Mega devaluación y bendición papal

En medio de ‘guarimbas’ y ‘trancazos’ (cortes de calles y barricadas) y conspiraciones, el gobierno chavista acabó anunciando una devaluación de la moneda que es, a la vez, descomunal y ambigua, y que echará más leña a la caldera de la crisis. En realidad, se ha creado un nuevo mercado de cambios, que debutó con una cotización de 55 bolívares por dólar, que contrasta con los 6 y 11 bs de los otros mercados oficiales y con los 80 bs del mercado negro. De 0,09 dólares se pasó a 0,045 dólares por bolívar -una devaluación del 50 por ciento. No es claro todavía qué rubros del comercio exterior podrán ser transados en este nuevo mercado, pero seguramente abarcará una gran parte de la importación, con un impacto descomunal sobre los precios, cuando la inflación alcanza un 55% anual. Por otro lado, el nuevo mercado habilita la compra y venta de divisas, lo cual estaba prohibido, de modo que ya ha acaparado una buena parte de las transacciones que se hacían en negro -el paralelo cayó a 70 bs. De ahora en más, se podrán comprar títulos públicos en dólares con bolívares, que luego podrán revendidos en Nueva York. Este mecanismo permite la salida de capitales por medio de una deuda pública mayor.

La megadevaluación enfrenta al gobierno con su verdadero espectro: el descontento y la rebelión de las masas chavistas. El nuevo mercado ofrece al principal exportador de Venezuela, la petrolera PDVSA, la posibilidad de sacar una mejor tajada de sus dólares, pero esto significa, al mismo tiempo, financiar la fuga de capitales con los ingresos que PDVSA necesita para pagar su deuda y financiar sus inversiones. De acuerdo a numerosos analistas, la deuda de PDVSA es sencillamente enorme, en especial con China y con las empresas que le brindan servicios tecnológicos o realizan operaciones periféricas. PDVSA financia los grandes planes sociales del gobierno, incluso es ella misma la que se hace cargo de ellos en muchos casos. Luego de la gran batalla de 2002 con la oligarquía local por la dirección de la petrolera estatal, se vuelve a plantear ahora la redefinición de su destino. En la mesa de la crisis, luego de la devaluación se plantea un aumento del precio interno del petróleo que, según algunos, podría ser fatal. PDVSA es la propietaria formal de la cuenca del Orinoco, el mayor reservorio mundial de petróleo, la que para explotar en asociación con capitales extranjeros requiere un saneamiento (traumático) de sus finanzas. La pelea por PDVSA pondrá en juego la situación de los obreros del petróleo.

La inminencia de esta crisis ha sido el factor más importante en la decisión de una fracción de la oposición de proceder a un planteo golpista, con la consigna explícita de “la salida está en las calles”. No es solamente el golpismo opositor quien se ha lanzado a llenar el vacío político que deja planteada la crisis en un país donde la carestía y el desabastecimiento crecen con desmesura. También tomó la posta el núcleo fundamental de la burguesía venezolana, aunque con una línea diferente. El pulpo de las comunicaciones -Gustavo Cisneros, de DirecTv- y el de la alimentación -Polar, a cargo de Mario Mendoza- se han delimitado del golpismo, para impulsar una mediación papal. Cisneros, un amigo íntimo de George Bush, llegó hace tiempo a un arreglo con el propio Hugo Chávez, lo cual le ahorró las incomodidades que sufrieran Caracas RTV y Globovisión. Este conspicuo representante del capital internacional acaba de abandonar su perfil político bajo para publicar en el Financial Times, El País y La Nación, entre muchos otros, una caracterización terminal de la crisis venezolana.

Sobre la base de este diagnóstico reclamó la intervención del Vaticano, la cual presenta como la última carta o recurso para una salida política. Cisneros no recibió hasta ahora la réplica combativa que el chavismo propina a sus opositores; al contrario, el gobierno ha iniciado una serie de “conferencias de paz”, en cuya versión económica incorpora al grupo Cisneros, a Polar y a Fedecámaras -la entidad que piloteó el golpe de 2002. Los empresarios se han distanciado de las ‘guarimbas’, pero no de sus objetivos; en esas conferencias han exigido la devaluación, con un éxito todavía a medias; una liquidación de la protección legal del empleo y una salida para la crisis de PDVSA.

Es muy probable que la convocatoria papal de Cisneros ya contara con un visto bueno del Papa nacional y popular, pero lo cierto es que se abrió camino a toda velocidad, y el ex nuncio en Venezuela, Parolín, se declaró dispuesto a ejercer el oficio. La agenda de la mediación está cargada de cuestiones estratégicas, toda vez que la oposición exige la independencia del Poder Judicial -un callejón que no tiene salida, además, claro, de la libertad de los presos. Maduro solamente ha aceptado esa mediación en apariencia, pues la limita a una condición de “testigo” de conversaciones entre el oficialismo y la oposición, sin ninguna condición previa. Los “amigos” de la Unasur también han ejercido acciones mediadoras, lo cual coloca en el mismo plano al gobierno legal con la oposición que pretende, explícita o implícitamente, acortar el mandato del chavismo. Las “conferencias de paz” con la gran burguesía denuncian la búsqueda de una salida ajena a las masas explotadas de Venezuela.

El movimiento obrero no parece advertir la dirección que están tomando los acontecimientos; reina una enorme confusión. Marea Socialista, un agrupamiento que encabeza Stalin Pérez, se queja por la ausencia de una representación obrera en las “conferencias de paz”, es decir que sigue llevado de las narices por el chavismo. La crisis que enfrenta Venezuela, de proporciones históricas, recién comienza.

