Un eventual acuerdo con el FMI sería mala noticia

Aunque el ministro de economía asista a la reunión de ministros del FMI sin corbata, eso no quita que el gobierno esté intentando un acercamiento con el Fondo para, de esa manera, recuperar el acceso al mercado de capitales internacional que el default, la megadevaluación y 10 años de intervencionismo estatal y arbitrariedades nos quitaron.

Sin embargo, de concretarse, este acercamiento sería una mala noticia.

El objetivo del gobierno parece ser reducir la inflación con medidas un poco más profundas que los famosos “Precios Cuidados”. Es cierto que “Precios Cuidados” sigue en pie y que mucho se habla de él, pero este programa afecta una cantidad menor de productos y, al ir actualizándose, no representa un control de precios tradicional sino, más bien, una canasta familiar que gobierno y empresas acordaron subsidiar.

Sin embargo, no es esto lo que va a parar la inflación sino una acción conjunta de la política monetaria y fiscal. La primera, como vimos, comenzó con la suba del tipo de interés hasta el 30%. Sin embargo, se sabe que esto no es suficiente para frenar la inflación sino que se necesita achicar el déficit para evitar seguir exigiendo financiamiento al Banco Central. El recorte de subsidios debe entenderse, entonces, también en esta dirección.

Ahora bien, en lugar de seguir el camino del recorte de subsidios y dedicarse a seguir achicando gastos (sobran: la Televisión Pública, el Fútbol Para Todos, los festivales “gratuitos”, las obras de infraestructura hechas a la medida de los amigos, las pérdidas de Aerolíneas Argentinas, etc., etc.), el gobierno tiene otra cosa en mente.

Si ajusta alguna tuerquita por aquí y por allá, es decir, si luego del acuerdo con Repsol, cierra otros conflictos abiertos y vuelve amistosamente al FMI, podrá seguir manteniendo el gasto elevado, pero sin necesidad de pedir financiamiento al Banco Central. Ahora se financiará en el mercado de deuda aprovechándose de la ultraliquidez internacional que todavía se mantiene.

¿El problema? Que la lógica de fondo no cambia y los incentivos de los políticos (de izquierda y de derecha, progresistas o conservadores, “nacionales y populares” o amigos de los “vecinos”), suele ser siempre la de aumentar el gasto. En definitiva, a más gasto, más obras, más subsidio, más “cosas” que se ven y que pueden atribuirse directamente a la gestión del gobernante. En síntesis, más rédito político…. De corto plazo.

En el largo plazo, si el gasto excesivo se financió con el Banco Central, la gente no tolerará más la inflación, que es el caso actual. Pero si este no es el caso y el gasto se financió con deuda pública colocada en el mercado, en algún punto se volverá insostenible. Para saber cómo termina esa película solo basta una imagen.

Entonces, un verdadero cambio que termine con la inflación pero también con la deuda improductiva del sector público es eliminar la lógica del gasto populista. Para eso se necesita más que algunos ajustes menores y un Fondo Monetario siempre listo para rescatar insolventes

Finalmente, si la normalización de las relaciones con el FMI solo sirve para que el gobierno cambie la fuente de financiamiento del gasto, lo único que se conseguirá será posponer el día del ajuste, que puede incluso llegar a ser mucho más traumático, como ya hemos experimentado otras veces en nuestra historia.

El relato intervencionista

En su última obra, La fatal arrogancia, el premio nobel de economía Friedrich Hayek desarrolla en extenso su idea del “orden espontáneo”. El orden espontáneo es la armonía que resulta, sin que nadie lo planifique de manera previa, de las miles y millones de interacciones individuales. Cada individuo busca su propio bienestar, pero en un largo proceso evolutivo de prueba y error, esa búsqueda del bienestar individual termina con resultados sociales positivos, no solo en términos de aumento de la producción de bienes y servicios que la sociedad necesita, sino también en valores como “el trabajo disciplinado, la responsabilidad, la asunción de riesgos, el ahorro, la honestidad y el cumplimiento de las promesas”.

