Acusados: casi todos

En el film clásico “El cocinero, el ladrón, su mujer y su amante” se asiste a un proceso de degradación moral que termina por incluir -perdón por el proto spoiler a quien no lo haya visto- a todos los personajes de este drama terribilísimo de Peter Greenaway. Las circunstancias de la muerte del fiscal Alberto Nisman, sus antecedentes y su curso posterior revelan un panorama en el que la gran mayoría del contingente político nacional podría ser acusado de una degradación semejante, de una u otra manera.

El drama principal se sirvió en dos pasos. Primero, la acusación de Nisman pidiendo la indagatoria de la principal plana del kirchnerismo, incluida la presidenta Cristina Fernández, por su supuesto rol criminal en el encubrimiento de los posibles autores de la voladura de la AMIA. Luego, la aparición del cuerpo sin vida del fiscal en el baño de su departamento de Puerto Madero y la incertidumbre posterior que transforma los hechos en una novela política negra y asfixiante que protagonizan todos los argentinos. Ese continuum ubica al Gobierno en el lugar donde jamás hubiera querido estar: en el centro del tablero del tiro al blanco.

Sin embargo, no sólo el kirchnerismo debe rendir cuentas, ya que esa tarea también le corresponde a los opositores que antes gobernaron y no sólo formaron parte de este Estado, sino que son cómplices de la procreación del engendro. La trama en torno a la impunidad estatal frente al crimen de la AMIA y la sujeción de los distintos Gobiernos al Estado en la oscuridad conformado por el aparato de inteligencia -que usaron unos y otros en su beneficio y de modo ilegal- los acusa a todos.

El aparato de inteligencia no está apartado de la trama de impunidad del crimen de la AMIA. Basta con revisar las investigaciones independientes que dan cuentas de desvíos, intento de desvíos, operaciones, coimas, plantación de pruebas, sustracción de pruebas y otros elementos que muestran cómo los servicios operan en este país -y a favor de diversos intereses. También alcanzaría con recordar que el año pasado un espía de la Policía Federal reveló que se había infiltrado en la AMIA y que alcanzó un rol de dirección en alguna de las organizaciones políticas de la comunidad judía, a la vez que señaló que miembros de la Federal poseían planos de la institución antes del atentado. Planos que estaban perdidos en el país. El infiltrado era cercano a la ex ministra de Seguridad Nilda Garré. Hoy está en el programa de protección a testigos y su testimonio está demorado en algún despacho judicial.

No es el único tema -o crimen- en el que los servicios de inteligencia tuvieron tanta gravitación. El aparato de espionaje local es la continuidad de su conformación durante la última dictadura, cuando se integró al aparato represivo genocida. Esta afirmación no indica que no hayan tenido intervención anterior, con la misma tónica, pero en un momento de totalidad política estatal, los miembros de la ex SIDE fueron un engranaje central en la tarea que costó miles de desapariciones y asesinatos. Por dar un ejemplo, Jaime Stiusso, último jefe de la ex SIDE jubilado por la Presidente, había ingresado al nido de espías en 1972, cuando todavía dirigía el país la dictadura de Levingston. Fue parte de ese aparato de presupuestos delirantes que se usaban no sólo para espiar gremialistas, opositores de turno, periodistas y hasta amantes de los jefes, sino también para hacer desaparecer personas.

Llegada la democracia, ni Alfonsín, ni Menem, ni De la Rua, ni Néstor Kirchner, ni Cristina Fernández dejaron de usar las habilidades ilegales de la SIDE y fueron socios y escucharon con atención a Jaime “Stiusso”. En un artículo aparecido en The Buenos Aires Herald se recuerda que el espía Raúl Guglielminetti llegó a ser custodio presidencial de Raúl Alfonsín o que con Carlos Menem los sobres para disciplinar periodistas desde la SIDE eran gigantescos y que bajo De la Rúa el incremento presupuestario fue abismal y que la SIDE pagó a sindicalistas las famosas coimas de la Banelco y la flexibilización laboral.

