Son estos, no hay otros

Los cuentos que parecían de ciencia ficción cuando las primeras investigaciones periodísticas daban cuenta de bóvedas, estancias en el sur con dinero enterrado, enormes cajas fuertes del Banco Hipotecario trasladadas a propiedades de los Kirchner, podrían empezar a confirmarse y a cobrar visos de realidad más temprano que tarde.

Quizás sea esa expresión de deseos atorada en el ánimo de la mayoría de los argentinos, que daría lo que no tiene para ver las pruebas del robo por una vez en la vida delante de sus ojos. Otros van más allá en sus sueños y piden la restitución de lo robado. Pero lo cierto es que desde hace unas cuantas horas existe un clima de mani pulite que esperanza a muchos y que tiene atentos a otros.

Hace unas semanas el presidente de la Corte, Ricardo Lorenzetti, emitió una señal hacia todo el Poder Judicial en el sentido de que la meta primordial de esa rama del Estado debía ser la lucha contra la impunidad y que los jueces debían perseguir la corrupción y castigarla.

Algunos dicen que eso explica la súbita aceleración que han tenido algunas causas. Otros indican que esta es la respuesta de los juzgados federales al proyecto del ministro Germán Garavano para reformar esa área de la Justicia, con la creación de juzgados con competencia específica que, necesariamente, recortaría el poder de los jueces actuales. Continuar leyendo

Niembro y Tucumán: dos casos de enorme repercusión

Obviamente dos hechos reunieron en estos días toda la atención: la renuncia de Fernando Niembro a su candidatura por Cambiemos en la provincia de Buenos Aires y la declaración de nulidad de las elecciones en Tucumán por la Cámara Contencioso Administrativa de esa provincia.

El caso del periodista deportivo que acompaña a Mauricio Macri desde hace algunos años en la política tiene, evidentemente, distintas aristas -todas muy interesantes- desde las cuales observar el fenómeno.

En primer lugar, hay que decir que si la contratación de Niembro por parte del Gobierno de la ciudad estuvo fuera de la ley, está muy bien que el decoro lo haya llevado a la renuncia. Aunque no parezca, se trata de un gesto infrecuente en la política de hoy, en donde funcionarios de elevada jerarquía que han recibido acusaciones y hasta imputaciones de delitos concretos han seguido en sus cargos como si nada.

En segundo lugar, llama la atención la saña con la que algunos, incluida la mismísima Presidente, se han referido al tema y a la persona de Niembro, cuando sobre sus espaldas cuelgan sospechas de todo tipo y, por cierto, de una envergadura mucho mayor que el contrato que se atribuye al periodista. Continuar leyendo

La “cristinización” de Scioli, una carta peligrosa

Daniel Scioli decidió ponerse un traje de antipatía para enfrentar las consecuencias de las inundaciones en la provincia de Buenos Aires. Quizás sea un primer ensayo sobre el curso de modales kirchneristas que, aparentemente, ha decidido tomar.

Durante meses -si no años- trató de convencer a media ciudadanía de que, pese a ser “un hombre del proyecto”, él era distinto, dialoguista, educado, de buenas maneras.

Pero el desastre que es su provincia puesto de manifiesto por la inclemente naturaleza, sumada a la falta de controles y a una administración ineficiente, parece haber sacado de su centro al gobernador, que no tuvo mejor idea que salir al cruce de Mauricio Macri, del peor modo.

Durante mucho tiempo vendió la imagen de la amistad y de la relación de respeto que lo unía al hoy candidato de Cambiemos. Pero bastó que este comentara los trabajos de ingeniería hidráulica que harían falta en la provincia de Buenos Aires y que no se han hecho en todos estos años, para que el gobernador saliera con los tapones de punta.

A su juicio también estaría mal que los candidatos de la oposición hayan hecho comentarios sobre las inundaciones: según Scioli, esos son aprovechamientos políticos de las desgracias. Continuar leyendo

¿Están contentos ahora, muchachos?

Quizás este fin de semana haya sido el que más gráficamente sirvió para mostrar los resultados prácticos del modelo; para ver, en definitiva, de qué sirvieron los años de gobierno de los Kirchner. 

