Ejemplo de convivencia para aspirantes al gobierno

Hace poco más de una semana, mientras me “calzaba” mi uniforme naval para oficiar de moderador de un seminario de intereses marítimos en el auditorio del Congreso Nacional, un sentimiento de profundo temor cruzó por mi mente. ¿Estaba seguro de lo que iba a hacer? Una decena de gremios movilizados, en su mayoría enrolados en la CGT opositora al Gobierno, estarían atentos dentro y fuera del recinto a las palabras que pronunciarían otros gremialistas, empresarios, marinos y, como broche de oro, el secretario de la Comisión de Intereses Marítimos de la Cámara de Diputados, Gustavo Martínez Campos (Frente para la Victoria, Chaco), que presentaría dos leyes que, de aprobarse, incidirán de manera superlativa en la actividad marítima y en la industria naval de la Nación.

Llegar al Congreso no fue fácil, cientos de trabajadores del sector marítimo con bombos, banderas y petardos ofrecían el típico paisaje de las movilizaciones gremiales. Una vez dentro del auditorio, el paisaje no era menos pintoresco: Ingenieros navales se mezclaban con hombres luciendo las pecheras verdes de ATE (Asociación de Trabajadores del Estado), empresarios con pinta de serlo charlaban amistosamente con legisladores y muchos colegas de la Armada Argentina, más precavidos que yo, vestidos de civil, compartían la previa totalmente distendidos.

Y déjeme contarle, querido amigo lector, que me tocó conducir tres maravillosas horas de convivencia amistosa, amable, civilizada y alegre entre gente que no piensa de la misma manera, pero que se unió en torno a una idea que simplemente les insinúa un futuro mejor. Continuar leyendo

Rumbo a Europa, con fe y esperanza

Cuando aquella mañana de 2003 recibí el llamado de un hoy ex jefe de la Armada Argentina, no podía salir de mi asombro. El ofrecimiento de ocupar un lugar en el Directorio de la centenaria y prestigiosa Liga Naval Argentina era como mucho para mí, pero era tentador.

Días después, ya en el despacho del presidente de la institución naval, me enteraba de los motivos de la convocatoria. “Vea, Daniel Scioli tiene que dejar el cargo en el Directorio, porque va a asumir como vicepresidente de la nación y ya le han dicho que no es bien visto que participe en este tipo de organizaciones con olor a cosa militar”. Según cuenta la leyenda, el hombre le había acercado a Néstor un par de números de la revista Marina (nuestro órgano de prensa)  y poco menos que se los habían tirado por la cabeza.

Tal vez haya sido esa la primera de una larga lista de insultos, desprecios, humillaciones y ninguneos que el matrimonio gobernante y su núcleo duro le habrían de propinar desde aquel lejano 2003 hasta -según cuentan- la propia noche de cierre de las PASO, donde al parecer le recriminaron su presunta intervención para que dentro de un penal bonaerense se llevara a cabo una entrevista periodística de gran repercusión social y mediática. Continuar leyendo

Torta galesa y conmemoración facciosa

Confiese algo, querido amigo lector: si lo toman desprevenido, ¿no se hace un poco de lío con la interpretación exacta de esa porción de la tierra a la que medio a lo bruto denominamos indistintamente como Reino Unido o Inglaterra?

Para ponernos en fase con la terminología, recordemos que por Reino Unido se entiende a la unión de Inglaterra, Gales, Escocia e Irlanda del Norte. Todos son británicos, pero no todos son ingleses. A todo esto, cuando incluimos a Irlanda en el Reino Unido, nos referimos a Irlanda del Norte y no a la otra porción de la isla, a la que se conoce como República de Irlanda. Convengamos, entonces, que más allá estar casi todos unidos en un reino, cada país tiene un Gobierno autónomo y que incluso les podríamos decir británicos a todos, pero de ninguna manera ingleses por igual. Hacerlo sería una burrada tan grande como decir que Artigas era argentino.

La cuestión de las identidades comunitarias es en Europa mucho más importante que lo que suelen ser para nosotros las diferencias entre nacionales de distintas provincias. Un gallego, un vasco y un catalán son antes que nada eso y luego españoles. Nuestro máximo héroe naval Guillermo Brown fue un orgulloso marino mercante irlandés no inglés. Continuar leyendo

Res non verba

Se dio cuenta, querido amigo lector, usted y yo compartimos el incomparable privilegio de vivir en un país tan maravilloso que no solo le ha aportado a la humanidad excelentes profesionales, deportistas y artistas; poseemos además el honor de integrar un ítem propio en la clasificación de los sistemas socioeconómicos internacionales (según un premio nobel de economía existen los países desarrollados, los subdesarrollados, Japón y Argentina).

