Lo que nos dejó la URSS

Todavía en los libros de historia universal de escuelas secundarias o preuniversitarias en Cuba, el tema soviético se maneja con pinzas.

Se recuerda a su padre fundador Vladimir Ilich Lenin, la epopeya de la Segunda Guerra Mundial con sus 20 millones de muertos (dato viejo, fueron 27 millones y no pocos murieron por un disparo en la nuca de sus propios camaradas o en un tenebroso gulag), y la ayuda desinteresada de la URSS en los primeros años de la revolución verde olivo. 

A Zoraida, estudiante de tercer año de bachillerato y amante de la historia, cuando le pregunto sobre aquella nación conformada por quince repúblicas europeas y asiáticas, sin apenas tomar aire, me suelta una parrafada calcada de los manuales escolares.

“La Revolución de Octubre fue fundada en 1917 por Lenin, y a pesar de las agresiones de naciones occidentales se consolidó como una gran potencia mundial. Fue el país con más muertos durante la Segunda Guerra Mundial, 20 millones (persiste en el error), y tuvo que luchar sola frente a las hordas fascistas. Estados Unidos y sus aliados se vieron obligados a abrir el Segundo Frente en Normandía ante el avance vertiginoso del Ejército Rojo”, responde con ese dejo de orgullo habitual en los alumnos aplicados.

No sé cuál será su vocación futura. Pero en ella el Partido tiene un buen prospecto de comisario político. Como deseaba indagar sobre otros aspectos históricos menos divulgados en los medios nacionales, le hice las siguientes preguntas:

¿Qué me podrías decir de las brutales purgas de Stalin, que costaron millones de vidas al pueblo soviético? ¿Sabías que la aplicación de la colectivización agrícola provocó hambruna y entre 7 y 10 millones de muertos en Ucrania, llamada Holodomor? ¿Habías leído acerca del pacto de no agresión Molotov-Ribbentrop donde en una cláusula secreta Hitler y Stalin se repartieron las repúblicas bálticas y una zona de Europa del Este?

¿Has leído o escuchado sobre la matanza en el bosque de Katyn por tropas élites soviéticas a militares polacos? ¿Conocías que el escritor Aleksandr Solzhenitsyn, Premio Nobel de Literatura en 1970, al igual que otros muchos intelectuales, estuvo preso en el Gulag sólo por pensar diferente?

¿No crees que la URSS fue una nación imperialista, pues ocupó parte de Europa del Este como trofeo de guerra e instauró gobiernos vasallos? ¿Has estudiado sobre la agresión soviética a Checoslovaquia en 1968 o Afganistán en 1979?

¿Alguna vez te contaron que por decisión de Fidel Castro y Nikita Kruschev, en Cuba estuvieron emplazados 42 cohetes atómicos de alcance medio que pudieron provocar una conflagración nuclear?  ¿Sabías que al igual que Estados Unidos tiene una base militar en contra de la voluntad del pueblo cubano, Fidel Castro sin consultar al pueblo autorizó un centro de instrucción militar con tropas soviéticas y una base de espionaje  electrónico en las afueras de La Habana?

A cada una de estas preguntas, la joven respondió con evasivas: “No, no lo sé. No, no lo he leído. O eso no lo hemos dado en la escuela”.

Es conocido que el sistema de enseñanza en Cuba intenta pertrechar a sus alumnos de una visión marxista y exaltar a Fidel Castro y su revolución. En temas rigurosamente comprobados, el método utilizado no es mentir, sino reconocer que no se tiene información o no decir toda la verdad. 

Aunque hace más de 20 años la URSS  desapareció del mapa y dijo adiós a su estrafalaria ideología, la educación en la Isla continúa siendo un celoso albacea de la narrativa soviética.

Manuel, graduado de Filosofía, reconoce que en sus estudios universitarios de Historia no hicieron hincapié en la Perestroika y la Glasnost. “De pasada los profesores encaraban aquella etapa. De Gorbachov se nos dijo que fue un traidor, que desmontó piedra a piedra el poderío y la influencia soviéticos. El enterrador del comunismo. Un paria”.