En efecto mientras la sociedad veía como se le escurrían sus ahorros y el fruto de su trabajo por entre los dedos, y mientras los que menos tienen pensaban cómo sobrevivirían a la esperable crisis de ingresos y de actividad, una parte de los funcionarios del Estado encabezados -obviamente- por la propia Presidente y su hija, descansaban en La Habana haciendo turismo por la ciudad vieja y disfrutando al sol con la vista en el Caribe.

Así se describió el primer día en la isla de los Castro de la comitiva argentina, la única que ha llegado con cuatro días de antelación al comienzo de la reunión de la Cumbre de la Comunidad de Estados de Latinoamerica y el Caribe (Celac).

Dicen que la Presidente no salió de su habitación y que estuvo en permanente contacto con sus funcionarios en Buenos Aires. Pero no importa. Lo que sí importa es que quienes deben estar al servicio de la gente, descansaban en el agradable clima del trópico, mientras en la Argentina la gente -que es la importante en esta ecuación- trataba de figurarse cómo iba a hacer para cumplir con sus pagos, con los útiles de los chicos, con el colegio, con los impuestos, con el supermercado…

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Los barras y el poder

El dantezco espectáculo ofrecido la semana pasada por la barra brava de Colegiales en el entierro de uno de sus capos -el Loco Pocho Morales- es una foto de la década ganada. En efecto si alguien ganó en esta década ha sido la marginalidad como incorporación cotidiana a la normalidad de la vida argentina.

Desde el peso de su investidura -casi al nivel de la venerada “juventud maravillosa” de Perón- la señora de Kirchner hizo pública su admiración por esos personajes que, colgados de los paravalanchas eran, según la presidente, la imagen misma de la pasión (“y saben qué, sin pasión no se puede vivir… Yo cuando mi papá me llevaba a la cancha de chica y luego, de grande, cuando fui con Néstor, no miraba el partido, los miraba embelesada a ellos…”)

La marginalidad ha dejado de estar en los márgenes en la década ganada; la marginalidad ha ocupado el centro. Ya no es la vergonzante situación de la que sus víctimas quieren salir. No, no. Ahora ellos son el poder, ahora ellos están en el centro de la escena; ahora ellos corren a la policía, son los dueños de la calle y te dan órdenes con la autoridad de lo oficial.

Ser barra es ser un profesional. Un profesional independiente que pone sus servicios a disposición de la política. Su escenario de desarrollo suele ser el fútbol. Pero esa sana pasión deportiva es una pantalla. Detrás de ella esconden sus negocios, la droga, la delincuencia y sus vínculos con el poder y la política. Hoy en día hay gente que se saca fotos con los barras. Han sido encumbrados a la categoría de celebridades. Son impunes y el poder les facilitó un atajo a la riqueza. Están metidos en los negocios sucios de la política y muchos los enmascaran con negocios “lícitos” de los clubes de fútbol, como la operación de sus estacionamientos, de sus servicios de comida o, en algunos casos, hasta de la irónica seguridad de los estadios.

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Las consecuencias de salirse con la suya

Las declaraciones del titular de la AFIP, Ricardo Echegaray, en el sentido de que la oficina de impuestos efectivamente está investigando al presidente de la Corte y a sus hijos, ha dejado inaugurado un nuevo tiempo en la Argentina.

No se trata, sin embargo, de una situación nueva ; lo nuevo es que lo que todo el mundo sabía que ocurría por debajo de la superficie, ha salido al aire libre. Se trata de la horrible comprobación de que el país vive bajo el dominio del temor.

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La “cruzada moral” del Gobierno

En medio de la conmoción causada por la llegada del Cardenal Bergoglio a la silla de Pedro, el gobierno parece embarcado en otra “cruzada moral”: prohibir a los argentinos usar sus tarjetas de crédito en el exterior para comprar fichas de casino fuera del país.

La cuestión parece ser menor, y no me extrañaría que alguien saliera a respaldar los que para él sería la intención última de la medida: no estimular la inmoralidad del juego. Pero el tema encierra una cuestión enorme que trasmite una nueva señal horrible en la misma dirección de las muchas que estamos teniendo últimamente.

