Recursos, profesionalismo y una intensa acción social

Soy consciente que voy a tocar un tema delicado, por la sensibilidad que ha despertado en los últimos tiempos y por su asociación con la cuestión que mas afecta a la sociedad: la inseguridad.

Se trata de la remuneración del trabajo de los presos. El “peculio” es una institución aplicada en muchísimos lugares del mundo, como una forma de generar -a través del trabajo- ingresos para los reclusos, con diversos objetivos. En algunos países se asigna una parte a pagar los gastos de la reclusión, y/o para reparar el daño generado por el delito, y/o para que el condenado tenga un pequeño capital para entregar a su familia y utilizarlo como “colchón” al día de su salida. Además- idealmente- el peculio debería ser la contrapartida de la resocialización del preso por medio del trabajo.

Entre las causas mas habituales de reincidencia figuran la desaparición del ámbito familiar, la imposibilidad de  conseguir un trabajo y la consecuente desesperación por dinero.

El delincuente es visto como un enemigo público que debe ser encerrado, calificación en la que predomina la comprensible idea de la pena como castigo y como forma de aislamiento del resto de la sociedad. Pero ello no significa que deba olvidarse la obligación constitucional de trabajar para su recuperación.

Las ridículas demandas sindicales planteadas por un grupo de presos solo han logrado que la bronca desborde a la racionalidad; y han hecho perder de vista como debe funcionar un Estado proactivo en este terreno. Mas aún, este episodio ha vuelto a mostrar las peores aristas de la irresponsabilidad de funcionarios que con tal de ocultar cuestiones estructurales que deberían priorizar, prefieren la demagogia fácil, como la de excitar sentimientos xenófobos.

Así, por ejemplo, esconden el desorden en la política penitenciaria, que abarca desde el escándalo del “Vatayón Militante”, hasta la actual sub-ejecución de los escasos recursos presupuestarios que recibe el área. Como muestra, basta mencionar que a la fecha se haya ejecutado solo el 19% del programa Política e Infraestructura Penitenciaria, dependiente del Ministerio de Justicia.

Recuperar a los presos no es imposible, como lo demuestra la experiencia de unidades carcelarias en las que hay voluntarios religiosos y de organizaciones sociales que consiguen verdaderas maravillas.

Pero para recuperar presos y evitar reincidencias, se requiere una acción múltiple, que combine recursos, profesionalismo, control, honestidad y seguimiento. Y también hay que desarrollar una intensa acción social sobre los presos y sus hogares, de modo de evitar el colapso de las familias que empeora la situación de todos.

Baste mirar las cifras sobre el nivel educativo de los presos, para entender la intensidad del trabajo que se necesita: en 2011, sobre 50.100 presos solo 2594 habían completado su educación secundaria, 24500 solo tenían primaria completa y casi 3000 no tenían instrucción alguna

Podemos sacar el cuerpo al problema y proclamar un pensamiento mágico que asuma que se tienen que quedar en la cárcel de por vida.

Pero como la prisión perpetua no existe en la Argentina, y por tanto algún día van a salir , es inevitable y necesario hacer todo lo posible para que se recuperen, baje la tasa de reincidencia, hoy en niveles altísimos, y por tanto se reduzca el delito en sus variadas formas.

El pensamiento mágico es mediáticamente muy atractivo, pero no mejora la vida de los ciudadanos comunes.

Por eso es que hay que poner este tema en el nivel de responsabilidad que exige y salir de las justificadas broncas o de las injustificadas declaraciones demagógicas.

Aerolíneas, el país del derroche

Los bienes públicos (aquellos a los que tienen acceso todas las personas por el sólo hecho de ser ciudadanos) son la más importante herramienta de equidad y calidad de vida. Los países que han tenido mas éxito en su lucha contra la pobreza son aquellos que brindan servicios públicos de mejor calidad.

No hay salida de la pobreza únicamente con transferencias monetarias, si la economía no crea oportunidades y si los bienes públicos no discriminan a favor de los mas débiles. Continuar leyendo

¡Gracias, Antonio!