Dos siglos de vida institucional nos han permitido también aportar al mundo elementos tan útiles como el alambre de púa, el bolígrafo y el colectivo. Y mejor no hablo de Diego Maradona y del papa porque no cabe en mi pecho el orgullo.

No nos hemos quedado atrás tampoco en el campo de la literatura. No hablo solamente de Jorge Luis Borges o Julio Cortázar, otras mentes menos conocidas pero igualmente brillantes han permitido al orbe incorporar reflexiones, frases y palabras de todo tipo y tenor que magistralmente definen y resumen situaciones extremadamente complejas. Asonada militar, convertibilidad, sensación de inseguridad, cacerolazo, cepo, corralito, dólar blue y hasta la inefable máxima democrática “todos y todas”. Sacamos a la luz también la transversalidad y al “empoderar”, también a los “piratas del asfalto” y los nacionales y populares motochorros.

Son verdaderas composiciones gramaticales magistrales. Lo invito a leer por separado cada una de ellas y a dar rienda suelta a su memoria para redescubrir lo que cada término ha significado en su vida y en la de nuestra bendita nación, la que supo ser “El granero del mundo”. Otra más, y van… Continuar leyendo

Noche de reclamos y olvidos

“¡Qué noche, Teté!”. ¿Recuerda, amigo lector, la frase icónica del famoso peluquero que le hizo los rulos (literalmente hablando) a cientos de famosas y divas varias? Pues bien, la noche de este 7 de julio ha sido una de esas noches, no le quepa duda alguna de ello.

Al caer la tarde, el Palacio de Tribunales se cubrió con variopinto paisaje que ya no asombra por novedoso, pero escandaliza por la realidad que desnuda. Miles de ciudadanos comunes pidiendo justicia, no para criminales o para sus víctimas, tampoco para desaparecidos, despedidos o indultados.

El pueblo pedía justicia para los encargados de impartirla: los justiciables clamando por los derechos de los “justiciantes”. Funcionarios con altísimos cargos institucionales en el tercer poder del Estado nacional pidiendo ayuda a la ciudadanía para que no avasallen sus derechos. Unos y otros con sus familias, esposas de jueces y magistrados varios gritando “justicia, justicia”, de la misma manera que lo suelen hacer las mamás de tantas víctimas inocentes de la sensación de inseguridad. Continuar leyendo

Tragedia griega

Desde el momento en que todos vimos las exuberantes curvas y poco cuidadas maneras de la señorita Victoria Xipolitaki dentro de la cabina de mando de un avión de la empresa estatal Austral ya no pudimos dejar de abstraernos de su implacable contundencia.

No fue una cámara oculta, la propia “transgresora” anunciaba una y otra vez que estaba filmando todo. Dicharacheros pilotos sonreían a la cámara segundo a segundo, mientras avanzaban inexorablemente hacia un abismo por el que caerían no solo sus empleos, sino además sus licencias profesionales, sus matrimonios y, según cómo siga la cosa, tal vez hasta su libertad.

La falsa melliza griega (no es ni una cosa ni la otra) nos sorprende cada tanto con su desenfado, o nos indigna cuando usa la bandera como taparrabo. Ahora llegó un paso más lejos y nos aterroriza al verla empuñar el acelerador de una aeronave en el momento crítico del despegue. No vamos a gastar palabras en narrar el hecho, querido amigo lector: todos vimos lo que vimos y todos pensamos que los dos oficiales de la aviación comercial argentina son lo que son…

Acompáñeme, por favor, para otro lado, más para el fondo, más precisamente para el lado del origen de las cosas. Al menos de las cosas malas que nos pasan a diario, aquellas cosas que van marcando nuestro destino como sociedad, un destino que, de concretarse, nos dejará en una situación mucho más peligrosa que la del avión copiloteado por la siliconada “actriz”.