Los economistas e intelectuales que siguen la obra de Hayek ven en la economía un orden espontáneo, un lugar en el que esos decisores individuales se encuentran, satisfacen sus necesidades y, en el proceso, mejoran nuestra civilización. Desde la otra vereda, los intervencionistas no ven en la economía o en el mercado un orden espontáneo que está en constante evolución y creación, sino más bien un caos social. Una desorganización y una guerra de todos contra todos en donde se necesita que “alguien” ordene y “ubique” a los agentes. Para los intervencionistas, “en el espacio de la economía se expresa una relación de poder entre diferentes sujetos sociales”.

Continuar leyendo

El sinceramiento del Indec no es el primer paso para bajar la inflación

A lo largo de estos siete años de manipulación de las estadísticas del Indec, que no solo afectaron el índice de precios al consumidor, sino estadísticas tanto o más sensibles como las del crecimiento del PBI y los niveles de pobreza e indigencia, muchos economistas y líderes opositores repitieron a coro que lo primero que se necesitaba para bajar la inflación era dejar de engañar a la gente con las cifras oficiales.

El argumento, en resumidas cuentas, era éste: el gobierno no puede resolver el problema de la inflación porque es un problema que, al tener estadísticas poco confiables, no puede reconocer. Se le atribuía al gobierno una “ceguera a la realidad”, como si fuera un conductor víctima de un velocímetro que indicara que la velocidad a la que va es mucho menor a la real.

Continuar leyendo

¿Qué es la libertad económica y por qué es grave no tenerla?

El martes se publicó y difundió un nuevo Índice de Libertad Económica elaborado por la fundación Heritage en conjunto con el diario Wall Street Journal de los Estados Unidos. En el Índice 2014 (que considera la segunda mitad de 2012 y la primera de 2013) la Argentina se ubicó en el puesto 166, cayendo 6 puntos respecto de la edición anterior.

Según Heritage, la libertad económica es “el derecho fundamental de todo ser humano de controlar su propio trabajo y propiedad. En una sociedad económicamente libre, los individuos son libres de trabajar, producir, consumir e invertir en todo lo que quieran”. En este sentido, el índice mide algunos conceptos que intentaremos poner en términos sencillos:

Imperio de la ley (derechos de propiedad y corrupción): supongamos que una persona, llamémosle Juan, quiere comenzar un emprendimiento. A Juan le será más fácil hacerlo si el gobierno no pone excesivas trabas burocráticas. Por otro lado, una vez comenzado el emprendimiento, Juan será más libre si no corre riesgo de sufrir expropiaciones o si el gobierno le deja comprar y vender a quien quiera y a los precios que desee. Por otro lado, si Juan tiene que pasar por un sinfín de “peajes y colaboraciones extras” para “aceitar trámites”, por ejemplo, el uso de su propiedad y trabajo se verá restringido, y su moral, dañada.

Continuar leyendo

Márgenes de rentabilidad: ¡cuanto más grandes, mejor!

Imaginémonos una madre que, al despedir a su hijo cuando sale para ir al colegio le dice: “hasta luego, que te vaya más o menos”. No sucede a menudo, ¿verdad? En general, la madre dirá algo así como “¡cuidate!”, “¡que te vaya bien!”, “¡que tengas suerte!” o alguna forma que exprese el deseo de que el hijo tenga un día de lo mejor. Intuitivamente, podemos ver que tener éxito y que nos vaya bien es el deseo de todos aquellos que nos quieren y que no hay nada de malo en ello.

Sin embargo, en uno de sus desesperados intentos por mostrarle a la gente que esta vez será diferente con el acuerdo de precios, el secretario de Comercio Augusto Costa esgrimió un argumento que, en el fondo, critica que la gente tenga éxito. Afirmó que hay que controlar el éxito (la rentabilidad) de los empresarios porque “la lógica empresarial maximizadora de beneficios” le “pone ciertos límites” a la “distribución de la renta”. En resumen, que el beneficio de los empresarios es el perjuicio de los consumidores.

El problema con este planteo es que ignora los principios básicos de la economía de mercado. En una economía de mercado, los beneficios abultados/exorbitantes/astronómicos son algo totalmente deseable.

