El lobby camporista

En las últimas semanas adquirió estado parlamentario un proyecto presentado por el diputado camporista José Ottavis, junto a Lucía Portos, Gabriel Godoy y Marisol Merquel, que solicita que la Provincia de Buenos Aires condone una deuda que se estima, oscila entre los 490 y 800 millones de pesos, a la empresa Aerolíneas Argentinas.

Vale aclarar que un gran porcentaje de esta deuda se originó entre 2002 y 2008, previo a la estatización de la compañía, no obstante lo cual, cuando se estatiza se lo hace con deudas y beneficios, que en este caso es como reza aquel axioma, “se privatizan los beneficios y se estatiza la deuda”. Evidentemente, en su configuración cerebral se han convencido de que privado es malo y estatal es bueno, y en este caso puntual, lo malo hecho por el privado, al pasar a ser estatal, se debería volver bueno, y por eso no debería cumplir con sus obligaciones.

Continuar leyendo

La propaganda del Gobierno en las pausas del Mundial

Una camilla recorre un edificio moderno. A medida que la camilla avanza se observa que se trata de un hospital, rápidamente se advierte que se trata de una propaganda más del gobierno nacional en los bloques de la transmisión del mundial, en donde se intenta construir que todos los hospitales de Argentina son como el que aparece filmado.

Luego hay una interrupción: es Franco Vitali, el influyente funcionario de La Cámpora en el Ministerio de Cultura de la Nación, quien describe el programa -por llamarlo de algún modo- “Puntos de encuentro” como una oportunidad para el encuentro “de todo el pueblo”. Se le pregunta dónde van a estar distribuidos y uno espera que diga “en todo el país”, pero la respuesta es que los primeros cuatro puntos van a ser Santa Cruz, Córdoba, Misiones y Tucumán, y que a medida que avancen los partidos se va a ir cambiando con un criterio “completamente federal a lo largo y ancho de nuestro país”. 

Continuar leyendo

La ironía camporista

“No voy a dejar mis convicciones en la puerta de la Casa Rosada” es el estribillo de la canción que más le gusta citar a La Cámpora, recordando la frase con que Néstor presentó su plan de gestión en 2003 frente a la Asamblea legislativa.

Al destino parece que le gustan los juegos, las picardías, incomodar al que cree que es fuerte; o al menos eso parece suceder con la Cámpora. Quizás es la manera en que la vida te equilibra la vehemencia con la que vas para adelante, como un toro. Te hace frenar y pedir disculpas.

Hay tres referentes mediáticos de La Cámpora: Andrés Larroque, Juan Cabandié y el desdibujado José Ottavis.

A Ottavis, eterno rival bonaerense del porteño Larroque, le sucedió poco después de presentar un proyecto para que se modernizaran los turbios procesos de pago de la legislatura bonaerense. Se publicó una foto en que se conversaba y discutía sobre un supuesto pago a legisladores opositores para que se aprobara un proyecto. $150.000 por voto, decía el mensaje de texto. Luego de eso fue denunciado por haber golpeado a su ex mujer. Con esos dos motivos, Larroque logró desplazarlo de la mesa de conducción nacional de La Cámpora y lo encerró en la provincia. Lo cual no le vino nada mal.

Cabandié, competidor porteño de Larroque, tuvo varios momentos que se podrían resumir en dos. El primero en su campaña de 2013, cuando se mostró que unos meses atrás lo detuvieron en un control de tránsito en Lomas de Zamora, distrito del candidato Martín Insaurralde. “Yo me banqué la dictadura”, le dijo a la inspectora que lo detuvo. Meses después se supo que a la joven la echaron y el video recorrió el país.

El segundo momento de Cabandié fue cuando ante una sesión en la legislatura porteña para homenajear el nombramiento de Bergoglio como Papa Francisco I, ordenó a sus legisladores vaciar el recinto. Una semana después, y luego de que Francisco hiciera gestos de que no iba a entorpecer la gobernabilidad, Cabandié dijo que era cristiano y que estaba muy feliz por la designación del Papa.