Un maquinista de tren se duerme o se distrae y choca el tren contra los paragolpes del andén o contra otra formación que estaba detenida más adelante. Otro le “presta” la locomotora a su ayudante no habilitado para la conducción con el mismo resultado. Un agente de policía mensajea con el celular desde su puesto de guardia, sin importar lo que pasa a su alrededor. La fragata Libertad pasea turistas (sean o no militantes, nada tenían que hacer arriba del barco). Los custodios de un fiscal de la nación sospechan que a su custodiado le pasó algo luego de más de doce horas de haber perdido contacto con él. Un médico da por muerto a una beba recién nacida, que es descubierta por su abuela, horas después, con vida dentro de la refrigerada morgue. Cromañón ayer y los ya famosos pilotos hoy…

Hechos distintos, icónicos, de muy distinta gravedad, que acontecen en lugares lejanos entre sí y corresponden a áreas muy distintas de la estructura del Estado y que a todas luces no guardan relación entre sí… O tal vez sí la tengan y mucha.

Es muy probable que con sus más y sus menos todos los responsables de esta escueta enumeración de sucesos tengan entre sus máximos responsables a buenas personas. Padres amorosos, buenos esposos y hasta me atrevo a decir profesionales idóneos hasta el momento en que desbarrancaron y se fueron por el camino del quiebre de la ley, de la norma o del reglamento.

El malo más malo, cuando hace el mal, lo hace a sabiendas. Quien nos roba, mutila o mata como parte integrante de su delito sabe perfectamente lo que hace; de allí aquella famosa frase judicial que refiere al conocimiento de la criminalidad del acto cometido.

Pero cuando los comunes mortales comenzamos a hacer cosas malas creyendo que no lo son, o al menos que no lo son del todo, anulamos en nuestro inconsciente toda posibilidad de enmendar nuestra conducta. El piloto, que sonríe ante el celular de blonda pulposa y el maquinista, que permuta su asiento con su ayudante a pesar de que sabe que está siendo filmado, parecen víctimas de una especie de pensamiento mágico que les indica que “está todo bien”. ¿A qué podrá deberse? ¿A alguna extraña bacteria en el aire que todos respiramos o una terriblemente maléfica falta de ejemplos, valores y conducta que nos inunda como una nefasta catarata descendiente desde los más altos escalones del poder?

¿Cómo incidirá en el comportamiento social presente y futuro de nuestra sociedad el cada vez mayor relajamiento en las exigencias tanto educativas como sociales? Eliminemos el cero por estigmatizante, la repetición de grado o año por excluyente y el sistema de premios y castigos por fachista. ¡Vamos todavía! Rebajemos las penas y las sanciones, otorguemos moratorias para cumplir las obligaciones no solo fiscales sino de la vida misma y propinemos indulgencias plenarias a cuanto infractor ande suelto. Fomentemos la exaltación de nuestros sacrosantos derechos, pero no andemos cargoseando a la gente con la enumeración de obligaciones, porque eso no está bien.

Día tras día, somos transversalmente penetrados por irregularidades de todo tipo y color; las palpamos en el aire, las vemos y las oímos y aunque quisiéramos ser sordos, ciegos y mudos, las intuiríamos.

Desde el ilegal uso de la cadena nacional para fines electorales hasta la presunta apropiación de la máquina de hacer billetes; la ley, la norma y la ética parecen ser elásticas, moldeables a gusto del consumidor. Los pilotos de Austral violaron una norma, pero ahora sabemos que la empresa estatal fomenta la dádiva de pasajes a “famosos” para hacer marketing y todo con nuestro dinero, lo que sin dudas es menos peligroso para la vida de los pasajeros, pero igualmente ilegal.

“Recalde no es responsable”, nos dice el siempre esclarecido jefe de gabinete; él no puede estar en esas cosas… Ahora, ¿quién es el que debe estar en ellas? ¿Su segundo que tampoco es del oficio y su tercero? ¿Quién es el funcionario responsable que mantiene un férreo control sobre las cuestiones reglamentarias y mantiene las riendas de la conducción en la empresa? ¿O será que eso no es nacional y popular?

Ayer una fragata militar llena de turistas gratis, otro día un tren mal conducido, hoy un avión en manos inadecuadas. Solo son algunas de las pocas cosas que se saben, dentro de las miles de las que no nos enteramos. Ocurre que muchas veces lo malo no es lo que pasa, sino que se sepa que pasa.

Mire a su alrededor, mire todo lo que pasa en su entorno y no debería pasar. Observe cómo muchas veces cumplir no conlleva premio ni reconocimiento alguno y cómo no cumplir no trae aparejado castigo. Mire una vez más la sonrisa cachonda de esos dos pilotos, mire más allá, más profundo, más lejos. Mire nuestra tragedia nacional y recuerde que la tragedia nació en Grecia mucho antes que Sócrates y obviamente que Victoria Xipolitaki.

