Salta, la troska: la izquierda ante una elección disruptiva

“Venga, acompáñeme a la bicicletería de a la vuelta, que con ellos en 2013 recorrimos el barrio llamando a votarlos a ustedes y ahora necesitamos materiales para volver a hacer la recorrida”, cuenta Pablo López -actual diputado nacional por el Frente de Izquierda y candidato a intendente del Partido Obrero en la ciudad de Salta- que le dijo una señora hace dos días en una visita a un barrio popular de la capital provincial. “Como nunca en una elección nos atacaron tanto desde los medios de comunicación y desde todas las facciones políticas, pero también como nunca vemos que se acercan sectores de la población a militar por nuestro voto”, dice López, que se caracteriza por su aspecto barbado, pelilargo y juvenil y la parsimonia de aquellos que no tienen drama en explicar cien veces su postura hasta que se entienda. Dentro de unos días participará de una elección de una gran importancia. Este domingo se desarrollarán las elecciones PASO en Salta. Una contienda sobre la que se posan los ojos de los analistas políticos no sólo por su relevancia nacional cuando las principales facciones en pugna expresan al kirchnerismo y al peronismo de derecha (par que podría replicar el status de la disputa de la elecciones generales de este año) sino también por el rol que tendrá la izquierda, expresada en la lista del Partido Obrero. Es decir, la elección podría ser una más de las muchas que se producirán este año, pero con un elemento “siniestro” -en el sentido desestabilizador que señalaba Sigmund Freud para la palabra y en su significado literal, ya que se sabe que el origen de la palabra va de la mano del concepto “izquierda”-.

“Me importa un carajo que me vea la patronal, nosotros vamos con el Partido Obrero”, cuenta Jorge Altamira que le dijo un obrero que, entusiasta, se le acercó a expresar su apoyo a la salida del horario laboral en el Ingenio El Tabacal, en el interior provincial. Mauricio Macri, Sergio Massa y Daniel Scioli se hicieron presentes estos días en la provincia del norte con el fin de reafirmar la tentativa de nacionalización de las elecciones. Pero también se hizo presente el candidato a presidente del Frente de Izquierda Altamira para ayudar a desmantelar esta operación. Frente a la disputa entre dos fracciones del régimen oligárquico que gobierna Salta desde hace décadas, la lista del PO se presenta como el factor disruptivo, que rompe la previsibilidad del ejercicio electoral. “Creemos que hemos quebrado el intento de polarización al menos en la capital de Salta y que por eso Pablo López estará disputando el segundo lugar en la votación a intendente”, explica Altamira. En Salta, las PASO dirimen internas sangrientas entre los partidos tradicionales. Por caso, las listas que llevan la candidatura de Urtubey a la reelección suman más de 50. El mapa político de las PASO salteñas podría resultar macondiano, inverosímil. Libres del Sur -la agrupación que hace unos años fuera guevarista y que tiene como referentes a Victoria Donda y Humberto Tumini- apoya en la provincia al kirchnerista Urtubey, hombre de silicio y Opus Dei y miembro de una casta oligárquica tradicional desde hace siglos. Por el contrario, el Movimiento Evita -que se postula como la izquierda kirchnerista- apoya al tándem Juan Carlos Romero como gobernador, Alfredo Olmedo como vice, una expresión de la más rancia derecha reaccionaria, alianza del PJ con el PRO. “Superar las PASO con una votación que quiebre la polarización nos llevará a un escenario distinto para las generales de mayo”, indica Altamira. En 2013, en la capital salteña el PO obtuvo en las PASO un 16% de los votos. Luego dio el cimbronazo y sacó el 29%, casi duplicando su elección.

“El partido ha crecido exponencialmente”, dice Claudio del Pla, candidato a gobernador por el PO. El referente indiscutido del trotskismo en la provincia explica que el voto al PO expresa la elección por una alternativa al régimen oligárquico que disputan las dos facciones mayoritarias. “Por eso esta campaña fue la más dura en cuanto a los ataques de todos lados: nos identifican como la alternativa de transformación y nos atacan para obturar esa perspectiva”, especula Del Pla. “Es importante el salto cualitativo de esa campaña contra el Partido Obrero -explica Altamira-. Dicen todo el tiempo: ‘Ellos no pueden gobernar’. Pero esa postulación implica que se está discutiendo la posibilidad de gobierno del PO. Que se discuta en la población salteña cómo podríamos gobernar fácticamente nosotros es un hecho revolucionario”.

