Yo NO conocí a Gabo

Supongo que ahora empieza el Campeonato “Yo Conocí A Gabo”, un certamen predecible del que participarán periodistas y escritores con crónicas apuradas en primera persona. Los participantes querrán, supongo, dar cuenta de haber estado cerca del Genio. Suertudos ellos.

Leo en las redes sociales cientos, miles, de mensajes escritos por los lectores de Gabriel García Márquez sobre qué hizo, qué dejó, por qué fue tan Grande, etc. Con toda probabilidad, todos tienen razón. Adhiero a todo lo bueno que pueda decirse sobre él y sobre su obra, la cual leí, completa, ahorrando y comprando usados sus libros en la avenida Corrientes.

Para algunos habrá muerto un Nobel de literatura. Para otros, un periodista sin igual.

Me pregunto qué significa Gabriel García Márquez para la generación de periodistas más jóvenes, para los que merodeamos los 30.

No creo expresar a mi generación ni a los colegas de mi edad. Supongo que para muchos Gabriel García Márquez es sinónimo de narrativa, de crónica, de relatos inolvidables. Para mi Gabriel García Márquez significa otra cosa.

Significa cambio, riesgo, innovación, inventiva, imaginación. Originalidad. Pero sobre todo significa trabajar más para ser mejores y así poder hacer el periodismo que la época necesita y no el de un pasado que no vivimos.

Creo que es eso lo que Gabriel García Márquez nos deja a los más jóvenes de la profesión: trabajar más para ser mejores.

Futuro

En un mundo en movimiento el que se queda en el mismo lugar retrocede
Lewis Carroll

La Argentina terminó el 2013 lidiando con problemas de los siglos XIX y XX. Nada de lo que se está discutiendo está relacionado con el futuro.

En la Argentina, lo más parecido al futuro es que no nos roben o maten una noche de éstas, cuánto subirá el dólar en las próximas horas y, para muchos, que la luz vuelva lo más rápido posible. Eso es el futuro ahora, en este momento. ¿Tendremos tomates?

El futuro siempre termina siendo lo que suceda entre las próximas horas y las próximas elecciones. Con tan poco alcance en la mirada, no es difícil terminar siempre lidiando con los problemas del pasado.

Ahora el desafío es doble: tenemos que resolver los problemas del siglo XIX y XX y enfrentar los desafíos del siglo XXI.

Deudas como el acceso al agua potable, a cloacas, eliminar la desnutrición, garantizar plena escolaridad y educación, erradicar el narcotráfico y garantizar servicios públicos elementales como la salud, conviven ahora con desafíos como el cuidado del medioambiente, el acceso a la información y promover la innovación.

Va a ser difícil pero necesitamos cambiar y entender de otra manera el futuro. El futuro es lo que imaginemos, hagámonos cargo, no otra cosa. Y, sobre todo, es lo que imaginemos más allá de la cotización del dólar, del mundial y de las próximas elecciones.

El futuro. ¿Alguien está pensando en el futuro? ¿O vamos a seguir en el mismo lugar, al decir de Lewis Carroll, retrocediendo?

Liquidar emprendedores

Los recargos a las compras con tarjeta de crédito en el exterior no son sólo un impuesto al turismo. Los recargos implican cada vez más obstáculos para quienes tienen sus emprendimientos vinculados con internet.

Estos recargos afectan a quienes compran o renuevan dominios, contratan servidores en el exterior, compran libros (que no se consiguen en la Argentina) para capacitarse, compran software para su negocio, aplicaciones para analizarlas y darles competencia, entre muchas otras cosas. Estos recargos a las compras con tarjeta de crédito en el exterior son recargos a las inversiones que hacen personas que generan su propio empleo y para quienes, también, dan empleo a otros.

La Argentina necesita más emprendedores. Y, sobre todo, más emprendedores que desarrollen las industrias de los intangibles, como la del software, de la creatividad y de la información. Estas industrias requieren incentivos, no obstáculos. La dinámica de estas industrias es, por definición, global.

Da miedo pensar -con buena fe- en la idea de que el mejor plan del Gobierno es llevar al país -tarde y mal- a un modelo basado en las materias primas y en el ensamblaje en serie.

El punto esencial que no entiende el Gobierno sobre el nuevo capitalismo es que ya no es la fuerza de trabajo solamente, sino la fuerza de invención y de innovación, lo que potencia la económica de un país. Ya no alcanza con generar empleo, ni empleo calificado. El nuevo piso del progreso es la invención y de innovación.

La innovación siempre es producto de las interacciones y de la cooperación social. Un país descontado liquida emprendedores. Un país a la altura de la época, los conecta, les tiende puentes al resto del mundo.