El Frente de Izquierda canta victoria

¿Existe algún vinculo entre el desarrollo de la huelga docente y las elecciones municipales de Mendoza capital? Solamente si se captura esa relación se puede caracterizar el fenómeno político que se desarrolla en el país desde hace unos años. Es un hecho objetivo que la huelga docente doblegó la decisión de imponer un convenio en los términos que convienen a la política de devaluación, tarifazo y reendeudamiento estéril que ha emprendido el gobierno nacional. Esta lucha ha sido traducción práctica de lo que significa el ascenso de la izquierda en el sindicalismo docente. La derrota del oficialismo por parte de los docentes dejó instalada, en la crisis política presente, la metodología de la huelga general.

En Mendoza, por su lado, esta lucha ha adquirido también una gran amplitud. Además de los docentes, se encuentran movilizados los empleados de la administración pública, los judiciales y los trabajadores de prensa. Con este marco, avanza la formación de una lista amplia de la izquierda, con posibilidades de ganar la dirección de la CTA de la provincia a mediados de año. Es, por lo tanto, en el marco de un avance de la lucha de los trabajadores y de la continua inserción social y política de la izquierda entre estos trabajadores, que el Frente de Izquierda ha ratificado, el domingo pasado, la gran votación que recogió en octubre de 2013, cuando consagró un diputado nacional. El ingreso de una concejala del Frente de Izquierda es la expresión del avance de una correlación política históricamente diferente en Argentina.

Es un nuevo golpe a la tesis caprichosa de que el ascenso de la izquierda es un fenómeno episódico y a los que se consuelan con que seríamos beneficiarios de un voto castigo. Para que se diera esta variante, el Frente de Izquierda y el Partido Obrero deberían ser, ellos mismos, una construcción fugaz, algo que refutan una historia de luchas reales y de creciente inserción en el movimiento obrero y la juventud. La misma conjetura se tejió para el Partido Obrero de Salta, cuando obtuvo su primer legislador en 2001; en octubre pasado le ganamos al peronismo en la capital por trece puntos.

Los resultados del domingo pasado, en Mendoza, parecen haber satisfecho a todos los contrincantes. La UCR, porque ganó; el PRO-PD, porque salió segundo; y hasta los K, el partido oficial, contentos por la diferencia de 140 votos que le sacaron al Frente de Izquierda. ¡Qué ilusión! La UCR perdió como en la guerra, unos 17,5 puntos, para mayor desgracia para las aspiraciones de Cobos, y aun más para su aliado Fayad, un radical K, castigado en su doble condición. El macrismo chupó los votos radicales, en lo que equivale a una rotación del electorado entre fuerzas de la misma naturaleza social – esto porque los ‘gansos’ mendocinos representan a una burguesía venida a menos, sin el apoyo (todavía) de los pulpos mineros que merodean Mendoza. El gobierno de Paco Pérez ha perdido hasta el respeto del electorado. Que el partido de CFK se solace por un ‘empate técnico’ con nosotros, habla por sí solo.

Argentina atraviesa una transición política marcada por una crisis severa. Los resultados electorales definen los campos en lucha. En esencia, tenemos un oficialismo en retirada completa, desesperado por complacer al capital financiero, y una oposición de dirigentes y contenido capitalista, que no ha ofrecido todavía un programa alternativo, ni ha creado un polo de atracción. Que la izquierda realmente socialista avance en el plano electoral y de las luchas constituye un cambio estratégico en la historia nacional. La transición política tiende a convertirse en una transición histórica.

El garantismo senil

El intento de reformar el Código Penal data del año 2012, cuando el kirchnerismo todavía se aferraba a “Cristina eterna”; ahora se trata del “legado” que pretende dejar una década de “puras ganancias”. El anteproyecto fue consensuado con la UCR y hasta con el PRO, y también pasó por el cedazo de la Iglesia.

Este producto tardío es, antes que nada, el canto del cisne del garantismo. Predicado, por un lado, como un refuerzo de los derechos del ciudadano ante las arbitrariedades y “armados” de las fuerzas de represión y, por el otro, como sustituto de la pena o el castigo por la reeducación y la reinserción social, el garantismo choca con todas las tendencias reaccionarias que caracterizan al capitalismo en descomposición. De una parte, choca con el incremento de la violencia social y política, como se manifiesta en el crecimiento de las guerras de opresión, en la multiplicación de los crímenes de guerra y en el desarrollo del delito y del crimen organizado; de otra parte, con el crecimiento de los aparatos del Estado que operan en las sombras y por el despotismo en aumento de los que tienen legalidad constitucional. Los bombardeos a Serbia, Irak, Afganistán, Libia, Sudán, por caso, o la cárcel de Guantánamo y las cárceles clandestinas de la CIA, son la metáfora del derecho moderno. Existe una Corte Penal Internacional que avala todos los delitos que comete la democracia, en nombre, o no, de la lucha contra el terrorismo. La Corte norteamericana ha avalado la tortura y la jurisdicción de la justicia militar para civiles, o sea que ha consagrado el estado de excepción. En Argentina, esa metáfora está representada por la ley antiterrorista, el espionaje X, las torturas en las comisarías, el gatillo fácil y la desaparición (trata) de personas. El código de Zaffaroni sería una especie de cortina de humo del espionaje de Milani.

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El alcance de la crisis de Ucrania

Hace dos semanas, en la noche del viernes 28, se creó la impresión de que se había llegado a un acuerdo para superar la crisis en Ucrania, que desde el noviembre previo había reunido una multitud en la plaza principal de Kiev, la capital del país. “Es esto o la ley marcial”, advirtió el ministro de Exteriores, Sikorski, uno de los tres miembros de la delegación de la Unión Europea. Se refería al acuerdo alcanzado con el gobierno y el parlamento de Ucrania, por un lado, y Rusia, por el otro, para formar un gobierno de unidad nacional y convocar a elecciones presidenciales para diciembre. La coincidencia debía ser rubricada por la desmovilización de la multitud.