“No, no son actores, son testimonios reales de la gente que nos votó”, contesta Pablo López. Los spots de campaña que se vieron en la televisión salteña muestran -además de un spot animado en el que se postula: ‘con el Partido Obrero, el pueblo llega al poder’- a jóvenes estudiantes, señoras en la puerta de sus casas, mujeres trabajadoras, un hombre en su moto, testimonios de los votantes del trotskismo en la ciudad de Salta. “Con vos, podemos”, es el slogan de la campaña, que remite al “Sí, podemos”, de Barack Obama en su primera elección triunfante. “Las encuestas nos ubican disputando el segundo lugar en la elección a la intendencia -dice López-. En las recorridas por los barrios, por las fábricas, en las universidades se percibe esa tendencia. Un sector muy importante se plantea cambiar el régimen político que ha gobernado las últimas décadas, un régimen privatizador de los servicios municipales y al servicio de los sojeros, los dueños de las petroleras y las mineras. La población ha visto nuestro programa y un sector muy fuerte apuesta a eso”. El domingo hay elecciones en Salta. La izquierda espera superar las PASO con una buena performance y entonces luego ir con todo para que en las elecciones generales se vuelva a popularizar el mote que les quedó impreso desde 2013. Para que vuelva a estar en boca de todos una sencilla pero significativa frase: “Salta, la troska”. 

Corriendo el velo de la inequidad kirchnerista

La geografía social de la nación experimentó este martes un formidable paro general: se trató de la más potente medida de fuerza realizada durante todo el ciclo kirchnerista. El centro reivindicativo de la protesta estuvo enfocado en el rechazo a la aplicación del impuesto a las ganancias sobre los salarios de trabajadores, eje que dio lugar a una falaz polémica que intentó enlodar al paro por parte de los voceros del oficialismo. Todo paro implica una disputa. Se trata de una de las expresiones de la lucha de clases más intensas, allí donde un sector social subalterno invierte el orden cotidiano y, para eso, se enfrenta a sus salvaguardadores: el Estado y sus patrones. Se trata de una disputa física y, también, discursiva.

El paro corre ciertos velos y pone al descubierto las desigualdades que encubre el concepto de la democracia. No es cierto que todos los ciudadanos tengamos el mismo rango ya que la base íntima del orden actual es la desigualdad. El Estado y sus leyes responden a los intereses del grupo social dominante y contra esa perversión sistémica es que el paro actúa como resguardo de derechos y como promotor de avances en las condiciones de existencia de los sectores subordinados. El paro es la decisión colectiva de esa defensa y de ese avance. Los trabajadores organizan el uso de la fuerza en una así llamada medida de fuerza para que su decisión se cumpla en medio de condiciones sistémicas desfavorables.

Aluar, Acindar, Fate, las grandes fábricas gráficas, seccionales enteras de la UOM, el cordón industrial de San Lorenzo en Santa Fe, los trabajadores aceiteros, los trabajadores del subte, papeleros, los profesores universitarios, los obreros de la alimentación se sumaron a la proposición inicial de los trabajadores del transporte que propusieron paralizar el país en defensa de sus salarios y derechos, a los camioneros, conductores de colectivos, aeronavegantes y portuarios. Más de diez millones de trabajadores en la Argentina realizaron la medida de fuerza y un sector de estos trabajadores construyó los piquetes del paro general.

La convocatoria del paro fue realizada por burócratas sindicales como Hugo Moyano, Luis Barrionuevo e incluso el Momo Venegas. Sin embargo, el paro fue de toda la clase obrera. Sólo así se puede caracterizar la gran adhesión concitada, sobre todo en sectores no pertenecientes a los gremios que convocaban a la huelga. No se trata solamente de la lucha contra el impuesto a las ganancias, sino del impulso multitudinario a la reversión de un estado de precarización, trabajo en negro, tercerización y salarios de hambre que forman la actualidad de la clase trabajadora argentina. Cifras oficiales del dudoso INDEC señalan que el 34 por ciento de la población laboral trabaja en negro -y si se le suman tercerizados y monotributistas se llega al 50 por ciento-. La misma mitad de la Argentina que gana menos de cinco mil pesos de salario. Un estado de cosas imposible de soportar.

La argucia falaz de los kirchneristas consistía en decir: “Paran por los sectores privilegiados, por los que más ganan y no por los que ganan cinco mil pesos, por los que no tienen trabajo, por los receptores de planes sociales, por el pueblo pobre”. Su discurso ponía al descubierto el fracaso de la década kirchnerista y, en su cinismo, querían usar ese fracaso para atacar el justo reclamo de que no se graven los salarios de los trabajadores, a la vez que encubrían la inacción del sindicalismo kirchnerista, convertido en un vergonzoso felpudo del poder. El “impuesto a las ganancias” fue impuesto para evitar el fraude impositivo de empresarios que se hacían pasar por trabajadores con salarios descomunales. Hoy, kirchnerismo mediante, lo pagan incluso los docentes, los colectiveros, un obrero gráfico que hace horas extras. Que estos sectores lo paguen es consecuencia de una inequidad que caracteriza como ganancia al salario. Una injusticia propia de los conservadores históricos.

Igual de conservadores fueron los dichos de la presidenta Cristina Fernández en respuesta de este escenario. “Hacen un paro porque tal vez tengan que dar un poquito de su sueldo para otros compañeros, jubilados, para hacer redes cloacales. Como dijo Evita, le tengo más miedo al frío de los corazones de los compañeros que se olvidan de dónde vinieron, que al de los oligarcas”. De un plumazo, los docentes, colectiveros y gráficos que pagan el impuesto a las ganancias no sólo debían contribuir con sus salarios a compensar las falencias del Estado -en lugar de arrancárselas al capital financiero o a Chevron- sino que además esos trabajadores se convertían por hacer paro en seres peores que los oligarcas. Frente al descomunal éxito del paro general, la presidenta Fernández ofrecíó una muestra sideral de cinismo.

