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	<title>Gustavo Gorriz &#187; terrorismo</title>
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		<title>Evitar la entrada libre y gratuita</title>
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		<pubDate>Thu, 03 Dec 2015 08:52:22 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Gustavo Gorriz</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Estamos a días del recambio presidencial en Argentina y no decimos nada interesante al asegurar que no somos ajenos a un mundo que vive momentos de intensa complejida0d, cuando el terrorismo y el narcotráfico juegan un rol fundamental que pone en jaque la propia libertad individual y la de toda la sociedad. Libertad que, por lo menos en el mundo occidental, ha sido el bien más preciado desde el fin de la Segunda Guerra Mundial.</p>
<p>Hasta hace un tiempo la presencia de militares, armas y vehículos artillados en las calles era una escena típica de lugares periféricos con graves conflictos internos. Hoy, sin embargo, es la cotidianeidad de París y de otras capitales de Europa, para prevenir sin éxito las acciones terroristas de ISIS. También ese es el día a día de importantes ciudades de México, con miles de soldados desplegados intentando, también sin suerte, detener las interminables matanzas entre narcos que involucran, además y sin excepción, a víctimas inocentes.</p>
<p>Hay una natural pregunta que cabe formularnos: ¿por casa cómo andamos? La respuesta es alarmante, si dejamos por un momento el pensamiento mágico que nos ha permitido afirmar muchas veces que vivimos sin problemas de esa magnitud y que, por favor, “no nos importen los conflictos”. La persistencia de sostener esos conceptos como un ritual estereotipado choca con las realidades brutales ya vividas de los atentados a la Embajada de Israel y a la Asociación Mutual Israelita Argentina (AMIA); también con las miles de víctimas del paco, los cargamentos de cocaína y los sicarios nacionales e importados que ajustan cuentas en nuestras calles de manera cada vez más frecuente.<span id="more-169"></span></p>
<p>Hace pocos días participamos del exitoso IV Global Workshop que la Facultad de Derecho y la Fundación de Investigaciones en Inteligencia Financiera (Finint) realizaron sobre el sistema antilavado de activos y contra la financiación del terrorismo. Allí<b> especialistas de todo origen político y ramas de saber concordaron en la fragilidad de nuestra respuesta estatal contra el narcotráfico, contra los bienes ilícitos que maneja y también la muy débil situación de nuestras fronteras en general</b>. Hubo también consenso absoluto en la necesidad de desarrollar una tarea coordinada seria a nivel nacional, con acuerdos regionales e internacionales que permitan combatir un flagelo indudablemente global como es el narcotráfico y el terrorismo.</p>
<p>Es inteligente afirmar que ser débil, en un mundo que día a día incrementa sus niveles de control, de inteligencia y de seguridad ciudadana, es una perfecta invitación a ser protagonistas de una nueva tragedia nacional. La necesidad de ISIS y de otras organizaciones terroristas de estar presentes en el inconsciente colectivo de la humanidad hace de la ciudad de Buenos Aires, por ejemplo, un escenario que nadie descartaría para lograr muchas primeras planas en el mundo. Ni qué hablar del narcotráfico, ya que eso no es futurología, sino que está ocurriendo, ocurre y ocurrirá mucho más gravemente en la medida en que las facilidades continúen.</p>
<p>Esto también quedó muy claro en el seminario internacional que organizamos a fin del pasado año con Editorial Taeda y la Delegación de Asociaciones Israelitas Argentinas (DAIA), más la Universidad Jorge Tadeo Lozano de Colombia y la ONG Viva Río de Brasil. La preocupación hemisférica de que grandes mafias terminen de instalarse, que el crimen organizado llegue a la política, más la imprescindible necesidad de decisiones políticas inquebrantables para recuperar la seguridad ciudadana fueron temas comunes aceptados por los expertos de todos los países participantes.</p>