¿Por qué?

En primer lugar, porque en la economía de mercado, las ganancias del empresario son la muestra de que su actividad está satisfaciendo una necesidad social. Si un empresario tiene ganancias, es porque está fabricando un producto o servicio que la gente valora. El primer productor de vestidos amasó una fortuna (seguramente en la forma de otros bienes y servicios que la sociedad intercambiaba con él) pero, al crear un producto que su sociedad necesitaba, mejoró la vida de todos (y todas).

En segundo lugar, porque ese margen abultado de rentabilidad es lo que despierta el espíritu emprendedor de otros individuos que comienzan a competir contra el productor pionero. La consecuencia es un aumento de la producción y, curiosamente, una caída de los precios de venta ya que nuestro segundo productor querrá ganarle el mercado al primero. Finalmente, las grandes ganancias dan lugar a la competencia que -al aumentar la producción y reducir los precios de venta- mejora la calidad de vida de la población.

Tan importantes como las grandes ganancias son las grandes pérdidas. En una economía libre, el empresario es el responsable absoluto de su ganancia y de su pérdida. En ella, los “formadores de precios” no se quedan con algo que “no les toca”, como dice Costa, sino que, si ganan, cosechan la retribución que la sociedad les dio por satisfacer sus necesidades, pero si pierden, deben asumir todo el costo de haber tomado una mala decisión.

Así, el sistema de ganancias y pérdidas guía la producción a sus mejores usos. Si nos pusiéramos hoy a fabricar carretas tiradas por caballos para viajes de larga distancia, probablemente perderíamos toda nuestra inversión. Esta pérdida es información pura. Es el mensaje claro de la sociedad que nos dice: “si querés tener ganancias, tenés que producir algo que satisfaga nuestras necesidades, si no no te elegiremos”.

En la economía de mercado las ganancias astronómicas son la consecuencia de las mejoras astronómicas de la calidad de vida de la población. El sistema de ganancias y pérdidas sin intervención estatal fue, de hecho, el máximo creador de riqueza del siglo XIX y XX y lo seguirá siendo en el siglo XXI.

Pocos días atrás se conoció que Bill Gates retomó su puesto como el hombre más rico del mundo. Su megarriqueza se corresponde con una revolución tecnológica sin precedentes que ha cambiado para bien la manera de comunicarse del planeta entero.

En conclusión, que un secretario de Comercio afirme que se controlarán los márgenes de rentabilidad de los empresarios no solo va en contra del más básico sentido común sino que es una condena a la sociedad a vivir mediocremente.

Europa y Estados Unidos necesitan un curso de kirchnerismo económico

Muy al contrario de lo que pasa en Argentina, en Europa y Estados Unidos las autoridades no están preocupadas por la inflación, sino por su desaceleración. De hecho, el presidente del Banco Central Europeo ya se refiere abiertamente al “riesgo de deflación”.

En la Eurozona, la inflación medida por el IPC cayó desde el 2,7% en enero de 2012 hasta el 0,7% de octubre de 2013. En Estados Unidos, la situación es similar. La variación anual del IPC ascendía al 3% en enero de 2012, mientras que fue de solo 0,9% en octubre de este año.

Untitled-2

Aunque no siempre es cierto que la deflación sea un problema, la idea generalizada es que si bajan los precios, la gente demora en consumir, esperando que los precios bajen cada vez más. Y, a menor consumo, menor inversión y empleo. Por ende, los gobiernos siempre intentan combatir la deflación.

¿Cómo han hecho europeos y norteamericanos para combatir este problema en el pasado? En julio de 2009, durante el momento álgido de la crisis subprime, cuando los precios medidos por el IPC cayeron 0,6% anual en Estados Unidos y 2% anual en la Eurozona, la reacción de los respectivos bancos centrales fue unánime: imprimir dinero y reducir la tasa de interés a niveles mínimos históricos. Además, a ambos lados del atlántico se aumentó el gasto público, como mecanismo para estimular el consumo, tal como prescribiera Keynes en los años ‘30.

