El presidente procesado

Finalizado el Mundial y sin la copa en la mano, la sociedad argentina volvió a prestar atención en forma inmediata al resto de los torneos que día tras día la tienen también liderando los primeros puestos del ranking mundial: inflación, inseguridad, déficit educativo y de salud, y un largo etc. Pero ninguno de todos los anteriores nos ha de llevar a la cima del podio en forma tan espectacular como lo hará -en el campeonato mundial de la corrupción- la breve estancia del encartado Amado Boudou al frente del Poder Ejecutivo Nacional

Si tuvo usted tiempo, amigo lector, de ver por estos días emisiones de TV de afuera, la expectativa por la final futbolística hizo que muchos canales de los cinco continentes se refieran en forma reiterada a cuestiones relacionadas al lejano país sudamericano que, una vez más, enfrentaría a la prolija y ordenada Alemania. He visto y oído hablar de nuestro país con mayor o menor grado de detalle, con precisiones y con subjetividades propias de la visión que tienen de nosotros en distintas latitudes del orbe.

Si por una cuestión de calendario el cierre de la Copa Mundial se hubiera corrido un par de días, el mundo tendría una perla periodística que muy difícilmente podría ser asimilada o entendía con facilidad por las culturas germana, nipona o sajona; muy probablemente tampoco por las mexicana, chilena o uruguaya. Si bien, con sus más y sus menos, ninguna de las comunidades aludidas es ajena a hechos de corrupción que han sacudido en alguna que otra ocasión lo más profundo de sus cimientos institucionales, la delegación de la presidencia de la Nación a un funcionario procesado por la Justicia en una causa por sobornos y con firmes posibilidades de ser procesado en al menos otras dos, constituye un hito periodístico de amplio espectro digno de protagonizar tanto la pantalla de CNN y RTVE como de History Channel o Animal Planet

Podrá en este punto, amigo lector, tildarme de exagerado; unas horas de interinato seguramente no lleven al procesado a la obligación de producir actos protocolares o administrativos que comprometan de manera significativa el futuro de la patria o sus instituciones. Es muy probable que el encartado haya recibido directivas claras de no circular por los alfombrados pasillos del poder, no llamar, no preguntar, ni hacer nada que pueda exacerbar aún más sus “no positivas” relaciones con el resto del equipo gubernamental. Hay que evitarle incluso al jefe de la “devaluada” casa militar, la difícil tarea de –en caso de ingresar Boudou a Casa de Gobierno- ordenar la rendición de honores militares a un procesado; algo que se da de patadas con elementales normas de disciplina castrense. La tradicional fórmula de bienvenida “Buenos días señor Presidente; Casa de Gobierno sin novedad” sonaría casi a cargada; ya que precisamente la novedad sería que la cabeza del PEN se encuentre siendo ejercida por un individuo con varios expedientes abiertos en la justicia penal

Suelen -desde el kirchnerismo- comparar la situación del Jefe de gobierno de la Ciudad con la del vicepresidente; parecen olvidar dos cuestiones muy importantes. La primera es que uno al margen del título rimbombante del cargo, Macri no es más que un intendente municipal. La otra, y tal vez más importante, es que se suponía que esta gestión del FPV era más buena, más transparente y más patriota que todas las demás. En especial que la del alcalde porteño. Nos dijeron que venían a romper con la corrupción, que no dejarían sus convicciones en la puerta de la Casa Rosada, que no permitirían que se le siga robando al pueblo su ilusión y su futuro. (algo creo que dijeron también sobre no robarles su dinero; pero no estoy seguro)

Un vicepresidente es nada más ni nada menos que un “presidente suplente”. Aún imbuido del clima futbolero, me permito reflexionar sobre el excelente papel que jugó Romero en nuestra selección. No hizo falta poner en acción al arquero suplente; pero seguro que Orión o Andujar no eran ni mancos, ni rengos ni discapacitados visuales. Si Sabella los eligió sería porque podrían cumplir su rol con la misma idoneidad que el titular. Eran en suma, hombres de total confianza para el resto del equipo.

Hablando de confianza, me despido con una pregunta que suele hacerse a modo de test de honestidad simbólico -alguna vez se la habrán hecho seguramente: Usted, amigo lector, ¿le compraría un auto usado al vicepresidente Boudou? En este particular caso, la respuesta la tendrá tarde o temprano el juez federal Claudio Bonadio.

Gloria en Brasil, desvergüenza en Tucumán

Quiso el destino que razones profesionales me llevaran por estos días a cruzar el “charco” con destino a la vecina orilla, con la más sana intención de contrarrestar en parte el malestar que reina entre nuestros vecinos, a la luz de los últimos nada amistosos gestos que nuestro poco diplomático canciller y algún que otro funcionario de la secretaria de Transportes le han obsequiado a “nuestros hermanos uruguayos”. Así las cosas, luego de la jornada laboral del día 8 de Julio, pantalla gigante mediante, compartí con camaradas charrúas las alternativas de la derrota brasileña a manos de Alemania. Los sutiles comentarios que llegaban a mis oídos sobre los deseos para la jornada venidera me llevaron a la convicción de acelerar mi partida de tal forma que la salida de Argentina a la cancha me encontrara en territorio menos “hostil”.

