Hispania de la gleba. La muerte de la Duquesa de Alba

En  Andalucía hoy falleció entre muchas otras personas, una anciana, a la que ya le venía tocando esta semana o la siguiente, y que pertenece a una prosapia que se formó a partir de negocios muy legales como era la “esclavitud ” cuando era legal, la inquisición cuando lo era, y que de manos del genocida Francisco Franco, uno de los cuatro jinetes del Apocalipsis europeo del siglo XX y de toda su Historia -a saber: Hitler, Stalin, Mussolini y Franco-, recuperó gran parte de su patrimonio nacionalizado por el gobierno de la República, democráticamente elegido en la urnas, luego de torturar y fusilar a todos los participantes de dicho gobierno y cientos de miles de simpatizantes.

Hoy parece que ha fallecido de manera natural una de los integrantes de esa familia, que no hizo mayor daño a nadie, excepto por supuesto si se tiene en cuenta a todos sus asalariados que les pagaba una miseria mientras las leyes españolas estaban lejos de Europa y la protección a los derechos de los trabajadores más aún. Si se tiene en cuenta que con la que está cayendo en materia de carencias en la península Ibérica en su parte Hispana, a esta aristócrata que cuenta con una fortuna de 3.700.000.000 de euros, se le adjudicaba por parte del Estado, tres millones de euros de regalo para que cultivase las tierras. Las que en su mayoría tenía improductivas.  Continuar leyendo

Urnas españolas

Tras las Elecciones Europeas que tuvieron lugar el pasado domingo 25 de mayo en España y acerca de sus resultados, yo podría manifestar desde la primera reacción no reflexionada, aunque sí convencida: ¡Mira que volver a ganar el PP después de que Arias Cañete definió a la mujer como un ente inferior al hombre intelectualmente hablando!

A partir de hoy mismo, la mujer que haya votado al PP por favor no me hable porque no le voy a entender, búsquese un intérprete que me traduzca desde el idioma de la inferioridad al de la superioridad que tanto mi esposa como yo como mis hijos manejamos. Ellas que sigan con su tradicional rol en la cocina, con los jabones, las planchas, con los trapos de piso y de limpieza, las Judas Iscariote del inmenso esfuerzo feminista de siglos por la emancipación.

Y los hombres y mujeres pobres y de clases medias que los votaron, les deseo claramente, que no les den uno, que les den dos.

Alguna consecuencia tienen que tener los actos, imagino que quienes votaron esa forma de entender y respetar a los demás, estarán contentos con todo lo que les caiga encima de ahora en adelante. No es posible sorber y soplar al mismo tiempo.

También por otro lado, aún con las reacciones desde el instestino, debería hacer un reconocimiento por partida doble:

1) A “Podemos”, que con cuatro meses de existencia ha capitalizado el voto y las ansias de escuchar un discurso sensible con el dolor popular, aunque para mi gusto con ribetes particularmente populistas por las prisas que imprimen las circunstancias, si entendemos como populista el discurso que dice siempre lo que la mayoría quiere oír. Pero también en ese sentido, en como han sido capaces de calibrar las nuevas épocas, el valor de lanzarse a por todas a cubrir un espacio difuso dejado hueco por el histórico Partido Socialista Obrero Español (PSOE), que hoy pasa por sus horas más bajas de los últimos años, al haber perdido el rumbo político, el referente, la brújula, pero sobre todo el hecho de desconocer cuales soN sus deseos como colectivo social, el haber olvidado en parte su razón de existir, no sujeta únicamente a hacer que a la máquina no se le rompa el motor.