Demasiado bueno para ser cierto, el acuerdo no sobrevivió a su sola enunciación. Sea por responsabilidad de la represión, que comenzó a meter bala a los manifestantes; sea por la acción mortal de francotiradores, que podrían obedecer a las fuerzas de seguridad o a los grupos armados de la derecha (declaradamente fascistas y antisemitas) que controlaban la plaza; sea porque el hilo del paquete tenía muchas hilachas; sea por una combinación de estos factores, el acuerdo capotó a la velocidad de la luz. No llegó a la madrugada del sábado. La plaza lo rechazó y lo mismo hizo el presidente en funciones, Viktor Yanukovich, que eligió repudiarlo con una huida. Enseguida el orden público pasó al control de las organizaciones establecidas en la plaza, ante el repliegue de las fuerzas de seguridad. El gobierno provisional reunido para la ocasión no tiene autoridad ni en la residencia del gobierno.

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Venezuela: golpismo gorila y autogolpe chavista

En menos de diez semanas el chavismo pasó de la victoria electoral en las elecciones municipales a una crisis política, cuyo desarrollo lleva inevitablemente un cambio de régimen político; ni el oficialismo puede seguir gobernando en los términos que lo venía haciendo, ni la oposición encuentra una metodología que la mantenga unificada. Ocurre que la desorganización económica ha alcanzado proporciones gigantescas, que borran en la práctica el alcance de aquellas elecciones, cuando la oposición fracasó en el propósito de convertirlas en un plebiscito que produjera una caída del gobierno. Se ha creado un impasse gigantesco en su conjunto. El gobierno triunfante es incapaz de detener la marcha implacable del derrumbe de la economía y la irrupción consiguiente de un estallido social, mientras a la oposición acicateada por este derrumbe social viene de una derrota político-electoral, que ha acentuado la división en sus filas. El desabastecimiento alcanza al 30% de la oferta de productos y la industria y las importaciones se paralizan como consecuencia de una situación cambiaria terminal, porque el gobierno no puede ofrecer divisas a los tipos de cambio legales, porque provocaría una hemorragia financiera por la vía del mercado paralelo.

El inmovilismo del gobierno ha sido explotado por el ala derecha de la oposición, que entiende que no hay margen para esperar a la convocatoria de un referendo revocatorio del presidente Nicolás Maduro, en 2016, cuando lo habilita la Constitución. Esta vieja fracción de derecha de la oposición gorila ha desechado la tesis del jefe de la oposición, Henrique Capriles, para quien no hay posibilidad de inclinar la balanza política en la calle, en tanto no se produzca una deserción de la masa de la población que sigue respaldando al chavismo. Las movilizaciones que comenzaron a principios de febrero, a partir del agravamiento de la inseguridad en los ‘campus’ universitarios donde prevalece el movimiento estudiantil opositor, le ha dado la razón a todo el mundo: el inmovilismo del gobierno ha creado una situación explosiva; el ritmo de la crisis no habilita una posición de espera; la oposición no ha ganado para su campo a la masa chavista; el gobierno responde con un aparato de represión legal y paralegal, que muestra el vaciamiento de su base popular.

Como ocurre en una posición de ‘zugzwang’, en el ajedrez, no se puede mover ninguna pieza. De ahí que se ofrezcan salidas bizarras, como la del teórico del ‘socialismo del siglo XXIHanz Dietrich, que ha llamado a formar un gobierno de coalición con Capriles, o la propiciar una mediación internacional. La posibilidad de un golpe gorila está fuera del radar, por más que la invoquen D’Elia o el ex vicerrector de Schuberoff, Atilio Borón, porque las armas las tienen las fuerzas armadas controladas por el chavismo y porque Obama tampoco lo impulsa. Al gobierno norteamericano le interesa, en primer lugar, que el presidente colombiano Juan Manuel Santos sea reelecto y que prosiga la negociación de paz con las FARC. El triángulo del golpismo gorila está formado por el ahora detenido Leopoldo López, por el paramilitar colombiano Álvaro Uribe y por los fascistas norteamericanos del Tea Party. Se trata de un menú indigesto incluso para la burguesía mundial y los principales gobiernos imperialistas. Quienes están obligados a impedir que la situación venezolana degenere son, especialmente, Cuba, Brasil, Argentina y, en última instancia, Colombia. Raúl Castro y Dilma Roussef no solamente tienen un punto de encuentro en las crecientes inversiones brasileñas (constructoras, petroleras) en Cuba sino en los gobiernos de El Salvador y Nicaragua, que deben bastante a la maquinaria electoral que Brasil viene usando con éxito en diversos países.

Las alternativas que podría negociar el tándem lulo-castrista son, sin embargo, limitadas. Venezuela enfrenta una crisis económica y social fuera de lo corriente. El ‘ajuste’ que plantea su desequilibrio financiero es enorme; Venezuela necesitaría un gran financiamiento internacional, que estaría condicionado a que su gobierno ponga un freno brutal al sistema de planes sociales. El ‘ajuste’ se convertiría en un ‘harakiri’ para el chavismo; sería incompatible con el gobierno y el régimen político vigentes. Una posibilidad de golpismo oficial retomaría una alternativa ya mentada en la prensa internacional en el pasado reciente, o sea la de un gobierno transicional de militares chavistas, encargado de una normalización política. Sería una especie de golpe de Jaruzelski, el militar polaco ‘comunista’ y ‘prosoviético’ que presidió, precisamente por eso, la transición de Polonia al capitalismo y a la OTAN. La oposición gorila lo recibiría con un gran repudio, por supuesto, pero por sobre todo con una aún mayor expectativa, porque un golpe de esa característica habría minado en forma irreversible la autoridad histórica del movimiento bolivariano. D’Elia y Borón saludarían con regocijo, en un caso así, lo que, en su ignorancia, sería el sepulcro del chavismo.

