La escuela de la guerrilla latinoamericana ahora promueve la paz regional

La dictadura militar cubana no deja de sorprender con sus iniciativas regionales e internacionales, amparada en una vergonzosa impunidad y desmemoria. Ahora, durante la II Cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe (CELAC), que reunirá los días 28 y 29 de enero en La Habana a jefes de Estado y representantes de los 33 miembros de ese organismo, el gobierno antidemocrático de Raúl Castro impulsa declarar América Latinazona de paz”.

Seguramente, esta propuesta del régimen de partido único de Cuba no irá acompañada de una apertura política de pacificación interna que elimine todas las restricciones legales al ejercicio de los derechos humanos, como el de asociación, reunión y expresión, y una convocatoria a elecciones libres/multipartidarias que le permitan a los ciudadanos de la más grande de las Antillas contar con autoridades legítimas.

De la misma manera, la revolución cubana –siempre víctima de todo y nunca culpable de nada- no incluirá en esta propuesta un pedido de perdón por haber entrenado en su territorio a jóvenes latinoamericanos en prácticas guerrilleras, contribuyendo así a regar de sangre la región. Esta historia es muy reciente y la impunidad del régimen militar cubano por su responsabilidad en la promoción de la violencia política demuestra lo lejos que está América Latina de la memoria, la verdad y la justicia.

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¿Será posible la mandelización en la política argentina?

N. del E.: El siguiente artículo fue distribuido por la agencia DyN el 17 de febrero de 2010. En ocasión de la muerte del líder sudafricano, lo reproducimos por la vigencia y actualidad de su contenido.

 

Quienes han tenido la oportunidad de ver la película Invictus en el cine y de emocionarse con su mensaje de conciliación y tolerancia han comprobado que, a su finalización, arrancan espontáneamente los aplausos del público. Es que, salvando todas las distancias, el político sudafricano Nelson Mandela, interpretado en el film por Morgan Freeman, aparece como la antítesis de la crispada pareja presidencial argentina de Cristina y Néstor Kirchner. La película relata la historia que el periodista inglés John Carlin narra en su libro El factor humano. Nelson Mandela y el partido que salvó a una nación (Playing the Enemy, en el título original).

La historia es una suerte de “cuento de hadas” y, sin dudas, representa un himno a la paz, la tolerancia política y el diálogo, aspectos esenciales de la convivencia democrática. Este es un libro que, por ejemplo, deberían leer todos los líderes bolivarianos de América latina y también los Kirchner, para que en sus países puedan aplicar aquello que señalaba Mandela para el suyo: “Si estáis construyendo una nueva Sudáfrica, debéis estar preparados para trabajar con gente que no os gusta”. Pero además, si Mandela logró juntar a bandos opuestos que casi terminan en una guerra civil con el inevitable baño de sangre, sería lógico que países con muchos menores niveles de diferencias lograran vivir en un clima más civilizado. Es que Sudáfrica, en 1994, era un país dividido histórica, cultural y racialmente, con ejecuciones legales y disposiciones racistas como varias leyes de triste memoria.

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¿Dónde estaban los pacifistas cuando se denunciaban las violaciones a los DDHH en Siria?

El 7 de octubre de 2011, mientras la dictadura que gobierna en Siria reprimía y mataba ante la vista del mundo entero, se realizaba su Examen Periódico Universal (EPU) en el Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas. Como en pocas oportunidades, esta ocasión mostró las divisiones políticas de los gobiernos latinoamericanos: por un lado, hubo un grupo activamente comprometido con las prácticas autoritarias, liderado por Venezuela, Cuba y Ecuador; y otro crítico de la situación interna en Siria, conformado por Chile, Brasil, Uruguay y Perú.