A punto de abandonar el hotel, me sorprendieron las imágenes de la celebración del 198° aniversario del verdadero nacimiento de la Patria. Como resistir a la tentación de ser “testigo” de ese triste espectáculo. En realidad, tal vez el adjetivo correcto no sea precisamente el de “triste” pero es muy probable que cualquier otro que utilice me lleve invariablemente a tener que pedir perdón por mis dichos y realmente ninguno de los funcionarios allí presentes se merecen que ciudadano alguno les pida perdón -más bien todo lo contrario.

Un 9 de Julio a puertas cerradas, en un estadio “cuidado” mejor que los precios de igual denominación, con la militancia paga de siempre y un amplio operativo de arriado del ganado a sueldo. Ministros, secretarios de Estado, diputados, adherentes varios y jerarcas militares -entre ellos, el mismísimo jefe del Ejército, portando su desempolvado uniforme de súper gala, ya en desuso desde hace años para actos protocolares, ostentoso como lo no lo es su devaluado ejército nacional y popular y encima luciéndolo para sentarse a escuchar los divagues de un procesado por la justicia.

Creo estimado amigo que coincidirá conmigo si le digo que la cara de pocos amigos con que miraba Florencio Randazzo al Procesado Vicepresidente durante su obsecuente discurso sea tal vez la mejor síntesis de lo que puede sentir cualquier persona con dos dedos frente que es obligada por “obediencia debida” a rendir honores a un encartado judicial (nombre con el que la jerga jurídica denomina a todo delincuente procesado). Por otra parte, mientras la ministra de Industria Débora Giorgi no atinaba a levantar la vista mientras el procesado seguía loando a Néstor y Cristina, el inefable Rossi no conseguía esbozar al menos una tibia sonrisa , y se veía mucho más incómodo que cuando visita una unidad militar.

La postal que mostraban las cámaras oficiales -únicas habilitadas para obsequiarnos a todos y todas las imágenes del evento, aunque sin cadena nacional seguramente por un atisbo de vergüenza oficial- era rica en detalles pintorescos. Uno estuvo constituido por la cantidad de participantes que no demostraban la menor intención de aplaudir las huecas frases del orador, hasta que al ver sus rostros en las pantallas gigantes esbozaban un desapasionado palmoteo así como por las dudas.

Así fue que con la cabeza inundada por esas imágenes casi de ciencia ficción, me hice a la ruta, lugar en el me sorprendió el inicio de la esperada semifinal Argentina versus Holanda. Calles desiertas, rutas desiertas, control migratorio y aduanero desierto ( lo que no está bueno en ningún caso, muchos menores, mucha droga o mucha divisa podría pasar en dos horas de tierra liberada; sería bueno mejorarlo para el próximo domingo). En la más absoluta soledad viví el primer tiempo, el segundo, el alargue… los penales me sorprendieron ingresando a la Ciudad de Buenos Aires, la que de pronto estalló en un solo grito, en una sola consigna, en una sola bandera. La alegría de un pueblo muy castigado por sus dirigentes; el clamor de una sociedad que al menos encontró algo de lo que sentir orgullo, ante tanta vergüenza nacional y popular con la que nos bombardean cada día.

Los últimos kilómetros de mi trayecto contrastaron con las horas de viaje en soledad. La gente en las calles no era conducida por punteros, las banderas no tenían pañuelos extraños, ni nombres propios ni mucho menos flecos amarillos como la que ahora difunde el ministerio de Defensa desde su página oficial. La Plaza, el Cabildo, el Obelisco, las capitales de provincia, todo absolutamente todo se vistió de un legítimo fervor celeste y blanco tan multitudinario como el que ni “Él” ni “Ella” -ni mucho menos sus discípulos- podrían alguna vez conseguir por mucho recurso financiero al que pudieran echar mano.

Y creo, queridísimo amigo lector, que nos merecemos legítimamente disfrutar un poco el ver a la República Argentina, gracias al mérito de nuestros deportistas, entre los primeros puestos de algo positivo. Luego de encabezar tantos índices internacionales de corrupción, de baja calidad institucional, bajo nivel de enseñanza, paupérrima seguridad de incumplimiento de obligaciones financieras y comerciales, y un largo etcéteca.

Pero tenemos que estar atentos y ser conscientes. Mucho cuidado con permitir que nos pretendan arengar el próximo domingo para asociarse a un eventual triunfo o una ya por demás honrosa derrota si no volviéramos con la Copa en la mano. Que ningún caradura desvergonzado, por más “amado” que sea, intente expiar u ocultar sus culpas tras la euforia de un triunfo deportivo. Que ningún genio financiero salga a “prepotear” a jueces y acreedores externos, regalándoles -como ya hizo- algunos cientos de millones de dólares adicionales a los que reclaman, mientras estamos distraídos y para demostrarles que con nosotros “no se jode”.