La perorata ‘cristinista’ de que “los extremos se juntan” podría encontrar en Venezuela una confirmación inédita, pues las marchas opositoras, con un definido propósito golpista, solamente podrían materializarse en el caso de que el propio chavismo oficialice un estado de excepción, o sea de arbitrariedad estatal. Las reivindicaciones estudiantiles opositoras son justas; es lamentable que no las hayan levantado, en Venezuela, las juventudes ‘socialistas’, como en Argentina sí las levanta la FUBA –y priva, de paso, a la derecha de un arma de demagogia popular. Nos referimos a las movilizaciones contra las violaciones, intentos de secuestros y secuestros efectivos de universitarias, atropellos criminales que cuentan, en Argentina, con complicidad policial. Lo mismo vale para la lucha contra el desabastecimiento y contra la carestía o contra el enriquecimiento descomunal de los capitalistas amigos y los sobreprecios de obras públicas. Pero, al revés de lo que ocurre en Argentina, en Venezuela, este movimiento tiene una dirección política de derecha y definidamente golpista. Esto es lo que importa a la hora de su caracterización. Al mismo tiempo, la represión criminal por parte de grupos chavista paralelos, que son designados como “colectivos”, con la complicidad del poder político, pone al desnudo una tendencia reaccionaria y fascistizante del oficialismo, cuya implicancia política es apuntalar la tendencia a la instauración de una dictadura. Las conspiraciones que impulsa la derecha, valiéndose de una demagogia democrática y popular, deben ser combatidas en primer lugar con la movilización de masas y, por sobre todo, con el pasaje del poder político y la estructura social a los trabajadores, a la clase obrera. Venezuela está gobernada por una camarilla política y económica y por la llamada ‘boliburguesía’.

Fruto de la crisis se están desarrollando movilizaciones obreras, por ejemplo en la industria automotriz, en este caso encabezadas por la UNT, dirigida por el chavismo. Los trabajadores exigen la nacionalización de la industria para asegurar los puestos de trabajo. Se trata, sin embargo, de una reivindicación insuficiente, esto a partir del fracaso impresionante de las nacionalizaciones chavistas, que han colaborado con el derrumbe industrial. Lo que importa es el control y la gestión obrera colectiva de la economía nacionalizada, lo cual implica un gobierno de trabajadores. Aun con estas limitaciones, ante las protestas patronales, tanto el poder judicial como la guardia nacional intervinieron contra los trabajadores. La burocracia sindical movilizó el domingo pasado a los trabajadores petroleros y automotrices para apoyar al gobierno. Un sector minoritario encabezado por dirigentes petroleros clasistas rechazó esta cooptación y convocó a un Encuentro Nacional Sindical y Popular de Sectores en Lucha para discutir un Plan Económico y Social de Emergencia y un plan de movilización nacional en defensa de los derechos de los trabajadores y el pueblo. El problema de la independencia política del movimiento obrero sigue siendo el problema fundamental de la situación política venezolana.

Los últimos cartuchos

La resolución del Banco Central de que los bancos debían vender los dólares que excedieran el 30% de su patrimonio neto, logró estabilizar la corrida contra el peso, pero no alteró la tendencia devaluacionista y un probable ‘defol’. En realidad, ha reforzado esa tendencia, porque acumula contradicciones considerablemente mayores a las existentes. El Rodrigazo, en 1975, que es citado como antecedente con una mayor frecuencia, tampoco fue un estallido único -el pico más alto de la crisis, en aquella etapa, fue alcanzado en noviembre de ese año y en febrero de 1976. Si se considera los beneficios colosales que la resolución del Banco Central ofrece a los bancos, es llamativo que no hubiera producido una caída mayor del dólar paralelo que se negocia en la Bolsa. Se trata de una manifestación de que la tendencia de fondo no ha cambiado. El desenlace político de la crisis, o sea el adelantamiento de las elecciones, también se ha tomado un respiro, pero solamente para ajustar en forma más precisa su mecanismo. La corrida contra el peso y el acortamiento del mandato K, van por rieles paralelos.

Negociado

La calificación como propios de los dólares en poder de los bancos locales, es un eufemismo. Esos dólares no fueron aportados desde el exterior sino comprados en el mercado local con dinero de los depositantes. Los bancos embolsaron una devaluación del 40% tomando dinero de sus clientes al 11/15 por ciento. Varios bancos llegaron a acumular dólares por hasta un 150% de su patrimonio neto. El gobierno encubrió este negociado hasta sus últimos límites, o sea cuando ya no tenía otro recurso que ordenar su venta para evitar el derrumbe. Para eso, antes devaluó el peso a 8 por dólar, concretando el beneficio de la devaluación para los bancos. Estableció, asimismo, una remuneración del 30% anual para los pesos obtenidos de la venta de dólares que los bancos depositan en el Banco Central -el doble de la tasa promedio que rigió en 2013. Para cerrar el esquema, el Banco Central vende contratos de dólar futuro a un tipo de cambio similar al de contado, lo cual convierte a la tasa de interés en pesos en una tasa en dólares. Un 30% en dólares es sinónimo de usura. Por último, pero no menos importante, los bancos venderán por tramos los 4.000 millones de dólares que fueron acumulando con dinero ajeno, ante la vista y paciencia del Banco Central, a la cotización del dólar Bolsa, que no es de ocho pesos sino que supera los diez pesos.