En las estructuras del poder existe un núcleo poderoso que aún recuerda con nostalgia el período soviético. El general Raúl Castro, al frente de los destinos de Cuba, es un gran admirador del comunismo ruso. En una de las visitas al apartamento de Juan Juan Almeida, hijo del comandante guerrillero, cuando vivía en Nuevo Vedado, Juan Juan me contó que en la antesala de la oficina del General Castro en el MINFAR, había un cuadro de Stalin, el carnicero de Georgia.

En el discurso de viejos aparatchiks, formados en severas escuelas del Partido, sigue latente la Cuba soviética de antaño. Joel, funcionario retirado, añora los viajes a Moscú y las visitas al mausoleo del Kremlin, donde Lenin yace embalsamado. En su casa, en un estante de madera, reposa una colección de libros de Boris Polevoi, Nicolai Ostrovski e Iliá Ehrenburg, entre otros que escribieron sobre las proezas del Ejército Rojo en la Gran Guerra Patria.

Carlos, sociólogo, considera “que la URSS puede parecer periódico viejo, pero no está muerta del todo: la población ya no se acuerda de la carne de lata, la compota de manzana ni los muñequitos rusos; es en las estructuras del poder donde extrañan la era soviética”.

La historia de amor hacia la URSS entre un sector intelectual y político es de vieja data en el país. Muchos que juran ser nacionalistas a pie firme, acusan de anexionistas a las personas que admiran el estilo de vida y las estructuras institucionales de Estados Unidos. Pero donde de veras existe anexionismo, es en el comunismo. No solo importaron la ideología, también pretendieron clonar el modelo soviético en un archipiélago del Caribe a 9.500 kilómetros de Moscú.

Y no eran tontos o analfabetos los que aplaudían la teoría de una Cuba soviética. Entre ellos, intelectuales de talla como Nicolás Guillén, Salvador García Agüero y Juan Marinello, miembros del Partido Socialista Popular (PSP).

Con la llegada al poder de Fidel Castro, el oportunismo político de los barbudos se acopló al imaginario comunista de hombres curtidos en el quehacer sindical y el proselitismo marxista en diversos sectores académicos e intelectuales de la nación.

A pesar de la afinidad del Gobierno cubano con el soviético, entre un segmento amplio de la ciudadanía, la cultura rusa no caló. Tampoco cuajaron su moda y costumbres, sus comidas y creencias religiosas.

Lo que la URSS nos dejó fueron algunos cientos de matrimonios entre rusos y cubanos. Y nombres como  Iván, Tatiana, Vladimir, Irina, Boris, Natasha… Poco más.

Aunque los añejos dinosaurios políticos traten hoy a cuerpo de rey a Rusia en los medios y, la nomenclatura se esfuerce en reactivar nuevos pactos, el país eurasiático sigue siendo una música lejana y exótica para la gente de a pie.

Y es que, por geografía y cultura, los cubanos siguen mirando al Norte.

Costa Rica es un país y juega al fútbol, Mourinho

El estirado entrenador portugués José Mourinho, a veces cínico y casi siempre belicoso, pero gran conocedor de fútbol, declaraba recientemente a una cadena televisiva  que Costa Rica no tenía nada que buscar en el Mundial de Brasil.

Algunos europeos, que llaman incultos a quienes no hablan francés o inglés y desconocen los poemas de Rimbaud, entre chanzas se preguntaban en Río de Janeiro si Costa Rica era un club de fútbol o una nación.

Un comentarista británico, al hablar del grupo de la muerte, donde se ubicaba Costa Rica, aseguraba que la lucha era entre Uruguay, Italia e Inglaterra, porque ‘estos los ticos, vienen aquí de turismo’.

Nadie apostaba un centavo por Costa Rica. Los periodistas, más profesionales y respetuosos, a prisa leyeron en Wikipedia información sobre el país centroamericano, para matizar sus notas de color previas a los partidos con los colosos.