Si todo sale bien, querido amigo, el domingo píntese la cara. Salte. Grite. Cante. Llore. Tome la bandera. Salga al balcón, a la calle, a la ruta. No permita que nadie le robe su derecho a estar feliz. Pero recuerde que una vez un dictador quiso confundir al pueblo con una causa sublime como Malvinas apropiándosela y el pueblo en la plaza supo responderle con una ingeniosa rima que imagino Ud. recordará. Será cuestión que si se diera el caso, una vez más nuestro tradicional ingenio popular recuerde a nuestros salientes dirigentes con alguna estrofa rimada , que una cosa es la devoción por los actuales portadores de la gloriosa camiseta con el rayado celeste y blanco y otra muy distinta es el desprecio que generan los futuros portadores del famoso y metafórico traje a rayas que identifica a los que abusan de una u otra manera del resto de la sociedad a la que pertenecen.

De piratas y corsarios

La mañana del 2 de julio, si bien fría, exhibía un sol radiante; toda la comunidad marítima y naval de Argentina se dio cita puntualmente en el centro educativo que la Prefectura Naval posee en la ciudad de Zárate, para celebrar los 204 años que median desde la designación de Martín Jacobo Thompson como primer capitán de puertos de las Provincias Unidas del Río de la Plata hasta el presente.  Todo el lugar estaba impecablemente presentado para la ocasión. Un particular discurso pronunciado por el Prefecto Nacional (máxima autoridad de la fuerza), tradicionalmente extenso pues se acostumbra en este día pasar revista a un año de gestión, fue magistralmente amenizado con videos institucionales muy atractivos que ponían en imágenes las palabras del orador.

Para mi sorpresa, y la del resto de los presentes, el discurso de la ministra de Seguridad, María Cecilia Rodríguez, fue una gota de agua en medio del desierto de la política. ¿Creerán los lectores que la funcionaria no aprovechó el micrófono para atacar a los poderes ocultos, revindicar el nacimiento de la patria en 2003, ni a nombrarlo reiteradamente a “El”, y casi tampoco a “Ella”. La Ministra habló de lo que se estaba celebrando, honró diversos actos de servicio realizados por la fuerza a su cargo y describió con orgullo las últimas adquisiciones de equipamiento destinado a la lucha contra el narcotráfico y el contrabando; las que por otra parte estaban allí delante de nuestros ojos en una clara demostración que no hablaba de promesas incumplibles.

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Navegando sin Norte

La vida en el mar – como también sucede en tierra firme- se encuentra simplificada por una enorme cantidad de ayudas a la navegación que hacen que día a día  el “arte de navegar” se vea facilitado por todo tipo de equipos electrónicos que hacen la tarea del marino no solo más sencilla sino muchísimo más segura. Sin pretender transformar la columna en un curso acelerado de navegación, lo invito – amigo lector- a imaginar la diferencia entre navegar en una nave impulsada por la fuerza del viento a hacerlo en uno de los modernos cruceros tan de moda por estos días.

Sin lugar a dudas una de las “siete maravillas” de la navegación moderna está constituida por la aparición del “girocompás”. Esta ingeniosa invención aprovecha los principios de “inercia y precesión” para obtener una marcación casi perfecta del “norte”. Sin ser  usted marino, entenderá que en medio del mares fundamental no perder jamás el norte.  También es fundamental mantener el norte en nuestras vidas y me atrevo a decir que en la política aquel que lo ha perdido, se encuentra en gravísimos problemas.

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Del Obelisco a la Fragata

Con toda razón podrá preguntarse usted –amigo lector- qué tiene que hacer un marino opinando sobre el tema del momento; es decir, el revés judicial en USA relativo a la exigencia de unos señores que tienen en su poder bonos argentinos y que han decido ejercer su derecho a cobrarlos en su totalidad y las aparentemente poco felices gestiones llevadas adelante por nuestro gobierno, las que no sólo no han tenido éxito sino que además parecen haber irritado al juez que antes nos miraba con cierta compasión y ahora nos tiene fastidio.

Parece mentira que el país que acuñó aquel consejo -“hacéte amigo del juez”- lo haya dejado de lado cuando más lo necesitábamos.  Seguramente una mala influencia de estos tiempos en los que, por ejemplo, un parricida confeso y condenado insulta al juez que lo cita por otro ilícito; aunque ese juez también esté siendo investigado por hechos tan variados como extraños para su cargo -desde ostentar un costoso anillo que razonablemente no pudo abonar con su salario, hasta frenar un allanamiento por el llamado de un funcionario de otro poder del Estado. Todo ello casi al mismo tiempo en que un vicepresidente imputado por violar varios artículos del Código Penal intenta, antes que limpiar su imagen, “limpiar” a los jueces y fiscales que buscan establecer su culpabilidad o inocencia.

Dentro de esta tónica, parece natural que nos esforcemos y compitamos entre nosotros para ver quien le grita más fuerte al titular del fondo MNL toda suerte de epítetos; siendo el más suave el ya famoso “buitre”. Olvidando que los bonos que el rapaz tiene en sus garras, fueron emitidos por el Estado Argentino y que ese mismo Estado fue el que habilitó a la justicia de USA como la legítimamente habilitada para entender en cualquier controversia. De esta situación obviamente no tiene la culpa la actual administración. De lo que sí podríamos responsabilizarla es de no entender que la viveza criolla no se extiende más allá de los límites de nuestra querida Patria y que por lo visto las bravuconadas y discursos para la militancia, tan efectivos dentro del salón “mujeres argentinas” de la Casa Rosada, generan reacciones adversas y efectos colaterales y secundarios fronteras afuera.

