La izquierda ante la primera elección del año

Para que un fenómeno pueda ser considerado como tal es necesario que se demuestre su consolidación, es decir, que supere un mero carácter azaroso, aleatorio o de hecho extraordinario y reversible. Quizás las elecciones del domingo en Mendoza -las primeras de un profuso año electoral con elecciones locales, provinciales y que concluirá con las presidenciales- marquen una tendencia a la consolidación del ascenso de la izquierda.

La capital de la provincia mendocina fue el escenario de la primera contienda electoral de las PASO para determinar las candidaturas a intendente y concejales locales. El radicalismo presentó un frente que incluyó a la UCR,;al Partido Socialista; al PRO, de Mauricio Macri; al Frente Renovador, de Sergio Massa y hasta a Libres del Sur, de Humberto Tumini -una organización que proviene del guevarismo y que justifica estos frentes en función de un combate a “la derecha”, aunque en esta oportunidad compartió listas con el PRO-. El frente oficialista liderado por la UCR presentó cuatro listas que dirimirían el candidato para las elecciones generales de abril. Continuar leyendo

Una tercera posición frente al #18F

El fin de ciclo está atravesado por una imagen que lo domina: “la grieta”. Una bifurcación que corroe y divide en dos un territorio, que aleja lo que debería estar unido, que corta con cuchillo de carnicero -en este caso- el espacio social de la Argentina. La imagen es problemática en varios aspectos. Y expone cómo actúan los falsos velos de la ideología. Todo esto es posible de verificar al apreciar los posicionamientos respecto a la marcha del #18F en homenaje y por justicia por el fiscal Nisman.

La añoranza de una supuesta paz social perdida a manos del kirchnerismo es un recuerdo mentiroso: la sociedad argentina -y todas las sociedades- están marcadas por el conflicto, que se manifiesta más o menos abiertamente de acuerdo a cada época. No podría ser de otra manera: la sociedad está dividida en clases sociales con intereses divergentes y hasta antagónicos. El kirchnerismo en su etapa final exacerba el conflicto que atraviesa el cuerpo de la nación y lo expone en sus varias direcciones: no sólo se exhibe la diferencia de intereses entre los trabajadores y el Gobierno kirchnerista -que no es el suyo- sino que muestra la divergencia de fines entre sectores del empresariado al que responde el gobierno y aquel al que le es esquivo, de la pleitesía que rinde a distintas intenciones de naciones extranjeras y la alineación o no con el oficialismo de corporaciones, burocracias y políticos. La muerte del fiscal Nisman -que implica necesariamente al Estado como responsable del acontecimiento- promovió que este magma vivo de conflictividad se convierta en el escenario de nuestros días.

La marcha convocada para el 18 de febrero en demanda de justicia para el presunto crimen de Nisman es falaz. Su convocatoria esquiva el punto central de esa muerte, que implica indagar en las responsabilidades políticas del asunto. La guerra de espías que vive la nación es consecuencia de una crisis de Estado de la que es responsable el kirchnerismo, pero también los partidos que lo antecedieron en el gobierno. Los partidos que convocan a la movilización no plantean salidas a la cuestión de los servicios de inteligencia ya que son responsables del actual estado de las cosas. Los radicales que le dieron continuidad a los espías de la dictadura, los menemistas que usufructuaron los beneficios políticos de los agentes secretos y los fondos reservados, los aliancistas que pusieron a sus cuadros jóvenes al frente del manejo de los “servicios”, los duhaldistas que reprimieron y mataron en un puente con el uso de los infiltrados, los macristas con su Ciro James y su Fino Palacios, los kirchneristas que usaron como nunca en democracia los presupuestos del Estado para acrecentar la caja para espiar, que nombraron a un represor experto en Inteligencia al frente de Ejército, que implementaron el Proyecto X, que bancaron al sindicalista del Batallón 601 como su gran felpudo gremial, que espiaron políticos, periodistas y activistas clasistas. Todos responsables, todos cómplices, todos culpables del terremoto político que conmueve a la Argentina.