El desprecio y la chacota hiriente es algo que conocen bien los pueblos pequños. Fue el fútbol el que puso en la geografía universal a Uruguay. Los charrúas ganaron dos torneos de fútbol olímpico en la década del 20 del siglo pasado.

También dos Copas Mundiales. Y transformaron en un sepulcro al monumental estadio carioca de Maracaná en 1950, cuando todo Brasil se aprestaba a bailar samba.

A base de goles y buen juego se dieron a respetar. Pero la historia futbolística de Costa Rica les interesa poco a los hinchas del otro lado del charco, que solo les gusta verse su ombligo.

Costa Rica es una de las democracias más consolidadas del planeta. Y es la primera, y probablemente única nación del mundo, que desde diciembre de 1948 no tiene ejército.

Costa Rica fue catalogada en 2011 como el país con mayor libertad de prensa de América Latina y el número 19 a nivel mundial, según el ránking realizado por Reporteros sin Fronteras.

Pero los países pacíficos y armónicos no suelen ser noticia. Los cintillos de prensa se inclinan por la violencia o idealizar autócratas al estilo de Fidel Castro. Costa Rica tiene índices de salud pública y educación del Primer Mundo.

El país cuyo lema es Pura Vida, con solo 4 millones de almas, no tiene ningún enfrentamiento con los Estados Unidos. Por eso cronistas deportivos que desembarcaron en Brasil compararon al once tico con el de Andorra o Mónaco.

El colombiano José Luis Pinto, D.T. de Costa Rica, aguantó a pie firme los escarnios. Y respondió con fútbol. Uno a uno, los equipos grandes fueron cayendo ante los costarricenses.

Primero golearon a Uruguay 3 a 1. Luego barrieron  con Italia. Y empataron a cero con una Inglaterra ya eliminada. La población de esas dos naciones europeas es cuatro veces superior a la de Costa Rica.

Como botón de muestra, Brasil o Estados Unidos  tienen más futbolistas que habitantes Costa Rica. Demográficamente hablando, solo Uruguay está a su nivel. Dejó tirado en la zanja a dos campeones mundiales y a Grecia, cuna del olimpismo y campeón de fútbol de Europa en 2004.

Los grandes solo le anotaron dos goles, uno de penal. No es poca cosa. Ya en cuartos de finales enfrentó a Holanda.

Los tulipanes cayeron contra los ticos por todos lados. Fue un raid aéreo. Robben despegaba una y otra vez por las bandas, provocando faltas e intentando desconcertar a la defensa rival.

Lo intentó Sneijder y Van Persie. Todos se estrellaron frente el muro defensivo tico y su porterazo Keylor Navas. Ya en la tanda de penales, Van Gaal sacó del vestuario a un portero fuera de serie llamado Tim Krul. Solo así Holanda pudo derrotar a la pequeña gran Costa Rica.

Cuando lleguen a San José, las autoridades debieran erigir una efigie de mármol y cincelar en  letras doradas los nombres de sus 23 jugadores.

Han sido la fábula del Mundial 2014. Una historia para contar. Costa Rica es un país y juega fútbol, Mourinho.

Robo, burocracia y evasión de impuestos: una sedición silenciosa en Cuba

Después de estrujarse la cabeza en busca de un procedimiento jurídico que permitiera enviar a la cárcel al gánster de Chicago Al Capone, Eliot Ness y sus legendarios Intocables utilizaron un arma clave para encarcelarlo: la evasión de impuestos.

El Tío Sam te da el derecho constitucional de expresarte libremente y asociarte, pero si dejas de pagar un centavo de los Taxes puedes ir a chirona. Claro, se pagan salarios justos, existen sindicatos y tribunales independientes del Estado, convenios salariales con las empresas y derecho a huelga. 

También el contribuyente puede requerir al fisco qué hace con su plata si observa hospitales, escuelas públicas y parques desguazados o autopistas repletas de baches, como en Cuba, donde las carreteras son auténticas minas terrestres.