El PSOE ha caído estrepitosamente pero ni mucho menos ha desaparecido ni desaparecerá, ¡ya les gustaría a algunos! Es el partido más antiguo, no obstante, ser el partido de la modernidad en la historia reciente española, tanto en el momento de su creación frente a los extremismos que asomaban por el mundo como en su retorno con la flor, con la democracia, para dotar de garantías e igualdad de oportunidades a la totalidad de los ciudadanos españoles, para llevar a España a la categoría de país desarrollado, de componente activo y de peso de la CEE al principio y de la UE luego, para colocar en el centro de la vida social española a los sectores disimiles que nunca habían tenido ni voz ni voto, desde la mujer, la clase obrera a la que hace referencia su nombre, la gran clase media por la que apostó y contribuyó a su desarrollo, los derechos humanos, individuales, colectivos reflejados en todos los sectores tradicionalmente marginados de la sociedad. Un partido que no se riñó con el deseo íntimo de las personas a vivir más cómodamente, a trabajar para mejorar su nivel de vida material, priorizando el crecimiento espiritual, y garantizando el acceso a los derechos básicos de una sociedad desarrollada a todos los sectores sociales.

Un partido de una historia de un valor inusitado de una incidencia en los verdaderos cambios en la sociedad española, un partido que eligió desarrollar un modelo de convivencia pacifica y de progreso dentro de un sociedad capitalista, dotada de controles estatales para impedir que la parte baja de la tabla quedase sin protección social, y sin intervenir ni reprimir de ninguna manera la parte alta de la tabla, el desarrollo de los mercados. Un partido que sin embargo ha perdido el rumbo en los últimos años, al no recordar para que fue constituido, para qué sirve y por qué existe. Pero está en sus manos y en las nuestras como votantes hacer que esa correcta atomización de los deseos de justicia y de equidad no permanezcan por demasiado tiempo diseminados, y vuelvan a aglutinarse en un proyecto común, sea con las siglas de PSOE o de Podemos, con un equilibrio entra la vocación de poder y la responsabilidad institucional y la necesidad de desmarcarse de las concentraciones de poder económico actuales absolutamente insensibles con las calamidades de los ciudadanos, peor no para guerrear sino para aleccionarlos y reconducirlos hacia un modelo de sociedad feliz para todos sus componentes.

2) Y no quería dejar pasar por alto el reconocimiento a La Democracia. Ojo cuando decimos que este modelo social no nos sirve para nada, porque es cierto que esto hay que cambiarlo ya mismo, pero estemos atentos a los deseos nacidos en el intestino grueso, en la boca del estómago, porque suelen reclamar cabezas en el sentido más literal de la expresión.

La formación “Podemos” se creó hace sólo cuatro meses, en ese período de tiempo ha podido presentarse a unas elecciones, difundir sus proyectos -diametralmente opuestos al poder económico y político actual-, y han ganado más que de una manera anecdótica. Lo han hecho de una forma ejemplar y paradigmática.

Las sociedades que mejorarían a la democracia actual están por construirse, por tornearse, pero ojo, porque lo que de lo que hay disponible, nada es más participativo que esta vija y oxidada “democracia”, nada le llega siquiera a la planta de los pies en garantías para las mayorías y minorías. Aún con todo lo que criticamos esto, es de lejos el único modelo a nivel mundial e histórico, en que una línea frontalmente opuesta a la oficial, se puede presentar a sólo cuatro meses de las elecciones y terminar siendo la cuarta fuerza política. Hay un señor llamado Carlos Alberto Montaner que hace más de medio siglo querría haber podido hacer esto en Cuba, pero además de no permitírsele ni siquiera entrar a su país, todavía ni siquiera se han planteado permitirle presentarse para unas elecciones donde la gente decida a quien quiere, ni a él ni nadie.

El único instante en la vida del más pobre de los ciudadanos, que tiene el mismo valor, los mismos derechos y cuenta con idéntico respeto que el banquero más acaudalado, es en el acto del voto.

Estruendo en León

De repente escuché uno de esos gritos habituales que se emiten en mi casa, que suelen tener lugar cuando la comida está lista, cuando se requiere a alguien desde la buhardilla al patio o bien cuando unos de los cohabitantes antes de dar rienda suelta a sus instintos primarios decide gastar el último cartucho poniendo en serios aprietos las cuerdas vocales. En esta ocasión Pat era la emisora del alarido y yo el destinatario.