Ay, patria mía…

Cada acto, cada ceremonia, cada encuentro con su pueblo ha de tener muy seguramente un sabor especial para la presidente Cristina Fernández. Ese sabor característico de la última vez. En el Congreso, al abrir las sesiones ordinarias, el aniversario de la Revolución de Mayo y ahora la reciente celebración del Día de la Bandera han agregado al tradicional tono épico de cada arenga el matiz melancólico de la despedida.

Ese “los quiero mucho” al cerrar su discurso del 20 de junio en Rosario parecía recordar el famoso “llevo en mis oídos la más maravillosa música que, para mí, es la palabra del pueblo argentino”, dicho por Juan Domingo Perón el 12 de junio de 1974. Salvando las obvias distancias tanto en el tipo de despedida como en la altura política del orador, claro está.

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Soldaditos de plomo

Hace pocos días, la sociedad se hizo eco de un “descubrimiento” increíble, un logro periodístico muy valioso que expuso a la luz de la opinión pública una publicación del ex juez supremo Raúl Zaffaroni relacionada con el Derecho Penal Militar.

Obviamente la obra no es nueva y mucho menos secreta. Está -o estaba al menos hasta ahora- en casi todas las bibliotecas militares de las FFAA. Y fue consultada por más de un abogado defensor de los hoy procesados ex jefes militares.

“No puede afirmarse en forma rotunda que la supresión física del infractor sea inconstitucional en todos los casos”. Esta frase corresponde al capítulo “La excepcional necesidad de dar muerte al delincuente”. Esta joya literaria que interpreta el hoy derogado código de justicia militar, también dedica generosos párrafos a justificar la toma del poder por parte de las FFAA en casos extremos, a los que denomina “terribilísimos” (primera vez que escribo esta palabra), nos habla de los supuestos de “un ataque inesperado” (¿la guerrilla tal vez sería uno de ellos?) o el “ terremoto catastrófico” . No se priva Don Raúl de explayarse en cuestiones tales como la total inconveniencia de la homosexualidad dentro de las filas de las FFAA. Nunca sabremos qué hubiera escrito sobre este tema, si el tratado, en lugar de estar dedicado a la milicia, lo hubiera sido al Poder Ejecutivo, Legislativo o Judicial.

Por si aún no se enteró, y desea ahondar en detalles sobre el libro en cuestión, lo remito a una excelente nota sobre este tema publicada en este mismo portal.

Puede, ahora si lo desea, dedicar algunos minutos a exteriorizar su sorpresa, repudio o adhesión a los conceptos que el ahora ultra-progresista y abolicionista ex juez supremo expresaba hace apenas 30 años atrás. También a imaginar qué argumentos se abordarán desde el poder para justificar algunos contrasentidos o cuál será el nuevo escándalo que sepulte esta noticia, como ocurre casi a diario cuando vemos que nuestra capacidad de asombro alcanza un nuevo límite cada mañana.

Repuesto ya de su estupor, tal vez podamos juntos hacernos algunas reflexiones breves y simples que tal vez generen polémica, pero que no podemos dejar de formular.

Hace 30 años que no paramos de descubrir, analizar, desmenuzar, juzgar y condenar las enormes atrocidades que los militares le hicieron a la sociedad civil. En un país en el que la unificación de penas es moneda corriente, tenemos ex militares que acumulan varias cadenas perpetuas de tal suerte que, si llegasen a reencarnar, vayan directo de la maternidad al penal. Mientras que a terribles violadores seriales y asesinos varios se les modera la pena, para darles una nueva oportunidad de violar o matar, cientos de personas ancianas van muriendo por falta de atención médica en el penal de Marcos Paz.

Nadie pide para ellos un indulto sino simplemente un trato humanitario. Muchos de ellos aún gozan de la presunción de inocencia, la misma que aplica al Vicepresidente de la Nación. ¿Será que con ellos se aplican las teorías del anterior Zaffaroni, esas que hablan de la “supresión física del infractor” , por sobre el ahora esclarecido pensamiento del jurista y que parece abogar hasta por la supresión del derecho penal?

