Sus majestades y sus excelencias satánicas

No podría afirmar cuánto tiempo llevaban golpeando la puerta, ni siquiera diría que el sonido de los golpes logró despertarme, pero me sacó del profundo estado de inconsciencia en que había pasado las últimas horas. No sentía las piernas ni los brazos, pero sí un cúmulo de punzadas, tambores, aguijonazos, en el interior de mi cabeza.

Levanté un párpado y dirigí la mirada a la puerta, alzando el hilo de voz que logró salir de los pulmones.

—¿Quién es?

—Abra la puerta, es la seguridad del hotel.

Recién ahí me di cuenta de que estaba solo. La noche anterior o cuando quiera hubiese cedido a la gravedad para caer desplomado en aquella cama, había estado rodeado de amigos y de una novia de la cual no alcanzaba a recordar el nombre ni la cara (Honky Tonk Woman). Fui hasta la puerta mirando el suelo para esquivar vasos, botellas y algunos trozos de comida. Abrí. Continuar leyendo

Amnesia selectiva

Ayer estuve conversando durante horas con un amigo íntimo de La Habana que pasó por casa y al que no veía hacía más de diez años. Mi amigo había sido un irredento antisistema, tenía un problema con las autoridades casi cada día. Así como yo sentía una gran antipatía por el Gobierno y el poder, pero no por el sistema comunista, sino por el poder en sí mismo. Ello nos llevaba a profesar la misma simpatía por Fidel y sus genízaros que la que ellos sentían por nosotros, a quienes llamaban: “lumpen”, “rockeros”, “borrachos”, “inútiles”, “poco revolucionarios”, “antisociales”.

En síntesis, mi amigo se estaba volviendo loco en la isla, porque tenía deseos de viajar, de leer lo que le daba la gana, de manifestarse, de disfrutar de la vida y, a medida que iba creciendo, iba tomándole una mayor animadversión al sistema, a la Policía, al partido, a las infinitas organizaciones de masas, y ya al final a todo aquel que tuviese una guayabera y dos plumas en el bolsillo. Como yo.

Hizo lo que pudo por irse de Cuba, teniendo en cuenta que en aquellos años intentarlo ya era un delito penado con cárcel. Sin embargo él ni disimulaba, le decía a todo el que quisiese oír que ya no aguantaba aquel país y aquella represión. Los amigos empezaron a dejarlo solo, porque se despachaba en contra del Gobierno, sin tomar recaudos en cualquier sitio y a cualquier hora. En esos años sólo por manchar el nombre del comandante se podía ir preso muchos años. Continuar leyendo

Maquiavélico Raúl

Durante muchos años se estudiarán los movimientos magistrales de cintura en política internacional tanto de Fidel como de Raúl Castro, cual obra de Nicolás Maquiavelo. Pero Raúl, si cabe, consigue incluso más con muchísimo menos, sentando cátedra en materia de pragmatismo desde su época al frente de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR).

Lo que sea que haya permanecido en una posición semierguida durante estos cincuenta y largos años, lo que quiera que sea que tras la ruina tan proverbial de la revolución ha mantenido al cubano unido al menos frente al caos, en cada poro de ello ha estado residiendo de algún modo Fidel “Guarapo” Castro, ya fuese por el aura de divinidad que supo procurarse en torno a su persona.

La mayoría de los cubanos nacieron con él ya como el big brother absoluto, que todo lo sabe y todo lo observa, pero además como el padre de la patria, que subió a la sierra con doce hombres maltrechos y bajó con el pueblo victorioso detrás (sin detenernos demasiado en detalles, como todos esos compañeros, colegas y seguidores traicionados que sacrificó en el camino). O bien por el temor que infunde; ni siquiera su hermano Raúl, que es su sangre, podría hacer nada con la oposición de Guarapo. Ni siquiera él. Continuar leyendo

Simon Bolívar es de todos

En las elecciones del 6 de diciembre en Venezuela se podía esperar, se intuía un castigo al chavismo, a Nicolás Maduro por su falta total de carisma y su prepotencia, y a Diosdado Cabello por su mano de hierro; aunque más que nada por la situación económica del país, hundido, destruido, arrasado por la ineptitud, la intolerancia, el enfrentamiento entre compatriotas. Pero nadie podía aventurar un resultado tan contundente, un correctivo tan severo.

Cierto es que, aunque Maduro intentó por todos los medios que no se diese, dejando urnas tardías, amenazando por televisión que serían “candela con burundanga” en caso de perder, luego lo aceptó, como es debido en un político cívico.

Estos años he conocido a grandes y buenas personas de aquella gran nación sudamericana, seres humanos que viven un profundo amor a su país. Impresiona ver cómo la gente venezolana ama a su tierra; tanto los de una ideología como los de otra tienen una fuerte conciencia social, son seres informados, interesados a su modo en el destino de su terruño. Continuar leyendo

El desafío de Macri

El único instante a lo largo de la historia de la humanidad en que tiene la misma relevancia la opinión del banquero más acaudalado que la del linyera más paupérrimo es en el momento de depositar el voto en unos comicios para elegir quien conduzca el destino de una nación. Dos minutos antes y dos más tarde el banquero a mover los lobbies que sustentan al poder y el mendigo a escuchar el eco en el vacío en sus bolsillos.

El 25de Octubre pasado le tocó ese honor a toda persona mayor de edad con ciudadanía argentina, con una reedición en el día de hoy, en una segunda vuelta eligiendo entre los dos candidatos más votados en la primera.