Lo que sorprende es que el artículo del Herald continúa la enumeración y dice: “Llegamos a los Kirchner. La Presidenta acaba de descubrir un nido de víboras capaz de cometer las peores cosas”. Lo que omite decir la nota es que pasaron doce años de gobierno kirchnerista para que se descubra ese “nido de víboras” y que hasta ese momento los mismos servicios sirvieron al kirchnerismo con pasión. A tal punto que a Nisman el entonces presidente Néstor Kirchner le dijo personalmente que Stiusso debía ser su hombre de apoyo en la investigación del crimen de la AMIA. Luego, la presidente Cristina Fernández habría desestimado continuar con tal equipo porque no le servía para hacer inteligencia interior contra Sergio Massa. Echó a Stiusso. Entonces la guerra empezó.

Todos los gobiernos de la democracia están implicados en la trama de uso y subordinación -y viceversa- de los aparatos de inteligencia del Estado argentino. El gobierno kirchnerista también: doce años los usó a su conveniencia, y sólo quiso reemplazarlos por el aparato de inteligencia propio que les prepara con presupuesto millonario el jefe del ejército y represor César Milani.

Todos los personeros que ostentaron el poder -hoy algunos en el oficialismo, otros en la oposición- son culpables. Asistimos a un festín orgiástico de la hipocresía.

¿Quién es responsable por la muerte del niño Qom?

¿Cómo es el dolor cuando el dolor se introduce en el cuerpo y en el alma y desde adentro lo desgarra todo?

Es una pregunta válida, porque se sabe que ese estado de las cosas sucede.

Tal vez nadie mejor que una madre o un padre o un abuelo o una abuela de un niño que acaba de morir pueda expresarlo con la mayor de las certidumbres. Como los padres de Néstor Femenia, el niño qom de 7 años que murió debido a las complicaciones producidas por la desnutrición y la tuberculosis, luego de dos meses de internación en un hospital de la provincia de Chaco. O su abuelo. Su abuelo Hipólito Femenia fue entrevistado por el periodista Ignacio Otero, de TN, en Villa Río Bermejito, ciudad que da acceso al espeso bosque de El Impenetrable, mientras recogía agua en un balde plástico. Agua de un estanque, que luego debía ser hervida para poder ser bebible, ya que nadie le reparte agua potable a su comunidad, cuyas casas carecen de cloacas. “¿Néstor lo acompañaba a buscar el agua?”, preguntó el periodista, e Hipólito Femenia comenzó a llorar. Con un llanto intermitente y sostenido e inevitable. “Lloré porque Néstor siempre está acá buscando agua”, dijo Hipólito Femenia, hablando en presente de su nieto. “Llevaba su bidoncito”, recordó. Continuar leyendo

Una sanción de Navidad

Cada fin de año importa una cierta dosis de felicidad, ya sea genuina o provocada por la convención social. Abundan los brindis, los balances y las celebraciones, las reuniones de amigos y familiares, las salidas. Sin embargo, es necesario recordar que también existen los grinch, esos seres que aborrecen estas fiestas. Algunos de ellos ocupan altos lugares en la Legislatura porteña.

La penúltima sesión del año de la legislatura porteña había acabado en un escándalo. Pasada la medianoche -y cuando finalizaba una sesión maratónica que había comenzado a mediodía- se había puesto a votación la reconcesión de un campo de golf en un área verde de Lugano, que le volvería entregar a un emprendimiento privado 47 hectáreas de terrenos municipales para un negocio que dista de brindar beneficios sociales de ningún tipo (la empresa concesionaria ofrecía brindar cursos de golf a grupos escolares de la zona, una de las más empobrecidas del país). El diputado del Frente de Izquierda Marcelo Ramal realizó una airada intervención en la que denunció no sólo el negocio inmobiliario sino también los intercambios que ofrecen este tipo de emprendimientos con la venia del gobierno de Mauricio Macri, a los que denominó: “asistencialismo inmobiliario”. El diputado del PRO Roberto Quattromano se abalanzó sobre el escaño de Ramal y, según denunciaron varios legisladores que lo rodeaban y cómo se puede escuchar en el video de la sesión, lo amenazó: “La barrabrava te va a romper la cabeza afuera”. El diputado del Frente de Izquierda denunció la situación a sus pares, mientras Quattromano -un hombre que proviene del peronismo de Mataderos y responde al vicepresidente de la legislatura Cristian Ritondo, del PRO- se dirigía a su banca, sin dejar de hacer gestos burlones hacia Ramal. La sesión no pudo terminar. Varios diputados expresaron su repudio a los hechos, a la vez que Quattromano se retiraba de la reunión. Una amenaza violenta acababa de ser realizada por un diputado hacia un par. Se había mentado a las barras bravas. Con los riesgos que ello implica.

