Rieles chinos varados en el puerto

Estas épocas de internas políticas –como hemos dicho en alguna columna anterior- tienen la particularidad de enfrentar delicadamente (o no tanto) a quienes se suponen juegan en el mismo equipo. Menos mal que no hay elecciones internas en los equipos de futbol para elegir al capitán; si no, ¿se imagina querido amigo lector la cantidad de goles en contra que habría cada domingo?

La bonita historia marinera que le contaré a continuación tiene mucho que ver con esta peculiar costumbre de la política vernácula de anteponer los intereses personales de sus protagonistas al bien común de los gobernados; es decir usted, yo, nosotros, todos y todas.

Cuento chino y marinero:

Con el orgullo propio de todo capitán que tiene bajo su mando un buque recién construido, el “Master” del buque carguero “Lentikia” se aprestaba en la mañana del 9 de marzo a amarrar por primera vez esta nave en la Dársena “E” del puerto de Buenos Aires. Luego de una maniobra náuticamente impecable; amarró el navío sobre su banda de estribor y –como decimos los marinos- lo “cosió” al muelle; sujetándolo con cuatro cabos “largos” por proa y popa y otros cuatro laterales (otro día le doy nombres más técnicos). Seguramente, este capitán no tenía la menor idea de que su buque y su carga, consistente en 30.000 toneladas de rieles ferroviarios, serían parte de los dimes y diretes de la feroz interna que enfrenta a los señores Florencio Randazzo, Axel Kicililoff y Ricardo Echegaray, en una suerte de todos contra todos, a juzgar por los resultados de la puja.

Lentikia

Sabido es que el Ministro de Transporte (el mismo que pronto le pedirá una “selfie” para hacerse el DNI más rápido) está realizando su campaña interna en base a locomotoras y vagones ferroviarios. Si hasta se da el lujo de exponerlos en los lugares más impensados, bases navales incluidas.

Una de las promesas que Randazzo se propone cumplir en forma urgente, es la renovación de los sistemas ferroviarios del NEA y NOA; más que las necesidades de los productores locales, lo apura la agenda de inauguraciones preelectorales. Pero, claro, sin rieles no hay trenes y es por ello que la maniobra de arribo de este preciado cargamento y su traslado a Chaco le urgen. Los ferrocarriles son el pan de cada día para el ministro: le dan alegría; los barcos y los puertos en cambio solo le dieron disgustos. Un Subsecretario de Puertos “indomable” y un Director Nacional de Transporte Marítimo, recientemente acusado de hacer desaparecer documentos de la dictadura, fueron más que suficientes para que quitara esa área del transporte de sus manos y se la endosara a Axel quien, siempre ávido de poder y de partida presupuestaria para manejar, la aceptó gustoso. ¿Se estará arrepintiendo el Ministro?

Los susodichos rieles chinos llegaron un poco estropeados según parece; al menos una parte de ellos. No obstante se hace necesario posicionarlos en el terreno de trabajo y para ello deben ser descargados del “Lentikia” y embarcados en barcazas aptas para navegar por la hidrovía Paraná – Paraguay y, sorteando codos, recodos y demás escollos fluviales, hacerlos llegar a destino.

Fruto del desencanto de don Florencio con las autoridades portuarias y marítimas, todo este operativo fue arrebatado de las manos de los responsables del puerto de Buenos Aires; recordará amigo lector que el gerente de operaciones de AGP (quien fuera la cara visible del desembarco de miles de vagones en los spots ministeriales) resultó ser el aparente cabecilla de una red de venta de mercadería ilegal en los galpones del propio puerto. Dicha tarea fue asignada a la Administración de Infraestructura Ferroviaria. Su máximo jefe Ariel Franetovich comprendió, a poco de iniciar la tarea, que no todos los “pibes para la liberación” trabajan en equipo.

El ya mencionado transporte de los rieles desde Buenos Aires hasta Chaco es, técnicamente hablando, un tráfico fluvial. La normativa vigente indica que el transporte fluvial debe ser realizado en buques de bandera Argentina. Si no hubiera bodega argentina disponible, el transportador debe solicitar una dispensa (waiver) que hace que un buque extranjero reciba un tratamiento de buque nacional. Casualmente quien otorga estos permisos es el mismo funcionario que en uso de un particular doble empleo, violó varias normas sagradas para el modelo vistiendo uniforme naval.

