Dejando al gato al cuidado del canario

En el pasado, leí muchas veces sobre chistes racistas que generaban estereotipos sobre distintos pueblos del mundo. Confieso que me generaba poca simpatía y mucho rechazo ese tipo de bromas que, incluso tomaban como blanco al Oriente Medio, especialmente desde Occidente.

En aquellos días el estereotipo extendido era que los estadounidenses eran ingenuos y espontáneos; los franceses malhumorados, los británicos astutos, educados, fríos y discretos; en tanto que a los alemanes se los colocaba en la estructura rígidamente disciplinada y eran considerados muy eficientes. Los rusos eran los menos favorecidos siendo etiquetados de rústicos e inestables, por no mencionar el racismo nada disimulado cuando se hablaba de los judíos.

Más tarde, descubrí que a menudo esos estereotipos no significaban más que una caricatura mal intencionada y que era absolutamente incorrecto generalizar acerca de la gente y los pueblos de esta manera. Por ejemplo, en mis años de estudios con hombres y mujeres británicos cuya calidez y amabilidad nos genero una mutua y cercana amistad.

Sin embargo, ¿qué pasa con los norteamericanos? Por supuesto que como dice el viejo refrán ”no hay humo sin fuego”, aunque la presunta ingenuidad de los estadounidenses no ha impedido que figuras públicas “ingenuas” hayan llegado a los más altos cargos, George Bush (padre) y Gerald Ford, por nombrar unos pocos -aunque mucho piensen lo contrario- han tenido su costado ingenuo. Los que entienden cuán sofisticado es el sistema político estadounidense pueden comprender realmente que no es imposible que alguien con inteligencia limitada pueda llegar a la cima sencillamente porque en EE.UU. las instituciones son mucho más poderosas que los individuos.

El hecho incontrastable quedo demostrado el pasado domingo cuando el secretario de Estado estadounidense, John Kerry, fue invitado del Centro Saban para Políticas de Oriente Medio de la Brookings Institution, en Washington DC. Allí, Kerry dio un ingenuo discurso en el que señaló que las posibilidades de cooperación regional en Oriente Medio para la lucha contra el terrorismo -que incluye a varios países árabes- son cada vez mayores y más solidas. Y las cosas no quedaron allí, “hasta fue aplaudido por eso”. Aunque un estudiante de primer año de Ciencias Políticas sabe que esto no solo es ingenuo, más bien es improbable.

Kerry dijo en alusión al ISIS: “Estamos viendo la posibilidad de crear un nuevo alineamiento regional con el objetivo común de neutralizar a los extremistas”. En otras palabras, el se refirió sólo a los extremistas musulmanes sunitas.

Lo asombroso es que Kerry nombró algunos Estados del Golfo que claramente apoyan y financian al terror yihadista como aliados y expresó su alegría por los avances de la “coalición internacional y la colaboración del régimen de Teherán”, que está demostrando claramente -según Kerry- neutralizar al ISIS militarmente ayudando al Hezbollah libanes sobre el terreno en Siria.

El Centro Saban fue fundado por Haim Saban, un empresario israelí-estadounidense nacido en Egipto, y la mayoría del auditorio de Kerry el pasado domingo era pro-Israel. Así, en su discurso, Kerry trató de tranquilizar a su audiencia sobre el futuro subrayando la cautela y el cuidado de la administración Obama junto a su pleno compromiso en enfrentar el extremismo y el terrorismo con socios “árabes moderados” y musulmanes chiitas-persas dispuestos a hacer la paz con Israel. En pocas palabras, Kerry estaba hablando con “muy buena voluntad”. El problema con lo que él dijo, sin embargo, es que ignoró varios puntos importantes.

En primer lugar, la mayoría de los países árabes han apoyado el Acuerdo de Oslo y al fallecido líder palestino Yasser Arafat frente a los dirigentes israelíes de entonces, y lo cierto es que Arafat, luego de acordar muchos puntos favorables para su pueblo, finalmente se marchó y se negó a firmar los documentos finales del Acuerdo, mandando a pique la posibilidad más concreta que alguna vez hayan tenido los palestinos de crear su Estado. En segundo lugar, el jugador regional mas peligroso para Israel es el grupo terrorista Hamas, apoyado por Irán al igual que por el Hezbollah y ambos, junto con el régimen de Teherán propugnan la destrucción de Israel.