Ramal realizó una denuncia penal contra Quattromano por la que el diputado del PRO deberá presentarse a indagatoria y realizó un acto en la puerta de la legislatura en repudio al patoteo. La última sesión del año el PRO decidió no poner a discusión la reconcesión del predio para el campo de golf a sabiendas de que habría sido repudiado en el ente parlamentario.

El PRO contraatacó. Según señala el portal La política Online, la juventud del partido de Mauricio Macri realizó un simpático video en el que se canta una canción burlona sobre Ramal. “Aquí llegó Ramal, Ramal, Ramal, el show va comenzar, ya llegó, ya llegó”, dice la canción cuyo ritmo responde a la famosa cortina musical del show de Carlitos Balá. Los versos de la canción señalan que el legislador del Frente de Izquierda denuncia “pactos PRO-K”, habla demasiado y no vota nada, a la vez que indica que vive como un rey, “como todos los troskos”. Tal vez se deba interpretar que el video resultó un tiro por la culata para el PRO, ya que sólo logró muestras de solidaridad hacia Ramal, a la vez que la canción misma señalaba su coherencia en su rol opositor. Sin embargo, la cosa no quedó allí.

Es una tradición que se entreguen cajas navideñas a los legisladores porteños. Son caras. Tienen buenos vinos y champagnes y algunos productos adquiridos en algún delikatessen. Este año se entregaron, como cada fin de año, a todos los diputados. Menos a dos. A Ramal y a Pablo Bergel, quienes habían sido oradores centrales en el acto de repudio a la patoteada de Quattromano. Cristian Ritondo, vicepresidente de la legislatura, había decidido excluirlos. Se había producido una sanción de Navidad.

El diputado trotskista tiene buen humor. Un humor sarcástico y elegante. Tomó con risa el castigo de la vedada caja de navidad. Marcelo Ramal tiene una larga militancia en el Partido Obrero, una de las organizaciones que conforman el Frente de Izquierda, al que se incorporó durante su adolescencia. Durante la dictadura fue el encargado de centralizar el trabajo con los familiares de los detenidos desaparecidos, lo que llevó a que su partido fuera el único de todo el arco político que marchó con las Madres de Plaza de Mayo en reclamo de la aparición con vida y castigo a los culpables en los duros años de la represión. Luego, jamás abandonó su militancia socialista. En 2013 fue elegido legislador. Frente a los acuerdos del kirchnerismo con el macrismo, se convirtió en uno de los referentes centrales de la oposición al gobierno porteño, hecho que -como se puede comprobar- le valió amenazas. En Navidad, Ramal brindó con los suyos, sin los vinos de la caja navideña del PRO debido a una sanción. Es una linda historia. Las fiestas de fin de año son propicias para este tipo de cuentos con finales más o menos felices, según el punto de vista con que se los mire.

Cuba: ¿es tan fácil que caiga una revolución?

Hace mucho tiempo Nicolás Rijman me contó una anécdota familiar. Sus padres habían viajado a Cuba en un viaje turístico. Una de esas jornadas vacacionales, tarde y ya de vuelta en el hotel, la madre de Nicolás se había sentido mal. Su padre entonces salió a la calle a buscar una farmacia para pertrecharse de unos analgésicos. El hombre caminaba por lo noche oscura de La Habana Vieja, recorría las calles empedradas y coloniales que lo llevarían hasta su objetivo. Llegó. Compró los remedios y emprendió el regreso. Al volver no pudo evitar sentirse seguido. El ruido de unos pasos lo acompañaba y se le acercaba. Pudo ver, de reojo, que un hombre negro caminaba detrás suyo. Dobló. El hombre negro también dobló y aceleró el paso. “Me va a robar”, pensó el padre de Nicolás, alarmado. “Oye, espera”, le gritó el hombre negro, y el padre de Nicolás se rindió ante lo inevitable. “Tú eres argentino, ¿no?”, dijo el hombre negro. “Sí”, respondió el padre de Nicolás. “Y, por casualidad, ¿no tienes algún libro de Trotski, que aquí no se consiguen?” El padre de Nicolás suspiró aliviado y comenzaron a hablar. Continuar leyendo