El título de esta columna tiene su razón de ser en una rápida hojeada a varios portales  de noticias nacionales e internacionales. Tradicionalmente, cuando el mundo quería hacer referencia a nuestro país con una imagen, era el “obelisco” invariablemente el emblema escogido. A partir de  la decisión de la justicia de USA y las respuestas que se van obteniendo desde Argentina, comienzan a agitarse los fantasmas de los embargos a  activos propiedad del Estado Argentino y la imagen asociada a la Patria es la de la Fragata Libertad, tal vez por haber sido el bien más emblemático que ha protagonizado una medida de este tipo.  Es como que la “Embajadora de los Mares” es ahora la “Reina de los Embargos”; si bien es muy difícil que en la actualidad el mismo fondo MNL vuelva a escogerla como presa a la luz del resultado obtenido con el intento de embargo en Ghana.

Licencias poéticas al margen, es importante tener en cuenta que un default y las consecuencias del mismo nos tocan a todos y a todas y que no quedará actividad económica alguna del país que pueda salir indemne de esta situación. Para la actividad naval por ejemplo, podremos ir despidiéndonos de la anunciada compra de buques rusos para la Armada Argentina, lo mismo que la construcción de nuevas unidades, la compra de aviones de combate;  incluso la ley de reactivación de la industria naval y la marina mercante en pleno trámite parlamentario, chocará con la imposibilidad de ser implementada por la evidente falta de recursos crediticios que enfrentará la misma

Por lo visto de nada han valido nuestras “amenazas” sobre los riesgos que correría el sistema financiero mundial si alguien osaba   “dañar” a la Argentina, tampoco pareció surtir mucho efecto la comitiva multipartidaria que viajó a USA para “presionar” a la Corte Suprema de aquel país; siendo lo más destacable de la misión, su contribución a la pérdida de otros cuantos miles de dólares en viáticos y hospedajes. Mucho menos  parecen contribuir las declaraciones que tanto la Presidente como sus ministros formulan por estos días; las que, por más que nos digan “tranquilos, está todo calculado”, se estrellan invariablemente contra la dura realidad.

Entonces mientras pasamos revista a todos nuestros bienes terrestres marítimos y aéreos en el exterior, mientras intentamos dejar en puerto seguro a nuestra Fragata (por las dudas), vaciamos las cajas fuertes de las embajadas, mudamos fuera de ellas las obras de arte de gran valor y vemos qué hacemos con los fondos oficiales que se encuentren en bancos extranjeros, sería muy útil que reflexionemos sobre lo que tal vez constituya la razón de ser de todas nuestras desgracias (o de buena parte de ellas). Tenemos la perversa costumbre de creernos el “centro del mundo” lo que hace que desde hace años nos estemos hundiéndo en un abismo tan profundo que nos va a llevar casi casi  al centro de la tierra lo que obviamente no es lo mismo.

Héroes olvidados y piratas destacados

Una vez más,  la mística del modelo nacional y popular acaparó en forma compulsiva las pantallas de TV de los hogares argentinos, cadena nacional mediante. En esta ocasión, un público heterogéneo compuesto por empleados públicos especialmente convocados, Madres de Plaza de Mayo, militantes de La Cámpora, entidades afines y -para que el rejunte sea completo- complacientes altos mandos militares con rostros sonrientes (sin quedar claro si por placer o por temor a una agresión inminente).

En esta ocasión, la cita obedeció a la inauguración del Museo de las Islas Malvinas, un coqueto sector de la ex ESMA en el que se ha invertido una considerable cantidad de dinero de todos y todas, no para exponer acerca de la guerra de 1982, sino más bien para reflejar la historia de las islas, su geografía, fauna y flora y alguna que otra miscelánea bélica.

Obviamente el propósito final del emprendimiento es contribuir a afianzar desde lo audiovisual el relato nacional y popular, pero deberemos reconocerle al escenógrafo del modelo que, una vez más, ha sacado agua del desierto, haciendo algo que a nadie se le había ocurrido hacer antes.

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Postales de Comodoro Py

El Comodoro Luis Py obviamente no le debió su grado a la Fuerza Aérea, ya que le tocó vivir en una época en la las aves seguían manteniendo monopólicamente la supremacía en el aire. Luis Py fue un valiente español que a poco de arribar a nuestro país, en 1843, se incorporó a lo que por entonces era la “Escuadra Argentina” (luego Armada Argentina), llegando a servir a la patria como Comandante Militar de la isla Martín García. La nación, generosa con los hombres que sirvieron a ella, lo recuerda a diario ya que su nombre figura en varias localidades del país -incluso en plena ciudad de Buenos Aires una calle lleva su nombre. La arteria en cuestión no es demasiado extensa, pero en los últimos años ha sido testigo de incontables hitos judiciales que han marcado a fuego el rumbo de nuestra sociedad.

Como todos sabemos, en Comodoro Py tienen su sede los tribunales federales en lo criminal y correccional de la Ciudad de Buenos Aires. El fuero criminal federal es el que atiende todas las cuestiones que atañen a denuncias penales contra funcionarios públicos o contra particulares que hubieran afectado los intereses del Estado Nacional. Por sus estrados han transitado, sin solución de continuidad, funcionarios, ex funcionarios, empresarios, militares y, como frutilla del postre, el primer vicepresidente de la Nación en Funciones.