Ahora bien, si los líderes de Europa y Estados Unidos hubieran prestado atención a nuestro flamante jefe de gabinete, Jorge Capitanich, al célebre Guillermo Moreno o a algunos economistas locales, podrían haber evitado tomar medidas tan drásticas. Podrían haberlo resuelto con un simple llamado al diálogo de “todos los sectores”.

Porque si los famosos acuerdos de precios sirven para controlar la inflación, ¿por qué no van a servir para la tarea inversa, es decir, para controlar también la deflación? Lo que los gobernantes  europeos y norteamericanos deberían haber hecho, entonces, es trabajar sobre las “expectativas de deflación” y acordar precios con los “principales actores”. La única diferencia es que no se les pediría que congelen o que los bajen los precios, sino que los suban. Y lo mismo para los sindicatos. Nada de ajustarse el cinturón: ¡a reclamar aumentos!

Sin embargo, por ahora no hay signos de que ningún funcionario del hemisferio norte esté por iniciar acuerdos de ese tipo ni negociaciones sectoriales. Hasta el momento, los medios no han reportado ningún decreto que fuerce a los empresarios a subir precios.

Se ve que esos países comparten el consenso generalizado de que la deflación (y la inflación) no son un fenómeno de los precios, sino de la cantidad de dinero en circulación. Cuando ésta es excesiva, hace que los precios suban y, cuando es escasa, hace que los precios bajen.

Una lástima por ellos. Deberían tomar algún curso acelerado de kirchnerismo económico para poder saltar sin escalas a nuestro querido tercer mundo.

Nada mejorará si no se atacan los problemas de fondo

Hace unos meses Paul Krugman, el economista citado por Cristina por alabar el modelo económico del kirchnerismo, escribió un breve post donde explicaba que la elevada inflación en el mundo estaba en vías de extinción.

Por otro lado, con una simple visita a Wikipedia podemos conocer una especie ya extinta, la del control de cambios.

Sin embargo, en Argentina estos dos “dinosaurios” están vivos. Luego de diez años de kirchnerismo, el país convive con alta inflación y con el famoso cepo cambiario. En Libertad y Progreso ya advertimos de las nefastas consecuencias de este combo e hicimos especial hincapié en que el cepo funciona como un subsidio al turismo de los ricos mientras condena el futuro de los pobres al obligarles a ahorrar en una moneda que pierde más del 20% del poder de compra al año.

Dado que ésta era una preocupación más bien extendida entre la opinión pública, el gobierno decidió ayer hacer algo. Sin embargo, en lugar de desandar el camino que llevó a esta situación, se optó por cerrar más el cepo.

¿Servirá la medida? Si lo que se busca como objetivo es “ser cuidadosos en la administración de reservas”, es evidente que la medida no funcionará. Para comprobarlo podemos observar nuestra historia reciente. En octubre de 2011 el gobierno impuso el control cambiario debido a que, al no querer reconocer la devaluación que él mismo había generado, comenzó a perder reservas. El “cepo” funcionó por unos meses, pero dos años después, la pérdida de reservas supera los US$ 15.000 millones.

¿Por qué? Porque el problema de la caída de las reservas no es el sector turístico o el comercio automotor “de lujo”. El problema es la política económica en general. Si el gobierno acude a la inflación para financiar su gasto y luego controla los precios de los productos, lo que sucederá es que habrá escasez.

Con el dólar pasa exactamente lo mismo. En un contexto altamente inflacionario, el gobierno decidió controlar su precio y comenzó a quedarse sin stock (es decir, a perder reservas). En este sentido, el problema de la caída de reservas es un simple problema de oferta y demanda. Al precio que el gobierno quiere, la demanda de dólares supera la oferta. El problema no es del turismo sino de la intervención del gobierno en el mercado del dinero y del tipo de cambio.

Para terminar con este esquema, lo que se necesita es eliminar el cepo y bajar la inflación. De esa manera, dejaríamos de ser la otra oveja negra de América Latina (después de Venezuela) y disfrutaríamos de estabilidad cambiaria y, muy al contrario de lo que vemos hoy: abundancia de dólares.