Pero ¿qué pasaba con nosotros mismos hace 40 o 50 años¿ ¿Cuánto había de aquel Zaffaroni en cada uno de los políticos que pedían a gritos que alguien hiciera algo para terminar con el desgobierno de la república? ¿Cuánto en cada empresario que hacia guiños cómplices para terminar con la peligrosa subversión? ¿Cuánto en los líderes religiosos, en los responsables de medios de comunicación y en definitiva en el común de los miembros de nuestra sociedad?

¿No será hora ya de comenzar a analizar, no solo lo que los militares hicieron con la sociedad civil, sino además lo que la sociedad civil hizo y hace con ellos? Podemos permitirnos el derecho de mutar de pensamiento; es parte de la evolución lógica de nuestra vida y por ende del colectivo social. Pero de la mano de esta “evolución” deberíamos ser lo suficientemente honestos para entender que todo lo terrible que nos pasó, tuvo como protagonistas a muchos más actores que los que hoy son sindicados como únicos responsables.

Podemos válidamente enrostrarle a Zaffaroni su doble moral y su poca “resistencia al archivo”, pero no sin antes detenernos a pensar cuántos esclarecidos prohombres de la actual democracia mutaron de pensamiento y de moral conforme fueron pasando los años. El libro de Zaffaroni hoy es una obra literaria oculta. De la misma manera que muchos funcionarios públicos ocultan en sus CV sus actividades anteriores a la llegada de la bendita democracia.

Los nuevos paradigmas de la hora no contemplan la participación de la milicia armada en relación a la seguridad interior. Esto reduce la posibilidad que miembros de las FFAA vuelvan a enfrentar a un tribunal por crímenes de lesa humanidad. Pero, curiosamente, la política los sigue utilizando para tareas que mañana seguramente llevarán a algunos uniformados al banquillo. No solo el (poco) secreto espionaje e inteligencia interna sobre la ciudadanía integra la lista de ilícitos democráticos. Adquisición de chatarra naval, aérea y terrestre; alquiler de buques antárticos inservibles; reparación de un rompehielos con costos siderales y resultados patéticos; inserción de funcionarios políticos en cargos navales violando expresamente la ley de empleo público y otras menudencias, son toleradas hoy y serán condenadas mañana.

Parecería ser  que, una vez más, el complejo mundo de la política tiene protagonistas valiosos a quienes se debe preservar a todo costo y también a algunas herramientas a los que se puede echar mano y descartar según convenga. Por su bajo costo y por su fácil reposición. Como los juguetes baratos de nuestra infancia. Como soldaditos de plomo.

La historia reescrita y otra institución denostada

Doce años de relato deberían ser más que suficientes para que usted, querido amigo lector, al igual que todos, ya no pueda ser engañado fácilmente por las contradicciones discursivas del mismo.

Creo recordar que, cuando “nació la República”, allá por 2003, la Patria Grande latinoamericana era casi una meta a alcanzar en forma inmediata. Doce años después, fronteras afuera de la Patria se respira fastidio hacia nuestro particular concepto de la “hermandad”; nos hemos abusado sin piedad de nuestros hermanos menores y hemos fastidiado hasta el hartazgo a los mayores. Ni le cuento cómo están nuestras relaciones con la Madre Patria luego de ningunearles desde Colón al Rey Juan Carlos y mejor no hablar de los primos lejanos del resto de América y Europa.

En pleno vértigo pre-electoral, el modelo y su manual de instrucciones (el relato) también es confuso; con contadas excepciones la mayoría de la férrea oposición proviene de las huestes de los refundadores de la Nación; curiosamente el principal candidato del oficialismo es sospechado de ser opositor. ¿Se imagina a nuestros nietos, cuando tengan que estudiar esta porción de la historia Argentina? Pobres chicos, no habrá machete capaz de resumir semejante desbarajuste. Continuar leyendo

A la guerra sí, al desfile no

A 32 años de haber abandonado (esperemos que para siempre) las pretensiones de ser una alternativa de poder, los altos mandos militares afrontan por estos días preocupaciones mucho más modestas que las que desvelaban a sus pares del siglo pasado.

Algunas no obedecen a objetivos muy lícitos, aunque sean apañadas por el máximo escalón del poder político. Se relacionan con el estudio de la conflictividad social, la neutralización de jueces y fiscales y espionajes varios. Otras mucho más humildes pasan por tratar de evitar que se sigan hundiendo naves surtas en puerto e intentar frenar los cada vez mayores desprendimientos de mampostería y mármoles que recubren las paredes exteriores del edificio sede de la fuerza y que evidencian una decadencia casi terminal. Continuar leyendo