<p>Hoy estamos a las puertas de un importante recambio institucional y el desafío no es menor. Desafíos existen muchos sin dudas, pero este es urgente e imprescindible. Requiere mentes preclaras y sin prejuicios, e importa la colaboración de todos, en un gran acuerdo político que deje de lado chicanas y egoísmos impropios de la hora.</p>
<p>La droga no se instala en Rosario ni en el Conurbano bonaerense por impericias locales y todos lo sabemos. Todos conocemos también las miles de pistas clandestinas que existen, la permeabilidad absoluta de las fronteras y la ausencia en ellas de una radarización seria. También es justo decirlo, hay una incapacidad absoluta de nuestra Fuerza Aérea, por falta de equipamiento y un estado logístico en general deplorable de las Fuerzas Armadas, atribuible no ya a este Gobierno, sino a un problema de 30 años que hoy se ha transformado en endémico.</p>
<p><strong>En cumplimiento de las leyes vigentes, los militares no deben ser empleados en esta gran batalla, pero sí pueden dar un gran apoyo dentro de la legalidad existente.</strong> Incluso la situación general amerita hasta revisar esas leyes, pero quizás no sea este el momento y lo mejor es ponerse a trabajar ya, con lo que hay y sin demoras.</p>
<p>Ojalá no sea una gran tragedia la que finalmente nos movilice detrás de estos objetivos, ojalá sea la comprensión de que el mundo vive una guerra que llegó para quedarse y que sería triste y lastimoso ser el pato de la boda, por impericia o indolencia.</p>
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		<title>Drones y el estrés de matar</title>
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		<pubDate>Wed, 12 Aug 2015 09:43:53 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Gustavo Gorriz</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Los drones llegaron no solo para quedarse, sino que, más que pronto, formarán parte de nuestra cotidianeidad y seguramente modificarán el paisaje urbano de manera sorprendente. Para quienes no están familiarizados con ellos, deberían ir comprendiendo que su vertiginoso desarrollo hace imparable su inminente aparición en nuestras vidas. Como muchos otros inventos trascendentes, se repite la siguiente historia: fueron imaginados por escritores de ciencia ficción de la talla de Ray Bradbury o Isaac Asimov, o por directores de cine como Steven Spielberg, James Cameron o Hayao Miyazaki. También se repite el hecho de que fueron los militares y la industria bélica quienes iniciaron el desarrollo que luego encontró rápidamente uso civil.</p>
<p>Las noticias vinculadas a ellos y a la constante evolución de sus capacidades son casi diarias y van del festejo por los logros científicos crecientes a la preocupación constante por los peligros que generan, algunos de ellos gravísimos, como por ejemplo, los ocurridos con la aviación comercial en los últimos meses.<span id="more-145"></span></p>
<p>Hoy, ya en manos de compañías privadas, los drones pueden aplicarse tanto a la seguridad como a la meteorología, a la fotografía, a la logística y al cine. También, a la vigilancia fronteriza, a la previsión de incendios y en breve, hasta realizarán el tradicional <i>delivery</i>. Incluso Facebook acaba de crear un innovador sistema para llevar Internet a áreas remotas del planeta mediante la fabricación de un dron que puede permanecer en el aire alrededor de 90 días, funcionando con energía solar y volando a una altura menor de 30 km del suelo. Su nombre es Aquila y procura acercar la web a lugares remotos en países en desarrollo. Como puede apreciarse, el uso de los drones es infinito, pero se mantiene aquello de que <b>es la industria bélica la que aún hoy impulsa su desarrollo, y hay un gran empeño militar para su uso por razones vinculadas a la eficiencia, a la economía de recursos y a las posibilidades que le brinda a las operaciones militares,</b> ya sean estas de vigilancia, de inteligencia o de acción directa.</p>
<p>Las Fuerzas Armadas más desarrolladas llevan más de una década empleando los drones, que se han vuelto indispensables en Afganistán, Libia, Somalía, Siria, Yemen o Irak y que realizan también operaciones secretas en otras docenas de países, muchas de ellas, por cierto, al margen de la legalidad internacional.</p>