La dama y el vago de miércoles

“Tengo diez mansiones, no una, pero estoy acá. Yo podría estar ahora en mi mansión, pedazo de animal, vago de miércoles”. Son las palabras de Beatriz Rojkés de Alperovich, senadora nacional por Tucumán y esposa del gobernador kirchnerista José Alperovich. Las dirigió el sábado por la tarde a un inundado del sur tucumano que le hacía un reproche por la falta de maquinarias que solucionaran el desastre que provocaron las aguas en aquella región. Es la voz de Beatriz Rojkés -que fuera durante un largo periodo de la década kirchnerista la tercera persona en la línea sucesoria presidencial, luego del vicepresidente Amado Boudou- pero viene de la profundidad de los tiempos, ya que es la voz programática de los conservadores nacionales descargando la responsabilidad de la pobreza en los propios pobres debido a su ignorancia y costumbres barbáricas.

Tal vez debería sorprender que las insultantes expresiones fueran emitidas por una de las más conspicuas representantes del kirchnerismo en el norte argentino ya que, como se sabe, la impostura del oficialismo hace que se presente a su movimiento como transformador -a pesar de toda la evidencia que demuestra que no lo es-. Rojkés está casada con el gobernador Alperovich, que se iniciara en la política en 1995 como legislador de la Unión Cívica Radical. La crisis de 2001 -y el hundimiento del radicalismo de la mano del helicóptero del presidente De la Rúa, que ordenó la represión que costó la vida de 35 personas el 20 de diciembre de ese año- promovieron que Alperovich se pasara al justicialismo con cierta astucia. En 2003 fue elegido gobernador. Beatriz Rojkés fue elegida diputada. El clan Alperovich-Rojkés quedaba inaugurado y gobernaría la provincia como si fuera una empresa de su propiedad. (El holding empresario real de la familia, iniciado por su padre, está integrado por varias concesionarias de automotores -proveedoras exclusivas de vehículos al Estado tucumano-, un hotel de alta gama y una empresa constructora e inmobiliaria. Además, el gobernador tiene campos en Tucumán, Santiago del Estero y Salta, donde cosecha soja, maíz, trigo, cítricos y arándanos).

La familia ocupa los cargos claves en el férreo manejo del Estado. Silvia Rojkés de Temkin es la ministra de Educación, y fue titular del Instituto Provincial de Acción Cooperativa y Mutual. Carlos Rojkés, es representante del Banco de Tucumán, hombre de peso en la radio LV12 y asesor de su hermana en la Cámara alta. El primo del gobernador, Benjamín Bromberg, fue representante oficial de Tucumán en Buenos Aires y ahora es diputado nacional. Otro primo, Oscar Mirkin, tiene el estratégico cargo de secretario de Obras Públicas, y su hermana Beatriz fue electa diputada nacional. Una de las hijas del gobernador, Sara Alperovich, de 29 años, aparece con una relación por demás ventajosa con el PAMI. Tiene un consultorio odontológico que habría facturado, en menos de dos años, 699.000 pesos a la obra social, en concepto de cápitas. El Centro Odontológico de Tucumán denunció que la hija del gobernador recibe del PAMI 36.000 pesos por mes, mientras que el resto de los consultorios obtiene, en promedio, entre 5.000 y 9.000. En los últimos años, Rojkés de Alperovich se transformó en una de las políticas más ricas del país. En su declaración jurada anterior a 2006, había registrado una fortuna de 1,7 millones de pesos, que para 2006 se habían transformado en 7 millones. Cuatro años después la fortuna de la esposa del gobernador tucumano se había multiplicado otra vez, ahora por tres, alcanzando los 20.627.274 pesos.

No es la primera vez que la senadora Rojkés comete un exabrupto que muestra su profunda esencia reaccionaria. En 2012 la niña de 6 años Mercedes Figueroa fue hallada muerta en el barrio Echeverría en un crimen que conmocionó a la sociedad tucumana. La senadora declaró: “No podemos tener al señor Estado a la par de una familia que está borracha, y permite que una criatura de seis años esté sola”.