No creo que los esfuerzos de la disidencia, acorralando a los Castro para que cumplan con procedimientos jurídicos plasmados en su propia Constitución, o crear un estado de opinión que los fuerce a ratificar los Pactos de la ONU firmados en 2008 culminen con éxito, pese a ser caminos legítimos que dejan al descubierto la esencia dictatorial del gobierno.

Ahora mismo, lo que está socavando las estructuras del añejo e inoperante sistema es el robo en la producción y servicios, la ineficacia laboral y el fraude generalizado del contribuyente al fisco. No hay Estado que pueda soportar esa elevada sangría financiera.

Continuar leyendo

Entre los cubanos se ha destapado un manantial de periodismo

El 90% de los cubanos no tienen acceso a esa batalla digital de criterios donde, con más o menos serenidad y vehemencia, se debate sobre el modelo a seguir en el futuro de la nación.

La censura informativa es un arma de doble filo. La absurda decisión del régimen verde olivo, de controlar las noticias, editar audiovisuales y hacer pulpa con novelas y libros contestatarios, ha forjado una base formidable de corresponsales independientes y comunicadores sociales dentro de Cuba.

No ocupan espacio en el diario Granma. En otros medios estatales no podemos leer sus reportes sobre las duras condiciones de vida en las prisiones cubanas o una brutal paliza a un grupo de mujeres que gritan libertad y democracia.

Según los cintillos oficiales, la isla es un remanso de paz y concordia. Pero en calles y bateyes de la Cuba profunda, un segmento amplio de ciudadanos está al límite en su descontento. Continuar leyendo

Cuba: hablemos del embargo

El embargo económico y financiero de Estados Unidos a Cuba fue implementado parcialmente en el otoño de 1960 por la administración de Dwight D. Eisenhower. Fue una escalada progresiva y razonablemente lógica de la Casa Blanca, en respuesta a las expropiaciones sin la debida indemnización por parte del gobierno de Fidel Castro a propiedades y empresas estadounidenses. Para el 3 de febrero de 1962, el gobierno de Kennedy recrudeció las medidas y el embargo económico fue casi total. No solo fue un mecanismo de presión de carácter económico.

Tiene su componente político. Remontémonos al período de Guerra Fría. El barbudo Castro se alió al imperialismo soviético y llegó a emplazar 42 cohetes atómicos de alcance medio en la isla. En un rapto de delirio, en una carta a Kruschov, Castro le surigió que como táctica disuasoria, la URSS debía apretar primero el gatillo nuclear. El régimen verde olivo se enfrascó durante los años 60, 70 y 80 en una guerra subversiva y costosa en América Latina y África, financiada por el Kremlin. Cuba es una auténtica autocracia.

Un solo partido legal, el comunista. Ninguna libertad de expresión, prensa libre, derecho a huelga o poder afiliarse a sindicatos independientes. Solo si Cuba se abre en el terreno político y respeta los derechos humanos, Estados Unidos podría considerar el levantamiento del embargo.

También el gobierno de facto debe negociar los impagos a ciudadanos estadounidenses. El embargo está codificado y blindado por leyes estadounidenses. En diferentes períodos, Jimmy Carter en 1978, Bill Clinton en 1994 y con la actual administración de Barack Obama, se han aprobados medidas para su flexibilización.

En los años 70, a Castro no le importó la paloma blanca lanzada por Carter desde Washington. A cambio, debía apartarse de los peligrosos juegos de guerra en Angola y Etiopía. En un error estratégico, Fidel pensaba que la caída del “imperialismo yanqui” y la debacle del capitalismo moderno estaban al doblar de la esquina. Por tanto, no se dejó enamorar por las plegarias de Carter. Luego se sabe lo que pasó. Reagan jugó al duro en su política exterior y el mapa cambió de color. La URSS y el Muro de Berlín se convirtieron en historia antigua.

Entonces Castro replanteó sus políticas. Dijo adiós a las armas y comenzó un lobby agresivo con la izquierda -incluso la derecha- latinoamericana y le abrió las puertas a diversas tendencias dentro de Estados Unidos que le han servido como agente de influencia. 

