Fernández. El ocaso.

La alianza represiva del kirchnerismo y el PRO se dejó traslucir en un debate organizado en el programa Otro tema, conducido por Santo Biasati, que emite el canal TN. La mesa estaba integrada por los diputados Federico Sturzenegger (PRO), Victoria Donda (Libres del Sur), Miguel Bazze (UCR) y el dirigente Jorge Altamira (Partido Obrero-Frente de Izquierda). El principal defensor de la propuesta de limitar la protesta social presidencial fue Sturzenegger, que la apoyó con ahínco. El radical Bazze -que cada vez que fue gobierno reprimió, la última vez en 2001, cuando Fernando de la Rua se despidió dejando tras de sí un tendal de 35 muertos- dijo que había que permitir la protesta y ser razonable, pero la historia de su partido invalidaba cada uno de sus dichos. Victoria Donda se opuso al proyecto presidencial, pero Sturzenegger le recordó que UNEN, la alianza que ella integra, había presentado un proyecto en la legislatura porteña para limitar la protesta social. ¡Alcoyana, alcoyana! Altamira señaló que se revelaba el pacto K-PRO con estas ideas, defendió la posibilidad de la protesta como un derecho primigenio y llamó a movilizarse por las paritarias docentes. Hace poco más de una década, así había definido Altamira al piquete: “El piquete es una forma suprema de la solidaridad social, que va más allá de la camaradería y el apoyo recíproco entre los piqueteros, pues convoca a todos los explotados a tomar el destino en su propias manos”. 

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Paritarias: la decisiva batalla de los maestros

Marzo era, para los romanos, el mes consagrado a Marte, dios de la guerra y segunda divinidad en el complejo sistema de dioses y semidioses que dominaba el imaginario de ese pueblo -superado sólo por Júpiter, el dios supremo-. Valga este dato inútil para señalar que el mes de marzo de 2014 será escenario de los primeros episodios de la batalla de clases que significarán, en nuestro país, las paritarias.

Las paritarias, ese encuentro anual entre representantes de los empresarios y representantes de los trabajadores en los que se definen las condiciones de existencia de los sectores laboriosos, de este año eran caracterizadas desde hace varios meses como las más difíciles que atravesaría el kirchnerismo desde que se hiciera del poder. Los últimos acontecimientos no hacen más que refrendar ese pronóstico. El ajuste lanzado por el tándem Jorge Capitanich-Axel Kicillof mediante la devaluación produjo una considerable depreciación de los salarios a la que se sumó un incremento sustancial de la ya sustancial inflación. En los últimos meses la devaluación de la moneda nacional alcanzó un 60% y todas las estimaciones indican que la inflación de 2013 superó largamente al 30%. Las cifras oficiales del Indec señalan que enero tuvo una inflación de 3,7%, y se prevé que la de febrero será superior. Un ataque en regla contra las condiciones de vida de las clases populares auspiciado por el gobierno devaluador que responde a los intereses de los sectores que se benefician con la medida: empresarios exportadores y grupos sojeros. No debe olvidarse que Axel Kicillof -que fuera la gran esperanza blanca de la progresía (tanto la kirchnerista como la kirchnerista vergonzante) pero que terminó como agente del pulpo Chevron y gran devaluador- declaró a la agencia oficial Télam que el dólar a 8 pesos era “adecuado para la economía argentina”.

