Poncio Pilato invitado a la VII Cumbre en Panamá

“América no puede lavarse las manos como Pilato labólasdél”.

                                      Agudeza venezolana

 

En los últimos 50 años, uno de los continentes que más ha adelantado en materia de democracia y Derechos Humanos ha sido América Latina. En un proceso zigzagueante y paradójico, pero en general con una tendencia tan de avanzada que en varios aspectos ha llegado a ser ejemplo en otras partes del mundo, el continente ha realizado aportes invaluables.

Entre los muchos avances que se lograron en la materia, hay tres que merecen ser destacados: la construcción del Sistema Interamericano de protección de los Derechos Humanos (SIDH) al que se incorporó la sociedad civil como elemento fundamental, la aceptación explícita por parte de los países de la región de la jurisdicción interamericana en materia de DDHH (con excepción de EEUU) -lo que significó para todos los países concesiones muy importantes en materia de soberanía- y la conceptualización de la democracia como un sistema que, más allá de los procesos electorales, se caracteriza por la promoción y protección de los derechos humanos”, tal y como expresamente se señala en la Carta Democrática. Continuar leyendo

La polarización: enemiga de la democracia

… hay que cambiarlo todo. Pero cambiarlo todo equivale, por lo visto, a cambiar de Todo. Nada se parece tanto a un Todo como otro Todo.

Fernando Savater (*)

 

Como aquel viejo fantasma, una fuerte tendencia a convertir la democracia en una especie de dictadura de las mayorías recorre América Latina.

Por la vía de la polarización y tras la consigna de “o estás conmigo o estás contra mi”, algunos gobiernos pretenden alinearnos detrás de un Todo que, a diferencia de las ideologías de la época de la Guerra Fría, es un Todo coyuntural en el que está en juego el bienestar inmediato, por supuesto con sus consecuencias en el largo plazo.

Lo que en cualquier país con una democracia e instituciones consolidadas no es más que una táctica electoral, en los nuestros se ha convertido en el centro de la estrategia para llegar y mantenerse en el poder. La polarización así utilizada produce un gran daño a la democracia al dividir las sociedades entre buenos y malos, forzando a elegir entre bandos y no entre argumentos o razones resultantes del intercambio de ideas.

Sin duda que de este comportamiento los principales responsables son los gobiernos, pero lamentablemente la oposición, en muchos casos, ha respondido en espejo validando así la estrategia y consumando la división que resulta tan dañina para la sociedad en su conjunto. Lo que es peor, sin otra propuesta que  la de sustituir un Todo por otro que, como corresponde, ignora y oculta la diversidad y pretende impedir el diálogo y el debate.

Parecería que, frente a situaciones ante las cuales hay que tomar partido, discutir y tener la razón resulta absolutamente inútil. Gobiernos y oposición pretenden que nos alineemos sin críticas ni matices.

A espaldas del ciudadano común, gobierno y oposición establecen una regla supra constitucional que en su aplicación viola tanto el espíritu como la letra de la Ley fundamental. La regla no escrita de evitar el consenso impide la participación de las minorías y la apreciación de lo diverso, siendo que la consideración de ambos elementos es esencial para la existencia de una democracia que vaya más allá de la formalidad del acto electoral.

Enorme es el perjuicio que la polarización causa a nivel de las instituciones y poderes del Estado, a los que incorpora -además de la inevitable politización- la partidización, que los desnaturaliza al ponerlos al servicio de uno de los Todos en pugna y no de la sociedad en su conjunto.

Como estrategia común de gobierno y oposición, el mayor daño que produce la polarización es a la sociedad. Afectando la convivencia diaria, la polarización  divide familias, provoca divorcios, acaba amistades y destruye relaciones vecinales, generando un nuevo tipo de “guerra civil” que impide el diálogo y el debate. A partir de la polarización, los adversarios políticos pasan a ser enemigos.

Para las fuerzas que se disputan el poder, los procesos de polarización son como una película en la cual los actores siguen libretos más o menos preestablecidos que pueden terminar con un pacto o un acuerdo de repartición del poder. Pero para el común de los ciudadanos estos procesos se asumen apasionadamente, casi como una cuestión personal, y retomar la convivencia se convierte en un largo y espinoso camino que puede durar años, como ha quedado demostrado.

En esta materia, la responsabilidad de la oposición es enorme si se plantea con sinceridad como objetivo el fortalecimiento de la democracia y de sus instituciones. Negarse a tan siquiera discutir leyes, pensar en revocar todas las aprobadas, pretender volver atrás, genera temor y angustia entre la gente, que se siente desamparada frente a una inseguridad administrativa y jurídica cuyas razones no termina de comprender.

Ciertamente el autoritarismo se combate con más democracia. En este terreno, más que la aceptación de la existencia de las minorías y la diversidad, la democracia se manifiesta incorporándolas en la búsqueda del consenso, consenso que es fundamental para construir salidas nacionales sostenibles en el largo plazo.