Se indica que un grupo de fiscales convoca al #18F para tranquilizar conciencias, como si esa pata del Estado fuera impoluta -cuando su norma implica todo lo contrario.  Se trata, en realidad, de una movilización que tiene la intención de lavarle la cara a los políticos de la oposición antikirchnerista de derecha. Querrían aprovechar la crisis para salvar sus culpas, cuando -como ya se señaló- son todos responsables.

La falsa imagen de la grieta indica que cada ciudadano debería ubicarse en un lado u otro de esa abertura. Con los responsables kirchneristas del marasmo o con los responsables antikirchneristas que los precedieron. Un razonamiento equivocado.

Esta caracterización no evita predecir que el #18F habrá una gran movilización, es decir, que la marcha del silencio canalizará el descontento social. De cualquier manera, una oposición de derecha que navega en la desorientación, que aspira a frentes inverosímiles, que no tiene un plan para salir de la crisis sólo podrá aprovechar esta convocatoria con fecha de vencimiento.

La izquierda no participará de la movilización y su posición es correcta. Esto no evita observar que este sector político no pudo visibilizar una salida a esta crisis. El Partido Obrero se movilizó en solitario al Congreso para demandar la interpelación del gabinete nacional en el Congreso, un hecho que también pondría en cuestión a los posicionamientos de la oposición turuleca. Pero la soledad de su convocatoria da cuenta de que el Frente de Izquierda en su conjunto no pudo esbozar un planteo común -aunque también es cierto que pudieron unificar su posición de no movilizarse el 18 de febrero. Otro sector de la izquierda se movilizó junto a la CTA para pedir una Comisión que revisara la cuestión del atentado a la AMIA. El proyecto convoca a diputados de los partidos mayoritarios solamente, es decir, querría que los responsables evaluaran sus responsabilidades. Una impostura.

Ni con el Gobierno, ni con la oposición de derecha. No es desdeñable una tercera posición que busque encontrar las causas profundas de la crisis de nuestra nación. La izquierda debería insistir en esta perspectiva. Es necesaria una otra movilización.

 

La izquierda ante una gigantesca crisis política

En enero, el edificio del Congreso es un edificio vacío. Incluso en medio de una crisis de Estado lo que impera es el vacío y el silencio -como si nadie se hiciera cargo del murmullo inquieto que atraviesa a la nación. La crisis iniciada luego de la muerte del fiscal Alberto Nisman mostró iniciativas legislativas por parte del Gobierno y denuncias por parte de la oposición. Pero nadie podría afirmar que tales iniciativas ayuden positivamente a encausar la deliberación ocasionada por tal acontecimiento ni señalen las causas profundas de la crisis. Quizás porque todos, la oposición que gobernó y el oficialismo que gobierna, están hundidos en el sistema de complicidades que prohijó el estado actual de las cosas: una guerra intestina de servicios de inteligencia, el operativo estatal de encubrimiento de la causa AMIA, la indolencia y desorientación ante la muerte del fiscal Nisman.

Durante la tarde del jueves el silencio de los pasillos del parlamento se rompió. Se rompió por los pasos de los periodistas que asistieron a la conferencia del Partido Obrero (PO), que había convocado a esa reunión con la presencia de sus diputados y dirigentes y cuyo objetivo era sentar una posición y dar a conocer una caracterización y un plan de acción frente a la crisis política que vive la nación.

“Consideramos el llamado a sesiones extraordinarias para tratar el proyecto de una nueva ley inteligencia del oficialismo como una mera maniobra distraccionista, para cerrar la crisis con un autoencubrimiento y con una autoamnistía por las responsabilidades que llevaron a 20 años de impunidad en la causa AMIA, a la descomposición de los aparatos de inteligencia y a las circunstancias en las que murió el fiscal Nisman”, disparó el diputado Néstor Pitrola ni bien comenzó la conferencia. La fuerte declaración implica caracterizar a la iniciativa del gobierno como un canto de sirenas en medio de un estado generalizado de conmoción política. En cambio, anunció la presentación de su proyecto de resolución para que se llame a interpelación a todo el gabinete nacional y eventualmente a la presidenta Cristina Fernández para desarrollar un debate que clarifique las posiciones ante la crisis. También anunció una movilización de rechazo para el día que se debata en el Senado la iniciativa presidencial. No por nada la tapa del periódico del PO titula con letras molde: “El pueblo debe saber”.