Más controles y regulaciones no atacan el fondo del problema y solo crean más distorsiones que terminan perjudicando la vida de todos los argentinos.

Por último, cabe recordar que hacia finales de los años cuarenta, la Argentina puso en práctica todo este arsenal de medidas y controles, pero ninguna pudo evitar la fuerte devaluación y el magro avance en el nivel de riqueza en comparación con el mundo.

Es una lástima que los funcionarios ignoren tanto nuestra propia historia y que nos condenen incesantemente a repetirla.

El cepo debe eliminarse mañana

Recientemente se cumplieron los primeros dos años de la imposición de un nuevo sistema de control de cambios en Argentina. Además de estar en flagrante violación del artículo 14 de la Constitución Nacional, el “cepo” sólo sirvió para añadir más problemas a los previamente existentes. A continuación, cinco consecuencias económicas del “cepo” que nos obligan a exigir su inmediata eliminación.

1. El cepo no sirvió para “cuidar las reservas”.

En octubre de 2011 las reservas acumulaban una caída de US$ 5.000 millones, un 9,7% del total. Luego de iniciado el “cepo”, la imposibilidad de comprar dólares oficiales para ahorrar hizo que el BCRA recuperara algo de reservas. Sin embargo, esto duró poco y a octubre de 2013 las reservas se encuentran 30% por debajo de los niveles de dos años atrás. Esta caída de más de US$ 13 mil millones de reservas es inédita en la región, ya que en el mismo período las reservas de Brasil crecieron US$ 23 mil millones, las de Perú US$ 18 mil millones, las de Colombia crecieron US$ 10 mil millones y las de Chile lo hicieron en casi US$ 3 mil millones.

2. Creó un mercado negro y apareció la brecha cambiaria

Si bien son muchos los funcionarios que dicen que el cepo se impuso para no devaluar, lo único que éste hizo fue evitar que la devaluación se refleje en el “tipo de cambio oficial”. La consecuencia más directa fue la aparición del mercado negro en donde la cotización hoy supera en un 65% la del gobierno.

3. Es un castigo a los exportadores y un premio a los importadores

Al haber una brecha tan grande entre el dólar del mercado libre y el dólar del mercado racionado, el cepo funciona como un impuesto a los ingresos de todos los exportadores. Dado que las exportaciones y las importaciones las liquida el Banco Central, cuando un exportador vende un producto a 10 US$, el BCRA le paga al comerciante solamente 5,90$ cuando, en realidad, debería estar pagándole 10$. Como se observa, el cepo es equivalente a un impuesto del 70% sobre los ingresos. A la inversa, el cepo es un subsidio para los importadores, que pagan 5,9$ lo que deberían pagar 10$

4. Lleva necesariamente a mayores regulaciones

Así como el cepo representa un gravoso impuesto sobre las exportaciones, también equivale a una jugosa subvención a las importaciones. Lo que en otra circunstancia un importador debería pagar 10$, hoy puede pagarlo 5,9$. Esto implicaría necesariamente un boom importador que amenazaría la muy poco competitiva industria local. La reacción del gobierno, entonces, es restringir todavía más el comercio endureciendo los controles aduaneros y llegando, incluso, a la prohibición de importar bienes esenciales.

5. Subsidia a los ricos y condena el futuro de los pobres al impedirles ahorrar

Por último, una de las consecuencias más nefastas del control de cambios es que se transformó en un mecanismo perverso de sacrifico del pobre para beneficio del rico.

Dado que los consumos en el exterior pueden pagarse con tarjeta de crédito a precio oficial con un leve recargo, los argentinos que pueden viajar lo hacen a precio de ganga mientras, al mismo tiempo, los pobres que apenas pueden ahorrar algo a fin de mes se ven obligados a hacerlo en pesos, la moneda que el gobierno emite y a la que le confisca el 20% del poder de compra por año.

Incluso juzgando por los objetivos declarados por los propios funcionarios, el cepo fue un rotundo fracaso. Además, generó consecuencias destructivas en el plano económico, e inadmisibles en el plano social. Eliminarlo debe ser la prioridad número uno de cualquier político que desee el progreso sostenido del país. La segunda, por supuesto, debe ser terminar con la inflación, la semilla que dio origen al enésimo intento fracasado de un gobierno argentino por controlar el mercado de cambios.