En Internet hay más objetos que personas

Cuando se diseñó Internet, allá lejos y hace tiempo en 1969, se buscó conectar computadoras. Ahora se está buscando que todo sea/tenga una computadora conectada. La inclusión digital de los objetos avanza a gran velocidad: según Cisco IBSG, hay unas 25 mil millones de “cosas” conectadas a Internet y se estima que en el 2020 serán 50 mil millones los objetos conectados. Todas esas “cosas” transmitirán información.

En todo el planeta hay cada vez más objetos con software, pantallas, antenas y sensores. Ya hay más antenas que personas. Decenas de objetos que antaño no contaban con alguna de esas características, ahora las incorporan. Como el auto, la heladera, los asientos de los aviones, incluso los muros de la ciudad.

Todo ser humano, durante un día normal, está rodeado por una media de entre 1.000 y 5.000 objetos, contando todo: desde el tenedor que usa para comer, el sillón donde descansa, etc., tal como lo explica Jean Baptiste Waldner en Nano-informatique et intelligence ambiante: inventer l’ordinateur du XXIe siècle.

No estamos solos produciendo y consumiendo información. Las “cosas” también se encargan de eso. Actualmente Internet es un universo de unas 400 mil redes interconectadas corriendo independientemente y operadas por 400 mil agencias que usan el mismo protocolo IPv4, que está llegando a su límite. Por esa razón su evolución ya está diseñada: IPv6.

El mercado de la comunicación y de los contenidos está empezando a lidiar silenciosa e irreversiblemente con el desafío de entender qué significa comunicarnos con “las cosas”. Quienes trabajamos en esas industrias hemos sido formados y entrenados para comunicarnos con humanos, no con objetos. Vamos a tener que aprender cómo comunicarnos con computadoras/objetos y cómo diseñar objetos/computadoras que puedan comunicarse con nosotros.

La Web tiene apenas 7.000 días de historia, y ya estamos pensando en la internet de las cosas, la internet de todo, con objetos inanimados, pero socialmente conectados, sumándose a la Red. El mercado de la sincronización de objetos con la vida cotidiana ya se presenta millonario: Google está a punto de crear un mercado de miles de millones de dólares para los accesorios cyborg. La Internet interplanetaria ya está en desarrollo. El Test de Turing y la Ley de Moore, dos principios esenciales de la época, ya tienen fecha de vencimiento.

Muy lejos quedó el malentendido que nos autoimpusimos, aquel que sostenía que internet sería como la TV, “pero mejor”. Nos equivocamos. Estamos trabajando con comunicación en un terreno que sólo fue abordado por la ciencia ficción.

La publicidad, obstinada, ensaya en público toda clase de respuestas a la pregunta “¿qué puede hacer la tecnología por nosotros?”. Pero la época es mucha interesante: nos plantea “qué significa la tecnología para nosotros”.

Pensar las máquinas sin la idea de hombre, o bien pensar al hombre sin las máquinas, eso sí será, muy pronto (¿o ya lo es?), ciencia ficción.

Argentina discute una ley para Internet

La semana pasada se empezó a debatir en comisión en el Senado un tema clave: la neutralidad de la Red.

La neutralidad de la Red es un principio que considera neutral a una Red que está libre de restricciones. ¿Qué tipo de restricciones puede tener una Red? Sitos, contenidos y/o aplicaciones podrían considerarse “prioritarios” respecto de otros, o bien podrían ser “discriminados” o quedar bloqueados, es decir, no disponibles para quienes se conecten a ellos desde la Argentina.

Se supone que en una Red neutral, todos los sitios, contenidos y aplicaciones tienen la misma jerarquía y que es responsabilidad de cada usuario decidir accederlos.

El miércoles 5 de junio a las 10:05 de la mañana, la comisión de Sistemas, Medios de Comunicación y Libertad de Expresión de la Cámara de Senadores comenzó a discutir cuatro proyectos de ley. Uno lo presentó Liliana Fellner, del Frente para la Victoria. Otro Graciela di Perna, del Partido Justicialista. María Eugenia Estenssoro de Coalición Cívica también presentó uno, y Ernesto Sanz de la Unión Cívica Radical el suyo. La comisión invitó a cuatro especialistas en comunicación para el debate: Martín Becerra, Eduardo Bertoni, Henoch Aguiar y Glenn Postolski.

Los proyectos apuntan a que no haya restricciones en la Red, excepto, y esto es lo central, que exista una orden judicial que así lo requiera.

¿Para qué una ley que explicite que es necesaria una orden judicial para bloquear servicios, cuando esa práctica es habitual? La Comisión Nacional de Comunicaciones publica periódicamente bloqueos de sitios que ordena la justicia.

¿No es ingenuo asumir que las únicas restricciones a la Red pueden responder a intereses empresariales? ¿No habría, además, que poner sobre la mesa la necesidad de garantizar en la ley que un gobierno no pueda promover esas restricciones?