Es difícil separar las vivencias personales de las experiencias políticas, sobre todo cuando, como en mi caso, mi vocación pública se inició al lado de Antonio Cafiero. Ocurrió allá por 1968 y desde ese momento tuve la enorme suerte de recibir su apoyo, sus consejos y su afecto. Formé parte de un gran grupo de jóvenes a quienes, a pesar de la diferencia de edad, él consideraba sus pares en el diálogo y la escucha.

Cuando en 1975 asumió como ministro de Economía en medio de la crisis, y dado que me había especializado en Economía de la Innovación, me nombró Presidente del INTI, que en ese entonces tenía 2500 empleados de alto nivel técnico. Yo tenía entonces 28 años, pero Antonio confiaba en las ganas de la juventud. ¡El promedio de edad de su gabinete no superaba los 40 años! Toda su vida política desde entonces tuvo como obsesión la construcción de equipos técnicos como semilleros para la gobernabilidad.

Con ese mismo espíritu joven se lanzó a una de las mayores épicas de la historia política argentina: la Renovación, que consistía ni mas ni menos que –en una suerte de David contra Goliat- enfrentar al omnipotente aparato burocrático del peronismo, sostenido además por el sindicalismo. En una anécdota poco conocida, decidió lanzar la campaña desde Rojas, ciudad de la que era oriundo su querido amigo Darío Alessandro. Fuimos hasta Rojas, y en la plaza de esa ciudad, Antonio se subió a un cajoncito de frutas y dio el primer discurso de lo que sería un enorme triunfo, ante pocos paseantes sorprendidos y 5-6 amigos felices que soñábamos en construir un nuevo tiempo.

En un año de recorrer la Provincia y hablar con la gente con esa misma alegría, acabó con una etapa oscura de la vida política argentina. Una y otra vez defendió la democracia, con peligro por su vida en las rebeliones militares de Campo de Mayo y Monte Caseros. El valor de la democracia era para Antonio mas importante que la ventaja chica que pudiese sacar contra el adversario circunstancial. Ese sentimiento de respeto quedó reflejado en el histórico discurso con el que despidió a Raúl Alfonsín, verdadera pieza liminar de la buena política.

Boquense y tanguero esencial, disfrutaba de cada oportunidad para compartir con sus amigos las buenas cosas de la vida.

Por estas horas, los medios estarán llenos de anécdotas y comentarios sobre esta vida ejemplar, de un hombre que siempre hizo aquello en lo que creía; que puso los valores por encima de la búsqueda y mantenimiento del poder. Como seguramente le hubiera gustado, Antonio esta recibiendo tantos recuerdos de sus compañeros como de viejos adversarios y ciudadanos . Ese es el mejor premio para una vida plena de amor por su país, y por la política como una herramienta para la felicidad del pueblo y la grandeza de la Nación

En fin , una vida que es un mensaje para imitar.

 

 

Los curas villeros tienen razón

Una de las demandas mas claras de los curas villeros y las organizaciones de padres y madres de adictos de drogas es la falta de contención del Estado para el drama de sus hijos.

En la reciente carta enviada a la Presidente, en ocasión de la propuesta del Secretario de la SEDRONAR de despenalizar el consumo de drogas, los curas decían: “Antes de plantear una ley así ¿no sería mejor que para ese momento hayamos concientizado a la sociedad que no está bueno, ni es saludable consumir drogas? ¿que hayamos tejido una red asistencial? ¿No es una renuncia y un descompromiso la despenalización así de este modo, sin mirar la totalidad del problema?”. En términos similares se manifiestan los familiares, desesperados porque quienes no tienen recursos económicos importantes no encuentran forma de intentar recuperar a sus hijos en centros de calidad.

La reciente sanción del Presupuesto 2015 recién aprobado les da razón a ambos, en cuanto además de la falta de un dispositivo estatal de apoyo, se contempla la atención a menos del 4% de los adictos que requieren internación para su recuperación.

Esto significa que en el próximo año las personas tratadas con fondos nacionales serán 1.500, un número alarmante si se considera que según la última cifra disponible ( año 2009) unos 130.000 argentinos por año experimentan consumo abusivo de drogas ilícitas, y 43.000 de ellos, 117 por día, se deben internar en los 399 centros especializados para tratar de resolver  su adicción.