En efecto, en el diálogo interactivo realizado en Ginebra, Brasil le recomendaba a Siria que respetara la libertad de asociación y expresión; Uruguay reiteraba su preocupación por la violenta represión de protestas pacíficas, el incremento de actos contrarios a las leyes internacionales de derechos humanos y consideraba que Siria debía liberar a los prisioneros de conciencia y detenidos arbitrariamente y poner fin a las intimidaciones, persecuciones y arrestos arbitrarios; Chile llamaba a Siria a generar condiciones para poner fin a la violencia y la represión, aseguraba que el estado de emergencia debía ser levantado para poder garantizar los derechos humanos y le recomendaba liberar a todos los detenidos por expresar libremente sus opiniones; y Perú, de manera firme, lamentaba que Siria no estuviera a la altura de los compromisos asumidos en marzo de 2011 relacionados con el mantenimiento de los más altos estándares en la protección de los derechos humanos y tomando nota que no había cursado una invitación permanente a los procedimientos especiales y no autorizaba el acceso de la relatora especial que hacía referencia a la situación de los defensores de los derechos humanos.

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El caso Snowden y la defensa internacional de los derechos humanos

Las consecuencias de la información divulgada por Edward Snowden, quien se desempeñaba en la Agencia de Seguridad Nacional de los Estados Unidos de América, es motivo de gran preocupación por las implicancias que tiene en la promoción internacional de los derechos humanos.

Como alguna vez señaló Cyrus Vance, ex secretario de Estado norteamericano durante la administración Carter, “no se puede defender los derechos humanos violándolos”. En ese sentido, como autoridad moral para intervenir y apoyar internacionalmente en favor de la defensa de los derechos humanos, los países democráticos deben primero garantizarlos internamente de manera ejemplar y en su política exterior actuar de la misma forma frente a todos los gobiernos represivos de las libertades fundamentales.

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Héctor Timerman: el inesperado amigo de la dictadura cubana

Durante el último día de la sesión ordinaria LXIII de la Asamblea General de la Organización de Estados Americanos (OEA) que se desarrolló en Guatemala, la República Argentina abogó por la creación de un mecanismo, el cual fue aprobado, para facilitar la participación de Cuba en el proceso de las Cumbres. Al respecto, el canciller Héctor Timerman expresó que para “Argentina ese foro hemisférico nunca estará completo sin Cuba”.

Al igual que sucedió el año anterior en la ciudad colombiana de Cartagena de Indias, nuevamente en Guatemala se vio el influyente despliegue de la dictadura cubana en su afán de lograr legitimidad regional. Una legitimidad que desde la perspectiva democrática carece, pues la revolución que llegó al poder por la vía armada en 1959, para derrocar a la dictadura de Fulgencio Batista, ha instaurado un régimen de partido único con un esquema legal que reprime el ejercicio de derechos fundamentales y, en especial, las libertades civiles y políticas. En consecuencia, Cuba no puede regresar a la OEA porque su sistema institucional no cumple con lo establecido en la Carta Democrática Interamericana. Por lo tanto, no es la OEA la que tiene que cambiar, sino el gobierno de Cuba, a través de una apertura política que garantice los derechos a la libertad de asociación, reunión y expresión, y que culmine en unas elecciones libres de sus autoridades.

De esta manera, Cuba podrá cumplir con el artículo primero de la Carta Democrática: “Los pueblos de América tienen derecho a la democracia y sus gobiernos la obligación de promoverla y defenderla”. Ahí sí, cuando deje de existir esta dictadura remanente en la región, para alegría de todos los demócratas, “este foro hemisférico estará completo con Cuba”.

Mientras tanto, lo que sí debería hacer la OEA y los estados que la integran es denunciar la falta de libertades en Cuba y, en lugar de considerar el apoyo a un gobierno ilegítimo, brindarle reconocimiento y protección al movimiento cívico cubano. Sobre esto último, el Centro para la Apertura y el Desarrollo de América Latina (CADAL) dirigió una petición al secretario general del organismo, el chileno José Miguel Insulza, contando con la adhesión de doscientos tres referentes democráticos dentro de Cuba. Al día de la fecha, ni la OEA ni ningún país integrante del organismo respondió formalmente a esta petición.