Los docentes son los primeros invitados a la partida. El gremio de los maestros atraviesa una situación contradictoria. Su dirección es hiperkirchnerista -el ex secretario general de la CTERA Hugo Yasky es el máximo directivo de la CTA que responde, sin fisuras, al gobierno de la presidenta Cristina Fernández y la lista Celeste, a la que pertenece, replica ese mismo felpudismo respecto al poder estatal-. Sin embargo, en el último periodo la oposición de la izquierda ha logrado grandes avances a tal punto que el mayor distrito de la docencia agremiada, La Matanza, está dirigido por la lista Multicolor, que agrupa a diversas agrupaciones clasistas y cuya secretaria general es Romina del Pla, militante del trotskista Partido Obrero. Los más importantes distritos de la provincia de Buenos Aires están dirigidos por la Multicolor y, más recientemente, los docentes porteños se sumaron a esa tendencia con el triunfo de la izquierda en Ademys, gremio de la ciudad de Buenos Aires -que además debe enfrentar las bestialidades edilicias y de vacantes promovidas por el ministro ultramontano de educación macrista Esteban Bullrich-. Los maestros de distritos como Neuquén, Santa Cruz o Tierra del Fuego también están dirigidas por la oposición al yaskismo y un encuentro de la oposición a la Celeste realizado hace diez convocó a representantes de 17 provincias. La previsión de una oferta negativa a sus intereses por parte del gobierno -y la caracterizacion de la dirección sindical como “prooficialista”, en el mejor de los casos- los llevó a votar la preparación del paro y del no inicio del ciclo lectivo, que en la mayor parte del país está previsto para el 5 y 6 de marzo. Mes de la guerra, según los romanos.

El pasado viernes se realizó la primera reunión paritaria entre el gobierno y los gremios docentes para discutir su salario mínimo. La irrisoria oferta del tándem Capitanich-Kicillof consistió en un aumento del 22% y una suma fija sujeta a la incorporación del presentismo. La propuesta de aumento fue descartada por todos los representantes gremiales, a la vez que la incorporación del presentismo fue caracterizada por los docentes como una medida extorsiva, ya que limitaría el derecho a huelga, a la vez que impulsaría a que se autoeliminen las licencias por salud en función de cobrar el ítem. Cualquier persona que conozca a un docente puedo corroborar que el enojo entre los maestros es mayúsculo. Percepción que se hizo visible en los plenarios y asambleas promovidos por los sectores combativos del gremialismo docente. La dirección yaskista también tuvo que ponerse a la cabeza de los reclamos ya que, a diferencia de otros años, esta vez no podría entregar los salarios docentes en pos de sus simpatías progubernamentales, a riesgo de ser, metafóricamente, comidos vivos. El lunes 24 se realizó en Quilmes, seccional conducida por el clasismo, un plenario de la oposición que reunió a 520 delegados de la provincia de Buenos Aires que decidieron organizar el paro para el 5 y 6 de marzo. El plenario de federaciones de CTERA votó la misma medida. La oposición prevé una dura lucha y por eso impulsa la continuidad de las medidas de fuerza. Este martes se realizará la segunda reunión paritaria y todo indica que no se llegará a un acuerdo. El gobierno señaló que se plantearía el aumento, entonces, por decreto. El miércoles se reunirán los ministros de Economía de la mayoría de las provincias, incluido el gobierno de la ciudad de Buenos Aires, para acordar los techos en las negociaciones con docentes y estatales. En una muestra más de “macristinismo”, los kirchneristas se unen a la derecha para medrar los salarios de sus trabajadores. Los docentes se movilizarán para boicotear tal reunión. El camino de las paritarias docentes está plagado de chispas estatales que podrían iniciar un incendio.

La batalla paritaria de los maestros es decisiva. En ella estarán puestos los ojos de los otros gremios, estatales y privados, que iniciarán luego sus propias paritarias. De los avances o retrocesos de los docentes dependerá la moral con la que enfrentarán los otros sectores sus propias batallas. Debería señalarse que existen indicios de posibles saltos hacia adelante por parte de los trabajadores. En el último período los enfrentamientos entre empresarios y empleados han tenido, en grandes casos, resultados favorables para estos últimos -el último de ellos en la línea Ecotrans, cuyos dueños los hermanos Cirigliano (de triste recuerdo por su responsabilidad en la masacre de Once) habían despedido a 45 trabajadores y tuvieron que, ante el paro, recular-. También es cierto que existen graves ataques a los trabajadores que intentan ser ejemplificadores y para los que se usa todo el aparato represivo del Estado. De este modo, en Santa Cruz se condenó a perpetua a cuatro trabajadores petroleros de Las Heras en un juicio viciado de nulidad. En esa línea, este último fin de semana se apresó a cinco petroleros más en Las Heras por luchas, a la vez que se detuvo a nueve trabajadores estatales jujeños, incluidos directivos del sindicato SEOM, dirigido por El Perro Santillán. De conjunto, una acción decidida de los maestros podría aportar a dar más pasos hacia la estructuración política de los sectores laboriosos, que avanzaron en ese sentido mediante la incorporación de diputados de izquierda al Parlamento. A la vez, una vez iniciadas las sesiones del Congreso, las paritarias resultarán una prueba para la bancada del Frente de Izquierda, que deberá demostrar en los hechos cómo impulsan los diputados de los trabajadores una lucha decisiva. La CTA de Micheli anunció un paro con cortes de ruta, mientras la CGT de Moyano aguarda en las sombras sin movimientos ostensibles. El modo de actuar de la burocracia sindical -y principalmente de sus bases- será influenciado por el accionar de los docentes en esta lucha.

