¡España y Portugal sí, Cuba No!

Las protestas en Brasil contra el alza del precio del transporte, el sobregasto para el Mundial, los Juegos Olímpicos y la corrupción generalizada han llevado a un gobierno sensible a buscar respuestas novedosas. No todas han prosperado; la mayoría de los legisladores rechazaron la propuesta de Dilma Rousseff de celebrar un referéndum sobre una reforma política. Otra de las ideas principales, el programa llamado “Mais Médicos”, ha suscitado controversias por varias razones, entre ellas el trabajo obligatorio, la no especialización y el enviar a miles de galenos a zonas lejanas sin su consentimiento.

Uno de los aspectos más interesantes, aunque no el más importante, de esta propuesta de expandir los servicios de salud en Brasil ha sido la de importar entre 6 y 13 mil médicos del extranjero. Brasil padece un déficit serio en esta materia: un médico para mil habitantes, mientras que Argentina tiene 3,2 y México 2. Desde el mes de mayo, antes de las protestas callejeras, el gobierno anunció que negociaba con Cuba un acuerdo para traer aproximadamente 6 mil médicos de la isla. Poco después, el ministro de Salud, miembro del partido gobernante de izquierda, aliado cercano del régimen cubano, declaró que no prosperó esa idea, ya que “descartamos buscar médicos cuyo tiempo de formación no sea reconocido en nuestro país, como ocurre con la Escuela Latinoamericana de Medicina en Cuba”.

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Timbres y puertas en la barda

Desde 2001, en Estados Unidos todo intento de modificación del esquema migratorio reviste tres características: la legalización del universo indocumentado; la regulación de flujos migratorios futuros y el supuesto aseguramiento de la frontera. A partir de 2007, los gobiernos de México decidieron no involucrarse en el debate que se diera en EEUU en estos tres capítulos, a pesar de ser obviamente un actor principalísimo en los tres. Sobra repetir que más de la mitad de la población sin papeles en EEUU es mexicana; que más de la mitad de los flujos actuales y futuros son y serán mexicanos y que la frontera es también nuestra.

Siempre estuve en desacuerdo con esta opinión sobre los dos primeros puntos, pero entiendo la lógica de prudencia, temor o reflejo antiintervencionista trasnochado para adoptarla. La postura a propósito del tercer punto ya no es un asunto de opinión sino de hechos. Así como en 2006, Bush con los senadores McCain y Kennedy, lanzó el anzuelo de la construcción de los primeros 480 km de barda, muro o cerca para obtener los votos conservadores tanto en el Senado como en la Cámara Baja para aprobar la reforma migratoria integral de entonces, hoy ”La banda de los 8’‘, con el consentimiento tácito de Obama, ha aprobado la enmienda Corker-Hoeven de sellamiento de la frontera.

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O momento brasileiro

Fue predecible la derrota de la Selección mexicana contra la brasileña en el partido de ayer; es comprensible que el año entrante en el Mundial con sede en Brasil nos vaya igual que siempre: octavos de final y ya. También es perfectamente lógico que ahora resulte que la supuesta edad de oro del gigante sudamericano no sólo fue efímera y superficial, sino que desembocó en protestas sociales, sobre todo de jóvenes, como nunca se habían visto en las ciudades San Pablo, Río de Janeiro, Belo Horizonte y otras, desde mediados de los años ochenta.

Lo incomprensible estriba en el error que cometieron muchos brasileños al creerle más a los medios internacionales, a las casas de bolsa, a las corredurías y a los supuestos analistas financieros y económicos de los grandes bancos de Wall Street y de la City en lugar de confiar en sus instintos y sus propios conocimientos. Cuando todas estas fuentes de sabiduría y de presunta recopilación de informes y datos cantaban extraordinarias loas al desempeño de la economía brasileña, del Banco Central, del gobierno de Lula, del programa Bolsa Familia, del surgimiento del gigante verde amarelo, los magníficos estudiosos y comentaristas brasileños de las grandes universidades, medios de comunicación y think tanks, como la Fundación Getulio Vargas, debieron haber detonado señales de alarma explicando que no era así de sencillo: que tal o cual banca de inversión en Nueva York o en Londres, o empresa, o hedge fund y private equity fund, tuviera razones de interés directas.

También debieron haber escuchado a aquellos que les dijeron que realizar a dos años de distancia los eventos de la Copa Mundial y los Juegos Olímpicos no es nada del otro mundo; más aún, el último país latinoamericano que lo hizo, a saber, México 1968 y 1970, lo único que conserva en su memoria colectiva al respecto es la matanza de Tlatelolco. Pudieron haberle preguntado a los sudafricanos, a los ingleses y a muchos más, quienes les habrían confesado con cinismos y resignación que esos acontecimientos no traen inversión extranjera más allá de la que había de todas maneras; no atraen un mayor número de turistas de modo duradero, y que sobre todo la infraestructura en la que se invierten enormes cantidades de recursos no suele servir de nada más tarde. Sólo puede sacarle verdadero provecho a un evento de este tipo un país como China, que puede canalizar enormes esfuerzos y recursos a un evento de Estado, y reprimir si es necesario a quien se oponga a él. Eso no lo puede hacer el gobierno de Dilma Rousseff afortunadamente, pero sin eso, este tipo de eventos no suele prosperar.