Esta cifra se hace mas grave si consideramos que las personas con dependencia a la droga mas agresiva – el paco- pertenecen masivamente a los estratos más pobres de la población. No poder ser atendido por una adicción es una causa terrible de exclusión social, que – en la mayoría de los casos- no tiene retorno .

Las cifras que hemos mencionado merecen una doble lectura: la media copa llena, es que – después de 10 años- el Gobierno ha decidido prestar atención a la SEDRONAR, duplicando su presupuesto (la cantidad de adictos a tratar pasa de 750 a 1500). La media copa vacía es que esta aún representa una suma ínfima ante la dimensión que el problema tiene en nuestro país. Para tener una idea del bajo compromiso relativo del Estado nacional, baste mencionar que la Ciudad de Buenos Aires- que tiene 2, 9 millones de habitantes- otorga 1300 tratamientos por año. El Gobierno nacional, para 44 millones de habitantes, solo 750 este año y 1500 en el 2015.

Por ello es que la sensación de desprotección que los curas villeros muestran en su documento y viven cotidianamente no es una exageración. Estos montos son una gota de agua en un océano de necesidades.

Pero además, los curas tienen razón cuando dicen que no se puede hablar de despenalización y menos aún de legalización cuando no existe una red de contención sanitaria y social para los adictos. Si por causa de la legalización, el consumo de drogas aumenta, el drama también aumentará.

Lamentablemente, la droga se ha convertido en un compañero de ruta de la exclusión,  y no hay posibilidad de pensar una política social coherente e integral que no contemple esta relación y la incluya en sus planes y acciones.

No podemos seguir mirando atrás. Sin embargo , esta enorme ausencia de las instituciones en el pasado reciente, debe servirnos para redoblar nuestro compromiso en el futuro con una estrategia integral para resolver el problema de la droga, que parta de un Estado proactivo, cercano pero a la vez profesional y con muchos recursos, que aproveche y potencie la energía social que existe en nuestra sociedad, como lo muestran los curas villeros, y numerosas ONGs dedicadas y comprometidas.

Entre el autoritarismo y el fracaso

Si alguna duda quedaba acerca del rumbo que tomará la ecuación economía- política en el futuro inmediato de las decisiones del Gobierno, la aplicación de la ley antiterrorista a una empresa norteamericana y el proyecto de ley de abastecimiento, no dejan dudas.

Hace ya tiempo que es evidente que- como lo dijese Axel Kicillof en su tesis doctoral- el Gobierno cree que la idea de “equilibrios macroeconómicos” es un invento liberal que solo busca frenar la posibilidad de aplicar recetas heterodoxas. Concepto como “equilibrio fiscal”; “productividad” y aun “estabilidad” son para el kirchnerismo resabios de lo peor del conservadurismo, porque suenan a ajuste y recesión .

Cuando la economía- y la sociedad- se emperran en no funcionar como quiere el Gobierno, es necesario entonces aplicar recetas duras, como el cepo cambiario, el control de precios; prohibiciones de exportar e importar y falsear las cifras del INDEC.

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La invitación de Putin, ¿motivo de alegría?

La Sra Presidenta ha manifestado su alegría y orgullo por el tratamiento especial que le dispensa el Presidente Putin, que incluye una invitación a la próxima reunión de los BRICS. El Gobierno interpreta estas señales como una indicación del reconocimiento de Rusia por la audacia demostrada al apoyar la operación de “recuperación” de Crimea, a la que asocian metafóricamente con la recuperación de las Malvinas. Para un Gobierno al que se le ha cuestionado su aislamiento internacional, los gestos de Putin suenan a una reinserción en el sistema.

Pero creo que tales señales merecen una segunda lectura. Ante todo, porque el Gobierno ha apoyado una operación de virtual invasión de un territorio que fue ruso , pero que incluyó inmediatamente un plebiscito- ganado ampliamente por los pro-rusos- en el que fue decisivo el voto de los habitantes que son de origen ruso. O sea, una similitud con Malvinas que la diplomacia argentina ha rechazado reiteradamente.