“Hay un operativo de encubrimiento”, señaló Jorge Altamira, candidato a presidente del Frente de Izquierda. “Ante la crisis desatada el gobierno responde con una postulación de un candidato a la Corte Suprema y con un proyecto, desconocido todavía, de nueva ley de inteligencia. Esto es patear la pelota para afuera. Se necesita clarificar políticamente un crimen de Estado, porque está vinculado a una crisis del poder judicial, a una crisis de los aparatos de inteligencia y que implica una verdadera crisis política. Es una crisis que involucra a todos los partidos tradicionales. Sergio Massa fue jefe de gabinete de este gobierno y responsable él mismo de los servicios de seguridad, porque tiene gente vinculada a los asesinatos de Kosteki y Santillán en su equipo de trabajo. Macri está acusado por espionaje en el ámbito de la ciudad. Está en cuestión todo el régimen política. Nuestro proyecto de interpelación interpelaría también a toda esta oposición trucha que ha colaborado en distintos momentos y distintos gobiernos y que ha formado parte de este mismo gobierno”. Altamira fustigó a los opositores que piden la anulación del Memorándum con Irán como salida a la crisis, ya que ese pacto está muerto de toda muerte.

“¿Por qué se excluye al servicio de inteligencia del ejército? -se preguntó el candidato presidencial de la izquierda-. Es una herencia de la dictadura como todos los demás. Si hubiera coherencia en la coherencia oficial debería también ser disuelto y renovado. Sin embargo, un oficial acusado por crímenes de lesa humanidad como César Milani lo dirige. Si ese aparato de inteligencia está excluido del espionaje interior, que lo demuestre”.

En un pasaje intenso de su intervención, Altamira dio una definición sobre el rol de los servicios de inteligencia para la izquierda. “Son un órgano absolutamente vital del Estado y responden a la orientación y los intereses de ese Estado. El Estado en la Argentina defiende a los monopolios, a la superexplotación de los trabajadores y el trabajo precario. Los servicios se orientan en función de preservar esos intereses. No necesitamos un nuevo servicio de inteligencia, sino que necesitamos otro gobierno, un gobierno de trabajadores”.

-¿Pero un gobierno del Frente de Izquierda disolvería los servicios de inteligencia? -preguntó una periodista.

-Si nosotros fuéramos gobierno, tendríamos un excelente servicio de inteligencia. Trabajaría para favorecer los intereses de los trabajadores, la autonomía nacional de la República Argentina, su independencia política y económica y que no estaría al servicio de la CIA ni el M15 británico ni de la Mossad, sino sólo a favor de los intereses de los trabajadores y los jóvenes de la Argentina y de los mejores intereses de los trabajadores de los otros países. El servicio de inteligencia es el sistema nervioso del Estado y debe responder a los intereses del cerebro en el que se ha alojado ese sistema nervioso.

Se ha abierto una crisis política de carácter gigantesco. La presidenta Fernández insiste en jugar a ser Sherlock Holmes -y a atribuir de modo surreal a Clarín la muerte del fiscal Nisman- y a esbozar proyectos altisonantes y distraccionistas, como en otras oportunidades -sólo basta recordar la supuestamente transformadora, y fracasada, Ley de Medios. El jueves por la tarde en el Congreso se señalaron definiciones políticas. Planteos que deben ser realizados por todo el arco partidario para debatir una crisis elefantiásica de esas características.

Acusados: casi todos

En el film clásico “El cocinero, el ladrón, su mujer y su amante” se asiste a un proceso de degradación moral que termina por incluir -perdón por el proto spoiler a quien no lo haya visto- a todos los personajes de este drama terribilísimo de Peter Greenaway. Las circunstancias de la muerte del fiscal Alberto Nisman, sus antecedentes y su curso posterior revelan un panorama en el que la gran mayoría del contingente político nacional podría ser acusado de una degradación semejante, de una u otra manera.