“¿Viste lo que pasó en León?” Y luego con más ahínco dramático y consternado pero menos volumen en la voz: “Mataron a Isabel Carrasco”.

No me lo podía creer. No por tener alguna noción secreta del carácter inmortal de la presidenta de la Diputación de León ni nada parecido, más bien porque León en materia de estadísticas de sucesos violentos debe reflejar números  similares a los de la estepa de Mongolia, los lagos finlandeses o las Islas Feroe. En León, los automovilistas paran en cada paso de cebra y por más transeúntes que atraviesen sin dignarse siquiera mirar hacia un costado, sinónimo de alto civismo, no se les ve el más mínimo gesto de incomodo. En hora punta un semáforo puede ponerse en verde y el conductor estar entretenido con algo hasta que decida espabilar que nadie le grita ni la milésima cantidad de improperios que le proferirían en Madrid, Buenos Aires o Roma, y ni siquiera lo azuzan o advierten con el claxon.

Tal vez ese saber vivir, esa tranquilidad, ese antídoto natural contra los ataques cardíacos haya sido una de las cosas en adición a su belleza que me ayudaron a tomar la decisión de ir a vivir por primera vez en mi vida a una ciudad de provincias, pero no a cualquiera, sino a la tranquila, coqueta y práctica ciudad de León.

Bueno, ya no tan tranquila desde la semana pasada.

Las noticias de todo el mundo hablaron de la Presidenta de la diputación asesinada fulminantemente de tres disparos en una pasarela sobre el río Bernesga, que une dos partes atractivas de la ciudad, en una de las cuales está la sede de su partido el PP y en la otra su casa.

Y además de los noticieros, los programas de debate comienzan con tertulias incandescentes acerca de este trágico suceso, por los tintes  almodovarianos, hitchcockianos, hammetianos e incluso borgianos que va adquiriendo el crimen minuto a minuto puesto a la luz de los descubrimientos que no se pueden ocultar. Porque en este asunto hay mucho oculto que hará lo posible y lo imposible por no ver la luz, al menos no la de los focos de las salas e estar de las peluquerías.

La vida de Isabel Carrasco en sí, sin mediar este terrible y lamentable final, constituía sin dudas un argumento mucho más jugoso que los de cientos de plomizas cintas destinadas al entretenimiento nocturno. Una vida de intrigas, de permanente ascenso, de estudio casi matemático de la psique humana por parte de una mujer con una infra-cultura académica, proverbial en materia de psicología pero con una capacidad natural para conocer cada punto de “los demás” en donde ella podría incidir, bien a través de su carácter, de cierta información sensible,  del compadreo o el ataque. Una mujer de muy escasa estatura y de no demasiada belleza natural que no obstante consiguió hacerse centro de atención en cada estadía de su vida adulta.

Sería maravilloso conocer acerca de la Isabel niña, de sus relaciones familiares, la historia de sus padres y algún suceso clave que marcó su vida. En su honor debo decir que siempre estuvo muy atenta a los requerimientos de la comunidad argentina en León y a los leoneses que emigraron a Argentina.

Pocas novelas cuentan con tantos componentes atractivos, tanto “trabajo de carpintería” como le llamaba el maestro Gabriel García Márquez a la caparazón de las historias de ficción, pero en este caso un trabajo de carpintería que viene de serie, sin contar con el suceso del asesinato. Si encima se le añade ese ingrediente nada menos que en la apacible ciudad de León, la película podría ser de romper taquillas. Incluso podría dar para una serie como House of Cards, tratando los mismos bajos instintos, con el componente del caciquismo de provincias, de una mujer que domina todo en una sociedad machista, una persona de grandes lealtades, a la cual no le alcanzaban las 24 horas del día para trabajar, moverse, conspirar, articular en los sentidos en que cada ocasión requería.

Yo mismo que tuve la oportunidad de hablar alguna que otra vez con ella aunque de nada trascendente, y en la distancia corta era de trato afable, directo, muy  práctica, no invertía tiempo en lo que no era de su estricto interés. Me quedé con la duda de que tipo de persona realmente sería, y que energía le motivaba a estar en permanente movimiento y alerta.