<p>Sin embargo, al optimismo y al éxito inicial por los grandes logros y nulos costos en términos de personal, en la utilización de los drones han comenzado a surgir los primeros y muy graves problemas. Hay un incesante incremento de requerimientos de ese tipo de operaciones (aumentaron un 1000 % en la década) y a ese incremento se contrapone una importante reducción de operadores militares. Por ejemplo, ya la Fuerza Aérea de los Estados Unidos tiene un importante éxodo de pilotos de drones y manifiesta una incapacidad para mejorar el nivel de reclutamiento de ese personal. ¿Qué ocurre? ¿Dónde y cuándo comenzaron a surgir esos problemas? Aparentemente, son de larga data y nacen de una combinación de incesante exceso de trabajo, bajas expectativas profesionales y estrés vinculado con la actividad, que no fue en su momento adecuadamente contemplado.</p>
<p><b>Las acciones de videovigilancia y las operaciones militares son desgastantes y suelen estar acompañadas además por la falta de un adecuado descanso</b>, producto de su crecimiento geométrico. Asimismo, los pilotos consideran que no hay incentivos académicos ni profesionales, y que los ascensos en sus respectivas carreras no son los imaginados originalmente dentro de sus respectivos escalafones. Sumado a todo lo anterior, casi la totalidad de los pilotos manifiesta el devastador efecto que les provocan en la vida familiar las operaciones militares que realizan. En ellas, las más de las veces, hay altísimos componentes de ansiedad, adrenalina y, en muchas ocasiones, estos ataques remotos implican realizar acciones que se cobran vidas humanas. Incluso en algunas de esas operaciones existen “daños colaterales”, con muertos civiles e incluso niños, cuando están en juego objetivos como un líder del Estado islámico o un terrorista buscado durante años.</p>
<p>Inicialmente se pensó lo contrario, es decir, que evitar que los pilotos de naves tripuladas estuvieran en masa en las zonas de operaciones permitiría que este otro tipo de “combatientes” llevara una vida más normal y sin tantos efectos del estrés postraumático propio de la guerra convencional. Quedó claro el error y la conciencia plena de que estos soldados entienden claramente que su accionar no es sobre un videojuego, sino sobre vidas humanas que quedan afectadas para siempre. A los pilotos les resulta intolerable cerrar sus computadoras y encontrar un mensaje de sus esposas para que pasen por el supermercado o retiren a los chicos del colegio. Este tipo de trastorno de estrés postraumático (TEPT), presente tanto en aquellos que participan en una guerra como en otras situaciones límites (violaciones, desastres naturales, violencia doméstica, etcétera), generalmente provoca actitudes de evasión, revivir los hechos ocurridos, hiperexcitación o estados de ánimo negativos, todos ellos detectados tanto en estos militares como en aquellos que han puesto el cuerpo en el campo de batalla afgano o iraquí.</p>
<p>No hay duda de que los drones se seguirán desarrollando y que su empleo seguramente crecerá de manera exponencial. Ahora bien, lo que nos señala el surgimiento de estas graves dificultades es que se deberá analizar muy profundamente cómo atenuar las causas que provocan los trastornos y determinar acciones claras y concretas que permitan reducir su impacto. Al respecto es muy interesante leer los puntos de vista de P. W. Singer, uno de los mayores expertos en tecnología bélica del siglo XXI, quien no solo desarrolla desde hace años la importancia del empleo de los drones, sino que además plantea incómodas preguntas, como por ejemplo: ¿Cómo devuelve el terrorismo una acción realizada por drones provenientes de países desarrollados? ¿Cómo evitar que las filmaciones realizadas por drones no se filtren y se vuelvan un mero entretenimiento? También fue el primero en preguntarse sobre el efecto psicológico que estas acciones tienen sobre pilotos que no comprometen su físico a ningún riesgo y ejecutan operaciones devastadoras.</p>
<p>Miles de veces nos sorprendemos con actos violentos inexplicables, que son particularmente frecuentes en territorio estadounidense y que se llevan docenas de vidas en colegios o lugares pacíficos por la acción de personas desequilibradas que estuvieron vinculadas previamente a acciones de guerra en distintos lugares del planeta.</p>