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La Patrie en Danger

Los intelectuales del kirchnerismo se jactaron alguna vez de la capacidad del gobierno para “construir poder”. Contraponían alegres este oportunismo corrupto contra el principismo político de la izquierda, que asienta su estrategia en categorías históricas. La taba, sin embargo, parece haberse dado vuelta, dialécticamente, digamos, porque la quinceava Carta Abierta se lamenta ahora de que el kirchnerismo es víctima del poder de las corporaciones que él mismo albergó ‘a paladas’ en la década remanida. Los K devalúan el peso, dice Carta Abierta, contra su propia voluntad, como si el contratiempo cambiara en algo su carácter social regresivo. ¿Qué dirán entonces de la revalorización que registra el peso en estos días como consecuencia de la resolución del Banco Central kirchnerista para que la banca local venda la mayor parte su tenencia de cuatro mil millones de dólares al tipo de cambio Bolsa? (11/12 pesos, que compró con la plata de sus depositantes, para realizar un beneficio extraordinario y encima invertirlo al 30% anual con un seguro de cambio que le garantiza una paridad con el dólar).

El famoso poder que se construyó con cooptaciones y sin considerar los prontuarios políticos y judiciales, se ha ‘deconstruido’. ¿Se dan cuenta estos pensadores de que con la caracterización de que el poder pasó a las ‘corpos’ están alentando ‘simbólicamente’ el derrocamiento de su propio gobierno? Un gobierno que no gobierna es una contradicción en sus términos. Hasta hace poco los K se jactaban de que haber impuesto la soberanía de la política sobre el interés particular, ahora lamentan que diez años de política haya devuelto el poder al llamado ‘poder concentrado’; los K se pasan de bando. El discurso de los intelectuales K derrama derrotismo. La patria está en peligro es el documento cobarde de un grupo de capituladores. Hasta el encabezamiento del texto es una farsa: en lugar de un slogan gaucho esgrimen una consigna afrancesada, la de las insurrecciones populares, en Francia, entre 1791 y 1793, que convocaban al armamento del pueblo bajo el llamado de la Patrie en Danger. Los filósofos que supimos conseguir no convocan, sin embargo, a ningún levantamiento popular, solo a establecer una Junta Nacional de Granos (justo cuando el precio de la soja está en caída). Jorge Abelardo Ramos, él mismo un nacionalista que recaló en el menemismo, ironizó una vez que allí donde la burguesía francesa había estampado los derechos del hombre y del ciudadano, la de Argentina se trenzaba por las alícuotas de importación.

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La apología oficial de la “maquila”

En una de las últimas emisiones del programa “6-7-8″, Roberto Felleti, economista y diputado oficialista, dedicó buena parte de su intervención a atacar el señalamiento del periodista Ismael Bermúdez acerca de que la industria automotriz en Argentina es una armaduría de partes extranjeras. Los punteros oficialistas están lanzados a una campaña contra Bermúdez y Altamira, con falsificaciones y arbitrariedades. Les preocupa menos el Club de París o los especuladores que se quedan con el patrimonio de la Anses. Después de batir el parche acerca de que la emisión de moneda para pagar la deuda externa y los subsidios a los capitalistas, no es inflacionaria, y que quienes afirman lo contrario son indiscriminadamente ‘neoliberales’, se han llamado a silencio ante la brutalidad de la suba de las tasas de interés del Banco Central para absorber moneda en circulación, a cambio de un beneficio usurario monumental para los bancos.

Quien esto escribe, en columnas en Perfil y Clarín, y Bermúdez, en Mitre, coincidieron en caracterizar que la industria automotriz y la electrónica son armadurías o ensambladoras de partes importadas, que dejan un balance negativo de divisas, que se agravará considerablemente como consecuencia de la mega devaluación. La participación de autopartes producidas en el país no llega al 25%. El déficit de balanza comercial de la industria llegó a los 35.000 millones de dólares en 2013. Felleti acusó a Bermúdez de pretender el desmantelamiento de estas industrias, para que el excedente comercial de la soja quede en manos de la oligarquía agrario-cerealera. Es claro que, para Felleti, ese excedente de divisas (una vez remuneradas las sojeras y las cerealeras) debe ir a manos de GM, Fiat, VW, Ford, Renault o Toyota. Ocurre que, precisamente, debido, entre otros factores, a esta transferencia parasitaria de divisas, el gobierno ha procedido a una megadevaluación del peso, que ya es del 40%, lo cual significa una desvalorización equivalente del patrimonio nacional, en especial de la fuerza de trabajo (y los jubilados).

La apología de la maquila industrial, asocia a Felleti al desarrollismo de Frondizi-Frigerio-Alsogaray-Martínez de Hoz (1959-1962), una cría de ‘Libertadora’, cuya seudoindustrialización provocó, en solamente dos años, una grave crisis de balance de pagos, debido al déficit comercial, el pago de regalías y la remisión de utilidades al exterior. Estas crisis produjeron, a su vez, despidos y un aumento tendencial de la tasa de desocupación. El parasitismo de los regímenes de subsidio a la electrónica y productos digitales fue denunciado hasta por Horacio Verbitsky; la industria automotriz ha recibido del gobierno K adelantos de capital y el pago de la mitad de los salarios. La burguesía nativa y sus representantes políticos e intelectuales han sido incapaces de formular una vía para industrializar a Argentina. Por eso ocultan que la megadevaluación acentuará el desequilibrio comercial o, en su defecto, desatará despidos masivos en la industria.