De las personas que la mataron, madre e hija del mismo partido político que Carrasco y con una intensa y poco armónica relación personal, sólo diré que por más que hayan sido seriamente agraviadas, sus razones no merecen siquiera ser tenidas en cuenta, porque esa no es la manera en que nos hemos propuesto solucionar nuestras diferencias. Si bien tampoco concuerdo con la insistencia de los medios en ocultar los posibles entresijos de este lamentable entuerto, y las no pocas enconadas aversiones hacia la presidenta de la Diputación, por acciones en las que tuvieron lugar generalmente entre personas de su propio entorno, de su propio partido político, gente que en todo caso había perdido una batalla con Isabel, pero su inocencia la habían dejado atrás mucho antes, personas que pugnaban por alguna de las posiciones que de manera determinada y autoritaria la presidenta solía conquistar y dominar y que perdieron en la brega. Los mentideros de León ya se ocupan de informar al antiguo estilo, yendo mucho más allá que su cauta prensa.

Yo me encuentro más bien dentro de las sensibilidades de oposición al proyecto de su partido, a su estilo de gobierno, a las acumulaciones de cargos, a la acumulación de poder, al clientelismo, al mal del caciquismo, y me confieso más propenso a la modernización, al europeísmo, al civismo, a la participación de todos los actores sociales en el destino de una provincia tan orgullosa de sí misma, bella, henchida de Historia, aislada del ruido mundano, variopinta, tranquila y querida como lo es León. Precisamente, quizás por ello, es que creo que es el momento de que quienes creemos en otro León y otro mundo posible, dejemos claro que resulta inadmisible que esa ni ninguna otra forma violenta de resolver cualquiera que haya sido la causa del profundo desacuerdo vigente entre las partes, ni ninguno de los problemas nacidos dentro de las intrigas el poder y mucho menos por supuesto aquellos pertinentes a la vida política.

El sistema debe proveer de mecanismos ágiles, no anquilosados, que blinden los derechos de las personas ante cualquier tipo de poder.

Pero si nos encontrásemos en una situación de abuso institucional en la cual no vemos fácil encontrar asistencia de manera inmediata por aquello que consideramos “La ciega Justicia” , ello de ninguna manera no nos da el derecho a enceguecer y tomar un camino tan rotundo, trágico y del cual no hay retorno para nadie, ni siquiera para quien otrora fuese la víctima y hoy el victimario.

Como siempre ocurre en estos casos, mientras aún estaba caliente el cuerpo de Carrasco en la pasarela, algunos politicos y sectores mediáticos intentaron sacar tajada de una tragedia, y comenzaron a culpar a los indignados, a la pacífica modalidad de denuncia pública conocida con el término lunfardo argentino de “escraches”, sin saber nada aún se comenzó a aludir a sectores descontentos con el Gobierno, dejando entrever en su apresurada defensa una cargo de culpa perturbador. Y no contentos con esto, desde el Gobierno se lanzó un globo sonda para auscultar la posibilidad de establecer férreos controles al estilo Cuba o Venezuela en las redes sociales, y destinar a la policía en revisar las opiniones de los ciudadanos.

Tal vez si comenzase por perseguir los insultos en las redes o presonalmente a las victimas del franquismo, a Pilar Manjón, al propio ex presidente Zapatero, cuando en las manifestaciones organizadas por la AVT y apoyadas por el PP, se le gritaba voz en cuello: “Zapatero, vete con tu abuelo” haciendo referencia a su abuelo fusilado por los sediciosos, con la más absoluta de las impunidades. Quizás si cuando muere un grupo de subsaharianos ahogados en las costas españolas se censurasen los comentarios de ciertos descerebrados en las redes sociales e incluso de ciertos periodistas renombrados, que les han llamado abiertamente “manadas”, o si se actuase contra los que estos días difamaron y calumniaron a los ya muy vapuleados indignados de este país, a lo mejor hasta hacía una excepción en mis exigencias de libertad y hasta podría llegar a sopesar la propuesta.