<p><b>Los drones generan casos de estrés extremo en estos pilotos que, alejados de las zonas de conflicto, igualmente, están sometidos a tensiones propias de la guerra convencional</b>. Por esa razón deben ser objeto de todo cuidado antes de que esas situaciones de estrés los haga perder el control y generar consecuencias violentas, que ya hemos visto muchísimas veces en las noticias, sin encontrarles naturalmente una explicación convincente.</p>
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		<title>Crisis no, guerra</title>
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		<pubDate>Fri, 06 Feb 2015 11:27:53 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Gustavo Gorriz</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>La Yihad global, con su alto contenido de terror y las previsibles consecuencias de su profunda xenofobia y autoritarismo, en nada se parece a una <i>crisis</i>, palabra cuya definición alude a un cambio súbito y violento pero acotado a un lapso de tiempo breve y determinado. <strong>Cuando hablamos de yihadismo, lo cierto es que se trata de un ataque global y poco importa si se llama Al Qaeda, Estado Islámico (EI) o Boko Haram, organizaciones que acarrean la muerte no solamente a Siria, Irak, Libia, Nigeria, Pakistán o Afganistán, sino a todo el mundo.</strong> <i>Charlie Hebdo</i>, el semanario víctima de un atentado en París que se cobró 17 víctimas y provocó la mayor marcha pública desde la Segunda Guerra Mundial, es prueba de ello, porque no hizo otra cosa que traer a cada una de nuestras casas la irrefutable prueba de que el terrorismo internacional no es una simple crisis, sino una verdadera <i>guerra</i>, y que, tal como manifestó el Ministro de Defensa francés Jean Ives Le Arian, “una guerra que será larga” y para la cual debemos prepararnos.<span id="more-108"></span></p>
<p>Algunos días después del atentado en París, <strong>ocurrió la muerte del fiscal Nisman en Buenos Aires, a quien también alcanzó la larga mano del terrorismo que en nuestro país se cobró 85 vidas</strong> un 18 de julio de 1994. en el atentado a la AMIA. Días después de la muerte del fiscal, la presidenta se refirió a este acontecimiento por cadena nacional como un posible hilo de Ariadna que permitiría llegar a los culpables del atentado a la mutual judía, para lo cual introdujo el relato mitológico que cuenta el modo en que Teseo logra salir del laberinto al que entró para matar al Minotauro, gracias la hilo de oro entregado por Ariadna.</p>
<p>Pero hay otro modo de analizar la cuestión y es focalizarnos, más que en el hilo de Ariadna, en el Minotauro, ese ser mitológico mitad hombre, mitad toro, que exigía la entrega de siete jóvenes y siete doncellas a sus enemigos. <strong>Porque el terrorismo es ese monstruo que devora las víctimas indefensas en una guerra sórdida y de un fanatismo absoluto</strong> que, tal como nos muestran las redes sociales, ha traído a nuestras vidas diariamente insensibilidad, locura y muerte.</p>
<p>Si consideráramos el atentado a la Embajada de Israel en 1992 y el atentado a la AMIA en 1994 como puntos de partida, el terrorismo, ese monstruo fanatizado, ya se ha cobrado la vida de miles y miles de víctimas. Las Torres Gemelas, los trenes de Atocha en Madrid, el metro en Londres, las oficinas de la ONU en Argelia o el centro comercial Nairobi (Kenia) son solo algunos de esos ejemplos. Esa larga lista termina con la reciente muerte del periodista japonés Kenji Goto, de la cadena televisiva NHK y de la TV Asahi, secuestrado en Siria y cruelmente decapitado en el desierto. Se suma además, en estas horas, la macabra ejecución del piloto jordano Muaz Kasasbeh, quemado vivo por los yihadistas ultraislámicos ante el horror de la comunidad internacional.</p>
<p>El mundo está en peligro, como se nos recuerda a diario, y pensar que lo que debemos superar es una simple crisis resulta una verdadera tontería. El Papa Francisco, en su homilía en el cementerio de Fogliano Redipuglia, que alberga a miles de caídos en la contienda mundial de 1914-1918, lo explicó claramente. En esa oportunidad <strong>hizo referencia a una Tercera Guerra mundial, combatida por partes y azuzada por intereses espurios como la codicia.</strong> No hizo otra cosa allí que referirse a ese laberinto en el que todos estamos perdidos.</p>