El armado de partes, maquila, es el método de superexplotación nacional que el capital internacional ha impuesto a numerosos países periféricos, como ocurre con México, Centroamérica y Asia. Es precisamente la ‘tercerización’ industrial del capitalismo ‘neoliberal’.

La posición de Felleti es tan grosera, que desmiente a su tutor, Aldo Ferrer: “La causa principal de la restricción externa, dice Ferrer (BAE, 23/1), es la creciente brecha en el comercio internacional de manufacturas (…), particularmente (sic) en las autopartes, el complejo electrónico, los bienes de capital y el sector químico”. Ferrer destaca “la subindustrialización y la débil participación en el proceso innovativo de la industria argentina”. El lamento de Ferrer es tardío, incluso porque ya hacía de las suyas como ‘joven frondicista’.

El ataque de Felleti y los punteros televisivos K es, de todos modos, una maniobra de distracción. Estos energúmenos han salido a defender el ajuste, la mega devaluación, las tasas de interés usurarias, el entreguismo a las petroleras y el sometimiento a los usureros internacionales, que cobrarán 4.000 millones de dólares en 2014 por la reestructuración ruinosa de la deuda externa por parte de Kirchner-Lavagna-Nielsen, y por la falsificación de las estadísticas de producto interno bruto.

Llegó el rodrigazo

Para que el Banco Central se retire del mercado de cambios y deje que el peso se devalúe a cerca de nueve pesos el dólar, no hace falta que ‘nos audite’ el FMI  y/o que Argentina deba someterse a sus dictados. Es más de lo que el FMI hubiera “recomendado”. La lógica de este golpe monetario es ir a la liberación cambiaria. Se ha confirmado, de este modo, un pronóstico que realicé en 2012, en Prensa Obrera y en Perfil. Debido a esta previsión, Roberto Lavagna me mentó como desestabilizador en una columna destacada de Clarín. La megadevaluación tiene lugar un día después de que el Club de París le bajara el pulgar a Kicillof, como advertí ayer en un comunicado, cuando el ‘soviético’ intentaba obtener del Club un salvoconducto para emitir deuda internacional sin pasar por el rodrigazo. La megadevaluación deja planteado un naftazo, para mantener en vigencia los acuerdos con Chevron y reducir la factura de la importación de energía. Constituye, asimismo, una sacudida para los Tesoros de las provincias, que tomaron deuda con el sistema del ‘dólar-linked’. “Les jeux son faits”. Al verano nacional y popular le ha caído el rayo del naufragio económico.

Los voceros del oficialismo enfrentaban hasta ahora el desmadre de la situación financiera repitiendo los lugares comunes que ensayaron durante toda la ‘década’. El gobierno respondió a ‘los golpes de mercado’ con concesiones inauditas, como lo es el remate de los títulos públicos en poder de la Anses en beneficio de los ‘operadores’ privados, o simplemente de las reservas del Banco Central. El ‘desendeudamiento’, que consistió en pagar a los acreedores privados hipotecando los recursos previsionales y el patrimonio del Banco Central, cede lugar al ‘reendeudamiento’ con esos mismos acreedores internacionales. Por la vía de ‘trascendidos’ se desprende que el gobierno se encuentra a la espera del ingreso de dólares de la cosecha de soja, mientras ignora que buena parte de la cosecha precedente sigue retenida a la espera de una desvalorización cada vez mayor del peso. Los K han instaurado un cuádruple mercado cambiario -el comercial, el bursátil, el del turismo y el negro- sin ningún beneficio pero con todas sus desventajas. Desde los malogrados Cedines y Baades, los ‘economistas’ K no dan pie con bola: a pesar de la devaluación acelerada en todos los mercados, no ingresa un ‘verde’ ni en pleno verano. La devaluación oficial y la carestía se retroalimentan; la nafta aumenta sin pausa. La intención frustrada de tasar el llamado impuesto a la riqueza a precios de mercado o el cercenamiento a las compras al exterior por internet muestran a una gestión desesperada y sin rumbo.

Los fondos internacionales han advertido una posibilidad de cesación de pagos o colapso financiero cuando comenzaron a vender deuda argentina a pesar de las ventajas que representa la desvalorización de los activos del país. El ‘desinterés’ del Club de París por la gestión apresurada del ministro Kicillof, fue, como dije ayer en un texto, el “último paso de un gobierno a los tumbos” -y no “le premier pas” de una negociación larga, como anunciaba en tapa Página 12. Kicillof pretendía que el Club de París acompañara la intención de Argentina de reanudar la emisión de deuda internacional, sin la condición previa de un plan de ajuste devaluatorio.  El propósito de delegar la gestión de gobierno en una parte del aparato justicialista, a partir de la expulsión de Moreno y la designación de Capitanich, quedó en el recuerdo. El inmovilismo oficial aleja todos los días al 2015 como el plazo de un recambio político.

El llamado ‘campo opositor’ ya ha tomado nota de la situación límite que se ha creado. Rodolfo Terragno advierte, en sus columnas de prensa, la necesidad de modificar la ley de acefalía, mientras Rodolfo Barra, ‘supremo’ de Menem, reaparece para proponer la designación de un jefe de gabinete pactado con el Congreso. Curiosamente, el único viable en  la línea sucesoria, Julián Dominguez, el presidente de la Cámara de Diputados, ha recibido el apoyo casi unánime de los bloques parlamentarios (con la excepción del Frente de Izquierda) y al mismo tiempo el del Papa, para la discusión de la reforma del Código Civil. En lo que hace a la economía, el planteo ya está lanzado: devaluación, con o sin desdoblamiento cambiario;  un fuerte aumento de la tasa de interés para retener en el país los dólares de la exportación de soja; un fuerte ajuste de los gastos sociales. La convocatoria de Moyano y Barrionuevo a Scioli, Massa y De la Sota muestra que hay una agenda para adelantar la salida presidencial y, al mismo tiempo, deja en evidencia la falta de homogeneidad entre los interlocutores. La ‘oposición’ -todos vienen del oficialismo- vacila en dar el paso decisivo. La solicitada de la CGT moyanista convoca a “romper este círculo maldito” en 2014.