Curiosamente, en la misma calle y justo frente a los tribunales mencionados tiene su sede el Estado Mayor General de la Armada,  el llamado Edificio Libertad. Las escalinatas de ambos inmuebles están prácticamente enfrentadas. He sido testigo muchísimas veces de la partida de muchos militares requeridos por la Justicia, que eran convocados a presentarse en el predio militar, para luego recorrer a pie los pocos metros que separan ambos edificios. En la mayoría de los casos era un viaje de ida, ya que inmediatamente quedaban detenidos para enfrentar cargos por delitos relacionados con la lucha contra la guerrilla de los 70.

Conforme pasaron los años, la mística de la detención fue sufriendo variantes. En un principio, la Armada cumplía institucionalmente un rol de “nexo” entre la libertad y la prisión. Los jueces requerían a la autoridad militar que se ponga a determinadas personas a su disposición, estas personas eran citadas e incluso asesoradas por el cuerpo de auditores navales sobre determinados aspectos del proceso que enfrentarían, siendo incluso acompañados y asistidos en la gestión judicial.

Luego la cosa cambió. El argumento sobre la condición de igualdad ante la ley y la negación de todo tipo de privilegios especiales hizo que ante una orden de detención o de comparecencia ante un magistrado, los citados fueran detenidos o convocados en sus domicilios particulares y que se le ordenara a la Marina abstenerse de prestar cualquier tipo de asistencia “oficial” a quienes debían enfrentar por su exclusiva cuenta y riesgo la responsabilidad por los eventuales delitos por los que eran convocados.

El 9 de junio de 2014, una vez más una de las “orillas” de Comodoro Py se tiñó con la mística habitual que aflora en cada jornada en la que algo importante pasa.

Algunos cientos de manifestantes, en su mayoría trabajadores del Congreso Nacional y de algunos municipios transportados con micros abonados con partidas oficiales, se agolparon con bastante orden para vivar al imputado vicepresidente. Con total naturalidad, un señor que armaba una enorme pantalla gigante confesó ante la prensa que era proveedor del Congreso Nacional, aportando incluso el costo de sus servicios (algo así como $ 20.000) El imputado Boudou solicitó por escrito permiso para llevar cámaras del medio “Senado TV” para inmortalizar su declaración indagatoria -natural recurso de defensa de cualquier imputado por un delito- y además se solicitó permiso para llevar al cuerpo de taquígrafos del Congreso (el Congreso de la Nación; ese cuyos gastos pagamos todos )

Ambas realidades han tenido lugar en un lapso de apenas una década. Un decenio, casualmente, también conducido por una misma gestión política que nos “enseñó” a todos y a todas que en la Argentina no hay privilegios, ni fueros especiales, ni prebendas ni ninguna diferencia entre sus ciudadanos, vistan ropas civiles, uniformes militares o atuendos eclesiásticos. Demás está decir que es perfecto que así sea.

Pero debo confesar que el panorama que rodea la declaración indagatoria del imputado Amado Boudou, al menos el que se vislumbra mirando por un ventanal desde la “orilla de enfrente”, me confunde un poco. Tengo mucho temor que una vez más en nuestro querido país se cumpla con aquella para nada democrática premisa: “ Los argentinos somos todos iguales, pero unos son más iguales que otros”

 

Luz… cámara… ¡¡Berni!!

Deberíamos convenir que, a diferencia de otros funcionarios del actual gobierno nacional y popular, el inefable secretario de Seguridad Sergio Berni tiene algunos méritos a destacar. En primer lugar, es obvio que disfruta su trabajo y no le escapa al bulto, ya se trate de una tragedia aérea, un piquete rutero, el desbaratamiento de una banda narco o un gatito asustado en la copa de un árbol. El siempre estará ataviado para las circunstancias, sea con ropajes pseudo extraterrestres, casco de bombero, paracaídas o chaleco antibalas en posición invertida.

Con todo, el Teniente Coronel Médico Sergio Berni aquilata algunos activos que muchos de sus compañeros de gabinete le envidian. Por ejemplo, a diferencia de “Pinocho” Rossi (así bautizado por sus subordinados de uniforme), las cúpulas policiales lo respetan y hasta podría afirmar que lo aprecian. Tal vez su condición de militar (aunque no sea de comando) hace que su lenguaje y su mística del mando sean más o menos entendibles y aceptables para las fuerzas federales de seguridad. Por otra parte, y volviendo a la comparación con el área de Defensa, él no tomó como un castigo su salida del poder legislativo para ocupar funciones ejecutivas y, como ya dijimos, le encanta lo que hace a diferencia de lo que perciben los militares de su actual jefe. Por otra parte, a pesar de gozar de un excelente buen pasar económico, no pasea en Porsche, no toca la guitarra en bandas de rock ni sucumbió a las mieles de Puerto Madero -al menos no por ahora.

Tal vez el único vicio ostensible del subsecretario sea su desmedida adicción a la radio y televisión, no como espectador sino como protagonista exclusivo y excluyente. Este fenómeno comunicacional se está dando cada vez con mayor medida en funcionarios de segunda línea que tuvieron durante buena parte de la gestión K totalmente vedado el uso de la palabra. Y parece reafirmarse cada día que la constante denostación a los maléficos medios gráficos, televisivos y radiales es muy comparable a la reacción de la zorra de la famosa fábula de Esopo, aquella que al no poder tomar las uvas para sí por estar muy altas, se conforma convenciéndose que las mismas estaban verdes.