En un minuto de sus vidas hoy fueron todos iguales ante la posibilidad de dar un giro u otro al destino del país, quien quiso votar salió por un instante de su oquedad y de su lobby y manifestó sus filias o sus fobias, su recompensa o su castigo, pintó de óleo su tela o garabateó en la servilleta su mamarracho, con las ecuaciones a su alcance, con lo que encontró encima de la mesa.

Diciendo las mismas palabras no todos quisieron decir lo mismo, o mejor dicho no todos dijeron lo mismo por las mismas razones, dentro de los votantes de un signo unos fueron motivados por la ilusión y y otros movidos por la decepción, unos apoyaban la alternativa de hoy desde hace años y otros la empezaron a considerar hace pocos días, habrá incluso los que hayan obedecido a un impulso, a una intuición, al poder del olfato o de la duda, el espacio de inteligencia poco frecuentado en que  nos suele depositar la incertidumbre.

Con una alta participación en los comicios y un comportamiento cívico ejemplar, el soberano pueblo argentino, el mismo que en las dos presidencias anteriores había decidido apoyar la candidatura peronista de los Kirchner, en este caso y de una manera contundente, más que todo atendiendo a las encuestas previas, a las elecciones PASO y a las del 25 de Octubre, se decantó por “Cambiemos” y el candidato del PRO, Mauricio Macri, quien no proviene de ninguna de las dos fuerzas tradicionales que habían alternado en el gobierno de la Argentina en las etapas democráticas, ni peronista ni radical, aunque reúna dentro de sus votantes a la fuerza radical.

Empresario, personaje vario pinto, decidido, versátil, disperso en ocasiones, centrado en otras, con casos judiciales, ex presidente de Boca Juniors, club de fútbol seña y santo post moderno del pueblo de la descamisa y el choripán, representante de la ciudad y del campo, de la clase media, de la Capital, de los Unitarios frente a los Federales del siglo XXI.

En cualquier caso un aire nuevo, una incógnita, el atractivo y a la vez el reparo de que todo puede ocurrir.

Argentina cambió de gobierno y de signo político. También cambió de costumbres, de tradiciones, exceptuando reductos muy polarizados o cargados telúrica más que ideológicamente por el peronismo,  abrió la caja de sorpresas.

Siempre hay algo fresco y aprovechable en los cambios, pueden atemorizar por su proximidad estética al caos, pero son las mayores oportunidades para el relevo de nivel.

Del período que se cierra hay tantos aciertos como errores o empecinamientos, tantas luces económicas  hubo en la época de Lavagna como sombras en la era que cierra el período, tantos logros en materia de derechos humanos respecto de los tropelías y atropellos protagonizados por las dictaduras militares, como desatención a aspectos de higiene democrática, de tolerancia, humildad y pluralismo.

Los cambios de gobiernos, las alternancias en el poder tienen mucho más relación con el mundo de las percepciones y  de la saturación de los modelos vigentes que de las políticas concretas, que de los exhaustivos  análisis de los pro y los contra, que los sesudos reparos en la lógica.

Al final, un país al igual que una persona, necesita de la magia del entusiasmo, precisa abrir el paquete que contenga olor a nuevo, con el tiempo verá si el artilugio comprado es de la calidad prometida o no, pero por lo pronto, la alegría de abrirlo le da ese plus de fuerzas y de ilusión de que se compone la vida.

El desafío de Macri y su equipo como del pueblo argentino, será lograr cambiar las cosas mal o no hechas, modernizar aquellas anquilosadas, y tener la sabiduría de no atentar contra las que se hicieron bien.

La ciudad a la que tanto debemos

Las veces que visitado París siento que he llegado a una casa donde tengo mi lugar, y además de los magníficos museos, de caminar a orillas del Sena, de admirar la arquitectura y la ingeniería civil, la Historia, los rastros de los artistas que habitaron y libaron de esta flor en diferentes épocas, las librerías perfectas con su gato deambulando entre ejemplares de la literatura que nos hizo libres, las callecitas, las galerías, las tiendas de quesos y las panaderías, aparte del fragor de la noche cuando todas las brasseries, los restaurantes y los bares hierven de charlas, rebosan del placer de la compañía en la buena mesa; aparte de todo eso y salvando las distancias, me ocurre como a Cortázar, pasear por París como por Buenos Aires de noche sedada, tarde, cuando el transeúnte solitario se adueña de la vereda, es acercarme de un modo más personal a la ciudad, al tiempo que aproximarme al Yo más íntimo, el tímido, el más escurridizo entre las actividades ordinarias, ese que se siente desamparado bajo la amenaza de la luz solar. Es encontrar mi lugar en el Boulevard de Picpus, es escuchar los pasos de otros perseguidores que procuran mantener la distancia y a la vez ser recordados, el ruido de las palomas, y esos silencios en que tantos escritores, pintores músicos, cineastas, fotógrafos, escultores, arquitectos fueron sorprendidos y cautivados por las obras de los fantasmas de la noche, que una vez metabolizadas y con el toque personal de cada uno, presentaron como suyas.

Mucho antes de haber puesto un pie en aquella ciudad ya había legado a mis inclinaciones éticas y estéticas gran parte de lo que soy, a través de su historia y su luz universal. París es de todos los seres que aman la belleza y la libertad, más allá de si la han visitado o no. Continuar leyendo