Y, por último, está Larroque. Larroque es quizás el más vehemente de los tres. Supo decir “Si Scioli es Presidente me prendo fuego en la Plaza de Mayo” o “Aunque lo ordene Cristina, no vamos a apoyar la candidatura de Scioli”. En el medio, Scioli, quien le aplicó el “método Scioli”. No le contestó, esperó, esperó, esperó y se lo sirvió frío en un acto celebrado el día Domingo en el Mercado Central. Ahora Larroque se saca fotos con el gobernador bonaerense.

Estos tres casos no son para refregar que los camporistas son incoherentes, o contradictorios, ni que son malos o demonios. Son para mostrar que cuando la política se estructura en base a posiciones extremas, duras y agresivas, que cuando se señala con el dedo, y que mientras más fuerte se va, tal como en la física, se nos opone una fuerza -directa o indirecta- proporcional que nos devuelve un cachetazo.

Por eso, mucho mejor que llegar con convicciones a la Casa Rosada es llegar con principios y algunas dudas, sabiendo que uno puede querer muchas cosas pero el acontecer de los hechos también condiciona la voluntad de lo que uno quiere, porque gobernar no es hacer lo que uno quiere e imponerlo. Gobernar es hacer lo mejor que se puede con las cartas que tocan.

El mayor pecado que puede cometer un gobernante es no ser un hombre o mujer de su tiempo.

Sucesión La Cámpora

“Que no estén en política para robar, que sean profesionales y sobre todo, militantes”. Ese fue el pedido que Néstor Kirchner hizo a los referentes juveniles kirchneristas en Agosto de 2010 para poder incorporar 200 nombres en distintas áreas del Gobierno Nacional. La Cámpora todavía era una agrupación entre otras varias juventudes filo-kirchneristas.

Dos meses más tarde falleció Néstor Kirchner, apenas unos días después de un gran acto donde La Cámpora impuso su protagonismo en el Luna Park, en el que entronizó la figura del “héroe colectivo” representado en el Nestornauta. Nacían la épica y el relato como consecuencia de una lectura de la crisis alrededor de la Resolución 125 donde se creyó que el problema fue comunicacional.

Néstor Kirchner, según consta en la reciente biografía publicada por Sandra Russo sobre La Cámpora, quería que esta fuera una “JP de masas” para dejar de ser una “juventud de cuadros” –cuadros como sinónimo de funcionarios-.Pasaron poco más de tres años y hoy La Cámpora es un actor fundamental para entender nuestra política nacional, no por su discutible potencia territorial sino por su penetración en las esferas del Estado. Hoy La Cámpora es poderosa, posiblemente tome algunas de las principales decisiones del gobierno nacional, o sea parte de ese proceso de toma de decisiones, y sí decididamente tiene un rol en la continua construcción del relato.

Es en este contexto que resulta reveladora la columna de Silvia Mercado “Para Cristina su única heredera es La Cámpora”. Es reveladora porque implica el deber de entender mejor a La Cámpora para comprender los años venideros, y cuáles son todos los desafíos que tienen los partidos políticos con vocación democrática de la actualidad y en especial las juventudes.

Estos desafíos son varios y posiblemente no podríamos ponernos de acuerdo con el lector, pero rápidamente puedo sugerir un desafío central: convicción democrática. Una convicción democrática que tiene dos dimensiones esenciales, por un lado el rol del político y por el otro lado la función del Estado.

La función del Estado que tiene la doble condición de estar integrado por personas y proyectos. La forma en que ingresan esas personas y los intereses que deben defender se ponen en jaque cuando están cruzados por lo político y creen que todo es plausible de ser militado, desde la relación con un jefe, la compra de cartuchos de tinta, el día del humorista y hasta un plan nacional de prevención de adicciones.

Y por otro lado cuál debe ser el rol del político en un contexto en el que no se termina de entender que no somos un argentino multiplicado por 40 millones y no existe “la gente”, sino 40 millones de argentinos diferentes con sus respectivas expectativas y problemáticas. Falta que la democracia incorpore datos a la discusión pública. Falta que la democracia sea más propensa a incorporar realidades contingentes que opiniones absolutas.