Ellos no odian a los medios y a quienes protagonizan la pantalla: ellos quieren ser los únicos protagonistas de la grilla (y si fuera posible, a toda hora, en todas las frecuencias y en cadena perpetua).  A veces, claro está, algún funcionario poco habituado a hacer uso de la palabra amenaza con ir a la guerra contra el Paraguay para defender nuestra soberanía fluvial, poniendo en un brete a un par de ministros. Pero, ya se sabe, cuando se enciende la luz roja de las cámaras puede pasar cualquier cosa

Ocurre también que, merced a la particular reasignación de funciones a distintos ministerios y secretarias, y así como juntamos al ministerio del Interior con los transportes y creamos un ministerio de Seguridad, casualmente por falta de la misma, le dimos al Teniente Coronel sanitario un rol tan particular que lo hace protagonizar con facultades de “comando” piquetes, protestas sociales varias, partidos de fútbol, choques de trenes, inundaciones, caída de aviones, incendios, derrumbes, toma de viviendas, y una larga lista de etcéteras. Negocia con “desacatados”, pelea con jueces y fiscales, conduce motos policiales, timonea lanchas de prefectura naval y hasta se le anima a los helicópteros de la Federal. Tiene también la costumbre de pedir explicaciones a los cuadros operativos de las fuerzas sobre la tarea que realizaron, para luego ser él quien con “solvencia profesional” se lo explique a los ávidos e inquisidores periodistas

Y es precisamente aquí – amigo lector- donde me quiero detener a reflexionar sobre un tema que es ya recurrente, al menos en las áreas de acción del gobierno nacional: la avidez de los funcionarios políticos de copar la palabra y de ponerla al servicio del modelo no reconoce límites de ningún tipo. Ni técnicos, ni profesionales, ni siquiera éticos.

Ver al responsable de la seguridad ciudadana dando directivas de abandonar los edificios céntricos frente a una posible nube tóxica en el puerto metropolitano resulta pintoresco, si no fuera porque cualquier entendido que hubiese podido tomar el micrófono hubiera indicado que era mejor encerrarse lo más herméticamente posible hasta que se determinara si había riesgo para la salud. Observarlo sentado como copiloto de un avión de la prefectura naval, explicando como se buscan posibles náufragos en el océano Índico, puede resultar un tanto hilarante porque, después de todo, no le hace mal a nadie.

Sin embargo, el montaje escénico del pasado martes en ocasión de producirse el accidente aéreo en aguas del Río de la Plata debería llamarnos a implorar un poco de respeto. No solo respeto a los familiares de las víctimas de la tragedia sino a la sociedad toda.

El carácter binacional de los sucesos permitió marcar un contrapunto clarísimo en la forma de abordar desde el punto de vista informativo la difusión de los mismos. Mientras que en la vecina orilla la palabra oficial era ejercida por el vocero de la autoridad marítima designado para ello, nuestro subsecretario pareció por momentos llegar al éxtasis enfrentando a los micrófonos para pronunciar célebres frases tales como “En mi experta opinión deben haber fallado los motores” o implorando con la mirada que alguien le arrime algún dato para poder retransmitir.

Curiosamente, apenas dos días antes, el mismo río fue testigo de otra tragedia que costó la vida a dos marinos argentinos y dejó secuelas de consideración en otros dos. Un buque fondeado en proximidades del puerto de Buenos Aires perdió a su capitán y a un tripulante en el interior de un tanque de cargamento. Una joven cadete y otro oficial resultaron heridos, y al parecer al no haber cámaras en medio del río, la noticia no pareció tener interés para el intrépido secretario.

Este avasallamiento a funcionarios públicos de carrera, sean estos civiles, militares, diplomáticos o policías, revela algo más que un afán de protagonismo. Creo, humildemente, que esconde un profundo desprecio por todo aquello o  -mejor dicho- por todos aquellos que no están en sus cargos por ser acreedores de favores políticos o por premios a la militancia, sino por haberse esforzado por abrazar una profesión para servir a la patria.

No voy a cometer el atrevimiento de cuestionar aquí la decisión presidencial de colocar a un Coronel médico a manejar la seguridad, ni a una aeromoza a encabezar la representación de Argentina justo frente a Inglaterra. Tampoco a la conveniencia de designar a un religioso para lidiar con la problemática de la droga. Pero parecería ser que esta gestión tiene un particular fastidio contra los escalafones.

Si seguimos por este camino, se podría llegar a la particular situación de encontrar en breve a un embajador de carrera alcanzándonos un refresco en pleno vuelo, a un rudo gendarme extendiéndonos una receta en su consultorio y a un narcotraficante recibiendo nuestra confesión en la catedral.

Una vez más, podemos recurrir al arte para redondear el concepto: “me dijeron que en el reino del revés cabe un oso en una nuez”; “que un ladrón es vigilante y que otro es Juez y que dos y dos son tres”. Qué quiere que le diga querido, amigo lector… Para entender lo que nos pasa no hay que saber de política, es más fácil tener cultura musical o al menos una buena discoteca.