La retirada estratégica concebida por el kirchnerismo, luego de la derrota electoral, o sea el copamiento del poder judicial para cuidar sus huesos y sus cajas, ha sido superada por la velocidad de la crisis. Nada deja más claro el retraso político del gobierno que el desgaste que ha sufrido la aplicación de la Ley de Medios, que ya no interesa para contener a Clarín sino para resolver las incompatibilidades legales de los medios afines. Incluso la expectativa de que el nombramiento de César Milani sirva como un escudo protector del gobierno en caso de crisis, está superada. El nuevo jefe del Ejército se pondrá al servicio de quienes reúnan la masa crítica de poder. Scioli y Macri ya reivindican, como el mismo gobierno, un rol de represión interior para las fuerzas armadas, bajo el pretexto de las operaciones relacionadas con el narcotráfico.

En el marco de este impasse explosivo, las inquietudes se multiplican entre los trabajadores por la crisis inflacionaria y por un conjunto de motivos: despidos, reclamos salariales, cortes de luz; crisis de salud, educación y vivienda; crisis provinciales; trata de personas. La salida para estas inquietudes no podría estar contenida en la exclusiva reivindicación de paritarias sin techos, como abogan de palabra la mayoría de los dirigentes sindicales. El destino de las paritarias será determinado por la marcha de la crisis; ya son parte de la crisis política. En resumen, las reivindicaciones populares necesitan un marco estratégico, en especial cuando se confronta una implosión del gobierno, por un lado, y una conspiración política de una parte decisiva de la oposición, por el otro.

Los trabajadores, cuyos intereses son antagónicos con el desmadre inflacionario como con el ajuste que se impulsa como alternativa, necesitan una política propia, o sea independiente de ambos bloques capitalistas. La prohibición de los despidos; el ajuste de los salarios y jubilaciones por la inflación; el salario mínimo de nueve mil pesos, en conformidad con el costo de la canasta familiar, y una jubilación del 82% móvil; estas reivindicaciones deben ser parte de un plan de salida conjunto de los trabajadores. Hay en marcha un plan de entrega completa de los hidrocarburos a los Chevron y una tentativa de pagar resarcimientos e indemnizaciones a petroleras como Repsol y a fondos especulativos, con más deuda externa. Luego de cincuenta años de estrangulamiento financiero, la deuda pública, inflada hasta el extremo como consecuencia del pago de la deuda externa con fondos de la Anses y el Banco Central, debe ser debatida por el conjunto de los trabajadores. En definitiva, la inminencia de una nueva crisis de poder y de un nuevo colapso económico, plantea la convocatoria de un congreso de trabajadores, con delegados mandatados por asambleas de sus lugares de trabajo, para impulsar un plan de lucha y un programa económico y político alternativo de la clase obrera.

El ascenso de la izquierda

N. de E.: El presente artículo fue escrito en colaboración con Gabriel Solano (@solanopo), dirigente del Partido Obrero y candidato a diputado nacional por el Frente de Izquierda.

 

En el lapso de apenas dos años, el Frente de Izquierda pasó de medio millón de votos a casi un millón y medio, un crecimiento del 200 por ciento. Acabamos de conquistar el ingreso de un bloque de cuatro diputados nacionales y la instalación en numerosas legislaturas y concejos deliberantes. No lo logramos en calidad de fuerza democratizante, sino de frente revolucionario. En el piso superior de estos resultados, hemos derrotado en forma amplia al peronismo en la capital de Salta y establecido un empate a nivel de la provincia. Entre las PASO nacionales y las provinciales, hemos avanzado un 30%, y entre éstas y las finales otro 30% -con un salto inédito en el interior de la provincia. En el cuadro del desmoronamiento del peronismo en cuanto movimiento popular, estos resultados nos postulan como candidatos a desarrollar un nuevo movimiento popular en Argentina de carácter obrero y socialista. Se ha manifestado una rebelión popular que ha tenido como escenario la conciencia del proletariado más activo y de numerosos estratos medios. En la inmensa mayoría de las concentraciones obreras, duplicamos y triplicamos los promedios electorales obtenidos en los distritos. La consecuencia política más directa de estos resultados deberá ser un salto de calidad en el desarrollo del movimiento obrero. La política revolucionaria en el campo electoral se fusiona, de este modo, con el movimiento real de las clases explotadas. El domingo pasado se ha puesto de manifiesto la importancia de una estrategia y de un método. La unidad de la concepción política con el desarrollo práctico es la conquista fundamental de la experiencia que estamos atravesando. De aquí en más, esta praxis política deberá corporizarse en la unidad entre la acción parlamentaria de propaganda, por un lado, en una etapa de transición política (o sea, convulsiva) y la fusión de la izquierda revolucionaria con el movimiento obrero. El parlamentarismo, integrado a la totalidad de la propaganda socialista, deberá servir al desarrollo de la conciencia política de la clase obrera y a la educación revolucionaria de nuestros parlamentarios, en especial los más jóvenes, como tribunos y cuadros realmente socialistas.