Toda huelga que apunta hacia el triunfo se construye. Se prepara con delectación de relojero. Así vienen actuando los docentes combativos en función de defender sus condiciones de vida y, quizás, porque son conscientes de lo que se juega en su batalla. Marzo también es el mes de los idus. Según los romanos, eran días de buenos augurios. Es otro dato inútil, pero que no debería pasar desapercibido por los maestros, que se merecerían un poco de mitología romana bien cumplida.

CFK, la privatizadora del ferrocarril

Un talento del gobierno kirchnerista, logrado en base a un denodado esmero, es la ductilidad con que practica el armado de su puesta en escena. Una puesta en escena conocida también como “el relato”. Esa impostura discursiva logró ganar la simpatía de tantos, muchos de los cuales todavía adhieren al improblable gobierno de la “liberación nacional”, de la transformación social o de los cambios estructurales -ya sea por ingenuidad sin límites, por cinismo o por sus sueldos-.

(Una pequeña aclaración: cuando señalo que esa puesta en escena, alejada de la realidad, es un “talento”, pienso en aquellos consejos que brindaba un estudioso de la política al príncipe Lorenzo de Médici, que adquirieron estatuto clásico. Uno de los señalamientos realizados al principe de Florencia dice así: “Conviene notar, además, que el natural de los pueblos es variable. Fácil es hacerles creer una cosa, pero difícil hacerles persistir en su creencia. Por cuyo motivo es menester componerse de modo que, cuando hayan cesado de creer, sea posible constreñirlos a creer todavía”. Ese es, en última instancia, el fin del “relato” kirchnerista: hacer creer, más allá de los hechos.)

Uno de los postulados de la puesta en escena K es una supuesta distancia radical con el menemismo. Los kirchneristas sostienen esta versión aún hoy, cuando el ex presidente riojano es un senador que sirve con pleitesía los mandatos oficialistas en el parlamento -luego de haber postulado en su lista la reelección de la presidenta- a cambio, quizás, de absoluciones judiciales como la que se produjo en las pasadas horas por la causa de la voladura de Río Tercero-. Los kirchneristas sostienen una fe antiprivatista. Pero la fe es inestable, y así lo demuestran los hechos.

No se debería abundar en la nacionalización trucha -o parcial, para decirlo de un modo más elegante- de YPF que culminó con la entrega de Vaca Muerta a la multinacional estadounidense Chevron, condenada por sus desmanejos colonialistas en todo el mundo (sin contar los miles de millones de dólares que se le entregará a los vaciadores de Repsol ni las cláusulas secretas firmadas con el pulpo petrolero Chevron, que hoy dirige los destinos energéticos de la Argentina). Hablemos sobre trenes.

Los ferrocarriles fueron privatizados por el gobierno de Carlos Saúl Menem en 1994. Un proceso que formó parte de la entrega del patrimonio nacional al imperialismo y a los intereses concentrados de capitalistas de toda índole. Entre ellos, el grupo fundado por Benito Roggio, miembro de esa entelequia entreguista conocida como “burguesía nacional”. Entre ellos, el grupo Romero, parte de esa misma clase social. El miércoles 12 de este mes la presidenta Cristina Fernández, a través de su ministro Florencio Randazzo -que alguna vez prometió descaradamente una “revolución ferroviaria”- ratificó los términos de la entrega. Reprivatizó.