Así las cosas, la empresa “Maruba” de aceitados lazos con la actual administración, resultó ganadora de la compulsa de precios para realizar el traslado del material ferroviario hasta Chaco y, al no contar con barcazas de bandera argentina, solicitó el correspondiente permiso para hacerlo con unidades de bandera boliviana las que serían “empujadas” por un remolcador argentino con tripulantes argentinos (el verdadero sentido del “waiver” es proteger la mano de obra local, la que en este caso está más que asegurada)

Los días pasaron y pasaron, y el Director de Transporte Marítimo y Fluvial de la Nación pareció ignorar el pedido. Randazzo enfurecido por el accionar de quien ya no le depende ni obedece, ordenó al propio Secretario de Transportes Alejandro Ramos que se ocupe del tema; el sí obediente, Ramos estampó su bonita firma en el ya por entonces muy ajado “waiver” y los satisfechos cargadores se dirigieron a la aduana para mostrar que “tudo bom tudo legal”. Pero no; ni bien ni legal ni nada de nada. Ramos, otrora jefe de los díscolos y problemáticos funcionarios del área marítima nacional, no tiene –según la Aduana- facultades para arrogarse la firma de un documento como el requerido. No puede tampoco tirar de las orejas a sus ex subordinados porque ya no es más el jefe de todo el transporte de la Nación; el agua ya no le pertenece. Y sus ex dependientes no lo quieren ni un poquito.

Mientras muchos especulan con una trapisonda de quien según se dice por allí, será el vice del candidato Scioli, otros achacan la “torpeza y las trabas” al macabro jefe de la AFIP que hace su propio juego y mientras los rieles de la discordia duermen el sueño de los justos en la bodega de un buque maltés, el Capitán del “Lentikia” afina su español. Él y su tripulación se hacen conocidos en los lugares típicos de la noche porteña. Y la demora en la descarga genera un sobrecosto de U$S 15.000 diarios: un par de “soluciones habitacionales” o un equipamiento médico de mediana complejidad o la reparación de una escuela o la comida de un montón de gente o tantas otras cosas mucho más útiles que tener contento al dueño de un buque que está cobrando mucha plata por el solo hecho de ser “victima” de la desidia nacional.

Hace pocos días, la Armada Argentina fue condenada a pagar $ 50.000 por daño moral, a un empleado civil maltratado por un funcionario naval. Ese mismo funcionario y el área que desmaneja tal vez cumpliendo órdenes… ahora le cuestan al país 15.000 dólares diarios desde aquel 9 de marzo y el reloj sigue corriendo por puro capricho; me pregunto si Dios y la Patria no se lo demandan… ¿lo podremos hacer nosotros?

 

La paja y el trigo

En mi pago chico (la marina y los barcos) la noticia de la designación de un fiscal militar para llevar a juicio administrativo a marinos civiles, generó muchos más chascarrillos que críticas o apoyos. La ley en la que se basa el funcionamiento del “ Tribunal Administrativo de la Navegación” data de la dictadura autodenominada “ Revolución Argentina” y entre otras cosas faculta al presidente del tribunal ( a la sazón un almirante) a ordenar la detención de un “imputado que se niegue a comparecer”. ¿Se imagina, amigo lector, el picnic que se haría hoy un estudiante de primer año de derecho con una orden detención librada por un almirante? Demás está decir que este tribunal no funcionaen la práctica desde hace muchísimos años, pues su esencia misma ha sido demolida más que por el paso del tiempo por el sentido común. No es políticamente correcto ver a uniformados juzgando a alguien, ni siquiera a otros uniformados. De hecho la abolición del código de justicia militar, dejó en claro que los militares no pueden juzgarse a sí mismos. Mucho menos lo podrán hacer entonces con ciudadanos civiles que eligieron el mar como medio de vida. No obstante, algún alto mando naval está intentando hacerlo funcionar. Continuar leyendo

Que las Malvinas queden a salvo del “relato”

La última semana de marzo y la primera de abril marcan año tras año una especie de conexión directa entre el presente y el trágico pasado de la patria. Desde que por designio de la política el 24 de Marzo se destina a ejercitar la memoria (aunque esta sea bastante parcial) el largo desfile radial y televisivo de ex “jóvenes idealistas” y familiares  de desaparecidos durante la dictadura cede lentamente paso a la entrada en escena de los protagonistas de otro “ícono” del Proceso: la guerra de Malvinas.