En tercer lugar, a pesar de que Washington lo sabe todo sobre la larga historia de Irán de haber participado en actos de terrorismo en Oriente Medio, el gobierno de Obama ha elegido a Irán como aliado traicionando el genuino levantamiento popular del pueblo sirio, volviéndose así contra sus históricos aliados “moderados” como los ex presidentes Hosni Mubarak en Egipto y Ben-Ali en Túnez.

En cuarto lugar, el discurso de Kerry puede estar en consonancia con las políticas bien intencionadas de Estados Unidos en el Oriente Medio desde la época de Camp David, pero este objetivo no es suficiente en sí mismo. Muchas de estas políticas bien intencionadas fueron; ciertamente los desaguisados de Jimmy Carter. Así, el discurso de Kerry ignora que la paz sólo puede ser construida en base a la mutua y sólida confianza. A falta de ella, no habrá paz posible para israelíes y palestinos ni entre los árabes, los israelíes y los iraníes, y toda negociación u hoja de ruta que se intente implementar no valdrá ni la tinta que se utilice para su firma.

En resumen, la actual administración estadounidense está impulsando a la región entera a aceptar la hegemonía iraní bajo el pretexto de la lucha contra el terrorismo en el contexto de la  fuerte creencia que los enemigos son los takfiristas suníes, ignorando deliberadamente el yihadismo chiita, tan peligroso con el califato que el ISIS pretende instaurar. Y ello, sencillamente es como dejar “al gato al cuidado del canario”.

¿Es Irán una nación con dos gobiernos?

No ha habido ningún anuncio oficial, pero las negociaciones que comenzaron en Ginebra a finales de 2012 y continuaron en el año en curso pudieron haber dejado una suerte de doble gobierno en Irán.

El gobierno de iure está encabezado por el “guía supremo” Alí Khamenei y su grupo, ellos manejan la presidencia y el Majlis Islámico (parlamento). Su autoridad y responsabilidad se definen en la Constitución que, aunque a menudo violaron, sigue siendo un punto de referencia.

Sin embargo, un gobierno de facto parece haber surgido a la sombra del gobierno de iure, y eso es lo que se llama el Grupo 5+1, algo que está comenzando a preocupar al régimen de Teherán como antes no había sucedido.

Al negociar el llamado Acuerdo de Ginebra o “Plan de Acción Conjunto,” el régimen iraní está reconociendo implícitamente la autoridad del gobierno de facto sobre una serie de cuestiones. La prórroga de siete meses del plan de acción conjunta de Viena la semana pasada lo reafirmó. Continuar leyendo

El modelo colonial francés: la nueva estrategia de Assad

El régimen sirio está intentado regresar a la vieja estrategia colonial fancesa para mantenerse en el poder. Tal programa, como lo hizo Francia en su tiempo, avanza sobre el control de distintas regiones del país aun contra la voluntad y los deseos de la mayoría de su gente.

Esta metodología fue utilizada por el poder colonial en directa intención de balcanizar la Gran Siria mediante la política del “divide y vencerás”, y se basa en promesas de entregar mini-estados a las minorías religiosas. El hecho de que el presidente francés de aquellos años, Alexandre Millerand, era un socialista, o que Francia fuera un Estado laico, no fue un obstáculo. El presidente Bachar al-Assad piensa que -hoy- tampoco lo será para él.

¿Y qué fue lo que la Francia colonial empleó como estrategia en su accionar?   Continuar leyendo

Tolerancia, diversidad y multiculturalidad

Ayer he brindado un reportaje a una importante radio libanesa que ha tenido la amabilidad de consultarme sobre mi próximo libro donde avanzo sobre las dificultades de ser árabe en estos tiempos. Por esos maravillosos avances de la tecnología, desde algún lugar de Londres la participación telefónica del profesor Salman Rushdie terciando en la interviú fue para mí una experiencia fascinante.

De tal experiencia y aunque oyendo a un Rushdie más relajado a cuando el Ayatollah Khomeini puso precio a su cabeza, condenándolo a muerte por su obra, estoy persuadido que desde años nos encontramos de regreso a la era Chamberliana, casi en recta dirección a una sociedad de cobardes. Deseo que mi aseveración no ofenda demasiado al lector, aunque de hecho espero que sí avergüence a muchos hombres de los medios de prensa. Continuar leyendo

ISIS y la tecnología como campo de batalla

Si hubiera controles correctos de sitios web y de las herramientas sociales en Internet, ¿sería el Estado Islámico de Irak y Siria (ISIS) tan fuerte y eficaz como lo es hoy? La respuesta es simple: “No”. El ISIS no habría sido tan eficaz, ni hubiera podido ampliar sus operaciones en la forma en que lo ha hecho. Éste “no” no constituye una idea o hipótesis, es una realidad que se confirma diariamente en las noticias que han revelado la captación de adolescentes y delincuentes de todo el mundo que han sido seducidos para unirse a los yihadistas.