<p>Entonces, el terrorismo internacional es el monstruo, ese que desenvuelve en un laberinto gigante –el mundo entero– y que se transforma indistintamente en una u otra organización. Y<strong> el mundo está en guerra, no en crisis, y aún no hay un Teseo; ergo, tampoco hay un hilo de Ariadna que, terminado el peligro, nos permita salir del laberinto.</strong></p>
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		<title>Sangre en las redes</title>
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		<pubDate>Thu, 04 Sep 2014 09:56:49 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Gustavo Gorriz</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>No hay duda de que la aldea global tomó nota de la moda de decapitar, propia de la Edad Media, pero ahora en manos de las redes sociales del siglo XXI. En estas horas, rodó hacia afuera de la cárcel la cabeza del interno Aníbal Silva, lanzada por otros presos en un motín ocurrido en el estado de Amazonas en Brasil, replicando como un espejo de terror los actos de los grupos yihadistas que hacen furor en Internet.</p>
<p>El EI (Estado Islámico) reinició su raid hace pocos días con el asesinato a sangre fría del periodista estadounidense Steven Sotloff, quien se encontraba cautivo de ese grupo desde hacía un año, luego de ser secuestrado en Siria. Tiempo atrás habían sidos difundidas las imágenes de una similar ejecución de un soldado kurdo en Masul, ciudad de Irak, ocupada desde mayo por las milicias del EI.</p>
<p>Como si sus acciones no bastaran, se han sumado las declaraciones de la británica Sally Jones, que ocupan la primera plana de los medios y la atención de toda la contrainteligencia occidental. Ella, de 45 años y ex rockera, manifestó antes de huir con su nueva pareja yihadista de 20 años: “Tengo imperiosas ganas de decapitar cristianos con un puñal desafilado”. A partir de ese allí, abandonó a dos hijos con rumbo a Raqqa (Siria) y ya viste las tradicionales ropas con su velo negro y cambió su nombre por el Sakinah Hussain. El caso no es psiquiátrico y eso, justamente, es parte del grave problema en estudio debido a sus imprevisibles consecuencias. Sally Jones, del rock en Londres a integrarse al terrorismo en Siria.</p>
<p><strong>Las decapitaciones y las crucifixiones, los juicios fugaces y las ejecuciones sumarísimas, la tortura y el esparcimiento de cuerpos desmembrados por doquier son las señales que el grupo terrorista EI le ha enviado al mundo entero a lo largo de muy pocas semanas.</strong> Dicho grupo hace gala de un primitivismo furioso, el que combina con una extraordinaria idoneidad en el manejo de las redes sociales, los hashtags, el twitter y los foros propios, de Facebook y de las cuentas de cientos de miles de individuos anónimos, entusiasmados con esta incomprensible sinrazón.</p>
<p>La carta de presentación de este particular grupo terrorista es tan antigua como el propio mundo, pero resulta novedosa en el siglo XXI, cuando la aldea global se jacta de su sofisticación, de su inteligencia artificial, de sus softwares aplicativos, de sus drones, de sus satélites y de los miles de adelantos que hoy sorprenderían al mismo Ray Bradbury.</p>
<p>Desde el profeta Mahoma y sus sucesores en el Califato, durante siglos se consideraron “Estados islámicos” a aquellos países cuyos códigos o cuerpo de derecho respondiesen a la sharía-al-islamiya (“código o Senda del Islam”) que, a diferencia del Corán, no es un dogma indiscutible. <strong>Por el contrario, la sharía es materia interpretativa por ser fruto de la tradición y no emanación directa del Profeta.</strong> Se interpretan, a través de ella, los criterios morales, las normas de culto, el código aceptado de conducta y las reglas, en general bastante estrictas, que diferencian lo que está bien de aquello que está objetado. No incluye solo la orientación de la religión, sino que rige también los actos cotidianos, muchos de ellos sometidos a rígidos tribunales de justicia.</p>