Ciertamente ambas fechas fueron perdiendo entidad a partir de su utilización con fines turísticos; una cosa es hacer “memoria” en el aula explicando a los más jóvenes los sucesos recordados y otra muy distinta es ejercitarla recordando donde “ turisteamos” el año anterior para no repetir el destino vacacional. Hace años, los Veteranos iniciábamos nuestro día con un saludo presidencial en el Regimiento Patricios o en alguna dependencia militar; los actos finalizaban invariablemente con nuestro orgulloso desfile ante las autoridades presentes. Ahora el único desfile notorio es el conformado por la larga caravana de autos marchando presurosos hacia la costa. Continuar leyendo

Un ministro que hace agua

Las internas políticas sirven, entre otras cosas, para que compañeros y aliados incondicionales de ayer  se saquen a relucir mutuamente y con mayor o menor crudeza sus “trapitos al sol”. Aquellos que otrora se abrazaban emocionados al borde de las lágrimas por algún triunfo electoral del espacio político al que pertenecen miden en campaña cada gesto, cada palabra y cada movimiento que los pueda posicionar un pasito delante del compañero, correligionario o camarada competidor.

Como en tantas otras cuestiones que hacen a la mística de la política e incluso de las organizaciones mafiosas, hay para estos “ataques” límites y códigos que respetar, como así también chicanas y trapisondas que son prácticamente de manual.  Se trata, como dijimos, de pegarle al otro sin que la sangre que le hagamos derramar salpique nuestro propio traje.

En este contexto, las tan peculiares “ primarias” de la política vernácula ofrecen condimentos no menos peculiares. Podríamos haber naturalmente imaginado a Macri compitiendo en elecciones generales contra Carrió , el radicalismo y el Fpv. Pero ver a los tres primeros compitiendo en internas entre sí… es cuando menos algo imprevisto.

Están también los líderes partidarios que comienzan a bajar líneas que indican que no quieren en determinados cargos más de un candidato y, obviamente,  por encima de toda esta  miseria terrenal está “Ella” y toda la corte de laderos que en cada acto,  aparición o reunión de trabajo tratan de interpretar una palabra, una sonrisa e incluso hasta un reto dirigido a sus personitas como un guiño cómplice, una especie de “Te banco a morir”

Los que no tenemos ticket para ingresar a la carpa del circo nos conformamos con sentir desde afuera el rugido de las fieras cuando están solas y sus aullidos de dolor cuando la domadora los castiga con látigo. Los vemos de lejos mover la cola si ella les tira un terrón de azúcar y también observamos como vuelven mansitos cada uno a su jaula cuando termina la función. Pero quien más quien menos,  todos tenemos algún amigo payaso que nos tira de tanto en tanto algún chimento de la interna circense

Randazzo, el más “mimado”; Scioli, el “ hijo no deseado” y Rossi, el “desterrado”, se muestran simultáneamente como los candidatos  del modelo.  Cada uno recurre al fotomontaje para encarar la costosa impresión de afiches con los que el transeúnte desprevenido llegue a creer que realmente “Ella” posó sonriente  para la foto junto a cada uno u otro. Pero mientras Randazzo no para de comprar vagones y locomotoras  y mientras ya va por su quinta emisión de documentos cada vez más modernos y seguros, Rossi con lo que juntó de caja chica está trayendo cuatro trastos viejos que apenas flotan para nuestra desmantelada Marina de Guerra y consiguió mandar cuatro tanques  a un taller de chapa y pintura de Bulogne.  Scioli por su parte, a falta de mayores cariños, apela a la fe,  a la esperanza y a su modelo de Provincia “viable”.