En el “pedazo de animal, vago de miércoles” y la citada declaración se exhibe una línea de pensamiento. Una línea de pensamiento tremendamente antipopular y escudada en la impunidad que otorga el poder. Una impunidad a la que los Alperovich están acostumbrados. El caso Paulina Lebbos da cuenta de ello. El asesinato de la joven tucumana se produjo en 2006 y la investigación judicial fue desviada y estancada de manera premeditada porque algunas líneas investigativas conducían a los hijos del poder en la responsabilidad del crimen. Cuando Alberto Lebbos, padre de Paulina y quien no cesó de denunciar la responsabilidad estatal en el encubrimiento del homicidio de su hija, pudo ver que la lucha rinde frutos y la justicia nacional ordenó que otro fiscal agilice la causa, se pudo comprobar cómo nada se había avanzado en la investigación de aquella muerte, cómo se habían perdido pruebas y cómo se había intentado proteger a los sospechosos del delito. Un hijo del gobernador y el hijo de su secretario personal eran señalados como posibles autores del asesinato en una fiesta en la que se habría sobrepasado todo límite. Alberto Lebbos continúa movilizándose junto a otras víctimas de la impunidad tucumana para que se haga justicia por los crímenes cometidos.

“Tengo diez mansiones, no una, pero estoy acá. Yo podría estar ahora en mi mansión, pedazo de animal, vago de miércoles”. Esas fueron las palabras que muestran como pocas el kirchnerismo al desnudo: un movimiento conservador ataviado con falsos ropajes del cambio. Sin embargo, no debería dejar de hacerse notar que la persona a la que iban dirigidas las palabras de Rojkés -Cristian Bulacio, obrero agrícola en las cosechas de papa, limón y arándano y cuya familia perdió su hogar debido a la inundación- no se quedó callado. El cuerpo social de la nación tiene espacios cada vez más crecientes para los impulsos a la rebelión, así lo demuestran, por mínimos que sean, gestos vindicativos. La senadora Rojkés insultó a Bulacio frente al reclamo de maquinarias para solucionar las consecuencias de la inundación. “Pedazo de animal”, le dijo, “vago de miércoles”. Bulacio respondió: “¿Vago? ¡Ustedes son todos unos ladrones!”. Y es cierto.

Los espías del gobernador Gildo

Un sistema de inteligencia que vigile todo lo que pase en la provincia. Así se podría caracterizar el proyecto de espionaje interior detectado en Formosa a partir de los #InsfranLeaks, una serie de mails filtrados por miembros mismos de ese sistema para denunciar la ilegalidad de esa acción estatal. Políticos opositores de toda laya, periodistas que escribían notas con sesgo crítico, sindicalistas que hacían fiestas donde osaban a criticar al gobernador, indígenas que realizaban protestas en Buenos Aires por sus derechos: todos vigilados. Bienvenidos al sistema de vigilancia instaurado en el territorio gobernado por Gildo Insfrán desde 1995, es decir, desde hace dos décadas.

Los #InfranLeaks son elocuentes. Una reunión del grupo de apoyo a Félix Díaz realizada el martes 6 de junio de este año en Buenos Aires . Un informe da cuenta detallada de las discusiones de tal encuentro, del dinero recaudado para las acciones a realizar, de un posible acampe en la capital argentina. El informe implica la infiltración de un agente.

Notas periodísticas son enviadas antes de su publicación impresa a los superiores de la inteligencia formoseña, dando cuenta del hackeo de mails de periodistas de sesgo opositor.

Actividades del Partido Obrero son seguidas con minuciosidad y se informa de las mesas que instalan en la vía pública y de las reuniones que realizan en pos de un encuentro político nacional en el Luna Park. Se informa acerca de los dirigentes del PO presentes en la reunión.

El aeropuerto formoseño es pequeño y no tiene una actividad profusa de vuelos. Marca propicia para informar sobre quiénes parten y quiénes llegan y si algún periodista formoseño los va a recoger.

Unos docentes opositores al insfranismo nucleados en el gremio Voz Docente hacen una actividad callejera y se detalla la cantidad de gremialistas presentes, las consignas planteadas y el horario de la actividad. Docentes de la misma rama hacen una fiesta y se publican las fotos de los festejantes, a la vez que se toman las expresiones usadas en contra del gobernador.

Félix Díaz se descompensa en Buenos Aires, donde lleva adelante un acampe en reclamo de sus derechos. Un agente saca fotos mientra la ambulancia se lo lleva y escribe un informe sobre el estado de la protestas y sobre la incertidumbre que planteó la internación efímera del cacique Díaz. También informa sobre los colchones donados por el gremio ATE.

En las novelas escritas en el continente sobre la desmesura de los dictadores latinoamericanos se destaca el ansia de control de esos patriarcas inverosímiles. Que sin embargo existieron. Gildo Infrán es un producto democrático de tal estirpe. Sin embargo, no debería considerárselo como un ser excepcional: se trata de parte del proyecto kirchnerista para las provincias en las que no intenta disimular una pátina progresista. Insfrán es gobernador desde 1995 y no hay joven en la provincia que no tenga una imagen sobre el poder que no esté referenciada en los rasgos de su rostro. En Formosa se lo llama: “El tío”. Los sectores más politizados lo llaman: “El dictador”.

La revelación de los #InsfranLeaks implican la demostración del sistema de vigilancia estatal sufrido por todos aquellos que en Formosa se animan a ejercer el derecho a la crítica. En las próximas horas se presentarán en Tribunales distintas demandas para que se investigue el espionaje estatal que los #InsfranLeaks revelaríán. Desde los referentes radicales a quienes se les hackearon cuentas a los militantes del Partido Obrero vigilados en sus reuniones, pasando por periodistas y por los aborígenes en lucha de la comunidad qom. Será entonces el turno de la justicia.

