Dejar hacer y cobrar retenciones

La Argentina rural, la potencia agrícola más eficiente del mundo, es despreciada por sus gobernantes, que la castigan precisamente por esa condición. Sin políticas proactivas, el gobierno tiene una actitud hipócrita y vergonzante. Hipócrita, porque los productores, mientras se los critica sistemáticamente aportan los dólares más seguros y baratos que nuestro país puede conseguir, y se esconde ese obvio mérito en el discurso oficial.

Vergonzante, porque el gobierno también calla cuando el ambientalismo denuncia el masivo uso de agroquímicos en la producción moderna. Pero hace contratos con Monsanto y le reconoce por primera vez el pago de regalías por sus semillas transgénicas. Y calla, además, porque el fisco se queda con alrededor de 8000 millones de dólares por año, gracias al aumento constante de la producción y a los elevados derechos de exportación vigentes.

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