Curiosamente, en un paralelismo con el asesinato de Isabel Carrasco, que fue cometido no sólo por personas de su propio partido sino de su entorno, y de su círculo de seres más conocidos durante años, en el caso de perseguir en las redes las expresiones constitutivas de delito o de apología a la violencia muy probablemente al final el gobierno se encontrase con que la gran mayoría de los procesados pertenecerían a sus votantes más incondicionales.

El desembargo

Hace poco una periodista cubana me preguntó acerca de un artículo que una vez escribí sobre la conveniencia de las relaciones tensas para los extremos ideológicos, a propósito del bloqueo o embargo norteamericano a Cuba, impuesto por la administración de Eisenhower en 1960 y los valiosos servicios extraoficiales que a mí entender dicha ley prestaron a ambas partes del conflicto, con aparentes finalidades diferenciadas, que en realidad no lo eran tanto.

Le comenté que desde luego podría repetirle mi criterio sobre la utilidad e inutilidad a la vez de esa ley durante los años de gobiernos radicales e inflexibles, pero que lógicamente en las actuales circunstancias pienso que para ambos lados del conflicto, la perspectiva ha dado un leve giro, para los Estados Unidos de Obama y sobre todo de una nueva clase empresarial que comprende que su lugar está inserto en un mundo con una jerarquía diversificada y unos parámetros diferentes de confrontación que los que fueron habituales durante el siglo XX, y una Cuba gobernada por el pragmatismo económico del ala de Raúl Castro, un poco el homólogo de su vecino del Norte.

Durante los años de guerra fría, aparte del verdadero peligro de una guerra Mundial, había que mantener el negocio de la fabricación de armamento, para ambas potencias. La capitalista se veía libre de usar eufemismos para esconder la necesidad de vender armas, y la socialista aunque sí debía hacerlo, lo cierto es que el hecho de no encontrar una buena excusa casi nunca, no los desviaba de su cometido en lo más mínimo. Las naciones debías estar armadas hasta los dientes, la industria del armamento producía beneficios mayores que la industria de la construcción, la alimenticia, la de la energía juntas, y por ende sostenían en gran medida ambos modos de vida, amén del hecho menos contabilizable y tangible de mantenerse uno al otro a raya.

Por supuesto que había diferencias pero además había que escenificarlas, era de vital importancia que los pueblos estuviesen aleccionados en torno a la constante amenaza de un feroz y malvado enemigo exterior, y en el caso de los países mal llamados “socialistas”, ya  que estaban, por el mismo precio le agregaban que además ese enemigo contaba con adeptos en el interior y de ese modo ya se allanaban el camino para la limpieza interna. De igual manera que los países de la órbita capitalista de América del Sur vendieron la idea de que había que combatir al enemigo marxista autóctono infectado por la propaganda soviética.

El bloqueo a Cuba se estableció como una medida para castigar la expropiación de diferentes empresas con participación norteamericana,  a la vez que en Cuba en un principio se percibió como una grave rémora, aunque siendo honestos, nadie en su sano juicio podría esperar una reacción amable de parte de los capitalistas a la expropiación de sus bienes sin indemnización alguna. Después se mantuvo con la finalidad de sitiar la isla y provocar la caída, y dentro de la misma se aprovechó para mantener la llama patriótica y victimista permanentemente encendida.

Aparte de hacer mención en aquel artículo de la flagrante contradicción, de que una Revolución que planteaba remover los cimientos caducos de una sociedad de consumo capitalista, cuyo mayor exponente era Estados Unidos, sostuviese al mismo tiempo que para su desarrollo era indispensable la relación económica con EEUU y el acceso al dólar, y aparte de hacer mención a que la más tierna reacción que debió esperar el flamante Gobierno Revolucionario, una vez que confiscó, nacionalizó y estatizó todas las empresas participadas por capitales norteamericanos, era precisamente un bloqueo, cuando no un desembarco directo, a lo que dediqué más atención era a describir como habían utilizado desde ambas orillas el bloqueo en su favor.