La desgracia de los derechos de la mujer

Desgraciados los derechos de las mujeres cuando gobierna la Nación una católica militante y reina en el Vaticano un Papa argentino. Una combinación de circunstancias potente que retrasa más la concreción de una ley básica para el sanitarismo que previene la muerte: aquella que legalizaría la práctica médica del aborto.

Según cifras oficiales se realizan 500 mil abortos por año en la Argentina. El estudio de la Cepal realizado por Silvia Mario y Edith Pantelides, citado por el ministerio de Salud de la Nación, así lo cuantifica y establece que, en promedio, mueren 100 mujeres por año por complicaciones relacionadas con abortos mal hechos. Es decir, cada tres días una mujer muere por esta razón -o sinrazón, mejor dicho-. La cifra de abortos por año es gigantesca: más de mil abortos se producen por día. Esa cifra puede dar cuenta de la magnitud de la falta de lógica de la ilegalidad de esta práctica -y de la criminalidad de sus consecuencias-. En 2012 se aprobó el aborto en Uruguay: las cifras oficiales indican que cesó en absoluto la muerte materna por razones relacionadas con el aborto. Y que el aborto disminuyó incluso sus cifras generales. Una política sanitarista que contemple la legalización de una práctica ya establecida no es sólo una necesidad ética y moral, sino una necesidad material concreta y urgente. Continuar leyendo

La izquierda ante la primera elección del año

Para que un fenómeno pueda ser considerado como tal es necesario que se demuestre su consolidación, es decir, que supere un mero carácter azaroso, aleatorio o de hecho extraordinario y reversible. Quizás las elecciones del domingo en Mendoza -las primeras de un profuso año electoral con elecciones locales, provinciales y que concluirá con las presidenciales- marquen una tendencia a la consolidación del ascenso de la izquierda.

La capital de la provincia mendocina fue el escenario de la primera contienda electoral de las PASO para determinar las candidaturas a intendente y concejales locales. El radicalismo presentó un frente que incluyó a la UCR,;al Partido Socialista; al PRO, de Mauricio Macri; al Frente Renovador, de Sergio Massa y hasta a Libres del Sur, de Humberto Tumini -una organización que proviene del guevarismo y que justifica estos frentes en función de un combate a “la derecha”, aunque en esta oportunidad compartió listas con el PRO-. El frente oficialista liderado por la UCR presentó cuatro listas que dirimirían el candidato para las elecciones generales de abril. Continuar leyendo

Una tercera posición frente al #18F

El fin de ciclo está atravesado por una imagen que lo domina: “la grieta”. Una bifurcación que corroe y divide en dos un territorio, que aleja lo que debería estar unido, que corta con cuchillo de carnicero -en este caso- el espacio social de la Argentina. La imagen es problemática en varios aspectos. Y expone cómo actúan los falsos velos de la ideología. Todo esto es posible de verificar al apreciar los posicionamientos respecto a la marcha del #18F en homenaje y por justicia por el fiscal Nisman.

La añoranza de una supuesta paz social perdida a manos del kirchnerismo es un recuerdo mentiroso: la sociedad argentina -y todas las sociedades- están marcadas por el conflicto, que se manifiesta más o menos abiertamente de acuerdo a cada época. No podría ser de otra manera: la sociedad está dividida en clases sociales con intereses divergentes y hasta antagónicos. El kirchnerismo en su etapa final exacerba el conflicto que atraviesa el cuerpo de la nación y lo expone en sus varias direcciones: no sólo se exhibe la diferencia de intereses entre los trabajadores y el Gobierno kirchnerista -que no es el suyo- sino que muestra la divergencia de fines entre sectores del empresariado al que responde el gobierno y aquel al que le es esquivo, de la pleitesía que rinde a distintas intenciones de naciones extranjeras y la alineación o no con el oficialismo de corporaciones, burocracias y políticos. La muerte del fiscal Nisman -que implica necesariamente al Estado como responsable del acontecimiento- promovió que este magma vivo de conflictividad se convierta en el escenario de nuestros días.

La marcha convocada para el 18 de febrero en demanda de justicia para el presunto crimen de Nisman es falaz. Su convocatoria esquiva el punto central de esa muerte, que implica indagar en las responsabilidades políticas del asunto. La guerra de espías que vive la nación es consecuencia de una crisis de Estado de la que es responsable el kirchnerismo, pero también los partidos que lo antecedieron en el gobierno. Los partidos que convocan a la movilización no plantean salidas a la cuestión de los servicios de inteligencia ya que son responsables del actual estado de las cosas. Los radicales que le dieron continuidad a los espías de la dictadura, los menemistas que usufructuaron los beneficios políticos de los agentes secretos y los fondos reservados, los aliancistas que pusieron a sus cuadros jóvenes al frente del manejo de los “servicios”, los duhaldistas que reprimieron y mataron en un puente con el uso de los infiltrados, los macristas con su Ciro James y su Fino Palacios, los kirchneristas que usaron como nunca en democracia los presupuestos del Estado para acrecentar la caja para espiar, que nombraron a un represor experto en Inteligencia al frente de Ejército, que implementaron el Proyecto X, que bancaron al sindicalista del Batallón 601 como su gran felpudo gremial, que espiaron políticos, periodistas y activistas clasistas. Todos responsables, todos cómplices, todos culpables del terremoto político que conmueve a la Argentina.