El drama principal se sirvió en dos pasos. Primero, la acusación de Nisman pidiendo la indagatoria de la principal plana del kirchnerismo, incluida la presidenta Cristina Fernández, por su supuesto rol criminal en el encubrimiento de los posibles autores de la voladura de la AMIA. Luego, la aparición del cuerpo sin vida del fiscal en el baño de su departamento de Puerto Madero y la incertidumbre posterior que transforma los hechos en una novela política negra y asfixiante que protagonizan todos los argentinos. Ese continuum ubica al Gobierno en el lugar donde jamás hubiera querido estar: en el centro del tablero del tiro al blanco.

Sin embargo, no sólo el kirchnerismo debe rendir cuentas, ya que esa tarea también le corresponde a los opositores que antes gobernaron y no sólo formaron parte de este Estado, sino que son cómplices de la procreación del engendro. La trama en torno a la impunidad estatal frente al crimen de la AMIA y la sujeción de los distintos Gobiernos al Estado en la oscuridad conformado por el aparato de inteligencia -que usaron unos y otros en su beneficio y de modo ilegal- los acusa a todos.

El aparato de inteligencia no está apartado de la trama de impunidad del crimen de la AMIA. Basta con revisar las investigaciones independientes que dan cuentas de desvíos, intento de desvíos, operaciones, coimas, plantación de pruebas, sustracción de pruebas y otros elementos que muestran cómo los servicios operan en este país -y a favor de diversos intereses. También alcanzaría con recordar que el año pasado un espía de la Policía Federal reveló que se había infiltrado en la AMIA y que alcanzó un rol de dirección en alguna de las organizaciones políticas de la comunidad judía, a la vez que señaló que miembros de la Federal poseían planos de la institución antes del atentado. Planos que estaban perdidos en el país. El infiltrado era cercano a la ex ministra de Seguridad Nilda Garré. Hoy está en el programa de protección a testigos y su testimonio está demorado en algún despacho judicial.

No es el único tema -o crimen- en el que los servicios de inteligencia tuvieron tanta gravitación. El aparato de espionaje local es la continuidad de su conformación durante la última dictadura, cuando se integró al aparato represivo genocida. Esta afirmación no indica que no hayan tenido intervención anterior, con la misma tónica, pero en un momento de totalidad política estatal, los miembros de la ex SIDE fueron un engranaje central en la tarea que costó miles de desapariciones y asesinatos. Por dar un ejemplo, Jaime Stiusso, último jefe de la ex SIDE jubilado por la Presidente, había ingresado al nido de espías en 1972, cuando todavía dirigía el país la dictadura de Levingston. Fue parte de ese aparato de presupuestos delirantes que se usaban no sólo para espiar gremialistas, opositores de turno, periodistas y hasta amantes de los jefes, sino también para hacer desaparecer personas.

Llegada la democracia, ni Alfonsín, ni Menem, ni De la Rua, ni Néstor Kirchner, ni Cristina Fernández dejaron de usar las habilidades ilegales de la SIDE y fueron socios y escucharon con atención a Jaime “Stiusso”. En un artículo aparecido en The Buenos Aires Herald se recuerda que el espía Raúl Guglielminetti llegó a ser custodio presidencial de Raúl Alfonsín o que con Carlos Menem los sobres para disciplinar periodistas desde la SIDE eran gigantescos y que bajo De la Rúa el incremento presupuestario fue abismal y que la SIDE pagó a sindicalistas las famosas coimas de la Banelco y la flexibilización laboral.

Lo que sorprende es que el artículo del Herald continúa la enumeración y dice: “Llegamos a los Kirchner. La Presidenta acaba de descubrir un nido de víboras capaz de cometer las peores cosas”. Lo que omite decir la nota es que pasaron doce años de gobierno kirchnerista para que se descubra ese “nido de víboras” y que hasta ese momento los mismos servicios sirvieron al kirchnerismo con pasión. A tal punto que a Nisman el entonces presidente Néstor Kirchner le dijo personalmente que Stiusso debía ser su hombre de apoyo en la investigación del crimen de la AMIA. Luego, la presidente Cristina Fernández habría desestimado continuar con tal equipo porque no le servía para hacer inteligencia interior contra Sergio Massa. Echó a Stiusso. Entonces la guerra empezó.