El fenómeno del ISIS, como sostengo y describo en varias de mis columnas anteriores, no tiene nada que ver con el Islam. Estas personas han secuestrado la religión y asesinaron miles de musulmanes, cristianos, azeríes y kurdos por igual, y si no son detenidos, planifican hacer lo propio con los judíos y con cualquier persona que confronte los postulados de su ideología. Continuar leyendo

La lucha por la sucesión de Khamenei ya comenzó

Durante su último viaje a Nueva York, el presidente iraní, Hassan Rouhani, organizó una cena privada para un reducido número de ex funcionarios estadounidenses, ejecutivos de negocios petroleros y empresarios de la industria energética. Según varios de los participantes, Rouhani trató de transmitir un mensaje simple: si EE.UU. no ayuda a Irán a alcanzar un acuerdo sobre la cuestión nuclear, las próximas elecciones en Irán podrían ser la antesala a una grave crisis política interna. Un día antes, el canciller Javad Zarif había transmitido el mismo mensaje al Council on Foreign Relations en Nueva York. “Si no nos ayudan, ustedes podrían sufrir las consecuencias”, advirtió.

¿A qué se refirieron Rouhani y Zarif con sus dichos intentando presentar “algo o alguien” como una bête noire? ¿Quién es el hombre que intentan presentar como tal cosa para Occidente? La respuesta es sencilla, es el ex presidente Mahmoud Ahmadinejad. Sin embargo, éste no tiene una circunscripción electoral propia con gran caudal de votos cautivos en la población iraní, y es poco probable que gane unas futuras elecciones sin tener el apoyo del aparato militar, el sector religioso más radical y el aval de grupos de la comunidad empresarial local. No obstante, Rouhani y su mentor político, el ex presidente Hashemi Rafsanjani, esperan que un acuerdo con los EE.UU. les daría impulso para tomar el control del Majlis -Parlamento- el año próximo, y luego, ganar la Asamblea de Expertos, que a su vez, elige el “Guía Supremo”.

La facción de Rafsanjani es la menos hostil a los EE.UU. y Europa, y ello hace que no sea bien visto por parte de los herederos de Khomeini. Es allí donde deben entenderse las maniobras de Rouhani en Nueva York. Rafsanjani siempre ha querido ser una versión iraní de Deng Xiao, el líder que cerró el capítulo de la revolución maoísta y abrió el camino a la inclusión de China en la comunidad internacional. Su argumento es que EE.UU. no tiene ningún problema con el carácter “islámico” del régimen de Teherán. De hecho, no está equivocado, hay cuatro Repúblicas islámicas actualmente, y tres tienen lazos normales con Washington. Siempre que el régimen iraní no amenace los intereses de EE.UU., a los norteamericanos podría no importarle mucho lo que haga dentro de Irán. El hecho de que China es el número uno del mundo en ejecuciones no ha impedido que se convierta en el socio comercial más cercano de Washington.

Durante dos décadas Rafsanjani ha tratado de explicar el error que cometió en 1989, al apoyar -después de la muerte de Khomeini- a Alí Khamenei en la posición del “Guía Supremo.” En ese momento, Rafsanjani creyó que al convertirse en presidente podía tomar el control de la poderosa maquinaria del Estado, mientras que Khamenei sería una persona de bajo perfil en asuntos religiosos, pero controlándolo desde la presidencia. Eso no sucedió así, y las cosas cambiaron sustancialmente para Rafsanjani y para Irán. El sistema político construido en torno al concepto de Velayat e-faqih (custodia de los juristas islámicos) no pudo ser detenido por Rafsanjani. Así, Khamenei se dedico profundamente a lo religioso aplicando una ideología más dura que el propio Khomeini.