En 1996 pudo solucionar el entuerto para derogar el embargo e iniciar los primero pasos en la democratización de Cuba. Tenía abierto un canal de comunicación con Clinton mediante el escritor colombiano Gabriel García Márquez. Pero pudo más la soberbia. Derribó dos avionetas desarmadas de grupos anticastristas afincados en la Florida que tiraban octavillas en La Habana y, a distancia, desenfundó el bolígrafo para que Clinton diera una nueva vuelta de tuerca al embargo, aprobando la Ley Helms-Burton.

El embargo es un negocio publicitario rentable para los Castro. Ellos con las víctimas. El mundo, excepto Israel, Estados Unidos e Islas Marshall, está en contra de sancionar a Cuba. Dentro de la disidencia cubana es mayoría los que se oponen al embargo. Según muchos opositores, solo sirve de pretexto al gobierno para no democratizar el país y reprimir a los disidentes.

Los opositores que apuestan porque se mantenga alegan que no hay señales de democracia dentro de las tibias reformas económicas implantadas por Raúl Castro para levantar el embargo. Consideran que si se le abre las puertas al capital gringo, se reforzaría el régimen y las libertades esenciales seguirían cautivas. Unos y otros tienen razones sólidas.

Pero los hermanos de Birán siguen empecinados en desconocer a la oposición. Quieren negociar con la Casa Blanca ignorando a los cientos de activistas y disidentes que les piden sentarse en la mesa a pactar un nuevo trato, que permita enrumbar a la nación por el camino democrático.

Habría que preguntarse cuán severo es el embargo. Si usted visita el hospital pediátrico William Soler, al sur de La Habana, y charla con especialistas, argumentarán que debido al embargo, el gobierno no puede comprar medicamentos de última generación patentados por Estados Unidos. Eso es cierto. Claro, si Fidel Castro en vez de enfrascarse en las guerras civiles africanas o introducir armas clandestinas a Chile, hubiese diseñado estructuras económicas eficientes, hoy la autocracia podría adquirir medicinas, ómnibus, herrajes y comida en cualquier otro lugar del planeta, aunque fuese más costoso.

Sucede que las finanzas del país están en números rojos. Al contrario de otras dictaduras, como la de Pinochet o el régimen segregacionista de Sudáfrica, donde los problemas no eran económicos, si no de represión y falta de libertades, en Cuba la complicación es mayor. Estamos a la deriva, en lo financiero y en materia de derechos humanos. Es evidente que el poderoso y aceitado lobby anti embargo, financiado por el régimen de La Habana y por los bolsillos amplios de cubanoamericanos, quiere desconocer un lado del asunto.

Alfonso Fanjul sufrió en carne propia las arbitrariedades de la revolución. Perdió todas sus propiedades en Cuba y tuvo que marcharse a comenzar de nuevo, 90 millas al norte. Siendo apenas un adolescente, Carlos Saladrigas debió abordar un avión hacia Estados Unidos sin sus padres durante la Operación Peter Pan. Cuentan que los dos se sentaban en el último banco de madera de una pequeña iglesia en la Florida a rezar y a llorar por todo lo que habían perdido. Han triunfado en una nación exitosa.

Podemos creer en su buena voluntad. Pero pecan de ingenuos. O juegan con cartas marcadas. ¿Personeros del régimen se han comprometido en secreto con Fanjul o Saladrigas a cambiar el estado de cosas si se levantara el embargo? Algo debe cocinarse en las alcantarillas del poder para que ese lobby trabaje a destajo. Públicamente nada se sabe. Lo cierto es que el régimen guarda silencio y ni siquiera difunde en Cuba las iniciativas de grupos anti-embargos de Estados Unidos.

Si a cambio de levantar el embargo el General Raúl Castro legalizara la oposición y la prensa independiente, estoy seguro que una parte del exilio y la disidencia local aprobaría el proceso para flexibilizarlo.

No creo que sea el embargo el causante de nuestras precariedades económicas. La falta de leche, queso, mantequilla y carne de res no podemos achacárselos al “bloqueo”. Es el sistema absurdo instaurado por Fidel Castro, vertical, dogmático y personalista, el gran culpable que la mayoría de la gente en Cuba lleve más de cincuenta años pasándolo mal.