Vivimos días de “carpetazos”. El término se volvió popular y, en esta suerte de todos contra todos pre-electoral, una foto, un legajo, una comprita o viajecito fuera de lugar y hasta las patéticas fotos con escenas de la diversión de un fiscal trágicamente muerto sirven para desprestigiarse entre  todos.

Resulta interesante ver como el ministro Rossi  no para de recibir golpes que provienen la mayor parte de las veces de su retaguardia.  El misil perdido, las 26.000 balas, las 8 toneladas de explosivos, de lo que poco se ha dicho, el robo de una unidad de control de un simulador naval  y hasta el incendio de la propia sede del ministerio que lo dejó sin oficina a él y a sus generales durante varios días. Lo tienen  más cerca de la sección policiales que de la de política en los grandes diarios nacionales.

Randazzo venia zafando. Su gestión en lo referente al mejoramiento del transporte público y la facilidad con la que ahora accedemos a nuestros documentos de identidad son indudablemente porotos que hay que sumarle a un ministro que se muestra serio y ejecutivo. Pero, imprevistamente, comenzó a hacer agua precisamente desde las poco visibles  áreas húmedas de su ministerio. La ciudadanía y la prensa están siempre atentas a trenes que no funcionan o a aviones demorados.  Pero los barcos, el puerto y los ríos no suelen llamar la atención.

Las últimas semanas comenzaron a ser de aguas agitadas, en el sentido literal de la palabra: históricos escándalos como sobreprecios e ineficiencia en el dragado de canales y accesos portuarios, sospechas que funcionarios de la subsecretaria de vías navegables siguen siendo titulares de astilleros donde el Estado repara buques y otras cosas que pasan generalmente  inadvertidas tuvieron dos excepciones. De pronto, tomó estado público la existencia de “La saladita” del puerto de Buenos Aires, una colosal feria de venta de artículos robados que desde hace años funciona en los galpones de la Administración General de Puertos, dependiente de Ministerio de Transporte y que al parecer era regenteada por un gerente de AGP, protagonista de varios spots ministeriales en los que lo solía ver supervisando el desembarco de los famosos trencitos chinos. Nadie duda que esta súbita perla arrojada a las fauces del oligopolio mediático provino de alguna operación  con el clásico aroma a ilegal inteligencia interna. Recuerde amigo lector que hoy el espionaje nacional viste de verde oliva, usa botas y gorra.

Rossi y Randazo  compartían algo más que su devoción por el modelo: un funcionario que milagrosamente trabajaba para los dos con “dedicación exclusiva”. El hombre cobró fama por haber herido de muerte al relato, cuando días pasados se desprendió sin miramientos de centenares de carpetas clasificadas y de información confidencial de un destino naval que dirige para Rossi, desobedeciendo órdenes expresas  sobre preservación de material relacionado con los años de plomo.  La desprolijidad demostrada en este accionar contrasta con la prolijidad extrema que demuestra en su cargo nacional como funcionario del área de transporte marítimo y fluvial.

Sus subordinados lo describen como un verdadero “caballo de Troya” que hace daño en Defensa y mérito en Transporte.  Masticando rabia y cuidando las formas, Rossi como pudo se lo sacó de encima y le otorgó una generosa licencia para que se dedique full time a su importante tarea  como funcionario nacional. Randazzo lo recibió con los brazos abiertos y antes que comenzara a disfrutar de sus valiosos servicios a tiempo completo, comienza a recibir señales  que un destructor de archivos de la dictadura  puede ser un bonito salvavidas de plomo, siempre siguiendo la línea naval de este relato.

Rossi es –prima facie- el candidato perdedor, lo que no quiere decir que se resigne al menos por ahora a bajar de la contienda. Le toca competir desde un escenario con poco glamour: tanques viejos y generales gordos contra trenes nuevos y jóvenes señoritas que nos hacen el DNI en los shoppings. Por lo que puede apreciarse estos amigables contendientes han decido no arrojarse carpetas, directamente se tiran con funcionarios.  Scioli entre tanto los mira y sonríe.