La izquierda en su laberinto

Quizás la izquierda política no haya tenido la posibilidad de insertarse en la sociedad argentina, tanto como hoy, desde hacía décadas y décadas y décadas. En nuestro país, el peronismo se configuró como  el standard al que debían aspirar los trabajadores: es decir, como un espacio de conciliación entre los empresarios y los sectores laboriosos para propender al avance nacional. Una propuesta que evade la realidad de los mecanismos de la explotación capitalista y de diferencias de clase estratégicas. Los momentos de excepción política permiten que la izquierda corra los velos ideológicos que hacen naturalizar tal sistema de cosas. Entonces sucede que las propuestas políticas de transformación social obtienen un público receptor más amable, más dispuesto a pensar en que los socialistas podrían configurar una opción frente al estado imperante. Continuar leyendo

Una retrógrada campaña sobre sexualidad

Ni la ultraconservadora Sarah Palin se hubiera atrevido. Sin embargo, la juventud del PRO cordobesa lo hizo. Imprimió un folleto para la prevención del HIV ilustrado por una vagina intervenida con una cremallera. Un cierre. En el tope de la imagen -que para agregar más significados tremebundos representaba una vagina púber o depilada- había un lazo rojo, símbolo de la lucha contra el SIDA. No hay demasiado lugar para interpretaciones alternativas. El mensaje de la campaña visual del PRO es que la castidad es la manera de evitar el contagio de HIV.

En la derecha constituida por el PRO conviven distintas tendencias, alguna más liberal basada en el liberalismo económico y en el legado privatista de la Ucedé y otra más retrógrada, influenciada por la iglesia católica. En 2007 Luis Hernán Rodríguez Felder había sido designado como ministro de cultura porteño por el intendente Mauricio Macri. Había accedido a un pedido de su adláter Gabriela Michetti. Rodríguez Felder era un hombre de la iglesia y del conservadurismo. Se mostraba dudoso del arte conceptual y había señalado que el Centro Cultural Recoleta tendría como eje el arte figurativo, que su esposa practicaba. Rodríguez Felder parecía un personaje de Capusotto extraído de tiempos inmemoriales para insertarlo en nuestra contemporaneidad. Una solicitada impulsada por artista y miembros del campo cultural -cuyo mayor activista había sido León Ferrari- logró que el ministro de la estética eclesiástica de cultura no asumiera. Fue un golpe para los sectores ultramontanos que anidan en el PRO.

La campaña del PRO cordobés es fallida en una cantidad inumerable de aspectos. Es machista: señala que la responsabilidad del contagio del HIV es femenina. Es retrógrada: dice que la mujer debería abstenerse de tener sexo para no contagiarse del virus. Es violenta: lo representa mediante una cremallera cerrada sobre una vagina. Es perversa: es una vagina depilada, que bien podría ser púber.

¿Es esta una concesión más al Papa Francisco? Quizás. La Iglesia Católica es una de las principales responsables de la expansión del SIDA debido a su irracional oposición al uso del preservativo. Un cierre sobre una vagina demuestra la actualidad de esta propuesta reaccionaria. Frente a la posibilidad de una existencia sexual plena, la derecha amenaza con el SIDA si no se produce la abstinencia sexual. El PRO de Macri muestra, de este modo, las tensiones reaccionarias que conviven en su propuesta.

Pronóstico: viraje de la clase obrera del peronismo a la izquierda revolucionaria

Si se compilaran los nombres de los sitios en los que se realizaron actos emblemáticos de la política argentina, además de la Plaza de Mayo, seguramente el estadio Luna Park se encontraría entre esos lugares por los que pasó la Historia. El sábado 8 de noviembre se produjo otro de esos acontecimientos relevantes en tal escenario: se hizo allí el Congreso del Movimiento Obrero y la Izquierda. Las instalaciones del “Palacio del Deporte”, ubicado en la calle Corrientes y el bajo, se poblaron de banderas rojas y de consignas socialistas. Se trató de un hecho emblemático y también inédito. En esta mitad de la segunda década del siglo XXI miles de voces gritaron: “Luchar, vencer, obreros al poder”. Muchos de los protagonistas de una actualidad sindical en la que la izquierda resulta insoslayable habían decidido plantear un salto de su actividad gremial hacia objetivos estratégicos, transformadores.  Continuar leyendo