<p>La denominación “Estado Islámico”, respetada por siglos, se altera en el 2003, cuando toma ese nombre un grupo terrorista próximo a Al Qaeda en épocas de la invasión a Irak, que fue responsable de miles de muertes durante el conflicto y que se radicaliza mucho más a partir del estallido de la guerra civil en Siria. En el 2014, el grupo se independiza de su vínculo principal (Al Qaeda) e inicia acciones autónomas que se destacan por la violencia demencial basada en una estrictísima interpretación de las leyes del Islam. Autoproclamado el Califato, con soberanía sobre un basto territorio en Siria e Irak, el grupo de fanáticos liderados por Abu-Bakr al-Baghdadi busca expandirse hacia los Estados que circundan la región, incluyendo obviamente el territorio de Israel, arrasando con cualquier otra expresión de fe que se aleje de su fanatismo.</p>
<p>¿De qué manera el grupo yihadista “Estado Islámico” (EI) –antes conocido como “Estado Islámico de Irak y el Levante” (EIIL o “ISIS” en inglés)– logró la atención mundial, incluso opacando el gigantesco aparato militar y propagandístico de Al Qaeda? Lo hizo de una manera horrenda y salvaje, pero bastante económica en términos de recursos materiales. No precisó de una infinita logística, de años de operaciones de inteligencia, ni de infiltrar “topos” en territorio enemigo, como tampoco de inversiones extraordinarias, para lograr su 11-S. Con esto no queremos contradecir las palabras del secretario de Defensa de EE. UU., Chuck Hagel, en cuanto a que “son muchos más que un grupo terrorista, poseen una sólida estrategia y están extremadamente bien financiados”. Sin embargo, <strong>su preeminencia en las noticias internacionales nace de escenas propias de películas de terror clase B en las que se exhibe una crueldad insoportable, promoviendo asimismo ese morbo tan conocido en la especie superior de la naturaleza, es decir, nosotros los humanos.</strong></p>
<p>La perplejidad es común, tanto en funcionarios de máximo nivel como en expertos en terrorismo, incluso en el público en general, al observar ejecuciones perversas como la del periodista James Foley. Esa perplejidad incluye también la confirmación de la nacionalidad británica del verdugo y el reconocimiento de que miles de jóvenes europeos occidentales son seducidos por la guerra santa de Medio Oriente, donde hacen inteligencia y combaten a favor de la instalación del Califato Islámico en Siria e Irak. Su conversión, posterior fanatización y radicalización extrema son producto de un trabajo de años sobre inmigrantes de tercera o cuarta generación, desilusionados de Occidente y, en general, con la peor de las características de todo converso, como es redoblar la apuesta, buscando la aceptación de aquellos responsables de su nueva identidad.</p>
<p>Mientras las redes se inundan de cabezas decapitadas, de niños que juegan con ellas y de individuos que desafían el mínimo decoro por la humanidad entre miembros seccionados, quizás Adbel Majed Abdel Bary resuma en su persona las máximas preocupaciones que hoy desvelan a los gobiernos y a los servicios de inteligencia occidentales. Él es el sospechoso sindicado por la inteligencia británica de la brutal muerte del periodista James Foley. Él es quien pronuncia en perfecto inglés la frase “ya no luchan contra una insurgencia, somos el Ejército Islámico”. Adbel es un joven de 23 años, ex cantante de rap y con domicilio familiar en Londres, que se radicalizó abandonando la ciudad y su futuro musical por amor a Alá. Resurgió en Siria y hoy su rostro recorre el mundo como el responsable del brutal asesinato.<br />
<br />
Este ejemplo es uno entre miles, increíblemente, la crueldad extrema descripta aumenta la capacidad de reclutamiento en el mundo árabe, pero también en las comunidades musulmanas que viven en Occidente. Hay una atracción adictiva en esta situación que bordea la locura y es posible imaginar, entre otros, dos escenarios probables.<br />
<strong></strong></p>
<p><strong>El primero escenario hipotético es que esos miles de jóvenes europeos y de otros países desarrollados, luego de su peregrinar por Siria y otros estados radicalizados, vuelvan a sus países, de los cuales son nativos, fanatizados al extremo y transformados en potenciales “bombas humanas”.</strong> Un escenario aterrador de estas características es ejemplificado de manera extraordinaria por la aleccionadora y premonitoria serie americana <em>Homeland</em>, muy recomendable por cierto, y cuyo tema central es la conversión y el martirio por la causa árabe.</p>