Curiosamente, lo que CADAL le reclama a la OEA, y a todo país democrático, es precisamente lo que hacía Héctor Timerman cuando era periodista, asumiendo como tal posturas comprometidas internacionalmente en la defensa de los derechos humanos. En efecto, el actual canciller kirchnerista fue uno de los más duros críticos de la dictadura cubana luego de la ola represiva de marzo de 2003, conocida como la “Primavera Negra de Cuba”. En un video grabado en la redacción de la revista Debate, de la cual era su director, Timerman expresaba: “Yo denuncio la falta de libertad de prensa en Cuba. La denuncio porque creo que Cuba es una dictadura”.

Pocos meses después de brindar este elocuente testimonio para un video, el actual canciller argentino publicó el 23 de enero de 2004 un artículo reclamándole al entonces gobierno de Néstor Kirchner prácticas de diplomacia comprometida en Cuba: “Porque fuimos víctimas no debemos olvidar a las actuales víctimas…Por ejemplo, en relación a Cuba, correspondería recibirlos, confortarlos y ser sus voceros frente al régimen castrista. ¿De qué sirve celebrar nuestras fechas patrias en la embajada argentina si en ellas están ausentes los disidentes?”.

El 11 de abril de 2011, CADAL dirigió una carta al canciller Héctor Timerman recordándole sus expresiones y solicitándole que las lleve a la práctica durante la recepción de la Fiesta Nacional del 25 de mayo en la residencia de la embajada argentina en La Habana. Nunca respondió al pedido y desde que asumió en la Cancillería su gestión ha continuado la línea marcada por la presidente Cristina Fernández de Kirchner, de amistad con las dictaduras y desprecio por los activistas de derechos humanos.

Toda una paradoja para un gobierno que alardea con ser un referente internacional en derechos humanos y cuyo eje de la política exterior dice basarse en el respeto a ellos. Por eso, ya no sorprende que alguien cuyos dichos públicos ofrecían una esperanza en la adopción de una política exterior activa en defensa de los derechos humanos esté liderando ahora la movida en la OEA en busca de apoyo a la dictadura cubana. El problema en el caso del Canciller Timerman es que cada vez que asume posiciones alineadas con el ilegítimo gobierno del Partido Comunista de Cuba, o sus dictaduras aliadas, salen a la luz aquellas expresiones que había formulado cuando era un periodista independiente.

Si bien una persona puede cambiar de opinión, algo típico en un ambiente democrático, nada se ha modificado sobre las características de la dictadura cubana respecto a las consideraciones que Héctor Timerman señaló hace casi una década. Lo único que cambió es la actitud moral de Timerman, quien pasó de defender a los presos y perseguidos políticos cubanos a apoyar a sus verdugos.

Se quejan cuando el kirchnerismo “va por todo” pero respaldan a una dictadura

El gobierno de Cristina Fernández de Kirchner ha dado un paso muy importante en su objetivo de “ir por todo”, luego de aprobarse en la Cámara de Diputados sus proyectos destinados a “democratizar la justicia”. De esta manera, la aspiración kirchnerista de consolidar un régimen político que ejerza una fuerte intervención en todos los órdenes de la vida nacional, concentrando la totalidad de los poderes estatales, jugará su suerte a todo o nada en las elecciones legislativas del corriente año.

En la próxima renovación de la mitad de los miembros de la Cámara baja y un tercio de los integrantes del Senado de la Nación, es la oposición la que pondrá en juego la mayor cantidad de bancas en disputa. Si el kirchnerismo logra repetir la votación del 2011, sus aspiraciones hegemónicas estarán más cercanas y la actual Presidenta encontrará la forma que le posibilite presentarse como candidata en 2015 para intentar perpetuarse en el poder.

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