En segundo lugar, rompiendo con riquísimos antecedentes de la diplomacia argentina, hemos apoyado una acción armada para apropiarse de territorios de otros países. Argentina siempre ha trabajado por que este tipo de conflictos se resuelvan en el ámbito multilateral, pero esta vez apuntala el uso de la fuerza.

Asimismo, el voto argentino en Naciones Unidas fue decidido en soledad, sin consultar con ninguno de los otros países relevantes del Consejo de Seguridad o de nuestra Región. Un espasmo del tipo del que nos tiene tan acostumbrados nuestra actual política exterior.

El tema no es menor, pues la operación de Rusia sumió a todo el sistema de Naciones Unidas en un enorme nerviosismo. Existe en el mundo una gran cantidad de situaciones similares que, de seguir el ejemplo de Crimea, podrían generar crisis a repetición de incierto desenlace. Los kurdos en Turquía; otros ex territorios rusos en Asia; algunas comunidades del Centro de Europa ;y otros más, en los que existe un muy frágil equilibrio.

La manera de evitar mayores desastres es dar señales inequívocas sobre la decisión del sistema multilateral de no aceptar este tipo de aventuras. Pero Argentina debilitó estas señales al acompañar la aventura de Crimea y con eso volvió a mostrarse como un país impredecible, que no consulta sus decisiones , ni con las grandes potencias ni con sus vecinos regionales.

Tal vez la Presidenta sueñe con que la invitación de Putin a la reunión de los BRICS sea el camino para convertirse en un nuevo miembro del Grupo. Pero lo cierto es que Argentina llega allí por las malas razones que hemos mencionado, y sin ser sostenido por ninguno de los otros miembros, con los que – incluyendo Brasil- no tiene alianzas diplomáticas estratégicas.

En síntesis, tal vez nuestra Presidenta sienta que está siendo premiada por su audacia. Mi visión es que va a recibir un limitado premio por haber acompañado una operación política que rompe la mejor tradición diplomática argentina y remarca nuestra imprevisibilidad.

La parte positiva de este episodio es que sirve para aprender lo que no hay que hacer, y usarlo como otra de las bases de los acuerdos estratégicos que debemos lograr dentro de la oposición.

Subsidio no es inclusión

Tarde -como sucedió con la AUH- el Gobierno reconoce el drama social que sufren los jóvenes excluidos, quienes se han convertido en el sector más crítico de la pobreza en nuestro país. Abandono escolar y baja calidad educativa, embarazo adolescente, desocupación y adicciones forman un círculo de hierro del que muchos no pueden escapar y que reproduce la pobreza entre generaciones. Ninguno de estos eslabones es la responsabilidad de nuestros jóvenes. Desde su historia familiar, pasando por la baja calidad de la escuela pública, los ghettos urbanos en los que viven, la falta de políticas de salud sexual y la carencia de herramientas laborales, su vida está determinada desde la cuna. El aumento de los Ni-Ni en estos años muestra inconsciencia y ausencia del Estado sobre este problema dramático. El ProgresAR viene a generar un incentivo a uno de los eslabones de la cadena de la exclusión: la educación.

Pero un subsidio no asegura la inclusión. Los jóvenes no abandonan la escuela sólo por razones económicas, sino también por causas muy complejas que van desde carencias nutricionales y afectivas de la infancia hasta la falta de incentivos en su medio social. Ninguna de estas carencias puede ser solucionadas con un subsidio económico tardío.

Por ello es que si el ProgresAR va a servir para incluir a un millón de jóvenes, debe ser parte de un programa más amplio que incluya tutorías educativas y afectivas y diálogo con los padres, un seguimiento cuidadoso del rendimiento escolar de los chicos y una evaluación rigurosa del impacto del programa sobre sus vidas. Si los jóvenes no pueden completar su educación por sus carencias heredadas y pierden el subsidio o si lo siguen cobrando a pesar de no concurrir a la escuela, seguirán siendo excluidos y agregaran una frustración más a las muchas que ya tienen.