<p><strong>La segunda probabilidad es la posible gran debilitación de la resistencia de quienes enfrentan este ataque cruel, calculado y eficaz.</strong> Usar el terror extremo tiene mil ejemplos a lo largo de la historia, pero alcanza con citar a los Hunos como patrón de este compoartamiento. Estos nómades de Mongolia iniciaron una migración hacia el Oeste a órdenes de su líder, Atila (453). Eran valerosos y tremendamente feroces, estaban habituados a combatir montados y arrasaban todo a su paso, al punto de provocar grandes migraciones, ya que por su fama y violencia hacían huir a poblaciones enteras que no presentaban batalla ante estos invasores. Ellos, como tantos otros dispuestos absolutamente a todo, lograron en determinado momento cambiar el destino del mundo en que vivían.</p>
<p>Hoy, la desesperanza, el odio, la mística del martirio religioso y la búsqueda de la redención acercan a muchos a unirse a la Yihad en la convicción de poder general el cambio radical de sus destinos, dejar de ser “uno” para formar parte de un todo cuyo proyecto es salvar el mundo. Mientras muchos otros millones que deben enfrentarlos les temen más allá de la propia razón.</p>
<p>¿Cómo combatir este monstruo de mil cabezas que tanto se parece a la mitológica y despiadada Hidra de Lerna, cuya virtud era regenerar dos cabezas por cada una que le era amputada? Ese es el verdadero desafío para el que los principales líderes mundiales aún no tienen respuesta.</p>
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		<title>Terrorismo extremo</title>
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		<pubDate>Fri, 15 Aug 2014 10:13:18 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Gustavo Gorriz</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Confirmando por qué fueron tapa hace unas semanas de la revista <i>Newsweek</i>, con el bien ganado título de “La cara más cruel del terror”, este lunes pasado murieron más de cien civiles y un número no determinado de soldados en los graves emfrentamientos con los insurgentes takfiríes en el noreste del estado de Borno, en Nigeria. L<strong>os terroristas llevan una semana con el control total de la ciudad de Gwoza y el ejército no ha logrado desalojarlos ni siquiera con apoyo aéreo.</strong></p>
<p>Cientos de ataques y miles de muertes, desprovistas de un mínimo sentido lógico, coloca a estos asesinos en los límites superiores de la locura y del fanatismo, y ubica a Nigeria como un Estado en riesgo constante, con infinitos claroscuros, en una sociedad que se debate entre el miedo y la esperanza de un futuro promisorio.</p>
<p><span id="more-78"></span></p>
<p>Debe ser difícil comprender la realidad de este país africano desde la Argentina, habida cuenta de que aquí, con mínimas diferencias solo de orden político e ideológico, hay <strong>familiares que se ignoran, amigos que se distancian y la intolerancia de unos con otros llega a límites que rozan lo patético.</strong></p>
<p>Mirar a Nigeria, aun de manera superficial, permite entender qué ocurre donde ronda la muerte, donde se vive el desprecio por el otro y donde se convive con el terrorismo extremo. Allí, las diferencias no son políticas sino ancestrales, religiosas e idiomáticas. La complejidad de la situación hace casi imposible vislumbrar, a la fecha, una solución aceptable.</p>
<p>Nigeria, país que creo conocemos más por el simpático arquero que enfrentamos en el Mundial y que temía por los aprestos de Messi en el entretiempo, es un muy importante país ubicado en el Golfo de Guinea en el África occidental, rico en petróleo, con importantes gasoductos que llegan al Atlántico, rico también en gas y en la industria petroquímica. Es el más poblado del continente africano y <strong>forma parte del envidiado N-11</strong>, designación del grupo de países con mayores posibilidades de inversión en el futuro.</p>