Defensa en penumbra

Aunque un poco devaluado por la profunda crisis económica que atraviesa con mayor o menor fuerza a casi todas las clases sociales argentinas, puerto Madero conserva buena parte de su movida nocturna. Transito intenso, peatones deambulando por ambas márgenes de esos diques que alguna vez albergaron a la poderosa flota de nuestra Marina Mercante y que hoy con holgura cobijan a  medio centenar de lujosas embarcaciones deportivas; mucho atuendo típico del extranjero en plan turístico  y una interminable hilera de restaurantes y bares bastante colmados de gente, conforman una postal digna de la prosperidad que indica el modelo y pregona el relato.

Pero al llegar a la esquina de Alicia M de Justo y Av. Belgrano, el brillo incandescente de las luminarias se interrumpe abruptamente. Un enorme “agujero negro” de cien metros de largo por ochenta de alto “encandila” con su oscuridad los ojos de transeúntes nativos y foráneos.

Esa enorme estructura edilicia a oscuras brinda al instante dos mensajes contrapuestos que podrían resumirse con la frase: “el orgullo de haber sido y el dolor de ya no ser” . Construido hacia el fin de la década del 30, el Edificio Libertador General San Martín es una joya de la arquitectura local. De estilo francés y techos rematados con pizarras negras como detalle de categoría, supo ser el primer ministerio de guerra de una Argentina con vocación de potencia regional.  A diferencia de otros palacios de nuestro país, al margen de las distintas denominaciones que sus ocupantes le dieron a sus dependencias, siempre representó ser algo así como la sede central de la defensa nacional.

Hoy en sus dieciséis pisos se encuentran: el ministerio de Defensa de la Nación, el Estado Mayor Conjunto de las FFAA, la Jefatura del Estado Mayor General del Ejército y varias dependencias de esta fuerza, entre ellas la sede del “todopoderoso” Servicio de inteligencia del ejército, con instalaciones totalmente remozadas que incluyen una espectacular sala de situación con paredes enteladas y detalles de diseño.  Durante la gestión de Nilda Garré al frente del ministerio se dispusieron locaciones para los jefes de la Armada y de la Fuerza Aérea,  las que aún permanecen vacías  ya que la cultura militar y la poca noción que aún tienen nuestros mandos militares sobre la conjuntes  operacional  hacen que ningún brigadier o almirante de cuatro estrellas quiera compartir edificio con el mandamás local, el Jefe del Ejército

Así las cosas, y como usted sabe, amigo lector, el miércoles pasado y, al igual que el resto de la Capital y el gran Buenos Aires, las arterias conductoras de fluido eléctrico, telefónico, informático  y todo otro cableado del imperial palacio colapsaron.  Y colapsaron mal, literalmente fueron arrasados por el fuego miles de metros de distintos  cables, fruto de una perversa combinación de baja tensión y exceso de carga.

Tal vez a raíz de las bondades de la década ganada,  los pisos del “Libertador” fueron viendo incrementar año tras año la cantidad de huéspedes que se cobijan en sus coquetos ambientes. Tantos son que la arquitectura tradicional cedió frente al avance de los paneles de “roca de yeso” de marca muy conocida.  Cientos y cientos de cubículos para albergar a nuevos asesores de nuevos secretarios y subsecretarios  que ocupan las también nuevos cargos a partir de las sucesivas modificaciones orgánicas de la cartera ministerial . Cientos y cientos de jóvenes militantes ávidos de viajar en esos aviones “Hércules” que ya casi no despegan o dorar sus torsos bajo el arrullo marino y el velamen de la fragata Libertad.  Todos con función jerárquica, todos con despacho, todos con confort nacional y popular que obviamente incluye aire acondicionado, microondas, centritos de computo por doquier y mucho pero mucho smart TV para seguir de cerca el devenir nacional.