La discusión sobre la neutralidad de la Red y los proyectos presentados no deberían dejar de tener en cuenta el contexto: en un país en el cual el Gobierno está en pleno proceso de diseñar una Justicia a medida, no hay garantías de que la Red pueda ser libre y neutral. Sólo con un juez aliado que ordene la restricción que el poder político demande, la neutralidad de la Red ya sería, como le gusta decir a la Presidenta, letra de molde.

¿Es necesaria una ley de neutralidad de la Red? Sí. Pero cuidado: que no termine como el “anexo” digital de la ley de medios. Al fin y al cabo, el Gobierno ya controla la mayor parte de los medios periodísticos del país, pero aún no logra controlar la libre circulación de la información.

No deja de llamar la atención la escasa difusión que tuvo la reunión y la “selección” de los “especialistas” convocados. Algunos de ellos, fanáticos defensores del modelo de medios que financia el Gobierno con fondos públicos. Hay decenas de profesionales solventes en la materia que no fueron convocados…

Fracasar e ir por más

El lunes 1 de abril pasado se venció el plazo del Programa Conectar Igualdad para cumplir con el objetivo de entregar 3 millones de computadoras. En el sitio oficial festejan 2 millones de “notebooks entregadas” y anuncian que “vamos por más“.

La crisis del programa se profundiza. No sólo no se cumplió el objetivo fijado por la Presidenta. La informalidad de las contrataciones de personal, los atrasos generalizados en el pago de sueldos, la obsolescencia de las máquinas y el escaso soporte técnico sobre las laptops entregadas configuran un panorama dominado por la incapacidad.

Como era de esperar, tampoco hay información pública disponible sobre cuál es el estado de situación. La pregunta más obvia es a dónde fue a parar el dinero del 26% de las computadoras que no llegaron a manos de alumnos y docentes.

No deja de sorprender que no se entreguen las laptops, no se explique por qué, no se rindan cuentas sobre el presupuesto ni haya información pública sobre el Programa. Todo lo que hay es un autoengaño frívolo que repite, cada vez más como farsa, “vamos por más”.

Cepo a la imaginación

El viernes pasado estuve en la Favela Santa Marta, en el barrio de Botafogo, en el sur de Río de Janeiro. Hasta el 2008 estaba controlada por los narcos. Fue la primera en ser intervenida por las Unidades de Policía Pacificadora.

Entré con un grupo de periodistas y con desconfianza, sí, pero no tuvimos miedo en ningún momento. Bajamos casi sin hablar, caminando por corredores húmedos y apretados, sin sol, entre viviendas precarias con antenas satelitales de TV que apuntan al perfil derecho del Cristo.

Lo sorprendente para muchos de nosotros, en especial para los argentinos, fue que no nos sentimos inseguros.

Los sentimientos son inapelables. Por eso el Gobierno habla de “sensación de inseguridad”: no discute lo que sentís porque, suponen, la realidad es otra cosa, algo no tan inseguro o, al menos, sin relación con lo que sentís.

Y eso es lo discutible: la idea de que la realidad es “otra cosa”, distinta a lo que se siente. ¿Desde cuándo la realidad es algo ajeno a lo que sentimos y percibimos? ¿Desde cuándo el hambre es una “sensación”? ¿Desde cuándo el frío lo es? ¿El dolor no es real? ¿El amor tampoco? ¿La paz? ¿La tristeza no es real? ¿La violencia? ¿La tranquilidad?

La retórica del “progresismo” K, que iguala sensación a ficción, funciona hasta la frontera. De ahí en adelante, esa retórica se vuelve estafa, fraude, mentira y espectáculo patético de fin de época.

En Ezeiza, mientras esperaba durante más de una hora y media que la gestión de La Cámpora despache las valijas, entendí que el Gobierno no pone obstáculos para viajar al exterior con el fin de limitar los opulentos viajes de la “puta oligarquía”. Lo hace para que no conozcamos otras realidades, para evitar que experimentamos otras sensaciones. Como la sensación de seguridad.

Lo que aterra al Gobierno no es que vayamos a un shopping a dilapidar dólares. Es que veamos cómo evoluciona el mundo, cómo una favela pasa de ser un nido de narcos a un barrio obrero.

Lo que sentimos es real. Lo que nos dicen es propaganda descarada.

Aceptar la construcción de la realidad que hace el Gobierno, y sus intelectuales encadenados al salario estatal, es tercerizar los sentimientos: es aceptar el peor capitalismo posible.

No pueden evitar que sientas ni que imagines, pero sí pueden restringirte el mundo para que no compares. Por eso restringen la información. Por eso nos cobran cada vez más impuestos para salir del país.

No conozcas, no compares, no entiendas, no imagines. Mucho menos un mundo mejor.