<p><strong>Su “grieta” social es inmensamente más amplia que la de los argentinos</strong>. En su territorio, conviven 250 grupos étnicos, con una gran mayoría de musulmanes en el norte pertenecientes a la etnia hausa-fulani y los yorubas, con una gran masa de cristianos, que predominan en el sur. Agreguemos, y no como un dato de color, que se eligió el inglés como el idioma oficial en un intento de homogeneizar un país que tiene más de 500 lenguas vivas. Con una población que llega a los 175 mil millones de habitantes, <strong>séptimo país más poblado del mundo</strong>, con un 75% de ellos viviendo en zonas rurales de la agricultura y ganadería en pequeña escala. Tiene además importantes problemas vinculados con la salud; solo como ejemplo, hace algunos años, casi el 50% de los casos de poliomielitis en el mundo fueron registrados en este país. Linda además con países afectados por el virus del ébola, y existe siempre la posibilidad de una epidemia generalizada por la pobre infraestructura sanitaria. Posee además una de las tasas de natalidad más altas, y se calcula que a mediados del presente siglo superará los 250 millones de habitantes.</p>
<p>En ese complejo mundo de odios tribales que se registran desde hace siglos, <strong>la secta terrorista Boko-Haram llegó a la primera plana de los medios de todo el planeta cuando hace ya más de tres meses tomó prisioneras a 300 adolescentes</strong> de un colegio del estado de Borno, cuyo parader0 se ignora hasta hoy. Cientos de miles de personas se han manifestado alrededor del mundo, desde la primera dama estadounidense Michelle Obama hasta la joven activista paquistaní Malala Yousafzai, junto con otras docenas de famosos que ruegan por una respuesta de estos fundamentalistas que amenazan vender a las niñas como esclavas en el desierto. Con este accionar despiadado, mostraron al mundo su irracionalidad. Hasta Al-Qaeda tomó cierta distancia frente a un hecho condenado tan rotundamente por toda la humanidad. El accionar de este grupo de fanáticos había dado muestras de su ferocidad antes de este hecho y continuó incluso después de él, con características similares, sembrando muerte y destrucción. <strong>En estos días secuestraron a la esposa del viceprimer ministro de Camerún, junto a otras familias</strong>, transformando ese lugar de la frontera en una zona de confrontación y violencia permanente.</p>
<p>Boko-Haram llegó hasta estos extremos luego que su líder y fundador Ustaz Mohamed Yusuf muriera en el 2009, en un enfrentamiento o ejecutado según la versión que uno quiera escuchar, y que tomara el mando del grupo Abubakar Shekau. <strong>La organización, cuyo nombre significa “la educación occidental es pecado”, intenta establecer un estado islámico fundamentalista en el norte de su país</strong> y lograr la imposición general de la <i>sharia</i>; ese es su gran objetivo y significa la aceptación de un código de justicia informal que hoy solo es bien recibido por reducidos sectores del norte del país.</p>
<p>Resulta difícil para los analistas internacionales imaginar un pronto fin a esta situación, Nigeria se perfila como un posible país líder del progreso en el futuro y deberá encontrar una respuesta para lograr la paz si desea que esas proyecciones se puedan cumplir. Muy concretamente, hay un interrogante fundamental que debe ser develado en un tiempo relativamente cercano. <strong>El N-11 es una denominación que utilizó en el 2005 el Banco de Inversiones Goldman Sachs para los 11 países con más promisorio futuro</strong> para su crecimiento económico en el siglo XXI. Acompañan a <strong>Nigeria, Corea del Sur, Egipto, Filipinas, Bangladesh, Indonesia, Irán, México, Paquistán, Turquía y Vietnam</strong>. Casi todos los países nombrados conviven con serios problemas. En Nigeria, la nación que hoy nos ocupa, no se puede pensar en un desarrollo económico con injerencia a nivel internacional, conviviendo con la inestabilidad provocada por un terrorismo demencial. Un futuro venturoso debe estar acompañado por estabilidad política y, además, por una estructura social más equilibrada y que asegure la convivencia interreligiosa.</p>
<p>En Nigeria aplican como en ningún otro caso las espontáneas palabras del Papa Francisco en su mensaje de hace pocos días para los deudos del atentado terrorista en la AMIA: “El terrorismo es una locura”.</p>
<p><strong>Detener esa locura es responsabilidad de la dirigencia política de Nigeria</strong> y, por el grado de delitos de lesa humanidad que allí ocurren, <strong>también es responsabilidad de los dirigentes de toda la comunidad</strong> <strong>internacional.</strong></p>
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