El trotskismo viste a la moda

1. Cuatro militantes trotskistas, uno de ellos diputado nacional, se enfrentan en un duelo de preguntas y respuestas a los panelistas Iván de Pineda -modelo y conductor- y Teté Coustarot -modelo y conductora- durante la noche del sábado. “Los 8 escalones” es el programa de entretenimientos que regresa al recurso de la trivia para brindar un espectáculo televisivo ameno y familiar, destinado a las grandes mayorías. La producción del show televisivo decidió invitar a políticos para competir en el juego. La serie fue inaugurada por Horacio Rodríguez Larreta, del PRO, que tuvo la semana pasada una intervención que no brilló por sus resultados. La invitación del último sábado correspondió al Partido Obrero, que respondió afirmativamente al llamado. En la base de los escalones, que debían ser ascendidos hasta el octavo para poder batirse a duelo con De Pineda y Coustarot, se encontraba el diputado nacional por el Frente de Izquierda Néstor Pitrola y un equipo que lo asesoraría, compuesto por otros tres militantes de la organización. Sin embargo, ¿no son los trotskistas esos militantes de rostro adusto, militantes anticapitalistas las veinticuatro horas de sus vidas, gente adversa a sonreír debido a las injusticias de la sociedad contemporánea? ¿O es este un prejuicio caricaturesco? ¿Cómo responderían al desafío televisivo en el prime time del sábado los militantes de la revolución permanente?

2. En su libro “La sociedad del espectáculo”, Guy Debord analiza las influencias del apogeo de la imagen y la producción audiovisual en la cultura de masas y postula su preminencia sobre los resabios de la era cultural anterior, debido al triunfo de las formas capitalistas en esta esfera. La mercancía habría adquirido una singularidad última expresada en el ámbito comunicacional y se habría expandido a todos los ámbitos mediante la imagen, exhibiendo de este modo el imperio del orden bajo formas novedosas de dominación. Si bien la lectura de Debord podría ser tildada -con razón- de maximalista, también es cierto que el autor francés, uno de los animadores del situacionismo, se detenía en las formas comunicacionales que hoy son la marca de la contemporaneidad. Sin embargo, frente al panorama totalizante que planteaba Debord respecto a la dominación del capital sobre los capitales simbólicos de los medios de comunicación y de la era del show, ¿sólo cabría la rebelión conducida por intervenciones al margen de la sociedad del espectáculo? ¿O podría ser posible una intervención en esos canales de comunicación para aprovechar la masividad de su llegada? Cuando Sigmund Freud y Carl Jung avizoraron la costa estadounidense desde el barco en el que viajaban hacia el nuevo mundo desde Europa para esparcir su disciplina, el último susurró al oído del padre del psicoanálisis: “No sospechan que estamos trayendo la peste”.

3. “Nosotros vamos a todos los lugares a donde nos inviten”, explica Gabriel Solano, dirigente del Partido Obrero y a la sazón uno de los asesores del diputado Pitrola en el juego de “Los 8 escalones”. No debería sorprender: las organizaciones de la izquierda socialista no cuentan con sponsors empresariales, ya que su programa político implica una oposición estratégica a los representantes de esa clase social. Por eso aprovechan cada intersticio que se les ofrece para llevar su mensaje político. Incluso en el campo del entretenimiento: un espacio que les permite mostrar la imagen –en la era de la imagen- de su espíritu. De tal modo, Néstor Pitrola -obrero gráfico, dirigente clasista de su sindicato, fundador de la organización piquetera Polo Obrero y actual parlamentario nacional- pudo mostrarse como el hombre de a pie que es: contar anécdotas de sus viajes en subte y el reconocimiento de los transeúntes, señalar –frente a una pregunta- su presencia en una manifestación contra el ALCA en la ciudad de Mar del Plata, su participación –frente a otra pregunta- en la manifestación conocida como el Viborazo en Córdoba, que puso fin a la intervención dictatorial en esa provincia y, sobre todo, le permitió anunciar que lo ganado en ese show televisivo de entretenimiento no engrosaría sus bolsillos personales, sino que sería donado al fondo de huelga de los obreros despedidos de la empresa Lear, uno de los conflictos que atraviesa la actualidad social. En el prime time televisivo del sábado a la noche, un conflicto laboral se introducía y se desplegaba uno de los roles de los diputados de los trabajadores, que no es otro que el de la solidaridad con esas luchas y su constante acompañamiento político.