Conectar Igualdad desde un jacuzzi

Cristina se jacta del ambicioso programa, pero la entrega de laptops está muy por debajo de lo prometido. Los números.

La promesa fue grandilocuente: 3 millones de computadoras en manos de docentes y alumnos para marzo del 2013. La retórica siempre buscó presupuesto, y lo consiguió: $3,223 millones para el 2012, un 46% más que en el 2011.

¿Computadoras entregadas desde el 2010 hasta hoy? 2,212,597. Faltan más de 780 mil.

Al ritmo que el Gobierno las entrega, según sus propias cifras, es difícil que pueda cumplir: debería entregar hasta el 31 de marzo 17,000 computadoras cada 24 hs, pero hasta ahora la velocidad crucero es de 2,100 por día.

Los números de Conectar Igualdad, financiado por ANSES, indican que, con viento a favor, cuando termine el plazo, se habrán entregado a alumnos y docentes 700 mil computadoras menos que las prometidas.

Silvina Gvirtz es hermana del productor de 678, mariottista y fue fugaz ministra de educación de la provincia de Buenos Aires. Dirige el Programa Conectar Igualdad desde una oficina estatal con jacuzzi en la esquina de Callao y Córdoba. Tiene una misión imposible: que a más tardar el 31 de marzo la Presidenta pueda entregar en un acto público por cadena nacional la computadora número 3 millones.

Los indicadores no están de su lado pero, como todos sabemos, después de la intervención del Indec, 2 + 2 no es 4, es relato.

Para quienes se pregunten cómo es posible conectar igualdad desde un jacuzzi, les adelanto la respuesta: armen un partido y ganen las elecciones.

La ridícula épica contra los medios

La guerra sin cuarteles contra los diarios que promueve y financia con fondos públicos el Gobierno no tiene explicación. La presentan como una guerra épica, pero es pura lírica, o mucho menos: un bloque onanista de 678.

Si Cristina hubiera gobernado en los sesenta quizá hubiese sido una gran estadista. Hoy su romanticismo es fatuo.

La guerra contra los diarios y por “la democratización de la palabra” es cualquier cosa menos épica. El Gobierno pelea contra un enemigo insignificante.

Adepa, Asociación de Entidades Periodísticas Argentina, reúne a 141 medios impresos de 22 provincias de la Argentina. La circulación conjunta diaria promedio es de 1,3 millones de ejemplares. Más del 82% de esos medios son pymes con circulaciones de menos de 10.000 ejemplares. Más del 40% no supera los 1000 ejemplares por tirada.

Según los datos del Instituto Verificador de Circulaciones, Clarín, el “gran” adversario del Gobierno, vende en promedio 265 mil ejemplares por día (un poco menos de lunes a viernes, el doble los domingos). El promedio de La Nación es 167 mil. El de la revista Noticias, 51 mil por semana.

La circulación de los medios impresos cae en la Argentina y en todo el mundo. La “gran” guerra épica del Gobierno no es contra un enemigo poderoso, es contra empresas en crisis, que fueron los grandes mayoristas publicitarios del siglo XX, y que hoy son insignificantes en su escala de distribución de información.

Los diarios venden más ejemplares los fines de semana, no sólo porque la gente tiene más tiempo libre, sino porque esos días publican las ofertas de supermercados y de las grandes tiendas. Sí, se compran más diarios no cuando hay mejor información, sino cuando la audiencia sabe que encontrará en ellos ofertas y promociones de consumo.

La presión oficial sobre los supermercados para que no anuncien en los diarios es una doble asfixia financiera: no podrán facturar esa
publicidad y perderán a la audiencia que los compra para ver las ofertas comerciales.

Este movimiento táctico de un Gobierno en guerra dará sus resultados. Pero dudosamente la historia recuerde estas batallas con la épica que son presentadas en el presente.

Las cifras revelan que esta guerra, como todas, es ridícula. No épica. Si ganan, se darán cuenta de que, en realidad, habrán perdido. Si
pierden, sólo les quedará dimensionar el fracaso cultural de esta guerra anacrónica.

Burroughs para todos y todas

William S. Burroughs cumpliría hoy 99 años, pero murió a los 83 en 1997. Quizá usted lo leyó, o no lo conozca. Aunque seguro lo vio alguna vez en la portada de un disco de los Beatles al lado de Marilyn Monroe, en algún video almorzando con Andy Warhol, en un videoclip de U2 o en uno de The Doors, o incluso en un comercial de Nike.

La de hoy no es una columna. Es un fragmento del libro Los sentidos y las máquinas. La red Burroughs, que escribí y publiqué el año pasado. Un pequeño ensayo sobre algunas de sus ideas.

Nosotros, sus fans, siempre encontramos actualidad en su obra. La fecha de su nacimiento me pareció una buena excusa para compartir algunos párrafos sobre su vida.

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