Se indica que un grupo de fiscales convoca al #18F para tranquilizar conciencias, como si esa pata del Estado fuera impoluta -cuando su norma implica todo lo contrario.  Se trata, en realidad, de una movilización que tiene la intención de lavarle la cara a los políticos de la oposición antikirchnerista de derecha. Querrían aprovechar la crisis para salvar sus culpas, cuando -como ya se señaló- son todos responsables.

La falsa imagen de la grieta indica que cada ciudadano debería ubicarse en un lado u otro de esa abertura. Con los responsables kirchneristas del marasmo o con los responsables antikirchneristas que los precedieron. Un razonamiento equivocado.

Esta caracterización no evita predecir que el #18F habrá una gran movilización, es decir, que la marcha del silencio canalizará el descontento social. De cualquier manera, una oposición de derecha que navega en la desorientación, que aspira a frentes inverosímiles, que no tiene un plan para salir de la crisis sólo podrá aprovechar esta convocatoria con fecha de vencimiento.

La izquierda no participará de la movilización y su posición es correcta. Esto no evita observar que este sector político no pudo visibilizar una salida a esta crisis. El Partido Obrero se movilizó en solitario al Congreso para demandar la interpelación del gabinete nacional en el Congreso, un hecho que también pondría en cuestión a los posicionamientos de la oposición turuleca. Pero la soledad de su convocatoria da cuenta de que el Frente de Izquierda en su conjunto no pudo esbozar un planteo común -aunque también es cierto que pudieron unificar su posición de no movilizarse el 18 de febrero. Otro sector de la izquierda se movilizó junto a la CTA para pedir una Comisión que revisara la cuestión del atentado a la AMIA. El proyecto convoca a diputados de los partidos mayoritarios solamente, es decir, querría que los responsables evaluaran sus responsabilidades. Una impostura.

Ni con el Gobierno, ni con la oposición de derecha. No es desdeñable una tercera posición que busque encontrar las causas profundas de la crisis de nuestra nación. La izquierda debería insistir en esta perspectiva. Es necesaria una otra movilización.

 

La izquierda ante una gigantesca crisis política

En enero, el edificio del Congreso es un edificio vacío. Incluso en medio de una crisis de Estado lo que impera es el vacío y el silencio -como si nadie se hiciera cargo del murmullo inquieto que atraviesa a la nación. La crisis iniciada luego de la muerte del fiscal Alberto Nisman mostró iniciativas legislativas por parte del Gobierno y denuncias por parte de la oposición. Pero nadie podría afirmar que tales iniciativas ayuden positivamente a encausar la deliberación ocasionada por tal acontecimiento ni señalen las causas profundas de la crisis. Quizás porque todos, la oposición que gobernó y el oficialismo que gobierna, están hundidos en el sistema de complicidades que prohijó el estado actual de las cosas: una guerra intestina de servicios de inteligencia, el operativo estatal de encubrimiento de la causa AMIA, la indolencia y desorientación ante la muerte del fiscal Nisman.

Durante la tarde del jueves el silencio de los pasillos del parlamento se rompió. Se rompió por los pasos de los periodistas que asistieron a la conferencia del Partido Obrero (PO), que había convocado a esa reunión con la presencia de sus diputados y dirigentes y cuyo objetivo era sentar una posición y dar a conocer una caracterización y un plan de acción frente a la crisis política que vive la nación.

“Consideramos el llamado a sesiones extraordinarias para tratar el proyecto de una nueva ley inteligencia del oficialismo como una mera maniobra distraccionista, para cerrar la crisis con un autoencubrimiento y con una autoamnistía por las responsabilidades que llevaron a 20 años de impunidad en la causa AMIA, a la descomposición de los aparatos de inteligencia y a las circunstancias en las que murió el fiscal Nisman”, disparó el diputado Néstor Pitrola ni bien comenzó la conferencia. La fuerte declaración implica caracterizar a la iniciativa del gobierno como un canto de sirenas en medio de un estado generalizado de conmoción política. En cambio, anunció la presentación de su proyecto de resolución para que se llame a interpelación a todo el gabinete nacional y eventualmente a la presidenta Cristina Fernández para desarrollar un debate que clarifique las posiciones ante la crisis. También anunció una movilización de rechazo para el día que se debata en el Senado la iniciativa presidencial. No por nada la tapa del periódico del PO titula con letras molde: “El pueblo debe saber”.