Y así fue que el coqueto y octogenario edificio dijo ¡basta! El calor acumulado en sus cables por tanto consumo no calculado, mutó en llama (ciertamente no sagrada) y no quedó nada.  Desde el conmutador que nos daba la bienvenida  ya no con sones marciales pero sí con algún tangazo, hasta los servidores de la dirección de informática del ministerio, pasando lógicamente por los equipos de  acumulación de información del generalísimo Milani.  Agentes de campo que no tienen a quien reportar y analistas sin “luz”  son la consecuencia  más patética de la triste realidad.

Podría hablarle, querido amigo lector, de otros sectores. La FM Soldados,  la sastrería militar, las dependencias de la obra social del Ejército  y por qué no de  las instalaciones del recién creado comando de “Ciber-Defensa”. Todos y todas los que aquí trabajan  están  de franco en sus casas, en una decisión transversal e inclusiva que une a civiles y militares, espías y distraídos; políticos y administrativos, militantes y a aquellos pocos que aún no lo son.

Si bien la defensa nacional no es algo que importe mucho, tampoco es para no preocuparse. Los espías del General tienen en Campo de Mayo sus instalaciones de “back up”; ya se comenzó a estudiar la posibilidad de llevar a los más de 700 agentes de Inteligencia hacía allí. Pero, claro, mudar a nuestras  “99” lejos del jardín maternal de sus hijos y hacerles  rendir las “SUBE” con los mayores costos de transporte más que asemejarlas a la mítica agente de “Control” las sumerge en un absoluto y verdadero “ Caos “ (esos eran los malos ¿se acuerda?)

Gracias a la ausencia de hipótesis de conflicto, y a que merced a nuestra política exterior  nos hemos ganado el “cariño”  de nuestros vecinos, no se avizoran en el corto plazo peligros bélicos. Lo que es una verdadera suerte ya que si los hubiera el eventual enemigo no tendría dónde entregar la declaración de guerra y el ministro Rossi debería instalar el tablero táctico en living de su casa.

Ironías y bromas al margen,  el incendio y posterior  apagón del “Libertador” es una alarmante muestra a escala de la situación de la Nación. Declamamos abundancia pero respiramos miseria; pregonamos eficiencia estatal, pero exudamos inoperancia, clientelismo y mediocridad de gestión; alardeamos planificación federal; pero se nos apagan las centrales, se nos caen las redes y hasta se nos queman los cables.

Y se sigue construyendo una “ nueva Argentina” con bases cimentadas con discursos groseros, con columnas erigidas  con ilusiones delirantes, con planos proyectados con modelos y relatos vacíos de lógica y razón. Una patria  que es inclusiva en la oscuridad fruto de cables finitos  y mentes estrechas, igualitaria en la inseguridad para todos y todas, ecuménica en lo que respecta a los avatares socio-económicos. En fin, mediocre, ficticia y decadente.

Mientras tanto, desde alguna locación descentralizada del ministerio de Defensa, un empleado por estas horas ha de estar redactando aquello que los empresarios amigos del poder esperan con ansia y que comienza más o menos así:  “ Llamase a contratación directa por razones de urgencia impostergable a la renovación integral de toda la instalación eléctrica del edificio Libertador. No importa lo que cueste, a la hora de contratar esta gestión no escatima en gastos”.

Mar de fondo

Tal vez por alguna extraña alineación planetaria, los últimos días han tenido a las distintas ramas de la actividad marítima del país como protagonistas de situaciones de lo más variadas. La catástrofe ambiental que mantiene en llamas a miles de hectáreas de bosques y la tragedia marina acaecida la semana anterior frente a las costas de Villa Gesell han movilizado a hombres y medios de nuestra Prefectura Naval, Marina Mercante y Armada para distintas tareas de socorro que exaltan una vez más lo mejor de nuestras distintas vertientes de hombres y mujeres de mar

Por otra parte y en otro plano, la política; el relato y el modelo se ocuparon casi simultáneamente de obligar a propios y extraños a anteponer el mal uso que se le da a recursos materiales y humanos; los que una y otra vez se ven envueltos en actividades que los alejan de su vocación y de sus aptitudes profesionales. Continuar leyendo

Balas perdidas

Inagotables resultaron ser la década ganada, el modelo y el relato a la hora de sorprendernos. Uno cree que lo ha visto y oído todo, que ya no queda nada más por descubrir, ninguna otra miseria humana por emerger de los pliegues del poder; nada nuevo que nos pueda estremecer hoy más de lo que nos estremecimos ayer o el mes pasado o el año anterior…. Hombres de poca fe; siempre hay un poco más de espanto para todos y todas.