Antes había engañado. En 2005 el fallecido Néstor Kirchner había anunciado con bombos y platillos la vuelta al Estado de las concesiones ferroviarias mediante la creación de UGOFE (Unidad de Gestión Operativa Ferroviaria de Emergencia), que le quitó la concesión del Roca al empresario Sergio Taselli, especialista en vaciamientos. Sin embargo, la operación formaba parte del programa político del kirchnerismo de reconstrucción de la burguesía nacional, a base de los beneficios de la hiperexplotación de la fuerza de trabajo de los trabajadores y de los subsidios estatales entregados a troche y moche. Luego del anuncio, se repartieron las líneas del ferrocarriles entre los concesionarios privados que habían sido los beneficiarios de las privatizaciones menemistas. La diferencia radicaba en que el Estado se haría cargo de todos los sueldos de la planta laboral, además de que entregaría todos los subsidios para el mantenimiento de las vías, a la vez que las empresas privadas -las mismas que había elegido Menem- se beneficiarían de un cánon. Esto por fuera del negocio abusivo de la tercerización.

La resolución 41/2014 y anexos, firmada por el ministro Randazzo, disuelve los organismos transitorios Ugofe y Ugoms y reasigna las concesiones de las líneas ferroviarias a las empresas del grupo Roggio (Metrovías) y del grupo Romero (Ferrovías). La salomónica resolución establece que a Roggio le corresponderá hacerse cargo de las vías Mitre, San Martín y Urquiza y que a los Romero les tocarán Roca, Belgrano Sur, Belgrano Norte y Ferrocentral. Aunque sigue operando Emfer, que repara y acondiciona formaciones, el grupo Cirigliano fue sacado del sistema operativo de la nueva resolución. Sin embargo, no debería dejar de hacerse notar que los Cirigliano, principales responsables de la masacre de Once que costó 51 vidas junto a funcionarios del Estado y sindicalistas, persigue a los delegados de esa empresa y no paga en término los salarios. El nuevo esquema de Randazzo replica la responsabilidad directa de los empresarios de los noventa pero le agrega la fórmula kirchnerista de beneficiarlos, ya que los grupos operan las vías a cuenta de la Sociedad Operativa del Ferrocarril (SOFSE) y Administración de Infraestructuras Ferroviarias, dos sociedades del Estado -de esta manera, ese Estado sigue haciéndose cargo del pago de los salarios de toda la planta laboral y otorgando subsidios para el mantenimiento de las formaciones, vías y obras. Todo un negocio para los empresarios.

Existe cierto mantra que los kirchneristas gustan repetir y que dice así: “El mejor momento del kirchnerismo es cuando está en crisis y pega saltos hacia adelante”. La rebuscada K del “cuanto peor, mejor” no parece estar siendo verificada. En la época de su declive, el kirchnerismo es sólo antipopular. El blanqueo de los beneficios a los concesionarios privados del ferrocarril así lo demuestra. ¿Quiénes son? Los Roggio cimentaron su poder durante la última dictadura mediante concesiones de obra pública. Aldo Roggio, actual mandamás de la compañía, expresaba su apoyo al gobierno de los genocidas de la siguiente manera: “Yo parto de que acá hubo una guerra y en la guerra pasan cosas. En ese momento yo estuve de acuerdo con la guerra contra la subversión. Ha sido un parto doloroso pero necesario para el país”. En los noventa, los Roggio financiaron la Fundación Mediterránea, think tank del neoliberalismo, semillero de los seguidores de Domingo Cavallo, el ministro del vaciamiento de la nación. La década kirchnerista encontró a los Roggio embalados en el fraude de la tercerización laboral que, en el campo del ferrocarril, le permitía cobrar subsidios por empresas tercerizadas que pagaban menores salarios a sus trabajadores y los explotaban de una forma mayor. Ese esquema aplicado al subterráneo les permitió generar ganancias por 100 millones de pesos que nunca fueron declarados, según una investigación realizada por la Anses en 2012. Una misma operativa que usaba el grupo Romero a través de su empresa Ferrovías, que entre 2003 y 2011 recibió 1500 millones de pesos en subsidios del Estado. La Auditoría General de la Nación determinó que existían  “debilidades en los controles llevados a cabo en el proceso de redeterminación de subsidios por las áreas técnicas y de asesoría de la Secretaría de Transporte y de la CNRT” en la investigación de la empresa de los Romero. Contra ese negocio de los subsidios y las tercerizaciones luchaban los trabajadores ferroviarios que fueron atacados por la patota de la burocracia sindical ferroviaria de José Pedraza, kirchnerista, crimen por el que perdió la vida Mariano Ferreyra, militante del Partido Obrero de 23 años, el 20 de octubre de 2010.