Un cuarto de siglo más tarde, Rafsanjani está pensando corregir su error. Esta vez planifica convertirse en el “Guía Supremo”. Su facción ha ganado la presidencia y espera ganar el Majlis el año próximo. Si tiene éxito, puede que el camino se abra a su estrategia para ganar también la Asamblea de Expertos en mayo de 2016 y entonces, ¿quién sabe? Esta es la razón por la que Rafsanjani ha estado en campaña a nivel de la comunidad internacional el último año. Desde el ascenso de su hombre a la presidencia -el presidente Rouhani- ha estado moviéndose rapidamente con EE.UU. y la Unión Europea. Ha publicado también varios volúmenes de sus memorias con el propósito de recordar a la gente sus estrechos vínculos con el difunto ayatollah Khomeini como sus supuestos éxitos como presidente en sus dos mandatos.

También concedió varias entrevistas a medios de prensa occidentales. Después de años de no poder salir de Teherán, Rafsanjani ha estado viajando por todo el país proyectándose como el potencial salvador de la nación. El Ministerio de Relaciones Exteriores en Teherán lo incluyó recientemente en los programas de reuniones con dignatarios extranjeros que visitan la República Islámica, este punto le estaba prohibido durante la presidencia de Ahmadinejad.  Rafsanjani va creciendo en el plano externo pero también en el interno, EE.UU. y Europa ven con buenos ojos tenerlo de socio en el futuro. La reciente hospitalización de Khamenei y la gravedad de su enfermedad abrieron definitivamente la lucha por su sucesión. 

Sin embargo, en su búsqueda por el poder supremo, Rafsanjani y su potencial contrincante, el ayatollah Mesbah-Yazdi se enfrentan a otro problema. A diferencia de Khamenei, “usan turbantes blancos”, ello significa que no son descendientes directos de Fátima y Alí. Dicho en otras palabras, no forman parte de la Ahl el-Beit (gente de la Casa). Por lo que no hay que descartar que algún “turbante negro” aparezca en la disputa por la sucesión en curso. De todas formas, sería un paso en falso para Occidente involucrarse en disputas entre facciones en Teherán. La República Islámica de Irán no es la República Popular China. Allí, la imagen del cualquier político occidental podría terminar peor que la caricatura de Nixon en Beijing años atrás. Como sea, será importante que la política exterior argentina siga de cerca estos movimientos dada la relevancia de asuntos pendientes con la República Islámica de Irán.

Democracia en modo virtual

Cuando en 2011, ante el estallido de lo que mayoritariamente colegas y medios de comunicación denominaron desde el más brutal desconocimiento del Oriente Medio “primavera árabe”,  Barack Obama dijo en Washington: “No hay que temerle al Islam político, él traerá cambios democráticos”.

Cuando ordenó modificar el lenguaje con que debía describirse el terrorismo desde su administración y pidió a los yihadistas cambiar sus espadas por el arado, Obama creyó estar llevando la antorcha de la libertad al mundo árabe. Sin embargo, lo que el presidente no entendió, fue que estaba dejando “al gato al cuidado del canario”. Así, Obama continuó sumido en el desconcierto, ayudó a los salafistas en Libia y a la hermanad musulmana en Egipto. Hoy, el inquilino de la Casa Blanca continúa sin entender la respuesta de los fundamentalistas “que no tienen ningún interés en cambiar la espada por el arado, sino que su objetivo es establecer un califato global”. De ese modo, Obama  continúa equivocándose en el abordaje del grave problema que encarna el ISIS en Siria e Irak, y ahora, en algunas regiones del Líbano y a la puertas mismas de la frontera sirio-turca.

Es cierto que el presidente estadounidense se marchara pronto, en poco tiempo acabará su mandato. Pero como su antecesor, George W. Bush, ha causado daños que llevara años reparar en las sociedades árabes. Y ello es porque Obama ha estado imbuido de “una realidad virtual” que le lleva a comparar la violencia yihadista con el desafío de los patriotas de Boston, quienes en su tiempo se negaron a pagar impuestos a un rey. O tal vez cree que los salafistas siguen los pasos de Martin Luther King o Sir Winston Churchill, cuando lo concreto es que estos sujetos leen Mein Kampf”.

Del mismo modo, el presidente Obama no entendió o no ha querido entender, que en la interpretación doctrinaria de “la yihad permanente”, las sociedades influenciadas por el fundamentalismo no aprueban leyes de igualdad. La única ley aceptada y aceptable para los islamistas es la sha’aria. Por lo que en su lugar, los valores que defenderán serán leyes que perpetúen la desigualdad en nombre de una moral religiosa cada día más cuestionable a la luz de los hechos que de su dogma emerge.