Un 70% de la población puede comprar productos estadounidense si tienen suficientes pesos convertibles. Si se recorren los mercados por divisas, descubrirá desde la famosa Coca-Cola, televisores RCA, ordenadores Dell, hasta una línea de electrodomésticos Black & Decker. El embargo tiene tantos agujeros, que le permite al gobierno comprar ómnibus chinos con componentes estadounidenses o un lote de jeeps Hummer para cazar en un coto exclusivo de altos militares.

Puede catalogarse de ilegal, absurdo o extraterritorial. Pero sobre todo ha sido ineficaz. Entiendo que el embargo no se debe abolir sin concesiones por parte del régimen.

Libertad económica y créditos para los pequeños negocios suena demasiado bonito en el oído de los atribulados trabajadores privados que se ganan un puñado de pesos al margen del Estado. ¿Cómo hacer efectiva esa libertad económica? Es la pregunta que muchos se hacen en Cuba. Se me antoja que sin libertad política, plena, es imposible.

Si lo dudan, pregúntenle a Carlos Saladrigas o Alfonso Fanjul. Ellos mejor que nadie pueden argumentar porque un día se vieron precisados a tomar un avión rumbo a los Estados Unidos.

Fundar un periódico desde La Habana

Ya está en la red el diario independiente 14ymedio, creado por la bloguera Yoani Sánchez y su esposo Reinaldo Escobar.

14ymedio no es una novedad. Antes, hubo varias publicaciones no controladas por el Estado, tanto en la esfera intelectual como disidente.

Algunas tuvieron pocas horas de vuelo, por problemas técnicos o financieros. Otras, como la revista D’Cuba, ideada por el poeta y periodista Raúl Rivero, solo pudo imprimir dos números.

En la primavera de 2003, una razia montada por los servicios especiales desactivó la iniciativa y después de acusarlos de ‘mercenarios’, envió a la cárcel a los dos principales realizadores de la revista, Rivero y el periodista independiente Ricardo González Alfonso.

La iglesia católica nacional también tiene sus publicaciones independientes, consentidas por el gobierno, como Espacio LaicalPalabra Nueva y Vitral. Para el otoño de 2007, dos reporteros libres, Juan González Febles y Luis Cino Álvarez, fundaron Primavera Digital.

Era un semanario y tenía la novedad que se imprimía en papel con fotos a color. A partir del 14 de junio de 2012, Primavera comenzó a salir en la web con frecuencia semanal.

Ya van por el número 324. Cuentan con la ayuda de instituciones no gubernamentales suecas que le han ofrecido la gran oportunidad de editar desde La Habana su propio periódico.

La única pauta que rige a los más de 50 reporteros que colaboran en Primavera Digital lo impone la cordura. Empezaron de cero, sin alharacas publicitarias. Han ido aprendiendo en el camino.

Lo hacen con escasos recursos. Dos ordenadores antiguos armados a pedazos y una HP de cuarta generación. La sede está situada en el minúsculo apartamento de Febles, en la barriada de Lawton.

Los sábados, día de entrega de artículos, aquello es un infierno. El humo de cigarrillos, termos de café, polémicas en voz tan alta que parece una riña y varios reporteros que, a falta de muebles, usan la cama matrimonial de Febles como sofá.

Cuando usted llama para solicitar una aclaración o un comentario periodístico, el saludo de bienvenida te lo ofrece la contestadora de un fax prehistórico.

Esta gente nunca ha sido premiada internacionalmente ni reconocida por Reporteros sin Fronteras, la Sociedad Interamericana de Prensa o potentados cubanoamericanos que eligen a dedo a su disidente o bloguero favorito.

Son periodistas incómodos. Tanto para el régimen como para ciertos sectores del exilio. Su espacio de comentarios no es sitio de paso de exaltados internautas residentes en el exterior.