Durante el juicio que investigó el crimen político de Ferreyra y que llevó a prisión a Pedraza y los organizadores y miembros de la patota asesina, declaró un ex empleado jerárquico de la empresa Ferrovías, que integraba Ugofe, el organismo disuelto por Randazzo. José Luis García, gerente de pagos de Ugofe Roca, declaró que existía un sistema de desvíos de fondos que posibilitaban que de los fondos enviados por el Estado para el pago de sueldos, un treinta por ciento de ese dinero se perdiera antes de llegar a los bolsillos de los trabajadores. En esa misma investigación hubo testigos que señalaron la presencia del gerente de Recursos Humanos de Ugofe Pablo Díaz en el andén de la estación Avellaneda supervisando la llegada de la patota que atacaría a los manifestantes contra la tercerización. Ugofe, integrada por los Cirigliano, los Romero y los Roggio, otorgó licencias con goce de sueldo a los trabajadores de los talleres ferroviarios de Remedios de Escalada que integraron la patota. El juicio sobre la masacre de Once, y cuya instancia oral empezará el 18 de marzo, que investiga la corrupción en el ferrocarril Sarmiento que provocó todas esas muertes acumula pruebas y pruebas sobre el desvío de fondos y la corrupción que provocó que no funcionaran los frenos aquel 22 de febrero de 2012. Los Roggio y los Romero deberían estar en el banquillo de los acusados en lugar de ser premiados por Randazzo con la reconcesión de las vías del ferrocarril. Con el premio de su reprivatización.

El relato. Durante su discurso en la Casa Rosada, la presidenta Fernández -exaltada notablemente en varios pasajes de su intervención- no mencionó la reconcesión a los empresarios de las privatizaciones menemistas, que el kirchnerismo hizo suyos. Es una recurrencia. Los kirchneristas tampoco mencionan su decisión de devaluar e incautar salarios de los trabajadores, ni la inflación, ni al servicio de inteligencia bajo la dictadura Gerardo Martínez, ni al Proyecto X, ni al represor César Milani al frente de ejército, ni a la ley antiterrorista, ni a Gildo Insfrán, ni a la sociedad de once años con el fascista Rául Othacehé -recientemente quebrada-, ni las cláusulas secretas del acuerdo con Chevron, ni el modo en que la progresía encontró para gobernar sin transformar nada y convertirse en la protagonista de medidas de ataque a las condiciones de vida de las clases populares. No podrían mencionar todos estos hechos. Porque deben mantener su puesta en escena. Ese relato que permite que unos pibes K -miembros de ese sector cada vez menor de los que eligen seguir creyendo- aplaudan la devaluación en los jardines de la Casa de Gobierno.

CFK: el discurso isabelino de la devaluación

Cada partícula de la lengua tiene la virtud de la polisemia, de la variedad de significaciones, de poner en juego cada palabra en un rumor –que no cesa- de los sentidos. Valga la aclaración debido al uso del adjetivo: “isabelino”. Podría referirse a aquella época en la que Inglaterra se consolidó como una nación pujante en los inicios del capitalismo, aquel Reino Unido del siglo XVI bajo la monarquía de Isabel, que también dio un impulso feroz a las artes y la cultura. Esa era, por ejemplo, legó el “teatro isabelino”, encabezado por el genial William Shakespeare, pero también albergó a otros de talla gigantesca, como Christopher Marlowe o Ben Johnson. Sin embargo, “isabelino” también podría aplicarse al modo de existencia del kirchnerismo en esta, su fase final. En este caso, el adjetivo no remitiría de ninguna manera a la pujanza de aquella época británica, sino al gobierno que, por ciertas características, podría considerarse como precursor de las medidas del ocaso K: el de María Estela Martínez de Perón. Le decían Isabelita.