“Hay un operativo de encubrimiento”, señaló Jorge Altamira, candidato a presidente del Frente de Izquierda. “Ante la crisis desatada el gobierno responde con una postulación de un candidato a la Corte Suprema y con un proyecto, desconocido todavía, de nueva ley de inteligencia. Esto es patear la pelota para afuera. Se necesita clarificar políticamente un crimen de Estado, porque está vinculado a una crisis del poder judicial, a una crisis de los aparatos de inteligencia y que implica una verdadera crisis política. Es una crisis que involucra a todos los partidos tradicionales. Sergio Massa fue jefe de gabinete de este gobierno y responsable él mismo de los servicios de seguridad, porque tiene gente vinculada a los asesinatos de Kosteki y Santillán en su equipo de trabajo. Macri está acusado por espionaje en el ámbito de la ciudad. Está en cuestión todo el régimen política. Nuestro proyecto de interpelación interpelaría también a toda esta oposición trucha que ha colaborado en distintos momentos y distintos gobiernos y que ha formado parte de este mismo gobierno”. Altamira fustigó a los opositores que piden la anulación del Memorándum con Irán como salida a la crisis, ya que ese pacto está muerto de toda muerte.

“¿Por qué se excluye al servicio de inteligencia del ejército? -se preguntó el candidato presidencial de la izquierda-. Es una herencia de la dictadura como todos los demás. Si hubiera coherencia en la coherencia oficial debería también ser disuelto y renovado. Sin embargo, un oficial acusado por crímenes de lesa humanidad como César Milani lo dirige. Si ese aparato de inteligencia está excluido del espionaje interior, que lo demuestre”.

En un pasaje intenso de su intervención, Altamira dio una definición sobre el rol de los servicios de inteligencia para la izquierda. “Son un órgano absolutamente vital del Estado y responden a la orientación y los intereses de ese Estado. El Estado en la Argentina defiende a los monopolios, a la superexplotación de los trabajadores y el trabajo precario. Los servicios se orientan en función de preservar esos intereses. No necesitamos un nuevo servicio de inteligencia, sino que necesitamos otro gobierno, un gobierno de trabajadores”.

-¿Pero un gobierno del Frente de Izquierda disolvería los servicios de inteligencia? -preguntó una periodista.

-Si nosotros fuéramos gobierno, tendríamos un excelente servicio de inteligencia. Trabajaría para favorecer los intereses de los trabajadores, la autonomía nacional de la República Argentina, su independencia política y económica y que no estaría al servicio de la CIA ni el M15 británico ni de la Mossad, sino sólo a favor de los intereses de los trabajadores y los jóvenes de la Argentina y de los mejores intereses de los trabajadores de los otros países. El servicio de inteligencia es el sistema nervioso del Estado y debe responder a los intereses del cerebro en el que se ha alojado ese sistema nervioso.

Se ha abierto una crisis política de carácter gigantesco. La presidenta Fernández insiste en jugar a ser Sherlock Holmes -y a atribuir de modo surreal a Clarín la muerte del fiscal Nisman- y a esbozar proyectos altisonantes y distraccionistas, como en otras oportunidades -sólo basta recordar la supuestamente transformadora, y fracasada, Ley de Medios. El jueves por la tarde en el Congreso se señalaron definiciones políticas. Planteos que deben ser realizados por todo el arco partidario para debatir una crisis elefantiásica de esas características.

Acusados: casi todos

En el film clásico “El cocinero, el ladrón, su mujer y su amante” se asiste a un proceso de degradación moral que termina por incluir -perdón por el proto spoiler a quien no lo haya visto- a todos los personajes de este drama terribilísimo de Peter Greenaway. Las circunstancias de la muerte del fiscal Alberto Nisman, sus antecedentes y su curso posterior revelan un panorama en el que la gran mayoría del contingente político nacional podría ser acusado de una degradación semejante, de una u otra manera.

El drama principal se sirvió en dos pasos. Primero, la acusación de Nisman pidiendo la indagatoria de la principal plana del kirchnerismo, incluida la presidenta Cristina Fernández, por su supuesto rol criminal en el encubrimiento de los posibles autores de la voladura de la AMIA. Luego, la aparición del cuerpo sin vida del fiscal en el baño de su departamento de Puerto Madero y la incertidumbre posterior que transforma los hechos en una novela política negra y asfixiante que protagonizan todos los argentinos. Ese continuum ubica al Gobierno en el lugar donde jamás hubiera querido estar: en el centro del tablero del tiro al blanco.

Sin embargo, no sólo el kirchnerismo debe rendir cuentas, ya que esa tarea también le corresponde a los opositores que antes gobernaron y no sólo formaron parte de este Estado, sino que son cómplices de la procreación del engendro. La trama en torno a la impunidad estatal frente al crimen de la AMIA y la sujeción de los distintos Gobiernos al Estado en la oscuridad conformado por el aparato de inteligencia -que usaron unos y otros en su beneficio y de modo ilegal- los acusa a todos.