En Venezuela, la oposición adoleció de este mal, pero los golpes y derrotas le fueron enseñando hasta conducirla a la posición que tiene hoy la Mesa de la Unidad Democrática (MUD), en la cual la inmensa mayoría está convencida de que, de ganar las elecciones, es imposible plantearse una vuelta atrás. Sin duda que todavía hay dirigentes y organizaciones que plantean el problema en términos de un Todo para sustituir el Todo en el poder, pero son cada vez menos.

En Argentina parece que esa lección está por ser aprendida.

Como bien dice Savater, “Nada se parece tanto a un Todo como otro Todo.”

 

(*) Fernando Savater – Panfleto contra el Todo – Alianza Editorial – Pag. 19

¿Por quién votarán en Venezuela?

“El deporte tiene el poder para cambiar al mundo. Tiene el poder para unir a la gente de la manera en que pocas cosas lo hacen. Les habla a los jóvenes en un lenguaje que ellos entienden. El deporte puede crear esperanza donde antes sólo había desesperación. Es más poderoso que el gobierno en cuanto a romper las barreras raciales”.
Nelson Mandela

Aún recuerdo el 18 de diciembre del 2002, la iracundia de un Tte. Cnel. Chávez vociferante gritando por TV “¡Al enemigo, ni agua!”, indignado con sus propios seguidores porque dos manifestaciones contrarias que se habían encontrado en una autopista, en lugar de enfrentarse a golpes o a tiros, habían resuelto jugar un partido de futbolito. Esa forma tan nuestra que utilizó la gente para evitar el enfrentamiento ponía en riesgo la estrategia de polarización y confrontación que tanto resultado le ha dado al régimen cubano durante 60 años.

Hoy, que se está discutiendo mucho sobre  encuestas y posibles candidatos, siento que el análisis de lo sucedido en esa autopista es clave para comprender el momento. Mientras que la polarización como táctica electoral es conocida y utilizada en todas partes tanto por los gobiernos como por la oposición, en Venezuela los gobiernos chavistas han convertido la confrontación en una herramienta de gobierno que utilizan de manera permanente pero con menor intensidad durante los procesos electorales. 

Ha sido una conducta típica en estos 16 años. En la medida en que se acercan los procesos electorales el discurso del gobierno se suaviza y se hace conciliador en tanto queda flotando en el ambiente -amenazante- la cárcel, el despido, los grupos paramilitares y los militares mismos.

En su estrategia de convertir la confrontación en un estilo de vida, el gobierno de Venezuela es capaz de hacer cualquier cosa: violar la Constitución y las leyes; manipular de manera desafiante  un Poder Judicial servil y controlado; reprimir; violar los derechos humanos; utilizar grupos paramilitares; realizar fraude continuado amparado en un control total del Poder Electoral; comprar y vender conciencias a partir de los recursos del Estado. Robar con absoluta impunidad. Cerrar medios de comunicación; burlarse de los opositores y meterlos presos bajo la acusación de “traición a la patria”, en fin, hacer cualquier cosa para provocar la ira y la confrontación que es el objetivo.

Esto resulta indignante para la mayoría pero, para poder combatirlo, debemos aprender y comprender que, más allá del daño real que causan al país, estas actitudes del gobierno tienen el objetivo ulterior de dividir a la sociedad.  No entenderlo así es caer en la trampa de la confrontación.

Unir pensando en la gente

Paradójicamente, en buena medida son lo autogoles del gobierno los que han logrado romper la polarización.

La inseguridad, la escasez, la corrupción y el abuso de poder han logrado unificar a la población en contra de un mal gobierno. Es un enorme error el que cometen aquellos sectores de la oposición que buscan estimular el enfrentamiento.
Más que averiguar quien lidera a la oposición, las empresas encuestadoras deben averiguar por quien, de la oposición, estarían dispuestos a votar los sectores que hasta ahora lo han venido haciendo por el chavismo. Esa es la pregunta clave y sobre su respuesta es sobre lo que han venido trabajando importantes sectores de la Mesa de la Unidad Democrática.

La Salida, La Constituyente y el Congreso Ciudadano han fracasado como líneas políticas nacionales porque no es el momento de la confrontación, es el momento del futbolito. Es el momento de Mandela, pero no el Mandela guerrillero que fue a la cárcel por confrontar, es el momento del Mandela que sale de ella sin odios y comprendiendo que necesita unir a su pueblo.

Hartos de la pelea, una candidatura de confrontación no sólo no atraería votos del chavismo, incluso probablemente conseguiría que algunos de la oposición vayan al gobierno por temor a la violencia que la retaliación y la venganza podrían generar.

Chávez sabía de esto más que nadie y por eso confrontaba hasta el momento en que llegaban tiempos electorales. Entonces se convertía en un manso corderito que era capaz de llorar y pedir perdón de rodillas con un crucifijo en la mano, y no es una figura retórica.

En Venezuela, la sociedad civil organizada ha comprendido este problema y camina en la dirección adecuada. A la oposición partidaria  aún le falta mucho por hacer. Por eso la sociedad civil tiene una enorme responsabilidad sobre sus hombros y debe presionar y lograr que los partidos actúen con la madurez que el momento exige.

La unidad política de la oposición es imprescindible para ganar las próximas elecciones, y la unidad de una importante mayoría de la población, chavistas y opositores, es imprescindible para garantizar la gobernabilidad en paz.