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Otro fracaso

Es francamente muy notable que en un Gobierno que hace de diversos enunciados progresistas su razón de ser (y que por lo mismo anatematiza sistemáticamente al “neoliberalismo”), la importancia y calidad de los bienes públicos haya caído a los niveles más bajos de nuestra historia. Los bienes públicos, o sea aquellos cuyo uso está disponible para todos, son primordialmente una responsabilidad del Estado, y son una herramienta esencial en la lucha por la equidad y aun por la competitividad. Son bienes públicos tradicionales: la infraestructura, la defensa, pero también la educación y la salud. Si miramos el desempeño de estos bienes públicos en estos 10 años, el resultado no puede ser más desolador (e injusto): la infraestructura económica destruida (energía, rutas, trenes), la defensa inexistente y la educación con los resultados que hemos visto en la última medición de PISA.

Los resultados de PISA merecen varias lecturas. Era obvio que luego de la crisis, la pobreza se metió en la escuela; y sus efectos fueron desbordando la capacidad del sistema para lograr más inclusión y capacidades en los alumnos. Pero 10 años después (y un enorme aumento de recursos que hoy llegan al 6% del PBI), una tras otra las evaluaciones muestran el fracaso y su impacto sobre la vida de los alumnos. Durante un tiempo el Gobierno siguió el peor de los caminos: negar el valor de las evaluaciones y no pensar en términos de cambios profundos en el paradigma y modos de funcionamiento del sistema. No avanzó sobre nuevos instrumentos legislativos, no pensó en escuchar voces diferentes, no rompió moldes en modos de encarar la pobreza y su impacto perverso.

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Es tiempo de decir basta

El documento de los obispos no podía llegar en un momento más apropiado, cuándo todas las evidencias acerca del problema de la droga se han desbandado casi sin control.

204 muertos en Rosario en lo que va del año por ajustes de cuentas asociados a la droga; las polícias provinciales infiltradas sin límites; el sicariato instalado como modo sofisticado de resolución de conflictos entre narcos; presencia abierta de capomafias; el tamaño promedio de los decomisos en permanente aumento; las cifras de consumo han explotado. Y todo ello en medio de una parálisis oficial que ya lleva 10 años y que se ha ido profundizando con el paso del tiempo.

El primer gran impulso a la penetración narco fue el blanqueo de 2010, que permitió quemar 4000 causas por lavado de dinero que estaban en los juzgados. A ello se sumó la inacción y la escandalosa lenidad en el control del lavado de dinero; la falta de radares; la carencia de recursos de los organismos de seguridad; la ruptura de relaciones con los servicios de inteligencia de otros países. No hay prácticamente ninguna referencia estructurada en el discurso K al problema que nos angustia; y ello se concreta en la decisión de la Presidenta de no nombrar secretario de Sedronar desde hace más de 6 meses. Más allá de obvias cuestiones administrativas, la falta de una cabeza en la secretaría implica que no existe un responsable que mueva el Ejecutivo, que sea abogado ante la Presidenta, que presioné a otras áreas, que piense estratégicamente. El resultado está a la vista; y como bien lo plantea el documento de los obispos, a medida que el tiempo pasa se hace cada vez más difícil volver atrás.

Cuando la corrupción del narco entra en las fuerzas de seguridad, la infección de consolida y se hace dificilísimo revertirla. La droga va dejando droga en su camino y eso aumenta el consumo y la dependencia, en especial de los más pobres.

Frente a este drama, no hay soluciones instantáneas. La legalización es una suerte de atajo frívolo, que supone que un problema de esta densidad se puede resolver permitiendo que nuestros hijos y nietos compren cocaína legal en el kiosco de la esquina. Es comprensible que ante la desesperación, los hombres recurran a pensamientos mágicos, pero está probado que eso de nada sirve.

Lo único que sirve es una clarísima decisión política de encarar un programa integral con el mayor profesionalismo, usando todos los recursos del Estado, lo que incluye una acción definida sobre el lavado de dinero y maximizar la cooperación internacional. El gobierno ha roto los lazos con los organismos de inteligencia internacionales, no sólo por su diplomacia aislacionista, sino por la paranoia de preservarse de intromisiones indeseadas, a un enorme costo.