4. Las redes sociales dieron cuenta del impacto de la intervención de los representantes del Frente de Izquierda en la televisión y por fuera de los programas políticos que los cuentan como participantes más o menos permanentes. En Twitter, “Pitrola” y “El PO” se constituyeron en Trending Topics, es decir, en sintagmas mencionados con frecuencia masiva por los usuarios de esa red social. Hubo, mayormente, muestras de simpatía a la participación de los militantes trotskistas en el programa, aunque también se registraron expresiones de reprobación de simpatizantes kirchneristas a esa intervención, amparados en que le “hacían el juego a la Corpo” o que, directamente, estaban haciendo el ridículo. También hubo otros sectores izquierdistas, cuyos referentes tienen un renombre menor o casi ínfimo, que le reprochaban a Pitrola esta participación en nombre de una supuesta “pureza revolucionaria”. En el caso de los kirchneristas, el doble standard se ponía en funcionamiento, ya que la máquina reprobatoria se ponía en funcionamiento mientras Martín Insaurralde es un visitante asiduo del “Bailando por un sueño” de Showmatch de Marcelo Tinelli y sus apariciones no convocan ningún rechazo. En el caso de los izquierdistas, tal vez implique cierta desazón ante el reconocimiento que tienen ganado los representantes del Partido Obrero. En cualquier caso, Andy Warhol o Salvador Dalí –esos genios artísticos de la comunicación- hubieran respondido: “No importa si hablan bien o mal de vos, lo importante es que hablen”.

5. Tal vez el trotskismo sólo sea reconocible, entre los países del mundo, como una fuerza política existente solamente en la Argentina y Francia. En nuestro país, el Frente de Izquierda, con sus tres diputados nacionales, el triunfo en Salta sobre el peronismo y las decenas de diputados provinciales y concejales en distintos distritos da cuenta de este fenómeno. Su convocatoria a un programa de entretenimientos también señala su inserción en el imaginario cultural de los argentinos. El equipo del PO no le ganó a Iván de Pineda. De cualquier modo, tuvo un rol digno. Ganaron veinte mil pesos y anunciaron que los donarían a los trabajadores de Lear despedidos. Los políticos trotskistas locales divirtieron y se divirtieron. Es un signo positivo. Ojalá Gerardo Sofovich, recuperado de su hospitalización, quiera darles revancha y el duelo de las preguntas y respuestas se repita, quién sabe, quizás, con mayor éxito para el trotskismo.

La represión kirchnerista va en aumento

La búsqueda de un significado total en acciones aisladas suele provocar la irrupción de esa forma del entendimiento conocida como impresionismo, es decir, de una explicación alejada de la realidad, basada en la mera sugerencia de una explicación simplista. Distintas corrientes abrevan en esta forma de explicar los acontecimientos de la política argentina, tan alejadas de los aportes del método científico, de la investigación policial que inauguró Allan Poe y continuó -con otros métodos- el policial negro estadounidense, de la dialéctica. Por caso, tomemos una serie de hechos que tuvieron su culminación, momentánea, el último jueves 23 de octubre.

En la Panamericana, se produjeron unos violentos incidentes en los que resultaron heridos varios manifestantes que reclamaban la reincorporación de trabajadores despedidos de la empresa Lear mientras se desalojaba la autopista -que no estaba cortada totalmente-. También es cierto que hubo dos policías contusos. Apretados, estos son los hechos. El diario Página/12, por ejemplo, tuvo una mirada impresionista -que expresa fielmente el relato de los acontecimientos realizado por el kirchnerismo oficial- que lo llevó a despachar el asunto en dos párrafos que daban cuenta de incidentes, “heridos en ambos bandos y detenidos”.