Todos los gobiernos de la democracia están implicados en la trama de uso y subordinación -y viceversa- de los aparatos de inteligencia del Estado argentino. El gobierno kirchnerista también: doce años los usó a su conveniencia, y sólo quiso reemplazarlos por el aparato de inteligencia propio que les prepara con presupuesto millonario el jefe del ejército y represor César Milani.

Todos los personeros que ostentaron el poder -hoy algunos en el oficialismo, otros en la oposición- son culpables. Asistimos a un festín orgiástico de la hipocresía.

¿Quién es responsable por la muerte del niño Qom?

¿Cómo es el dolor cuando el dolor se introduce en el cuerpo y en el alma y desde adentro lo desgarra todo?

Es una pregunta válida, porque se sabe que ese estado de las cosas sucede.

Tal vez nadie mejor que una madre o un padre o un abuelo o una abuela de un niño que acaba de morir pueda expresarlo con la mayor de las certidumbres. Como los padres de Néstor Femenia, el niño qom de 7 años que murió debido a las complicaciones producidas por la desnutrición y la tuberculosis, luego de dos meses de internación en un hospital de la provincia de Chaco. O su abuelo. Su abuelo Hipólito Femenia fue entrevistado por el periodista Ignacio Otero, de TN, en Villa Río Bermejito, ciudad que da acceso al espeso bosque de El Impenetrable, mientras recogía agua en un balde plástico. Agua de un estanque, que luego debía ser hervida para poder ser bebible, ya que nadie le reparte agua potable a su comunidad, cuyas casas carecen de cloacas. “¿Néstor lo acompañaba a buscar el agua?”, preguntó el periodista, e Hipólito Femenia comenzó a llorar. Con un llanto intermitente y sostenido e inevitable. “Lloré porque Néstor siempre está acá buscando agua”, dijo Hipólito Femenia, hablando en presente de su nieto. “Llevaba su bidoncito”, recordó. Continuar leyendo

Una sanción de Navidad

Cada fin de año importa una cierta dosis de felicidad, ya sea genuina o provocada por la convención social. Abundan los brindis, los balances y las celebraciones, las reuniones de amigos y familiares, las salidas. Sin embargo, es necesario recordar que también existen los grinch, esos seres que aborrecen estas fiestas. Algunos de ellos ocupan altos lugares en la Legislatura porteña.

La penúltima sesión del año de la legislatura porteña había acabado en un escándalo. Pasada la medianoche -y cuando finalizaba una sesión maratónica que había comenzado a mediodía- se había puesto a votación la reconcesión de un campo de golf en un área verde de Lugano, que le volvería entregar a un emprendimiento privado 47 hectáreas de terrenos municipales para un negocio que dista de brindar beneficios sociales de ningún tipo (la empresa concesionaria ofrecía brindar cursos de golf a grupos escolares de la zona, una de las más empobrecidas del país). El diputado del Frente de Izquierda Marcelo Ramal realizó una airada intervención en la que denunció no sólo el negocio inmobiliario sino también los intercambios que ofrecen este tipo de emprendimientos con la venia del gobierno de Mauricio Macri, a los que denominó: “asistencialismo inmobiliario”. El diputado del PRO Roberto Quattromano se abalanzó sobre el escaño de Ramal y, según denunciaron varios legisladores que lo rodeaban y cómo se puede escuchar en el video de la sesión, lo amenazó: “La barrabrava te va a romper la cabeza afuera”. El diputado del Frente de Izquierda denunció la situación a sus pares, mientras Quattromano -un hombre que proviene del peronismo de Mataderos y responde al vicepresidente de la legislatura Cristian Ritondo, del PRO- se dirigía a su banca, sin dejar de hacer gestos burlones hacia Ramal. La sesión no pudo terminar. Varios diputados expresaron su repudio a los hechos, a la vez que Quattromano se retiraba de la reunión. Una amenaza violenta acababa de ser realizada por un diputado hacia un par. Se había mentado a las barras bravas. Con los riesgos que ello implica.