Hemos consagrado un bloque de tres diputados del Frente de Izquierda en el Congreso Nacional, el cual se ampliará a cuatro cuando derrotemos el fraude escandaloso en Córdoba. Además, hemos quedado con legisladores en siete provincias. En distritos donde no se elegían cargos provinciales -como Neuquén, Santa Cruz o Río Negro-, nuestro crecimiento fue también notable. En la capital del Chaco, nuestra votación ha superado el 10% o más, pero si no hemos impuesto un diputado provincial, fue por el fraude descarado del oficialismo en el interior provincial. En Jujuy disputaremos, en el escrutinio definitivo, el ingreso de uno o dos legisladores provinciales. En la Ciudad de Buenos Aires crecimos, en relación con las PASO, un 35% y conquistamos un representante en la Legislatura. La derrota política parcial que implica no haber logrado el diputado nacional en este distrito, con toda su importancia, no modifica la curva del gran ascenso político de la izquierda revolucionaria.

Los resultados electorales zanjan la disputa entre la izquierda revolucionaria y la democratizante en el terreno preferido por ésta: las urnas. Por eso, su derrota es catastrófica. No solamente han quedado expuestas las diferencias de objetivos estratégicos y de métodos, sino también la contraposición completa de caracterizaciones sobre la naturaleza y alcances de la crisis mundial. En oposición a las recetas rutinarias del reformismo legislativo, ofrecimos al electorado una caracterización elaborada de esta crisis y sus perspectivas catastróficas en el plano económico-social, político e internacional. El catastrofismo sirvió para sustentar una pedagogía política, simplemente porque arma al pueblo para enfrentar mejor las consecuencias del derrumbe del capital.

Más que un agotamiento del kirchnerismo 

El resultado electoral ha reforzado el agotamiento del kirchnerismo, que arranca en 2007, atraviesa vaivenes, y se expresa ahora en todas sus determinaciones. En la provincia de Buenos Aires, la “madre de todas las batallas”, el bloque K pierde 15 puntos. En la Ciudad de Buenos Aires, Filmus colgó los guantes. En Santa Fe y Córdoba, los K quedaron terceros. El segundo lugar de Mendoza no es siquiera un premio consuelo: los superó por lejos el “destituyente” Cobos y el Frente de Izquierda les quitó la segunda banca de diputados. En Santa Cruz, fueron nuevamente derrotados. En sólo dos años, el oficialismo perdió más de cuatro millones de votos. Desde estas páginas advertimos la tendencia a este derrumbe, el mismo día en que CFK y Scioli festejaban el famoso 54 por ciento. El alejamiento de la Presidenta por razones de salud puso en evidencia, sin maquillajes, el carácter faccioso del núcleo interno del gobierno. La enfermedad fue utilizada de manera concertada para apurar el arreglo del pago de una parte la deuda externa en litigio y pedir un rescate internacional del Banco Central menguado de reservas.

La transición política que se ha abierto se caracteriza, antes que nada, por la crisis financiera, con todas sus consecuencias para los llamados ‘planes sociales’ y la aplicación forzada de un ‘ajuste’. La pelea entre las camarillas K se nutre del naufragio de la improvisación económica aplicada hasta el presente. El Frente de Izquierda debe hacer frente a una transición del régimen vigente -la cual es, por naturaleza, una etapa de crisis de todo orden y de agitación en los medios populares. Se anuncia un parlamentarismo ‘caliente’; con independencia de su mediocridad, en el cual el Congreso será forzado a participar del arbitraje político. El bonapartismo ejecutivo tiende a cero. 

La oposición 

La llamada oposición es un conglomerado de tribus que se nutren del naufragio oficial. Deja en evidencia que la crisis política representa el agotamiento de toda la etapa democratizante iniciada en el ’83, la que ha pulverizado a los llamados partidos tradicionales. Como acostumbran a decir algunos, “es parte del problema, no la solución”. La acicatea el cambio de frente de la burguesía nacional, que busca revalorizar, por medio de una devaluación, los capitales que ha fugado y que quiere sacarse de encima el sistema de regulaciones montado por el kirchnerismo, el cual ya no sirve para nada. La especulación de que de todo esto salga ‘un nuevo peronismo’, armado por internas abiertas, se salta la crisis que deberá encontrar un desenlace, antes de 2015, en la transición que se ha iniciado. Ha esto debería añadirse el empequeñecimiento de la burocracia sindical, completamente descompuesta, que se marginalizó a sí misma en la competencia electoral reciente. En resumen, el Frente de Izquierda da un gran paso adelante como fuerza popular en una etapa de crisis de régimen en todos sus aspectos. El Manifiesto Político, que lanzó en las vísperas de las elecciones, define la dirección política e intelectual que quiere imprimir al movimiento obrero frente a una crisis de conjunto. Los apetitos presidenciales, que los candidatos que creen haber triunfado han expuesto antes de que se acabe el conteo de votos, es una fuga hacia la nada.

Ajuste y Frente de Izquierda 

El millón y medio de votos del Frente de Izquierda es una advertencia del movimiento popular a la burguesía contra la aplicación de un ajuste. Esta caracterización, que hemos repetido durante la campaña electoral, ha sido recogida por uno de los principales comentaristas políticos. El lunes mismo, Carlos Pagni, justifica su opinión, tanto en La Nación como en su programa de televisión, de que el gobierno no aplicará las recetas que en forma creciente agitan los voceros del capitalismo, por el temor a la reacción popular que anticipa la alta votación obtenida por el Frente de Izquierda. Es decir que se ha perdido la confianza de antaño en que las rebeliones populares podían contenerse o desviarse por la ausencia de una canal o dirección política antagónica.

De esto se trata, precisamente.