No vamos a transformar la columna en un tratado de seguridad militar; pero usted, querido amigo lector, podría razonablemente inferir que las bandas delictivas que se le animan a entidades bancarias prestigiosas dudarían mucho a la hora de ir a robar una base o cuartel militar. Hay un axioma fundamental en la actividad militar que se denomina “AFA” (no se me vaya para el lado del futbol) este principio determina que toda operación militar para ser realizable debe ser fundamentalmente: Apta, Factible y Aceptable. Le diría, sin temor a equivocarme, que este precepto aplica a casi toda las cosas de nuestra vida. Lo invito a hacer pasar por este tamiz, desde el análisis de una compra futura para su hogar, hasta la posible solución a problemas cotidianos. Después le doy un ejemplo. Continuar leyendo

Ella lo hizo

Un poco por mi profesión y mucho por intuición, a medida que avanzaba hacia el punto de encuentro, respondía con pesimismo a mis ocasionales interlocutores cuando estos me decían “Dios quiera que no llueva”.  La forma y el color de las nubes  indicaban otra cosa; llovería y muchísimo.

Podría ensayar una forma literaria para expresarle, querido amigo lector, qué era lo que se sentía en esas calles saturadas de gente. La emoción de ver a ancianos apoyados en bastones forzando a sus propios cuerpos a mantenerse erguidos cada vez que se entonaba el himno nacional; como retumbaba en las vidrieras de la Avenida de Mayo el grito unánime de cientos de miles de personas “nunca más”; o lo emotivo que fue el haber quedado por unos segundos cara a cara con la madre y las hijas del fiscal; pero si  usted fue a la marcha no hace falta que lo haga y si no fue le puedo asegurar que no tengo la capacidad para expresarle cabalmente lo que significo este 18F. Continuar leyendo

Piedra, papel, tijera

Fue la impronta humorística de Roberto Pettinato la que rescató del olvido a este antiquísimo juego en el que dos contendientes intentan imponerse el uno al otro doblegando el filo de la tijera con una piedra; neutralizando a ésta envolviéndola en un papel o cortando este último con la primera.

Un viejo profesor de la Escuela de Guerra Naval solía usar este juego para ironizar sobre la vida misma. Asimilaba el papel al poder de la legalidad o al arte de la diplomacia, imaginaba los cientos de hojas en los que se plasman desde la constitución nacional a convenios y tratados internacionales; mercados comunes y hasta acuerdos de paz. La piedra sin lugar a dudas era el símbolo de la guerra, de la destrucción y la barbarie. La tijera simbolizaba a la política; ya que esta podía con total facilidad destruir acuerdos, violar principios constitucionales, arrasar con la ley y llevar inexorablemente a una sociedad a tomar el camino de las piedras…

¿Se puso alguna vez a pensar, amigo lector, cómo funcionan en nuestra mente los mecanismos de capacidad de asombro y acostumbramiento? Le doy un ejemplo: un buen día nos despertamos observando azorados las imágenes de un señor vestido con ropas color anaranjado a punto de ser salvajemente decapitado a manos de un tenebroso personaje encapuchado; increíblemente, hoy esas escenas son tan habituales que ya no nos llama la atención tomar conocimiento de un nuevo y abominable hecho de este tipo. Los asesinos de ISIS ayer quemaron vivo a un militar jordano, tal vez para demostrarnos que siempre hay una vuelta de tuerca más para desplegar horror. Continuar leyendo

Fue crucificado, muerto, sepultado

Casi 2000  años después y muy lejos de la Tierra Santa, sin pretender bajo pena de herejía comparar a persona alguna con el Mesías, las vueltas de la vida colocan a la República Argentina en el escenario en el que se ha desarrollado el pequeño “Via Crucis” de un ser humano curiosamente también judío como nuestro Señor, que intentó mostrar al mundo su verdad.