Ramal realizó una denuncia penal contra Quattromano por la que el diputado del PRO deberá presentarse a indagatoria y realizó un acto en la puerta de la legislatura en repudio al patoteo. La última sesión del año el PRO decidió no poner a discusión la reconcesión del predio para el campo de golf a sabiendas de que habría sido repudiado en el ente parlamentario.

El PRO contraatacó. Según señala el portal La política Online, la juventud del partido de Mauricio Macri realizó un simpático video en el que se canta una canción burlona sobre Ramal. “Aquí llegó Ramal, Ramal, Ramal, el show va comenzar, ya llegó, ya llegó”, dice la canción cuyo ritmo responde a la famosa cortina musical del show de Carlitos Balá. Los versos de la canción señalan que el legislador del Frente de Izquierda denuncia “pactos PRO-K”, habla demasiado y no vota nada, a la vez que indica que vive como un rey, “como todos los troskos”. Tal vez se deba interpretar que el video resultó un tiro por la culata para el PRO, ya que sólo logró muestras de solidaridad hacia Ramal, a la vez que la canción misma señalaba su coherencia en su rol opositor. Sin embargo, la cosa no quedó allí.

Es una tradición que se entreguen cajas navideñas a los legisladores porteños. Son caras. Tienen buenos vinos y champagnes y algunos productos adquiridos en algún delikatessen. Este año se entregaron, como cada fin de año, a todos los diputados. Menos a dos. A Ramal y a Pablo Bergel, quienes habían sido oradores centrales en el acto de repudio a la patoteada de Quattromano. Cristian Ritondo, vicepresidente de la legislatura, había decidido excluirlos. Se había producido una sanción de Navidad.

El diputado trotskista tiene buen humor. Un humor sarcástico y elegante. Tomó con risa el castigo de la vedada caja de navidad. Marcelo Ramal tiene una larga militancia en el Partido Obrero, una de las organizaciones que conforman el Frente de Izquierda, al que se incorporó durante su adolescencia. Durante la dictadura fue el encargado de centralizar el trabajo con los familiares de los detenidos desaparecidos, lo que llevó a que su partido fuera el único de todo el arco político que marchó con las Madres de Plaza de Mayo en reclamo de la aparición con vida y castigo a los culpables en los duros años de la represión. Luego, jamás abandonó su militancia socialista. En 2013 fue elegido legislador. Frente a los acuerdos del kirchnerismo con el macrismo, se convirtió en uno de los referentes centrales de la oposición al gobierno porteño, hecho que -como se puede comprobar- le valió amenazas. En Navidad, Ramal brindó con los suyos, sin los vinos de la caja navideña del PRO debido a una sanción. Es una linda historia. Las fiestas de fin de año son propicias para este tipo de cuentos con finales más o menos felices, según el punto de vista con que se los mire.

Cuba: ¿es tan fácil que caiga una revolución?

Hace mucho tiempo Nicolás Rijman me contó una anécdota familiar. Sus padres habían viajado a Cuba en un viaje turístico. Una de esas jornadas vacacionales, tarde y ya de vuelta en el hotel, la madre de Nicolás se había sentido mal. Su padre entonces salió a la calle a buscar una farmacia para pertrecharse de unos analgésicos. El hombre caminaba por lo noche oscura de La Habana Vieja, recorría las calles empedradas y coloniales que lo llevarían hasta su objetivo. Llegó. Compró los remedios y emprendió el regreso. Al volver no pudo evitar sentirse seguido. El ruido de unos pasos lo acompañaba y se le acercaba. Pudo ver, de reojo, que un hombre negro caminaba detrás suyo. Dobló. El hombre negro también dobló y aceleró el paso. “Me va a robar”, pensó el padre de Nicolás, alarmado. “Oye, espera”, le gritó el hombre negro, y el padre de Nicolás se rindió ante lo inevitable. “Tú eres argentino, ¿no?”, dijo el hombre negro. “Sí”, respondió el padre de Nicolás. “Y, por casualidad, ¿no tienes algún libro de Trotski, que aquí no se consiguen?” El padre de Nicolás suspiró aliviado y comenzaron a hablar. Continuar leyendo