Es una pena. En Primavera Digital usted puede seguir el acontecer de las rudas prisiones, editoriales sin afeites, crónicas sobre la otra Cuba que el régimen pretende ocultar y análisis sobrios del panorama nacional e internacional.

Abogados independientes escriben de temas jurídicos y Luis Cino tiene un espacio de música para chuparse los dedos. Víctor Manuel, periodista y escritor que desde hace 15 años, casi en el ostracismo, dirige un club de escritores, redacta una columna donde combina el humor y nuestra patética realidad. Se titula Nefasto.

Cuando he escrito notas para Diario de Cuba, El Mundo, Diario de las Américas, Martí Noticias, Infobae o blogs como el de la escritora Zoé Valdés, siempre he tenido sus puertas abiertas. Con 14ymedio me ha sucedido todo lo contrario.

No tengo objeciones sobre la calidad del primer número. Regina Coyula es una pluma de calibre. Miriam Celaya tiene rigor y dispara a matar. Y Víctor Ariel González publicó un magnifico reportaje sobre el cuerpo de guardia del hospital Calixto García.

Es de esperar que el resto de la plantilla y de los colaboradores mantengan el buen tono periodístico. No es mala idea publicar el precio de la carne de cerdo y otros productos del agro o dar consejos para el cuidado del cabello, pese a la simplicidad de las notas.

El problema de 14ymedio es la sobredimensión. Por contar con bolsillos generosos, tiene un marketing que no posee ninguna otra publicación opositora. Ni dentro ni fuera de la isla. La competencia es sana, pero cuando todos cuentan con las mismas posibilidades.

El ego exagerado de Yoani, que incomoda a tantos en Cuba y en el exilio, suele infundir falsas expectativas. Según Yoani, su meta no es hacer otro periódico, sino el mejor periódico.

Sus deslices y amnesia a la hora del recuento sobre el periodismo independiente, soslayando a reporteros que llevan más de 20 años en el oficio, le ha granjeado antipatías y enemigos, que se pudieron evitar con humildad y diplomacia.

Yoani es una competidora feroz. Eso es positivo. Pero también es muy ingenua. Debo recordarle que ella vive en Cuba. Y es imposible editar desde La Habana un periódico comercial mientras exista un régimen como el actual.

¿Cómo generará ganancias? Gústenos o no, cualquier publicación disidente que se hace en Cuba está subvencionada por instituciones foráneas, no gubernamentales o particulares.

No queda otra. Hasta que la autocracia verde olivo sea historia antigua y en el país se instaure una democracia, no existirá una prensa privada que pueda utilizar las reglas del juego del negocio informativo en el mundo moderno.

Intentar vender el nuevo medio como anticastrista es un argumento que raya con la tontería. Se debe tener los pies en la tierra. Cuando un puñado de mujeres y hombres, a riesgo de ser encarcelados, desafían la censura informativa diseñada por dos autócratas que llevan 55 años en el poder, es porque apuestan por una narrativa diferente, amena y libre. Sin censuras ni autocensuras.

El enemigo son los Castro. Y Yoani Sánchez debe asumirlo periodísticamente. Hay momentos en la vida que las personas deben definirse. La ambigüedad alimenta la desconfianza.

También ignorar y menospreciar a los otros. Hace un mes llamé a Reinaldo Escobar, su esposo y editor de 14ymedio, para que me comentara y ofreciera detalles del nuevo diario.
Solo recibí argumentos evasivos y la promesa de que me llamaría antes que saliera el primer número. No cumplió su palabra. Muchas preguntas quedaron sin respuestas.

14ymedio tiene dos opciones: flotar en su órbita particular, desconociendo a otros, o sumando.

Si logran apartar el ego e imponer la profesionalidad, tolerancia, creatividad y pluralismo, podrían pensar en cimentar un futuro diario democrático, como fue Cambio 16 en España. De lo contrario, ese autoritarismo generado en un sector de la disidencia, los conducirá al fracaso.

Personalmente deseo que triunfen. Pero me temo que van a tener que dar un vuelco de 180 grados en sus métodos. El rencor, la poca transparencia y las intrigas personales deben dejarlas de lado.