Una digresión. Frente a la reivindicación setentista que realizan los dirigentes y militantes kirchneristas, una vez Jorge Altamira, el dirigente trotskista, me dijo que él se consideraba “sesentista” y no “setentista”. Que los sesenta habían marcado la maduración de una generación que había logrado desarrollarse de manera autónoma de los poderes, que había producido la mayor insurrección obrera independiente de la Argentina -el Cordobazo-, que buscaba tomar en sus manos un destino histórico, estratégico. Incluso a nivel internacional, ya que esa generación había sido testigo y actora de que se había producido el levantamiento contra la Unión Soviética en Checoslovaquia conocido como “La primavera de Praga”; o esa huelga general de masas obreras y estudiantiles conocida como el “Mayo francés”, entre otros hitos. El “setentismo”, según Altamira, planteaba un desvío de ese momento promisorio. Expresaba la subordinación a Perón -que regresaba para abortar el alza revolucionaria sesentista-, el auge militarista de las organizaciones foquistas, el furor del vanguardismo esclarecido y armado y la máscara con que la burguesía nacional se disfrazaba de “popular” y conquistaba para la derrota a los jóvenes de esa época. Coincido con ese planteo. Creo que el “setentismo” del que hace gala el kirchnerismo hoy no es sino una forma de expresar un montonerismo senil. No es una cuestión de edad: tal senilidad es compartida tanto por Orlando Barone, hombre en la edad provecta que cree que este gobierno es transformador, como por los jóvenes que acuden a los patios de la Casa Rosada a aplaudir la devaluación, mientras se consideran a sí mismos los “pibes para la liberación”. Una explosión del sinsentido.

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Cómo combatir la catástrofe que nos amenaza

La sabiduría popular, a veces, está sobrevalorada. Los dichos y refranes tienen una validez relativa, ya que sólo podrían ser refrendados en el marco de la experiencia real, de los hechos concretos de la historia, que los convalidarían -cuando tal experiencia no refrenda el refrán, pasa al olvido entonces-. Sin embargo, a veces sucede que estas sentencias tiene un correlato verdadero con la realidad. Existe uno, de extendida difusión, que señala: “Crisis es oportunidad”.

¿Qué podría ser oportuno frente a la devaluación del peso, esa instancia de depreciación salarial y de promoción de la inflación, de hundimiento de los salarios, de carestía? Nada. El gobierno kirchnerista, a través de su ministro de economía Axel Kicillof, asestó un duro golpe a los trabajadores en los últimos días. Fue una decisión premeditada, tal como reveló a través de sus declaraciones Débora Giorgi, quien dijo que habían estudiado la medida durante semanas. O a través de la admisión final del ministro de Economía, ídolo de algunos economistas que habían querido ver en la figura de Kicillof la del ascenso de un marxista o un keynesiano al Estado -ilusoriamente-: “El Gobierno entiende que la cotización que alcanzó el dólar es una cotización de convergencia, razonable para la economía argentina”. Esas fueron sus palabras admitiendo que la devaluación era toda suya, toda kirchnerista, toda del Estado dirigido por la presidenta Cristina Fernández, hoy devaluadora serial. (Debería recordarse que en cierto momento la presidenta Fernández señaló que una devaluación sólo se realizaría bajo otro gobierno que no fuera el suyo. La historia desmintió su pronóstico, benévolo para consigo misma). Esta caracterización no desmiente que haya impulsos de sectores financieros que apunten a una mayor devaluación en pos de sus intereses, ya que -como el escorpión atravesando el río sobre la espalda del sapo- así es su naturaleza. Sin embargo, no se debería eximir -de ningún modo- la decisión del gobierno de devaluar. El ataque contra los trabajadores es suyo, suyo, suyo -como decía Menem, antecesor ilustre del kirchnerismo, acerca de su Ferrari Testarosa-.

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