Palabras cuidadas

El Vaticano verá muy simplificada su tarea a la hora de acopiar argumentos que avalen la elevación a los altares del actual Papa Francisco. El ya acaba de realizar el primer milagro: el que tuvo lugar nada menos que en la Catedral metropolitana el 25 de mayo de 2014. Luego de 8 años, ese sagrado recinto se vio colmado de viejos revolucionarios poco afectos a las cuestiones de la Fe -al menos de la Fe en cualquier otra cosa que no sea el éxito final de la revolución permanente.

Si el genial Discepolo escribiera hoy su “cambalache” a la biblia y el calefón, le podría agregar la presencia del “relato y el modelo” en su célebre e irrespetuosa vidriera. Con pocas excepcione, los soldados de Cristina dejaron por algunos minutos los símbolos de la rebeldía nacional y popular, se calzaron sus finísimos trajes y corbatas y, como obedientes monaguillos con mirada angelical, se paraban, se sentaban y asentían a los conceptos expresados por el Cardenal Primado, tal vez consternados por ver a la jefa privada del uso de la palabra (aunque sobre el final se dio un pequeño gusto, aunque con letra ajena y leyendo, cosa que mucho no le gusta , pero no hay remedio, la liturgia es así)

Para quien tuvo el enorme privilegio de poder seguir las alternativas del solemne Tedeum desde una perspectiva distinta a la que brindaron las cámaras oficiales -únicas permitidas-, cada segundo, cada gesto, cada cruce de miradas entre los participantes resultó una fuente inagotable de interpretaciones y conjeturas

La normalidad “recuperada” hizo que muchos niños pudieran ver por la pantalla que en nuestra Catedral se guardan los restos del Padre de la Patria, y que al menos una vez al año el primer mandatario se para frente a su tumba para rendirle honores. Habrán preguntado también a sus padres quienes eran esos señores vestidos “raro” que estaban detrás de la Jefe de Estado, ya que las imágenes de un comandante en jefe de las FFAA, acompañado por sus jefes militares subordinados para homenajear al máximo héroe militar de la Nación no ha sido muy frecuente en la década ganada (más bien todo lo contrario)

En honor al modelo, el Cardenal Primado Polí tuvo “Palabras Cuidadas”: la constante invocación a “Su Santidad” le permitió ser razonablemente duro y la vez orgánico; equilibrar la reflexión evangélica sobre la lectura del día con un adecuado baño de actualidad nacional; momentos en los gestos de los “devotos feligreses” se dividían entre ceños fruncidos y caras de… “a mí no me lo está diciendo”.

No todo denotó hermandad cristiana en el acto. Funcionarios nacionales y de la Ciudad no se mezclaron (tal vez para desvirtuar la versiones sobre acuerdos políticos) pero un saludito entre los máximos referentes políticos presentes hubiera sido de buen cristiano. Más cuando hoy mismo recibimos la noticia que nuestro Francisco obtuvo un guiño de los líderes de Palestina e Israel de sentarse bajo un mismo techo cristiano para dirimir sus diferencias

En síntesis, como el relato se desarrolla por capítulos, resulta evidente que estamos asistiendo a la lectura del que corresponde a la recuperada relación con nuestros pastores. Tal vez así como nos apuramos a subir al sitio web presidencial los protocolares saludos papales, se pueda colocar para deleite de todos y todas la homilía del cardenal Poli. Quizás de esta manera algún funcionario la relea para intentar aplicarla a su gestión, pero lo más probable es que, habiendo terminado el solmene acto religioso, pase lo que Serrat nos cantó alguna que otra vez: “Con la resaca a cuestas vuelve el pobre a su pobreza, vuelve el rico a su riqueza y el señor cura a sus misas”. Y por si alguien olvidó cómo sigue la canción: “se despertó el bien y el mal, la zorra rica al rosal, la zorra pobre al portal y el avaro a las divisas”.

Popeye y Pinocho

Aunque  despotriquemos cada mañana con la dura realidad que nos toca vivir; aunque una y otra vez apreciemos según nuestro sano saber y entender que el país no transita por un buen camino, y aunque a diario intercambiemos con mayor o menor grado de vehemencia nuestras opiniones contra las de quienes piensan todo lo contrario, seguramente todos coincidimos en que la democracia seguirá siendo por y para siempre el mejor método para trazar, mantener o modificar el rumbo de nuestra Patria.

Podríamos también inferir que, al menos en teoría, socialistas, liberales, conservadores, humanistas, más a la derecha, más a la izquierda o mantenidos en el centro, los hacedores de la política deberán tener la sana convicción de que los ideales que abrazan son, en cada caso, los mejores para el futuro de la sociedad frente a la cual realizan sus promesas electorales al tiempo que solicitan el ansiado voto que los coloque en la cúspide del poder.

Siguiendo esta línea de pensamiento, no sería descabellado suponer que con sus más y sus menos, radicales y peronistas (estos últimos en sus infinitas configuraciones dogmáticas y pragmáticas) no hicieron lo que hicieron a propósito; es decir, si estamos como estamos a tres décadas de beber el jarabe democrático cada día, es porque las cosas salieron mal, no fue adrede, digamos que…. tuvieron mala suerte.