La izquierda en su laberinto

Quizás la izquierda política no haya tenido la posibilidad de insertarse en la sociedad argentina, tanto como hoy, desde hacía décadas y décadas y décadas. En nuestro país, el peronismo se configuró como  el standard al que debían aspirar los trabajadores: es decir, como un espacio de conciliación entre los empresarios y los sectores laboriosos para propender al avance nacional. Una propuesta que evade la realidad de los mecanismos de la explotación capitalista y de diferencias de clase estratégicas. Los momentos de excepción política permiten que la izquierda corra los velos ideológicos que hacen naturalizar tal sistema de cosas. Entonces sucede que las propuestas políticas de transformación social obtienen un público receptor más amable, más dispuesto a pensar en que los socialistas podrían configurar una opción frente al estado imperante. Continuar leyendo

Una retrógrada campaña sobre sexualidad

Ni la ultraconservadora Sarah Palin se hubiera atrevido. Sin embargo, la juventud del PRO cordobesa lo hizo. Imprimió un folleto para la prevención del HIV ilustrado por una vagina intervenida con una cremallera. Un cierre. En el tope de la imagen -que para agregar más significados tremebundos representaba una vagina púber o depilada- había un lazo rojo, símbolo de la lucha contra el SIDA. No hay demasiado lugar para interpretaciones alternativas. El mensaje de la campaña visual del PRO es que la castidad es la manera de evitar el contagio de HIV.

En la derecha constituida por el PRO conviven distintas tendencias, alguna más liberal basada en el liberalismo económico y en el legado privatista de la Ucedé y otra más retrógrada, influenciada por la iglesia católica. En 2007 Luis Hernán Rodríguez Felder había sido designado como ministro de cultura porteño por el intendente Mauricio Macri. Había accedido a un pedido de su adláter Gabriela Michetti. Rodríguez Felder era un hombre de la iglesia y del conservadurismo. Se mostraba dudoso del arte conceptual y había señalado que el Centro Cultural Recoleta tendría como eje el arte figurativo, que su esposa practicaba. Rodríguez Felder parecía un personaje de Capusotto extraído de tiempos inmemoriales para insertarlo en nuestra contemporaneidad. Una solicitada impulsada por artista y miembros del campo cultural -cuyo mayor activista había sido León Ferrari- logró que el ministro de la estética eclesiástica de cultura no asumiera. Fue un golpe para los sectores ultramontanos que anidan en el PRO.

La campaña del PRO cordobés es fallida en una cantidad inumerable de aspectos. Es machista: señala que la responsabilidad del contagio del HIV es femenina. Es retrógrada: dice que la mujer debería abstenerse de tener sexo para no contagiarse del virus. Es violenta: lo representa mediante una cremallera cerrada sobre una vagina. Es perversa: es una vagina depilada, que bien podría ser púber.

¿Es esta una concesión más al Papa Francisco? Quizás. La Iglesia Católica es una de las principales responsables de la expansión del SIDA debido a su irracional oposición al uso del preservativo. Un cierre sobre una vagina demuestra la actualidad de esta propuesta reaccionaria. Frente a la posibilidad de una existencia sexual plena, la derecha amenaza con el SIDA si no se produce la abstinencia sexual. El PRO de Macri muestra, de este modo, las tensiones reaccionarias que conviven en su propuesta.

Pronóstico: viraje de la clase obrera del peronismo a la izquierda revolucionaria

Si se compilaran los nombres de los sitios en los que se realizaron actos emblemáticos de la política argentina, además de la Plaza de Mayo, seguramente el estadio Luna Park se encontraría entre esos lugares por los que pasó la Historia. El sábado 8 de noviembre se produjo otro de esos acontecimientos relevantes en tal escenario: se hizo allí el Congreso del Movimiento Obrero y la Izquierda. Las instalaciones del “Palacio del Deporte”, ubicado en la calle Corrientes y el bajo, se poblaron de banderas rojas y de consignas socialistas. Se trató de un hecho emblemático y también inédito. En esta mitad de la segunda década del siglo XXI miles de voces gritaron: “Luchar, vencer, obreros al poder”. Muchos de los protagonistas de una actualidad sindical en la que la izquierda resulta insoslayable habían decidido plantear un salto de su actividad gremial hacia objetivos estratégicos, transformadores.  Continuar leyendo