En consecuencia, si hay una conclusión que puede extraerse del compromiso del presidente Barack Hussein Obama con el mundo árabe, es que su debilidad ante el radicalismo islamista, del mismo modo que las concesiones europeas con el nazismo llevaron a la peor guerra del Siglo XX, podría llevar a una confrontación global mucho más grave, cruenta y larga de lo que Obama y sus adherentes piensan.

Neutralizar al ISIS podría cambiar los gobiernos en Siria e Irak

El mundo por fin comprendió que la erradicación completa del Estado Islámico de Irak y Siria (ISIS) y de los grupos que pivotean en torno a su ideología como Al-Nusra, Ahrar Al-Sham y demás organizaciones terroristas en Siria e Irak no será posible sin la creación de autoridades centrales en Damasco y Bagdad que puedan gobernar eficazmente ambos países. Esto significa que tanto Bashar Al-Assad como la administración iraquí deben dejar el poder. La otra opción para Siria es, de mínima, un gobierno de coalición sin Assad. Esto sería un paso que representaría un avance significativo para unificar el país, aun considerando las zonas que el ISIS ha capturado porque impulsaría a la oposición siria genuina.

Las últimas declaraciones del primer ministro británico David Cameron frente a sus diputados durante el debate para autorizar los ataques aéreos del Reino Unido han sido “de lo poco inteligente” que Cameron ha mostrado en los últimos tiempos. Dirigiéndose a la Cámara de los Comunes, Cameron dijo que “se trata de ayudar a colocar un gobierno sirio adecuado y aceptado por su pueblo como legítimo para derrotar al ISIS en Siria”. La declaración del primer ministro es una clara señal de que ha llegado el momento de la dimisión de Assad. Continuar leyendo

Egipto recupera su fuerza

Indudablemente los primeros Cien días del Rais (presidente) egipcio, Abdel-Fattah Al-Sisi, permiten rescatar varios logros, a pesar que todavía el país está en franco reacomodamiento, algo que sin duda, dependerá de la posición política que el mandatario termine de galvanizar. Sin embargo, nadie, ni siquiera los opositores de Al-Sisi, pueden negar que el Presidente tomó decisiones arriesgadas y necesarias en el ámbito nacional aplicando las políticas adecuadas, eliminando subsidios innecesarios a bienes y servicios, como por ejemplo al combustible. También redujo las subvenciones a los partidos políticos, esto último, un soplo de aire puro en un país árabe que le valió el apoyo y aplauso del pueblo.

Egipto está recuperando su antigua fortaleza en el mundo árabe. Su pueblo ha soportado los aumentos de precios sobre la base de las promesas del Gobierno como la única manera de salvar al país del colapso total luego de la deficiente gestión económica de los islamistas de la Hermandad Musulmana. Al-Sisi también ha revitalizado el papel del país en el frente de la política exterior, aunque es evidente que a diferencia de sus predecesores, Hosni Mubarak y Mohamed Mursi, él está dando prioridad a la situación interna. Esto ofrece varios indicadores para el mundo exterior. A saber:

-El nuevo presidente no huye de los problemas internos para centrarse en cuestiones internacionales, como lo hicieron los presidentes anteriores.

-Ha enviado un mensaje claro a las potencias extranjeras indicando que él está en control de la escena nacional, incluidas las cuestiones relativas a las condiciones de seguridad y al aislamiento definitivo del islamismo radical.

-Al-Sisi no parece estar en busca de atención. La mayoría de sus reuniones con los líderes mundiales han sido limitadas y poco publicitadas por su Gobierno. Aunque es cierto que esto puede ser una situación temporal, hasta que el país se desarrolle y se mueva nuevamente hacia adelante, entonces puede que el Presidente dirija su atención a los asuntos regionales.

La crisis más importante para el nuevo mandatario fue la reciente guerra de Gaza entre Hamas e Israel. Durante el conflicto, demostró ampliamente que no permite ser impulsado ni influenciado por los medios de comunicación o la opinión de la calle que lo llamó a intervenir. El presidente egipcio sólo intervino después de que le solicitaran un papel especialmente humanitario y que sólo Egipto podría desempeñar en aquel estado de cosas.
Al-Sisi fue capaz de marcar líneas rojas al liderazgo de Hamas en su conflicto con Israel, y se aseguró de que no ataquen Egipto o traten de chantajear a su liderazgo. Esta es la razón por la que Hamas volvió a El Cairo en los términos egipcios y retirando una serie de exigencias inapropiadas que había hecho cuando constató que Irán, Turquía y Qatar no podían ofrecerle nada.