Si bien su calvario tal vez comenzó mucho antes, hoy sabemos que su llegada al país aquel doce de enero estaba siendo seguida muy atentamente por cámaras indiscretas y nunca sabremos a qué resortes del poder central obedecían.

El fiscal Nisman no llegaba al país para proclamar la palabra de Dios ni mucho menos. No traía consigo profecía alguna, simplemente el fruto de muchos años de trabajo silente, prolijo y profesional.  Vino a anunciar su verdad urbi et orbi y a poner en manos de la Justicia del hombre los presuntos delitos cometidos en perjuicio de otros hombres. No era una verdad revelada, era una verdad investigada.

Tembló ante su herejía todo el reino. Un ejército de gladiadores dispuestos a dar la vida por el antiguo “relato” no vacilaron en proclamar que “con los tapones de punta” irían a su encuentro para darle su merecido en el Parlamento.  Los propios sospechados anunciaron que estarían presentes en una reunión solo reservada para legisladores en un claro intento de amedrentarlo, de doblegar sus convicciones y de intentar alguna forma de hacerlo callar.

Así comenzó a ser clavado en la cruz Alberto Nisman. Legisladores, ministros, secretarios de Estado y toda una horda de voceros oficiales y oficiosos clavaron sus metafóricos clavos sobre la credibilidad del fiscal, aún sin haber visto ni oído sus argumentos. No importaba lo que podría haber descubierto. La nueva historia de la patria, el modelo y el relato no podían permitirlo.

Siete días de calvario y finalmente fue muerto. Porque fue muerto, a no dudarlo. De hecho, la propia cabeza del poder dice no tener dudas al respecto. Nisman no quería morir como el Mesías. Pero al igual que aquel sabia que podría morir en cualquier momento. Pilatos se lavó las manos antes del crimen, nuestros gobernantes intentaron hacerlo después de consumado el mismo. Pilatos dejó que el pueblo decida la suerte de aquel hombre; aquí el pueblo ansiaba la llegada de aquel lunes 19 de enero para que Nisman hiciera (hasta donde fuera posible) pública su investigación

Después, mucho después de consumado el magnicidio, la jefe de Estado, que vendría a representar la versión moderna de los emperadores o emperatrices de otrora , dio su versión de lo ocurrido. Siempre cuidadosa de la puesta en escena, eligió un blanco radiante como atuendo, como si no le importara que la sociedad argentina estaba de luto y con un dolor mucho más grande que el de aquellos tres días de duelo nacional en honor a Hugo Chávez.

Y Nisman finalmente fue sepultado. No habrá resurrección como hace dos milenios, pero hay un legado y debería haber 40 millones de apóstoles dispuestos a mantener vivo el mismo. A pesar de los esbirros del imperio vernáculo. A pesar del miedo a otras crucifixiones. A pesar de sus ejércitos visibles y ocultos, que se inmiscuyen en nuestras casas y en nuestras vidas.  A pesar de las secretarias generadoras del pensamiento único. De sus particulares métodos de persuasión no siempre muy apegados a la ley. A pesar de todos y cada uno de ellos.

Las lágrimas, las velas encendidas sobre un muro, los carteles, la bronca y las imagines del mártir serán antes o después superadas por el paso del tiempo y la inevitable máxima que sentencia que “ la vida debe continuar”

Pero si mantenemos viva en nuestra mente y nuestro corazón la imagen de un hombre que demostró no tener miedo a la verdad, seremos como aquellos cristianos de la nueva era, los portadores de su mensaje. Nadie nos pide arriesgarnos como Nisman hasta ofrendar su vida, pero sé ser firmes como él a la hora de exigir que los hechos denunciados se lleguen a esclarecer

Miles de pancartas con las palabras “Soy Nisman” se levantaron por estos días. Seamos Nisman desde el corazón y en cada uno de nuestros actos. Pero no nos confundamos.  No somos todos Nisman. Ellos, los del imperio vernáculo, ciertamente no lo son.