Como el gobierno kirchnerista no ha sido ni es una revolución, entonces tampoco, ante su derrota, habrá contrarrevolución. Se trata de algo más sencillo, la descomposición de un gobierno mediocre que con sus más y con sus menos, toca sus límites.
Es probable que conserve, después de octubre, la mayoría en ambas cámaras. Pero eso lo conseguirá sólo con aliados y no con tropa propia, lo cual le confiere a esas “mayorías” una debilidad extrema. Si a esto le adicionamos que el gobierno en octubre, posiblemente, se plante en el 26% de los votos, la pregunta del millón es ¿como se gobierna un país con tan escasos sufragios? Similares ha los que tuvo el presidente Illia. Verdaderamente será un rompecabezas.
OCTUBRE