Sin embargo, un escrutinio un poquito más pormenorizado de los hechos da cuenta de lo siguiente. El último jueves la represión de la Gendarmería fue salvaje. Los miembros de la fuerza de seguridad comandada por Berni tiraron balas de goma no sólo a mansalva, sino que a quemarropa. Hubo más de veinte heridos por los perdigones de parte de los manifestantes, varios de ellos internados, e incluso el diputado nacional Nicolás del Caño, del PTS-Frente de Izquierda, fue herido durante la represión. Un gendarme fue herido mientras un manifestante resistía el embate cuerpo a cuerpo -que se realizaba mientras se disparaban las balas de goma- y golpeó al susodicho hombre de Berni. Mientras tanto, la caravana de autos que acompañaba la manifestación -y que ocupaba dos carriles de la Panamericana- fue disuelta mediante la rotura de los vidrios de dos autos y la detención de sus choferes por parte de las fuerzas del orden. El salvajismo de la represión fue tal que el CELS, dirigido por el kirchnerista Horacio Verbitsky, señaló en su comunicado sobre los acontecimientos, que el accionar gubernamental “insistió con respuestas violentas y con un uso abusivo de la fuerza que resultó incluso más lesivo para la integridad de los participantes de la protesta que los operativos anteriores”.

Pero hay más.

Dos días antes de la violenta represión, una patota ingresó a la carpa que los trabajadores despedidos de Lear mantienen frente a la puerta de la fábrica de origen estadounidense. Exhibieron cuchillos y armas de fuego. Amenazaron a una de las trabajadoras diciéndole que la iban “violar”. Tajearon la carpa y se robaron las banderas antes de retirarse. No se debería pasar por alto que existe en el lugar un destacamento permanente de la policía bonaerense junto al de la Gendarmería, que incluso custodia la fábrica desde adentro de las instalaciones, como si la institución de seguridad del Estado fuera un cuerpo de seguridad privado de la empresa. La inacción de estas fuerzas para impedir la realización del bravo ataque indica que hubo una zona liberada.

Hay más.

Hace unas semanas, el diputado bonaerense del Frente de Izquierda Christian Castillo se había reunido con Jorge Capitanich y Sergio Berni para tratar de encontrar una salida al conflicto, originado luego de Lear decidiera doscientos despidos de la parte obrera. Las reuniones fueron infructuosas debido a que el Gobierno decidió no obligar a la empresa a dar marcha atrás con despidos que fueron considerados por la Justicia y el ministerio de Trabajo como ilegales. La represión del jueves y el ataque del martes sucedieron luego del fracaso de las negociaciones.

El increscendo de represión estatal y paraestatal -que es plausible de atribuirse a las patotas sindicales del Smata, dirigido por Ricardo Pignanelli- muestran la evolución del kirchnerismo, en este fin de ciclo, hacia una política que escarmienta a los trabajadores que luchan. En una situación económica y política que provocará un incremento de las manifestaciones obreras ante la inflación y el ajuste. En marzo de 2013, la presidente Cristina Fernández había declarado, una vez más y aunque no se correspondiese con la realidad, que su Gobierno no reprimiría a quienes cortaran calles ni pensaran distinto. Nada de esto sucede hoy. Y la venia política a Berni plantea que no sucederá en el periodo inmediato. Un fin de ciclo que, como conclusión al relato impresionista del oficialismo, podría estar marcado por la conflictividad social y las convulsiones políticas en las que la clase trabajadora tendrá una intervención autónoma.

Un símbolo de la lucha contra la impunidad

Cuatro años se cumplirán este lunes 20 de octubre desde que el cuerpo herido de Mariano Ferreyra cayó sobre el asfalto de la calle Perdriel, en Barracas. No volvió a levantarse. Es decir, no volvió a despedirse de su madre Beatriz -a quien todos conocen como Betty- con un beso antes de partir a una manifestación ferroviaria; no volvió a intentar unas notas en su guitarra o su acordeón; no volvió a poner una mesa con los materiales del Partido Obrero en el CBC de Avellaneda; no volvió a jugar al fútbol en la playstation con sus amigos; no volvió a la lectura que estaba realizando de la novela “La noche quedó atrás”, de Jan Valtin, que le había prestado su amigo El Be; no volvió a postularse como tornero en una metalúrgica como había hecho hacía unos meses; no volvió a manifestar su humor oscurísimo en un chiste; no volvió a reunirse con sus compañeros de militancia en una reunión de círculo de su organización.