En Estados Unidos, además de mantener un alerta más contra la amenaza comunista, también significó un nada despreciable apoyo a la comunidad cubana en el exilio, la cual también se tradujo en apoyo económico, leyes que favorecieron al emigrante cubano frente a otros grupos migratorios, ventajas fiscales, políticas, etc.

En Cuba, si bien el bloqueo dificultaría la variedad de productos en caso de que esa hubiese sido la intención de la economía mal llamada socialista, lo cierto es que desde el génesis la idea era erradicar la diversidad de productos, se combatió el estímulo y la motivación material, o sea que excepto para aquella materia prima absolutamente necesaria para el desarrollo de la agricultura y la ganadería, por lo demás ni se esperaba comercio, y esa materia prima ya la tenían garantizada de parte del CAME.

Sin embargo, el bloqueo era un excelente instrumento moral de corte numantino, que le proporcionaba al Gobierno una excusa para justificar toda carencia, inoperancia, burocracia, y procedimientos de represión para acabar con la lacra interna que eran los opositores,  y luego los “traidores”, que deseaban emigrar al país que ahogaba a su Revolución, y a quienes escuchaban la música de ese país, a quienes leían sus novelas, a quienes se interesaban por su nada monolítica historia repleta de episodios de emancipación de las minorías y luchas por derechos civiles y humanos. Permitía explicar sin mayores complicaciones el alineamiento incondicional con la URSS.

Incluso cuando arribaba a la presidencia norteamericana un gobierno demócrata e intentaba un acercamiento con Cuba, más temprano que tarde aparecía cualquier escollo insalvable por parte de Cuba como derribar aviones espías, que le hacía imposible al presidente norteamericano continuar proponiendo dicho acercamiento, y era entonces que adrede o sin quererlo, el exilio y la nomenclatura de la isla caminaban en el mismo sentido y suspiraban al unísono.

Pero en la actual coyuntura tales consideraciones pierden peso específico. En inicio porque, por primera vez en el medio siglo de duración de la ley y de la Revolución, coincide una administración norteamericana progresista propensa al diálogo con un gobierno cubano que no lo rechaza de plano. Que es todo lo proclive a la búsqueda de soluciones para la convivencia que puede ser un histórico de la Sierra Maestra y hermano de Fidel Castro como lo es Raúl, sin embargo sería absurdo y sobre todo errado empecinarse en sostener que son la misma cosa, en que no existe ninguna diferencia con su antecesor y su camarilla más cercana,  en la manera de llevar esas relaciones con la potencia vecina y otros asuntos domésticos.

Hoy por hoy, amén del carácter absurdo y de castigo exclusivo al pueblo de Cuba que siempre tuvo ese bloqueo o embargo, tampoco les resulta de la más mínima actualidad la aplicación de tal cerco económico y cultural, dado que incluso el “foco de contaminación” que los norteamericanos veían en el mal ejemplo de la díscola isla, se ha apagado en los hechos aunque intente hacer el esfuerzo de mantener alguna llamita retórica, algunos retazos para retrasar lo más posible la eclosión absoluta de la gente y su desaprensión al primitivo discurso oficial, cuando se den por enterados de que tras todos los sacrificios padecidos, terminarán por ser  abandonados a la suerte de la moneda del mejor postor. Y los que vivien del lado del norte se darán también cuenta de que donde esté el poderoso “caballero don dinero” , ya se pueden ir quitando de enmedio los principios, las ideologías y más que nada los juramentos de amor eterno.

Sobre todo después de la caída de la URSS, cuando el gran capital se dio cuenta de que al país que venció a las tropas de Napoleón y de Hitler, en lugar de combatirlo militarmente o con bloqueos imposibles luego de haberse perpetrado el fiasco de Stalingrado, se lo debía derribar con el desembarco de deseadas marcas de refrescos de cola, de hamburgueserías, de auténticos blue jeans, un poco de genuino descontrol y mucha copia burda y descafeínada de libre mercado mezclado con punteos difusos de rock’n'roll.