En el campo de la prevención, la palabra del Papa Francisco es la guía: reducir el consumo de drogas sólo puede lograrse con un trabajo de base comunitaria, basado en la cercanía y la com-pasión que entienda las razones sociales de la adicción. En esta línea,
la complementacion entre la capacidad del Estado y la capilaridad y amor que pone la sociedad civil es la fórmula más efectiva. Lo mismo con las acciones para ayudar a la recuperación de los adictos.

Pero hacer todo esto implica para el Gobierno un cambio copernicano en muchas de sus ideas y políticas. Significa despolitizar toda su relación con la sociedad civil; poner en el centro de sus preocupaciones a la familia; evaluar el impacto de sus acciones; profesionalizar sus cuadros técnicos, dialogar con las organizaciones, aunque estas no le respondan políticamente.

Finalmente, creo que luego del documento de los obispos, debemos trabajar para que a la energía negativa y perversa de los narcos, se oponga una enorme energía social positiva, a través de acciones sociales -despolitizadas, de inspiración gandhiana en sus métodos-que expresen con claridad la decisión de la sociedad de exigir a todos los niveles del poder que frenen esta situación, que se viene anticipando, pero que se ha acelerado hasta niveles ya insoportables

Un camino con varios senderos posibles

Los resultados de las elecciones nos muestran un panorama de varios escenarios que van a convivir  en un potencial marco global de inestabilidad.

La primera evidencia es la de un mensaje de la sociedad hacia el Gobierno en el que se pide un cambio en temas que pronto mostrarán las encuestas, pero que seguramente se refieren a las principales propuestas de los candidatos: seguridad, inflación, empleo, estilo de hacer política. O sea que un 70% de la población pide cambios, y el kirchnerismo dijo el domingo a la noche no haberlo escuchado.

Pero la capacidad de la oposición para  convertir esa demanda en hechos está limitada por dos variables: la composición del Congreso y la vocación presidencial de asumir la realidad. Del Congreso poco puede esperarse. Estaremos frente a un Congreso “a la Italiana”, con varias minorías relativas, conducida cada una de ellas por líderes con vocación presidencial. Si ponemos este dato en una computadora, la respuesta será que las probabilidades de lograr acuerdos sustanciales dentro de la oposición son muy bajos (para ser optimista). Tal vez, esta sea una oportunidad para quien pueda mostrarse como el líder con mayor vocación de buscar acuerdos, lo haga público y deje que los remisos carguen con el costo de su negativa.

En todo caso, podemos ver un Congreso de conversaciones antes que de acciones; y es por eso que tanto Macri como Massa concentraron sus discursos de triunfo en el largo plazo.

Lo que suceda en el Congreso dependerá también de la vocación presidencial de dialogo y concordia. Aquí reside la mayor incógnita: las hipótesis sobre la reacción de la Presidenta abarcan todas las alternativas; desde una renuncia anticipada hasta una Cristina cambiada, pasando por una Presidenta que endurezca su discurso ad infinitum para quedarse con el  núcleo duro que le asegure permanencia después del 2015. Todo es posible; aún combinaciones de lo anterior. El cambio en la política hacia nuestros acreedores es una señal muy fuerte de una Presidenta que entiende los limites que la realidad le esta poniendo al discurso ideológico; lo que puede acompañar otros cambios virtuosos aun con un endurecimiento en los conflictos ya tradicionales de su Gobierno con la Justicia, la prensa u otros actores sociales.

Si la Presidenta optase por la alternativa del diálogo y las reformas, el grado de conflictividad política disminuiría. Si no fuese así, si la economía acelerase sus rasgos de cansancio expresados en menos generación de empleo y más conflictos sociales alrededor de la inflación y sus consecuencias, si aumentase la intranquilidad por el tipo de cambio, entonces habrá que hacer un enorme ejercicio de inteligencia para no caer en el campo preferido del kirchnerismo: la confrontación permanente.