Las protestas en Brasil contra el aumento en transporte público, la mala calidad de la educación pública, las deficiencias del sector salud y las inmensas inversiones en los nuevos estadios, caminos, aeropuertos, etcétera, necesarios para el Mundial y los Juegos Olímpicos, seguramente llegarán a su término pronto. Brasil es una auténtica democracia, y existen muchas maneras de canalizar ese descontento por vías institucionales. Además, en vista de que el gobierno de Rousseff es un gobierno a la vez eficaz y sensible, seguramente tomará medidas para atender las demandas y las quejas de los manifestantes. Lo que se habrá roto, quizás sea justamente la burbuja brasileña o el espejismo brasileño que nunca debió haber adquirido las dimensiones que tuvo.

Todo esto debiera servirnos también en México. Decía hace unas semanas en una cena Luis Rubio, con la perspicacia que lo caracteriza, que cuando todo era fantástico en Brasil y todo en México era un desastre, aquí seguíamos creciendo al 3%. Aguas con los medios internacionales, aguas con el optimismo beato de los analistas internacionales increíblemente superficiales, aguas con el momento de México. Hay mucha gente que sabe manipular a los medios internacionales, a las casas de bolsa, a los fondos y a las corredurías. Habría que preguntarles a ellos para no creernos cuentos sobre el destino nacional.

El canciller de Peña Nieto

Prefiero reservar mi opinión sobre el gabinete de Peña Nieto hasta no saber bien para qué lo quiere. Me parece que la clave para evaluar a un equipo no es ni su talento, su inteligencia, su experiencia, su lealtad o su rudeza, sino su adecuación a un programa. Peña Nieto le ha dicho al país qué quiere hacer: con detalle, prioridades, y visión de corto mediano y largo plazos. La idoneidad del gabinete, en mi opinión, dependerá de su consonancia con esa agenda. Comparto una duda: ¿puede realizarse un programa altamente modernizador con un equipo altamente conservador?

Hay un cargo, sin embargo, sobre el cual quisiera compartir algunas reflexiones porque lo conozco: la Cancillería. Lo ocupó mi padre, lo ocupé yo, y mi hermano ocupó el cargo más cercano durante seis años. Me parece que la designación de José Antonio Meade es un acierto, más por razones profesionales que personales (conozco a Meade pero no somos ni mucho menos amigos cercanos) y esas razones creo que son más poderosas que las dudas que algunos pudieran esgrimir. Para empezar me parece muy sano, ahora y siempre, que el titular de la Secretaría de Relaciones Exteriores no pertenezca al Servicio Exterior Mexicano. Parece un contrasentido, sobre todo para la comentocracia ignorante o para la clase política más ignorante aún. Con la excepción de Brasil, ningún país con una política exterior activa y ambiciosa le encarga el puesto a un diplomático de carrera: salvo Eagleburger, durante un año, no ha habido un secretario de Estado en Estados Unidos de carrera desde hace mucho tiempo; lo mismo es cierto en Francia (el canciller actual, Fabius, ha sido todo menos diplomático), Inglaterra, Alemania, Canadá, etcétera. La razón es sencilla: el Servicio Exterior ejecuta las políticas que determinan primero los votantes; segundo el jefe de Estado o de Gobierno; tercero el titular político (sea un político-empresario; un político-académico; un político-profesionista).

Pero no sólo es la tradición externa; también ha sido el caso en México, insisto, a pesar de la ignorancia de quienes se expresan al respecto. Desde la renuncia de Gorostiza, en 1964, y hasta el error de Calderón del 2006, es decir, durante 42 años fueron titulares de la SRE sólo tres miembros del servicio: García Robles por un año; Castañeda y Álvarez de la Rosa durante tres años y medio, y Tello Macías por diez meses y medio. Todos los demás cancilleres, presuman hoy lo que presuman, no fueron del servicio. Carrillo Flores, Rabasa, Roel, Sepúlveda, Solana, Camacho Solís, Gurría, Green, el que escribe y Derbez. De los 42 años en juego, el SEM ocupó el cargo durante menos de seis. Algunos objetarán, ¿y Castañeda padre qué? La respuesta, para quienes lo conocieron, es evidente: burocráticamente fue miembro del SEM desde 1950, pero ni mental, ni culturalmente lo fue. Tenía vida académica e intelectual fuera de la SRE (profesor del Colmex y miembro de su junta de gobierno durante años) y fue un activo participante, a título personal, en todos los foros de derecho internacional. No era en el sentido estricto un diplomático de carrera.

Digo todo eso sin menospreciar la importancia de contar con un servicio profesional. Es indispensable. Pero sólo si es dirigido por el Presidente o por el titular. No hay peor error que dejar la política exterior en manos de la burocracia de lo que se llamaba Tlatelolco.

Además de no ser del servicio, Meade tiene la ventaja de no venir del código postal cercano al servicio, por tanto no arrastra el lastre conservador, biológico y político del SEM. No sé qué piense de la doctrina Estrada, pero sí sé que no nació recitando esos textos. No sé qué piense de la participación de México en el Consejo de Seguridad de la ONU o de un activo cabildeo mexicano dentro de los países que más nos importan para defender nuestros intereses, pero sé que no le tiene miedo. Al venir de Hacienda, trae el ADN propio de la dependencia, y las opciones default que todos tenemos. Pero no son las del SEM. Por estas razones me congratulo de su nombramiento.