En primer lugar, la jerarquía moral del gobierno -como si ese pedestal autoasignado, les diera alguna prerrogativa para emitir bandos sobre lo que es y no es moral- está seriamente discutida. Un gobierno que a través de sus espadas principales admite que lo que sirve enla Argentina no es el bien y la buena educación, sino todo lo contrario, carece del suficiente respaldo ético para andar dando lecciones públicas.

Pero además de eso, el prohibir a los ciudadanos decidir en qué pueden utilizar sus tarjetas de crédito es una señal que se suma al aquelarre anti-individuo que el gobierno de la señora de Kirchner ha desatado sobrela Argentina. Se trata de sumar algo más a la lista de negación de derechos individuales que caracteriza a los Kirchner.

Mientras reivindican los derechos de colectivos abstractos, de entelequias que nadie conoce (el “Pueblo”, la “Patria”, el “Estado”, que no tienen manifestación corpórea y que por lo tanto no pueden ser sujeto de derechos) niegan todos los días los derechos concretos de las personas reales, las únicas que, siendo física o jurídicas, pueden ser titulares de derechos efectivos.

Lo cierto es que, en la Argentina de los Kirchner, las personas tienen cada vez menos derechos y los funcionarios del Estado (que, para ellos mismos, son la encarnación del “pueblo”) cada vez tienen más; cada vez gozan de más prerrogativas que los transforman en los verdaderos desiguales de la sociedad.

Además, la medida tiene un agregado sugestivo: la prohibición es para comprar fichas de casino en el exterior. Se trata de un dato no menor cuando se lo analiza a la luz de la tendencia que el gobierno va tomando cada vez con mayor nitidez respecto de los argentinos y, precisamente, “el exterior”.

La relación de los ciudadanos con el “exterior” ha recibido los siguientes últimos ataques:

1.- el cepo cambiario, por el cual resulta difícil obtener dólares para viajar;

2.- el recargo (ahora del 20%) a las compras con tarjetas de crédito

3.- la restricción para sacar dólares físicos desde un cajero automático fuera del país

4.- la extensión del recargo del 20% a los pasajes y paquetes turísticos

5.- la prohibición para utilizar tarjetas para la adquisición de determinados bienes o servicios (como ahora las fichas de casino) fuera del país

¿Qué seguirá luego?, ¿otras restricciones para decisiones individuales?, ¿que no podamos decidir comprar, por ejemplo, juguetes con nuestra tarjeta de crédito? Por lo demás, ¿a qué sistema de vigilancia estamos siendo expuestos como para que un funcionario del Estado sepa que usamos una tarjeta de crédito para comprar fichas de casino?

Como lo demuestra el mero hecho de listar los “toques” que ha recibido últimamente todo lo que tenga que ver con salir del país, la tendencia podría terminar en una seria restricción a la libertad constitucional para entrar y salir del territorio argentino. Una limitación severísima a los derechos individuales; diría de las más graves que puedan perfeccionarse.

Por lo demás, por los antecedentes internacionales de regímenes calcados al kirchnerismo, la aspiración a restringir esa libertad de desplazamiento es efectivamente una de las características principales de estos engendros de prisión.

Seguramente son conscientes de que las comparaciones que las personas pueden hacer  libremente cuando se les permite pisar otras tierras, son mortales para la imposición de su relato: las mentiras son tan evidentes cuando se contrastan con una realidad opuesta que no habría explicación posible para aquel que la pidiera. Por lo tanto, cuántos menos vean cómo son las cosas afuera, mejor.

Se trata de una tendencia peligrosísima que puede seguir, por ejemplo, con algún futuro proyecto para pretender regular el acceso a Internet. El escape y las comparaciones que permite esta vía virtual también pueden desenmascarar el “cuentito” oficial.

¿Cuándo llegará el momento de que franjas decisivas de la sociedad adviertan el peligro que nos rodea? No por repetido el cuento de la rana hervida de golpe o de a poco, es menos verdadero. Estamos soportando un hervor a baño maría: mientras bailamos en la cubierta del Titanic, el Leviatán avanza sin prisa pero sin pausa hacia la restricción completa de nuestra libertad. ¡Bailen, muchachos, bailen… que está todo bien…!

 

@ThePostArg