Con un funcionamiento menos patológico del Estado y un rol del político más encauzado se pueden plantear hipótesis de solución y sobre esas hipótesis de solución se pueden plantear consensos, y los consensos –actividad que patológicamente desconoce el kirchnerismo- sirven para dar continuidad a las decisiones políticas, por obvio que parezca. Es por eso, que creo que hay una trampa, si el kirchnerismo hubiera querido que sus políticas tuviesen continuidad en el tiempo, si hubieran tenido mejores convicciones democráticas, hubieran consensuado.

Por eso creo que quizás hubiera sido mejor si Néstor Kirchner no les pedía nada y en vez de insertarlos políticamente en el Estado, hubiera preparado un partido político que superase las contingencias electorales del corto plazo. Eso sí hubiera sido revolucionario en nuestra política.

Ser kirchnerista ya no es tan cool

Era muy difícil, luego del 27 de Octubre de 2010 explicar por qué no se era kirchnerista. Era una escena común ver a alguien joven lucir una remera del Nestornauta o Cristina Capitana. Hoy no es tan difícil explicarlo. Dejó de serlo desde el primer cacerolazo del 13 de septiembre de 2012, cuando se habían prendido las mechas de las bombas que están explotando hoy –y posiblemente antes también- y los que no éramos kirchneristas nos dimos cuenta de que no estábamos tan solos.

nestornauta01

No sé si fue la devaluación, el aburguesamiento, el haberse acostumbrado a la comodidad de creer que la confianza del voto es eterna, la corrupción desfachatada de Boudou, la fuerza de toro con que embistió Lanata durante dos años, la desidia en la gestión nacional, o la fe en que sus mejores pericias se ven en la adversidad –como incluso en alguna ocasión desde aquí también se ha dicho- o si simplemente el poder degenera y corrompe.

Continuar leyendo

Podríamos bajar el dedo

Escuchar al Cuervo Larroque hablar de amor fue extraño.

El sábado Cristina dio una entrevista a Hernán Brienza y dijo que ella no compartía la visión “amigo-enemigo”, luego de haber hecho una campaña cuyo slogan fue “En la vida hay que elegir”, que La Cámpora profundizó con su campaña “En la vida hay que confrontar”.

Siempre sentí una enorme curiosidad por la fé y las religiones, sobre todo porque nunca nos entendimos muy bien con la fe religiosa, por lo que cada encuentro con alguien del mundo religioso para mí es una experiencia maravillosa. Hace unas semanas compartí un café y unas palabras con el padre Fabián Báez -quien tiene una original cuenta de twitter: @paterfabian-, que pertenece a la Arquidiócesis de Buenos Aires y se desempeña en la Parroquia del Pilar. Por supuesto, nuestra conversación se centró en el fenómeno de Francisco y la enorme admiración que genera en múltiples sentidos, al padre en lo religioso y a mí en lo político. El padre Fabián me contó de un reciente discurso de Francisco en un seminario que brindó en Río de Janeiro, donde tiró de las orejas a los sacerdotes con muchos argumentos que podrían ser sintetizados en esta frase: “Después de una batalla lo primero que hay que hacer en un hospital de campaña es curar las heridas, curar tantas heridas de gente que se fue, que se quedó a mitad de camino, que se confundió, que se desilusionó”.

Continuar leyendo

Partidización de la impunidad

Tal vez una de las más poéticas introducciones de la filosofía del derecho haya sido escrita por Hans Kelsen -autor con el que la presidente Cristina Fernández de Kirchner alguna vez dijo sentirse identificada- en su libro ¿Qué es la Justicia?. Kelsen traza un paralelo con el pasaje bíblico en el que Jesucristo se encuentra con Poncio Pilato y cuenta que viene a dar “testimonio de la verdad”, a lo que Pilatos pregunta “¿qué es la verdad?”, de la que se deriva la inevitable pregunta “¿qué es la justicia?”.

Continuar leyendo