El aparato de inteligencia no está apartado de la trama de impunidad del crimen de la AMIA. Basta con revisar las investigaciones independientes que dan cuentas de desvíos, intento de desvíos, operaciones, coimas, plantación de pruebas, sustracción de pruebas y otros elementos que muestran cómo los servicios operan en este país -y a favor de diversos intereses. También alcanzaría con recordar que el año pasado un espía de la Policía Federal reveló que se había infiltrado en la AMIA y que alcanzó un rol de dirección en alguna de las organizaciones políticas de la comunidad judía, a la vez que señaló que miembros de la Federal poseían planos de la institución antes del atentado. Planos que estaban perdidos en el país. El infiltrado era cercano a la ex ministra de Seguridad Nilda Garré. Hoy está en el programa de protección a testigos y su testimonio está demorado en algún despacho judicial.

No es el único tema -o crimen- en el que los servicios de inteligencia tuvieron tanta gravitación. El aparato de espionaje local es la continuidad de su conformación durante la última dictadura, cuando se integró al aparato represivo genocida. Esta afirmación no indica que no hayan tenido intervención anterior, con la misma tónica, pero en un momento de totalidad política estatal, los miembros de la ex SIDE fueron un engranaje central en la tarea que costó miles de desapariciones y asesinatos. Por dar un ejemplo, Jaime Stiusso, último jefe de la ex SIDE jubilado por la Presidente, había ingresado al nido de espías en 1972, cuando todavía dirigía el país la dictadura de Levingston. Fue parte de ese aparato de presupuestos delirantes que se usaban no sólo para espiar gremialistas, opositores de turno, periodistas y hasta amantes de los jefes, sino también para hacer desaparecer personas.

Llegada la democracia, ni Alfonsín, ni Menem, ni De la Rua, ni Néstor Kirchner, ni Cristina Fernández dejaron de usar las habilidades ilegales de la SIDE y fueron socios y escucharon con atención a Jaime “Stiusso”. En un artículo aparecido en The Buenos Aires Herald se recuerda que el espía Raúl Guglielminetti llegó a ser custodio presidencial de Raúl Alfonsín o que con Carlos Menem los sobres para disciplinar periodistas desde la SIDE eran gigantescos y que bajo De la Rúa el incremento presupuestario fue abismal y que la SIDE pagó a sindicalistas las famosas coimas de la Banelco y la flexibilización laboral.

Lo que sorprende es que el artículo del Herald continúa la enumeración y dice: “Llegamos a los Kirchner. La Presidenta acaba de descubrir un nido de víboras capaz de cometer las peores cosas”. Lo que omite decir la nota es que pasaron doce años de gobierno kirchnerista para que se descubra ese “nido de víboras” y que hasta ese momento los mismos servicios sirvieron al kirchnerismo con pasión. A tal punto que a Nisman el entonces presidente Néstor Kirchner le dijo personalmente que Stiusso debía ser su hombre de apoyo en la investigación del crimen de la AMIA. Luego, la presidente Cristina Fernández habría desestimado continuar con tal equipo porque no le servía para hacer inteligencia interior contra Sergio Massa. Echó a Stiusso. Entonces la guerra empezó.

Todos los gobiernos de la democracia están implicados en la trama de uso y subordinación -y viceversa- de los aparatos de inteligencia del Estado argentino. El gobierno kirchnerista también: doce años los usó a su conveniencia, y sólo quiso reemplazarlos por el aparato de inteligencia propio que les prepara con presupuesto millonario el jefe del ejército y represor César Milani.

Todos los personeros que ostentaron el poder -hoy algunos en el oficialismo, otros en la oposición- son culpables. Asistimos a un festín orgiástico de la hipocresía.

¿Quién es responsable por la muerte del niño Qom?

¿Cómo es el dolor cuando el dolor se introduce en el cuerpo y en el alma y desde adentro lo desgarra todo?

Es una pregunta válida, porque se sabe que ese estado de las cosas sucede.

Tal vez nadie mejor que una madre o un padre o un abuelo o una abuela de un niño que acaba de morir pueda expresarlo con la mayor de las certidumbres. Como los padres de Néstor Femenia, el niño qom de 7 años que murió debido a las complicaciones producidas por la desnutrición y la tuberculosis, luego de dos meses de internación en un hospital de la provincia de Chaco. O su abuelo. Su abuelo Hipólito Femenia fue entrevistado por el periodista Ignacio Otero, de TN, en Villa Río Bermejito, ciudad que da acceso al espeso bosque de El Impenetrable, mientras recogía agua en un balde plástico. Agua de un estanque, que luego debía ser hervida para poder ser bebible, ya que nadie le reparte agua potable a su comunidad, cuyas casas carecen de cloacas. “¿Néstor lo acompañaba a buscar el agua?”, preguntó el periodista, e Hipólito Femenia comenzó a llorar. Con un llanto intermitente y sostenido e inevitable. “Lloré porque Néstor siempre está acá buscando agua”, dijo Hipólito Femenia, hablando en presente de su nieto. “Llevaba su bidoncito”, recordó. Continuar leyendo