Mariano Ferreyra fue alcanzado por una bala de plomo que le perforó el pulmón y ocasionó su muerte, minutos después, en el hospital Argerich, en La Boca. Tenía 23 años, era un militante revolucionario, dirigente del Partido Obrero. La Justicia determinó que las balas que se dispararon aquel mediodía del 20 de octubre de 2010 fueron el fruto de la planificación criminal urdida por dirigentes de la Unión Ferroviaria, que habían contratado sicarios para realizar la tarea sucia, y lograr de ese modo escarmentar a los trabajadores ferroviarios tercerizados que llevaban adelante un plan de lucha para lograr su pase a planta y las normas laborales básicas establecidas por el convenio laboral.

Por el homicidio -que también costó graves heridas a Elsa Rodríguez, compañera de militancia de Ferreyra en el PO y responsable de un comedor en un barrio carenciado de Berazategui- fueron condenados a prisión los dirigentes sindicales José Pedraza y Juan Carlos “El Gallego” Fernández, autores intelectuales del crimen; Pablo Díaz, Cristian Favale y Gabriel “El Payaso” Sánchez, Jorge González, Salvador Pipito y Claudio Alcórcel, ejecutores del fulminante ataque y los policías Luis Osvaldo Mansilla y Jorge Raúl Ferreyra, quienes garantizaron la liberación de la zona para la realización del plan homicida.

La condena de José Pedraza -baluarte kirchnerista en su sindicato y elogiado por la presidenta Cristina Fernández como ejemplo del “sindicalismo que construye”- implicó el aprisionamiento, por primera vez en la historia nacional, del autor intelectual de un crimen político. La Justicia le acaba de negar el pedido de prisión domiciliaria al asesino. La figura de Mariano Ferreyra se multiplicó por miles en murales, afiches, libros, registros audiovisuales. Se convirtió en el símbolo de la lucha por justicia y contra la impunidad, en una bandera de denuncia de la precarización laboral y la tercerización (un trabajador ferroviario que ingresó a la planta del ferrocarril luego del crimen y la movilización colgó un pasacalles en la zona sur en la que encomendaba a Mariano Ferreyra a un santo popular y le agradecía los favores recibidos), y en un símbolo vivo de la juventud militante y socialista, en oposición a las juventudes rentadas y proestatales de La Cámpora y el kirchnerismo.

Miles de chicos y chicas conocieron su historia y se identificaron con Ferreyra, uno más y uno de los suyos, pero que había decidido militar por transformaciones sociales estratégicas, por un gobierno de la clase trabajadora, por el socialismo. La precarización laboral contra la que luchaban Mariano Ferrerya y sus compañeros aquel mediodía en Avellaneda y Barracas no ha cesado. Un estudio reciente elaborado por la Organización Internacional del Trabajo, basado en datos oficiales del Indec, señala que la informalidad laboral es el modo de existencia del 41,8% de la población laboral activa y que ese porcentaje se eleva al 61,6% entre los trabajadores jóvenes, de entre 15 y 24 años.

En el día de hoy se realizarán en Barracas recordatorios del asesinato de Ferreyra. La calle Coronel Bosch -por donde marchaban las columnas de los ferroviarios tercerizados aquella mañana entre Avellaneda y Barracas- pasará a llamarse Mariano Ferreyra, por iniciativa de su hermano Pablo Ferreyra, legislador porteño por el kirchnerismo. Luego, sus compañeros de militancia del Partido Obrero realizarán una jornada en homenaje a Ferreyra y una denuncia de la actualidad de la tercerización y precarización laboral. Una vez más muchedumbres de jóvenes y no tan jóvenes se congregarán para reclamar los mismos puntos que reclamaba Mariano Ferreyra aquel 20 de octubre de 2010, hace cuatro años. Coros de voces nombrarán al unísono otra vez su nombre. En la continuidad de esa tarea y en la perspectiva de acabar con el arrebatamiento de los derechos laborales es que se le rendirá el mejor homenaje. Un acto de lucha será la mejor manera de impedir que el olvido se pose sobre la memoria de la vida de Mariano Ferreyra.