Tristes reivindicaciones

Las reivindicaciones de la lucha ciudadana de hoy en día, las que buscan apoyo en la sensibilidad de los partidos de izquierda, se encuentran plagadas de frases como:

“Se han robado todo nuestros ahorros, devuélvanlos”.

“Nos han desahuciado, nos quitaron nuestra propiedad”.

“El fondo de inversión era una tapadera y una estafa”.

“Las ayudas de miles de millones a la banca deberían dárnoslas a nosotros”.

“Los préstamos bancarios que firmé para hacerme con un piso nuevo con piscina y una 4×4 Land Rover, eran una estafa y me dejaron en la ruina, perdí mi puesto de maestro de obras en el que subcontrataba en negro a dos dominicanos, un boliviano y un marroquí que me trabajaban el doble por la mitad, y ahora Caritas me tiene que dar la ropa”.

“¡¡¡Viva Cáritas!!!”

Eslóganes que defienden exclusivamente “lo mío”, eslóganes de luchas burguesas. Están tan carentes de un sustento filosófico, político o ideológico que se sitúan incluso en el pre marxismo. Previos incluso a la aparición de los primeros anarquistas.

Marx hizo ver que pedir al aumento de salario aparte de que no contribuía en absoluto a cambiar la sociedad sino a asentarla, era contraproducente para el trabajador ya que únicamente le pagarían más si conseguían extraerle más plusvalía o reducir los costes de la empresa. Marx, hace ya unos cuantos años, advirtió a los trabajadores que romper la máquina de la fábrica no conseguía más que el nada desdeñable alivio de sacarse una gruesa espina devolviendo un golpe, no había que luchar contra la máquina sino contra su dueño y cambiar el orden de juego. Aquello que proponía el bueno de don Carlos demostró en la práctica ser una entelequia, pero en cualquier caso la sociedad ideal no es la que precedía aquella chapucería.

Son curiosas también las luchas de esas minorías que tanto incordian a los sectores más tradicionalistas, con el mismo cariz que las que enrabietaban a más no poder a los Partidos Comunistas de los países del Segundo Mundo y a los movimientos revolucionarios de hace no demasiado tiempo, el reclamo del derecho a la individualidad, a la libertad de elección en todo, más democracia, más participación critica, menos autoritarismo.

¡Precisamente lo que más detestaba y temía la izquierda clásica y tradicional!

Luego se festejan como logros propios de la emancipación diáfanos retrocesos conceptuales y concesiones a los estamentos del poder clásico, como por ejemplo los matrimonios de las personas del mismo sexo.

¿Qué es eso de presentar semejantes bodorrios como algo progresista? ¡Vayan a decírselo a los anarquistas de hace nada menos que dos siglos!

El matrimonio, esa institución tan conservadora contra la que parecía se habían manifestado esos mismos grupos que en cierto modo pretendían ser objetores de conciencia, para que al final todo terminase reduciéndose a marcarse como objetivo poder ser como aquellos a los que se decía denostar, dejando claro que aquellas peroratas no eran más que una demostración del fuerte deseo de ser tratados del mismo modo que sus verdugos e igualmente tenidos en cuenta.

Como las organizaciones del Black Power que sintieron que la cúspide de sus conquistas era lograr tener sus propios negros. Ascender como clase en lugar de erradicar la diferencia. Ocupar el lugar del esclavista.

Hoy la izquierda está en evolución, y de ello es prueba el hecho de que esté más perdida que perro en cancha de bochas, que parezca desaparecida, ya que de ahí saldrá algo nuevo y espero que también bueno, pero entre tanto ajetreo conviene cuidarse de no perder la brújula, y recordar que la finalidad debería ser buscar formas novedosas de sociedades más justas, y no precisamente convertirse en centinelas de aquellos prejuicios, vicios, reflejos y modelos acartonados y perimidos, cuyo hábitat es precisamente el génesis de todo este despropósito en que hemos desembocado como proyecto de convivencia.