La intervención egipcia fue la única manera de llegar al acuerdo a la crisis militar cuando Hamas ya estaba extenuada. Por otra parte, la delegación israelí sólo fue recibida en El Cairo cuando el primer ministro Benjamín Netanyahu detuvo la incursión terrestre en la Franja de Gaza.

En mi opinión, el verdadero desafío para Al-Sisi es Libia. El país se encuentra en un estado anárquico de colapso institucional e inmerso en una guerra cuasi-civil. Esto representa una amenaza directa a la seguridad de Egipto. Así, el Presidente no desea involucrarse en una controversia entre las partes en conflicto en Libia y se distanció de la situación. Sin embargo, al mismo tiempo, no puede permitir que el caos de Libia llegue a las fronteras de Egipto; es por eso que se aseguro un acuerdo con otro vecino de Libia, Argelia, sobre cómo hacer frente a la situación que los islamistas han disparado luego de la caída del Coronel Khadafi.

Está claro que Egipto y Argelia priorizan restaurar la estabilidad, apoyando al parlamento y al gobierno legítimo de Libia. La cooperación entre Argelia y Egipto es la única manera de parar la situación en Libia que ha entrado en una espiral de violencia y descontrol.

En cuanto a la situación en Irak y Siria, el presidente Al-Sisi optó por mantenerse bien lejos de esta crisis. A excepción de una limitada participación en la alianza internacional formada contra el Estado Islámico de Irak y Siria (ISIS), y éste es un paso que también ayudará en la guerra que libra contra los grupos armados dentro de Egipto, además de representar una justificación para la ilegalización de los Hermanos Musulmanes, especialmente en el apoyo de la Hermandad a las acciones del ISIS.

Por otro lado, Al-Sisi ha fortalecido sus relaciones con aliados originales, es decir, aquellos con los que fomentó vínculos antes de asumir la presidencia, en particular Arabia Saudita, los Emiratos Árabes Unidos y Rusia. La cooperación de Egipto con estos estados se incrementó drásticamente en los últimos cien días y beneficio el programa de reforma interna de Al-Sisi. Esta alianza también le ha permitido reforzar su posición en contra de los críticos de los gobiernos occidentales en general. De hecho, los norteamericanos y la Unión Europea parecen haber cedido a la nueva realidad en Egipto, al anunciar su aceptación y aprobación del gobierno de Al-Sisi.

El único enfoque de política exterior que sigue siendo turbio es la cooperación de Egipto con Rusia, sobre todo si se hace a expensas de la relación de larga data de Egipto con Estados Unidos. Aun así, ¿quiere el Presidente Al-Sisi realmente cambiar la historia por tercera vez? La primera fue cuando el presidente Abdel Gamal Nasser pasó a apoyar a la Unión Soviética contra el campo estadounidense para poder comprar armas checas. La segunda, cuando el presidente Anwar Al-Sadat expulsó expertos soviéticos de Egipto restaurando relaciones con los norteamericanos.

En mi opinión, no está claro aún si la política de Al-Sisi representara un cambio drástico hacia Moscú o es simplemente un movimiento calculado para servir a sus necesidades temporales. El tiempo lo dirá. Sin embargo, los primeros cien días del presidente son muy tenidos en cuenta, no solo por los gobernantes árabes, sino también por Occidente que comienza a verlo positivamente en el actual caos regional del mundo árabe.

¿Por qué no hay más protestas contra el yihadismo?

Es notorio que EEUU y la mayoría de los gobiernos europeos han cometido errores en sus programas políticos como en su diplomacia en Oriente Medio. No hubo avances en articular políticas que seduzcan a la calle árabe y cautiven el corazón y las ideas de los musulmanes para alcanzar una victoria definitiva en la guerra contra el terrorismo yihadista. Los resultados están a la vista. El ejército del califato islámico (ISIS) es el emergente de los dislates de la administración Obama como de sus colegas Hollande y Cameron. Ellos lo crearon junto a Qatar y, posiblemente, nos lleven ahora a una nueva guerra cuyo resultado incierto puede abrir puertas a la profundización de la brecha entre Oriente y Occidente al intentar neutralizarlo. Continuar leyendo