Podemos también ser malpensados y concluir que en realidad los que tuvimos mala suerte fuimos nosotros y que la Patria fue cayendo sucesivamente en las manos de grupos de incapaces primero, deshonestos luego, desorientados más tarde, bomberos apaga incendios a los postres y, finalmente, un selecto grupo de hábiles mentirosos. Pero, claro, para llegar a tan tremenda y devastadora conclusión habría que ser francamente muy escépticos o demasiado mal pensados.

Y entonces, abocado a la tarea de “ponerle onda” y “darle la derecha al relato”, me pregunto a mí mismo, por qué no creer que, a pesar de que todos mis amigos, familiares, vecinos, camaradas y conocidos (lo de todos es literal) han sido víctimas de hechos delictivos, la cosa no es tan grave como la pintan los medios. Por qué no aceptar que, así como algunos precios se “corren” con tendencia a la suba, otros muchos se mantienen e incluso bajan, desvirtuando categóricamente ese mito urbano llamado inflación. Por qué no reconocer que los miles de turistas internos que se desplazan frenéticamente en los cada vez más frecuentes fines de semana XXL son un producto exclusivo de la década ganada y que los millones de ciudadanos que no van ni a la esquina, no lo hacen porque disfrutan más en sus mansiones equipadas con plasmas, aires acondicionados y microondas nacionales y populares, fabricados íntegramente en nuestro país para envidia de Corea y Japón, y adquiridos merced a la cada vez mayor inclusión social.

Por qué no ser un poco más patriota (como le gustaría a Axel) y aceptar que Aerolíneas Argentinas es un modelo empresario digno de imitar y que los pocos cientos de millones de dólares que pierde mensualmente en sus operaciones, son producto de lo mal que dejaron las cosas sus anteriores dueños. Cómo no darle la derecha al Vicepresidente, que declara a quien quiera oírlo que quiere que su situación se aclare de una vez por todas, aunque extrañamente no hace más que plantear recursos y nulidades para que el juicio nunca llegue.

Por qué pensar que no hacen otra cosa que no sea mentirnos, engañarnos, ocultar la realidad bajo un descarado manto de palabras vacías, de promesas incumplidas, de proyectos tan estridentes como impracticables, de actos públicos montados con coreografías y estribillos estudiados, con militancia prepaga  portadora de cotillón provisto por el escenógrafo oficial.

¿Quiere realmente – amigo lector- que le diga por qué?

Porque, cuando con total desparpajo un señor se para frente a cientos de marinos profesionales y les asegura sin sonrojarse ni un poquito que en cualquier parte del mundo reparar un rompehielos como el Almirante Irízar puede insumir siete años o tal vez más, se me cruza por la cabeza pensar que nos está tomando el pelo.

Cuando intenta justificarse diciendo que los más de mil millones de pesos gastados hasta la fecha en una reparación tediosa y con final abierto incluyen los gastos de combustible insumido por los buques extranjeros que reemplazan al siniestrado, se me da por creer que realmente nos subestima de una manera supina.

Y qué decir cuando asegura con vehemencia por décima vez, que se ha de repotenciar a nuestra flota militar con sofisticadas construcciones integradas por remolcadores y cuatro lanchas en nuestro eficiente astillero estatal al que siempre conocí como un taller de reparaciones navales, hasta que por decreto lo ascendimos así como hicimos con Juana Azurduy. Dios quiera que, con el ritmo que le imprimen a todo lo que construyen, esos jóvenes cadetes que escuchaban ilusionados, las puedan ver a flote antes de pasar a retiro dentro de 35 ó 40 años.

Entonces, sucede que uno puede tener fe e intentar ser positivo, cuando prometen más y mejor seguridad implementado planes y cuadrículas que uno no entiende del todo por no ser policía; o cuando nos auguran que ahora sí tendremos mejor educación siendo que no somos maestros. También cuando nos apabullan con cifras multimillonarias detalladas hasta los centavos y no calificamos como economistas idóneos para formular objeciones; incluso hasta cuando nos esclarecen sobre las ventajas de convenios diplomáticos con Estados terroristas siendo que uno sólo conoce la Cancillería por haber dejado el auto en los parquímetros de la zona.

Pero cuando se nos “ilustra” sobre nuestras respectivas profesiones, artes u oficios, y se nos miente sin tener cuidado, más bien con descaro, mantener la fe cuesta un poco más. Cuando lo malo de lo que pasa es que se sepa lo que pasa, la esperanza de un futuro mejor se resiente. Cuando se elimina de los discursos oficiales cualquier frase que signifique reconocer un error, o una falencia o una promesa incumplida o aunque más no sea un mínimo pedido de perdón por la tarea aún no realizada, uno no sabe bien si se está frente a un incompetente o un sádico, tampoco cuál de las dos cosas es peor.

Magistralmente;  mientras hacía junto a algunos colegas la inevitable catarsis por los dislates escuchados el pasado sábado en el puerto metropolitano en ocasión de celebrarse el bicentenario de la Armada Nacional, el mozo que nos atendía me dijo: “Tranquilo Popeye, Pinocho es así”. Lástima que a mí no me gusta la espinaca y más lástima que a él no le crezca la nariz.