Curioso que las reivindicaciones de izquierdas que toman las calles hoy en día, sean para defender el derecho a la tradición, la familia, el capital y la propiedad.

Verídico y veraz

El periodismo condescendiente, complaciente, obsecuente, se pregunta sorprendido y en voz alta, muy alta, para ser escuchado, exculpado y en la medida de los posible: bien pagado

¿Por qué son cada vez más repetidos los incidentes violentos en las cada vez más frecuentes manifestaciones de estudiantes, personal de la salud, mineros, barrenderos, bomberos, españoles en general? Y entonces aseguran asintiendo y batiendo brazos en el aire, mirando de reojo a aristócratas, ministros y banqueros:

¡Es que la violencia anti sistema de la ultra está liderando las manifestaciones de descontento!

Lo mismo que en Venezuela pero al revés. O sea, al revés que en Venezuela, pero lo mismo.

¿De verdad no tienen idea de por qué se ha tensado la cuerda de la convivencia social?

¿De verdad creen que todas esas amas de casa quieren estar desahuciadas en la calle bajo un puente, mientras el marido regresa de una gira con algo de comer y unos cuantos vinos de tetra brick entre pecho y espalda para soportar la catarata de abusos de la que súbitamente se conviertieron en acreedores?

¿De verdad creen que los médicos y enfermeras quieren estar en la calle protestando y siendo golpeados por las fuerzas de choque de la policía hasta que se deban curar los unos a los otros?

¿Creen que los mineros leoneses y asturianos quieren perder sus ojos con pelotazos de goma de las fuerzas represivas para defender su fuente de trabajo?

¿Creen que los estudiantes, todos ellos desean emigrar del país porque no hay nada para ellos, y aquellos bichos raros que no se van y salen a defender sus derechos son aprendices de terroristas, o peor aún, de la Gestapo como llegó a llamarles precisamente un político del gobierno nada crítico del franquismo y análogos?

¿Creen que cientos de miles de desahuciados querrán enloquecer, alcoholizarse, divorciarse, suicidarse de a poco o de un tiro, o de un sogazo en el cogote, para que los banqueros que ganan más de un millón de euros por mes, puedan cobrar sus indemnizaciones por incumplir sus deberes, para no responder por la estafa y la dejación en sus obligaciones?

¿No apreciaron estos periodistas que toda la masa social española en realidad merecería una medalla a la paciencia, al saber estar, al poner la otra mejilla, durante estos dos años de represión in crescendo de los antidisturbios, de destrucción de los puestos de trabajo, de la conversión gradual de la condición de ciudadano europeo del primer mundo, a deshecho de un mundo aún sin numerar?

Mis padres estudiaron periodismo ambos y ninguno de los dos ejerce. De manera completamente fortuita y curiosa yo les tomo de a ratos el bastón de relevo y dejo salir algunas criticas, unas crónicas de payador, unos análisis nunca demasiado pulidos, de manera tal de no tener tiempo de lidiar con el miedo, ni en exceso irreflexivos y temperamentales cosa de no tener que arrepentirme ipso facto de las bravuconearías aún tibias en la palangana.

Cualquier recurso al escribir, menos faltar a la verdad. Para eso ya contamos con el lenguaje hablado, centinela de los secretos del alma junto a otros ardides como las miradas y los ademanes.

Amigos periodistas: ustedes pueden respetarse mucho más que eso, pueden recuperar aquella ilusión temprana, primigenia, de disipar dudas y contar sospechas, de levantar manteles y dispersar las migas. Eviten que un día sea necesario un juramento hipocrático atendiendo a un código deontológico que mantenga cercada tanto la falta a la verdad, como el ceñirse en exclusiva a la veracidad del “asunto”, que nunca fue necesaria en una de las carreras más bellas y trepidantes a la vez que arriesgada e ingrata, en la cual era usual que quienes la ejercían supiesen que difícilmente consiguirían enriquecer, pero que con toda seguridad terminarían familiarizandose con no pocas incomodidades.