Inflación más control de precios: el peor de los mundos

El principal problema económico de la Argentina es la inflación, que nos ubica (al llegar al 26%) en los primeros puestos del ranking mundial y en el segundo en la región. Sin embargo, hay algo que es todavía peor: los funcionarios públicos no tienen la más remota idea (o la más remota gana) de cómo combatirla de manera seria.

Como consecuencia, Argentina se encuentra en el peor de los mundos ya que sufre, no sólo de una inflación galopante, sino de las consecuencias de los controles de precios, lo que agrava aún más las cosas.

Continuar leyendo

Las PASO, mejores que Moreno para frenar al “blue”

Desde que se implementó el cepo cambiario en octubre de 2011, el precio del dólar libre (el que se consigue sin autorización burocrática) subió casi un 100%. Queda en evidencia que los llamados telefónicos y los enojos del secretario Guillermo Moreno son fracasados intentos por controlar el precio del billete verde.

Sin embargo, luego de las PASO 2013, el dólar blue cedió levemente y se muestra ahora relativamente calmo.

¿Qué pasó?

A partir de la implementación del control de cambios en octubre de 2011, el gobierno fue, por un lado, “perfeccionándolo” (cerrándolo cada vez más) y, por el otro, tomando nuevas medidas que avasallan la libertad de los ciudadanos.

Más allá del fundamento macro de inflación y atraso cambiario, medidas como la expropiación de YPF, la prohibición de comprar dólares para “atesoramiento”, el decreto que intentó anular la venta del predio de La Rural, y la suba del 15% al 20% del recargo por utilizar la tarjeta de crédito en el exterior, contribuyeron directamente a hacer subir el dólar, ya que éste protege el patrimonio de los ciudadanos frente al desborde del gobierno.

Untitled-1

Por el contrario, el blanqueo anunciado en mayo de este año, una medida que en lugar de perseguir evasores los seducía a traer sus dólares al país, generó expectativas favorables y tumbó la cotización del dólar blue (con ayuda de la ANSES, que vendió bonos para influir en el mercado del “contado con liquidación”). Sin embargo, la percepción de que –como se advertía- el CEDIN y el BAADE no serían exitosos, volvió a presionar al alza al billete verde.

 

¿Y qué hicieron las PASO?

 

Si bien ningún candidato es la panacea, la derrota del kirchnerismo en las primarias anuló la posibilidad de la re-reelección. Por otro lado, generó expectativas de que en el futuro (cualquiera sea la opción elegida tanto en las legislativas de octubre como en las presidenciales de 2015) se moderará el rumbo de la política económica de manera que evitaremos el vuelo directo hacia la Venezuela chavista.

 

Esta expectativa de moderación no hace que ahora haya una euforia vendedora de dólares, pero probablemente haya afectado la demanda y bajado los niveles de ansiedad. Evidentemente, lo que ahora se ve como el fin de la venezolanización Argentina ha relajado las tensiones en el mercado (verdaderamente) libre (pero no único) de cambios.

 

¿Qué puede pasar?

 

Si bien ahora las expectativas son mejores, lo cierto es que las expectativas no son todo lo que importa.

 

Si una persona le teme a las víboras y se convence de que ninguna víbora se le aparecerá en el cuarto mientras duerme, probablemente baje su nivel de ansiedad. Sin embargo, cuando vea que efectivamente hay una víbora en su cuarto, saldrá corriendo de su casa.

 

Con el dólar pasa lo mismo. Después de las PASO se moderó porque muchos están pensando que el futuro será más tranquilo que el presente. Pero, mientras tanto, la inflación sigue siendo altísima y no podemos descartar que el gobierno saliente siga “profundizando su modelo” en lo que le quede de gestión.

 

En el futuro, entonces, la tendencia no cambia, pero no deja de ser elocuente que las PASO y las expectativas funcionaron con mucha más eficacia que la prepotencia y la arrogancia de Guillermo Moreno y otros funcionarios del gobierno.